viernes, 17 de enero de 2020

ACTUALIZACIÓN, EL REPUBLICANO LIBERAL II, VIERNES 17/01/2020

MIBELIS ACEVEDO DONÍS: CUERVOS DE LA DEMOCRACIA

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 7 minutos
Forjada a punta de sacrificios y apuestas riesgosas que no pocas veces comprometen la vida de quienes contribuyen con su advenimiento, la conquista de la democracia resulta todo un desafío. Penosamente y a despecho de quienes vieron en la tercera ola de democratización una señal decisiva de evolución blindada por la razón civilizatoria, ello no marca el fin de un camino lleno de idas y vueltas, corsi e ricorsi. “Ni lejanamente se me hubiera ocurrido pensar que Italia se dejaría quitar de las manos la democracia que le había costado tantos esfuerzos y que su generación consideraba c... más »

TRINO MÁRQUEZ: ALACRANES Y ALIMAÑAS

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 11 minutos
El 2020 comenzó a todo vapor. Nicolás Maduro enfiló la nave contra la oposición parlamentaria. Asedio, emboscadas, agresiones físicas, disparos. El régimen perpetró el asalto a la Asamblea Nacional, concebido y diseñado a finales del año pasado. La operación alacrán se convirtió en operación alimaña. El gobierno logró torcerles el brazo a un grupo de parlamentarios que hasta hace poco habían militado en Primero Justicia y Voluntad Popular, pero que luego optaron por resolver su propio déficit personal, olvidarse de sus organizaciones y electores, y valerse de unos argumentos de ocas... más »

FROILÁN BARRIOS: «ACTUALIZAR, ACTUALIZAR» EN UNA ECONOMÍA IRRACIONAL

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 13 minutos
“Actualizar, actualizar” es la frase aterradora que pronuncian a todo pulmón propietarios y gerentes de bodegones, mercados, bodegas, taguaras, licorerías, supermercados de alcurnia y establecimientos de todo género, en pueblos y ciudades de Venezuela al finalizar cada jornada diaria, asignando a motu proprio los nuevos precios de las mercancías en venta para el día siguiente, cuya onda expansiva se multiplica con el IVA pagado también por el consumidor. Lo curioso del unilateral modus operandi es que la sincerización de los precios de los productos, siempre ocurre en una sola dir... más »

ALFREDO M. CEPERO: TRUMP NO BUSCA LA GUERRA, PERO NO LA TEME

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 15 minutos
Donald Trump no busca la guerra pero no la teme cuando la misma es necesaria para defender los intereses y garantizar la seguridad de los Estados Unidos y la de sus aliados. Donald Trump es un hombre transparente que piensa lo que dice, dice lo que piensa y cumple lo que promete. Es un hombre totalmente foráneo para las serpientes y las alimañas que habitan en ese pantano maloliente que es el mundo político de Washington. Por eso lo maldicen, lo combaten y hasta lo calumnian los politiqueros de ambos partidos. La prueba más reciente son los ataques de que ha sido objeto el presiden... más »

GABRIEL BORAGINA: ARGENTINA, PAÍS FALLIDO.

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 18 minutos
Las graves circunstancias que vive la Argentina después de la vuelta al gobierno del peronismo, esta vez con nuevo rótulo ("Frente de Todos", ex "Frente para la Victoria") ponen de manifiesto un sombrío panorama que revela el deterioro moral, -político y económico que vive el país, inclusive podemos afirmar que en ese mismo orden. Con la salida de Macri del poder se esfuma la esperanza de una reconstrucción cívica perdida por los largos y penosos gobiernos peronistas que se han venido sucediendo durante décadas salvo escasas excepciones. Pero los cimientos de esta debacle moral han... más »

ROBERTO CACHANOSKY: REPARTIR LO AJENO NO SE LLAMA SOLIDARIDAD, SE LLAMA POPULISMO. CASO ARGENTINA

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 22 minutos
El Gobierno ha decidido aplicar mayor carga tributaria sobre los sectores que trabajan en blanco y tienen propiedades con el argumento de que ahora se aplicará la solidaridad en vez de la meritocracia. Más específicamente, el Presidente afirmó: “A la meritocracia y al individualismo les vamos a imponer la solidaridad, somos un movimiento político que nació en la faz de la Tierra para ser solidarios con el prójimo”. En otras palabras, se intenta imponer un discurso en el cual el que protesta por la mayor carga tributaria pasaría a ser alguien que no tiene solidaridad. Por empezar, l... más »


MIBELIS ACEVEDO DONÍS: CUERVOS DE LA DEMOCRACIA

Forjada a punta de sacrificios y apuestas riesgosas que no pocas veces comprometen la vida de quienes contribuyen con su advenimiento, la conquista de la democracia resulta todo un desafío. Penosamente y a despecho de quienes vieron en la tercera ola de democratización una señal decisiva de evolución blindada por la razón civilizatoria, ello no marca el fin de un camino lleno de idas y vueltas, corsi e ricorsi. “Ni lejanamente se me hubiera ocurrido pensar que Italia se dejaría quitar de las manos la democracia que le había costado tantos esfuerzos y que su generación consideraba conquistada para siempre”, admite Benedetto Croce al repasar los estragos de la deriva fascista; tal vez recordando que antes había apuntado contra esa misma democracia cuando advertía en ella alguna amenaza para la libertad individual de la que era vigoroso defensor.

