jueves, 20 de diciembre de 2018

ACTUALIZACIÓN,JUEVES 20-12-2018, EL REPUBLICANO LIBERAL


TRINO MÁRQUEZ, NUESTRO EL NACIONAL DE CADA DÍA

EL REPUBLICANO LIBERAL en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 5 minutos
Con el cierre, esperemos temporal, de la edición impresa de El Nacional, se cancela un espacio más del recorrido democrático iniciado en 1958. El Nacional representó de manera cabal el país urbano, moderno, laico, plural e inclusivo que se potencia a partir de la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. La amplitud y ecuanimidad con la que sus páginas mostraban a diario los puntos de vista contrastantes, las variadas informaciones, los reportajes e investigaciones periodísticas, el espacio que le concedió a la cultura en sus distintas manifestaciones, fue el reflejo de esa ... más »

CARLOS PADILLA, SALTADO DE UN IMPERIO A OTRO Y/O ENTRE IMPERIALISMOS TE VEAS

EL REPUBLICANO LIBERAL en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 21 minutos
Se entiende por imperialismo a un régimen de dominación política en el cual una potencia militar o económica extiende sus dominios sobre otros pueblos o Estados por medio de la fuerza o a través de la influencia económica, cultural o política. En realidad, Venezuela estaba inserta en lo que se ha llamado occidentalismo pues nuestra cultura tuvo sus bases en la forma de ser heredadas de la cultura hispánica, no muy idónea, por cierto, que desde la conquista predominó sobre lo indígena y lo africano. Los conquistadores vinieron en representación del imperio español y los libertadores... más »

ROMÁN IBARRA, FELIZ NAVIDAD 2018

EL REPUBLICANO LIBERAL en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 27 minutos
La celebración de las fechas navideñas ha sido una tradición que varía según el país de que se trate, de acuerdo con su particular estilo de vida, cultura, y mayor, o menor religiosidad. Es cierto también que en la época contemporánea, signos importantes de influencia comercial se han apoderado de las celebraciones, e impregnan las mismas según la capacidad económica de las familias en general, y de esa manera se veía en cualquier rincón de nuestro país algún símbolo (austero, o exagerado) en cuanto al uso de adornos, arbolitos y pesebres; fiestas para compartir alegrías, y la com... más »

MIGUEL HENRIQUE OTERO, LA IZQUIERDA DEMOCRÁTICA EN TIEMPOS DE POLARIZACIÓN

EL REPUBLICANO LIBERAL en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 32 minutos
En los últimos años, una preocupación ha venido tomando cuerpo entre muchas voces expertas: la crisis en que se encuentra sumido, ese mundo diverso al que comúnmente se agrupa bajo la categoría de “izquierda democrática”. Ella, aproximadamente, incluye a socialistas, a la denominada centro izquierda, a socialdemócratas y a otras corrientes similares. Las razones que explican este fenómeno son verdaderamente complejas. En distintas aproximaciones se repite, como explicación y también como acusación, que no han sabido reaccionar a tiempo, a los cambios que se han producido en el mund... más »

LEANDRO RODRÍGUEZ L., 10E, ELECCIONES PARLAMENTARIAS Y DEMÁS DESESPEROS

EL REPUBLICANO LIBERAL en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 41 minutos
El nivel de desespero del régimen ha llegado a niveles esquizofrénicos, toda vez que a partir del 10 de enero de 2019, desde Maduro hasta el nivel más bajo de su gobierno, perderán el reconocimiento y protección que dan los cargos gubernamentales y, en consecuencia, serán tratados como ciudadanos comunes, objetos de derecho dentro y fuera de nuestras fronteras. Los motivos ya los sabemos, desconocimiento internacional como consecuencia de la ruptura del hilo constitucional, democrático y por estar incursos en presuntos delitos como corrupción globalizada, crímenes de lesa humanidad... más »

