viernes, 27 de diciembre de 2019

ACTUALIZACIÓN, EL REPUBLICANO LIBERAL II, VIERNES 27/12/2019

MIBELIS ACEVEDO D.: DE CÓMO APRENDÍ A HACER HALLACAS

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 3 minutos
A Doña Isabel Donís siempre le sobraban las angustias, menuditas y apretadas como pasas. A las 10 de la mañana, frente a una gastada tabla de madera que conoció mejores épocas –ella, jovencita, llegando recién casada al hogar que compartiría con su marido, donde la vida se le desgranó entre el vértigo de los nueve hijos y sus maduras desesperanzas- ya picaba con desafuero las cebollas y los ajos, el pimentón y los ajíes dulces, armada y lista para sortear el agite del almuerzo. Hacía apenas unas escasas horas que había salido de esa misma cocina, pues casi como un fantasma que la h... más »

ÁNGEL OROPEZA: OTRO NUEVO COMIENZO

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 5 minutos
Desde el punto de vista del funcionamiento de las personas, los ciclos cumplen un rol adaptativo importante. No sólo facilitan un adecuado desempeño psicológico, sino que nuestra propia biología funciona con base en ellos. El ritmo circadiano de vigilia y sueño y las estaciones de los llamados biorritmos son un ejemplo de estos ciclos biológicos que caracterizan la vida humana. Paralelo a esta fisiología biológica, existe también una fisiología psicológica, que tiene a los ciclos como una de sus estructuras dinámicas fundamentales, porque entre otras cosas nos permiten segmentar ... más »

LEANDRO RODRÍGUEZ LINÁREZ: GUAIDÓ O NO GUAIDÓ ¿HE AHÍ EL DILEMA?

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 7 minutos
Quienes crean la descubanización del país depende de una persona, en este particular momento de Guaidó, no han comprendido la complejidad histórica que afrontamos, continuar creyendo en líderes supremos, eternos e insustituibles en nada ayuda democratizar al país, al contrario, nos acerca más al chavismo. Según nuestra ley, nuestra carta magna, Hugo Chávez es solo un expresidente, por tal motivo la utilización de recursos del Estado para promocionar su imagen y todo lo que de él se desprende, es un delito, es malversación de fondos, recursos que deberían ser invertidos, por ejemplo... más »

JOSÉ ANTONIO GIL YEPES: REGALO DE NAVIDAD

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 9 minutos
En esta época acostumbro enviar un mensaje de Navidad. El tema de mi saludo es compartir buenos deseos y principios identificados con el cristianismo y otras religiones en la búsqueda de Dios a través de la unidad, la caridad, la compasión y proyectos personales. Puede ser que esos buenos principios se relajen durante el año, pero la Navidad nos mueve la conciencia para renovarlos porque nos acerca a Dios. Existe un reclamo sobre la banalización de la Navidad a través de la comercialización de regalos y comidas, a veces en exceso. Sin embargo, el valor del regalo no sólo se trata d... más »

GABRIEL S. BORAGINA: RENUNCIA VS. "GOLPE"

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 10 minutos
La renuncia de un presidente (como la de cualquier otro funcionario) no representa un quiebre o una ruptura del orden institucional, sino que forma parte de un mecanismo democrático, ya que ningún funcionario puede ser obligado a permanecer en un cargo por un determinado periodo. Vale la pena recordar la definición jurídica de renuncia: "Renuncia: Dimisión o dejación voluntaria de una cosa que se posee o de un derecho que se tiene. La renuncia puede también ofrecer un sentido negativo, que se manifiesta rechazando o no admitiendo una cosa o un derecho que son ofrecidos. Basta esta ... más »

JHONASKI J. RIVERA RONDÓN: EL PRESTAMISTA SINIESTRO Y SUS MENTIRAS DEL FUTURO

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 12 minutos
Toda actividad del hombre comprende cierto rasgo lúdico, el cual envuelve su mundo social y cultural, por ello el historiador Johan Huizinga dijo que; “El juego es más viejo que la cultura; pues, por mucho que estrechemos el concepto de ésta, presupone siempre una sociedad humana, y los animales no han esperado a que el hombre les enseñara a jugar.”[1] Por consiguiente, es inevitable que lo agonístico y competitivo intervenga en nuestra interacción con los demás, por lo que la metáfora de los juegos de apuesta puede servir para reflexionar sobre la democracia. Esto sería un ejerc... más »

MIBELIS ACEVEDO D.: DE CÓMO APRENDÍ A HACER HALLACAS

A Doña Isabel Donís siempre le sobraban las angustias, menuditas y apretadas como pasas. A las 10 de la mañana, frente a una gastada tabla de madera que conoció mejores épocas –ella, jovencita, llegando recién casada al hogar que compartiría con su marido, donde la vida se le desgranó entre el vértigo de los nueve hijos y sus maduras desesperanzas- ya picaba con desafuero las cebollas y los ajos, el pimentón y los ajíes dulces, armada y lista para sortear el agite del almuerzo. Hacía apenas unas escasas horas que había salido de esa misma cocina, pues casi como un fantasma que la habitaba, amanecía allí, tempranito, armando círculos perfectos de masa -ni muy gruesos ni tan delgados- para las arepas del desayuno; entonces, después de palmear en el aire sus creaciones, las manos humedecidas remataban a la perfección el redondel de maíz blanco, una y otra vez corregido sobre el budare por la magia de sus dedos obsesivos.  Doña Isabel no lo reconocía, pero cocinar la hacía inmensamente feliz; amaba la oportunidad de mandar como reina absoluta en su diminuto feudo de ollas, fogones, paletas de madera y utensilios metálicos; amaba el extraordinario poder que le confería ser dueña de secretos que hacían de ella una leyenda, y reconocer en el apetito de su familia la divina anticipación con que su cocina alebrestaba los paladares y la imaginación.

