miércoles, 16 de octubre de 2019

INDIRA URBANEJA: VENEZUELA ¿VAMOS BIEN?

La respuesta dependerá de a quién usted le dirija la pregunta.

Los más de 4 millones de venezolanos que han dejado su tierra en la migración forzada, los zulianos con meses sin agua ni luz, los que ven morir a su gente por falta de una medicina, los que no tienen ningún cargo al lado de Maduro o Guaidó, los que no viven de la política, los que batallan contra la crisis inclemente; ellos le dirán: ¡Vamos muy mal!

Quienes conforman el “gobierno interino” son más optimistas, pues esgrimen como victorias el hecho de que más de 50 países han reconocido a Juan Guaidó como presidente, la aplicación de sanciones y el aumento de la presión internacional; ellos dicen: ¡Claro que vamos bien!

Maduro y compañía han logrado sobrevivir a Guaidó, a la comunidad internacional, a la inflación, al colapso petrolero, al informe de Bachelet y de Duque, a la convocatoria del TIAR, a los tweets de Bolton; conservan su representación en la ONU y, como si fuese poco, aspiran a un asiento en el Consejo de Derechos Humanos. Ellos dicen: ¡Nosotros sí vamos bien!

A los cubanos les comenzó a ir mejor.Hace unas semanas el primer ministro ruso visitó la isla para llevarles oxígeno con un “no se preocupen que aquí estamos”. Como ya lo he advertido en mis columnas anteriores, ha sido un error táctico de Washington querer resolver Cuba y Venezuela al mismo tiempo; las últimas medidas de presión que estaban dejando sin combustible a los isleños, sirvieron de escenario para estrechar la relación Cuba-Rusia.

Los chinos ¡van muy bien! Tienen el control del corazón de nuestras empresas básicas, Ferrominera del Orinoco; también decidieron entenderse con Diosdado Cabello, no por nada personal contra Maduro, sino porque, aunque usted no lo crea, él tiene una particularidad que muchos desconocen: cuando da su palabra la cumple y no tiene medias tintas.

¿Seguimos bien?

Los norcoreanos, como buenos amigos, le van a prestar el examen a Maduro para que copie las respuestas; en su buena camaradería le compartirán el “Manual de buenas prácticas para evadir sanciones”.

El gobierno de Trump ha invertido dinero, tiempo y capital político en una estrategia que, luego de 10 meses, no ha podido desalojar a Maduro del poder; principalmente porque Washington olvidó que su compromiso es con la democracia venezolana y no con un sector de la política de Venezuela. Colocaron todas sus apuestas en un solo caballo; sin embargo, continúa teniendo la última palabra y la carta que obliga a Maduro a pensar en una negociación, las sanciones.

Un cónclave chavista celebrado hace poco dejó como resultado una conclusión: el chavismo necesita sobrevivir a Maduro y para ello intentan moverse a una especie de “perestroika”; pero para eso, como diría mi profesor de análisis político, deben darle sepultura al Plan de la Patria, ¿tendrán el valor? En todo caso, una reforma política que incluya la liberación de presos, cambios en el modelo socioeconómico y la recomposición de la democracia a través de unas elecciones le resuelve el problema a Maduro y al chavismo, pero no a los testaferros que tienen problemas para disfrutar su dinero, ni a los funcionarios sancionados y sus familias, allí sigue quedando un reducto de resistencia para un posible quiebre.

Juan Guaidó, en estos momentos, es la esperanza en descenso. Sus primeros golpes fueron directos y acertados hasta que asumió la idea de que “salir de Maduro era tan fácil como pedir pizza”. El universo puso en sus manos todas las condiciones para lograr el cambio; nunca la OEA o la región habían brindado tanto apoyo a una causa, pero quienes acompañan a Guaidó basaron su plan en premisas falsas, escucharon muy poco y la soberbia los embriagó.

En un giro magistral se ha puesto en la mesa una propuesta a la cual, aparentemente, no quieren darle importancia; me refiero a la oferta que hizo la oposición en las negociaciones de Noruega y posteriormente ratificada por Juan Guaidó el 8 de octubre en una sesión de la AN. Allí se plantea que tanto él (Guaidó) como Maduro, deben separarse de sus cargos para avanzar en la conformación de una especie de Consejo de Estado y convocar a elecciones libres.

Sobre este tema ha recaído un silencio sepulcral; ni los medios de comunicación ni los centros de debate político están hablando de ello. Desde mi opinión, es una salida inteligente que ayuda a Guaidó a preservarse para el futuro, él perdió el momentun político y se avecinan dos eventos que lesionarían de muerte su presidencia interina, la posible pérdida de Citgo y la probabilidad de que el reacomodo interno de la oposición, fuera del G4, impida que continúe como presidente del Parlamento, lo cual comprometería el apoyo de países aliados, principalmente europeos.

Guaidó podrá tener más puntos en las encuestas que Maduro, pero políticamente están en el mismo nivel: sobreviviendo. Sus estrategias están agotadas y estancadas; sin embargo, un Diosdado diplomático parece estar ganando terreno, está generando estrategias, soluciones y compromisos con los aliados.

El PSUV y Somos Venezuela se preparan para unas elecciones, primero parlamentarias y luego presidenciales en diciembre de 2020, tiempo que les permitirá hacer algunos cambios para llegar en mejores condiciones, al menos esa es la promesa que le han hecho a China y a Rusia.

Como verán, los únicos que no “van bien” son los venezolanos. Venezuela sigue sumida en una crisis inhumana; la desesperanza de quienes asumen que el régimen no cambiará y la oposición no tiene cómo darles una pronta solución, es el principal motivo que continúa desterrando, día a día, a miles de víctimas.

Indira Urbaneja 
@indiurbaneja

No hay comentarios:

Publicar un comentario