domingo, 21 de junio de 2020

ALICIA FREILICH, PARTIDISMO ROTO

Luego de dos siglos caudillistas violentos la Venedemocracia representativa pudo funcionar casi cuatro décadas con los errores perfectibles que conllevan la condición humana y colectiva, siempre bajo el continuo asedio del sovietismo castrocubano. Y fue posible porque desde mediados del siglo pasado en Occidente emergió con fuerza el fenómeno partidista de suficiente base social estable, así se forjaron las doctrinas socialdemócrata, eurocomunista, socialcristiana y la Nueva Izquierda. Sus orígenes, desarrollo y decadencia  tienen abundante bibliografía académica con archivo periodístico mundial y nacional desconocidos por la mayoría de las demasiadas organizaciones venezolanas de viejas y nuevas guardias que se autocalifican como partidos y son solo tribus de muchos caciques centrados en su aspiración a la presidencia del país, con cada día menos indios fijos.

Por su condición estatal de rico petropaís se dio el lujo de sostener sin riesgos intentos golpistas y los enfrentamientos continuos entre cuadros internos, desgarraduras para nuevos partidos, abusos de grupos fragmentados sin legítima partida de nacimiento doctrinal ni programa específico de gobierno que los distingan, bastaba un contaje rápido  proporcional de firmas repetidas para consagrarse como partidos. O si poseen proyecto  definido, como es el caso aparente de Voluntad Popular, sus posibles militantes y votantes los desconocen. Cuando han expuesto en resumen su hoja de ruta para audiencias reducidas de especialistas no se logran diferenciar detalles concretos que los diferencian  de Primero Justicia o de Un Nuevo Tiempo. Y menos de Acción Democrática, primer partido de masas organizadas fundado por Rómulo Betancourt para erradicar el gomecismo y sucesores, pionero de la democracia constitucional, hoy en vías de desaparición, o del Copei ya extinguido porque ambas dirigencias no aceptaron criticas de su propia matriz ni formar o delegar contenidos actualizados de políticas públicas a sus generaciones de relevo.

El nefasto resultado está a la vista. El resistente fasciocomunismo del partido único se perpetúa en su trono rebautizado a sangre y fuego como revolución socialista del siglo XXI. Funciona criminalmente siempre, en una primera etapa con dogmas, farsas, mentiras, trampas, frases cliché, premisas fracasadas, violaciones continuas de la Constitución democrática que en Venezuela los llevó al poder. Ahora de modo amoral  psicopático defiende sin escrúpulos a sus criminales compinches, fichas activas principales  de la organizada delincuencia transcontinental, cuyas cabezas tienen precio.Y despedazan mediante sobornos millonarios producto del narcotráfico y el oro de sangre al debilitado  opositor. En apariencia unidos, de facto también ya parcelados bajo las órdenes de Cuba, en bandas paramilitares y dependientes civiles no civilizados que ahora se devoran entre sí para acaparar lo que resta de su barbarie. Así quieren anular del todo a la dispersa y desarmada oposición personalista ya infiltrada por habituales y nuevos tránsfugas, oportunistas y bandidos de cuello duro. Con la excepción de militantes presos, torturados,  y asesinados. Los  expatriados, desde la  diáspora, cumplen a cabalidad sacrificios de por medio, labores de esclarecimiento primordiales para compensar la cruel represión de la  interina disidencia secuestrada.

Para refundar a Venezuela es imprescindible recuperar la credibilidad de sus canales doctrinarios confiables. Es propicio este momento cuando el narcorrégimen busca disolver, anular, a la disidencia legítima de su Asamblea Nacional agrupada con partiditos separados que deberían omitir por ahora sus militancias particulares integrando por fin y desde ya un pacto de propósito común democrático, frente unido que con respaldo y acciones concretas internacionales propicien de facto el prometido gobierno unitario transicional y luego unas votaciones limpias. Sería el nuevo ciclo venedemocrático para beneficio propio y regional, compartido con una emergente dirigencia sin techo de vidrio, rabo de paja ni tradicionales manías intradivisionistas de uña y rabo.

Así quizá se logre un esquema de tres bloques modernos con sólidos matices internos  – conservador, liberal, izquierda- tal como lo practican países del llamado primer mundo,  ahora también en graves crisis ideológicas pero cuyas plataformas de sólida base jurídica y mensajes claros, permiten a la población mayoritaria, simpatizante o independiente, decidir su destino bueno, regular o malo, en absoluta libertad. Nunca sumisos bajo el terror sangrador de la podrida bota fasciomilitarista roja o de cualquier otro color, siempre siniestra.

Lo advirtieron para todo tiempo dos protagonistas que triunfaron en la adversidad. “El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es inalcanzable, para los temerosos es desconocido, para los valientes es la oportunidad”.  Del escritor Víctor Hugo.

“Los problemas son oportunidades para demostrar lo que se sabe”. Del maestro jazzista Duke Ellington.

En sabio lenguaje popular: “A la oportunidad la pintan calva”, pues la Diosa de la Ocasión es de una larga cabellera frontal que tapa su calvicie. Hay que arrancarle su peluca con fuerza para aprovechar el instante único cuando nos ataca tan de cerca…

Alicia Freilich
alifrei@hotmail.com
@aliciafreilich
El Nacional

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