GABRIEL BORAGINA, "BIEN COMÚN" Y MERCADO

EL REPUBLICANO LIBERAL en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 45 minutos
Nos hemos explayado antes entre dos nociones diferentes del término "bien común", ambas antagónicas. El dilema se plantea, pues, entre la versión colectivista de bien común y la individualista. La colectivista implica, en realidad, que por esa expresión se entiende un supuesto "derecho" de las mayorías por sobre las minorías, es decir, donde los más se benefician en perjuicio de los menos, lo que se opone al concepto liberal o individualista de la locución, en la que el favor o ventaja de unos no puede -de ningún modo- implicar el perjuicio de otros. Propiciaremos este segundo sent... más »

TRINO MÁRQUEZ, NUESTRO EL NACIONAL DE CADA DÍA


Con el cierre, esperemos temporal, de la edición impresa de El Nacional, se cancela un espacio más del recorrido democrático iniciado en 1958.  

El Nacional representó de manera cabal el país urbano, moderno, laico, plural e inclusivo que se potencia a partir de la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. La amplitud y ecuanimidad con la que sus páginas mostraban a diario los puntos de vista contrastantes, las variadas informaciones, los reportajes e investigaciones periodísticas, el espacio que le concedió a la cultura en sus distintas manifestaciones, fue el reflejo de esa Venezuela que luchaba por sacudirse el oscurantismo  asociado con todos los rostros  del militarismo. 

La etapa democrática que comienza con la huida del dictador y empieza a declinar el 2 de febrero de 1999, cuando Hugo Chávez llega a Miraflores, tiene al periódico como testigo y protagonista de muchos de los aciertos alcanzados y de los errores cometidos a lo largo de esa fase.

El Nacional paralizó sus rotativas por la intemperancia de un régimen mediocre y autoritario, incapaz de tolerar el ejercicio de la crítica, y la libertad de información y opinión, a pesar de poseer el control de la mayoría de los órganos del Estado. 

A El Nacional, uno de los rotativos más antiguos e importantes del continente y de las naciones democráticas del planeta, el gobierno le negó el papel para imprimir, lo cercó judicialmente y chantajeó a las empresas que  querían realizar publicidad en sus páginas. El asedio fue total. Diosdado Cabello, la versión bastarda de Pedro Estrada, le declaró la guerra a muerte. Su odio encarnizado encontró eco en Maduro. Ambos se aliaron para cortar la luz de las imprentas.

A las autocracias comunistas les gustan periódicos como el Granma cubano o el Últimas Noticias dirigido por Eleazar Díaz Rangel, órganos informativos y propagandísticos de la dictadura. En realidad esos no son diarios en el sentido cabal de la expresión, sino pasquines sin brillo intelectual y sin ninguna capacidad para transmitir informaciones veraces y oportunas.  Son órganos en los cuales la nomenclatura promueve sus políticas y adultera la realidad, sustituyéndola por quimeras. 

En esa deformación del periodismo pretendía el régimen, primero de Chávez y luego de Maduro, convertir a El Nacional. No lo logró. Sus dueños, su director, sus periodistas, articulistas y, en general, su personal, no los complacieron. El Nacional se mantuvo   como una voz disidente, inaceptable para los amos del poder.

La importancia de El Nacional en el país ha sido tal, que llegó a colocarse por encima de los desaciertos de sus conductores. Haberse convertido en trinchera para dispararle a mansalva a Carlos Andrés Pérez durante su segunda presidencia, fue un error catastrófico. 

Transformar sus páginas en refugio de los “Notables” y en el paredón desde el cual Alfredo Peña, en alianza con José Vicente Rangel y Ramón Escovar Salom, pedían la cabeza del mandatario, fue una insensatez que le ha ocasionado un daño enorme al país. Luego, apoyar a Hugo Chávez durante la campaña electoral de   1998 fue otra equivocación gigantesca.  Sin embargo, El Nacional ya se había trasformado en una institución pegada a la piel de Venezuela. Era, junto a RCTV, el ícono de la modernidad y de la Venezuela democrática en el campo de la información y las comunicaciones. Los desbarros de sus líderes no lograron fracturar la conexión afectiva de la nación con el periódico. El Nacional se mantuvo como la principal referencia periodística de Venezuela.