–          Mjmmm… Esta carne es un cuerito… a ver si el hervido sale con eso.

–          Malos, malos esos limones…  ´tan sequitos!

–          Ay, pero ese pescado es pura espina, Gregorio, ¿qué te pasó en el abasto?

Con abreboca de quejas comenzaba la danza: así, con todo y lo malo, se hacía el milagro. Flotando en su bata de casa, doña Isabel se movía de aquí para allá al ritmo del chas-chas del cuchillo, blop-blop del agua hirviente, glup-glup del aceite vertido en la sartén que ya chisporroteaba sobre la candela.  Siempre había que cocinar rápido –nadie entendía muy bien el por qué de sus apremios, pero el caso es que jamás se tomaba demasiado tiempo para picar, sofreír, calentar, hervir, probar, rectificar y servir- de modo que sus incursiones en el reino de las cacerolas eran frenéticas y afiebradas. ¡Salve Dios a quien se atreviese a asomar sus narices en plena alquimia, porque más de un pellizco podría lograr como aperitivo! No, que va.  En su cocina, el ánimo de doña Isabel -diminuta y liviana como era- parecía el de un coloso ceñudo, levantando al mundo sobre volutas de vapores tibios, tentadores y dadivosos.  Pero la promesa de compartir tales dones con los humildes mortales sólo contaba a partir del momento en que ojos y dientes hacían fiesta con el plato servido: nunca antes.  Hubiese hecho falta un Prometeo dispuesto a inmolarse para hacerse de alguna luz de su sabiduría culinaria y compartirla luego, pero nuestra exigua paciencia de niños no alcanzaba para robar ningún fuego.

–          ¿´Tá bueno, mija? Yo creo que le faltó sal…

–          ¡No, abuela, que va, está buenísimo!… ¿No te quedó un poquito más por ahí?

¡Sí! Mejor comer y ser feliz en medio del desconocimiento: total, Doña Isabel, diosa absoluta de la cocina, era y sería siempre inmortal.

Eso creíamos entonces. Y aún cuando sobrevino el primer infarto, y vimos el desvanecimiento, la energía desleída, el sueño a destiempo, seguimos pensando que era un simple escollo, un accidente, un olvido de sal excusable que al final podía corregirse sobre el plato. Luego trajinamos con nuestro aporreado optimismo, naufragamos en medio de la sopa espesa del segundo fallo cardíaco, y empezamos a sospechar, sin decirlo en voz alta, que nuestro titán no era tan irreductible como imaginamos.  Fuimos testigos de la cocina desmantelada, extrañamente quieta y abandonada como una trinchera de post-guerra, y del silencio inaudito del mediodía.  Cuando Doña Isabel retornó de la clínica, no era la misma, sin duda. Sus manos, antes tan precisas para desmenuzar ajos, temblaban ahora como tratando de sostener el aire, de apresarlo, de desmigajarlo, de hacerlo parte de un caldo imposible, casi tan imposible como los milagros de otros tiempos.

Un día, en medio de la nubosa energía que la acompañaba, me dijo sorpresivamente, tan clarita y voluntariosa como en sus mejores días de cocinera insigne:

– Te voy a enseñar a hacer hallacas.

¡Por Dios! Al fin saldría de la básica, iniciática tarea de limpiar hojas, (calvario especialmente reservado a los menores de la casa) y entraría en esa suerte de cofradía cuya regente me daba acceso inesperado. Supe así que el momento de la partida de mi abuela era inminente. Ella también lo sabía, y por eso la repentina decisión de levantar manteles, sacar cuchillos y transferir su divina sapiencia.  Cada uno de sus secretos, al menos los más importantes, merecían continuar moviéndose a través del caprichoso río de la historia familiar. Así comenzó mi iniciación de pinche y chef en sucesión. Vinieron los días de conocer las cantidades precisas de dulzor en los guisos, de medir los puñados de sal, de sobar con afecto y cominos las carnes del muchacho redondo antes de asestar cuchilladas y procurar rellenos de pasas y aceitunas; de entrenarme en el arte de tajar lechoza verde para el dulce, o dejar a punto la hebra de azúcar donde más tarde se zambullirían los buñuelos de apio.  Toda una iniciación, pues, que anticipaba la triste despedida y mi entrada oficial en los sagrados terrenos del templo culinario.

¡Ah! Aún recuerdo el sabor de mi primera hallaca. Hacer una hallaca es como el final de una exquisita maratón: antes han debido sortearse las espinosas incidencias del guiso, quinta esencia del proceso, y toda suerte de maravillosos, escarpados, demandantes detalles.  Lo más difícil y paradójico es que no puedes obtener sólo una, no: la experiencia exige el montón, pero cada vez que abras el extraordinario paquete de hojas de plátano, tiene que parecer que fue hecho en exclusiva, como si de un plato único, confeccionado al detal y a la medida justa del comensal de turno se tratase.  Nada puede resbalar de la memoria cuando se trata de ejecutar la peculiar alquimia: primero, cortar los tres kilos de carne de res y de cochino en cuadrados pequeñitos y perfectos, del tamaño justo para permitir que no se deshagan del todo tras el castigo implacable del fuego.  Segundo, cortar menudamente la cebolla, el ajo, el pimentón, el perejil, los encurtidos, la alcaparra, la aceituna, el ajoporro, el cebollín … aparte, y a un tiempo, poner la gallina al fuego, hasta que el agua recuerde a fuerza de borbotones que se ha completado el caldo perfecto para condimentar la masa. Poner en amorosa compañía la carne y los vegetales cortados, dejar que en la olla suelten sus jugos al abrazo del calor, y condimentar con sal, cominos, orégano y pimienta. Regar con abundante vino tinto, mejor si dulce, y al final, luego de horas de espera y prudente vigilia, espesar un poco con algo de masa de maíz disuelta en agua. Ah, y el secreto: agregar un toque de la rudimentaria dulzura de la panela, el papelón rayado que nos sumerge en los ancestrales sabores de la comida caraqueña, toda dulce y salada a un tiempo.  Para hacer la masa, la harina de maíz debe nadar antes en el caldo de gallina y ser coloreada a más no poder con el onoto, que ha soltado previamente su alma en el aceite de maíz caliente (recuerda, decía mi abuela, que el calor del agua se roba el amarillo… y pensaba yo, nada más triste que una hallaca que por fuera promete ser perfecta, y que al abrirse es trágicamente desnudada en medio de su lívida palidez).  Se sala a discreción, y se divide en hermosas bolas que darán acomodo y base al relleno. En este punto, con guiso listo y masa en espera, ya se han sorteado la mayoría de los obstáculos, y completado la labor de arte más sofisticada que cocinera alguna haya conocido. “Nos os rindáis-  anuncia una voz interior- que la conquista del Olimpo se avecina”.

