lunes, 9 de noviembre de 2015

EDDY BARRIOS, EDITORIAL, EXPRESIONES DISIDENTES AL GOBIERNO NO SON OFENSAS PERSONALES,

Expresar opinión política disidente al gobierno no es ofensa. Tanto como no es ofensa a Venezuela que se denuncie, bloquee cuentas, investigue cohechos a funcionarios de gobierno de este pais.

El funcionario corrupto de Gobierno no es el estado, no es la patria, no es la nación y debe responder individualmente por sus presuntos crimines, sujeto por supuesto al debido proceso y a las garantías constitucionales que le asistan.

Familias enteras se han separado no porque piensan diferente , sino porque quienes apoyan al proceso castro comunista se sienten ofendidos de que los opositores se quejen y denuncien lo que está a la vista y están sufriendo ambos.  Entienden como ofensas personales lo que no es. Defienden el desatre y ruina en el que vivimos, causados por incompetencia,corrupción, narcotraficantes y escogencia de un modelo errado y fracasado doquier que se ha intentado.

Esa ruina y desastre nos golpea y se extiende a nuestros hijos y nietos,  quienes son mas importantes que el disgusto que puedan sufrir quienes aún defienden lo indefendible.  El daño es tan grande que me temo que aunque contribuyamos a su solución, no la veremos.

Con todo cariño y respeto a las ideologías, religiones, posiciones políticas,  etc., no es asunto de ofender a nadie , es la expresión libre de angustia e indignación ante el daño causado,  en especial en nuestra hora mas vulnerable,  en nuestra vejez. Ese es el punto. O al menos, ese es mi punto. 

Eddy Darío Barrios Orozco
eddybarrios@gmail.com
@eddybarrios2

Carabobo - Venezuela

CARICATURAS DEL lunes, 09 de noviembre de 2015 EL REPUBLICANO LIBERAL, DIARIO DE OPINION, RAFAEL RIOS Y/O EDUARDO SANTOS, HUMOR, DEL DÍA, FORMA ESPECIAL DE OPINAR, RECOPILACION, MAS RECIENTES, VENEZUELA














Rafael Rios
rariga2@gmail.com

Eduardo Santos
eduardosantos211@gmail.com

@rariga

@edsantos211

CARLOS BLANCO, LA REVOLUCIÓN ESTÁ MUERTA: SE SUICIDÓ

Ha dicho Maduro: “Si la oposición gana las elecciones, no entregaré la revolución”; de seguidas agregó que gobernaría “con el pueblo, siempre con el pueblo y en unión cívico-militar”. Es decir, si el pueblo derrotase al régimen el 6-D, Maduro no lo reconocería y pasaría a gobernar… ¡con el pueblo!, cuya voluntad ofrece desconocer. La falta de rigor lógico no debería sorprender en un personaje estrafalario; lo notable es la triple confesión según la cual sabe que va a perder, dice que no lo va a aceptar y que apelará a los militares para impedir la victoria democrática.

Quien pasta en Miraflores sabe que la ciudadanía lo tiene derrotado políticamente. En esa voluntad convergen tanto opositores como chavistas, incluidos varios zánganos rojos que acusan a Maduro del desastre, con la vana esperanza de que el dedo acusador de la sociedad no los señale. El país entero le endosa la derrota –ya certificada en la opinión pública– principalmente a él. Por eso hay un fraude en marcha, y ya se verá en las próximas semanas si logran imponerlo o se le derrota sin apelación.

Lo curioso de la reciente desesperación que se le nota a Maduro es que dice querer proteger ese bochinche que designa como revolución. Esta no fue más que un mero asalto al poder, especialmente a las arcas públicas. Hoy no hay nada, absolutamente nada, que en 16 años sea diferente y mejor: lo que es nuevo es infernal y lo que existía está devastado. Si quisieron hacer algo grandioso, la ilusión ha muerto. Se “autosuicidó”, como habría dicho CAP en la historia de sus yerros amables y famosos.

Esta revolución murió entre las patas del caballo que Chávez cabalgaba y ahora revuelca a Maduro. No era amor a los pobres sino su uso como coartada. No era distribución de la riqueza a las mayorías, sino recubrir con la venta de pollos la máquina de indecencia que es Pdvsa. Este proceso homicida no se parece a Nelson Mandela sino a Nelson Merentes, tampoco a Rafael Urdaneta sino a Rafael Ramírez, menos a Luisa Cáceres sino a Luisa Ortega. Envuelto en la violación de los derechos humanos, prisiones, torturas, ejecuciones, en el narcotráfico, en la corrupción y el terror, ese duende espectral del siglo XXI, de cuello largo y patas cortas, fue degollado por sus mentores. Ahora desentierran “el poder comunal” con la idea de sustituir a una eventual opositora Asamblea Nacional, con el “poder del pueblo”. Loco experimento de locos.

La revolución se pudrió; yace entubada, y espera por el fraude electoral a ver si revive. Ya parece tarde.

Carlos Blanco G.
@carlosblancog .
www.tiempodepalabra.com

Caracas - Venezuela

OSWALDO ÁLVAREZ PAZ, VENEZUELA A PUNTO

Venezuela vive su hora más dramática. No tengo memoria sobre alguna etapa histórica en la que se acumularan tantas circunstancias negativas. Esta convicción se reafirma día a día. Especialmente gracias a las diarias actuaciones y expresiones de las cabezas visibles del régimen gobernante. Se nota en ellas inseguridad, nerviosismo, temor ante la pérdida del poder parcial o totalmente, con relación al próximo 6D.

La dupla Maduro-Cabello está mal. La alianza circunstancial que tratan de proyectar no convence ni a sus propios seguidores, sin embargo coinciden en negar cualquier posibilidad de rectificación, no parecieran tener arrepentimiento creíble y mucho menos, propósito de enmienda hacia el futuro inmediato. 
Jalisco pasaría a ser un detalle en aquello de arrebatar cuando pierde. Pero olvidan la creciente voluntad de cambio que alimenta el sentimiento general de la nación. Todos los estudios de opinión lo señalan de manera irreversible y, más que eso, cualquiera puede percibirlo en la vida diaria. Cualquier intento para desconocer la voluntad de cambio se revertirá hacia ellos haciendo imposible la continuación de la dictadura. Este juego sin normas, sin ley ni orden, sin árbitro confiable y con las instituciones secuestradas está llegando a su final.
Están desesperados. Vamos a elecciones parlamentarias con las garantías suspendidas en municipios y circuitos claves de estados tan importantes como Zulia, Táchira, Apure y Amazonas destinados a elegir cerca de 30 parlamentarios. La creación de 99 distritos militares para “la defensa de la revolución” o el anuncio de más de mil nuevas celdas para la oposición o la formal militarización del paramilitarismo miliciano se está ahogando en la incertidumbre de bastantes leales servidores del régimen, pero que marcan distancia de muchos de estos excesos recientes. Presienten el cambio y no quieren ser confundidos.
La coyuntura electoral del 6D ofrece una seria oportunidad para ejercitar la razón frente a la realidad. Ya basta de manosearla sin trabajar para cambiarla radicalmente. Nuestra idea es sacudir a dirigentes de inteligencia perezosa y memoria sin cultivar. El reto es enorme. La victoria está al alcance.
Oswaldo Álvarez Paz
oalvarezpaz@gmail.com
@osalpaz