Cuando, con Chávez, comenzó a recibir los embates del poder autoritario, el país  se solidarizó con el diario. Lo mismo sucedió posteriormente con Maduro. Ocurrió, no obstante, que la crisis económica adquirió un ritmo endemoniado. Sideral. Al cerco político, judicial y financiero contra el periódico desatado por el régimen, se unió la crisis económica global de la nación. La hiperinflación terminó por doblegar al diario. El gobierno no tuvo que allanarlo, ni invadirlo, ni secuestrarlo. Dejó que actuara  la inercia por ellos que ha destruido a la inmensa mayoría de las empresas industriales y comerciales. El Nacional tuvo que admitir que no podía continuar sufragando los gastos tan altos. Ser opositor  tiene costos muy elevados. Últimas Noticias  no conoce ese tipo de problemas. Le sobra el papel y la publicidad oficial; pero, eso sí, le falta periodismo de calidad.

Desafortunadamente, el cierre del periódico se produce en una Venezuela sumida en la confusion y el desaliento, por eso la respuesta popular  y de los sectores políticos frente al atropello ha sido tan tibia.

Mis mejores deseos en estas Navidades para todos, especialmente para esa gente tan digna ligada a nuestro El Nacional de cada día.

Trino Márquez Cegarra
@trinomarquezc

CARLOS PADILLA, SALTADO DE UN IMPERIO A OTRO Y/O ENTRE IMPERIALISMOS TE VEAS


Se entiende por imperialismo a un régimen de dominación política en el cual una potencia militar o económica extiende sus dominios sobre otros pueblos o Estados por medio de la fuerza o a través de la influencia económica, cultural o política.

En realidad, Venezuela estaba inserta en lo que se ha llamado occidentalismo pues nuestra cultura tuvo sus bases en la forma de ser heredadas de la cultura hispánica, no muy idónea, por cierto, que desde la conquista predominó sobre lo indígena y lo africano. Los conquistadores vinieron en representación del imperio español y los libertadores fueron españoles criollos de la más rancia cultura europea tanto española como francesa e inglesa,

El imperialismo español ocasionó la pérdida de identidad de los pobladores indígenas e implantó los patrones de conducta, la educación y la mentalidad de los colonizadores. La lengua y religión de los dominadores fue impuesta, conduciendo a un fuerte grado de aculturación.

El petróleo nos occidentalizo aún más pues el desarrollo de la industria estuvo en manos de las empresas petroleras norteamericanas cuya raigambre cultural se asentó en nuestro pais generando una cultura de confort que abarco no solo lo petrolero sino a la sociedad toda.

Es decir que pasamos de ser súbditos del imperio español a depender del imperio norteamericano fundamentalmente desde lo económico y lo cultural. Largo fue ese periodo en que el consumismo de los bienes importados desde el norte nos influenció en comportamiento y hábitos de consumo..

Poco a poco nos fuimos deslastrado de ese dominio hasta que logramos independizar la industria petrolera, pero mantuvimos el modo de ser occidentalizado heredado del norte. 

En épocas recientes, por obra y gracia de las tendencias socialistas, nos convertimos en súbditos de la metrópoli cubana quien nos dominó políticamente y a la cual pagamos tributos que merman los recursos propios para el disfrute de los venezolanos hasta que el desastre económico causado por el llamado Socialismo Del Siglo XXI, aupado por el Foro de Sao Paulo, no permitió la continuidad regular del tributo pagado a la metrópoli cubana ni de la disposición de los capitales obtenidos de la renta petrolera nacionalizada despilfarrados por una administración corrupta e incapaz.

Aquí entran de pleno, y no sin competencia entre ellos, los imperios ruso y chino que se han convertido en los dueños de Venezuela que depende de los préstamos que otorgan dichos países que garantizan la continuidad del gobierno madurista y han sido encargados de la administración directa de las empresas básicas de Guayana, del Arco Minero del sur del país y de la actividad petrolera en general.