Ahora, viene lo bueno: la máquina se aceita para iniciar la producción en cadena. Antes se han cortado y preparado los “adornos” (guindalejos de cebolla, cintas de pimentón rojo y verde, pollo o gallina troceados en largas mechas,  pasitas negras, cuadritos de tocino, aceitunas sin hueso, el toque moruno de las almendras, todo en abundancia faraónica y colorida) y limpiado con esmero las hojas de plátano: una para la base, otra para el envoltorio, y una tercera, más delgada, para la faja. Cabellos recogidos, manos limpias y a la obra, pues ellas serán nuestra herramienta primera: sobre la base, las mismas manos pincelan una capa de aceite tibio, y enseguida se procede a extender primorosamente la bola de masa de oro encendido, tan delgadamente como se pueda. Sobre esa tela, se colocan dos, tres cucharadas del guiso, y alternativamente, se decora con los mentados adornos. ¡Ah, qué premio el de este futuro bojote! La hallaca tiene ahora el chance de ser arrollada sobre si misma con la hoja de plátano, nuevamente protegida con la segunda hoja, y finalmente ajustada con la faja. Una tira de pabilo cierra el trato, la abraza cuidadosamente, contiene el futuro descubrimiento de tan extraordinario condumio. En este punto, se nos es permitido exhalar otro suspiro de alivio. El primer milagro navideño de otros doscientos que esperan, se ha completado. En la candela aguarda ahora una olla que desgaja vapores de agua hirviente, dispuesta a recibir a nuestra hallaca y sellar así el casorio de tanto sabor distinto.

En ese entonces, graduada yo de sous chef honoraria, mi abuela tuvo el chance de aprobar mi creación… después de todo, era también la suya, como suyas fueron mis inspiraciones y mi afición. Poco tiempo pasó después de esa ceremonia, antes de que su presencia rotunda en mi vida cambiase de estado: de piedra pura a causa líquida, de lágrima y dolorosa burbuja, a situación flotante, intangible de alma.  Por largo tiempo no hubo más fiestas en su cocina, y tampoco ánimos para remedarlas. Ah, pero aún hoy, nada sana más el alma atribulada por su ausencia que el verde recuerdo de sus caldos de verduras, sus torticas de vainitas, sus guisos de cueritos, su chicha de arroz, sus buñuelos de apio y queso en rubio melao´, su ensalada de gallina, su quesillo de cuento, su chocolate espeso, su mojito de cilantro, sus sofritos… qué fortuna recordarla así, y de algún modo revivirla: toda sal, toda azúcar, toda especias, toda premura y levedad, chef sin sofisticación alguna pero siempre presta a conmovernos con sus pequeños milagros cotidianos. Aún hoy, cuando comienzo por encender la hornilla para arrancarle cualquier breve o larga historia que se gestará en mi cocina, llega hasta mí su presencia, en forma de ese abrazo que pocas veces fue capaz de dar, y que mil veces recibí, sin darme cuenta, cada vez que me sentaba a la mesa a recibir el amoroso gesto de su puchero.

Y así seguirá siendo: este año, en su honor, volveré a hacer sus hallacas.

Doña Isabel mediante.

Mibelis Acevedo D.
@mibelis
https://www.analitica.com/opinion/de-como-aprendi-hacer-hallacas/

ÁNGEL OROPEZA: OTRO NUEVO COMIENZO

Desde el punto de vista del funcionamiento de las personas, los ciclos cumplen un rol adaptativo importante. No sólo facilitan un adecuado desempeño psicológico, sino que nuestra propia biología funciona con base en ellos.  El ritmo circadiano de vigilia y sueño y las estaciones de los llamados biorritmos son un ejemplo de estos ciclos biológicos que caracterizan la vida humana.

Paralelo a esta fisiología biológica, existe también una fisiología psicológica, que tiene a los ciclos como una de sus estructuras dinámicas fundamentales,  porque entre otras cosas nos permiten segmentar la inmensa complejidad de nuestro entorno vital, y reducirla perceptualmente a unidades más manejables y que faciliten nuestra adaptación y funcionamiento.

Es así como los humanos aprovechamos también los ciclos estacionales de nuestro entorno ambiental para dividir nuestra vida en «capítulos»,  que tengan un final pero sobre todo un nuevo comienzo. La división en «capítulos vitales» es importante porque facilita la evaluación de lo hecho y la mejor comprensión de nuestro transitar existencial. Además, esos “nuevos comienzos” son útiles porque nos proveen psicológicamente de nuevas oportunidades para corregir errores, ensayar mejoras y mantener siempre viva la esperanza que podemos ser como queremos y alcanzar lo que deseamos.