Desde El Puente Rafael Urdaneta

ZULMAIRE GONZÁLEZ, MADURISMO EL VERDUGO DE LA JUSTICIA

La confesión del ex fiscal del Ministerio Público Franklin Nieves, pone en la palestra noticiosa lo que se ha venido denunciando desde hace años, que en Venezuela no hay separación de poderes, la justicia se convirtió algo imposible de alcanzar y que hay una dictadura cruel, que manipula la legalidad, y  que está dispuesta a valerse de todas las artimañas necesarias para mantenerse en el poder.

El caso de Leopoldo López, una vez más, deja claro ante los venezolanos y el mundo entero que los operarios de justicia no actúan regidos por la Constitución y las leyes sino por lo que ordenan Nicolás Maduro y Diosdado Cabello, devenidos en la dupla del terror para la justicia venezolana y los venezolanos.

Franklin Nieves es uno de los cientos de fiscales y jueces de la República quienes se han prestado a enjuiciar a opositores, perseguir estudiantes, destruir a familias completas en nombre de la revolución. Así como el caso de Leopoldo está viciado de nulidad absoluta, todos y cada uno de los casos de persecución que tienen naturaleza política deben ser anulados.

El ex fiscal Franklin Nieves sabe que sus confesiones no lo exculpan de los delitos cometidos, y cada uno de los fiscales y jueces cómplices de los desafueros de Maduro y Cabello, tendrán que enfrentar a la justicia nacional e internacional por los delitos de lesa humanidad perpetrados.

Hoy más que nunca se hace imperante la investigación por organismos nacionales e internacionales independientes de los graves señalamientos que ha hecho Nieves sobre el funcionamiento de la justicia penal en Venezuela.

Académicos, miembros de partidos políticos, Ong’s y toda la sociedad venezolana deben reaccionar ante tan graves señalamientos y presionar para exigir justicia por la larga lista de violaciones de derechos humanos y delitos de lesa humanidad cometidos en nombre de la mal llamada revolución. Los venezolanos exigimos justicia, los delitos cometidos por EL MADURISMO, no deben quedar impunes.

Zulmaire González
zulmairegonzalez@gmail.com
@zulmaire

Estados Unidos

CARLOS ALBERTO MONTANER, LOS DOS PLANES DE NICOLÁS MADURO.

Nicolás Maduro sabe que perderá las elecciones del 6 de diciembre. El desastre es demasiado intenso. Lo dicen todas las encuestas. El 90% de los venezolanos quiere un cambio. El 80% culpa a Maduro. El 70% está decidido a votar contra ese gobierno meticulosamente incompetente.

Los venezolanos están cansados de hacer colas para comprar leche, papel higiénico, cualquier cosa. Les horroriza la inflación. Todo es más caro cada día que pasa. El salario de un mes se consume en una semana. Les asquea la corrupción. Saben o intuyen que la cúpula chavista es una asociación de maleantes en la que no faltan los narcotraficntes, todos coludidos para saquear al país. A falta de harina, la violencia es la arepa de cada día. Caracas es una de las ciudades más peligrosas del mundo. Y de las más sucias. (La cubanización también es eso: escombros y aguas negras regadas sobre un gastado pavimento lleno de agujeros).

Pero Maduro obedece ciegamente un axioma castrista: “la revolución no se entrega nunca”. La revolución es una construcción verbal que, en realidad, quiere decir el poder. El poder es lo que no se entrega nunca. La revolución es una cosa plástica que se trasforma para no perder el poder. La construcción verbal tiene otros componentes retóricos: “pueblo, justicia social, antiimperialismo, pobres oprimidos, ricos codiciosos, multinacionales explotadoras, el enemigo yanqui”. Son cientos de expresiones con las que se arma el relato.

Hasta 1998, según los Castro, se llegaba al poder a tiros y se declaraba la revolución. Ese era el dogma. Es lo que ellos habían hecho. A fines de ese año, Hugo Chávez ganó unas elecciones y alcanzó el poder por otros medios, pero con los mismos fines. Fidel, a regañadientes, aceptó el cambio de método, pero aclarando que el poder no se cede nunca.

Aceptaba que el chavismo desmontara en cámara lenta el andamiaje de la democracia liberal y liquidara las zarandajas de los tres poderes y la libertad de prensa y asociación, pero dejando muy claro que la revolución, es decir, el poder, nunca era negociable. La alternancia era una ridícula práctica republicana de los blandengues burgueses. Esa opción no cabía en un modelo genuinamente testiculado y revolucionario.

¿Qué va a hacer Maduro ante la derrota electoral que predicen las encuestas y su decisión de no abandonar el poder jamás, impuesta por Cuba, pero entusiastamente asumida por él y por la cúpula chavista?

Maduro tiene un plan A y un plan B.

El A es tratar de ganar las elecciones o aceptar que pierde por una mínima cantidad. ¿Cómo lo perpetra? Encarcelando o prohibiéndoles participar a líderes opositores que pueden arrastrar a muchos compatriotas a las urnas. Ese es el caso, entre otros, de Leopoldo López y María Corina Machado. Manipulando las máquinas de votar. Generando cédulas falsas. Dibujando los distritos para favorecer a los suyos. Abusando de los medios de comunicación 100 a 1. Obstaculizando de mil maneras el voto de los opositores.

El propósito del gobierno es desalentar a los demócratas para que no voten. Calculan que con la suma de todas esas trampas pueden ganar o perder por poco margen. Y, si pierden, compran a cualquier precio a un puñado de diputados deshonestos y continúan con el poder fuertemente sujeto por la entrepierna.

¿Y si falla el plan A? El plan B se pondría en marcha si es tal la avalancha de votos que no hay manera de ocultar una derrota contundente. Fue lo que le sucedió a Jaruzelski en Polonia en el verano de 1989. Utilizó todas las ventajas del poder para aplastar a Solidaridad en unas elecciones parciales limitadas al senado, pero Walesa y su tribu democrática obtuvieron el 95% de los votos y casi todos los escaños. El régimen comunista se desplomó ante la evidencia del rechazo generalizado.