Venezuela debe deslastrarse de esos tutelajes que desmejoran la calidad de vida  de los que tenemos que permanecer en el pais y nos sustraemos, por variadas razones, de integrar la inmensa diáspora poblacional que causa problemas a nuestros vecinos latinoamericanos y a otros países del mundo. Venezuela debe ser libre y soberana para alcanzar los niveles de vida que nos merecemos por la abundancia con la cual Dios y la naturaleza nos han dotado por la única razón de haber nacido en esta tierra de gracia hoy gestionada por manos inescrupulosas sin eficiencia, ni eficacia ni efectividad para el manejo de un devenir con libertad y bienestar.

Saludos libertarios

Carlos Padilla
@carpa1301

ROMÁN IBARRA, FELIZ NAVIDAD 2018


La celebración de las fechas navideñas ha sido una tradición que varía según el país de que se trate,  de acuerdo con su particular estilo de vida, cultura, y mayor, o menor religiosidad.

Es cierto también que en la época contemporánea, signos importantes de influencia comercial se han apoderado de las celebraciones, e impregnan las mismas según la capacidad económica de las familias en general, y de esa manera se veía en cualquier rincón de nuestro país algún símbolo (austero, o exagerado) en cuanto al uso de adornos, arbolitos y pesebres; fiestas para compartir alegrías, y la comida típica de nuestras navidades con la expresividad característica, y única de los venezolanos.

Pero haciendo abstracción del hecho puramente económico, hay que advertir que en el caso venezolano, desde el más encumbrado ciudadano, hasta el más humilde, siempre tuvimos ocasión de acercarnos a la navidad con espíritu festivo; amoroso, y de concordia entre semejantes. Era el tiempo del reencuentro familiar, y la celebración en casa para compartir alegrías, las hallacas de la abuela, la madre, o la esposa en sana y fraternal competencia.

Era el tiempo de compartirlo todo, y del perdón; era la invocación del espíritu cristiano para renovar la fe en quienes somos creyentes, y tiempo también de concordia general para los no creyentes. Tiempo para la meditación, y la renovación de los mejores propósitos (no siempre cumplidos a cabalidad), pero hechos desde el corazón como lugar sagrado en donde nace lo mejor del sentimiento de todos los seres humanos.

Era inmensa la felicidad de compartir y reencontrarse con familiares y amigos a quienes, por la distancia de sus lugares de habitación, o trabajo, no se les veía a lo largo del año, pero recompensados por la explosión de emociones y sentimientos en la seguridad de que confundidos en un abrazo sincero todo lo malo se desaparecía como una obra divina que aseguraba la continuación afectiva en el tiempo.

Muy gratos recuerdos de las misas de aguinaldo en nuestra adolescencia que durante varios días anunciaban la llegada, el nacimiento de nuestro señor Jesucristo, que todos los muchachos, y también los adultos celebrábamos con absoluta fraternidad en cada ciudad, o pueblo de nuestro país. La emoción por los estrenos de la ropa, y zapatos, pero sobre todo, la redacción cuando niños de la carta al niño Jesús para pedir los regalos y juguetes de nuestros más íntimos deseos. Tiempos maravillosos.

Hoy ya no es lo mismo; hoy nuestra gente es un amasijo de pobreza, resentimiento, y desesperanza. Llenos de odio por el engaño vil, y la utilización abusiva de la fe y la paciencia de los ciudadanos por parte de un gobierno insensible, que a lo largo de 20 años ha sido incapaz de redimir a una sociedad que –en mala hora- confió en su palabra. Tiempo de inseguridad; violencia; pérdida de valores republicanos; impunidad; corrupción, e hiperinflación desatada y sin control.