La oportunidad de reinventarse constantemente que deriva de la división perceptual de nuestra vida en ciclos es fundamental para mantener viva la fe en nosotros mismos, evitar la impresión de que nuestra vida es una sucesión caótica y desordenada de acontecimientos, y para darle sentido a la trayectoria, accidentes y rumbo de nuestra propia existencia. Tener la sensación de que, dentro de la continuidad temporal de nuestra vida, siempre es posible volver a comenzar es una ventaja psicológica que nos proporciona no solo esperanza y ánimo frente a los días por venir,  sino sentido de propósito a nuestro propio transitar como seres humanos.


El 1° de enero de 2020 representa el fin de un ciclo y el comienzo de otro.  Para que este episodio estacional cumpla mejor su cometido, procuremos que  nuestros deseos de ese día vayan inteligentemente acompañados del establecimiento de algunas metas realistas, concretas, retadoras pero alcanzables, y sobre todo medibles para poder saber cuándo las alcanzamos o no. No es lo mismo prometerse “bajar de peso” de manera genérica, que fijarse la meta de tener, por ejemplo, 5 kilos menos para el mes de marzo. No es lo mismo proponerse ser este año un mejor padre, que fijarse la meta de no dejar pasar una semana sin sentarse un rato con cada hijo a conversar sobre sus problemas, sus sueños y sus dudas.

Que las metas que nos fijemos no busquen beneficiarnos sólo a nosotros mismos, sino que incluyan lo que pensamos hacer –de manera concreta– para que aquellos con quienes interactuamos a diario reciban siempre ejemplos de constancia y alegría, nunca de desánimo o tristeza.  Y, finalmente,  que esos propósitos del nuevo ciclo incluyan también al menos algo tangible que podamos hacer –pero nosotros, no los demás– para contribuir a que nuestra Venezuela escape finalmente de las garras del oscurantismo fascista y alcance a ser un país donde en vez de represión, atraso y tristeza, reine la libertad, la justicia y a la dignidad.

Como nos recordaba el padre Jean Pierre Wyssembach en una oportunidad, los seres humanos no venimos determinados. Podemos ser muchas cosas distintas. El inicio del 2020 es otra oportunidad para intentar un nuevo comienzo, un necesario y saludable “reinventarse” que nos acerque más al sueño de una vida con sentido de trascendencia, que nos haga más felices, más útiles y sea una fuente de estímulo y alegría para quienes comparten con nosotros.  Y para recordar, sobre todo, que el futuro no está escrito, sino que será en mucho la consecuencia de lo que hagamos.

Ángel Oropeza 
@angeloropeza182

LEANDRO RODRÍGUEZ LINÁREZ: GUAIDÓ O NO GUAIDÓ ¿HE AHÍ EL DILEMA?

Quienes crean la descubanización del país depende de una persona, en este particular momento de Guaidó, no han comprendido la complejidad histórica que afrontamos, continuar creyendo en líderes supremos, eternos e insustituibles en nada ayuda democratizar al país, al contrario, nos acerca más al chavismo.

Según nuestra ley, nuestra carta magna, Hugo Chávez es solo un expresidente, por tal motivo la utilización de recursos del Estado para promocionar su imagen y todo lo que de él se desprende, es un delito, es malversación de fondos, recursos que deberían ser invertidos, por ejemplo, en salud o educación. A parte de expresidente, legalmente Chávez es solo una figura partidista.

Con Guaidó ocurre algo similar, él es, según la constitución, el presidente interino, toda vez que, al perpetrarse las elecciones presidenciales 2018 al margen absoluto de la ley y la legitimidad, en enero 19’ se produjo la falta absoluta de ese cargo. El asunto es que Guaidó no pudo convocar nuevas elecciones porque el país se encuentra sin poderes públicos independientes, están usurpados. De este modo, Guaidó debe ser solo presidente interino hasta que el retorno de la institucionalidad permita sufragios imparciales.

Por tanto, Guaidó no debe continuar ocupando dos cargos, la Presidencia de la Asamblea Nacional debe recaer en otro parlamentario, según el acuerdo entre las organizaciones políticas que la componen, debe recaer en 2020 en alguno de los partidos minoritarios. De este modo, e inteligentemente, el país tendría dos figuras de relevancia: un presidente interino y un presidente del parlamento total y absolutamente constitucionales, legítimos.

También causa preocupación se crea unas nuevas presidenciales resolvería la crisis, ello es absolutamente falso. Maduro es solo parte del proyecto castrista, la usurpación abarca poderes públicos, incluyendo una ilegal ANC edificada para satisfacer intereses del castrismo venezolano, capaz de usurpar cualquier competencia o facultad de cualquier otro poder, se ha autoconferido supra constitucionalidad. Dese cuenta, el mentor de este desastre, Hugo Chávez, cumplirá prontamente 7 años de fallecido y su proyecto cubanoide continúa su rumbo cada vez más aprisa. Para que Venezuela recobre su identidad, su esencia, debe recobrar su constitucionalidad, su democracia, para que ello ocurra, primera e inexorablemente quienes usurpan las instituciones del Estado deben salir.

Todo se complica cuando las principales cabezas del castrismo venezolano advierten no abandonarán por las buenas ni por las malas el poder usurpado, cuando han hecho de los mecanismos democráticos tretas para atornillarse en el poder, cuando institucionalizaron la violencia, cuando han premeditado la ruina del sector privado para obligar a la población depender de exiguas y humillantes dádivas gubernamentales, orquestadas bajo una macabra plataforma “El Carnet de la Patria” que sí bien ha logrado la adscripción de un numero importante de venezolanos, estos lo han hecho para poder recibir esas migajas en medio del hambre producida por la economía chavista. En el plano electoral, ese carnet ha sido un estrepitoso fracaso, no ha podido (ni podrá) obligar a los venezolanos votar con estas instituciones psuvizadas, corruptas e insensibles, así quedó demostrado desde el intento fallido de constituyente aguas abajo.

