lunes, 6 de abril de 2020

ACTUALIZACIÓN, EL REPUBLICANO LIBERAL II, LUNES 06/04/2020

AURORA LACUEVA: URGENCIA DE ACUERDOS

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 1 hora
Las cosas se están complicando para nosotros: a lo que ya era una situación difícil se sumó primero una fuerte caída en los precios del petróleo, y ahora la pandemia del coronavirus. Esta pandemia es un reto para cualquier país, mucho más en nuestro caso: el Gobierno no tiene los recursos económicos para superarla como debe ser. Hasta ahora, el manejo sanitario de la enfermedad ha sido acertado, con la estricta cuarentena desde temprano y la obtención de medicinas, “kits” de prueba y equipos gracias a la ayuda de países aliados. Pero es imprescindible evitar que la economía se derr... más »

CARLOS RAÚL HERNÁNDEZ: PESTE, CÓLERA…

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 1 hora
“…el hermano se alejaba del hermano… y a menudo el marido de la mujer... hubo padres y madres que expusieron a sus hijos… y no los visitaron… el infortunio heló el corazón de los hombres”. Boccaccio (El Decamerón) El comienzo de la Ilíada narra una epidemia (tifus) que masacraba a los guerreros griegos frente a las murallas de Troya. El poeta la concebía venganza de Apolo, porque Agamenón, rey de los griegos, humilló y causo un terrible dolor a su sacerdote Crises. Agamenón apasionado por Criseida (“va a envejecer a mi lado”), la hija del anciano, la secuestró y la hizo su amante. ... más »

RAUL AMIEL: EL RETORCIDO ARTE DE MENTIR DICIENDO LA VERDAD

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 1 hora
No es ético y empeora nuestra democracia. Pero así es como funciona la conciencia humana. Si bien es común en la política, también lo es en la vida cotidiana. Piensen por un momento en un vendedor inmobiliario que le dice a un posible comprador que una propiedad impopular ha tenido "muchas consultas" cuando se le preguntó cuántas ofertas reales ha habido. O el vendedor de autos usados qué dice que anda extremadamente bien y le hace escuchar al cliente el ruido del motor, sin revelar que lo rectificaron la semana anterior. Ambas afirmaciones son ciertas, pero enmascaran la realida... más »

OFELIA AVELLA:HACIA UN HUMANISMO CRISTIANO

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 1 hora
No es posible agotar un tema tan importante en un solo artículo, pero intentaré esbozar unas primeras ideas en las que profundizaré más adelante. Se trata además de una inquietud con la que crecí y que sin pretenderlo mucho, me ha ido implicando con los problemas del país, pues no es posible vivir aquí sin advertir lo poco cubiertas que están tantas necesidades básicas en muchos venezolanos. Para hacer un apretado resumen e ir al núcleo de lo que deseo transmitir, me centraré en las ideas tratadas en el capítulo “¡No tengáis miedo!” de la biografía escrita por Weigel sobre Juan Pab... más »

ROMÁN IBARRA: EL PLAN TRUMP

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 1 hora
El Gobierno de los Estados Unidos ha presentado un plan para la transición en Venezuela, que en síntesis, se parece mucho al que ya había presentado Guaidó en medio de las negociaciones realizadas en Noruega y Barbados, y que el oficialismo rechazó en su momento. Ello demuestra la sintonía que existe entre la oposición liderada por Guaidó, y los aliados internacionales, en cuanto a la posibilidad de buscar salidas políticas, pacíficas y electorales. En los encuentros previos, el oficialismo utilizó esos eventos para ganar tiempo y evitar el objetivo para el cual se creó la negoci... más »

ANTONIO JOSÉ MONAGAS: LA PATÉTICA SOCIEDAD DE LOS “CARITAPADAS”

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 1 hora
El mundo, actualmente, presencia asombrado, perturbado y además temeroso, los embates inducidos por el furor de un microorganismo que por su naturaleza, ha buscado subsistir arrebatándole intempestivamente la vida al hombre. Sin violencia alguna, golpes de Estado o episodios de fuerza aprovechándose de una gesta revolucionaria o militar, este minúsculo organismo propio de una biología mutada o simplemente originado en un proceso de extraña genética, se ha propagado por casi todo el planeta. Así ha hundido al planeta en una patética oscuridad. Su sigilosa forma de diezmar importa... más »

AURORA LACUEVA: URGENCIA DE ACUERDOS

Las cosas se están complicando para nosotros: a lo que ya era una situación difícil se sumó primero una fuerte caída en los precios del petróleo, y ahora la pandemia del coronavirus.