Hoy los venezolanos somos la cara desfigurada de un país secuestrado y colonizado por el mal. Antes fuimos una sociedad desigual, pero sin odios; convivíamos en un país que aun con problemas sociales, económicos, y políticos (incomparables con el cáncer de hoy), ofrecía oportunidades de acceso a una buena educación hasta el nivel universitario para todo aquel dispuesto a formarse. Con una economía solvente, y paz social.
Hoy somos un rostro feo, y desagradable. El comunismo militarista, ladrón y cobarde de Chávez-Maduro nos convirtió en una de las sociedades más pobres, tristes, y desesperadas del mundo. No es fácil, pero renuevo mi fe e imploro a Dios por el reencuentro de los venezolanos. ¡Feliz navidad!

Román Ibarra
@romanibarra

MIGUEL HENRIQUE OTERO, LA IZQUIERDA DEMOCRÁTICA EN TIEMPOS DE POLARIZACIÓN


En los últimos años, una preocupación ha venido tomando cuerpo entre muchas voces expertas: la crisis en que se encuentra sumido, ese mundo diverso al que comúnmente se agrupa bajo la categoría de “izquierda democrática”. Ella, aproximadamente, incluye a socialistas, a la denominada centro izquierda, a socialdemócratas y a otras corrientes similares.

Las razones que explican este fenómeno son verdaderamente complejas. En distintas aproximaciones se repite, como explicación y también como acusación, que no han sabido reaccionar a tiempo, a los cambios que se han producido en el mundo. En una época donde los discursos políticos se han radicalizado y se expresan bajo formas altisonantes, las posiciones y modos de la izquierda democrática se han tornado, en alguna medida, inaudibles e invisibles.

La caída del Muro de Berlín y el fracaso general de los comunistas en Rusia y Europa Oriental -que dejó un horroroso balance de muerte, violación de los derechos humanos, aniquilación de la libertad y un escenario de economías devastadas-, produjo un efecto: obligó a una parte considerable de la izquierda a tomar distancia y asumir posiciones críticas, a veces muy severas. Pero no fue solo el inmenso campo de ruinas que dejó el socialismo real tras su paso. También, la izquierda más apegada a los derechos humanos, debió enfrentarse a otra problemática que, otra vez, la impulsó a un distanciamiento político-moral de la ultraizquierda: la violencia guerrillera y terrorista, a menudo mezclada con el narcotráfico y con otras prácticas inaceptables como el secuestro, que fue el camino que tomaron grupos armados en varios países de América Latina.

Configurada por el desencanto, luchando por cortar cualquier vínculo que la asociara con las políticas de la muerte -el GULAG y Sendero Luminoso compartían, a fin de cuentas, la lógica de la aniquilación de la vida-, la pluralidad de la izquierda democrática dio inicio a una etapa, aproximadamente desde los años ochenta, marcada por el intento de sintonizar con las nuevas realidades que se habían instaurado durante los años en que el comunismo de derrumbaba: el Estado de bienestar, el auge de la globalización, la creciente influencia y poderío de las grandes trasnacionales en el planeta. El ataque a las Torres Gemelas, agregó otro elemento significativo: empujó a la izquierda democrática a alinearse con todos los factores, especialmente con aquellos ubicados significativamente hacia la derecha, en su repulsa al terrorismo del islamismo radical.

La irrupción de discursos basados en la identidad y en el nacionalismo; la propagación de arengas y leyes que miran hacia el pasado; la dificultad de los mecanismos de la democracia representativa para responder a las convulsiones sociales; las corrientes del miedo que han penetrado a la opinión pública, producto de los movimientos migratorios, de la violencia racial y el terrorismo; el desarrollo cada vez más acusados de políticas basadas en la disyuntiva de amigo-enemigo; la pretensión de la izquierda radical de ejercer una especie de superioridad moral, según la cual todo aquel que no sea afín a sus planteamientos es fascista; la multiplicación incesante de discursos que no afirman sino que niegan y socavan la autoridad, el marco legal, las instituciones, los partidos políticos y las figuras públicas; frente a todas estas enormes corrientes, las izquierdas moderadas se han mostrada, en lo esencial, sin capacidad de enunciar estrategias que aglutinen a los ciudadanos.