El choque entre el ideal de la democracia y lo que acaba siendo en la práctica -nunca perfecta ni ajustada a los crecientes apetitos que, paradójicamente, va alentando la estabilidad- complica el enfoque. De allí la tendencia a atribuir cualquier malestar económico, social o político a fallas imperdonables del sistema, a atacar sin advertir el riesgo de traspasar los límites impuestos por la lógica relacional, el espacio inter-sujetos.

Es ese el instante que aprovecha el agitador populista para hurgar en el pathos, en la rabia del “niño viciado” y trocar eso en adhesiones. En nombre de la democracia, se erige así en fustigador del estancamiento que endosa al “pacto de élites”; presto a desacreditar a las instituciones y sustituir su mediación, hábil urdiendo cismas tan insalvables entre “ellos” -la casta, los traidores- y “nosotros”, que hagan imposible imaginar una sociedad plural y obligada, por tanto, a pactar para coexistir.

Víctimas de la desilusión respecto a una democracia siempre insuficiente, los venezolanos podemos dar fe de tales asaltos. Pero lo cierto es que lo que nos ocurrió al trajinar con la insatisfacción que abrió las puertas a Chávez, no deja de asomarse en países incluso con democracias funcionales, donde personas azuzadas por las expectativas de mejora que alienta la sociedad abierta comienzan a demandar reacomodos. Una dinámica que no tendría que ser traumática, de hecho, que también debería formar parte de las previsiones de todo sistema inspirado por la interpelación constante entre gobernantes y gobernados; pero que no siempre logra esquivar los bandazos de los enemigos íntimos que esa misma sociedad incuba y cría incesantemente, sin poder evitar que prosperen como cuervos resueltos a picotear los ojos de sus bienhechores. 

“¿Sabrá la democracia resistir a la democracia?”, se preguntaba Giovanni Sartori, quizás acuciado por el barrunto de que esos desleales actores suelen escudarse en el derecho al cuestionamiento que avala un régimen como este, para ir minando la confianza en sus posibilidades. El manoseo caótico del malestar, sin duda, agudiza la contradicción entre el ser y el deber ser, origen de la desafección ciudadana que el traficante de espejitos nota y estruja. La cabriola minada de pasión, vendida como exigencia de reivindicación popular, como virtuoso afán de conjurar desarreglos que la inequidad acumula en forma de resentimiento, seduce por su apariencia próvida, refundadora. El populista irrumpe así con un traje de “demócrata radical” que acaba legitimando sus métodos, siempre justificados por la urgencia “general”. 

Triste es confirmar que, apremiados por el pinchazo del todo-o-nada, solemos ser arrollados por la nada. A santo de esto, luce revelador el testimonio que Peter Keup -testigo del proceso que condujo a la caída del muro de Berlín- ofrecía en Venezuela: “como si se nos hubiese olvidado lo que pasamos hace 30 años”, hoy Alemania sufre también por el surgimiento de extremismos cuyo discurso se vuelve popular entre jóvenes. Hijos de la globalización y su incertidumbre, hijos en muchos casos de la desmemoria, parte de esas nuevas generaciones a menudo omite que “mejorar el sistema pasa por hablar entre sí, por escucharse unos a otros, para generar cambios que aun siendo pequeños, puedan ser útiles”.

No en balde el propio Croce entendía la civilización como “vigilancia continua” contra la barbarie. El “fin de la historia” no es una garantía: cuervos agazapados, las fuerzas regresivas inhiben constantemente los avances, democratización y des-democratización son marchas que viven forzosamente vinculadas. De allí la importancia de reconocer los límites de lo realizable, de definir con propiedad con qué contamos, de entender qué puede esperarse razonablemente de la democracia y sus fortalezas. Una reflexión que, de paso, no deja de repicar cuando el autoritarismo hinca su pezuña y la convicción democrática resiste. En nuestro caso, saber reconocer ventajas que efectivamente se tienen cuando se lidia con la regresión instalada, podría ayudarnos a sacar el jugo a cada oportunidad que surja para rehabilitar lo perdido. 

Mibelis Acevedo D.
@Mibelis
@ElUniversal

TRINO MÁRQUEZ: ALACRANES Y ALIMAÑAS

El 2020 comenzó a todo vapor. Nicolás Maduro enfiló la nave contra la oposición parlamentaria. Asedio, emboscadas, agresiones físicas, disparos. El régimen perpetró el asalto a la Asamblea Nacional, concebido y diseñado a finales del año pasado. La operación alacrán se convirtió en operación alimaña. El gobierno logró torcerles el brazo a un grupo de parlamentarios que hasta hace poco habían militado en Primero Justicia y Voluntad Popular, pero que luego optaron por resolver su propio déficit personal, olvidarse de sus organizaciones y electores, y valerse de unos argumentos de ocasión para justificar la felonía. 

