sábado, 1 de junio de 2019

ACTUALIZACIÓN, EL REPUBLICANO LIBERAL II, SÁBADO 01-06-2019

MIBELIS ACEVEDO DONÍS, HORA DE NEGOCIAR

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 5 minutos
"Al menos 30 niños requieren trasplante de médula ósea urgentemente y el régimen no lo garantiza”, advierte Abel Sarabia, vocero de Cecodap. Cuatro muertes dan fe del tenor de la fosa, este desahucio que colma al país. “Los niños en espera de un trasplante de médula caen como barajitas frente a nuestros ojos, uno, dos, tres, acaba de morir el cuarto. Muertos a plena luz”, escribe Susana Raffalli, al tanto del doloroso hilo que tensa. El retrato de la debacle del otrora país rico y hoy injustamente menesteroso, aliña la circunstancia con una exactitud que cae como fardo sobre expect... más »

EDILIO PEÑA ANTE EL NAUFRAGIO EL LÍDER QUE PERDIÓ LA SONRISA DEL MAR

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 9 minutos
Porque quien no reconozca la talla y estatura de su enemigo desde el primer momento de sus actos, terminará por estar a sus expensas. El amor es la única batalla en la que es legítimo ir desarmado a ella. Porque en el amor las mejores batallas son sublimes, porque nos abaten de otra manera. Batalla que se gana o se pierde, con el sentimiento más puro que ha edificado a la humanidad. Pero cuando como líder de un pueblo, te sientas a la mesa a negociar con tu enemigo, y vas desarmado política y militarmente, tus condiciones no significarán nada ante su determinación perversa de segui... más »

RICHARD CASANOVA, SOBRE LA NEGOCIACIÓN, LOS ANALISTAS DEL TECLADO Y OTROS EXTREMISTAS

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 30 minutos
Una negociación política actualmente en Venezuela puede tener distintos significados dependiendo de la posición desde la cual se aprecie el proceso y para eso es necesario advertir que en el campo opositor hay al menos tres grupos. Para los "extremistas belicistas" cualquier negociación está descartada, hacerlo es traición, no ven otra salida sino una confrontación violenta o una intervención militar que arrase con el chavismo. No creen en salidas electorales pues el dictador “jamás entregará el poder”, como si tal cosa dependiera de su voluntad. Son una minoría que hace mucho ruido... más »

GABRIEL S. BORAGINA: FORMALIDAD Y RESPETO

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 1 hora
Empecemos definiendo los términos a tratar, , y para ello vayamos al diccionario de la Real Academia Española: *formalidad* De formal e -idad. 1. f. Exactitud, puntualidad y consecuencia en las acciones. 2. f. Cada uno de los requisitos para ejecutar algo. U. m. en pl. 3. f. Modo de ejecutar con la exactitud debida un acto público. 4. f. Seriedad, compostura en algún acto. *respeto* Del lat. respectus 'atención, consideración'. 1. m. Veneración, acatamiento que se hace a alguien. 2. m. Miramiento, consideración, deferencia. 3. m. Cosa que se tiene de prevención o repuesto. Coch... más »

ALFREDO M. CEPERO: LOS DOCTRINARIOS FANÁTICOS

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 1 hora
El objetivo normal de los partidos políticos y de los hombres y mujeres que los integran es obtener la mayor cantidad posible de poder. A mayor poder mayores probabilidades de implementar su agenda y de aumentar su influencia. Pero ese poder necesita ser justificado por los beneficios que proporcione a quienes los apoyaron en las urnas. Cuando un partido político utiliza el poder para servirse a sí mismo e ignora las necesidades de la comunidad a la que está obligado a servir se arriesga a desaparecer. Esa es la situación en que se encuentra actualmente el Partido Demócrata de los... más »

ESTEBAN FERNÁNDEZ: AQUELLOS HIPÓCRITAS BARBUDOS

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 1 hora
La mayoría del pueblo los recibió en 1959 como si hubieran ganado la tercera guerra mundial. Lo primero que me llamó erróneamente la atención fue que tal parecía que había más comandantes que soldados. Un grupo de andrajosos -hoy en vía de extinción- que fueron convertidos en héroes por una cretinada cubana. Al recordar esa etapa inicial de nuestra tragedia me parece que estoy escribiendo sobre los dinosaurios en la era Mesozoica. Al único que conocí personalmente -y siempre nos llevamos mal- fue a “Pepe” Duarte Oropesa a quien acusaban de haberse puesto él mismo los gradoCOMO QUIN... más »

MIBELIS ACEVEDO DONÍS, HORA DE NEGOCIAR

"Al menos 30 niños requieren trasplante de médula ósea urgentemente y el régimen no lo garantiza”, advierte Abel Sarabia, vocero de Cecodap. Cuatro muertes dan fe del tenor de la fosa, este desahucio que colma al país. “Los niños en espera de un trasplante de médula caen como barajitas frente a nuestros ojos, uno, dos, tres, acaba de morir el cuarto. Muertos a plena luz”, escribe Susana Raffalli, al tanto del doloroso hilo que tensa. El retrato de la debacle del otrora país rico y hoy injustamente menesteroso, aliña la circunstancia con una exactitud que cae como fardo sobre expectativas y discursos. La vida se descuenta en horas, en minutos críticos para los más vulnerables… ¿cómo responder a ese tiránico hic et nunc que pone a todos contra las cuerdas? 