Esta pandemia es un reto para cualquier país, mucho más en nuestro caso: el Gobierno no tiene los recursos económicos para superarla como debe ser. Hasta ahora, el manejo sanitario de la enfermedad ha sido acertado, con la estricta cuarentena desde temprano y la obtención de medicinas, “kits” de prueba y equipos gracias a la ayuda de países aliados. Pero es imprescindible evitar que la economía se derrumbe por completo con la parálisis obligada. Por el contrario, hace falta paliar efectos y, luego, abrir caminos de trabajo productivo, justicia y bienestar. Podríamos discutir lo que se debió haber hecho en la economía hace siete años, mas lo que urge determinar es lo que es necesario y factible hacer ahora.

Venezuela requiere obtener financiamiento del Fondo Monetario Internacional, como lo ha solicitado: se trata de un tipo de préstamo para emergencias, sin imposiciones, al cual el país tiene derecho como miembro de esa institución. También requiere tener acceso a nueve mil millones de dólares suyos, que se encuentran represados en bancos del exterior debido a las sanciones del gobierno de Trump.

Además, necesita poder vender libremente su petróleo, que ahora se comercia con importantes descuentos por las dificultades que las mismas sanciones imponen. Un convenio del tipo “Petróleo por alimentos”, supervisado por la ONU, sería una salida temporal a este enorme obstáculo. Más allá de estos primeros remedios, el país necesita de inversores nacionales y extranjeros para reanimar el agro y la industria, incluyendo la propia industria petrolera. El Estado por sí solo no cuenta con el capital necesario.

Para poder avanzar en las áreas mencionadas se impone resolver la crisis política: Gobierno y oposición tienen que negociar. Ya basta. La victoria total sobre el contrario no es viable, tampoco deseable si queremos democracia. Ambos lados tienen que ceder en algo y alcanzar acuerdos hacia una estable y digna convivencia política y unas sensatas iniciativas económicas. Es urgente dejar de hundirnos en la pobreza.

Aurora Lacueva
lacuevat@hotmail.com
@AuroraLacueva 
@UNoticias

CARLOS RAÚL HERNÁNDEZ: PESTE, CÓLERA…

“…el hermano se alejaba del hermano… y a menudo el marido de la mujer... hubo padres y madres que expusieron a sus hijos… y no los visitaron… el infortunio heló el corazón de los hombres”. Boccaccio (El Decamerón)

El comienzo de la Ilíada narra una epidemia (tifus) que masacraba a los guerreros griegos frente a las murallas de Troya. El poeta la concebía venganza de Apolo, porque Agamenón, rey de los griegos, humilló y causo un terrible dolor a su sacerdote Crises. Agamenón apasionado por Criseida (“va a envejecer a mi lado”), la hija del anciano, la secuestró y la hizo su amante.

Apolo estaba enfurecido, “parecido a la noche”, y “durante nueve días volaron las amargas saetas del dios… dirigidas a los hombres, y continuamente ardían muchas piras de cadáveres”. La Muerte Negra en la Edad Media, peste bubónica (hoy se cura con simple vibramicina), apareció en Europa procedente de Asia. Su aterrador origen inspira a Bram Stoker cinco siglos después para pintar de sombras la llegada de Drácula a Gran Bretaña.

Un barco mercante fantasma cargado de cadáveres descompuestos, atraca en Sicilia en 1347. Los marineros que aún agonizaban, tenían en las axilas y el vientre tumores oscuros que manaban sangre, pus y un hedor vomitivo. Como nadie sabía su origen ni qué la producía, inmediatamente se expandió por el territorio europeo. En la medida que la horrorosa mancha avanzaba por el continente, crecían los sentimientos de pánico, incertidumbre, desesperación e impotencia.

Pese a que en la cultura popular, el Flautista de Hamelin desde el siglo anterior describió las ratas como un enemigo, la población victimizada no las vinculó a ellas ni a las pulgas con el horror, potenciado por el desaseo en las costumbres. Arrasó las grandes ciudades europeas del siglo XIV de cien mil almas, poblacionalmente en este orden, París, Florencia, Venezia y Génova.

Miradas que matan

Luego le seguían las de cincuenta mil Hbs., Gante, Brujas, Milán, Bolonia, Roma, Nápoles y Palermo (de las once más importantes, ocho eran italianas) Demógrafos e historiadores piensan que treinta millones murieron, entre la mitad y dos tercios de la población europea. Como la estupidez política es eterna, recurrente, los escoceses “aprovecharon” la epidemia para atacar a Inglaterra que arrasó ambos contendientes.

Pese a la irreverente perspectiva de Boccaccio, quien vivió siempre entregado a las mujeres, cuyo libro inmortal narra las aventuras de un grupo de jóvenes que se refugian de la peste en un bucólico prado (“con pozos de agua fría y bodegas de vinos exquisitos”) dedicados al placer, el heroísmo de las órdenes religiosas hizo historia y de algunas murieron todos sus integrantes en ayuda a los enfermos, así como un tercio de los cardenales.

