viernes, 4 de octubre de 2019

ACTUALIZACIÓN, EL REPUBLICANO LIBERAL II, VIERNES 04/10/2019

MIBELIS ACEVEDO DONÍS: MIRAR HACIA ADENTRO

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 9 minutos
“Hay que rescatar la política”. “Urge volver a ella, conectar con la gente”. “Sin política no es posible resolver la crisis”. Todas exhortaciones –casi súplicas- que copan las agendas de discusión sobre la crisis venezolana. No faltan, claro, réplicas enconadas desmereciendo la preocupación, asumiendo que toda acción de un político, no importa su índole, está indefectiblemente alineada con lo político. No se advierte que el político sirve también como demiurgo de una gran pieza colectiva; un artesano, un hacedor cuyo conatus arrima al plan de poner a funcionar la ciudad, la polis. ... más »

CARLOS BLANCO: EL FALSO DILEMA, DIÁLOGO O INVASIÓN

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 24 minutos
1.-La opinión pública es víctima de un chantaje político que no por evidente es menos repulsivo, según el cual si no se está con el diálogo –en términos venezolanos: las simulaciones de Oslo y de la Casa Amarilla–, se está del lado de la “planta insolente del extranjero” que busca profanar “el sagrado suelo de la patria”. 2.- Sean dichas algunas precisiones: una invasión en toda la regla, con desembarco de tropas incluido para llevarse amarrado a Maduro, no es una hipótesis viable. Solo tres países podrían acordarse en esa materia, Estados Unidos, Colombia y Brasil, y no lo van a h... más »

TRINO MÁRQUEZ: ¿POR QUÉ SE NOS ODIA?

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 33 minutos
Las expresiones de xenofobia de reducidos grupos de la sociedad peruana, incluidos policías y medios de comunicación, han causado un hondo impacto en Venezuela. La ahora exdiputada Esther Saavadra, de Fuerza Popular, partido dirigido por Keiko Fujimori, en una intervención en el Congreso llegó a solicitar que el ejército sacara a los venezolanos, malos y buenos, de esa nación. Lanzó una proclama similar al Decreto de Guerra a Muerte: venezolanos, contad con la muerte aun siendo inocentes, le faltó decir a la señora. ¿Por qué tanto odio del fujimorismo contra los miembros de la diá... más »

ADRIANA MORAN: EL INCENDIO

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 57 minutos
Cuando algunas voces empiezan a sumarse a la cordura, a ese elemental sentido común que indica que tenemos que mirar hacia adentro y empezar a construir esa fuerza que solo nosotros podemos construir, se desata el pánico entre los que se sienten amenazados por la posibilidad de que nos entendamos. Los que se llaman mayoría le temen a unos pocos que hablan del regreso a la política y sus probadas herramientas como si en lugar de ser lo único que realmente tenemos y de lo que podemos disponer, fuéramos a molestar con el ejercicio de nuestra ciudadanía organizada a algunos que promet... más »

ELIDES J. ROJAS L.: UNA PERORATA HECHA POLÍTICA DE ESTADO

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 1 hora
Mucho se ha dicho sobre la triste etapa que le ha tocado a vivir a los venezolanos en los últimos años. Ya antes era complicada la cosa, pero Chávez tenía mucho real con ese petróleo socialista disparado por encima de 100 dólares por barril y por varios años. Alcanzaba para robar, regalar, complacer amigos, armar bandas internacionales, subsidiar viajes, pasajes aéreos baratos, medicamentos por debajo del precio internacional. Ese dólar preferencial sirvió para que miles de chavistas civiles y militares hicieran fortunas incalculables y también sobró para sostener a Chávez en el po... más »

JOSÉ ANTONIO GIL YEPES: ¿CÓMO VAMOS?