Hasta ahora, al gobierno no le han salido los planes como esperaba. La mayoría de parlamentarios que apoyan a Juan Guaidó se ha mantenido cohesionada en torno al reelecto Presidente de la Asamblea Nacional. Esos diputados han demostrado un  enorme coraje y compromiso con sus votantes. Se han ganado de nuevo el apoyo y el respeto de la nación y de los factores internacionales que respaldan a la oposición venezolana. En cambio, el triunvirato presidido de Luis Parra no levanta vuelo. Ningún país democrático se ha pronunciado a su favor. Por allí hubo una lánguida declaración del gobierno ruso diciendo que esa directiva era legítima. Lo mismo hizo Cuba, el eterno chulo del madurismo. Pero más allá de ese estrecho círculo de incondicionales, nadie los toma en serio, ni dentro ni fuera del país. Son demasiado chambones. Forman la comparsa de un régimen que necesita dividir y agredir para mantenerse mandando. En la presentación de la Memoria y Cuenta ante la asamblea constituyente, el propio Maduro los ignoró. No les dio ninguna relevancia. Solo representan un lastre con el cual hay que cargar y utilizar cuando convenga. 

La decisión del TSJ, bufete de Miraflores, de pedirle a Parra que presente el Acta firmada por la ‘mayoría’ de los diputados que votaron por él en la sesión del 5 de enero, hay que verla con cuidado. Podría ser una treta dirigida a revestir al triunvirato de cierta legitimidad. Es posible  que la Sala Constitucional, con el material que le entregue Luis Parra, resuelva que la sesión de ese día fue legal, que se ajustó a los extremos exigidos por la Constitución y el Reglamento Interior y de Debates, y, por lo tanto, que la junta directiva y la asamblea nacional surgida de ese acto son totalmente legítimas. El TSJ estaría expidiendo la partida de nacimiento del triunvirato de la AN madurista. Si esta fuera la jugada, ese grupo de parlamentarios quedaría facultado para designar el Comité de Postulaciones, nombrar un nuevo CNE, y este podría convocar las elecciones parlamentarias contempladas para 2020, en el menor tiempo posible. Todo cubierto con el manto de legalidad proporcionado por Maikel Moreno y allegados.

Si este lúgubre vaticinio se cumple, la oposición quedará entrampada en la recurrente discusión entre electoralistas y abstencionistas. Esta fractura se ensanchara a medida que avance el cronograma electoral. La manera de detener esta marcha hacia el abismo reside en preverla con suficiente anticipación. Estar conscientes de que esos comicios pueden efectuarse en cualquier momento de este año. Lo único taxativo que establece la Constitución es que la próxima Asamblea debe instalarse el 5 de enero de 2021. Para llamar a elecciones cuando se le antoje, al gobierno le basta con exhibir el maquillaje legal que le proporcione el TSJ y el nuevo CNE, el soporte de la cúpula militar, los grupos paramilitares (llamados de forma eufemística colectivos) y la milicia, y la disposición de usar de forma obscena la maquinaria gubernamental. Los demás que se acoplen o se abstengan; peor para ellos.

El régimen ha demostrado carecer de límites a la hora de ejecutar operaciones arteras. Perder la AN sería una catástrofe que se sumaría a la precariedad en la que se encuentra la oposición desde que se debilitaron los partidos, los sindicatos y todas las demás organizaciones de la sociedad civil. Lo más conveniente es anticiparse a la treta y tener la respuesta adecuada para atenuar su efecto negativo. Hay que evitar que las alimañas sigan actuando con impunidad.

Trino Marquez Cegarra
trino.marquez@gmail.com
@trinomarquezc

FROILÁN BARRIOS: «ACTUALIZAR, ACTUALIZAR» EN UNA ECONOMÍA IRRACIONAL

 “Actualizar, actualizar” es la frase aterradora que pronuncian a todo pulmón propietarios y gerentes de bodegones, mercados, bodegas, taguaras, licorerías, supermercados de alcurnia y establecimientos de todo género, en pueblos y ciudades de Venezuela al finalizar cada jornada diaria, asignando a motu proprio los nuevos precios de las mercancías en venta para el día siguiente, cuya onda expansiva se multiplica con el IVA pagado también por el consumidor.

Lo curioso del unilateral modus operandi es que la sincerización de los precios de los productos, siempre ocurre en una sola dirección, vertical ascendente, jamás en otro curso, bien sea horizontal de mantener el precio de la mercancía o hacia una rebaja moderada. Como ocurriera la semana pasada, cuando el dólar registró una cotización descendente de 80.000 bolívares a 61.000 bolívares durante 4 días, sin ser tocados ni con el pétalo de una rosa los precios de los productos.

Sin piedad alguna con la población consumidora de un país donde los ingresos en bolívares sufren los embates permanentes de una economía que impone los precios en dólares, a un ritmo tan vertiginoso que cada noche al acostarse deshoja la margarita pensando qué va a comer su familia al amanecer.