Comprendamos: Más importante que cualquier individualidad, mucho más importante que Guaidó o cualquier otro, es que la cabeza 2020 del poder público de mayor relevancia en una democracia, el parlamento, asuma su liderazgo por encima de su organización política, que sume e integre todos los sectores del país e internacionales en la que debe ser la única causa común ¡Liberar a Venezuela del castrismo! logrado ese punto, es que vendrá lo electoral… antes en un suicidio, una complicidad entre el régimen y sus infames colaboradores. 

Leandro Rodríguez Linárez 
leandrotango@gmail.com
@leandrotango

JOSÉ ANTONIO GIL YEPES: REGALO DE NAVIDAD

En esta época acostumbro enviar un mensaje de Navidad. El tema de mi saludo es compartir buenos deseos y principios identificados con el cristianismo y otras religiones en la búsqueda de Dios a través de la unidad, la caridad, la compasión y proyectos personales. Puede ser que esos buenos principios se relajen durante el año, pero la Navidad nos mueve la conciencia para renovarlos porque nos acerca a Dios.

Existe un reclamo sobre la banalización de la Navidad a través de la comercialización de regalos y comidas, a veces en exceso. Sin embargo, el valor del regalo no sólo se trata del objeto sino de su significado, como dice una reflexión que nos envió mi hermana Marianela: “Regalar es comprometerse con la otra persona, expresarle que te importa y que quieres que algo que le entregas le recuerde a ti…Toma una sonrisa, regálala a quien nunca la ha tenido…Toma la bondad y dónala a quien no sabe donar…Descubre el amor y hazlo conocer al mundo.” (Mahatma Gandhi). Dentro de este espíritu de buenos principios, podemos intuir que los venezolanos queremos regalarnos unidad y amor para superar las divisiones. De hecho, en el origen de la fecha, 25 de diciembre, se encuentra un gran mensaje de unidad y sincretismo.

Navidad viene del latín nativitas o nativatis, nacimiento. Es la conmemoración cristiana del nacimiento de Jesucristo el 25 de diciembre, según lo fijó el Papa Julio I, en 350 A.D. Pero no se trata de que Jesús haya nacido ese día. El Nuevo Testamento no lo específica y diversos cálculos lo estiman entre abril y septiembre del año 1. Julio I escogió el 25-12 para facilitar la aceptación del cristianismo por los paganos de la Antigua Roma, quienes celebraban en el solsticio de invierno Las Saturnales. Luego, la fecha también facilitó la adopción del cristianismo por los Incas, Aztecas, Escandinavos y Germanos, porque coincidía con sus respectivas celebraciones del nacimiento del Dios Sol en el solsticio de invierno. Si la Iglesia primitiva supo adaptarse a diversas culturas para facilitar su adhesión al cristianismo, ¿será que el mejor regalo que nos podemos dar los venezolanos es uno de Unidad y Sincretismo?

José Antonio Gil Yepes  
Directivo de Datanalisis
prensayradio@gmail.com
@joseagilyepes
Contacto: 0424.990.90.99

GABRIEL S. BORAGINA: RENUNCIA VS. "GOLPE"

La renuncia de un presidente (como la de cualquier otro funcionario) no representa un quiebre o una ruptura del orden institucional, sino que forma parte de un mecanismo democrático, ya que ningún funcionario puede ser obligado a permanecer en un cargo por un determinado periodo.

Vale la pena recordar la definición jurídica de renuncia:

"Renuncia: Dimisión o dejación voluntaria de una cosa que se posee o de un derecho que se tiene. La renuncia puede también ofrecer un sentido negativo, que se manifiesta rechazando o no admitiendo una cosa o un derecho que son ofrecidos. Basta esta definición para advertir la amplísima aplicación que la renuncia presenta en el campo del Derecho, porque puede estar referida a toda clase de bienes, de derechos públicos o privados (salvo los que la ley declara irrenunciables) o de acciones procesales. | Caso frecuente de renuncia es la que se hace de los cargos públicos o de los empleos públicos o privados, y en ese sentido equivale a dimisión. En el Derecho Civil, las manifestaciones tal vez más características son las que se vinculan con el repudio de la herencia o de las donaciones. (V. REPUDIACIÓN.) Renuncia se llama también el documento en que consta esa actitud. | Desistimiento de un propósito.".[1]

La renuncia nunca obedece a una imposición externa, sino que se ejerce siempre de manera voluntaria y se presenta no solamente dentro de un régimen democrático, ya que un dictador, un autócrata, un tirano, un rey, también pueden renunciar a sus puestos, aunque sea poco frecuente, pero han existido muchos ejemplos en la historia de tales tipos de dimisiones.

Claro que, siempre que alguien decide renunciar a algo hay una razón o una suerte de obligación interna que lo hace renunciar, pero ha de quedar en claro que dicha exigencia siempre es interna en tanto y en cuanto nace del propio individuo renunciante, es decir, es una decisión que le pertenece enteramente sin que nadie más que el mismo le constriña a tomar.

En Derecho Político, a la renuncia se le opone el derrocamiento, cuya definición jurídicamente transcribimos a continuación:

"Derrocar: Despeñar o lanzar desde una roca, antiguamente practicado como pena o para eliminación de defectuosos. | Destronar a un rey. Derribar a un gobierno. Substituir a un régimen por la fuerza, por una revolución o golpe de Estado. (L. Alcalá-Zamora)."[2]

La renuncia siempre es un acto voluntario, nunca forzado. La "renuncia forzada" es un contrasentido. El desplazamiento impuesto del poder no es una "renuncia" del desalojado, es simple y llano derrocamiento, el cual implica un cierto grado de resistencia del derrocado (total o parcial) a ser eliminado del poder.