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 1 hora
Si ponemos puntaje a cada una las acciones estratégicas de los dos gobiernos de Venezuela, podemos hacer un estimado de cómo y hacia dónde vamos. La oposición logró en 2017 el apoyo de Estados Unidos (1-0). Era muy difícil que Maduro ganara las elecciones del 20 de mayo de 2018, pero la mayoría opositora decidió abstenerse (1-1). Maduro perdió la mano de la elección de Juan Guaidó como presidente de la Asamblea (2-1), y sorprendió con la conexión popular que logró (3-1), su juramentación como presidente interino, siendo reconocido por 56 gobiernos (4-1). Pero, la movilización de l... más »

MIBELIS ACEVEDO DONÍS: MIRAR HACIA ADENTRO

“Hay que rescatar la política”. “Urge volver a ella, conectar con la gente”. “Sin política no es posible resolver la crisis”. Todas exhortaciones –casi súplicas- que copan las agendas de discusión sobre la crisis venezolana. No faltan, claro, réplicas enconadas desmereciendo la preocupación, asumiendo que toda acción de un político, no importa su índole, está indefectiblemente alineada con lo político. No se advierte que el político sirve también como demiurgo de una gran pieza colectiva; un artesano, un hacedor cuyo conatus arrima al plan de poner a funcionar la ciudad, la polis. Sin una polis y sus choques por tramitar, sin ese ámbito público al que concurren ciudadanos para hablar-actuar juntos, difícilmente puede haber política, aunque haya políticos.

Abocarse a “las cosas referentes a la polis”, Aristóteles dixit, remite al ineludible vínculo de ese locus físico o simbólico con una comunidad humana y sus plurales demandas; a la organización para ejercer ese “arte de gobernar a los muchos”, uno que procura el bien común mediante métodos alejados de la brutalidad prepolítica. En sintonía con la visión griega, Hannah Arendt alude a la vigencia protagónica de ese espacio público dotado de libertad, igualdad, pluralidad, universalidad, no violencia; acción, comunicación e interacción de seres humanos que son capaces de hablar y actuar de forma continua y conjunta.

Política entonces es re-crear en ese espacio de todos (distinto al de la familia, distinto al de la tribu) una deliberación amplia: poder hablar y ser escuchado. Es interacción efectiva y afectiva de seres iguales y distintos, es conducción para la resolución civilizada de problemas. Y más. Algo que define sobre todo la presencia activa de sujetos-objetos políticos, habitantes de la polis, ciudadanos asociados, convencidos y comprometidos con un proyecto común que no traiciona, a su vez, fines individuales. Pero del ideal al hecho, las excusas cunden. Algunos alegan que el espacio público venezolano no existe o que está demasiado roto, demasiado pisoteado por años de distorsión autoritaria. Que así no cabe abrazar vías políticas o que en última instancia, “si hay políticos, entonces se debe estar haciendo política”. Una presunción discutible, por todo lo antes expuesto. La mera emisión de opiniones o la actuación contraria al espíritu de esa acabada o imperfecta polis, amparándose en la prerrogativa de la decisión in extremis -al punto de frenar la incorporación de otros actores, de las bases de la sociedad y el trámite de sus urgencias- no implica hacer política. Es, por el contrario, su negación. 

“Las grandes cosas son evidentes por sí mismas”, advierte Arendt. Quizás un buen termómetro de la efectividad del hacer político en términos de su conexión natural con la polis es la organización de la fuerza interna, esa expresión viva de la voluntad común. En el caso de la oposición venezolana, pareciera, sí, que la promesa de “construir capacidades” ha dado frutos hacia lo externo: los apoyos incluso logísticos de naciones poderosas como EEUU, de comunidades como la Unión Europea o coaliciones como el Grupo de Lima, redimensionan la lucha contra el régimen autoritario. La presión desplegada a través de sanciones financieras, amenazas creíbles, resoluciones y “statements” cada vez más inflamados y elocuentes; o mediante la cabal y documentada denuncia que recoge el informe de la Alta Comisionada de ONU para los DDHH, por ejemplo, es incuestionable. La movida local, la faena en la polis nativa, no obstante, no corre con misma suerte.

He allí un cuerpo despellejado. El envión de la movilización interna que en enero-febrero prometía ser pilar legitimador de la ruta opositora, se descaminó en la medida en que la acción internacional o la difusa apuesta a salidas de fuerza se intensificaban. Valdría la pena saber si eso atendió a alguna previsión, pero todo indica que la merma en respuesta a las convocatorias también toma por sorpresa a los convocantes. Eso, junto a la pérdida de confianza en el liderazgo destapada por recientes encuestas, obliga a mirar hacia adentro, en especial si se aspira a una solución que podría coronar con un evento electoral; esto es, la transformación de la potencia en poder. Poder real. 