Se atribuyó a vahos venenosos de la tierra en los incendios, aguas podridas, conjunciones astrales. El contagio vendría de “mirar un enfermo” porque se trasmitía por “rayos que salen de los ojos”. Mientras las élites pensaban en Mercurio retrógrado y en su convergencia de fuerzas con Marte y Saturno, las masas populares atribuían la tragedia al castigo divino.

Así como Dios había querido eliminar al hombre con el Diluvio, Ira sagrada que solo Noé pudo mínimamente paliar, pensaban que este era el exterminio definitivo, penalidad por comer, bailar, fornicar, jugar apuestas, pero sobre todo por la avaricia, los placeres mundanos, la posesión de bienes, en síntesis, tal como ahora algunos enemigos de la sociedad impura.

Siempre Shilock

Según describe maravillosamente Bergman en El séptimo sello (1957) a la propagación de la muerte contribuyó la nueva forma de penitencia masiva de los flagelantes. Eran procesiones de cientos incluso miles de penitentes que marchaban semidesnudos de pueblo en pueblo, azotándose y ciliciados como acto purgatorio que imploraba perdón al Cielo y regaron la pestilencia. Pero al final, como siempre, la xenofobia y el odio ancestral por quien es diferente, tomó posesión.

Parece que en nuestra naturaleza está culpar a otros de tramar lo que nos pasa y surgió la conspiranoia. Y nadie más indicado en la Edad Media que los judíos para recibir la catarata de rencor y envidia, porque se dedicaban a las finanzas, al habérseles prohibido trabajar en la manufactura de bienes, y vivían con relativo bienestar material. Hasta Shakespeare los hará más tarde reos de cobrar deudas con carne del cuerpo del deudor.

Los acusaron de envenenar las aguar con la peste para provocarla. Y vino la oleada de progromos, expropiaciones, confesiones bajo tortura, y los que se salvaban de aquella, morían en manos de las turbas. A tal extremo que el Papa Clemente VI dictó una bula que prohibía saquearlos, matarlos o destruir sus casas sin juicio previo.

Gracias a la ciencia y la tecnología, la globalización y los organismos internacionales, la política moderna que conformó el Estado Social y Democrático de Derecho, el avance de las instituciones democráticas y la libertad de expresión, sabemos qué causa una epidemia, cuáles son los mecanismos para controlarla y hacemos lo necesario para ello. No estamos en la soledad ni la indefensión de los siglos anteriores. Los seres humanos nos tenemos unos a otros. El corazón no se heló, como creía Boccaccio. 

Carlos Raul Hernandez
carlosraulhernandez@gmail.com
@CarlosRaulHer
@ElUniversal

RAUL AMIEL: EL RETORCIDO ARTE DE MENTIR DICIENDO LA VERDAD

No es ético y empeora nuestra democracia. Pero así es como funciona la conciencia humana. Si bien es común en la política, también lo es en la vida cotidiana.

Piensen por un momento en un  vendedor inmobiliario que le dice a un posible comprador que una propiedad impopular ha tenido "muchas consultas" cuando se le preguntó cuántas ofertas reales ha habido. O el vendedor de autos usados qué dice que anda extremadamente bien y le hace escuchar al cliente el ruido del motor, sin revelar que lo rectificaron  la semana anterior. Ambas afirmaciones son ciertas, pero enmascaran la realidad de la propiedad impopular y un automóvil dudoso.

Mentir puede y sirve claramente para un malvado propósito social. Puede ayudar a alguien a pintar una imagen mejor que la verdad, o ayudar a un político a esquivar una pregunta incómoda.

Y a pesar del hecho de que ahora esperamos con frecuencia mentiras de quienes están en el poder, sigue siendo un desafío detectarlos en tiempo real, especialmente si mienten con desdén.  

Cuando la gente en el poder nos miente, arruina nuestra confianza en las instituciones políticas; hace que la población sea muy cínica con respecto a sus motivaciones reales.

Abraham Lincoln, dijo una vez que "ningún hombre tiene la memoria suficiente para ser un mentiroso exitoso".

No es ningún secreto que los políticos a menudo mienten, pero consideren esto: pueden hacerlo simplemente diciendo la verdad. ¿Confuso? Esa confesión se vuelve más clara cuando te das cuenta de que probablemente todos lo hemos hecho.

Engañar al "decir la verdad" es tan generalizado en la vida cotidiana que los  psicólogos han empleado recientemente un nuevo término para describirlo: “Palpitar”. El hecho de que esté tan extendido en la sociedad ahora nos da más información sobre el área gris entre la verdad y la mentira, y tal vez incluso por qué mentimos.

Las personas a menudo ocultan hechos claves para ganar entendimientos, y no creen que hayan hecho mal. La línea entre la verdad y la mentira se está volviendo cada vez más oscura. Incluso con esta palabra para distinguir una forma muy diferente de mentir. Ahora solo se palpita.