Esto ocurre en una de las economías más reguladas del planeta por un Estado policial que ha creado un entramado de leyes orientado, según el “presidente obrero”, a combatir el capitalismo salvaje, con la ley de precios justos, impuestos a granel desde el IVA, el ISLR, impuestos a las grandes ganancias, Ley de los Consejos Productivos de Trabajadores, entre una prolífica lista de normas para controlar los sectores productivos a su capricho.

Son tantos los dislates de esta economía irracional que las teorías económicas clásicas, comenzando por los liberales Adam Smith y David Ricardo, El Capital de Carlos Marx, la contemporánea ley de la oferta y la demanda, entre otras, no lograrían analizar y descifrar el meollo de una política estatal suicida, orientada al exterminio de los sectores económicos de una otrora nación próspera.


En realidad ningún concepto económico fundamental logra protegerse de este tsunami devastador de la condición humana. Citemos, por ejemplo, el salario condicionado a la criptomoneda petro, que ha sido objeto permanente de demagogia gubernamental. Recientemente se aumentó a 250.000 bolívares con un bono adicional alimentario de 200.000 bolívares, en un mercado 2020 que registra una canasta alimentaria cercana a los 10.500.000 de bolívares. Solo se puede adquirir 4% de los productos, uno solo de estos, la leche, sobrepasa el valor del salario mínimo, lo que constituye una burla al atribulado ciudadano.

Situación que contradice el contenido del paquete económico gubernamental identificado con la implantación del bolívar soberano de agosto de 2018. Mediante decreto estableció el salario mínimo mensual calculado sobre la base del medio petro, equivalente a 30 dólares mensuales, una condición que determinaría hoy un salario mínimo de 2.505.000 bolívares, en lugar de la ridícula cantidad asignada hoy para salario mínimo, pensiones y jubilaciones.

Esta dislocación de la economía en la que no existe lógica racional alguna, que solo permite protegerse al comerciante y al régimen controlar la población, es el detonante que agravará aún más la estampida de millones de venezolanos. Los pronósticos indican que para finales de 2020 la cifra será de 7.500.000 connacionales, si no ocurre el fin del Estado criminal que nos azota y el cambio hacia un Estado que dignifique la condición de vida, como lo establece la Constitución.

Froilan Alejandro Barrios Nieves
fbarriosnieves@gmail.com
@froilanbarrios
@ElNacionalWeb

ALFREDO M. CEPERO: TRUMP NO BUSCA LA GUERRA, PERO NO LA TEME

Donald Trump no busca la guerra pero no la teme cuando la misma es necesaria para defender los intereses y garantizar la seguridad de los Estados Unidos y la de sus aliados.

Donald Trump es un hombre transparente que piensa lo que dice, dice lo que piensa y cumple lo que promete. Es un hombre totalmente foráneo para las serpientes y las alimañas que habitan en ese pantano maloliente que es el mundo político de Washington. Por eso lo maldicen, lo combaten y hasta lo calumnian los politiqueros de ambos partidos.

La prueba más reciente son los ataques de que ha sido objeto el presidente por su decisión de mandar a las regiones infernales a uno de los más dañinos y peligrosos hijos del diablo en la Tierra. El terrorista Qassem Soleimani ya no podrá matar a mas norteamericanos como lo ha estado haciendo desde que dinamitó las barracas de soldados estadounidenses en el Líbano en 1983 con el saldo macabro de 245 muertos. Eso de llamarlo General Soleimani se lo dejo a la izquierda enferma de odio que llega al colmo de endiosar terroristas con tal de vituperar a Donald Trump.

La semana pasada estuve a punto de vomitar escuchando y leyendo las declaraciones de la izquierda vitriólica del Partido Demócrata en esa prensa parcializada que repite sin pudor alguno sus mentiras, su odio  y sus estupideces. Calificaron a Soleimani de figura emblemática que era idolatrada por millones de iraníes. Llegaron al colmo de compararlo con Juan Pablo II y con la Madre Teresa. ¡Una ruindad que manda bemoles! Mientras los rusos y los chinos−ambos facilitadores del terrorismo iraní− mantenían un elocuente silencio, los demócratas y los republicanos "nunca trumpers" defendían al terrorista.

Por otra parte, nadie que esté al tanto de los acontecimientos mundiales puede mostrar asombro ante la conducta gansteril de los clérigos iraníes. Esos delincuentes han estado chantajeando al mundo occidental−y especialmente a los Estados Unidos−durante más de 40 años. Todo empezó cuando en 1979 el santurrón de Jimmy Carter−en nombre de su peregrina doctrina de derechos humanos−hizo causa común con ellos para derrocar a Mohammad Reza Pahlavi, el hombre que garantizaba en ese momento el petróleo que necesitaba el mundo occidental. Ya todos sabemos cómo le pagaron el favor. Durante 444 días mantuvieron secuestrados a 52 diplomáticos norteamericanos y Jimmy Carter sufrió una soberana pateadura a manos de Ronald Reagan.