Chile, Polonia, Túnez, Sudáfrica, Nicaragua. Procesos señeros de democratización durante el s.XX (empujados no por un líder solitario y mesiánico, sino por líderes distintos interactuando y cooperando a largo plazo) indican que si bien la presión internacional suma incentivos para que la élite dominante vea gracia en un acuerdo, la presión interna -que equivale a sudar haciendo política: entenderse con los actores locales, in situ; aterrizar expectativas e incorporar las demandas de cambio en paz del resto de la sociedad- es esencial. Pretender desarraigar esa tarea o dejarla en manos de aliados que atentos al colapso ahora proponen “paciencia estratégica”, puede ser tentador, pero no una garantía. Esa es al menos la moraleja que la historia nos deja.

Mibelis Acevedo Donís
@Mibelis 

CARLOS BLANCO: EL FALSO DILEMA, DIÁLOGO O INVASIÓN

1.-La opinión pública es víctima de un chantaje político que no por evidente es menos repulsivo, según el cual si no se está con el diálogo –en términos venezolanos: las simulaciones de Oslo y de la Casa Amarilla–, se está del lado de la “planta insolente del extranjero” que busca profanar “el sagrado suelo de la patria”.

2.- Sean dichas algunas precisiones: una invasión en toda la regla, con desembarco de tropas incluido para llevarse amarrado a Maduro, no es una hipótesis viable. Solo tres países podrían acordarse en esa materia, Estados Unidos, Colombia y Brasil, y no lo van a hacer: sus presidentes no lo consideran como opción; la opinión pública de esos países no lo admitiría; las condiciones y experiencia de América Latina y el Caribe producirían rechazo a la idea; y militarmente podría ser un pantano. Puede o no gustar esa conclusión, pero así es con los datos que hay disponibles.

3.- El problema es que hay una confusión sobre la naturaleza de las opciones militares y no todas implican invasión. El TIAR apunta a salidas negociadas y al contemplar el tema militar abre las puertas a una diversidad de acciones con participación de oficiales y soldados de otros países sin poner un pie en el territorio venezolano, salvo estilo piquijuye. Ejemplos: una zona de exclusión aérea, un espacio en el cual los países involucrados no permiten vuelos; también puede ser el resguardo limitado de la entrada por distintos puntos fronterizos de alimentos y medicinas; incluso obstrucción de comunicaciones comprendido el ciberespacio; todos estos son mecanismos del tipo referido.

4.- ¿Es posible que esos países actúen de su cuenta sin importar lo que digan las fuerzas democráticas domésticas? Pienso que una decisión unilateral solo sería posible si Maduro y su banda provocan un enfrentamiento en las fronteras de Colombia o Guyana, lo que obligaría a los países a defenderse e involucrarían inmediatamente a Estados Unidos. ¿Puede Maduro jugar adelantado? Es una hipótesis que no descartaría, pero es de un riesgo máximo para la corporación criminal.

5.- Oponer el diálogo de Barbados-Casa Amarilla a una invasión que no va a ocurrir es inventar un muñeco de paja para caerle a trompadas y justificar, con esos diálogos, el abandono de la consigna fundamental de lo que iba a ser el movimiento liberador, resumida en “el cese de la usurpación”.

6.- La alternativa a los falsos dilemas es construir tanto una coalición nacional como una internacional alrededor de un objetivo no negociable: la salida del régimen. Esto significa no colocar, aunque sea a hurtadillas, la idea de que se pueden hacer elecciones libres con el régimen prevaleciente. Esa propuesta llevada a Oslo-Barbados contradice el Estatuto de la Transición, así como la oferta hecha por Guaidó en mejores momentos y las aspiraciones mayoritarias del país.

Carlos Blanco 
@carlosblancog  

TRINO MÁRQUEZ: ¿POR QUÉ SE NOS ODIA?

Las expresiones de xenofobia de reducidos grupos de la sociedad peruana, incluidos policías y medios de comunicación, han causado un hondo impacto en Venezuela. La ahora exdiputada Esther Saavadra,  de Fuerza Popular, partido dirigido por Keiko Fujimori, en una intervención en el Congreso llegó a solicitar que el ejército sacara a los venezolanos, malos y buenos, de esa nación. Lanzó una proclama similar al Decreto de Guerra a Muerte: venezolanos, contad con la muerte aun siendo inocentes, le faltó decir a la señora.