“Palpitar es cuando un comunicador dice cosas verdaderas y en el proceso, a sabiendas, lleva al oyente a una conclusión falsa. Tiene el mismo efecto que mentir, pero permite que el comunicador diga cosas verdaderas y, según sugieren algunos de nuestros estudios, siente que no están siendo tan engañosas como los mentirosos", afirma Todd Rogers, un científico del comportamiento de la Harvard Kennedy School que es coautor de un artículo con investigadores de la Harvard Business School y la Wharton School. 

Digno de echarle una ojeadita. Cuando Todd Rogers y sus colegas observaban con qué frecuencia los políticos esquivaban preguntas durante los debates, se dieron cuenta de que algo más estaba sucediendo. Al declarar otro hecho veraz, podrían evitar responder una pregunta. Incluso podrían implicar que algo era verdadero cuando no lo era. Los políticos hacen esto todo el tiempo, dice Rogers,

La verdad no teme preguntas. Es una afirmación que yo me hago todo el tiempo. Estoy firmemente a favor del sentido común, la honestidad común y la decencia común. Esto me hace probablemente inelegible para un cargo público. Pero sigo firme en mi empeño por la verdad. Es la lucha, o mejor dicho, la cruzada que llevo años fomentando para el logro de una nueva dimensión de hacer política. 

La reputación, la confianza y la credibilidad son activos que ninguna organización puede permitirse perder y la forma más segura de perderlos es mentir. Construir confianza es como construir una torre, piedra por piedra. Pero no importa cuán alta o fuerte parezca la torre, si quitas una piedra del fondo, la torre colapsará. Eso es lo que hace la mentira: elimina la piedra angular de la confianza.

La verdad sobrevive en el ser, e incluso las verdades necesarias requieren una explicación de por qué son verdaderas. De hecho, requieren más. Requieren explicación de por qué son necesariamente ciertas. Requieren creadores y hacedores de verdad. Toma tiempo y esfuerzo. Pensamiento profundo y cambios de actitud. Es posible y es real. Y eso no es mentira.

Vivimos un momento de irritación política y endureciendo de las diferencias partidarias. Pero si hay algo en lo que prácticamente todos están de acuerdo, es que las noticias y la información que recibimos están sesgadas. Gran parte de la indignación que inunda las redes sociales, que ocasionalmente se filtra en las columnas de opinión y difunde entrevistas, no es simplemente una reacción a los eventos en sí, sino a la forma en que se informan y enmarcan. No se debe negar la amenaza de desinformación y propaganda.

En política, a veces los hechos si importan. Nos gustaría creer que la mayoría de lo que sabemos es exacto y que si se nos presentan hechos para demostrar que estamos equivocados, aceptaríamos modestamente la verdad y cambiaríamos nuestros puntos de vista en consecuencia.

Tú mereces la verdad. Transformemos la historia que dieron forma a nuestra distorsionada sociedad actual y construyamos una Nación que cambie el rumbo de nuestro devenir.

Los liberales tomamos la palabra. Llegó la hora y más nada. Los liberales si sabemos gobernar. Tenemos con que y vamos con todo. Los ciudadanos lo merecemos. Otra Venezuela es posible.

Estoy ganado en el empeño. Dedicare todo mi esfuerzo y energía a la convocatoria del Conversatorio de los Liberales a efectuarse en la ciudad de Caracas. Ya les anunciaremos el sitio de la reunión y la fecha definitiva. La del 29 de abril ha quedado pospuesta para próxima ocasión. A la fecha presumimos que la cuarentena será alargada. Un providencial “Time Out” para el status. 

Sigamos pendientes a una nueva convocatoria. Hemos apreciado una muy buena aceptación a la propuesta y gran entusiasmo para su realización.

Y recuerda… Ciudadano en Acción. ¡Juntos es Mejor!

Raul Amiel
raulamiel@gmail.com 
@raulamiel 

OFELIA AVELLA:HACIA UN HUMANISMO CRISTIANO

No es posible agotar un tema tan importante en un solo artículo, pero intentaré esbozar unas primeras ideas en las que profundizaré más adelante. Se trata además de una inquietud con la que crecí y que sin pretenderlo mucho, me ha ido implicando con los problemas del país, pues no es posible vivir aquí sin advertir lo poco cubiertas que están tantas necesidades básicas en muchos venezolanos.

Para hacer un apretado resumen e ir al núcleo de lo que deseo transmitir, me centraré en las ideas tratadas en el capítulo “¡No tengáis miedo!” de la biografía escrita por Weigel sobre Juan Pablo II y, más concretamente, en el apartado que aborda la visita del Papa a Puebla (en México) en 1979  y el significado de la liberación cristiana.

