viernes, 5 de abril de 2019

ACTUALIZACIÓN, "EL REPUBLICANO LIBERAL II”, VIERNES 05-04-2019,

MIBELIS ACEVEDO DONIS, LA LLAVE DEL LABERINTO

EL REPUBLICANO LIBERAL en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 8 minutos
La idea de que las autocracias no responden a la presión política parece cada vez más extendida entre nosotros. Lleva tiempo gestándose, claro, antes incluso de que contra toda evidencia empírica, a alguien se le ocurriese acuñar tóxicos mantras como “dictadura no sale con votos” o “con criminales no se negocia”; tóxicos, en la medida en que petrifican el pensamiento crítico y lo reducen al mero slogan, en que detienen la vigorosa sinapsis que da cabida a la duda o evitan el análisis sereno de procesos históricos y la revisión de viejas omisiones e imprudencias. Ciclos sin elaborac... más »

TRINO MÁRQUEZ, ELECTRICIDAD: EL ROSTRO DEL ATRASO Y LA REPRESIÓN

EL REPUBLICANO LIBERAL en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 22 minutos
Los cortes intempestivos y prolongados del flujo eléctrico le han dado un revolcón a nuestra vida cotidiana. Han golpeado la dinámica individual, familiar y colectiva. Todos los servicios que hacen más amable y llevadera la actividad diaria, han sido trastocados de forma repentina. La electricidad permite encender los bombillos y alumbrar ambientes oscuros. Mueve el motor de la nevera, fundamental para mantener los alimentos. Permite encender las cocinas, los televisores, los radios, los microondas, las lavadoras, secadoras y computadoras. Si se sale del hogar, la electricidad mu... más »

PEDRO ELÍAS HERNÁNDEZ, EL TERCER LADO

EL REPUBLICANO LIBERAL en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 29 minutos
Durante la crisis de los misiles en Octubre de 1962, el mundo fue llevado al límite de una guerra termo nuclear. La polarización Este-Oeste y la histeria belicista de los sectores más extremos en Washington y Moscú, estuvieron a punto de desatar un holocausto atómico. Durante esos días de octubre, Kennedy y Kruschev se encontraban atrapados en la dinámica guerrerista de los líderes más duros del Kremlin y los “halcones” del Pentágono. ¿Quién en su sano juicio podía estar de acuerdo con una guerra tan destructiva y apocalíptica? Pero la razón del poder estuvo a punto de privar por... más »

TULIO RAMÍREZ, MASLOW Y EL SOCIALISMO CHAVISTA

EL REPUBLICANO LIBERAL en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 36 minutos
El psicólogo estadounidense Abraham Maslow (1908-1970) fue el fundador de la llamada Psicología Humanista. Entre sus aportes teóricos quizás el más reconocido sea el de la Teoría de las Necesidades. De acuerdo con ella la satisfacción de las necesidades más básicas (respiración, alimentación, descanso, sexo) da lugar al surgimiento de necesidades superiores como las de seguridad, afiliación, reconocimiento y autorrealización. Así, una vez cubiertas las necesidades fisiológicas más básicas, procuramos satisfacer otras como la seguridad, vivienda, salud, amistad, afecto, hasta las ll... más »

RONNY PADRÓN, ¿CESE DE LA USURPACIÓN COMO DESIDERÁTUM?

EL REPUBLICANO LIBERAL en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 49 minutos
Aparentemente, luego del 23 de febrero del año en curso, una vez fallido el plan del Presidente de la República de Venezuela para ingresar ayuda humanitaria desde la hermana República de Colombia, algo muy grave ocurrió en el seno de su gobierno más allá del fracaso puntual del antedicho evento. Veamos. Hasta ese momento el Presidente de la República mantenía un propósito político rigurosamente enfocado en la concreción del publicitado proyecto: Cese de la Usurpación, Gobierno de Transición, y Elecciones Libres. Pero es el caso, que salvo el impactante retorno del Primer Mandatar... más »

CARLOS BLANCO, CAMBIO DE RÉGIMEN

EL REPUBLICANO LIBERAL en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 53 minutos
En este trabajo me propongo describir en forma somera la situación actual; las dificultades que tiene la oposición; y los elementos estratégicos que sugiero para producir la salida. *La catástrofe* El país vive una situación catastrófica que se conoce, se padece y es inocultable. La crisis eléctrica tiene las implicaciones sabidas y, además, es una síntesis brutal del estado de la sociedad. Venezuela se ha devuelto de un solo viaje al siglo XIX antes de la utilización de la luz eléctrica y ha suprimido no sólo la iluminación, el bombeo de agua y la preservación segura de alimentos... más »

MIBELIS ACEVEDO DONIS, LA LLAVE DEL LABERINTO


La idea de que las autocracias no responden a la presión política parece cada vez más extendida entre nosotros. Lleva tiempo gestándose, claro, antes incluso de que contra toda evidencia empírica, a alguien se le ocurriese acuñar tóxicos mantras como “dictadura no sale con votos” o “con criminales no se negocia”; tóxicos, en la medida en que petrifican el pensamiento crítico y lo reducen al mero slogan, en que detienen la vigorosa sinapsis que da cabida a la duda o evitan el análisis sereno de procesos históricos y la revisión de viejas omisiones e imprudencias. Ciclos sin elaboración cuya impronta seguirá allí, por cierto, encajada en nuestra espalda como un hinchado fardo, retando la certeza del baño irrepetible que invoca el río de Heráclito.