¿Por qué tanto odio del fujimorismo contra los miembros de la diáspora que se encuentran en Perú? La conocida periodista Rosa María Palacios, en su programa Sin Guion, señaló que ese encono perseguía distraer la atención porque los reflectores de la opinión pública estaban colocados sobre los casos de corrupción que salpican a la mayoría fujimorista del Congreso y en las tensiones existentes entre el Parlamento y el Ejecutivo. Ya sabemos cómo se resolvió el conflicto. El presidente Martín Vizcarra decidió clausurar el órgano legislativo y convocar nuevas elecciones en enero próximo. Las piruetas chauvinistas del fujimorismo no fueron  eficaces. Esther Saavedra y Keiko Fujimori deben de estar  decepcionadas.  Sin embargo, el problema de la xenofobia va más allá de la manipulación política.

Nicolás Maduro condenó de forma categórica los episodios de persecución y acoso a los venezolanos. Era lo menos que podía hacer quien es el gran culpable de la tragedia que viven millones de compatriotas expulsados al exterior. Su aparente furia no puede encubrir esa responsabilidad inocultable. 

Hacia Perú se han movilizado más de medio millón de venezolanos. Acnur, la Oficina Internacional de Migraciones y el gobierno peruano estiman que 2019 cerrará con una población cercana al millón de exiliados. Esta cifra es muy alta para una nación de proporciones medias como esa. El impacto en los servicios públicos será muy alto. Al Gobierno le resultará muy difícil atender las demandas de esa población tan elevada. 

Ese choque hay que examinarlo en su contexto.   En un trabajo publicado en BBC Mundo, el periodista Ángel Bermúdez señala que los gastos realizados por los venezolanos en 2018, de acuerdo con cifras del Banco Central de Perú, representaron un punto de los cuatro que creció el PIB durante ese lapso. En otros términos, la contribución fue de 25%. Nada despreciable. Otro dato significativo, también según el banco central, es que la inflación en 2018 disminuyó, especialmente porque la oferta laboral del contingente de venezolanos permitió que la remuneración salarial se mantuviera estable. La gran mayoría de ellos trabajan en el sector formal. Solo una franja compuesta por 30.000 compatriotas se desempeña en el sector informal. Los venezolanos contribuyeron a que hubiese crecimiento sin inflación y sin expansión acelerada de la informalidad, objetivo que toda economía sana aspira.

La periodista Rosa María Palacios ha desmontado algunas mentiras difundidas por los xenófobos. Una de ellas es que los venezolanos están protegidos por la Ley de sueldo mínimo vital. Palacios demuestra que tal prerrogativa no existe. La ley de sueldo mínimo rige para todos los trabajadores peruanos, sin que se discrimine o privilegie a ningún estrato en particular. Otro dato relevante es el que se refiere a la delincuencia. Los xenófobos dicen que los delitos han aumentado de forma exponencial. Una nueva distorsión. En Perú la población penitenciaria asciende a 70.000 reclusos. De ellos, solo 74 son venezolanos. Entonces, ¿a partir de cuál criterio se establece que los venezolanos son ‘delincuentes’? En el grupo emigrante hay capas que carecen de educación y formación en un oficio calificado. Este núcleo trata de ganarse la vida de formas poco convencionales. Algunos transgreden las normas. Cometen delitos. Lo mismo ocurría con quienes abandonaron Perú durante la aciaga década de los ochenta, cuando los terroristas de Sendero Luminoso y Túpac Amaru causaban pánico entre los peruanos y muchos de ellos huían despavoridos hacia otras naciones del continente, entre ellas Venezuela. Aquí nadie dijo que todos los peruanos eran unos gamberros que debían ser expulsados en masa.

La xenofobia siempre conduce por caminos descarriados. Lo que más les duele es que 70% de los venezolanos que se hallan en Perú poseen títulos universitarios. Son profesionales y técnicos de alta calificación. El pequeño lote de desadaptados que han cometido actos repudiables no representa a la inmensa mayoría que ha salido a buscar un destino mejor al que Nicolás Maduro y su socialismo del siglo XXI ofrecen.  Los xenófobos odian al extranjero, al que es distinto, porque son mediocres, no se atreven a competir, tienen complejo de inferioridad y colocan la responsabilidad de sus males en factores externos. 

La buena noticia es que en la capital peruana se formó hace algunos años el Grupo de Lima, que reúne a gobiernos democráticos que enfrentan sin tregua a Nicolás Maduro. En este momento ese comportamiento solidario debemos subrayarlo, al igual que la actitud de la mayoría de los peruanos, que han recibido a los venezolanos con respeto y fraternidad.