El tema a tratar en su participación en la asamblea general de la Celam (Consejo Episcopal Latinoamericano) era “la cuestión de qué clase de Iglesia iba a ser en América Latina el catolicismo posterior al Vaticano II”, pues “la solución a la pregunta determinaría el futuro de una mitad del catolicismo mundial”.

El Vaticano II preveía un diálogo del humanismo cristiano con la modernidad, de modo que las estructuras sociales se abrieran a un gradual cambio que redundara en todo tipo de beneficios para los pueblos. En nuestros países, las inquietudes giraban en torno a las injusticias sufridas por los más pobres y la urgencia de satisfacer sus demandas. Así, “después del Vaticano II, la pregunta no era si la Iglesia se comprometía con los profundos problemas y las injusticias con que se enfrentaban los pobres de América Latina, sino cómo lo haría”. Algunos se inclinaban por una “estrategia revolucionaria, inspirada en las categorías marxistas del análisis social y económico”. Otros insistían en lo que yo veo como fundamental: más que las llamadas “estructuras de pecado”, el núcleo de toda transformación es el corazón humano, pues lo que nos daña proviene de esa intimidad en la que cada uno se decide o no, a amar. Lo que brota hacia afuera es solo una consecuencia de lo que hay dentro.

La Iglesia no puede “tomar postura” por unos “en contra” de otros. Ese no es el mensaje de Jesús, quien vino a dar su vida por todos. Es cierto que “en América Latina, la Iglesia tenía un déficit histórico en dar poder a los pobres. El hecho de haber estado aliada demasiado tiempo con la oligarquía y los privilegios la había llevado a perder su incisividad profética en el trato con el poder terrenal.” Se precisaba, sí, de una renovación, como lo han requerido también tantos otros momentos de la historia. Había que “devolver la Biblia al pueblo” y “vincular la liturgia de la Iglesia y la celebración de los sacramentos a la vida diaria de la gente”: algo en lo que insistían las teologías de la liberación.

Ahora bien, Juan Pablo II dejó claro que Jesús no podía ser reducido a un revolucionario, a un Libertador, que incitara a la violencia. El Hijo de Dios había venido a salvar a todo el género humano y solo en virtud de la conversión de cada uno podía generarse un impacto sobre la dinámica política, social y económica de los pueblos. La violencia, la rabia interior, toda pasión irracional –no dominada- que derive en un enfrentamiento con el prójimo, no es cristiano. Por eso, cuando se interpretan los documentos de la Iglesia desde la óptica del marxismo, la liberación se reduce a sacar al otro de una situación de opresión criticable, injusta, sí, pero no la fundamental, pues esta última remite a su situación interior. Para que el amor invada el corazón, todo hombre debe disponerse -si quiere- a la purificación de todo lo que le es contrario. Algo difícil, pero lo realmente reclamado por Jesús.

Cuando Él curaba a los enfermos, también les perdonaba sus pecados. Se aseguraba, además, de decirlo, pues el milagro material era signo de lo que podía hacer en las almas: “¿Qué es más fácil decir: «Tus pecados te son perdonados», o «Levántate y camina?». Para que ustedes sepan que el Hijo del hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados -dijo al paralítico- yo te lo mando, levántate, toma tu camilla y vuelve a tu casa” (Lc 5, 23-24).

Así, pues, en Puebla, Juan Pablo II insistió en que la verdadera liberación provenía del humanismo cristiano, no politizado y secularizado, del Vaticano II. El contenido salvífico del Evangelio no debía ser interpretado desde las categorías de opresores y oprimidos en enfrentamiento continuo. Acostumbrado, además, a lidiar “con la cuestión moral de la violencia revolucionaria como respuesta a la injusticia social” (experimentada en Polonia), el Papa sabía bien de qué hablaba. Muchos lo tildaron, sin embargo, de “conservador” y “ortodoxo”. Poco después, cuando habló en Culiacán, manifestó esa “sed de justicia” de la que hablan las bienaventuranzas. De un modo apasionado, como sugiere Weigel, “cargó contra las injusticias que habían alterado las vidas de los pobres de América Latina y acusó a los responsables de que siguiera oprimiéndose a los que no tenían poder”.

Muchos interpretaron que ambos discursos eran contrarios, pero lo cierto es que hablar de la conversión del corazón no equivale a ser “conservador teológico”, así como exigir justicia no implica ser “malo”, “liberal social y político”. Lo que el papa había dicho en Puebla “estaba implícito” en lo que dijo en Culiacán, donde habló con fuerza sobre las injusticias que sufren los más pobres. La santa sed de justicia no está  penetrada de rabia, sino movida, al contrario, por un profundo deseo de que el reino de Dios, con su poder transformador de los corazones, baje a la tierra, pues el verdadero amor mueve a actuar al alma en la que habita.