Pero nadie se ha dejado chantajear mas por los clérigos iraníes que Barack Hussein Obama. Desde que juró el cargo en enero de 2009, Obama se empeñó en desmantelar una política internacional de George W. Bush que el nuevo Mesías consideraba arrogante e imperialista. Obama se dio entonces a la ilusoria tarea de comprar amigos haciendo concesiones a los enemigos de los Estados Unidos.

Ignoró los peligros de un enemigo jurado que cuenta con unas poderosas fuerzas de ejército, fuerza aérea y marina, así como modernos sistemas de armamentos que incluyen misiles y un avanzando programa espacial. Y como si fuera poco, controla numerosas organizaciones terroristas que siembran terror y muerte en todo el Oriente Medio, incluyendo en sus víctimas a millares de norteamericanos.

Pero lo más reprochable es que Obama, como hombre inteligente, estaba al tanto de todos esos riesgos. No actuó por ignorancia sino por la arrogancia y por la vanidad de dejar un legado de gran pacificador. No hizo demanda alguna a los iraníes a cambio de sus galácticas concesiones. Su meta fue apaciguar a Irán por el término de su presidencia y dejar la solución del problema a su sucesor en el cargo. 

Igualmente despreciable fue el soborno que pagó Obama a los clérigos de Teherán para que firmaran el Tratado Nuclear con los Estados Unidos en 2015.  Les pagó la cantidad sideral de 150,000 millones de dólares, incluyendo 1,800 millones en cash. Llegó a la ignominia de pagarles 400 millones de rescate por norteamericanos presos en Irán, violando con ello la establecida política norteamericana de no negociar con terroristas.

Esa fue la pesadilla que heredó Donald Trump del sinuoso y corrupto Barack Obama. Pero quienes seguimos sus pasos, sabemos que este presidente no se deja intimidar ni mucho menos chantajear por nadie. Como en muchas de sus decisiones, hizo lo que nadie pensaba que se atrevería a hacer. Canceló el ominoso tratado e impuso de nuevo sanciones a la delincuencial República Islámica.

Los clérigos iraníes no se quedaron de brazos cruzados. Puestos contra la pared se han dado a la tarea de crear el caos y de fomentar la división entre los Estados Unidos y sus aliados europeos. Pero todo parece indicar que les ha "salido el tiro por la culata". Porque Inglaterra, Francia y Alemania analizan en estos momentos la opción de sumarse al plan de Donald Trump. Esta revisión de la política europea se debe en gran medida a que, desde el mes de mayo del año pasado, las fuerzas iraníes han atacado a seis petroleros occidentales y un "drone" de los Estados Unidos en el Estrecho de Ormuz.

Un estrecho por donde transitan 21 millones de barriles de petróleo diario, equivalente al 21 por ciento del  consumo global de petróleo. Afortunadamente y gracias a Donald Trump, los Estados Unidos son independientes en energía y no necesitan el petróleo del  Oriente Medio. Quizás por ese motivo, el presidente se ha portando como un niño bueno y ha actuado con inusitada moderación ante las provocaciones de la República Islámica.

Pero todo tiene su límite bajo el sol y el pasado 3 de enero Donald Trump decidió sacudirles el piso a los envalentonados tiranos iraníes. Por aquello de que "el que a hierro mata, a hierro muere", un "drone" norteamericano pulverizó al archi-terrorista Qassem Soleimani en el aeropuerto de Bagdad. Los clérigos de Teherán se rasgaron las vestiduras y lanzaron una docena de misiles S-300 comprados a Rusia contra bases militares iraquíes donde están destacados soldados de Estados Unidos. Ya fuera por defectos de los misiles o por designio de los clérigos ninguno de los misiles causó bajas norteamericanas. Es altamente probable que los iraníes no quieran provocar una reacción de Trump que ha trazado una línea roja de represalia con respecto a cualquier baja de ciudadanos norteamericanos.

Por otra parte, como hombre pragmático  y negociador consumado, Donald Tramp sabe que una política internacional que no esté respaldada por sanciones económicas o la amenaza de la fuerza está destinada al fracaso. De ahí que la Doctrina Trump pueda bien ser resumida en pocas palabras: Presión diplomática, sanciones económica y poderío militar. Donald Trump no busca la guerra pero no la teme cuando la misma es necesaria para defender los intereses y garantizar la seguridad de los Estados Unidos y la de sus aliados.

Y esos son precisamente los pasos que está dando en el caso del programa nuclear de un Irán que se propone desaparecer de la Tierra al estado de Israel y desatar en el Oriente Medio la tercera guerra mundial. Por ejemplo, la semana pasada el presidente anunció sanciones económicas más drásticas contra Irán y varios funcionarios de su gobierno. Según el Secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, Estados Unidos cortará miles de millones de dólares en apoyo al régimen iraní.

Un mensaje igualmente drástico ha sido enviado a aquellas instituciones, corporaciones o naciones que hagan negocios con Irán. El Secretario de Estado, Mike Pompeo, anunció que esas sanciones se aplicarían a "individuos que sean propietarios, operen, hagan negocios o proporcionen asistencia a sectores de la economía iraní, incluyendo construcción, manufactura, textiles o minería". Para despejar cualquier duda, el Presidente Trump advirtió que aquellos que hagan negocios con Irán no podrán hacer negocios con los Estados Unidos.