A estas dificultades cabría añadir otras: a lo largo de las décadas, no siempre supo conectar con los intereses de la mayoría. Refiriéndose, en concreto, a la socialdemocracia, César Antonio Molina escribía: “A la socialdemocracia, que tendría que erigirse como muro de contención de los populismos de izquierdas, le queda por defender los derechos humanos, la igualdad de género, la libertad individual, los servicios públicos, el trabajo digno, el futuro de los jóvenes. Es decir: proteger al individuo frente a cualquier tipo de agresión política o económica y también tecnológica”.

Un análisis posible necesario, debería preguntarse con cuánta diligencia y eficacia reaccionó la izquierda moderada a la dictadura de los Castro, a la violencia homicida de Ortega-Murillo, y de Chávez y Maduro. O ante las corruptelas de los Kichner o de Lula, o ante las pretensiones de Evo Morales de gobernar Bolivia por los siglos de los siglos. Que la izquierda democrática se encamina hacia un punto cada vez más improbable de la política, lo sugieren dos hechos. Uno, lo que ocurre en España: el PSOE no se atreve a formular una firme política anti dictaduras en América Latina, porque sus posturas las dicta el temor a Podemos. Esta ausencia de compromiso con lo real se reproduce en los moderados que, sobre Venezuela, proponen dialogar con un poder que desprecia y burla toda forma de intercambio que no sea reprimir y perseguir.

Hay quienes sostienen que las izquierdas, democráticas o no, han sucumbido a la tentación de lo políticamente correcto. Se han vuelto especialistas en recusar o denunciar lo que otros dicen. A quienes se asumen como izquierdistas y demócratas, les apasionan las precisiones. Más que proponer lineamientos para la política real, han asumido el papel de comentaristas. Mientras tanto, el espacio público se polariza, las dictaduras se hacen más siniestras, la lucha se intensifica, sin que la izquierda democrática muestre alguna capacidad para afrontar estas realidades.

Miguel H Otero
@miguelhotero

LEANDRO RODRÍGUEZ L., 10E, ELECCIONES PARLAMENTARIAS Y DEMÁS DESESPEROS


El nivel de desespero del régimen ha llegado a niveles esquizofrénicos, toda vez que a partir del 10 de enero de 2019, desde Maduro hasta el nivel más bajo de su gobierno, perderán el reconocimiento y protección que dan los cargos gubernamentales y, en consecuencia, serán tratados como ciudadanos comunes, objetos de derecho dentro y fuera de nuestras fronteras. Los motivos ya los sabemos, desconocimiento internacional como consecuencia de la ruptura del hilo constitucional, democrático y por estar incursos en presuntos delitos como corrupción globalizada, crímenes de lesa humanidad, entre otros no menos graves. Súmele a esto la imposibilidad absoluta de solicitar créditos o financiamientos internacionales, aunque esto ya lo venía padeciendo parcialmente por haber inhabilitado ilegalmente al parlamento de la república.

De cara al 10 de enero el régimen luce perdido, mucho se habla de correcciones económicas inútiles por tardías como el levantamiento total del putrefacto control cambiario, el asunto es que las inversiones tampoco llegarán toda vez que nadie confía en una nación desinstitucionalizada, con una realidad política, económica y social caotizada, aún bajo el comando de una casta cubanoide responsable del caos, una nación con una constitución supeditada a una “constituyente” conformada exclusivamente y a la fuerza por el partido de gobierno. El chavismo prepara el 10E un mega acto simbólico, atiborrado de figuras políticas internacionales tan cuestionadas como ellos, será todo un show pero sin profundidad, ni efectos políticamente pragmáticos.

Ni las inverosímiles ocurrencias de Elías Jaua salvarán a la kakistocrácia roja rojita, éste plantea un “acuerdo político” para desmontar el “bloqueo económico” como sí la Asamblea Nacional fuera la culpable de la crisis económica y no la corrupción e ineptitud gubernamental, 20 años de políticas comunistoides. Los financiamientos internacionales están frenados por el inconstitucional “desacato” que le impuso la desinstitucionalidad psuvista a la AN, además, ese presunto acuerdo no podría subsanar los procesos electorales fraudulentos como la constituyente, presidenciales y demás ¿De qué hablas Jaua? Lo otro que éste platea es un inconstitucional adelanto de las parlamentarias, convocadas por una ilegal ANC, sería peor el remedio que la enfermedad, el régimen solo lograría sumar otro poder nacional desconocido dentro y fuera del país… estos planteamientos son descontextualizados e inútiles.