La palabra de Dios, impregnada de amor, nos salva a todos en nuestras personales circunstancias. Todo es bastante más complejo: la riqueza y la pobreza no son exclusivamente materiales. Las hay también espirituales, lo que no excluye la necesidad de solucionar -de manera urgente- los problemas de los más pobres.

El punto es que la Iglesia y, por tanto, el humanismo cristiano “«no necesita recurrir a sistemas ideológicos  para amar, defender y colaborar en la defensa del hombre». Le basta con mirar a Cristo”. El no odió a nadie y ese es el amor que pide a quien quiera seguirle.

Digo esto porque al marxismo subyace un “error antropológico” grave que penetra luego la política y la economía. Bajo esta óptica el hombre es un ser anónimo que se reduce a una pieza del engranaje de una dinámica en la que se le oprime. Un verdadero humanismo reconoce en el hombre a una persona con una particular vocación: con talentos que deben ayudársele a descubrir y desarrollar para que, lográndolo, se inserte en la dinámica de la sociedad siendo actor de su vida y no esclavo de los demás o una “víctima de fuerzas ciegas”.

Con la pandemia, nuestro mundo está evidenciando que los hombres nos necesitamos unos a otros. Muchos han experimentado la alegría de servir a los más vulnerables ante la llamada a responder hasta el “extremo” en la donación de sí mismos. Otros han experimentado la necesidad de ser amados y ayudados. El valor de la vida ha adquirido otro rostro al recordarnos nuestra finitud.

Nuestros problemas, como país, ameritan de una visión del hombre que redefina nuestra ubicación en el mundo y que trascienda, al hacerlo, esas categorías de explotadores y oprimidos que tanto daño nos ha hecho. Más allá del fracaso económico innegable, una de las grandes lecciones palpables es que el desorden que se ha desbordado nace en el corazón del hombre, independientemente de su clase social. Pienso que urge ahondar en una antropología que responda a las más íntimas exigencias del ser humano: una que disponga a la comunión con los demás y en concreto, con los más vulnerables. De lo contrario, todos los esfuerzos por salir de este colectivismo sin alma podrían revertirse, pues los problemas que teníamos se han agravado. Y mientras haya pobreza, el marxismo y el recurso a la violencia son siempre una amenaza.

La Iglesia, con su mensaje de amor, puede ayudarnos mucho en este proceso de clarificación de lo que sea el verdadero humanismo cristiano. Pienso que nuestras circunstancias nos piden ver que todas las vidas están entrelazadas y son muchas las personas que precisan de ayuda (bien sea material o espiritual) para surgir.

Ofelia Avella
ofeliavella@gmail.com
@ofeliavella
@ElNacionalWeb

ROMÁN IBARRA: EL PLAN TRUMP

El Gobierno de los Estados Unidos ha presentado un plan para la transición en Venezuela, que en síntesis, se parece mucho al que ya había presentado Guaidó en medio de las negociaciones realizadas en Noruega y Barbados, y que el oficialismo rechazó en su momento. 

Ello demuestra la sintonía que existe entre la oposición liderada por Guaidó, y los aliados internacionales, en cuanto a la posibilidad de buscar salidas políticas, pacíficas y electorales. 

En los encuentros previos, el oficialismo utilizó esos eventos para ganar tiempo y evitar el objetivo para el cual se creó la negociación, es decir, para no llegar a nada. 

Hoy, las cosas han cambiado sustancialmente en términos del empeoramiento de las condiciones de vida de los venezolanos, y de las posibilidades de maniobra del régimen de Maduro, habida cuenta de que las sanciones internacionales han producido mermas significativas en sus ingresos, pero sobre todo, un deterioro cada vez mayor en la calidad de vida de la gente común. 

Evidentemente, las sanciones son la consecuencia y no la causa de la crisis profunda por la que atravesamos los venezolanos; esta crisis fue creada por la incompetencia, y la corrupción de los peores gobiernos que haya tenido la República en toda su historia, y me refiero obviamente a los 21 años de ejercicio ininterrumpido en el poder de Chávez y Maduro. 

Hasta el momento, el oficialismo luce un tanto dividido entre quienes lo rechazan de plano, y otros como Jaua, quien propone algo similar, pero con el matiz de que lo lidere, precisamente Maduro, a todas luces el menos conveniente, pero ineludible en cualquier negociación porque es quien ejerce el poder real. Igual diferencia de criterios existe en sectores de la oposición. 

Se trata de otra oportunidad para buscar soluciones pacíficas en medio de un ambiente polarizado, característica ésta que no auspicia entendimientos en breve. No obstante, no podemos rendirnos ante la adversidad, seguir buscando salidas, y evitar más deterioro. 