Las diferencias entre uno y otro son múltiples, ya que la renuncia se puede retractar por parte del renunciante, en cambio que el derrocamiento no depende de la voluntad del derrocado por lo que -obviamente- no puede desistirse por parte de este, ya que es un acto ajeno a su decisión.

Si -por caso- como se escucha a veces, un jefe de estado declara "renuncio al cargo para evitar un baño de sangre" es una declaración implícita de que está reconociendo que ha perdido el apoyo del pueblo, al menos en grado suficiente como para no asegurarse que las fuerzas "rebeldes" puedan ser vencidas por un pueblo que ya no lo sostiene. Digamos que estas son las razones para su renuncia, que no deja de ser tal porque podría adoptar la actitud contraria si sospechara que aún conserva sustento mayoritario que le permita persistir en la función. De no ser así, no hay ni "golpe de estado", ni "revolución", ni -por lo tanto- derrocamiento alguno.

La "renuncia bajo amenaza" sigue siendo -no obstante- un acto voluntario (no compelido) porque el ultimátum puede ser infundado, falso o de cumplimiento imposible. Y, nuevamente, si el amenazado se considera suficientemente fuerte y respaldado por sus partidarios haría caso omiso a la renuncia, se limitaría a ignorarla y continuaría ejerciendo su investidura confiado en el sostén de que sus fuerzas le serán leales.

Para este análisis debemos tener presente que, estamos convencidos que, tanto las fuerzas de seguridad como las fuerzas armadas forman parte del pueblo y no son cuerpos extraños al mismo como habitualmente se cree tanto en la prensa como a nivel popular. No existió absolutamente ningún "golpe de estado" que fuera perpetrado exclusivamente por un sector del pueblo sin soporte del resto, ya que sin este amparo mayoritario ningún gobierno -por muy de facto que sea- podría haberse mantenido en el poder durante mucho tiempo. La mayoría gobierna siempre, sea por acción o por omisión. Aunque suene paradójico, cuando "gobierna" por omisión implica tanto el permitir que cierta minoría la gobierne, de la misma manera que un esclavo (o conjunto de ellos) pudiendo rebelarse, por poseer mayor fuerza que su amo, prefiere obedecerle. Porque piensan que así les será más conveniente y más llevadera su actual o futura existencia.

De momento que, producido un golpe de estado una mayoría de la población continua pasivamente en el lugar donde se llevó a cabo, acatando a los golpistas, y no se rebela o huye en masa de allí, tal actitud inactiva implica una especie de "convalidación" de la situación ocurrida. Los padecimientos que sufra serán en una buena medida merecidos. Apresurémonos a aclarar que tal clase de confirmación no es sinónimo de total beneplácito con el dictador que surgiera del hipotético "golpe".

Como ya expusimos muchas veces, solo hay tres medios por los cuales las dictaduras pueden mantenerse en el poder. Y esas vías son del control exclusivo del pueblo. Repasémoslos:

1.                  Por aprobación.

2.                  Por temor.

3.                  Por resignación.

Estos tres pueden combinarse entre sí o darse por separado. El orden de los factores no altera el producto. Cuando cualquiera de estos tres elementos desaparece cualquier dictadura cae de forma inmediata, o más tarde o más temprano.

El poder siempre reside en el pueblo, como también la decisión de hacer uso o no de dicho poder.

También, desde luego, estos tres componentes son los que en una sociedad democrática determinan el voto del elector en un sentido o en su contrario. En última instancia -y, dicho de otra forma- tanto en las dictaduras como en las democracias el pueblo (al final del recorrido) siempre es soberano, por acción o por omisión.

[1] Ossorio Manuel. Diccionario de Ciencias Jurídicas Políticas y Sociales. -Editorial Heliasta-1008 páginas-Edición Número 30-ISBN 9789508850553 pág. 837

[2] Ossorio, M. Ibidem, p. 314

Gabriel S. Boragina 
gabriel.boragina@gmail.com
@GBoragina 

JHONASKI J. RIVERA RONDÓN: EL PRESTAMISTA SINIESTRO Y SUS MENTIRAS DEL FUTURO



Toda actividad del hombre comprende cierto rasgo lúdico, el cual envuelve su mundo social y cultural, por ello el historiador Johan Huizinga dijo que; “El juego es más viejo que la cultura; pues, por mucho que estrechemos el concepto de ésta, presupone siempre una sociedad humana, y los animales no han esperado a que el hombre les enseñara a jugar.”[1] 

Por consiguiente, es inevitable que lo agonístico y competitivo intervenga en nuestra interacción con los demás, por lo que la metáfora de los juegos de apuesta puede servir para reflexionar sobre la democracia. Esto sería un ejercicio intelectual para analizar nuestra experiencia política, actividad reflexiva posible si seguimos los presupuestos del filósofo alemán Hans Blumenberg, quien entiende las metáforas como “…fósiles guía de un estrato arcaico del proceso de la curiosidad teórica.“[2] 

Avances teórico en el aspecto lúdico de la realidad social han sido desarrollados profundamente desde la teoría de la mente y la teoría de los juegos. No obstante la literatura ha logrado retratar la sensación subjetiva de los momentos límites del hombre en estos escenarios de juego, especialmente en los juegos de apuestas, tal como podemos percibir en novela El jugador, de Fiodor Dostoievski, quien alcanzó a birndar bocetos psicológicos del éxtasis adictivo que envuelve tomar decisiones en cada ronda de apuesta, sometiendo nuestras vidas a la tensión de los cambios bruscos que implica ganar o perder. Sin necesidad de ser jugadores compulsivos esta sensación límite de cada decisión puede encontrarse en otros tipos de decisiones que se dan en nuestra cotidianidad, la tensión aumenta según el valor por lo que se está apostando, por ello que el filósofo italiano, Nicola Abbagnano dice que: 