Cuesta identificar, sí, el cómo manejarse exitosamente en contextos como el nuestro, mientras al mismo tiempo se brega para que el menoscabo de la condición humana, el miedo o la indignación no anulen mente y espíritu con sus vacunas anti-racionalidad. Hoy pocos pueden darse el lujo de refugiarse en oasis ajenos a una pesadilla que aplica su rebanadora igualitaria; que nos deja, literalmente, secos y sin luces en pleno siglo XXI. Un Estado rebasado por la calamidad, una economía devastada, la vida bajo amenaza; eso y el hipertrofiado hartazgo apenas dejan lugar para una reflexión que vaya más allá de la simplificación propuesta por el marketing, el “todo o nada”, el blanquinegrismo de la lógica binaria.

Ah, pero justo allí está la primera tentación que la dirigencia debe torear: la de lanzarse a bailar en la misma arena movediza de la exasperación colectiva, la de diluirse en el pathos o desmantelar la trinchera de la razón asumiendo que, si las opciones políticas menguan, toca esperar a que el colapso, la rabia caótica, el desgaste o la contingencia –y no la deliberada acción del liderazgo- allanen el atasco. Salvando las distancias y aún admitiendo la rareza del pelaje de nuestra “bête noire”, no es esa la lección que dejan países donde la porfía dialógica se volvió herramienta de cambio para quienes resistían el embate despótico. Aún cuando la encrespada protesta adquirió protagonismo (un factor de tensión-presión al que también recurrió la oposición en los emblemáticos casos de Polonia, Checoslovaquia o Suráfrica, por ejemplo) la voluntad para encontrar salidas pacíficas dispuso variables distintas, destapó oportunidades de mediación donde en apariencia no las había, superó la expectativa y la inercia que el extremismo impedía conjurar.

En el caso venezolano no puede apartarse el hecho de que la política y sus tiempos se redimensionan gracias a una catástrofe social que reordena todo el menú de urgencias, uno cuya atención exige dosis ingentes de cabeza fría. Pero recordemos, además, que una realidad escindida -el poder simbólico en manos de la dirigencia opositora, por un lado, dueña de una auctoritas reconocida por buena parte del mundo (“aliados y confianza”, precisa Guaidó) pero limitada en su capacidad de ejecución; y un poder fáctico en manos de Maduro y su víscera militar, pero cuya solvencia logística y financiera para responder al descalabro es cada vez más exigua- hace insuficiente la potencia de cada uno, por sí solo, para cortar el nudo. Así, la inmovilidad que supone el topetazo de dos toros enganchados por los cuernos, es una promesa. ¿Qué pasará de mantenerse la resistencia a acordar jugadas que al menos logren aliviar el suplicio de la supervivencia?

La angustia no es gratuita. Mientras la retórica opositora escala y los desmanes del oficialismo para desactivar a su adversario no se hacen esperar, la expectativa de un mínimo consenso en torno a lo inaplazable es menos visible. La política, llave del laberinto, una y otra vez invocada para contrarrestar la visión de aniquilación del otro, insiste en volverse esquiva. Junto al recrudecimiento de la crisis, el escenario de confrontación (déjà vu tan terco como sus promotores) cobra nuevos vuelos entre opositores, aún a sabiendas de que quien moviliza colectivos y dispara también busca boicotear el sensato intercambio que lo pondría en tres y dos.

En medio del ardor antipolítico y los “Deus ex Machina” que algunos piden con cuchillo apretado entre los dientes, la propuesta de negociar salidas –sí, así como se negoció el ingreso de la ayuda humanitaria, lo cual comprueba la efectividad de una inteligente, práctica, no menos valiente presión política- sigue estando sobre la mesa servida por Mogherini y la UE. ¿Qué más se necesita entonces, amén de los motivos que impone la emergencia o el cálculo del costo de la violencia? Sin duda hará falta la capacidad del “hombre de acción” para entender el momento y conciliar lo irreconciliable, ese sentido de la realidad del que habla Berlin y que permite sacar jugo a la confianza depositada en el liderazgo. No es poca cosa, seguramente. Pero para ayudar a aterrizar lo que luce inalcanzable, ni más ni menos, están los políticos. A esa virtù seguimos apostando.