Sin embargo, en su discurso a la nación, Trump se expresó en tono conciliador afirmando: "Advertimos al régimen de Teherán que queremos que se integren a la comunidad de naciones, que coexistan en paz con el resto del mundo, si no lo hacen tendrán graves consecuencias..Dios bendiga a América" .Los clérigos iraníes saben ahora a qué atenerse. Con Obama podían violar una inexistente línea roja. Con Donald Trump hay una línea roja trazada con sangre iraní donde la opción clara es la paz o la guerra. Una guerra que van a perder.

Alfredo Cepero
@AlfredoCepero
Director de www.lanuevanacion.com
Desde Estados Unidos

GABRIEL BORAGINA: ARGENTINA, PAÍS FALLIDO.

Las graves circunstancias que vive la Argentina después de la vuelta al gobierno del peronismo, esta vez con nuevo rótulo ("Frente de Todos", ex "Frente para la Victoria") ponen de manifiesto un sombrío panorama que revela el deterioro moral, -político y económico que vive el país, inclusive podemos afirmar que en ese mismo orden. Con la salida de Macri del poder se esfuma la esperanza de una reconstrucción cívica perdida por los largos y penosos gobiernos peronistas que se han venido sucediendo durante décadas salvo escasas excepciones.

Pero los cimientos de esta debacle moral han comenzado siendo socavados desde lo más profundo, iniciándose por la destrucción de la educación en todos sus niveles, para seguir luego contaminando por completo los restantes estratos sociales. En medio de esa descomposición, la aparición de un hombre como Macri enarbolando valores republicanos y de respeto hacia el otro (elementos constantes en su prédica) resultó ser una especie de cuerpo extraño en un país carcomido cultural y socialmente como el regreso al poder del peronismo (en su última versión, justamente la que saqueó impiadosamente al piais durante una larguísima década) termina de manifestar.

Es difícil ser optimista en Argentina, un país inmaduro, eternamente adolescente en el más cabal sentido de la palabra, principiando por la adolescencia de las más primordiales y fundamentales virtudes morales hoy poco más o menos desaparecidas. Y de allí a lo político, económico, educativo y -en suma- a todo el entramado social, desde lo más alto hasta lo más bajo, todo aparece infectado.

En el trato cotidiano se nota incluso la falta de respeto, la desconsideración por y del otro, las malas maneras, la mala educación o -en el mejor de los casos- la más total indiferencia. Esos son los rasgos que demuestra el argentino común y corriente, y lo raro es lo contrario, personas y situaciones cada vez más difíciles de encontrar. Prácticamente no hay sector que se analice que escape a esta descripción.

Y no es cuestión de culpar a los políticos exclusivamente ya que, como tantas veces hemos dicho, ellos son parte y resultado de la sociedad de la cual emergen, son un subproducto cultural de la misma. Por eso, en última instancia, lo que distingue a los políticos entre si son más que nada cuestiones de índole personal más que ideológicas, por mucho que parezcan discrepar en determinados tipos de temas. Ciertamente algunos se desemparejan más que otros, pero todos ellos tienen en común que son parte del mismo sustrato cultural del país en el que viven o donde se han criado y formado. Si la sociedad no cambia, difícilmente lo hagan sus políticos, porque el cambio no lo operan los políticos sobre la sociedad sino esta sobre aquellos.

Entonces, el lector se preguntará: si la sociedad no puede cambiarse a sí misma, ni tampoco los políticos pueden hacerlo ¿Quién pues? Y la respuesta es: los intelectuales, sean estos propios o ajenos, contemporáneos o clásicos, nacionales o extranjeros, muy conocidos o desconocidos en absoluto. Nuestra manera de pensar (que creemos tan "nuestra") tanto individual como colectiva, la debemos (lo sepamos o no) a ellos, los intelectuales.

Aquí hay varios mitos a despejar: muchos creen que la intelectualidad es sinónimo de sabiduría lo que es un gravísimo error, porque intelectualidad y sabiduría pueden ir juntas como separadas. Otra ficción semejante es el de confundir intelectualidad con verdad lo que tampoco es necesariamente coincidente. Y un error harto difundido es el de embrollar intelectualidad con política. Quizás este es el más grave de todos los mitos sociales ampliamente extendidos: creer que un político es un intelectual. Poco más o menos podríamos decir que es su más exacto antónimo.

Pero en Argentina -a la hora de votar- a casi ningún elector parece importarle el nivel intelectual del candidato. Más bien, la historia ha demostrado que cuanto más bajo es ese nivel intelectual del candidato, más probabilidad tiene de ganar las alecciones. Esto por poco ha sido invariable en la historia política del país.

