jueves, 21 de mayo de 2020

LUIS MARIN, OPOSICIONES CUBANAS

Desde el pasado sábado 16 de mayo en Miami se están solicitando donativos con el objeto de reunir una “ayuda humanitaria” para ser enviada a Cuba con el propósito manifiesto de asistir a la población más necesitada “sin mediación del gobierno cubano”.

No hemos oído decir que “la ayuda humanitaria va a entrar sí o sí”; pero el proyecto recuerda ingratamente la jornada realizada en Venezuela el 23 de febrero del 2019, sin que hubiera un mar de por medio, con los resultados que está prohibido olvidar. ¿Qué pasó con todos esos productos que fueron recaudados? ¿A dónde y a manos de quién fueron a parar? ¿Hubo algún beneficiario que no se ha manifestado claramente?

Si aquella operación fue un fracaso porque no se logró el objetivo declarado, no obstante, ahora otras personas en otro contexto la tratan de reeditar contra el régimen de la isla, debe ser que algo se logró que los ciudadanos de a pie no alcanzamos a vislumbrar y que nadie nos ha explicado. ¿Qué se pretende? ¿Desenmascarar regímenes que hace décadas actúan descaradamente? ¿Apostar quién pierde o gana más si la ayuda llega o no?

Desde Cuba denuncian que el operativo estaría manejado por el hijo de Abraham Maciques Maciques, el solapado administrador de cuentas de Fidel Castro, más conocido como presidente del grupo empresarial PALCO, un conglomerado de más de diez empresas que prestan servicios de lo más diversos, entre los que se incluyen “servicios aduanales, paquetería, y de importación/exportación”; fue fundador del emporio turístico Cubanacán. Sobre su escritorio exhibe orgulloso una foto con Hugo Chávez.

Más visible que el hijo encubierto ¿Abraham Maciques Rodríguez? está su nieta, Ana Mary Maciques Rodríguez, que administra una página, Espacios de Lujo, en que ofrece servicios sólo accesibles al nivel de vida babilónico de la nomenclatura castrista.

Pero estos paralelismos no son nuevos. Durante el llamado “deshielo” de Obama, en 2015, se creó la llamada Mesa de la Unidad de Acción Democrática (MUAD), con el slogan “Todos cabemos” en lugar de nuestro lamentable, “Aquí cabemos todos”.

Busca el acceso al poder a través de dos vías fundamentales: 1) Impulsar reformas constitucionales y legales y 2) Presentación de candidatos a todos los niveles de gobierno ¿electivos? Si en Cuba no existen elecciones, como ya está claro que tampoco existen en Venezuela, ¿por qué plantearse esa quimera?

El primero de sus principios y objetivos generales se puede adivinar, es: “El diálogo”. Ahora bien, si después de los trágicos acontecimientos de 2014 que culminaron con el diálogo en Miraflores, donde la MUD salió del closet y se hizo patente que su propósito nunca fue divorciarse del régimen sino cohabitar con él, ¿qué sentido tenía ensayar lo mismo en la metrópoli? ¿Sería que por alguna razón valía la pena imitar a la MUD?

Lo que ocurre es que la llamada oposición oficial no estaba derrotada, no había fracasado en absoluto, algo estaba haciendo bien, claro, fuera de la vista del público; el punto clave es que sus propósitos materiales eran unos y los declarados eran otros muy distintos.

En cambio la MUAD lo dice en negro sobre blanco: “El futuro depende de la voluntad de todos los cubanos, incluyendo a los miembros del gobierno”.

Como a toda Mesa siempre le sale su “Mesita”, en Cuba también se ensayó una “oposición leal”, cuya expresión fue el proyecto “Cuba posible”, que sus críticos definían más bien como un grupo de “acompañantes críticos consentidos”, que Mao llamaba “compañeros de viaje”, que le acompañan hasta la próxima estación donde se bajan o los bajan.

Al final resultó que no eran acompañantes, porque no los dejaron ni montarse en el tren; ni críticos, porque el régimen no admite críticas y mucho menos consentidos, porque les hicieron la vida imposible, hasta que se auto disolvieron con algo de pena y nada de gloria.

En el exterior ha logrado perfil propio Rosa María Payá con su iniciativa “Cuba decide”, que consiste en la propuesta de un plebiscito para que los cubanos decidan si quieren seguir con el comunismo o abrirse paso hacia una democracia representativa.

La primera objeción en teoría, es que se trata de un indecidible porque aunque el 90% de los electores votaran a favor del comunismo, eso no afecta en nada el derecho que tienen los demás a aspirar vivir, no en esa realidad arbitraria e impuesta, sino en otra auténtica, espontánea, en que se reconozca el pluralismo y la libertad propios de la condición humana.

En la práctica, el referendo ya lo hizo el régimen el 24 de febrero de 2019, para aprobar con ese 90% una supuesta constitución comunista que niega expresamente la posibilidad de cambiar el sistema establecido, so pena de apelar a “la lucha armada” para impedirlo.

Last but not least, como también existe en Venezuela, hay un amplio territorio opositor que suele llamarse “radical”, que no se cala al régimen comunista y con tanto o más energía rechaza a su oposición oficial.

Sería extremadamente arduo sino imposible y seguramente injusto mencionar a todas las personas, periodistas independientes, escritores, poetas, cantantes, artistas plásticos, etc., a las organizaciones políticas, culturales, de investigación y divulgación que pueden integrar este universo humano, desde las heroicas Damas de Blanco hasta la UNPACU; pero no puede dejar de reseñarse siquiera uno representativo.

Estado de Sats es de los grupos más interesantes que opera desde adentro de la isla, liderado por Antonio Rodiles, Claudio Fuentes, Ailer González Mena, el escritor Ángel Santiesteban, el músico pop Gorki Águila, et al.

Estado de Sats fue un proyecto con un amplio espectro de manifestaciones culturales que el régimen ha tratado de asfixiar por todos los medios a su alcance, por lo que ha tenido que metamorfosearse para sobrevivir. Hoy se limita a una plataforma de debate de contenidos e interacción pública de diversos puntos de vista políticos, económicos y sociales.

Propone, desde el Foro por los Derechos y Libertades, un Compromiso Democrático que se resume en 5 puntos: Campaña por el cese de la represión y libertad de los presos políticos; apoyo económico, político y diplomático al interior de la isla; trabajo oposición-pueblo; fin y desmantelamiento del castrismo; futuro marco jurídico y legal que garantice derechos y libertades fundamentales.

La consigna que sintetiza su posición es: “¡Más castrismo, ¿para qué?!”

Luis Marin 
lumarinre@gmail.com
@lumarinre 

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