En medio de este difícil panorama aumenta la presión internacional, pues por una parte la Fiscalía General de Estados Unidos luego de larga investigación, incluye en la lista de narcotraficantes y terroristas a 13 funcionarios del oficialismo venezolano, encabezados nada menos que por Maduro, Diosdado, y el ¨presidente¨ del tsj, y días después, el ejecutivo norteamericano ordena la operación militar antidrogas más grande realizada hasta el presente, y que abarca el Caribe y parte del Pacífico para contrarrestar la acción del narcotráfico internacional. 

En nuestra opinión, más allá de las consideraciones catastrofistas que algunos le imprimen, según sus intereses, es hora de encontrar una salida política al drama humanitario venezolano, el peor del hemisferio sin duda, y ahora con el añadido de la pandemia mundial del Coronavirus, en medio de la destrucción casi total de nuestro sistema de salud con la imposición del socialismo del siglo XXI. 

Esta pandemia evidentemente cambia todo, especialmente por los lapsos legales que habría que cumplir para la designación de un nuevo CNE, la depuración del Registro Electoral, y decidir luego de que se controle finalmente al COVID-19, si habrá elecciones conjuntas para la presidencia y el parlamento, con la participación de los organismos internacionales que le den credibilidad al proceso, lo cual incluye, que en la transición no participen directamente ni Maduro, ni Guaidó. 

Lo que sí se puede acordar ya, como muestra de buena voluntad de las partes es el reconocimiento del oficialismo de la AN liderada por Guaidó, para juntos gestionar los préstamos respectivos del FMI, y la CAF para enfrentar la crisis de la pandemia, así como la restauración de los sistemas hidrológico y eléctrico a nivel nacional, y la liberación plena de todos los presos políticos. 

Hagámoslo! 

Román Ibarra:  
romanibarra@gmail.com
@romanibarra

ANTONIO JOSÉ MONAGAS: LA PATÉTICA SOCIEDAD DE LOS “CARITAPADAS”

El mundo, actualmente, presencia asombrado, perturbado y además temeroso, los embates inducidos por el furor de un microorganismo que por su naturaleza, ha buscado subsistir arrebatándole intempestivamente la vida al hombre. Sin violencia alguna, golpes de Estado o episodios de fuerza aprovechándose de una gesta revolucionaria o militar, este minúsculo organismo propio de una biología mutada o simplemente originado en un proceso de extraña genética, se ha propagado por  casi todo el planeta. Así ha hundido al planeta en una patética oscuridad.  

Su sigilosa forma de diezmar importantes segmentos de población, no ha requerido de un comando central apoyado por furibundos sicarios, encrespados soldados y enardecidos mercenarios. Ni tampoco de una estrategia ofensiva planificada con la antelación suficiente para lograr su cometido. Sin embargo, su ofensiva le ha resultado para haber descompuesto los mecanismos a partir de los cuales ha venido articulándose la economía mundial a la exigencias y necesidades de la sociedad. Sobre todo, en su afán de imbuirse en procesos políticos por lo cual le ha sido posible controlar los cambios que perfilan la dinámica del mundo en términos de las manifestaciones de mayor pujanza y capacidad de intervención en todas las esferas funcionales posibles. 

Las iracundas incursiones de tan minúsculo ser vivo, caracterizadas por una voracidad inimaginable, ausentes de alguna subversión organizada, provocaron el caos sanitario, y al mismo tiempo la corrida financiera jamás imaginada por estudiosos de la macroeconomía. Pareciera que su ímpetu podría investirlo de la disposición para azuzar al mundo a plantearse un nuevo orden social, una teoría política de nueva ascendencia y un reacomodo de la fuerzas que mueven la economía mundial. 

En consecuencia, el tamaño monumento de poder detentado por tan reducido virus, mentado como SARS COVID-19 por los virólogos y estudiosos de patologías de crítica base, por su condición de pandemia, entraña una continua amenaza de movilización de todos los factores que le imprimen forma y sentido al mundo. Tanto, que hay quienes aseguran que su incidencia devino en un desarreglo casi total y a nivel mundial. 

No sólo ha sido la dinámica política y la funcionalidad de la economía, los estamentos que han comenzado a transformarse desde adentro para entonces trazar nuevos conceptos y prácticas ante desconocidos derroteros. La sociedad no podría escapar de los avatares que vayan articulándose a las reformulaciones que en lo sucesivo se impondrán de manera inexorable. De hecho se ha dicho que una crisis económica envolvente “(…) está en ciernes”. 