En Argentina no se elige a un presidente o gobernador por lo que este tiene dentro de la cabeza sino por lo que tiene fuera de ella, es decir, por su exterior y no por su interior. Son factores decisivos para su voto positivo o negativo: su cabello, sus expresiones faciales, modos, gestos y -finalmente- por lo que dice. Lo que hizo en el pasado o hace en el presente es algo completamente secundario y está en las escalas inferiores de las valoraciones por las cuales se decide su voto o se le niega el mismo. El resultado de estas últimas elecciones vuelve a probar la realidad de esta tesis.

Es un país poco serio el que elige sus candidatos por las simpatías o antipatías que les despierten o por sus estilos de expresión. Igual que las promesas de campaña, que es la materia prima sobre la cual trabaja todo aquel que quiere ser político o mantenerse dentro de la política. Eso es lo superficial, la cáscara, lo que -en definitiva- les importa a los argentinos promedio. Y lo que cuenta para este votante medio es la banalidad, lo trivial, lo externo. Muestra de ello es el bochornoso espectáculo armado por el gobierno entrante en la Plaza de Mayo, expresión del mal gusto, la grosería y la puerilidad que tanto agrada y atrae al peronista, pero también al no-peronista, aunque en grado menor.

Este es un análisis que excede el nombre puntual de los personajes, ya que se trata de algo inmutable que se repite a lo largo de la historia argentina a partir de la década del 30 del siglo XX. Los personajes políticos cambian, mientras la historia se reitera una y mil veces en lo grande y en lo pequeño.

Los cargos públicos de todos los niveles son ocupados por gente con cada vez mayor incapacidad para desempeñarlos. Y la falta de idoneidad para ello no sólo es de origen sino también de ejercicio, lo que queda plasmado -en la práctica- en los siempre negativos resultados obtenidos. La idoneidad de la que habla la Constitución de la Nación Argentina ha sido reemplazada por la mera afiliación partidaria o la adhesión incondicional al líder de turno. Con tales parámetros ningún país puede salir del pozo como en el que se encuentra la Argentina.

Gabriel S. Boragina 
gabriel.boragina@gmail.com
@GBoragina  
Desde Argentina

ROBERTO CACHANOSKY: REPARTIR LO AJENO NO SE LLAMA SOLIDARIDAD, SE LLAMA POPULISMO. CASO ARGENTINA

El Gobierno ha decidido aplicar mayor carga tributaria sobre los sectores que trabajan en blanco y tienen propiedades con el argumento de que ahora se aplicará la solidaridad en vez de la meritocracia. Más específicamente, el Presidente afirmó: “A la meritocracia y al individualismo les vamos a imponer la solidaridad, somos un movimiento político que nació en la faz de la Tierra para ser solidarios con el prójimo”. En otras palabras, se intenta imponer un discurso en el cual el que protesta por la mayor carga tributaria pasaría a ser alguien que no tiene solidaridad.

Por empezar, la solidaridad es un acto voluntario. Alguien hace solidaridad con el fruto de su trabajo, con su tiempo, es decir con algo que le pertenece para ayudar a otro. Ahora, hacer solidaridad con el dinero de otros, lejos está de ser un acto de desprendimiento voluntario.

La dirigencia política trata de hacernos creer que ellos tienen el monopolio de la solidaridad y el resto de los habitantes somos personas con malos sentimientos que solo podemos ser solidarios por la fuerza. Es decir, el Estado cobrándonos más impuestos para repartir entre quienes los políticos consideran que deben recibir el fruto de nuestro trabajo, son solidarios y el resto somos un montón de malas personas.

El primer dato a tener en cuenta es que, en todo caso, la misma dirigencia política podría haber mostrado solidaridad bajando el gasto de la política para distribuir entre los que menos tienen. Se dice que el gasto destinado a la política, es decir el que se asigna a la administración del país, es muy poco y no se solucionaría nada si se los bajara.

El gráfico muestra la evolución del gasto público consolidado destinado a administración general, justicia, defensa y seguridad por parte de la Nación, las provincias y los municipios, y que en 1984, el primer año completo de la vuelta a la democracia, representaba 3,9% del PBI.

En 2017, último dato oficial disponible, ya había escalado al equivalente a 7,3% del PBI. Es decir, 3,4 puntos porcentuales más, que es lo que quieren recaudar ahora con el impuestazo anunciado a través de una ley ómnibus.

En 2017, último dato oficial disponible, el gasto público consolidado ya había escalado al equivalente a 7,3% del PBI, 3,4 puntos porcentuales más que en 1984, que es lo que quieren recaudar ahora con el impuestazo anunciado a través de una ley ómnibus
Mientras que los gastos de la administración general aumentaron 1,52 puntos del PBI, Justicia incrementó sus gastos en 0,92 puntos del producto y seguridad y defensa se elevó 1,05 puntos del PBI.

Solo con hacer un esfuerzo de austeridad en los tres niveles de gobierno, se podrían haber bajado, mínimo, 2 puntos del PBI y aliviar el impuestazo que se le está aplicando a la gente que produce. Pero además, todo indica que cuánto más gasta el Estado en lo que se denomina gasto social, hay más pobreza, desocupación y problemas de educación.