Maduro ha tenido la cortesía de anunciar su Plan B. Si pierde utilizará las prerrogativas de la ley habilitante para demoler las pocas instituciones de la república que quedan en pie. En ese caso, gobernaría revolucionariamente con “el pueblo y el ejército” mediante una junta cívico-militar.  A esa infamia la llaman “profundizar la revolución”. ¿Entregar el poder? Ni soñarlo. Crearían una satrapía monda y lironda, colectivista y brutal, ya sin disfraces burgueses.

¿Qué deben hacer los venezolanos? Lo que hicieron los polacos. Salir a votar masivamente. Enterrar esa inmundicia bajo una montaña de votos, y pelear sufragio a sufragio y mesa por mesa, sin miedo y sin desmayo.

El plan A es peor que el B. El A continúa una farsa agónica que inevitablemente conduce a una muerte lenta y dolorosa. El B tiene la ventaja de que desnuda sin pudor el carácter totalitario de esa dictadura y le pone fin a la trucada historia de la revolución de los oprimidos. Se les acaba el relato.

Hay muchos venezolanos, chavistas y no chavistas, militares y civiles, que acaso no van permanecer impasibles mientras Maduro y sus amos de La Habana tuercen la voluntad popular y les imponen un yugo permanente. Hay que jugárselo todo el 6 de diciembre. Tal vez la vida misma. 

Carlos Alberto Montaner
montaner.ca@gmail.com
@CarlosAMontaner
Vicepresidente de la Internacional Liberal

Estados Unidos

SUSANA MORFFE, MILTARES, SAQUEN EL SABLE EN DEFENSA DE LA VOLUNTAD POPULAR (ENTRE CIELO Y TIERRA)

La libertad sin orden es anarquía y el orden sin libertad es dictadura (Adolfo López Mateos)
El empeño de continuar en el poder cuando las circunstancias no son favorables es un indicativo de no querer beneficiar al pueblo, la patria y sus recursos. Tal tozudez deja demostrado que lo importante es llenar los bolsillos personales –las arcas ya están desahuciadas- y abandonar el barco – eso lo esperamos todos- cuando no quede nada por robar.

La revolución de la etapa del Cromañón cumplió su ciclo –siniestra por cierto- no queda ni el ideal de patria que tuvo en el principio. Los candidatos al parlamento son la excusa y el verdadero objetivo es salir de la picada mortal del régimen que solamente ha dejado a su paso, veneno esparcido en el corazón de los venezolanos.
¿Hacia dónde vamos? Hacía la consolidación de un nuevo país, donde  no quede un venezolano sin el derecho a tener vida de respeto con las condiciones propias de una sociedad civilizada. Eso es lo que se pretende. Otros que no quieran  ese camino, tendrán que separarse y tender su carpa cargada de imbecilidad en otro país.
Votar por ninguno se le ocurrió a la MUD, evidencia que ellos tampoco están conformes con  los ejemplares que van a la carrera, eso lo tiene claro los venezolanos, pero hay que votar por la Unidad. La votación es contra el régimen y es por esa única y exclusiva razón que la gente va a salir a la calle a depositar su voto masivamente, porque no quieren la prolongación de un mandato “inmaduro”, incapaz de solucionar el hambre en todas sus formas. De eso se trata.
Ha llegado el  momento en que el egoísmo, la envidia y los mediocres deben quedar catapultados y luego seguir hacia la meta en paz, con Venezuela  –con muchos años de arreglo- convertida en un país decente, de talentos, de valores y educación digna de imitar, ¿costará mucho hacerlo bien? Aprendimos todo lo malo, es tiempo de no repetir errores y en caso de ser así, no estarán dispuestos a volver atrás los ciudadanos con un mínimo de conciencia.
Vamos a demostrar que somos capaces de crecer, cada uno en su área, el líder, el empresario, el distribuidor, el político, el maestro, el médico, el docente, los periodistas y hasta la humilde ama de casa. No repitamos los desaciertos del pasado. Todos somos venezolanos y cada uno en un pequeño lado del corazón le debe doler esta Venezuela moribunda.
Cuando nos corresponda votar el próximo 6 de diciembre deberíamos hacerlo pensando en el país, con el firme propósito de deslastrarlo de la podredumbre que nosotros hemos permitido. Vamos en busca de la liberación, no es imposible pronosticar lo que va a ocurrir a menos de un mes en Venezuela, un gobierno totalmente derrotable, ese que no pudo consolidar una patria unida y fortalecida. Si el asunto es detener la trampa, es un acto cívico salir a votar. La manera representativa del deber ciudadano es con el voto, no por el nombre de un candidato, es por Venezuela entera, ese país humano que nos da trabajo, comida y descanso. 
No hay tiempo para los discursos de baratija que no logra nada con humillantes maniobras y ventajismos. El descredito hacia los más talentosos no es tolerable si queremos salir de esta lucha.
Estarán en la mira los oficiales que entendieron su deber de patria para que puedan llegar al final de sus días, satisfechos y en paz con su conciencia. Saquen el sable oxidado y garanticen la vida democrática, la defensa del voto sin ideales políticos, el respeto a los derechos humanos y a la soberanía y  el orden de la razón.
Susana Morffe
susana.morffe@gmail.com
@susanamorffe
Nueva Esparta - Venezuela

www.susanamorffe.blogspot.com

ANTONIO JOSÉ MONAGAS, PIDO LA PALABRA: ANATOMÍA DE UN ABSURDO, VENTANA DE PAPEL,

Las líneas políticas a seguir, impartidas a instancia del desastroso “Plan de la Patria”, sirvieron para demoler el pluralismo, tanto como para confinar espacios de libertad y democracia.
ANATOMÍA DE UN ABSURDO 

La definición de anormalidad, lleva a planteamientos cuya explicación cae en el terreno de lo subjetivo dada la diversidad de secuelas posibles. Aunque por lo general, refiere condiciones raras, disfuncionales o no deseadas. Sin embargo, su estudio se le ha dejado a la psicología de la anormalidad debido a las implicaciones y complicaciones que pueden contrastar sus realidades. Suelen utilizarse criterios relacionados con modos de comportamiento para deducir si la persona observada presenta una condición psicopatológica que evidencie alguna desviación que califique dentro del rango de parámetros que miden la anormalidad. Al menos así sucede al interior del ser psíquico humano individual. Pero en política, la anormalidad tiene otra connotación.

En política, se develan conductas arrastradas por los más aberrados sentimientos. Naturalmente, en el fragor de hechos acuciados por personas cuya práctica de política ocurre apegada a contravalores que afrentan la moralidad y la ética, se tiene poca posibilidad de actuar en consonancia con la normalidad que debe primar el ejercicio de la política. De ahí que la noción de política ha sido bastante mancillada y desvirtuada. Para muchos, el concepto de política es algo banal. Por ejemplo, para Benjamín Disraeli, ex primer ministro del Reino Unido en el siglo XIX, “el ejercicio de la política puede definirse con una sola palabra: disimulo”.