“Con cada decisión es un venir al encuentro del ser, por eso es el porvenir. (…)Este venir del ser al encuentro del hombre es el porvenir, como determinación fundamental de la temporalidad. Pero es un venir al encuentro problemático, que no elimina el riesgo del hombre, y justo por esto es un porvenir.”[3] 

Por más que se tenga todo minuciosamente calculado, ningún método logra suprimir del todo ese margen de error que deja el azar y la fortuna en el porvenir, esa incertidumbre es lo que pone en tención cada decisión importante, bien sea compartir y cultivar con una persona o emprender y construir algún proyecto, todo ello significa una apuesta de tiempo y energía donde solo el porvenir sentenciará si hemos ganado o perdido. En una perspectiva más amplia sucede algo similar cuando apostamos a un proyecto político. 

Pero en las democracias la dinámica lúdica varia un poco a los juegos de apuesta, el principio de las mayorías suprime por completo que solo una decisión llegué a ganar por completo, en las democracias es necesario el consenso para conseguir la victoria. Aunque la historia de la democracia guarda una relación peculiar con el azar, y ello servirá para comprender históricamente el fenómeno electoral. 

En la Grecia antigua los gobernantes eran escogidos al azar, tal cual como los juegos de apuesta, los cargos se sorteaban entre los ciudadanos (y en ese momento no todo el mundo era ciudadano), de este modo evitaban el dominio de las mayorías, evitando así que la polis sucumbiera a la homophonia, y perseguir a lo que Aristóteles decía, la symphonia[4]. En consecuencia, la fortuna le podía sonreír a cualquier ciudadano. 

Para encontrar la relación histórica de nuestras actuales técnicas electorales de las que se ufanan muchas democracias actuales, habría que prestar atención a las órdenes religiosas. Durante la Alta Edad Media dentro de los gruesos muros de los conventos y monasterios, los monjes tenían que escoger a sus superiores, y de allí que escoger la investidura de poder absoluto no podía regirse ni por el principio de la fuerza ni de la herencia, sino fue más por el principio de las mayorías, siendo así todos coparticipes de tal asunto en el que igualmente les competía y afectaba a todos los miembros de la iglesia. A partir de esta experiencia, en la Edad Moderna el principio de la mayoría pudo adecuarse como recurso constitucional para reducir el margen del conflicto[5] y aumentar la capacidad de participación política, y así la democracia se despoja parcialmente del estrato histórico que lo une al azar como eje rector de las decisiones políticas. 

Tener en cuenta este estrato histórico de las elecciones electorales de algún modo puede explicar porque en las campañas electorales pueden adquirir un cierto tinte misionero y religioso. Si bien con el mero voto no puede simplificarse la democracia, si puede concebirse como aquella oportunidad en la que los ciudadanos pueden escoger a sus gobernantes, lo que también implicaría apostar por una serie de valores, de promesas y especialmente por proyectos políticos, y de este modo puede expresarse la “voluntad general”, esto último entendido en el sentido histórico al que refiere el historiador Pierre Rosanvallon 

“La afirmación de la voluntad general presupone para los revolucionarios norteamericanos o franceses una capacidad permanente -al menos en cada generación- de invención del futuro de manera tal que lo que una generación ha elegido libremente no se convierta para las siguientes en un destino inexorable.”[6]

Siguiendo lo referido, en las democracias modernas el principio de las mayorías no suprime la posibilidad de error que supone cada decisión, especialmente cuando toda una generación toma una participación de ello. En nuestra historia política la figura histórica de generación quedo plasmada con la Generación del 28, contando con líderes político de la talla de Rómulo Betancourt, quienes se dieron a la tarea de instituir lo político en Venezuela, y construir el régimen político más sólido que ha tenido la nación, para que mediante la democracia representativa la sociedad civil pudiera disponer de su propio destino político, permitiéndole a toda una sociedad la oportunidad de apostar por su porvenir.

Pero hay momentos cruciales de la historia en el que la decisión por apostar es un todo o nada, y resultó que en los 90’ llegó, la propuesta de una democracia “más participativa y protagónica” resultó la promesa para superar la crisis política y económica de ese momento, esto significaba una jugosa invitación a una apuesta riesgosa en los comicios electorales del 98. La historia es conocida, la  balanza se inclinó por un nuevo proyecto político que apostaba por el renacer utópico del socialismo. 

Antes de proseguir, consideremos la figura del prestamista siniestro, puede entenderse como aquel jugador quien invita a jugar sabiendo el estado crítico del otro, y también sabiendo la poca posibilidad de ganar que tiene su invitado, la finalidad de esto, afianzar la dependencia con los otros a partir de vanas esperanzas y promesas para así secuestrar su vida y su libertad. 

Esta figura pueden representarlas muchos candidatos políticos que invitan a apostar por sus promesas y valores, cuyo mensaje puede apuntar a aquellos “jugadores” más vulnerables, cuya decisión es mucho más susceptible a ser sugestionada. Teniendo en cuenta esto, resulta necesario recordar que para 1998 el índice de pobreza en Venezuela registró un 45% en toda la población, una amplia cantidad potencialmente capaz de votar, casi una mitad de la sociedad que podía estar sedienta de otro porvenir, y aquí valdría distinguir el tipo de mentira que operó aquí. 