Mibelis Acevedo Donis
@Mibelis

TRINO MÁRQUEZ, ELECTRICIDAD: EL ROSTRO DEL ATRASO Y LA REPRESIÓN


Los cortes intempestivos y prolongados del flujo eléctrico le han dado un revolcón a nuestra vida cotidiana. Han golpeado la dinámica individual, familiar y colectiva. Todos los servicios que hacen más amable  y llevadera la actividad diaria, han sido trastocados de forma repentina.

La electricidad permite encender los bombillos y alumbrar ambientes oscuros. Mueve el motor de la nevera, fundamental para mantener  los alimentos. Permite encender las cocinas, los televisores, los radios, los microondas, las lavadoras, secadoras y computadoras. Si se sale del hogar, la electricidad mueve las fábricas, los ascensores donde operan las empresas, permite bombear la gasolina que surte los tanques de los automóviles. Internet, la telefonía móvil y los teléfonos inalámbricos, también se alimentan de la electricidad. El agua llega a las casas y centros de trabajo porque dispositivos eléctricos la impulsan. Pocas actividades u objetos escapan de la presencia de ese flujo energético, cuya existencia se conoce desde la antigüedad, pero que fue producido y aprovechado en gran escala  a partir de finales del siglo XIX, cuando Thomas Alba Edison inventó la bombilla incandescente y Nikola Tesla trabajó en el uso de la electricidad alterna en grandes proporciones.

El uso intensivo de la electricidad aparece en todos los textos e informes sobre el desarrollo económico y social, entre los indicadores fundamentales que miden el bienestar alcanzado por un país. Entre progreso y demanda de electricidad se da un vínculo concomitante. Salvo que la energía eléctrica sea remplazada por una fuente alternativa, como la energía solar, no es posible que se produzca una caída del uso de la electricidad que no refleje una contracción del Producto Interno Bruto y la riqueza de una nación.

La importancia de la electricidad y su nexo con el crecimiento y el bienestar fue entendida a plenitud por los distintos gobiernos nacionales desde la muerte de Juan Vicente Gómez, en diciembre de 1935, hasta el ascenso de Hugo Chávez al poder. En el Programa de Febrero, presentado en 1936 a la nación por el general Eleazar López Contreras, para aplacar las protestas desatadas en Caracas y otras ciudades tras la desaparición del tirano, ya se señala como prioridad la electrificación del país. Esa visión modernista se mantuvo como constante en los gobiernos posteriores; e impulsó los grandes proyectos para la construcción del Sistema Eléctrico Nacional. Incluso, Hugo Chávez entendió que sin energía eléctrica no era posible alcanzar un modelo autosostenido de crecimiento. El Plan de la Nación 2001-2007 y el Primer Plan Socialista, 2007-2013, destacaron la relevancia de mantener el SEN en óptimas condiciones. Lo que ocurrió después fue que colocó en manos inexpertas y voraces esa enorme responsabilidad. La impericia destruyó el sistema; y la voracidad se tragó los miles de millones de dólares que la bonanza petrolera permitió destinar al logro de ese objetivo.

La labor de demolición del SEN fue continuada con mucho ánicmo por Nicolás Maduro. A partir de 2013, cuando asume la presidencia de la República, la desidia dominante durante los trece años anteriores, se convierten en abandono y saqueo obsceno. El retroceso al pasado antediluviano se emprendió a toda marcha. Los informes de Víctor Poleo y Damián Prat, entre otros expertos en la materia, resultan inapelables y estremecedores. Los venezolanos hemos visto en vivo  el desplome de un sistema que era motivo de orgullo nacional: en él trabajaron nuestros mejores profesionales; y era modelo de eficiencia en América Latina y el mundo.

Nicolás Maduro, auxiliado por su impresentable ministro de Comunicación, trata de controlar los daños y ocultar su responsabilidad en el colapso de los servicios de electricidad y agua. La estrategia adoptada es sencilla: adultera la realidad a través de las cadenas de radio y televisión; reprime con violencia las protestas populares; desinforma a través de la Red de Medios Públicos, por donde se transmiten hasta el hastío las explicaciones estrambóticas inventadas por el régimen; e intimida y obliga a guardar silencio a los grandes medios de comunicación masivos, incluidos los circuitos radiales, a los que se les prohibió organizar operativos especiales para informar a la ciudadanía acerca de los apagones. Conatel se convirtió  en el rostro oculto del Sebin, la GNB, la PNB, las Faes y los colectivos. Es el brazo desarmado de la represión, pero igual de agresivo.

El madurismo representa la encarnación del atraso y la violencia. Afortunadamente, el descalabro del sistema eléctrico y de la distribución de agua ocurren en un momento en el cual la oposición se reorganiza en torno a Juan Guaidó. No le será fácil evitar pagar el costo del martirio al que somete a los venezolanos.