Son muchas las razones que buscan desprestigiar la política. Hay quienes afirman que “el quien menos sabe de política, más político se hace” lo cual deja ver el grado de descrédito que ha ganado. Gracias a la politiquería. O a quienes han entendido a la política como un negocio. Aún así, hay motivos para inferir que la política habría sido una actividad noble si no fuera por los politiqueros. Y es lo que ha avivado el doloso manejo de la política toda vez que quienes la han ejercido desde posturas maniqueas, sólo se han servido de ella para vanagloriarse de la posición alcanzada. O valerse del poder político para encumbrarse social y económicamente.

En Venezuela, con el cuento de la revolución bolivariana, acicalada con la deformada invención del llamado “socialismo del siglo XXI”, sus actuales y transitorios gobernantes han vapuleado la concepción que determinó el establecimiento de la institucionalidad democrática. A pesar de sus deficiencias, fallas, debilidades e incongruencias. Pero hoy día, la aguda crisis política que padece el país, terminó por descomponer el cuadro de defensas que, abnegadamente, llegaron a constituirse en factores de resistencia cuyo sentido de la dignidad permitió estructurar la firmeza necesaria que le imprimió el arrojo suficiente capaz de contrarrestar el embate de la locura gubernamental. Aunque ahora, convertida en medidas de pasmosa ilegalidad y atrevida insolencia.

La pretensión de otear las realidades bajo una visión unidimensional, hizo al proceso de elaboración y toma de decisiones llevado desde el alto gobierno el engorro ideológico a partir del cual se alinearon todos aquellos funcionarios representantes de los poderes públicos. Las líneas políticas a seguir, impartidas a instancia del desastroso “Plan de la Patria”, sirvieron para demoler el pluralismo, tanto como para confinar espacios de libertad y democracia. Asimismo, para oprimir la justicia, derechos humanos y todo el ordenamiento jurídico que exhorta la defensa y el desarrollo de la persona. Al mismo tiempo, las garantías a partir de las cuales estriba la educación como principio, objeto y sujeto de ley. Por tan infaustas razones, el resentimiento de quienes forman la cúpula gubernamental se planteó desmantelar la autonomía universitaria toda vez que su reconocimiento constitucional, como principio y jerarquía, se transformó en una estorbo que impide al régimen actuar con la saña y hostilidad que perfila al autoritarismo como criterio de gobierno y recurso de populismo demagógico. Más aún, dificultó hacer de la educación universitaria el espacio político necesario para alienar proyectos de formación de talentos y hombres libres.

Las medidas aprobadas desde el Poder Legislativo por la bancada del oficialismo soez y subordinado, propias de un idealismo retrógrado, contra el derecho de los universitarios a impugnar las flagrantes violaciones organizadas por el mismo régimen al respeto de su dignidad social y económica, configuran el dantesco hecho encarnado en la intención de reducir a meras minucias lo que la Constitución denomina “Estado democrático y social de Justicia y de Derecho”. Así que a decir del proceder de un régimen ofuscado, sus acciones no son lo normales que se supone. O como lo requiere la vida democrática de un país. Mejor aún, ello semeja lo que puede verse como la anatomía de un absurdo.

VENTANA DE PAPEL

APOLOGÍA DE UNA TRAICIÓN, ACORRALAR A LA UNIVERSIDAD

No hay razón alguna para que quienes se hicieron profesionales, luego docentes y hasta autoridades universitarios, arremetan en contra de la institución que cobijó sus sueños y proyectos de vida académica. Es un verdadero exabrupto que profesores de la Universidad de Los Andes, desde la investidura que los acredita como diputados de la República, se hayan planteado el desvergonzado propósito de acorralar su institución, su Alma Mater.

Es el caso  que explica el llamado “Acuerdo de Rechazo a la Paralización de las Universidades Autónomas”, emitido el martes 3-N en medio de una algarabía propia de todo mercado de “mala muerte”. El aludido manifiesto no sólo es expresión del resentimiento de personas aferradas a instigar odio y desmembrar en lo posible la unidad a partir de la cual se cimentó la democratización del sistema político  que, luego de 1958, inspiró el desarrollo de la Universidad venezolana.

Tan insultante texto, al mismo tiempo, constituye un remedo de lo que nunca ha podido reponerse luego de innumerables promesas electorales expuestas alrededor de la necesidad de superar la crisis que comenzó a agobiar las universidades al término de 2007.

Fue el momento para aplicar la reconducción presupuestaria que desconoce el crecimiento universitario. Fue el tiempo para imponer la figura de la universidad socialista a través del saqueo de la autonomía universitaria para lo cual se han valido de acciones de terrorismo judicial. No conforme con tan opresivo modo de accionar perversos mecanismos de desmembración institucional-académicos, estos gobernantes  de marras se dieron a la tarea de amenazar a la comunidad universitaria mediante resoluciones dirigidas a usurpar la libertad de iniciativa característica de la institución en contravención con lo dispuesto por la Ley de Universidades. A pesar de haber pretendido exaltarse sus bondades cuando el cuestionado documento, entre sus Considerando, refiere el primer artículo de tan significativa legislación a manera de asentir que, por vía del susodicho precepto, puede arribarse a “la construcción de sociedad que queremos”.

Más aún, lejos de exhortar algún canal de diálogo en medio de la vigente crisis, el Acuerdo aprobado con los votos de la bancada del oficialismo adulador, representa la expresión más oprobiosa de lo que la Constitución destaca cuando describe que el Estado tiene como proyecto fundamental “la construcción de una sociedad justa y amante de la paz”, tanto como la “promoción de la prosperidad y bienestar del pueblo”. Ello, en aras de asegurar un Estado democrático y social de Derecho y de Justicia.

Sin embargo, la lectura más ligera, así como aquella sometida al análisis lingüístico más escrupuloso, llegan a la misma conclusión. Es decir, contradicciones por doquier, deplorable redacción, inconsistencias conceptuales, incoherencia discursiva, exaltación a desconocer la realidad académica universitaria, vulneración al significado y alcance de autonomía universitaria, incitación al desencuentro, llamado al intervencionismo, declaración velada de abuso de poder, desafío a la normativa constitucional y arrogancia manifiesta. Aunque lo más grave de todo cuanto afirma tan insultante proclama de excedidas consideraciones, es que luce, tristemente, como una demostración de ingratitud de sus firmantes, o un testimonio de mezquindad. O aún peor, la apología de una traición.