Según el filósofo francés, Jean Jacques Rousseau, existen dos tipos de mentiras, las de hecho y de derecho: “la de hecho, que se refiere a una acción pasada, y la de derecho, que es la que tiene relación con lo futuro.”[7] De allí que promesas que no se piensan cumplir alimenten a esta última, y es así que “La mentira de derecho todavía es menos natural, ya que las promesas de hacer o de abstenerse son actos convencionales que salen del campo natural y derogan la libertad.”[8] 

Y por ello que todo prestamista siniestro a pesar de la bancarrota del otro, lo invite a seguir apostando hasta anular totalmente su libertad, y fue esa la apuesta que promovió el sistema chavista, hacer de promesas populistas y mesiánicas un recurso para hacer más dependientes a los pobres de un petro-Estado, y por ello que erradicar la pobreza hubiera significado perder asegurado sus victorias electorales. 

Pero cuando la magia de la bonanza petrolera desenmascaró las mentiras de derecho del chavismo, ya el daño estaba hecho, y después del 2013, entre más precarización material, la dependencia igualmente aumentaba, y sumieron a gran parte de su población a una condición de vulnerabilidad, en donde se redujo a lo más mínimo la capacidad de decisión, y fue así como las mentiras ideológicas de la utopía socialista coartaron la libertad en Venezuela. 

Esta historia de mentiras futuras podría acabarse hasta aquí, pero no. desde que murió Chávez, Venezuela había recuperado su capacidad de apuesta, y muchas personas se movilizaron por un cambio, pero esta vez no se contó que diversos partidos de oposición hicieran el papel de prestamistas siniestros, confabulándose así en redes de complicidades y mentiras. 

El propio Rousseau diferenció otro tipo de mentira que se desprende de la mentira de derecho: la mentira retroactiva, la cual aplica cuando se incumple una promesa por incapacidad de cumplirla, y aquel quien hizo tal promesa “recuerda perfectamente que prometió cumplirla, pero de lo que no se da cuenta todavía es de la importancia que tiene. Fuera de pensar en el porvenir, no puede prever las consecuencias dé nada, y cuando incumple sus promesas, no hace nada…”[9] 

Crasos errores dan cuenta de estas mentiras retroactivas del liderazgo opositor venezolano que han permitido llegar a la situación actual, desaprovechando las continuas oportunidades que han llegado a tener desde el 2013 en adelante, sin importarle la apuesta vital que muchos venezolanos hicieron al salir a las calles y alzar su voz de protesta a un poder que mostraba cada vez más su cruento rostro totalitario. La vida de muchos significó poca cosa para aquellos prestamistas siniestros que invitaban a apostar por un cambio que nunca llegó, más por mediocridad que por mala intención (sin embargo esto último no dejó de estar presente, y permitió crear complicidades de dialogo con el chavismo). Consecuencia de ello, una pobreza estructural que aniquiló toda esperanza y capacidad de decisión para que una generación saliera al encuentro de su porvenir, porque una clase política pareció no entender la importancia histórica de las circunstancias que vivía, lo que se estaba apostando era el nuevo rumbo pos-petrolero del país. 

He evitado nombres para dejar a cada quien que identifique esos prestamistas siniestros que conforma los dos sectores políticos, especialmente el de la oposición. Con ello evitó hacer una larga lista de deshonra histórica que exacerbe resentimientos, al fin y al cabo esa no ha sido la intención, sino prestar atención en la significación e importancia delas decisiones políticas, que pueden llegar inclusive a un mayor grado de tensión que en los juegos de apuesta, porque lo que se está sorteando son las vidas de toda una generación y el futuro de un país. 

Pero a pesar de que en Venezuela la apuesta para la sociedad civil parezca pérdida (mientras para los chavistas no), la lección histórica que queda es que ninguna oportunidad se debe desaprovechar, por ello la decisión exige actuar. La vida siempre tiene necesidad de crecimiento, y crece expansivamente hacia el porvenir. Pero existen fuerzas irracionales que también apostaran por la muerte y la destrucción, por eso otra lección histórica que deja la experiencia del chavismo es que detrás de las “buenas intenciones” altruistas de ideologías socialistas y comunistas se ocultan oscuros intereses de personas, las cuales hemos tipificados como prestamistas siniestros. Por tanto cada vez que salgamos al encuentro con el porvenir en situaciones electorales, sea que nos sumemos o rechacemos la apuesta, ello según creamos conveniente participar, en esa decisión no solo está involucrada mi vida, sino la de otros tantos que también esperan tener la oportunidad de realizar políticamente su porvenir, de allí que cualquier disidencia chavista no lo exime tampoco de su responsabilidad. 

Mi apuesta sigue siendo por una Venezuela liberal y descentralizada, una Venezuela federal. Por lo que me quedó (sea en el lugar que este) a la espera (asumiendo esta palabra en sentido heideggeriano) de ese promisorio porvenir. 

Referencias  

[1] Johan Huizinga; Homo Ludens. German25, 2016.
[2] Hans Blumenberg: Naufragio con espectador. Madrid: Visor, 1993. p. 98.
[3] Nicola Abbgnano: Introducción al Existencialismo. México: Fondo de Cultura Económica, 1955. p. 28.
[4]Giovanni Sartori: Elementos de Teoría Político. 7º edición. Madrid: Editorial Alianza. 2010. p. 39.
[5] Ídem.
[6] Pierre Rosavanllon: Por una historia conceptual de lo político. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2003. p. 53.
[7] Jean Jacques Rousseau: El Emilio . 218,9 / 1443
[8] Ibídem. 220,3 / 1443
[9] Ibídem. 221,8 / 1443

Jhonaski Rivera R.
@ideas_libertad
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ACTUALIZACIÓN, EL REPUBLICANO LIBERAL II, JUEVES 26/12/2019


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