El tiempo aparece como primer coto para la decisión política. Decisión que movida por el deber de garantizar el bienestar de la gente, pasa por calcular cada una de sus potenciales resultas, siempre bajo la premisa de evitar el daño, primum non nocere. Tras malgastar la fe en quiebres improbables y la energía en lances que, en lugar de curar, prometen agravar la enfermedad; y viendo cómo la anti-fragilidad del régimen esquiva los bandazos, corresponde ahora revisar posturas pétreas como esa que machaca que “con criminales no se negocia”. Sí: es hora de negociar y de hacerlo bien, y con esta malherida patria como argumento. 

No hay pecado en ello, por más que los diletantes del “todo o nada” vuelvan a cabalgar dragones para enturbiar trámites que ya prosperan en Oslo. No cabe por tanto insistir en el efugio, no llamar a las cosas por su nombre, no abrazar con sagaz convencimiento la oferta del equipo de mediadores expertos bajo la batuta de Dag Nylander. Negociar, además, como recuerda William Ury -uno de los padres del programa de negociación de Harvard o método de negociación por intereses o por principios- es parte de la vida. La cotidianidad impone un perenne forcejeo con el otro; ni siquiera una polis rota puede prescindir de esa dinámica. Si hay intereses contrapuestos y un objeto deseado por dos o más partes, la puja será inevitable. Así que impulsados por la promesa del ganar-ganar y habiendo comprendido que la urgencia impele al áspero ejercicio de “tragar sapos”, lo razonable es respaldar la opción que supone menos traumas para los sufrientes venezolanos. 

A contramano del prejuicio tribal, no sólo es sano reconocer que existe un conflicto de alta intensidad en Venezuela, agravado por la polarización; sino que la evidencia histórica demuestra que en transiciones exitosas a la democracia, la negociación ayudó a zanjar peores atascos. No es naive pensar, por ende, que nuestro caso no será la excepción. Claro, más allá del desencuentro legítimo, urge abordar esa alternativa sin complejos ni intransigencias, y antes de que el escalamiento del conflicto nos confine a escenarios de inacabable deterioro, de violencia extendida y sin pretextos. 

El problema surge cuando las partes se aferran a ese escalamiento como modo seguro de debilitar al adversario. Una maniobra que cobra sentido si se cuenta con superioridad incontestable, una que de algún modo garantice topes para la acción. Pero sabemos que acá ningún bando tiene fuerzas para aniquilar al otro: el “empate catastrófico” es limitación que importa distinguir. Asistimos al ritual de dos toros que se embisten, que destruyen sus molleras mientras el país agoniza. 

¿Qué logran las posturas inflexibles? Que se profundice la polarización, la auto-frustración y la victimización, haciendo que cada parte espere lo peor de la otra, reduciendo la capacidad de distanciarse emocionalmente del conflicto. Para atajar el círculo vicioso del desbordamiento tocaría entonces hacer lo opuesto, aplicar torniquete al propio desenfreno. He allí un dilema: ¿cómo conciliar ese propósito con la estrategia que apela a lo insurreccional, al colapso, al garrote externo y la amenaza, a la presión de la sanción no distintiva cuyo efecto acaba siendo guillotina para justos y pecadores? En esa arena movediza bailamos. Eventualmente habrá que elegir entre avivar la “guerra de amagos” o inyectar una dosis de contención al instante, moderar la defensa a ultranza de posiciones, (“toda concesión es un signo de debilidad”) identificar una motivación genuina, común, y aferrarse a ella para llegar a acuerdos; elecciones libres, por ejemplo. Cosas que, estimamos, deberían fluir bajo la fórmula de la negociación asistida. 

“Al menos 30 niños requieren trasplante de médula ósea urgentemente”… motivos para negociar, en fin, no faltan. Esta vez tampoco faltan fortalezas para exigir compromisos a un régimen inoperante, o aliados que presten su know-how a favor de un camino de entendimiento para salvar a Venezuela. Dependemos entonces de lo extraordinario, esos “demócratas y hombres de bien con sentido de la proporción y de la historia”, como apunta Óscar Hernández. Ojalá que transitar esos nuevos itinerarios de la razón reserve sorpresas al respecto. 

Mibelis Acevedo Donís
@Mibelis

EDILIO PEÑA ANTE EL NAUFRAGIO EL LÍDER QUE PERDIÓ LA SONRISA DEL MAR

Porque quien no reconozca la talla y estatura de su enemigo desde el primer momento de sus actos, terminará por estar a sus expensas.

El amor es la única batalla en la que es legítimo ir desarmado a ella. Porque en el amor las mejores batallas son sublimes, porque nos abaten de otra manera. Batalla que se gana o se pierde, con el sentimiento más puro que ha edificado a la humanidad.

Pero cuando como líder de un pueblo, te sientas a la mesa a negociar con tu enemigo, y vas desarmado política y militarmente, tus condiciones no significarán nada ante su determinación perversa de seguir exterminando lenta y sistemáticamente, a ese pueblo que representas. En la mesa de negociación, mientras hablas y tomas agua, has olvidado por ignorancia u oscura complicidad, que el interlocutor con el que vas a negociar no es un mero oponente sino tu enemigo real. Porque quien no reconozca la talla y estatura de su enemigo desde el primer momento de sus actos, terminará por estar a sus expensas.