El régimen parece olvidar que todo cuanto tiene es ilegal e ilegitimo, de haberse celebrado el revocatorio 2016 que evitó con desafueros hoy fuese un trágico recuerdo, todos los cargos públicos de elección popular que ocupa los consiguió a través de procesos electorales que masacraron la legalidad y la legitimidad, el único vestigio de legalidad que posee es el reconocimiento que aún posee Maduro como presidente, reconocimiento y protección que perderá junto a todo su gobierno este 10 de enero 2019, desde esa fecha el único poder público nacional reconocido por la comunidad internacional que tendrá Venezuela será la Asamblea Nacional electa el 6D de 2015 en las elecciones con mayor participación de nuestra historia.

La subsistencia del régimen es a través del manejo oscurantista e irresponsable de los bienes y riquezas nacionales, no cuenta con socios incondicionales, China les aportó hasta que pudieron honrar compromisos, ya no. La endeudada y sancionada Rusia es poco lo que puede hacer más allá de luctuosos espectáculos como el de los bombarderos, India solo quiere dólares, dólares que con la quiebra de Pdvsa desaparecen, los gobiernos (no sus pueblos) de la región como Cuba, Bolivia, Nicaragua solo se han encargado de saquear nuestras riquezas. El chavismo trata de vender un espejismo con el Petro, anzuelo sin carnada. El gobierno se encuentra desesperado, parafraseando a Freddy Bernal, padeciendo la agonía propiciada por sus propios errores, les llegó la hora de pagar y es inevitable… “Al que a hierro mata, a hierro muere”. 

Leandro Rodríguez L.
@leandrotango

GABRIEL BORAGINA, "BIEN COMÚN" Y MERCADO


Nos hemos explayado antes entre dos nociones diferentes del término "bien común", ambas antagónicas.

El dilema se plantea, pues, entre la versión colectivista de bien común y la individualista. La colectivista implica, en realidad, que por esa expresión se entiende un supuesto "derecho" de las mayorías por sobre las minorías, es decir, donde los más se benefician en perjuicio de los menos, lo que se opone al concepto liberal o individualista de la locución, en la que el favor o ventaja de unos no puede -de ningún modo- implicar el perjuicio de otros. Propiciaremos este segundo sentido como el correcto a nuestro criterio.

En este último, el bien común (y en nuestra personal opinión) alude al bien de todos sin excepción, caso contrario habría que utilizar otras fórmulas (por ejemplo, bien general, mayoritario, etc.). No obstante, está implícito en el uso habitual la frase "bien común" como el de un grupo mayoritario, difuso e indefinible o, más bien, definible a gusto del definidor. Esto ha dado pie a que políticos inescrupulosos -y aun hasta tiránicos- hayan pretendido enarbolar para sus acciones antisociales la bandera del bien común, con los consiguientes abusos y angustias que acarrearon contra sus contrarios, y paralelamente, alegrías y provechos para sus partidarios.

Personajes como Hitler, Mao Tse Tung, Mussolini, Stalin, Fidel Castro, Juan D. Perón, Chávez y otros nombres siniestros de la historia (por sólo citar algunos y los más conocidos por todos) han pretendido ser los adalides y genuinos defensores del bien común. Los resultados han sido los que son de público conocimiento: guerras sangrientas, pobreza, hambre, miseria, devastación, etc.