Nuevamente, en 1984, el gobierno nacional gastaba 7,4% del PBI en lo que se llama Gasto Público Social. En 2018 llegó al 17% del PBI. Es decir, el Estado nacional gasta 10 puntos más del PBI en el rubro social, pero en educación las pruebas PISA dan cada vez peor; los jubilados están en las diez de última y crece la pobreza. Y atención que el llamado gasto social no se dio solo en el período de Cambiemos, también crece en los 90 y a partir del 2008 fundamentalmente.

Si tomamos el gasto público social consolidado, pasó de 13% del PBI en 1984 a 30,6% del PBI en 2017, de acuerdo a datos del Ministerio de Economía, es decir, 17,7 puntos más, con lo cual el gasto público social consolidado más que se duplicó.

Los rubros que más aumentaron fueron: jubilaciones, salud y educación básica. Luego el gasto público social se reparte en otros rubros como vivienda, promoción y asistencia social, trabajo, etc. En definitiva, los datos muestran que a más gasto público social, más problemas sociales, con lo cual es obvio que no es por este camino.

Dos formas de obtener ganancias

Pero, ¿qué tiene de malo el mérito? Hay dos formas de obtener utilidades: 1) ganándose el favor del burócrata de turno y 2) ganándose el favor del consumidor. Obtener ganancias ganándose el favor del burócrata de turno no tiene ningún mérito, es un simple negociado entre el que usa el poder en forma arbitraria y “empresarios” que logran obtener ganancias gracias al proteccionismo, subsidios y demás tipo de privilegios. O sea, obtienen utilidades castigando al consumidor con productos de menor calidad y a precios más altos de los que podría obtener en un mercado competitivo.

Siguiendo a la Real Academia Española, la palabra meritocracia está mal utilizada por el Presidente, porque la RAE la define como: “sistema de gobierno en que los puestos de responsabilidad se adjudican en función de los méritos personales”. Pero suponiendo que Alberto Fernández quiso usar la palabra mérito, en mi opinión, aquél que obtiene utilidades gracias a su mérito como emprendedor, es una persona que debería tener todo nuestro respeto por lo que le aporta a la sociedad.

El empresario emprendedor que obtiene sus beneficios por mérito, es aquél que gana dinero gracias a que produce lo que la gente necesita logrando la combinación de precios y calidad que la gente demanda. En otras palabras, obtiene sus utilidades porque satisface las necesidades de la gente y le es útil a ella. Además, al obtener utilidades y crecer, crea puestos de trabajo, remunera a sus empleados compitiendo con otros empresarios para captar a los mejores y pagarles más, ofreciéndoles mejores condiciones laborales, etc.

El empresario emprendedor ayuda más a la sociedad que el burócrata que reparte el fruto del trabajo ajeno estimulando la cultura de la dádiva, cultura que denigra al ser humano. El empresario que da trabajo por el mérito de ser un buen emprendedor es alguien que respeta a la gente. El burócrata repartidor de dinero ajeno, castiga al que crea trabajo y denigra a las personas acostumbrándolas a vivir de lo ajeno y no tener espíritu de progreso. De mejorar. De tener la dignidad de mantener a su familia con el fruto de su trabajo.

Algunos pueden pensar que ese tipo de empresarios no existe en Argentina. En realidad los hay, pero abunda más los que son cortesanos del poder que buscan obtener utilidades de privilegios, que tampoco merecen ser llamados empresarios. Por eso somos un país decadente.

La función de los gobiernos y de sus legisladores es crear las condiciones para que puedan desarrollarse los empresarios que obtienen utilidades ganándose en favor del consumidor en vez de repartir privilegios entre “empresarios” que no podrían sobrevivir en un mercado competitivo.

El que obtiene utilidades gracias al mérito, ya sea por ser trabajador, empresario, profesional o cualquier otra actividad, no debería ser despreciado y menos castigado impositivamente. Al contrario debería ser respetado, porque seguramente hace más por la gente humilde ofreciéndoles la posibilidad de trabajar y progresar que el burócrata que reparte dinero ajeno. En definitiva, ganar dinero gracias al mérito es bueno para la sociedad.

Ser solidario con la plata propia es bueno dependiendo de los valores de cada uno y de cómo se haga solidaridad. Ahora, cuando los políticos reparten el dinero ajeno castigando a los que crean trabajo en nombre de la solidaridad, ni la hacen ni permiten que la economía pueda crecer para que la gente pueda vivir del su propio trabajo y progresar. Se castiga de tal manera a la gente productiva, se espantan las inversiones, se reducen los puestos de trabajo, baja la productividad de la economía y se genera más pobreza y desocupación.

Tal vez el Gobierno debería rever las reglas de juego que deberían imperar para salir de nuestra larga decadencia e invertir la ecuación premiando al empresario emprendedor en vez de castigarlo con mayor carga tributaria en nombre de algo que nunca va a ser solidaridad en manos del estado por más que se fuercen el sentido de las palabras. Repartir lo ajeno no se llama solidaridad. Se llama populismo.

Roberto Cachanosky
@RCachanosky

http://economiaparatodos.net/repartir-lo-ajeno-no-se-llama-solidaridad-se-llama-populismo/