En la negociación, este hará contigo lo que le venga en ganas. Sabes que primero elegiste la diplomacia blanda, después la diplomacia dura. Mas te asaltó el temor cuando la única acción de verdad que te quedaba y correspondía, era elegir y activar la acción militar más sofisticada y jamás imaginada por tu enemigo. Porque al enemigo de un pueblo también hay que hacerle conocer el horror con el que se ha ensañado con sus víctimas. Tu error, entonces, lo motivó la creencia de que tu enemigo tiene un rango político anclado en la civilidad ideológica, como es en tu caso. No despertaste a la realidad de convencerte de que tu enemigo es un delincuente, un terrorista, un narcotraficante, un asesino, un torturador, que se apoderó y destruyó al país que dices amar con sus más de treinta millones de personas. Militas en el vencido paradigma de la lucha política.

Se trata entonces de meditar, no confiarse completamente del pensamiento lógico. Ciertamente, la civilidad promueve la paz. El diálogo es el sostén de la paz, pero cuando se escucha al otro y eso genera modificaciones en el cuerpo social e individual. De lo contrario no será diálogo, será una mímica traducida. El diálogo es un principio y una razón de la democracia. Por lo tanto, la conducta pacífica tiene un umbral de tolerancia que no debe pervertirse con el martirologio impotente e inútil. En ese escenario se convocan y progresan tres estrategias que le dan soporte a la posibilidad de defensa y combate de un pueblo en riesgo de perder su libertad, y con ella su vida ya hecha cadáver: la manifestación de protesta, la rebelión y la insurrección.

Lo táctico es no permitir que ninguna de las tres sea devorada por un tiempo inoportuno y excesivo. De ocurrir, el ciudadano extraviará su rol político y sucumbirá a la depresión o a la ira ciega. La enfermedad y el hambre convocarán a los buitres. Los venezolanos en veinte años de dictadura, sólo han puesto en marcha la manifestación popular. La única diferencia a la hora de luchar por la libertad de un pueblo en una democracia en riesgo y una dictadura que se perpetua, es que en la primera, el cese del abuso del poder por lo general ocurre en la primera o segunda fase: manifestación de protesta o rebelión.

En cambio, para liberarse de una dictadura totalitaria de nueva clasificación, el pueblo conducido por sus líderes, debe estar persuadido y determinado a transitar con valor toda la ruta planteada, hasta llegar a la insurrección total para poder derrotar a la dictadura feroz, y así ejecutarse la deseada transición.

Seguramente, en el momento de esa épica estelar, parafraseando a Wiston Churchill, habrá sangre, sudor y lágrimas.

Edilio Peña
edilio2@yahoo.com
@edilio_p

RICHARD CASANOVA, SOBRE LA NEGOCIACIÓN, LOS ANALISTAS DEL TECLADO Y OTROS EXTREMISTAS

Una negociación política actualmente en Venezuela puede tener distintos significados dependiendo de la posición desde la cual se aprecie el proceso y para eso es necesario advertir que en el campo opositor hay al menos tres grupos. Para los "extremistas belicistas" cualquier negociación está descartada, hacerlo es traición, no ven otra salida sino una confrontación violenta o una intervención militar que arrase con el chavismo. No creen en salidas electorales pues el dictador “jamás entregará el poder”, como si tal cosa dependiera de su voluntad. Son una minoría que hace mucho ruido en las redes sociales pero tiene escasa capacidad de movilización. Su vanguardia son los llamados "Guerreros del Teclado".

Luego en la punta contraria están los "extremistas complacientes", otra minoría. Estos utilizan la posibilidad de una intervención militar para justificar una inmediata negociación, obviando el prontuario de este régimen truculento. Quieren negociar sin condiciones, ni garantías. Atendiendo a sus propios intereses, algunos de ellos vienen negociando tras bastidores desde hace tiempo. En este grupo conviven colaboracionistas y eternos fracasados con gente que ingenuamente creen que la oposición democrática no desea negociar sino una salida cruenta. Los "Analistas del Teclado" es su vanguardia, son parientes malqueridos de los "guerreros" pero con ínfulas de intelectuales. Como se creen más inteligentes, no son frontales: esconden su permanente crítica a Guaidó y a la oposición tras la supuesta intención de corregir errores, promover consensos o construir una política alternativa. Corriendo siempre a ese mismo burladero, sostienen la amenaza de “deslindar”, cosa que han hecho innumerables veces sin tener la fuerza para realmente dividir a la oposición.

Desconocen a la unidad opositora a pesar de que los resultados electorales en los últimos tiempos han dejado claro cuál es su peso en la sociedad venezolana, carecen de la humildad para reconocer que el liderazgo que le ha tocado conducir esta coyuntura tiene el apoyo de más de 60 países y sostiene una política con amplio respaldo popular. Ni siquiera son capaces de reconocer los avances y que -al margen de los errores- es gracias a ese liderazgo que hoy estamos a las puertas de una salida a esta tragedia. Al contrario, pasan el día sumergidos en la retórica del fracaso: nadie sirve y todos estamos equivocados, solo esa élite de iluminados es dueña de la verdad. Por eso siempre se sienten ofendidos por opiniones adversas, hablan de tolerancia y de tener el “cuero duro” pero cualquier roce les genera salpullidos. Sentirse irrespetados es no sólo otro burladero sino su contra-argumento principal.