Resulta intrínsecamente discordante con la frase bien común que -en su aplicación- unos se privilegien a costa de los demás. El bien común ni se contrapone ni está en contradicción con el bien particular, porque si este último supusiera, eventualmente, el mal de un semejante automáticamente desaparece el bien común. Por otra parte, en el caso de que un individuo dañe a otro, tampoco podría decirse que el bien particular del agente dañoso se logró a costa del mal provocado al sujeto dañado. Porque frente a un daño cualquiera habrá una reacción, ya sea social o individual, tendiente a una reparación, con lo que el supuesto "bien particular" obtenido a costa del mal particular de otra persona dejará de ser un "bien particular". En otras palabras, ante tales circunstancias el bien común se disipará.

Ahora bien, la pregunta clave es ¿puede la política o los políticos conseguir el bien común? Creemos que la política es solamente un factor, entre otros, en dicho cometido. Y la experiencia ha demostrado que, lejos de ser un gestor causal del bien común, con frecuencia ha sido su primordial obstáculo. Sucede que los operadores de la política, es decir, los políticos, aun en los casos en los que abrigan las mejores intenciones, no están en condiciones de conquistar el bien común por muchas razones. La primera de todas, a nuestro entender, es la ya señalada antes: que confunden el bien común con el bien mayoritario, en consecuencia, sus acciones se encaminan en tratar de consumar, en la medida de sus posibilidades, ese bien mayoritario. La dificultad consiste en que, aun ciñéndonos a una mayoría circunstancial, cada uno de los integrantes de esa mayoría entiende el "bien" de disimiles maneras. Y ningún político se halla en condiciones de conocerlas todas y, menos todavía, al detalle, satisfacerlas todas y cada una.

Eso, como hemos señalado, suponiendo los mejores propósitos de los políticos. Pero, a menudo y, sobre todo en el caso latinoamericano, las miras de los políticos no se orientan en dicho sentido, sino que se limitan a alcanzar las mayores ganancias para sus partidarios, y sólo secundariamente para el resto de los ciudadanos, en tanto y en cuanto tales procederes les reporten algún rédito político, lo que se traduce, en buen romance, en votos que les permitan conservar el poder, o volver a acceder al mismo en el caso que -de momento- no se hallen al mando. Pero hay una situación peor aún, que se presenta cuando los políticos tratan de lucrar todo lo posible exclusivamente para el propio círculo gobernante, descartando tanto a partidarios como al resto de la ciudadanía.

Nuestra personal perspectiva es que, la meta del bien común es y debe ser algo que comprometa al total de la sociedad, esto es, tanto a la sociedad política como la civil. Y dado que, existe una interacción permanente entre ambas son ellas en conjunto las que pueden alcanzar o frustrar el objetivo tendiente de arribar al bien común. Hay que recordar que hemos caracterizado a la sociedad política como dependiente de la civil y subordinada a esta, al menos en el plano del deber ser. Si existe un enfrentamiento o alguna clase de conflicto entre ambas sociedades demos por cierto que ningún objetivo de bien común podrá ser captado. Si hemos considerado por seguro que la colisión entre dos individuos atenta contra el bien común, no menos será cierto ello cuando el problema aparezca entre dos grupos sociales.

Centrando ahora el análisis de cómo opera la sociedad civil con miras a arribar al bien común diremos que el principal instrumento es el mercado, ámbito en el cual se coordinan, combinan y complementan los deseos de compradores y vendedores. Habida cuenta que los humanos no somos autosuficientes, resulta necesario intercambiar en libertad nuestras producciones con las de nuestros semejantes. La satisfacción derivada entre las partes cuando tales procesos se verifican en la más total libertad coadyuva al fin del bien común. Pero, más allá de lo crematístico, la llave de entrada que abre la puerta del bien común es la libertad. Sin libertad no hay bien común posible. Y el bien común reside -en el fondo- en el pleno agrado de todas las aspiraciones humanas, sean dentro o fuera del mercado, ya que no olvidemos que el mercado es una simple y mera herramienta para la consecución de tales designios. No obstante, todos los fines -sean estos mercantiles o no mercantiles- necesitan inexorablemente de un requisito ineludible que -como queda dicho- se resume en una sola palabra: libertad.

Gabriel S. Boragina
gabriel.boragina@gmail.com
@GBoragina