“Dar cuenta de los desafueros y engorros que anima la perversión de gobernantes con ínfulas de reyezuelos o comandantes sin charreteras, cuya gestión incita una crisis de sumas proporciones, es como realizar una exploración del espectro de un organismo humano. Aunque políticamente hablando, es la anatomía de un absurdo”

Antonio José Monagas
antoniomonagas@gmail.com
@ajmonagas

Merida - Venezuela

CARLOTA SALAZAR CALDERÓN, FORMAS DE BARBARIE DEL SIGLO XXI

Fuera del juego democrático, para mí, la barbarie. Digo esto porque mientras el mundo busca la vía electoral para legitimarse, otros buscan la violencia física o el aparato estatal, para dominar. Son dos esquemas que están utilizando minorías en el mundo, la primera más sanguinaria pero no menos perversa que la segunda y ¡cómo dañan! 

En la línea de la violencia física para dominar está El Estado Islámico, un Estado no reconocido como Estado, mejor conocido como ISIS. Es un grupo terrorista, que está bajo el control de ABU Bark al-Baghadadi, autoproclamado califa de todos los musulmanes, válgame Dios.  Se encuentran en parte de Siria e Irak, cuya capital es Al Raqa. Es ahora el Estado Islámico y el levante. Con la Sharia (biblia o constitución) y la violencia brutal contra los chiitas y cristianos, han logrado dominar a esa población e invaden para asumir más territorio. Así han logrado el control de siete pozos de petróleo en Irak seis en Siria, el cual refinan a través de refinerías móviles en medio del desierto, en forma artesanal y por ello muy malo y sobre todo, barato, pero sobra quien lo compre desde países vecinos, contrabandistas que siempre han existido en esa frontera, hasta el mismo Asad, través de líderes tribales, por necesidad de dar servicio ¿qué paradoja? su peor enemigo es quien lo mantiene, que cosas ¿no? Este grupo es una amenaza contra el mundo, no contra la cultura occidental, sino contra el mundo: hay que someterse o te matan, así de lamentable, ya que puede ser la causa de la tercera Guerra Mundial.
Guardando las distancias en la línea de la utilización del Estado para dominar están, como ejemplos, Angola que tiene una democracia pluripartidista, pero el presidente tiene todos los poderes públicos bajo su control, nombra a los gobernadores y a los Jueces del Tribunal Supremo de Justicia, no sé hasta dónde sea por los casi 25 años de guerra civil intestina, pero ésa es la “justificación” de tanto control estatal; Uganda un presidente reelecto en cualquier cantidad de elecciones denunciadas como fraudulentas, en medio de una política homofóbica, contra los homosexuales, bisexuales y transexuales y Venezuela donde, lo que yo diga aquí es poco compadrado con lo que saben y han sufrido los lectores conocen.
Estas líneas de acción riñen con los tiempos de democracia. Estas formas de dominación son inaceptables. La democracia nos permite progresivamente institucionalizar mediante el reconocimiento de los derechos civiles y políticos. Hay que hacer en este sentido una reflexión y un mea culpa. Esta dominación se logra gracias a una sociedad dispersa, individualista, cómoda, que busca su propio bienestar y no el del colectivo. El muro de contención contra la barbarie, está anidada en la fuerza de la sociedad (Tocqueville) en el espíritu de la gente (Hegel). 
En Venezuela una esperanza de cambio en las elecciones del 6D hacía la reinstitucionalización del país, para ello es necesario votar por quien le puede ganar al chavismo: los candidatos de la UNIDAD, no te equivoques.
Carlota Salazar Calderón
carlotasc@gmail.com
@carlotasalazar

Anzoaregui – Venezuela

EGILDO LUJAN NAVAS, LOS OJOS DEL MUNDO DEMOCRÁTICO

Ya era hora. Tenía que suceder algún día. Muchos venezolanos, dentro y fuera del territorio nacional, consideran que la respuesta ha sido tardía. 0tros optan por la resignación y la aceptación de lo que sucede. Porque lo importante es que, finalmente, muchos países, gobiernos y estados, han tenido que revisar su apreciación de los años anteriores, montarla en el presente, y aceptar que no es normal lo que sucede en esta parte del mundo.

No solamente en razón de que no hay nada que no sea escaso. Porque la anomalía es tan válida cuando se buscan y no se encuentran alimentos; cuando se procura un médico y ya no está en el país. Tan anormal que cuando te captura una enfermedad crónica y necesitas medicarte continuamente, es probable que la muerte te gane la pelea sin tener que haber sudado porque no se pueden comprar las medicinas que se necesitan.

Tan ya no sorprendente, sin embargo, es que cualquier día y en cualquier lugar del país, en un atraco, en un secuestro o “en un cruce de balas”, la batalla que le ganaste a la muerte en alguna enfermedad o en una intervención quirúrgica, te la arrebata el adolescente, el muchacho o el adulto ocioso. Y ni siquiera porque se lo propuso. Es que, como ya también es componente activo de la nueva cultura delincuencial en el país, pudiera ser porque “me dio la gana”. O, mejor, “porque trabajo con un chivo y lo que tu digas me resbala”.

En Venezuela, “trabajar con y para un chivo”, es la manera “más confiable y segura de conquistar el Cielo”. Te convierte en el benefactor por excelencia del reinado de la impunidad. Y, cuando no, garantiza la gloria de los caídos en nombre del “chivo”, del corral donde pasta el animal; hasta del propio Cielo que es posible crear en los ambientes en donde sólo vence la fuerza de quien administra una cuota de poder, sin que importe el tipo y la calidad del poder. Basta con presumir tenerlo, ejercerlo y convertirlo en su arma de dominio social. Sólo que en el país es la madre y el padre de más de 25.000 muertes violentas cada año y de más de 60.000 heridos, siempre en un ambiente de violencia infinita.

En fin, todo eso, después de todo, no pasa de ser una raya más en el cuero curtido por el sol y las decepciones de millones de venezolanos, sin importar género, edad o condición social. Es la raya del día a día que una parte importante de esos millones, sencillamente, ha decidido convertir en un arma activa y efectiva para defenderse de una vez por todas: en un voto. Un recurso válido, serio y poderoso al que recurren los ciudadanos que creen en la Democracia, la pregonan y se empeñan en practicarla cada vez que se presentan las oportunidades.

Votar en Venezuela el 6 de diciembre es, entonces, ese recurso. También el activador de la maltrecha, golpeada, pisoteada y hasta olvidada esperanza. Pero esperanza al fin. Quizás, estiman miles, la necesaria válvula de escape de una sociedad a la que, inconsultamente, se le convirtió en conejillo de indias para hacer de  su país, de su Patria, el prototipo mundial de una revolución socialista distinta a la que vivieron decenas de países durante el Siglo XX, y cuyo final fue lo que dice la historia: de hambre, de odios, de resentimientos, de venganza macerada a lo largo de su vigencia, de muerte.