Y lo más grave, en especial los extremistas complacientes siempre buscan cualquier excusa para aliviar las culpas al régimen y deslizarlas a la oposición. Son benevolentes y comprensivos con la narco-dictadura pero implacables con Guaidó, la Asamblea Nacional o el G4, por ejemplo. Ya han dicho que la crisis es consecuencia de las sanciones o que es Guaidó quien debe solucionar el drama hospitalario con los recursos (no disponibles) de CITGO, solo les falta reconocer que el fracaso del gobierno es consecuencia de la “guerra económica”, del imperio o del capitalismo. Insólito!

Pudiéramos decir que los Guerreros del Teclado son algo más honestos en sus planteamientos, aunque igual de lesivos e irresponsables. Sin dudas, hay muchas coincidencias entre éstos y sus arrogantes parientes, los Analistas del Teclado. Ambos

exhiben odio y resentimiento contra los partidos mayoritarios, unos porque comparten la perniciosa anti política, otros por la frustración que genera militar en partidos prácticamente inexistentes o con un extenso historial de fracasos. Su obsesión destructiva oculta la pretensión de igualar por abajo a toda la oposición para hacerse ellos visibles y lograr protagonismo. En el país de los ciegos, el tuerto es rey… Quizás no vean otra vía pues francamente ambos extremos tienen enormes carencias políticas y escaso respaldo popular: difícilmente ganarían una primaria, podrían defender un voto o convocar a una marcha. Pero si son expertos en criticar, "managers de tribuna" que nunca arriesgan su pellejo y jamás son perseguidos por el régimen. ¡Que casualidad!

En fin, ambos extremos benefician a la dictadura. Los belicistas contribuyen a la polarización y le brindan excusas al gobierno para la manipulación de la violencia. Mientras los complacientes le abren la puerta a una cohabitación perversa e inmoral que a la postre facilita al régimen su permanencia en el poder. Que aparezcan opositores disparando contra la oposición ya es ganancia para Maduro. Consciente o inconscientemente, le hacen el trabajo.

Por fortuna, hay una oposición responsable y moderada que el gobierno y los extremistas siempre procuran descalificar. Es una coalición mayoritaria que puso en marcha una política consensuada con la comunidad internacional y apoyada por los venezolanos en Asambleas de Ciudadanos. Su principal vocero es Guaidó, agrupa a los partidos que tienen capacidad político-electoral y ostentan la mayor representación parlamentaria. Para este sector, una intervención militar no es lo deseable, ni mucho menos la única salida, sino una posibilidad cierta que puede obligar a una negociación política con un marcado arbitraje de la comunidad internacional, lo cual evitaría que ese esfuerzo se convierta en otra burla a los venezolanos. Habida cuenta de la vocación delictiva del régimen, una negociación que derive en elecciones libres solo es posible bajo una enorme presión social y política, nacional e internacional. Así que "todas las opciones están en la mesa", no es entonces una consigna bélica sino la expresión de quien evalúa todas las alternativas para alcanzar una salida pacífica y electoral.

Claro, es justo decir que entre los extremistas belicistas hay gente que honestamente piensa que no hay otra salida. Así como entre los extremistas complacientes debe haber muchos ingenuos o confundidos creyendo en pajaritos preñados. En el mejor de los casos, ninguno ha entendido que estamos ante un proceso sumamente complejo que exige plena confianza en el liderazgo que lo conduce. Ojalá reflexionen, no es tiempo de mezquindades y el país le pasará factura a quienes no aporten a la unidad en esta hora crucial.

Richard Casanova
@RichCasanova

GABRIEL S. BORAGINA: FORMALIDAD Y RESPETO

Empecemos definiendo los términos a tratar, , y para ello vayamos al diccionario de la Real Academia Española:

formalidad

De formal e -idad.

1. f. Exactitud, puntualidad y consecuencia en las acciones.

2. f. Cada uno de los requisitos para ejecutar algo. U. m. en pl.

3. f. Modo de ejecutar con la exactitud debida un acto público.

4. f. Seriedad, compostura en algún acto.

respeto

Del lat. respectus 'atención, consideración'.

1. m. Veneración, acatamiento que se hace a alguien.

2. m. Miramiento, consideración, deferencia.

3. m. Cosa que se tiene de prevención o repuesto. Coche de respeto.

4. m. miedo (‖ recelo).

5. m. desus. respecto.

6. m. germ. espada (‖ arma blanca).

7. m. germ. Persona que tiene relaciones amorosas con otra.

8. m. pl. Manifestaciones de acatamiento que se hacen por cortesía. 

(Real Academia Española © Todos los derechos reservados) 

Como el mismo diccionario lo explica sin más análisis que el examen de cada una de las locuciones arriba transcriptas, la formalidad y el respeto -que casi todo el mundo confunde o asimila como si fueran la misma cosa- no guardan punto de contacto entre sí. Se tratan de dos cosas diferentes, que bien pueden ir juntas o separadas, pero que no se confunden ni identifican.

Yo siempre he privilegiado el respeto por sobre la formalidad, porque -para mí- la formalidad tiene que ver con el aspecto extrínseco en materia de relaciones sociales, en tanto que el respeto tiene que ver con el intrínseco.

De donde, se puede ser respetuoso e informal, como asimismo y -en sentido contrario- se puede ser formal e irrespetuoso. Una cosa no va con la otra, como mucha gente cree en contrario.