Trino Márquez 
@trinomarquezc

ADRIANA MORAN: EL INCENDIO

Cuando algunas voces empiezan a sumarse a la cordura, a ese elemental sentido común que indica que tenemos que mirar hacia adentro y empezar a construir esa fuerza que solo nosotros podemos construir, se desata el pánico entre los que se sienten amenazados por la posibilidad de que nos entendamos. 

Los que se llaman mayoría le temen a unos pocos que hablan del regreso a la política y sus probadas herramientas como si en lugar de ser lo único que realmente tenemos y de lo que podemos disponer, fuéramos a molestar con el ejercicio de nuestra ciudadanía organizada a algunos que prometieron paraísos que se ven cada vez más lejanos. 

¿Quién pudo habernos convencido de que siendo casi todos los que queremos salir de este juego trancado que cuesta vidas no tenemos la posibilidad de buscar una salida por nosotros mismos? ¿Quién nos hizo creer que un grito bien pegado en alguna tribuna internacional puede ser el sustituto de la coalición de nuestras propias voluntades? ¿Quién puso tanto esmero en desanimarnos de antemano, en hacernos asumir derrotas anticipadas, en invitarnos a abandonar el juego sin siquiera intentar jugarlo? 

Cuando los micrófonos se apagan, y el eco del último grito amenazante se diluye, volvemos a quedarnos frente a frente con esta realidad que amenaza con aplastarnos y que se vuelve cada día más insoportable a pesar de tanta furia exhibida en los escenarios del mundo. Mirar de frente esta realidad nuestra, buscar en cada injusticia y en cada atropello que sufrimos el motivo para cambiarla desde nuestras menguadas pero todavía disponibles fuerzas, puede ser mucho más poderoso que ese alarido mediático. 

Incrustados en un continente en el que cada país tiene un gobernante que debe correr para apagar sus propios fuegos, no podemos sentarnos a esperar que se ocupen de apagar los nuestros más allá del discurso dado en alguna tribuna o en alguna declaración de compromiso con nuestra causa. Las voces que desde aquí llaman a construir una fuerza capaz de expresarse en el voto que de verdad amenaza al poderoso, tendrán que ser escuchadas por los que fueron conminados a la parálisis. La sensatez de muchos, tendrá que sofocar los gritos. Tendremos que apagar nuestro propio incendio.

Adriana Moran
@NuevaTec47

ELIDES J. ROJAS L.: UNA PERORATA HECHA POLÍTICA DE ESTADO

Mucho se ha dicho sobre la triste etapa que le ha tocado a vivir a los venezolanos en los últimos años. Ya antes era complicada la cosa, pero Chávez tenía mucho real con ese petróleo socialista disparado por encima de 100 dólares por barril y por varios años. Alcanzaba para robar, regalar, complacer amigos, armar bandas internacionales, subsidiar viajes, pasajes aéreos baratos, medicamentos por debajo del precio internacional. Ese dólar preferencial sirvió para que miles de chavistas civiles y militares hicieran fortunas incalculables y también sobró para sostener a Chávez en el poder como un jeque. El pueblo pobre lo quería a realazos y de ahí hacia arriba soportaban al líder intergaláctico entre dólares baratos, apartamentos subsidiados y hasta vehículos comprables.

Chávez tuvo momentos complicados. Hasta sus militares lo sacaron del poder, pero el montón de dólares hacía que esas coyunturas complicadas se superaran muy rápido. Y el desorden continuaba su extraño recorrido por entre el tejido social de los venezolanos. Socialismo a la cubana con plata es vivible, fue la experiencia que quedará como lección. Socialismo a la cubana y quebrados es el verdadero socialismo. Invivible. Y es justamente la actualidad.