Trino Marquéz
@trinomarquezc
           

PEDRO ELÍAS HERNÁNDEZ, EL TERCER LADO


Durante la crisis de los misiles en Octubre de 1962, el mundo fue llevado al límite de una guerra termo nuclear. La polarización Este-Oeste y la histeria belicista de los sectores más extremos en Washington y Moscú, estuvieron a punto de desatar un holocausto atómico. Durante esos días de octubre, Kennedy y Kruschev se encontraban atrapados en la dinámica guerrerista de los líderes más duros del Kremlin  y los “halcones” del Pentágono.

¿Quién en su sano juicio podía estar de acuerdo con una guerra tan destructiva y apocalíptica? Pero la razón del poder estuvo a punto de privar por encima del poder de la razón. Ambos líderes, tanto el Presidente de EE.UU como el Secretario del PCUS descubrieron a tiempo que los correos de comunicación que utilizaban servían más al interés de un desenlace desastroso que a los intereses de la paz mundial. De allí que decidieron explorar otra vía para comunicarse, a la cual llamaron “el tercer lado”. Burlando los canales que se habían utilizado hasta ese momento,  Kennedy y Kruschev lograron llegar a un acuerdo que evitó a la postre la confrontación nuclear entre las dos superpotencias y que interpretó el unánime sentimiento de paz de la mayoría de las naciones del orbe.

Algo similar ocurre en Venezuela hoy. Hay dos sectores polarizados, dos minorías agresivas que atenazan al país, que alimentan una confrontación como instrumento de mutua reafirmación y que ha escalado a niveles de conflagración entre actores internacionales. En  consecuencia, se le ha  declarado una suerte de muerte civil a una vasta porción de ciudadanos a quienes la lucha por el poder entre chavismo-antichavismo, gobierno y oposición o el juego de tronos de las potencias mundiales, no les dice absolutamente nada. Es un tercer país, inmensamente mayoritario, ignorado y preterido, cuyas expectativas no encuentra lugar en la agenda de la clase dirigente.

El oficialismo asume la negación del trágico presente venezolano. Se desentiende de toda responsabilidad .La inflación es resultado del dólar criminal, de la guerra económica. El colapso de los servicios de electricidad y agua es consecuencia de acciones de sabotaje y cosas por el estilo que suenan como insultos a la inteligencia de la ciudadanía. Pero en el campo opositor, debido a sus carencias políticas y orgánicas, no se visualiza ninguna intención de mandar alguna señal a esa Venezuela desesperada dejando  a la población expuesta a mensajeas confusos y temerarios.

El país, de manera abrumadora, demanda  un reemplazo en la conducción de los asuntos públicos. Su aspiración es sólo una, superar la actual pesadilla del empobrecimiento y la devastación social. Pero el lenguaje de sus líderes es políticamente  dicotómico y polarizado. Hay que  burlar los canales a través de los cuales hasta ahora se emiten los mensajes desde ese formato de confrontación.  Si se logra articular un discurso que sintonice con el drama humano cotidiano, que motive y que se propague de forma viral entre los venezolanos, entonces soplará un viento fresco de cambio que sustituya el enrarecido aíre político que respiramos.

Pedro Elías Hernández.
@pedroeliashb

TULIO RAMÍREZ, MASLOW Y EL SOCIALISMO CHAVISTA


El psicólogo estadounidense Abraham Maslow (1908-1970) fue el fundador de la llamada Psicología Humanista. Entre sus aportes teóricos quizás el más reconocido sea el de la Teoría de las Necesidades. De acuerdo con ella la satisfacción de las necesidades más básicas (respiración, alimentación, descanso, sexo) da lugar al surgimiento de necesidades superiores como las de seguridad, afiliación, reconocimiento y autorrealización. Así, una vez cubiertas las necesidades fisiológicas más básicas, procuramos satisfacer otras como la seguridad, vivienda, salud, amistad, afecto, hasta las llamadas necesidades del espíritu como la creatividad, el arte, entre otras.

No pretendo en este artículo dar un tratado de psicología, ni mucho menos. La referencia a Maslow sale a colación debido a que los venezolanos estamos involucionando en la escala de necesidades, a los niveles básicos. El socialismo del Siglo XXI en poco menos de 20 años destruyó por completo un proceso de crecimiento cultural que, con sus altibajos y fundadas críticas, convirtió a Venezuela en una de las referencias regionales y, por qué no, mundiales, en las artes, la educación, la salud, la política, el deporte, la literatura y sobre todo en el don de gente de nuestro pueblo.

Hoy, la mayoría de los venezolanos emplean todas sus energías en la procura de la sobrevivencia. La búsqueda diaria del sustento alimentario ha dejado de lado la rica, extensa y diversa actividad cultural que siempre nos caracterizó como pueblo.