Siempre he sido enemigo de las fórmulas acartonadas y aparatosas, tan caras a mis colegas de profesión.

A veces, y con personas desconocidas, esto me ha obligado a hacer las aclaraciones respectivas. Con el objeto de lograr un acercamiento y un mejor entendimiento, sobre todo si el contacto es con el objeto de tener un trato más o menos frecuente, en el corto, mediano o largo plazo, cuando me presentan o conozco a alguien comienzo tuteándolo con la expectativa de la devolución de un trato similar por parte de mi interlocutor. En el 99% de las situaciones la devolución se produce y el trato sucesivo se entabla en esos términos, de cordialidad, y mutua confianza. Tengo probado en lo personal que allana el camino y -al menos a mí- me facilita mucho el futuro desempeño laboral -o de otro tipo- con la persona recién conocida.

En el escaso 1% restante, cuando esa devolución no se produce, procedo a aclarar este punto en los mismos términos que aquí lo hago ahora. Explico que con el tuteo no busco faltar el respeto del otro, sino que -en mi caso- es lisa y llanamente una demostración de acercamiento, cordialidad y simpatía hacia el otro. Y que lo interpreto de idéntica manera cuando soy yo el objeto del mismo trato verbal.

Salvo contextos muy puntuales, trato de "usted" a alguien cuando estoy muy irritado (lo que es rarísimo), o cuando específicamente esa persona me irrita o procura hacerlo. Esto es otra demostración de que formalidad y respeto no son sinónimos, porque si bien en estos escenarios suelo ser formal no lo soy con la intención de respetar a quien deliberadamente me está ofendiendo, ya sea con el trato verbal o con su conducta. Pero aun en estos supuestos lo hago como recurso de última instancia. Hasta donde me es posible, intento entablar o restablecer con mi agresor verbal un trato de familiaridad respetuosa. Si no lo logro, pese a mis esfuerzos, entonces cambio de actitud. Fuera de estas circunstancias, sólo dejo de tutear al otro cuando me lo pide, expresamente o por otros medios. Si yo continuara dispensándole un trato que explícitamente me ha pedido que no le dé, yo le estaría faltando el respeto a él (o ella). Y viceversa.

Cuando me veo obligado a tratar de "usted" a alguien (cosa que jamás hago espontáneamente) siento que estoy poniendo una distancia con mi interlocutor que en el hipotético contrario no existiría. En realidad, es quien me obliga a tratarlo de ese modo quien trata de imponer esa distancia de mí y no al revés. Hay personas para las cuales esa distancia es importante para sus vidas de relación. Algo así como una especie de "autodefensa". Pero no es mi cuestión.

Es muy interesante constatar que el uso del "vos" -que alguna gente lo considera no sólo una "informalidad" sino también una "falta" de respeto- comenzó siendo todo lo contrario, es decir, un tratamiento verbal que representaba la forma más elevada de respeto. Así lo explica el siguiente lingüista:

"La lengua castellana, […], no escapa a la dialéctica de la inmutabilidad y la mutabilidad del signo lingüístico, padeciendo mutaciones tanto conscientes como inconscientes, replicando el ritmo en que deviene el mundo de la vida en su despliegue epocal. Nos puede servir también el caso del ‘voseo’ que nos caracteriza como hispanohablantes sudamericanos, a fin de reforzar esta idea que venimos desarrollando. Los españoles que llegaron a nuestro continente durante la Conquista todavía utilizaban el voseo en sus dos vertientes de forma reverencial y de signo de confianza. Este uso del ‘vos’ arraigó en América, en parte a través de la literatura incipiente y en parte porque los españoles mismos lo usaban reverencialmente entre ellos para diferenciarse de los nativos. El tiempo transcurrió y hoy millones de latinoamericanos lo usamos sin reverencialidad alguna. Sin embargo, el voseo comenzó a desprestigiarse en el siglo XVI en España, donde el castellano peninsular decantó unívocamente por el ‘tú’. Como se puede apreciar, estas metamorfosis lingüísticas dependen del devenir de los acontecimientos históricos, que siempre es circunstancial, contingente y orientado por la dinámica del mundo de la vida."[1]

Pero el respeto -insistimos- pasa por otro lado, que trasciende el uso del "vos" o del "usted". Pasa por una actitud integral hacia el otro, que tiene que ver -en parte- con el contenido del lenguaje y no con su forma. Por ejemplo, un insulto siempre será un insulto, sea que se diga en un contexto de "vos" o de "Ud." No será menos insulto porque quien lo emita lo haga en un lenguaje formal, por muy "educado" que dicho sujeto se crea.

Que la formalidad nada tiene que ver con el respeto lo brindan también otros ejemplos por el estilo. La familia es una más de esas muestras típicas. ¿alguien puede imaginar un ámbito donde reine la informalidad más absoluta entre sus miembros que el seno de una familia característica? Y sin embargo ¿alguien puede, asimismo, afirmar que -por dicho motivo- tales miembros de la familia están continuamente faltándose el respeto por tal causa? Creo que nadie en su sano juicio podría aseverar una cosa semejante. Y ello, sin perjuicio que, en algún evento aislado, pudiera registrarse una que otra desavenencia familiar pasajera, pero lo que nos interesa aquí es la regla general, no la excepción, y según aquella, en y dentro de las familias conviven armónicamente tanto la más incondicional informalidad como el más puro respeto.

