sábado, 24 de agosto de 2019

ANTONIO JOSÉ MONAGAS: LA ECONOMÍA NO ES ASUNTO DE INEPTOS

Aunque ningún problema de la economía tiene una única solución, ni tampoco es puramente de razón económica, la economía ayuda a dilucidar sus incógnitas. Especialmente, si dicha tarea es llevada a cabo por economistas con manejo de la macroeconomía toda vez que la misma tiene la capacidad de visionar las realidades desde una perspectiva condescendiente con lo que circunda el problema. 

Pero al mismo tiempo, esta labor debe ser intervenida por variables politológicas por cuanto en ello se ampara la macroeconomía para que sus análisis terminen cimentando espacios ocupados por prácticas de producción social. Habida cuenta que tales terrenos son determinados por múltiples recursos escasos. Tanto, como por variados criterios de eficacia, muchas racionalidades y distintas autorreferencias explicativas que perfilan con definitiva autonomía el cálculo necesario sobre el cual se edifica la solución más conveniente a las circunstancias 

La conjugación de estos factores, componentes a su vez de disímiles situaciones en las que se reúnen razones propias de la teoría económica como de la teoría política, los problemas de la economía comienzan a disiparse en la medida que se comprenda que el ideal a buscarse tiene que ver con una economía de lo suficiente para toda la comunidad de vida siempre asociada a objetivos colectivos. Sin que por ello, se vean sacrificados proyectos individuales o de grupos. 

Este exordio tiene cabida para argumentar la impugnación que, motivado a la improvisación con la que actúa el régimen autoritario venezolano para seguir convulsionando el manejo de la economía nacional, fundamenta decisiones que vuelven a entrabar libertades económicas y derechos humanos. Tal como viene suscitándose durante lo que va de siglo XXI, sin que el tiempo surcado sea razón para acomodar el país a las exigencias que ordena el desarrollo económico, político y social cónsono con la época.

Resulta inaudito que la ceguera del régimen, acuciada por economistas bodegueros y de preferencias militaristas, llegue a la torpeza de insistir en constreñir la economía con decisiones que no se adecúan a las crudas realidades que, por la misma sorda razón, estos socialistas entrampados en la ortodoxia de la historia determinaron con la renuencia decretada del cono monetario último y en curso. 

Dicho de otro modo, la puesta en circulación de nuevos billetes (de valor facial 10 mil, 20 mil y 50 mil bolívares) no deja ver otra explicación distinta del fracaso del régimen al momento de entender y reconocer no haber hecho lo necesario y suficiente para contener la ola hiperinflacionaria que azota a Venezuela desde hace más de un año. Y que luego de 10 meses, después de haberse decretado el nuevo cono monetario, no ha llegado a ponérsele una sólida contención al problema de la economía desbordada. 

No se trata de la existencia de una mal llamada “guerra económica”. El problema deriva en principio, de la ineptitud así traducida en cada medida económica puesta en ejecución. O tal vez, producto de la alevosía encubierta tras un programa de gobierno elaborado con la sorna y la capacidad de humillación con la que trabaja el régimen cada orden aducida a modo de decreto. Supuestamente, “con fuerza de ley”. 

La cotidianidad del venezolano tiende a verse desperdigada a consecuencia del forcejeo que en lo sucesivo habrá de copar todo escenario económico en el que sea necesario entrabar cualquier operación comercial con billetes que ni tienen el respaldo de valor correspondiente, ni tampoco el mercado cambiario tiene la forma para que la operación comercial sea tenga el carácter expedito que la misma requiere. 

Es de nuevo, jugar al “cuento del gallo pelón”. Todo resulta lo mismo puesto que está repitiéndose lo que la historia reciente pone al descubierto después de cada importuna decisión del régimen en  materia económica. O sea, es la historia “sin fin” de episodios necios elaborados en la penumbra que se da en “noche de brujas”. Razón ésta para cuestionar de nuevo la ejecutoria de un régimen condicionado por el reduccionismo que sobre su ideario pesa. Sobre todo, por esa tendencia a constreñirse de cara a cualquier criterio único y monótono de eficacia que somatizó como debilidad propia del socialismo que infundadamente pregona. Por eso vale decir que la economía no es asunto de ineptos.

Antonio José Monagas
@ajmonagas 

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