Actualmente, en Venezuela el voto del 6D no es un voto más. Registra las características de ser esa vía de escape, la alternativa funcional para hacer saber que, como en otras partes del mundo, aquí la falsa y frustrante  propuesta política del socialismo revolucionario terminó convirtiéndose en una simple caricatura histórica delineada con una brocha gorda. También en una desafortunada causa para enfrentamientos entre hermanos, en un culto enfermizo al resentimiento social, en una adoración permanente al odio, en la siembra inquietante sobre terreno fértil de un ansia de “facturar rabias”.

Está en manos de quienes tienen la responsabilidad de hacerlo, y de manera transparente, dar todos los pasos necesarios y adecuados para que el proceso electoral se desarrolle en un ambiente de paz, tranquilidad, armonía y respeto. Que le transmitan a la población electora la seguridad de que su participación en el evento, será la que le permite y consagra como derecho ciudadano la Constitución vigente de la República Bolivariana de Venezuela. No que es una concesión de grupos privilegiados que actúan a favor de hombres y mujeres escogidos para que respalden o cuestionen a unos o a otros.

Por supuesto, sobre las espaldas de las autoridades del Poder Electoral y de todos a los que cada venezolano ajeno a esas posiciones les cancela salarios y beneficios sociales como servidores públicos, reposa hoy la mayor y más delicada tarea: la de ser un verdadero Poder Electoral, motivado por la obligación de garantizar eficiencia y pulcritud en sus servicios, y respaldado operativamente por la actuación no sesgada de la institución armada. Mejor dicho, de ese mismo contingente uniformado que fue capaz de sumarse a los millones de ciudadanos que decidieron construir Democracia civil en el país a finales de la década de los cincuenta.

¿Ingenuidad?. ¿Estupidez? ¿Necedad?. No se es ingenuo cuando la voluntad, la exhortación y la expresión es a favor de la civilización; a la conducta racional e inteligente. No se es estúpido cuando el llamado es a evitar osadías que conduzcan a anarquías alentadas por la barbarie. Mucho menos se es necio cuando, por sincero y sentido amor al país, se trata de motivar a la búsqueda de los acercamientos imprescindibles y siempre valiosos entre los componentes del liderazgo que se adversa, para que impidan desenlaces ajenos a los que plantea, en sí mismo, el proceso comicial.

Irresponsablemente, se rechaza toda posibilidad de la observación internacional en el país durante ese mismo proceso, mientras se pregonan transparencias, perfecciones, exactitudes tecnológicas y conductas humanas a la par de lo inmaculado. ¿Es que acaso la misma realidad política, social y económica actual a la que se ha traído al país, es posible conducirla o de administrarla a partir de devociones sectarias? Y, ¿“si no la debes, a qué le temes”?. ¿0 es que todo es un asunto de presunciones y no de convicciones, por aquello de que “dime de qué presumes y te diré de qué careces?”.

Los 0jos del Mundo Democrático, que no son pocos, están puestos en el país. Sobre todo, y de manera muy especial, en las condiciones oficiales y constitucionales aprobadas para que las elecciones se lleven a cabo de acuerdo a lo que han establecido las leyes que las rigen. Y, desde luego, en las otras condiciones: aquellas que garantizarán las autoridades para que la ciudadanía se pronuncie libremente.

A menos de treinta días para que el evento se desarrolle, no hay marcha atrás: para que se celebre, ni se desvirtúe en su objetivo. Tampoco, por supuesto, para que se quiera convertir en una finalidad violenta en sí misma, apelándose a fundamentalismos irracionales; a fanatismos que sólo pudieran terminar impidiendo aquello que la racionalidad también prevaleciente en el seno del Partido Socialista Unido de Venezuela, se plantea a diario: la recuperación real de su organización partidista, a pesar de los fracasos gubernamentales, a pesar de las derrotas electorales.

Es el momento de poner la inteligencia, la ponderación y la fortaleza espiritual al servicio de Venezuela. Equivocarse en la interpretación de ese reto histórico, es errar -ahora sí-  por necios.

Egildo Lujan Navas
egildolujan@gmail.com
@egildolujan

Miranda – Venezuela

MALÚ KIKUCHI, DEL ATAÚD DE HERMINIO, AL CÁNCER DE GOLLÁN, DESDE ARGENTINA

Alguien, alguna vez, inventó las campañas electorales negativas. Latino América se especializa en ellas, lo que no implica que no se usen en otras partes del mundo. Pero todas ensucian la política y empobrecen la democracia. A veces dan resultado, a veces no.

Se terminaba el proceso militar. Las elecciones, después de 7 largos años, se dirimían casi exclusivamente entre el PJ y la UCR. Por el PJ la fórmula estaba representada por Ítalo Luder con Deolindo Bittel, y la UCR por Raúl Alfonsín con Víctor Martínez. El candidato PJ a gobernador por la provincia de Buenos Aires, era Herminio Iglesias.

Nadie dudaba del triunfo del PJ. Herminio había asegurado a los medios que “habría PJ por los próximos 1.000 años” y la gente tendía a creerlo. Para el cierre de campaña el PJ eligió la 9 de Julio donde se calculó una concurrencia (espontánea) de 800.000 a 1 millón de personas. Fue el  28/10/1983. Era casi de noche.

Herminio Iglesias tuvo la desgraciada idea, que él debe haber creído brillante, de quemar un ataúd de cartón pintado con los colores radicales y con las siglas de la UCR. El país venía de perder una guerra demencial (Malvinas) y la agresividad era un hecho que los argentinos querían dejar atrás, esperaban un tiempo de paz y de concordia. La quema del cajón fue un cachetazo a la sociedad.

Por supuesto que la quema no debe de haber sido la única causa del resultado electoral. Pero en una Argentina muy peronizada, fue indudable que ayudó y mucho. Para sorpresa del país que no lo esperaba, Alfonsín / Martínez sacó un 51,75% y la fórmula del PJ, Luder / Bittel, se redujo al 40,16%. El resto es historia.

Casos recientes y menos recordables. Se acusó a Enrique Olivera  de tener cuentas suizas no declaradas, días antes de la elección legislativa de 2005. Suiza recién pudo revertir la infamia después de que Olivera hubiese perdido la elección. La campaña resultó.

Se intentó acusar a Francisco De Narváez de tener lazos con el narcotráfico antes de la elección legislativa del 2009, éste lo supo a tiempo y consiguió desbaratar la maniobra y ganar la elección.  Siempre hubo campañas sucias, por regla general de parte de los que temen perder la elección, aunque no siempre.

Hace cinco días, horrorizados, leímos en “tweeter”, en la cuenta de Daniel Gollán (seguramente no sabe quién es el personaje, es el oscuro y hasta ahora desconocido ministro de SALUD de la nación), un “tweet” que decía: “Si gana Macri se van a cerrar los centros oncológicos”. Ante el escándalo producido por el mensaje, mentirosos, el individuo dijo que le habían “hackeado” la cuenta.