En un nivel algo más bajo, lo mismo podría decirse de los amigos, los compañeros de trabajo, de estudios, etc. Se tratan todas de relaciones informales, pero siempre (en la mayoría de las condiciones) de franco respeto reciproco al mismo tiempo.

Esto se puede trasladar perfectamente a otros planos de análisis que exceden las relaciones interpersonales de amistad, negocios, comerciales, laborales, educativas, profesionales, etc.

Un ejemplo son las leyes, que son el paradigma de la formalidad más escrupulosa. No obstante, la gran generalidad de las leyes (al menos las argentinas) constituyen una soberana falta de respeto hacia los legislados por parte de los legisladores. Ejemplo inconfundible son las leyes fiscales, pero no son las únicas. Las leyes que violan las libertades individuales, la propiedad privada y las transacciones comerciales son el modelo, tanto de la formalidad como de la falta de respeto más abyecta que pueda concebirse.


[1] "A propósito del lenguaje inclusivo", por Claudio Marenghi -Pág. 6-Copyright © 2019 Instituto Acton, All rights reserved.

Gabriel S. Boragina 
@GBoragina  

ALFREDO M. CEPERO: LOS DOCTRINARIOS FANÁTICOS

El objetivo normal de los partidos políticos y de los hombres y mujeres que los integran es obtener la mayor cantidad posible de poder. A mayor poder mayores probabilidades de implementar su agenda y de aumentar su influencia. Pero ese poder necesita ser justificado por los beneficios que proporcione a quienes los apoyaron en las urnas. Cuando un  partido político utiliza el poder para servirse a sí mismo e ignora las necesidades de la comunidad a la que está obligado a servir se arriesga a desaparecer. Esa es la situación en que se encuentra actualmente el Partido Demócrata de los Estados Unidos.

Desde hace ya más de tres décadas el partido se ha ido desplazando hacia la izquierda, primero progresivamente y en los últimos 10 años en forma drástica. Barack Obama se propuso llevar a cabo una transformación radical de la sociedad capitalista y conservadora que había sido resucitada y fortalecida por el genio político de Ronald Reagan. Aunque Obama no logró totalmente su meta, sembró la semilla con la que los actuales líderes del partido están acelerando el proceso. Por ejemplo, hace diez años Bernie Sanders era una figura risible que pocos tomaban en serio. Hoy es el mentor de una proporción considerables de jóvenes y de líderes políticos que proponen al socialismo como solución a ancestrales desigualdades y a supuestas injusticias sociales.

Para congresistas como la socialista Alexandria Ocasio-Cortez, la palestina Rashida Tlaib, la musulmana Ilhan Omar y una veintena de damas abanderadas de la izquierda en la Cámara de Representantes ha llegado la hora de la transformación total. Son las damas que se sentaron juntitas, se vistieron de blanco en señal de solidaridad y vociferaron su desagrado durante el último discurso de Donald Trump sobre el Estado de la Unión. Ellas son las revolucionarias que van a cambiar al país y ya sabemos que, para los revolucionarios, la espera es una pérdida innecesaria de tiempo.
Lo más curioso es que, a pesar de ser una minoría dentro de la Cámara de Representantes, cuentan con un gran poder de intimidación. A tal punto, que hasta los aspirantes a la presidencia por el Partido Demócrata repiten sus consignas, adoptan sus políticas y piden su apoyo. Y más significativo todavía es el hecho de que hasta la Presidenta de la Cámara, la temible Nancy Pelosi, les tiene miedo y no se atreve a contradecirlas.

Por eso la Pelosi, aunque se opone a la idea, no se atreve a quitar de la mesa la locura suicida de un juicio político (impeachment)  contra el Presidente Trump. Nancy tiene la suficiente antigüedad en la Cámara para recordar el desastre sufrido por los republicanos cuando trataron de hacer un juicio político a Bill Clinton. Pero eso no es tomado en cuenta por unos socialistas que no tienen partido ni tienen patria. Eso sí, tienen una doctrina que expresan, defienden y promueven en forma fanática.
De ahí que a estos socialistas que navegan en los llamados "medios sociales" no les importe destruir al Partido Demócrata y causar un daño irreparable a los Estados Unidos. Lamentablemente para ellos, sus millones de seguidores en los medios sociales no constituyen seguridad alguna de que asistirán a las urnas el día de las elecciones. La "mayoría olvidada y silenciosa" que puso a Donald Trump  en la Casa Blanca en 2016 no reveló sus preferencias en las encuestas ni navegaba en los medios sociales. Se presentó en las urnas el 8 de noviembre y salvó a los Estados Unidos.

Por otra parte, el golpe más contundente recibido por estos doctrinarios fanáticos ha sido el informe del Procurador Especial Robert Mueller. Durante más de dos años, Bob Mueller fue aclamado por ellos como el arcángel vengador que destruiría a Donald Trump. No estaban preparados para una absolución del presidente y de los miembros de su campaña. Cuando Mueller concluyó su informe afirmando: "No existe el más mínimo indicio de que ningún norteamericano participara activamente en actividad ilegal alguna", se les unieron el Cielo y la Tierra.