Algunas cifras son espeluznantes. Para 1998 Venezuela aportaba a América Latina el 4,8% de los artículos científicos producidos en la región, en 2019 este aporte es de menos del 0,1%. Hasta hace unos años el 80% de esta producción científica se generaba en las universidades nacionales, hoy estas instituciones están en un estado de precariedad calamitoso por efectos de presupuestos que no cubren ni el 10% de sus necesidades. En materia de salud cada vez son menos los egresados en medicina y la cifra de estudiantes de postgrado son ridículas. La industria editorial está prácticamente cerrada y la importación de libros es inexistente. Cada vez hay menos lectores de prensa no solo por los altos costos de los periódicos y las suscripciones digitales, sino porque la mayoría de los medios son folletos propagandísticos del gobierno. La rica vida teatral desapareció, quedan algunos héroes que hacen de tripas corazón para brindar algún espectáculo.

El Sistema de Orquestas Simón Bolívar, referencia mundial, es un programa que se mantiene porque el régimen lo utiliza como vitrina ganando indulgencias con escapulario ajeno. En materia deportiva, las medallas se nos alejan cada vez más. La malnutrición de nuestros deportistas amateurs está cobrando con creces en reveses deportivos. Subirse a un pódium es cada día más difícil. Nuestros pintores, escritores, investigadores, intelectuales y cantantes tuvieron que huir al exterior buscando mejores destinos.

Cada día vemos más gente comiendo directamente de los containers de basura. Ya no solo se observan a indigentes y niños de la calle, también gente de los sectores populares y clase media quienes, discretamente, hurgan en los desechos de los mercados populares para hacerse de algunas verduras en buen estado. Según la encuesta ENCOVI el venezolano ha perdido un promedio de 11 kilos de peso en los últimos tres años. Por las calles se ven los transeúntes famélicos y con la mirada perdida, la desnutrición hace mella en nuestra sempiterna alegría. Ya nadie invita a nadie a su casa, los pocos alimentos hay que conservarlos con celo. Esto ha pulverizado la malla social que durante siglos fue tejiendo eso que se ha llamado, la venezolanidad.

El socialismo del Siglo XXI ha sido un modelo que le quitó colores a nuestra forma de vida. Hoy día Venezuela es un país que va de gris a oscuro.

Esa imagen que nos vendió Hollywood para representar a los países ubicados tras la cortina de hierro con calles oscuras y desoladas, de alcantarillas humeantes y gente caminando rápido y alerta buscando la seguridad del hogar, definitivamente no era una exageración propagandista. Camine usted por Caracas a las 8 de la noche y constátelo.

Tulio Ramírez
@tulioramirezc

RONNY PADRÓN, ¿CESE DE LA USURPACIÓN COMO DESIDERÁTUM?


Aparentemente, luego del 23 de febrero del año en curso, una vez fallido el plan del Presidente de la República de Venezuela para ingresar ayuda humanitaria desde la hermana República de Colombia, algo muy grave ocurrió en el seno de su gobierno más allá del fracaso puntual del antedicho evento. Veamos.



Hasta ese momento el Presidente de la República mantenía un propósito político rigurosamente enfocado en la concreción del publicitado proyecto: Cese de la Usurpación, Gobierno de Transición, y Elecciones Libres. Pero es el caso, que salvo el impactante retorno del Primer Mandatario Nacional a inicios de marzo por el Aeropuerto Internacional de Maiquetía, desde aquel entonces su estrategia evidencia modificaciones de tal entidad que no solo desdibujan lo que había sido la tratativa presidencial de otrora, caracterizada por la innovación y el arrojo, descolocando siempre al régimen usurpador, reemplazándola por una estrategia como la actual, plagada de lugares comunes y ensayos reiteradamente fracasados, solo útiles para adornar portadas en periódicos internacionales.

Porque pretender alcanzar el Cese de la Usurpación valiéndose hoy día únicamente de multitudinarias manifestaciones de protesta nacional en rechazo al colapso de los servicios públicos básicos, o peor aun ensayando el bloqueo pacífico de la ciudad capital con la sola participación de la población civil desarmada, a remedo del 11 de abril de 2002, indica a las claras que el objetivo político es otro, muy distinto al reemplazo inmediato y definitivo del régimen socialista causante del vigente genocidio.

El Presidente de la República de Venezuela está a tiempo de retomar el rumbo perdido, reasumiendo el Cese de la Usurpación como desiderátum de su gestión y para ello debe aceptar realidades y cumplir obligaciones, y por ende reconocer la necesidad inmediata del apoyo militar internacional a tales efectos. Continuar esquivando la activación del artículo 187.11 de la CRBV, sin mayor argumento que la testarudez, condena a Venezuela a permanecer entre la esclavitud y el exterminio socialista, y al nuevo gobierno como otro cómplice necesario del vigente caos ¡Prohibido olvidar! Ora y labora.