Había 10 mensajes similares a este, en su cuenta. Casi imposible que haya sido “hackeado”. Ahora bien, se supone que el individuo es médico. Se supone que conoce la gravedad del cáncer. Se supone que sabe que siempre hay una posibilidad de muerte a través de esa enfermedad. Es una enfermedad que aterroriza.

No siempre es mortal, la mayoría tienen cura, pero son tratamientos largos, dolorosos, para el paciente y para la familia que tiene que contener al enfermo. Se supone que el individuo, que es médico, conoce que la sola mención de la palabra “oncología”, aterroriza a las personas. No sólo es bajo, sucio, inmundo, ¡es cruel!

Este gobierno ha demostrado a lo largo de 12 años, que no tiene límites, en particular en estos últimos 4 años. Van por todo. Y no sólo lo dice Cristina, lo hace posible. Pero hasta el desmadre de una campaña sucia, debe tener como límite la salud.

En particular si se recuerda, y el PJ lo recuerda con frecuencia escandalizada, y con razón, que algún imbécil escribió en una pared de la entonces residencia presidencial, Austria y Libertador (donde hoy está la Biblioteca Nacional), “Viva el cáncer”, con referencia a la dolencia que padecía, y de la que murió, Evita. Imperdonable.

Pero fue un imbécil anónimo. Ahora, alguien del partido político que sufrió esa afrenta, un médico, con nombre y apellido, el ministro de SALUD de la nación, no sólo repite el horror con la intención de meterle miedo a la sociedad, comete un pecado en contra de la profesión que eligió y degrada el juramento hipocrático.

Una vergüenza nacional. No renunció a su puesto. La dignidad no sabe/ no contesta. Es obvio que Daniel Gollán es un digno ministro de Cristina Fernández.

¿Resultará la propaganda estatal negativa? ¿La población se sentirá influenciada por ella? ¿O con sentido común votará por propuestas concretos y posibles, por lo construido en 8 años, por la grandeza de no contestar con otra campaña negativa, por el Cambio a estos desdichados y terribles años K?

Habrá que esperar tan sólo 15 días para saberlo. Han conseguido que en estos 15 días el miedo a lo que pudieran hacer, se convierta en insomnio. Pero el 22 va a llegar, y si los ciudadanos asumen su rol de ciudadanos, el ansiado cambio borrará el miedo y dará paso a la esperanza de un país mejor.

Malu Kikuchi
maluki@fibertel.com.ar
@malukikuchi

Argentina

GABRIEL S. BORAGINA, DESTRUYENDO LA COMPETENCIA, TEORIA LIBERAL, DESDE ARGENTINA

En la mayoría de los países existen leyes célebremente denominadas de "defensa de la competencia" cuyo propósito -en el desarrollo de sus objetivos- suelen coincidir con el nombre que reciben. Sin embargo, y curiosamente, este tipo de leyes acostumbran coexistir con un gran número de otras leyes que, de una u otra manera, declaman la imperiosidad de "ayudar" o subsidiar determinados tipos de actividades o sectores sociales, bajo pretexto de la "necesidad" de "estimular" el consumo, la producción o ambas cosas al mismo tiempo. Si no existieran este último tipo de leyes de ningún modo harían falta las primeras, por cuanto la mejor defensa de la competencia que puede existir es aquella que nos brindan los mercados completamente libres y desregulados, lo que implica, naturalmente la total ausencia de subsidios, porque :

"Una vez que se abren las compuertas de los subsidios se monta una máquina que hace que se desate una competencia por los recursos escasos de lo que se ofrece. De este modo los empresarios desvían su atención del mercado y la centran en quienes otorgan subsidios. Se desata así una lucha para ver quién saca mejor partida a expensas de los demás ya que el subsidio necesariamente proviene de los bolsillos de otros que resultan expoliados. Pero aquí no se trata simplemente de una suma cero, es decir, de una transferencia coactiva de un grupo o de una persona a otro grupo o persona. La competencia por obtener se desata debido a que los recursos son limitados. También son limitados los privilegios aunque no se trate de una transferencia directa de recursos puesto que si todos son privilegiados no habría privilegiados." [1]
Cuando el argumento es que el subsidio se otorga para "fomentar el consumo" sucede exactamente lo mismo a lo que se describe arriba, pero esta vez el fenómeno se verifica del lado de la demanda y no de la oferta. Se traduce en una clarísima discriminación entre los consumidores que reciben el subsidio y aquellos que quedan excluidos del mismo, siendo estos últimos manifiestamente perjudicados. Por otro lado, el mayor consumo que el subsidio le permite a los consumidores subsidiados hará que los precios del artículo en cuestión se eleven, con lo cual aquellos otros consumidores que quedaron excluidos del beneficio del subsidio verán aumentar el precio del producto que necesitan, lo que hará que sus posibilidades de adquirirlo sean más remotas aun que antes de haberse decretado el subsidio al consumo. En definitiva, puede llegarse a la conclusión que cualquier subsidio -además de antieconómico- es discriminatorio respecto de los conjuntos que el poder político de turno considera "no merecedores" de la prebenda. Pero como además los recursos son escasos, sería imposible extender el beneficio o ayuda a todos. Con lo que, queda demostrado que la mal llamada "ayuda" es, en realidad, un "salvavidas de plomo" para los conglomerados más desfavorecidos, o de más bajos ingresos.
"Aquella competencia no se desarrolla en base al aspecto físico del empresario, se lleva a cabo en base a ofertas de uno u otro tipo que realizan los competidores a manos de los oferentes de privilegios. No necesariamente debe recurrirse al cohecho directo o indirecto. Pero, en cualquier caso, para proceder en este sentido se montan sistemas de lobbies para acercarse al poder, sea para convencer al burócrata de la “bondad” de la propuesta o, debido a que no hay criterio racional para otorgar el subsidio, para concretar una oferta monetaria a los efectos de que se resuelva el privilegio en beneficio del postulante. En cualquiera de los dos casos deben destinarse recursos para obtener el cometido, aunque más no sea el factor tiempo lo cual también se traduce en costos de oportunidad. Supongamos que se trata de un subsidio de 10 millones de dólares, en este caso el empresario estará dispuesto a invertir hasta 10 millones de dólares para lograr el subsidio de referencia, lo cual, desde la perspectiva del resto de la comunidad significará, por ejemplo, 19 millones de dólares derrochados. Los primeros 10 millones significan un despilfarro debido a que todo subsidio implica que se sacan recursos de las áreas preferidas por la gente hacia las áreas preferidas por los gobernantes del momento. "[2]
De lado del consumo -que venimos analizando- sucede un fenómeno análogo al del lado de la oferta que bien describe la cita anterior. En este caso, los políticos que detentan el poder -o aspiran a detentarlo- juegan un rol activo en el otorgamiento de subvenciones y prebendas pero direccionados a los que consideran su potencial clientela electoral. Y en esa línea, en sus discursos y campañas prometen la implementación de planes sociales o programas de "ayudas" a través del aparato estatal. Esto es algo que la experiencia ha confirmado ampliamente en los movimientos o partidos populistas que han sabido asolar la región en los últimos años, y que han buscado y siguen buscando perpetuarse en el poder. Su política ha consistido precisamente en campañas basadas en el tristemente célebre slogan socialista de "quitarle a los ricos para darle a los pobres" en una suerte de mal simulado Robin Hood encarnado por el paternalismo estatal. La fórmula no es nueva y ha fracasado una y otra vez en la historia, como cualquier registro lo puede demostrar. El populismo apunta básicamente a personas de muy bajos ingresos que no se encuentran contenidas por ninguna organización formal que los nuclee (como podrían ser los sindicatos, que en su hora consistieron en grupos de presión para obtener privilegios laborales por encima de los que la economía real podía permitir). El populismo se dirige, más bien, hacia sectores marginados fuera de toda estructura, que buscan captar para la militancia política a cambio de una prebenda, dadiva o privilegio que necesariamente implica quitarles a unos lo que les pertenece para darles a otros lo que nos le pertenece y que suele designarse con el impreciso nombre de "justicia social".
[1] Alberto Benegas Lynch (h). El juicio crítico como progreso. Editorial Sudamericana. Pág. 515 a 518
[2] Alberto Benegas Lynch (h) El juicio... Ob. Cit.pág. 515 a 518