Ante la imposibilidad de enfrentarse a los logros de Trump en la economía, el empleo, la política exterior y la seguridad nacional no tienen otra alternativa que seguir hostigándolo con falsas acusaciones e incesantes investigaciones. Quieren repetir las investigaciones concluidas por Mueller sin los cuantiosos recursos con los que contó el Procurador Especial.

Mueller investigó a Trump por 675 días, gastó 25 millones de dólares, entrevistó a 500 testigos, tuvo a su disposición 40 miembros del FBI y contó con la asistencia de 19 abogados, todos ellos simpatizantes de Hillary y del Partido Demócrata. Y con todas esas cartas marcadas no tuvo otra alternativa que exonerar a Trump. Me gustaría preguntarle a Mueller en que momento dentro de este infame proceso se dio él cuenta de que Trump era inocente.

Cuando analizo estos dos años y medio de acusaciones sin fundamento e investigaciones infructuosas llego a la conclusión de que estos enemigos de Trump son , además de fanáticos, unos totales ignorantes. Hubo tiempos en que demócratas y republicanos fueron capaces de coordinar esfuerzos para servir al pueblo norteamericano. Habían diferencias políticas y hasta animosidades personales pero fueron superadas en función de servicio a sus electores.

Muy pocos seres humanos han sido más diferentes que el Presidente republicano Ronald Reagan y el Presidente demócrata de la Cámara de Representantes Tip O'Neill. Quizás lo único que tenían en común era su ascendencia irlandesa. Por otra parte, Reagan era un conservador que desconfiaba de un gobierno con excesivo poder. O'Neill un izquierdista que consideraba al gobierno la solución a todos los problemas sociales.

En público ambos se atacaron mutuamente. En privado pusieron a un lado sus diferencias. Dos días después de que Reagan fuera electo presidente por mayoría abrumadora, O"Neill declaró: "Vamos a cooperar con el presidente. América esta primero y el partido después". Ganaron sus dos partidos y, sobre todo, el pueblo de los Estados Unidos. Es obvio que Nancy Pelosi y sus apandillados doctrinarios fanáticos son incapaces de profesar el patriotismo e imitar el pragmatismo de Ronald Reagan y Tip O"Neill.

Un ejemplo similar fue dado más tarde por una improbable alianza entre el Presidente demócrata Bill Clinton y el Presidente republicano de la Cámara de Representantes Newt Gingrich. En la noche del 28 de octubre de 1997, Newt Gingrich visitó la Casa Blanca para supuestamente discutir los detalles del presupuesto de 1998.

En realidad, Clinton y Gingrich estaban dando los últimos toques a una coalición política centrista con la capacidad de resolver los problemas confrontados por los planes de Medicare y del Seguro Social. Todo había sido mantenido en secreto para evitar que el proyecto fuera descarrilado por los ataques de los extremistas en ambos partidos. Unos días más tarde, Clinton se dirigió a la nación y declaró: "Se acabaron los tiempos del estado todopoderoso". Hoy esto hubiera sido una blasfemia que le habría costado la presidencia a Bill Clinton.

Me temo que en estos tiempos de turbulencia y desesperanza estos ejemplos de patriotismo y servicio no tienen probabilidades de repetirse. No nos queda otra alternativa que invocar la intercesión divina y pedirle a Dios que "Salve a América".

Alfredo M. Cepero
lanuevanacion@bellsouth.net
@AlfredoCepero
 Director de www.lanuevanacion.com

ESTEBAN FERNÁNDEZ: AQUELLOS HIPÓCRITAS BARBUDOS

La mayoría del pueblo los recibió en 1959 como si hubieran ganado la tercera guerra mundial. Lo primero que me llamó erróneamente la atención fue que tal parecía que había más comandantes que soldados. Un grupo de andrajosos -hoy en vía de extinción- que fueron convertidos en héroes por una cretinada cubana. Al recordar esa etapa inicial de nuestra tragedia me parece que estoy escribiendo sobre los dinosaurios en la era Mesozoica.

Al único que conocí personalmente -y siempre nos llevamos mal- fue a “Pepe” Duarte Oropesa a quien acusaban de haberse puesto él mismo los gradoCOMO QUINCE, s y cuando yo en California le toqué el tema se rió y me dijo: “Si, es cierto, pero todos los demás, -más o menos- hicieron lo mismo o ¿quiénes tú crees que les pusieron las estrellas en los hombros a Fidel y a Raúl? Pues, ellos mismos…”

Se hicieron famosos de sopetón. Ya para mayo del 59 yo me sabía los nombres de la mayoría de ellos. Y todo esto lo escribo de memoria. Parecían -con los rosarios y escapularios en sus cuellos- buena gente, pero resultaron ser -en un 99% de los casos- tremendos H.P.

El más joven era Joel Iglesias, el más chusma era Efigenio Ameijerias y el más viejo era el traficante Crescencio Pérez. El único con prosapia familiar era Raúl Chibás. El penúltimo en fallecer -que yo sepa- fue Víctor Bordón Machado y después en el Jackson Hospital falleció, Jaime Costa.

Fue ascendido a comandante en enero de 1959, después de haber perdido las dos piernas y una mano como resultado de su actividad terrorista.

En el grupo de comandantes estaba un sinvergüenza delincuente común condenado como falsificador de cheques llamado Raúl Menéndez Tomassevich. Fue en la prisión de “Boniato” donde se empató con los Castro. El primero en morir fue “Paco” Cabrera destrozado por la hélice del avión en el viaje inicial a Venezuela del dictador.