Ronny Padrón
@caballeroperci
caballeropercivall@gmail.com

CARLOS BLANCO, CAMBIO DE RÉGIMEN


En este trabajo me propongo describir en forma somera la situación actual; las dificultades que tiene la oposición; y los elementos estratégicos que sugiero para producir la salida.

La catástrofe

El país vive una situación catastrófica que se conoce, se padece y es inocultable. La crisis eléctrica tiene las implicaciones sabidas y, además, es una síntesis brutal del estado de la sociedad. Venezuela se ha devuelto de un solo viaje al siglo XIX antes de la utilización de la luz eléctrica y ha suprimido no sólo la iluminación, el bombeo de agua y la preservación segura de alimentos, sino que ha suprimido también lo que es el funcionamiento de la sociedad del siglo XXI: teléfonos digitales, Internet, sistemas interconectados de información, uso de computadoras personales y de negocios, comunicación e información instantánea y prácticamente gratis. Es decir, el régimen actual ha devuelto a la sociedad de algún modo a la caza y a la pesca, al fuego de la vela y el fósforo, a la comida del día casi sin mañana. Ha suprimido la lectura nocturna, la televisión y la música. En las idas y venidas de la energía eléctrica se ha instalado una nueva inseguridad sobre la de la calle: ya el hogar tampoco es seguro; no promete refugio sino angustia, desaseo, más carencias, y miedo. La oscuridad se ha instalado porque ya se sabe que lo que son episodios en cualquier sociedad por accidentes en el suministro de energía, se ha convertido en un hecho estructural solo interrumpido por los “alumbrones”, más o menos duraderos. La situación de la electricidad no es la calamidad de un sector sino la expresión de una sociedad que se apaga.

Pero, el régimen ha sobrevivido…

La pregunta que obsesiona a los venezolanos y a buena parte del mundo es cómo sobrevive un régimen que es el culpable de tanta barbarie, que ha perdido la mayoría determinante del soporte popular desde hace años; que se ha fracturado internamente; que ha devastado económica y financieramente al país; que mata, tortura, reprime, encarcela y exilia; y que es objeto de la protesta diaria de cientos de miles, a veces concentrados y las más de las veces dispersos en pueblos y ciudades. La evaluación común es que todavía es apoyado por sectores de la Fuerza Armada, los grupos paramilitares, los socios del narcotráfico y la guerrilla, Hezbolá y otros impresentables amigos, con la omnipresencia cubana, rusa y de cierta manera china. Todo lo anterior es cierto, sin embargo sugiero una lectura diferente, sugiero preguntarse por qué esos factores siguen allí aparentemente incólumes y mi respuesta es que se trata de algo que hemos subestimado con frecuencia: la voluntad de poder.

Esa voluntad de poder no es un hecho psicológico, una actitud; es más que eso, es el arreglo político, financiero, institucional, militar, de quien ha decidido resistir y ha convocado a sus pares a hacerlo. A veces decimos –quien esto escribe, incluido– que realmente resisten porque no tienen salidas, nadie los recibiría, serían parias, no podrían disfrutar de los dineros mal habidos, ni se podrían escapar de purgar los crímenes contra los derechos humanos; lo cual puede ser cierto en unos cuantos; pero, más allá, pienso que se colocan en la posición de los sitiados que diseñan una estrategia para que pase el tiempo y, luego, puedan vencer. A pesar de todo esto, tienen todavía un arma más secreta que describo de seguidas.

El arma secreta

Al lado de la voluntad de poder existe un instrumento que Maduro y sus secuaces no vacilan en emplear y es colocarse del lado de la anarquía, de la abierta promoción del caos. Podría pensarse que un régimen busca la estabilidad y se opone al desorden para poder persistir; no es el caso de Venezuela. Acá se perdió toda estabilidad, fundamentalmente por la destrucción de todas las instituciones públicas y privadas. Venezuela como Nación no existe: su población está dispersa por el planeta; su Estado está convertido en un amasijo de escombros institucionales; su territorio está encogido a manos de guerrillas, criminales, malandrines, y colectivos. Maduro y su gente tienen que haber perdido toda idea de estabilidad posible y ahora juegan en el caos, lo aceptan, lo promueven, lo impulsan, y desarrollan destrezas para vivir en su viscosidad. El elogio de los “colectivos”, con fusiles en la Avenida Fuerzas Armadas (¡vaya coincidencia!) es prueba irrefutable.