Gabriel Boragina
gabriel.boragina@gmail.com
@GBoragina
Acción Humana

Buenos Aires- Argentina

CHILE LIBERAL, NUEVA CONSTITUCIÓN: CHAVISTA Y PAPISTA

Si el proceso constituyente no logra separar iglesias de Estado, el proceso debe ser abortado y la carta magna rechazada

Una de las peores pesadillas de los liberales es un día despertar en una teocracia. Gracias al fanatismo y la precipitación de los asambleístas, la pesadilla está desgraciadamente a punto de convertirse en triste realidad, y el principio medieval Nulla potestas nisi a Deo puede volver en gloria y majestad.

Hoy, comprobamos que la vilipendiada Constitución en vigor, vigente desde la dictadura de Pinochet pero remilgada en 1989 y reformulada el 2005, no contiene, extrañamente, ni una sola referencia a dioses ni seres supremos. Es probable que la nueva Carta Magna que hoy se fragua culmine en un fiasco metafísico de proporciones. Basta ver qué dice el texto chavista (que aunque lo nieguen es su auténtica inspiración):

CONSTITUCIÓN DE LA REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA DE 1999

PREÁMBULO
El pueblo de Venezuela, en ejercicio de sus poderes creadores e invocando la protección de Dios, el ejemplo histórico de nuestro Libertador Simón Bolívar y el heroísmo y sacrificio de nuestros antepasados aborígenes y de los precursores y forjadores de una patria libre y soberana; con el fin supremo de refundar la República para establecer una sociedad democrática, participativa y protagónica, multiétnica y pluricultural en un Estado de justicia, federal y descentralizado, que consolide los valores de la libertad, la independencia, la paz, la solidaridad, el bien común, la integridad territorial, la convivencia y el imperio de la ley para esta y las futuras generaciones; asegure el derecho a la vida, al trabajo, a la cultura, a la educación, a la justicia social y a la igualdad sin discriminación ni subordinación alguna; promueva la cooperación pacífica entre las naciones e impulse y consolide la integración latinoamericana de acuerdo con el principio de no intervención y autodeterminación de los pueblos, la garantía universal e indivisible de los derechos humanos, la democratización de la sociedad internacional, el desarme nuclear, el equilibrio ecológico y los bienes jurídicos ambientales como patrimonio común e irrenunciable de la humanidad; en ejercicio de su poder originario representado por la Asamblea Nacional Constituyente mediante el voto libre y en referendo democrático, decreta la siguiente:

El texto del Preámbulo bolivariano es alambicado: una sola oración de 216 palabras, que exige varias lecturas para entender qué demonios quiere decir. (Imagínense el resto.) Lo grave es que en la primera línea del interminable primer párrafo-frase ya traen al Monstruo del Spaghetti Volador. Impresionante ver tanta estupidez.

Comparen por favor con la elegancia y brevedad del Preámbulo de la Constitución gringa:

Nosotros, el pueblo de los Estados Unidos, a fin de formar una Unión más perfecta, establecer la justicia, garantizar la tranquilidad nacional, tender a la defensa común, fomentar el bienestar general y asegurar los beneficios de la libertad para nosotros y para nuestra posterioridad, por la presente promulgamos y establecemos esta Constitución para los Estados Unidos de América.

Corta. Precisa. Bonita. Imponente. ¿Referencias a dios? ¡Ninguna! De hecho, la magia del texto de los Padres Fundadores fue establecer en términos tajantes que el Congreso no podría legislar basado en ninguna religión. Es preclaro en el misísimo 1er artículo:

Primera Enmienda:
El Congreso no aprobará ninguna ley con respecto al establecimiento de religión alguna, o que prohíba el libre ejercicio de la misma o que coarte la libertad de expresión o de prensa; o el derecho del pueblo a reunirse pacíficamente y a solicitar del Gobierno la reparación de agravios.

Gran parte de la grandiosidad del proyecto republicano en la América del Norte fue el establecer una base secular desde su 1er artículo, incluso antes de consagrar el famoso freedom of speech (libertad de expresión) y libertad de prensa.

Desgraciadamente, es probable que no veamos nada de la Constitución yanqui en Chile sino mucho de la Bolivariana, ya que es la propia Michelle Bachelet quien, estúpidamente, le aseguró a Jorge Bergoglio, el director de la aglomeración autoproclamada "iglesia Universal", que no habría secularismo. En un encuentro con la curia, la Presidenta de Chile indicó que los de sotana manifestaron su...

"interés en la discusión del Proceso Constituyente de una nueva Constitución, donde también las Iglesias puedan dar a conocer su percepción, sus perspectivas, cosa que sin duda yo les he asegurado".

Amigos lectores: estamos fritos. La rimbombante "Nueva Constitución" está condenada al fracaso desde su génesis. Una enorme cantidad de energía y recursos se destinará a un nuevo orden institucional a pesar que ya tenemos un corpus legal coherente y todo en vano ya que probablemente la famosa Nueva Constitución será un bodrio. ¿A no ser que podamos evitarlo?

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