Chávez se gastó hasta el último centavo que quedaba por ahí para ganar su elección de despedida, antes de partir al otro mundo. Y dejó dos cosas para que lo recordaran eternamente: un país absolutamente arruinado y, por si fuera poco, a Maduro como sucesor ¿Para qué más? Desde ese momento para acá lo que se ha vivido es quiebra, machorreo, desempleo, ruina, miseria, diáspora, hiperinflación, inviabilidad de país. Un desastre monumental. Y, a pesar de toda esa oscurana, la cúpula no quiere dejar que otros vengan a enderezar el entuerto chavista. Más bien, quieren seguir chupando lo poco que queda, aunque hay que admitir que han sido tan malos que están perseguidos por gran parte del mundo. Tal vez lo que haga falta es la promesa, tal vez muy endeble, de que puedan irse con sus dólares y sus asaltos a la humanidad sin temer represalias ni persecuciones. Tal vez. No es seguro. Cuando un grupo que llegó a la silla con una cúmulo importante de hambre represada por años, no es tan seguro que quieran irse así nomás de la cumbre donde están los reales. Ni siquiera con garantías de impunidad.

Chávez no necesitó muchas excusas. La plata tapaba todo el desastre y todo el entreguismo. El eterno comandante regaló hasta el Esequibo a Guyana buscando el apoyo fallido del Caribe. Ni siquiera han sido agradecidos. En esta materia le echan la burra para el monte a Maduro y a todos. Hasta Cuba, la hermana querida, la prima vividora, apoya la entrega a Guyana. Pero, en contrario, para Maduro y su gente es necesario tener a la mano excusas, mentiras y discursos absurdos para ir justificando el desmadre general. Y no es seguro que le crean. Hay demasiada hambre para estar creyendo cuentos de camino.

Bajo esa premisa es como nacen las iguanas, la interminable lucha contra el imperio, el sabotaje de la derecha, las peleas constantes con otros países, la ruptura de relaciones diplomáticas a cada rato, el maridaje con la dictadura Cubana, la hermandad extremada interesada con Rusia, el coqueteo con grupos terroristas cercanos y lejanos, el Niño y la Niña, el verano saboteador, el robo de cables, las sanciones. Todo tiene un tapón, pero no hay soluciones. Ni medidas ni acciones. Todo se reduce a una eterna perorata, repetida, ociosa, inútil.

Tranquilos. Hay que tener calma. Las revoluciones, para que puedan tener éxito, deben esperar por infinito. Necesitan muchos años. Ni siquiera para triunfar. Necesitan años para derrumbarse tipo Unión Soviética. Ese es justamente el éxito de los contrarios, de los oprimidos.

¿Cuánto falta? Tal vez mucho. Tal vez poco. Hay hambre, eso sí.

Y el hambre es impaciente.

Elides Rojas
elidesr@gmail.com
Twitter: @ejrl

JOSÉ ANTONIO GIL YEPES: ¿CÓMO VAMOS?

Si ponemos puntaje a cada una las acciones estratégicas de los dos gobiernos de Venezuela, podemos hacer un estimado de cómo y hacia dónde vamos.

La oposición logró en 2017 el apoyo de Estados Unidos (1-0). Era muy difícil que Maduro ganara las elecciones del 20 de mayo de 2018, pero la mayoría opositora decidió abstenerse (1-1). Maduro perdió la mano de la elección de Juan Guaidó como presidente de la Asamblea (2-1), y sorprendió con la conexión popular que logró (3-1), su juramentación como presidente interino, siendo reconocido por 56 gobiernos (4-1). Pero, la movilización de la protesta política popular y el quiebre militar esperado el 23 de febrero para cambiar a Maduro no triunfó (4-2). Luego, el oficialismo tropezó con la decisión de la Unión Europea a favor de unas elecciones presidenciales en un lapso no mayor de 90 días, sin negociaciones previas (5-2). Maduro estaba perdido 20 a 80%; pero la oposición insistió en la protesta política y quiebre militar, en vez de elecciones, y el 30 de abril fracasó (5-3). Luego la Unión Europea se acogió a la proposición de Noruega de ir a una negociación, bajo una agenda amplia, lo que le da a Maduro lo que quiere, ¡tiempo! (5-4). A la oposición no le quedó otra opción que sentarse a negociar con quien sabe que no negocia (5-5).

Entre Noruega y luego Barbados, el gobierno logró poner en la mesa 60 puntos a negociar…” y todavía faltan muchos más” (Timoteo dixit) (5-6).