Cristino Naranjo fue balaceado a la entrada de Columbia por Manuel Beatón. Faustino Pérez se choteó completamente al frente del Ministerio de Recuperación de Bienes. De “león” contra Batista resultó ser un “ratón” durante el castrismo.

Me caía bien mi coterráneo Raúl Díaz Torres y como una patada en el estómago Raúl Castro, el Che Guevara, Ramiro Valdés y Faure Chomón. A Fidel Castro ni lo cuento porque mi padre me había inculcado un odio feroz contra él casi desde el mismo ataque al Moncada. Camilo, a pesar de la guataquería popular nunca fue santo de mi devoción.

Algunos como Pedro Luis Díaz Lanz, Ramón Güin, Aldo Vera Serafín, y casi todos los comandantes del Segundo Frente del Escambray abandonaron y se separaron del castrismo. Unos se fueron para Miami y otros sufrieron años de cárcel.

Como siempre me ha dicho Jorge Rodiles el primero en rebelarse, desde la misma Sierra, fue Higinio “Nino” Díaz. Las broncas entre “Nino” y Raúl fueron legendarias. Rolando Cubela participó en una conspiración para matar a Fidel Castro pero su actuación en la prisión dejó mucho que desear.

El caso más inverosímil fue el de Eloy Gutiérrez Menoyo que se escapó en bote, luchó contra el castrismo con las armas en sus manos, desembarcó allá, sufrió prisión, y a última hora “la defecó” yéndose para Cuba a vivir y murió siendo detestado por ambas partes del conflicto. Provenientes del antiguo ejército estaban Ramón Barquín, José Ramón “el gallego” Fernández, Enrique Borbonet y José Quevedo.

Huber Matos le envió una carta a Fidel Castro protestando contra la penetración comunista en el gobierno y cumplió largos años de prisión, pero no obstante eso muchísimas personas no le perdonaron nunca su actuación en Camagüey y siempre lo han acusado de haber fusilado a mucha gente. Matos fue detenido por el comandante güinero -antiguo empleado de “El Congo” de Catalina- Arsenio García Dávila.

Otros se acomodaron y utilizaron sus meses en las montañas como si se hubieran comprado el billete premiado de la lotería. Han vivido “como Carmelina” con el ‘tumbao’ de ser “Comandantes Históricos de la Revolución”, dos buenos ejemplos son los descarados Guillermo García Frías y Universo Sánchez. Otros que se hicieron conocidos del público fueron Rodiles, Lussón, Escalona, Acevedo, Casas Regueiro, Gálvez, Miret, Vallejo, Castilla. Y torturando en Vietnam estaba Fernando Vecino Alegret.

El delincuente común Juan Almeida fue uno de esos que su cercanía con Fidel Castro, y su sumisión absoluta, lo llevó a vivir como un marajá hasta el día de su muerte. Sin embargo, por mucho que he tratado no he podido conseguir un solo incidente que lo coloque participando de la represión en la Isla. “Vive bien” sí fue, pero parece que torturador no. Desde luego, él hizo buena la frase de “tanta culpa tiene el que mata la vaca como él que le aguanta la pata”.

Había algunos que eran más bien conocidos por su alias o “nombres de guerra”: “Diego”, “Villa”, “Nicaragua”, “Aníbal”, “Papito”, “Piti”, “Pinares”, “Polito”, “Olo”, “Lalo”, “Furry”, ” San Luis”. Llegó al exilio a través del puerto del Mariel -donde falleció- el comandante Víctor Mora quien fuera el primer jefe del Regimiento Agramonte en Camagüey. En Santo Domingo, desde hacía muchos años, estaba Delio Gómez Ochoa.

El repugnante del “Che” donde único se distinguió fue como asesino en serie y después como “carne de cañón” en Bolivia creyéndose que de verdad en la Sierra Maestra se había convertido -gracias a unas cuantas escaramuzas- en un verdadero guerrillero. Con anterioridad le habían dado varios puestos importantes y en todos fracasó.

Varios, como Félix Pena y Augusto Martínez Sánchez, se suicidaron, y fusilaron a William Morgan, a Humberto Sorí Marín, a Plinio Prieto, a Miguel Beatón y a Jesús Carrera. Otro criminal nato resultó ser el comunista Félix Torres en La Campana, Las Villas.

Hubo -y todavía algunos están ahí- varios que se fueron a estudiar en los países detrás de la cortina de hierro. Unos en el arte de la guerra y otros en “inteligencia, contra inteligencia y la represión” y alcanzaron los grados de generales.

Los peores esbirros han sido Ramiro Valdés, José Abrahantes y Manuel Piñeiro Losada alias “Barba Roja”. El soldado más sobresaliente de esa jornada fue el general Arnaldo Ochoa y precisamente por distinguirse tanto lo fusilaron.

Al final de la jornada fueron una monumental decepción para la tonta mayoría que creyó fanáticamente en ellos. Fue la primera ocasión en que me di cuenta de que la mayoría muchas veces se equivoca.

En resumidas cuentas, de ese grupo de barbudos con las estrellas en sus hombros yo creo que no quedan ni 15 vivos y son octogenarios pero como ninguno de ellos tiene vergüenza ni conciencia dudo mucho que internamente carguen con la pena de haber sido participes e iniciadores de la debacle en Cuba.

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Alfredo M. Cepero
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