De lo anterior podemos suponer que la transición imaginada (Maduro abandona el poder de grado o por fuerza y se instala un gobierno de transición) puede tener un penoso paso previo adicional que es el del caosgeneralizado. Esto significa que Maduro, en vez de jugar a la defensiva con los escombros institucionales existentes en la Fuerza Armada, policías, tribunales y su propio cuerpo legislativo, la asamblea nacional constituyente, se lanza al ataque desde el borde la ciudadela sitiada, ya no con los desechos institucionales sino con los colectivos, algunas unidades militares, los pranes, las guerrillas, y todas las formas de violencia extra constitucionales e ilegales, así como con el aparente respaldo del Alto Mando Militar.

La vorágine del caos es la que puede permitirles su continuidad en caso de que no haya una fuerza mayor y contraria que lo frene. En ese caos tiende a predominar la acción sin límites y sin reglas, en la que no hay otra referencia que el mantenimiento del poder. Para este propósito el reforzamiento de la burbuja comunicacional, en la cual solo se oye la voz de la tiranía, es ingrediente esencial.

El poder

En este marco se produce una lucha fundamental entre un poder que muere y un poder que nace. Maduro expresa un proyecto que ya murió y que como esos cuerpos celestes muertos hace billones de años, parecen vivos porque sus radiaciones llegan retardadas por la distancia. Sigue teniendo efectos letales por la muerte y la represión que esparce; pero, ya no es algo con una pizca de futuro: todo es pasado, hasta lo que puede hacer próximamente y se apague definitivamente su radiación mortífera.

Mientras, hay un poder que comenzó a nacer hace varios años, expresado en la lucha ciudadana y en los intentos variados, electorales, insurreccionales, puramente nacionales o, como ahora, con vasto apoyo internacional. Ese poder constituyente genuino está en la calle como prueba de una oposición que se ha convertido en resistencia desde 2002 en adelante, con varios episodios luminosos y también con fracasos, pérdidas inmensas en vidas, bienes, esperanzas y sueños.

Sin embargo, este poder naciente no ha tenido siempre asertividad. En varios momentos el régimen ha estado arrinconado; pero, ha habido factores de la política opositora que por una diagnóstico equivocado de la naturaleza del régimen pensaron que a través del diálogo y de procesos electorales en el marco de esos diálogos podría llegarse al reemplazo del régimen. Por esta razón, muchos de los esfuerzos han sido perdidosos en la medida en que han partido de supuestos falsos. Siempre hubo quienes tuvieron conciencia de que el régimen en ningún caso abandonaría el poder por razones legales, electorales o de opinión pública: sólo lo haría y lo hará por la fuerza.

Tampoco los procesos insurreccionales civiles han dado resultado a pesar del sacrificio que han implicado. La Salida de 2014 que fue un llamado al debate ciudadano, rápidamente se convirtió en una dinámica insurreccional que fracasó, tanto por la deriva dialogante como porque en sí misma no portaba la fuerza (militar) que la podría haber hecho exitosa.

En los meses recientes el poder que nace ha sido encabezado y simbolizado por Juan Guaidó como Presidente de la Asamblea Nacional y Presidente encargado de la República. En enero, al amparo del artículo 233 de la Constitución, se juramentó ante el pueblo como Jefe de Estado. El fundamento constitucional le permitió a decenas de gobiernos reconocerlo y desde ese momento se inició una jornada insurgente de reemplazo de Maduro, la que habría de tener un momento culminante con la entrada de la ayuda humanitaria y la quiebra del Alto Mando militar, según fuera ofrecido para la operación del 23 de febrero. Los supuestos de ese instante resultaron falsos o infundados, lo cual dio tiempo a un Maduro apaleado para medio levantarse, y dio lugar, de modo muy significativo, a que se levantaran movimientos en contra del apoyo al embrionario nuevo gobierno venezolanoen aquellos países en los que hay gobiernos solidarios. A partir de entonces, la amenaza militar externa en contra del régimen de Maduro se ha replegado, en unos casos más y en otros menos, y se ha creado el ambiente tóxico para negociaciones que pudieran conducir a un proceso electoral, todavía con Maduro en Miraflores. Situación esta que enterraría otra vez la lucha que arrancó en enero.

La invasión

Ha habido una cierta discusión que con intención o sin ella, desvía el foco. Se trata de la supuesta invasión militar por parte de Estados Unidos. Estimo que esa posibilidad es mínima, por tres razones: la primera, es que entrar en Venezuela y salir de Maduro militarmente puede ser fácil, estabilizar un país después de una invasión requiere miles de efectivos; segundo, Estados Unidos no está en condiciones de invadir, no por razones militares sino políticas: no tendría apoyo doméstico salvo que hubiese un ataque violento contra personal estadounidense, contra su embajada o contra sus instituciones; tercera, se ha perdido confianza en el grado de control y operatividad del gobierno Guaidó a los efectos de una acción extrema pues varios de sus personeros parecen hacer ascos del apoyo de Estados Unidos.