Así el gobierno de Maduro compró cinco meses de vida (5-7). En el ínterin, el oficialismo venía construyendo mediáticamente la figura de “la otra oposición”(5-8) con partidos minoritarios, con los cuales negoció que los diputados del PSUV volviesen a la Asamblea Nacional, lo cual implica el reconocimiento de esta última (6-8), pero con la expectativa de ambas partes de este acuerdo de escoger a un presidente de dicha Asamblea distinto a Juan Guaidó. Antes de hacer público este acuerdo, el gobierno de Maduro se retiró de Barbados, dejando a la oposición mayoritaria sin otro Plan B que las relaciones internacionales (6-9). Por su parte, Juan Guaidó, hasta ahora, ha logrado que la mayoría opositora le ratifique su reelección el 05-01-2020 (7-9), pero el oficialismo ha desarrollado una propaganda feroz contra el presidente interino, alegando que habría negociado el Esequibo con la petroleras (éste lo perdió Chávez al dejar vencer los lapsos procesales para congraciarse con los países caribeños con miras a lograr votos en la OEA) y una supuesta vinculación con bandas delincuenciales colombianas (tiende a 7-10, esperemos la próxima encuesta).

En el frente extranjero, ante este sainete, Estados Unidos escaló las sanciones económicas, pero el oficialismo las aprovecha para profundizar su proyecto de destrucción de la economía, sumándole ataques propios, como el encaje bancario que destruye a la banca y el crédito para las empresas, siempre echándole la culpa a “las sanciones” (7-11). Con la destrucción de la economía, el gobierno ha logrado doblegar a la mayoría de la población y sus organizaciones a dedicarse a sobrevivir, abandonando la lucha política (7-12). Sin embargo, el empobrecimiento ocasiona una emigración masiva (16% de la población, su gran mayoría en tres años) que tiene en jaque a demasiados países interesados en parar esa presión poblacional removiendo a Maduro (8-12). Por su parte, Estados Unidos sigue incrementado las sanciones personales (9-12); ídem la Unión Europea (10-12) y ambos cambiaron la agenda de acusaciones políticas por delitos comunes, (narcotráfico, lavado, etc.) (11-12) y, junto con 16 países, logran la aprobación del TIAR, presagio de una acción militar (¿policial?) contra el madurismo (12-12). Acto seguido, Maduro viaja a Rusia a renegociar pagos de deuda, conseguir nuevos préstamos y, creo yo, más presencia de asesores militares rusos que sirvan para disuadir la activación del TIAR. Los rumores sobre el supuesto fracaso de estas gestiones no lucen verosímiles y pudieran estar siendo sembrados para que Occidente y opositores bajen la guardia mientras ocurre la escalada militar rusa en Venezuela (12-13).

El juego interno está trancando, ninguna de las dos partes tiene el poder para someter a la otra. Para destrancar este juego, tendrían que ocurrir, al menos, una de dos cosas.

De parte del gobierno, entenderse con la empresa privada para recuperar la economía, lo cual supone, mínimo, que se paguen las deudas de las empresas del Estado entregando sus acciones a los acreedores, renegociando la deuda soberana y que el madurismo apoye, en vez de atacar, a la banca y la empresa privada. De parte de la oposición, tendría que surgir un movimiento acelerado y entusiasta de integración de los partidos y articular sus estrategias con los demás sectores organizados de la sociedad. Sin estos dos cambios, ni el gobierno de Maduro gobierna, sólo abusa, manipula y reprime; ni la oposición tendrá fuerza para oponerse.

En el juego internacional, está claro que Venezuela ha perdido soberanía porque los intereses de las grandes potencias tienen en sus manos nuestro futuro. Estados Unidos podía haber ganado el juego externo fácilmente si se hubiese enfocado por la vía electoral; en vez de pintar supuestas amenazas de una invasión que no va a ocurrir porque no le conviene. Ahora estamos pendientes de ver si Maduro logra trancar el juego neutralizando el TIAR con más presencia militar rusa. Pero jugando juegos políticos y geopolíticos no se reconstruye un país.

Así llevamos 25 años perdidos, pisándonos la manguera entre las élites; errando el tiro por competir entre ellas por cuotas de poder, sin caer en cuenta de que todas esas élites tienen un fabuloso enemigo común que las desestabiliza: la pobreza en que tienen sumida al 80% de los venezolanos en razón de esa competencia sin sentido por el poder, en vez de coordinar esfuerzos por el logro de un mejor país para todos y para ser capaz de competir exitosamente en nuestras relaciones internacionales, en vez de entregarnos al mejor postor. ¡Que políticos tan malos hemos tenido y que sumisos hemos sido los demás sectores!

José Antonio Gil Yepes
@joseagilyepes