Si bien los destrozos causado en la economía, y desde luego en la relaciones geopolíticas y diplomáticas son indiscutibles, los estragos que afectarían la sociedad como conjunto de vinculaciones que exhortan las capacidades del ser humano a partir de las cuales hace posible su desarrollo en todos los ámbitos de la vida, serán catastróficos. Especialmente si se tiene como premisa, que la vida se fragua en el encuentro natural entre personas al momento de expresar sus afectos o demostrar sus diferencias. Y desde esta perspectiva, se entiende que el apego interpersonal es predominante pues expresa la necesidad de compartir espacios y anudar sentimientos. Y es precisamente, lo que no calza con los rasgos que comporta el llamado CoronaVirus. Más, cuando su contagio se alcanza en el encuentro cercano entre personas cuando actúan en cercanía. Y la única forma de evitarlo, es el distanciamiento social por cuanto restringe el roce social. 

Pero al margen de la importancia que tiene el roce social, al actuar a favor de la felicidad y bienestar humano, habida cuenta de que es sabido que un abrazo beneficia al organismo al activar hormonas que contribuyen a generar salud mental, emocional y física, se tiene el problema que representa la situación inducida por la pandemia del coronado virus. Tan necesaria y natural manifestación de afecto, se convirtió ahora en una espantosa condena.  

La desgracia suscitada por su calamitosa incidencia, ha obligado a renunciar a tan hermoso e imperioso gesto de amistad o querencia. Igualmente, a dar la mano como signo de saludo. Y es porque resulta difícil inhibirse de acusar tan ancestral costumbre. Incluso, propuesta entre las recomendaciones de cortesía y urbanidad esbozadas por el profesor Manuel Antonio Carreño. Las mismas expuestas con el fin de establecer y motivar a que la sociedad adquiriera un comportamiento social que bien se correspondiera con una cordialidad que implica coexistir con otros a la orden de un ancho concepto de ciudadanía. 

Son variadas las contrariedades que se tienen a sabiendas que la forma más expedita de prevenir el contagio, es evitando el acercamiento que se consigue en el roce social normal de contacto entre personas. Desde luego, esta es razón de peso para solicitar el uso de tapabocas o mascarillas cuando se está cercano a alguien. Pero aún así habrá que aceptarlo pues ahora se vive en medio de una realidad perdida y abrumada por el miedo y la confusión. Además, oscura por causa de las tinieblas bajo las cuales el poder del CoronaVirus luce horrendamente radical. Y es lo que ha valido la determinación de autoridades sanitarias para ordenar el empleo de las caretas o máscaras. Todo así, cual carnaval en tiempos de la “Divina  Comedia”, obra del florentino Dante. 

El distanciamiento social es ahora el castigo que, según el poeta Dante Alighieri, deben pagar todos los pecadores del infierno. Así que cuanto mayor ha sido el pecado, menor es el espacio físico para compartir con el otro. De ahí que el alejamiento o distancia social que en adelante debe marcarse, se convirtió en la peor psicosis que ha afectado el hombre en términos de su convivencia. Dicho escenario, proyecta la imagen de pretéritas realidades en que la sarna (de revelación bíblica) o escabiosis cundió buena parte de la geografía mundial. Asimismo, fue la “gran peste” que se irrigó con sorprendente fuerza a mitad del siglo XIV.  

Aunque las actuales realidades justifican estas limitaciones en el proximidad como un “mal necesario”, es posible que la depresión juegue en ello el papel de perturbador en la mente de quien pueda padecerla. No obstante, la esperanza de superar la crisis producida por tan terrible pandemia, no desaparecería. Más, si se entiende que por encima de cualquier contingencia que pueda vulnerar emociones y sentimientos, el ser humano jamás dejará de ostentar la complejidad que distingue su esencia y determina su sensibilidad garantizándole así la satisfacción de reconocerse desde su existencia plena.  

Y no hay duda que con cada pálpito de vida, nadie aceptará que su existencia se vea restringida por el impedimento de vivir desde la condición natural que hace al hombre una especie social o comunitaria. O que a juicio de Arsióteles, denominó “hombre político”. Y es, precisamente, lo que choca con esa obligación de acatar  el distanciamiento social impuesta por el temor a ser contagiado del terrible virus coronado.  

Por tan siniestra razón pareciera obvio que, mientras se viva sometido por el reinado de tan maléfico virus, deberá aprenderse a andar como el propio “enmascarado”. Aunque finalmente esto haga de la persona, un simple anónimo. Que viva en una sociedad en la que nadie conoce a nadie. Y en consecuencia, asumiendo la situación de vivir castigado por rechazos y rebotes de afecto. Tan cierto, como porque en adelante deberá aceptarse que, por un tiempo incógnito, habrá de vivirse a desdén de lo que la psicología define como “la felicidad humana”. Donde poco o nada se justificaría el adagio de Juan M. Donoso Cortes, filósofo y político español, cuando refirió que “hay que unirse no para estar juntos, sino para hacer algo juntos”. O acaso habrá que supeditarse a los mandatos que habrá de imponerse en la patética sociedad de los “caritapadas”.  

Antonio José Monagas
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