Lo que sí pudiera existir es una coalición internacional, al amparo del artículo 187, numeral 11, para ejecutar una operación de entrada de ayuda humanitaria, resguardada militarmente,sobre la base de la Responsabilidad para Proteger. Algunos se burlan de la aprobación de este artículo porque, dicen, sería como darles órdenes militares a los países, cuestión de la cual no se sabe. Se equivocan. La comunidad internacional reconoció a Guaidó porque su juramentación tenía asidero constitucional. Del mismo modo, nadie se atreverá a introducir de manera protegida y masiva ayuda internacional, ni a proteger de manera activa, con recursos militares, si no hay un fundamento constitucional venezolano que lo invoque y permita.

Por otra parte hay que decir que no es cierto (y quien escribe es testigo personal) que Guaidó obtuvo primero permiso de los poderes mundiales y después se juramentó. Sus propios aliados y compañeros vacilaban sobre el tema cuando María Corina Machado y Antonio Ledezma, entre otros dirigentes, lo plantearon en forma privada y luego pública. Fue una fuerza de opinión pública y el propio coraje personal del que sería Presidente encargado los que determinaron el paso arriesgado e insurreccional que dio. Cuando hubo un estado madurado en la opinión pública, otros países –EEUU, Colombia y Brasil a la cabeza– promovieron la idea con la que ya estaban de acuerdo. Del mismo modo parece va a ocurrir con el 187.11, sobre el cual la reticencia está dando pasos a la aceptación y en el momento de escribir estas líneas, puede que a su impulso.

Un nuevo argumento en contra ha aparecido desde que el régimen de Maduro aceptó la recepción de la ayuda por el canal de la Cruz Roja Internacional es que ya no es necesaria su introducción “sí o sí”. Idea totalmente falsa porque la aceptación por parte de Maduro conlleva una dinámica de manipulación inexorable, no porque quiera o deje de querer, sino por la naturaleza extorsionista de la banda en el poder. Con los días se verá que en un país descuadernado y polarizado no hay ayuda humanitaria “despolitizada”.

El momento Guaidó

El presidente encargado tuvo su mejor momento –hasta ahora– en el período que va desde el 5 de enero cuando fue elegido presidente de la Asamblea Nacional hasta el 23 de febrero cuando lideraba el proyecto de introducción “sí o sí”, según afirmó, de la ayuda humanitaria. En ese momento se presentaba como el jefe de una rebelión indetenible en contra el régimen de Maduro. Con el fracaso del 23 de febrero, en modo de control de daños, se ha movido con flexibilidad táctica aunque sin rumbo estratégico claro; esta falta de rumbo claro la ha suplido con su coraje personal, como lo revela su atrevido regreso a Venezuela después de su gira internacional, lo que compensó parcialmente los daños infligidos por la operación fallida del 23-F. La nueva situación es la caracterizada por la arremetida brutal del régimen en contra de su círculo más cercano, así como las alegaciones que han hecho los jerarcas sobre manejos financieros, lo que en un ambiente comunicacional dictatorialmente controlado crea vulnerabilidades adicionales.

En el momento actual parece que Guaidó ha perdido la iniciativa, los aliados se han entibiecido salvo Estados Unidos, los rusos han metido su baza provocadora, los ciudadanos andan desesperados, y lo que era un claro horizonte hoy aparece con “apagones”. Cabe destacar que esas debilidades son potenciadas propagandísticamente por una campaña brutal de guerra psicológica en contra del presidente encargado y la oposición en general, amasadas por rusos, cubanos y venezolanos.

También hay que destacar como poderosa herramienta que Guaidó tiene una palanca debido al control de los activos financieros cuyo manejo se los ha permitido el gobierno de Estados Unidos; también cuenta con el cierre de grifos financieros por parte de una variada gama de países.

Guaidó sigue como eje del proceso; pero, ha perdido fuerza. La estrategia del quiebre del Alto Mando y de la entrada “sí o sí” de la ayuda humanitaria no ha sido sustituido por otra sino por una sucesión retórica según la cual él, seguramente con algunas personas que nadie conoce, está “construyendo capacidades”. Supongamos que sea así, que hay una especie de plan secreto para lograr el desalojo de Miraflores. Esto supondría que los factores nacionales no lo saben y por lo tanto sería una sorpresa exterior. Lo más probable es que no exista esa “construcción de capacidades” más allá de lo visible sino un discurso destinado a mantener la esperanza popular; puede perdurar por un tiempo pero no indefinidamente.

El otro problema no demasiado advertido por la opinión pública todavía es que a veces pareciera que Guaidó encabeza un gobierno de Voluntad Popular que hubiese ganado las elecciones con el 90% de los votos y se sostuviese sobre la base de la popularidad presidencial. Esto ha derivado en sectarismo en la conducción lo cual puede no producir efectos negativos cuando se está en la subida efervescente de la popularidad pero afecta en demasía cuando algunos entusiasmos ceden. Las designaciones en el exterior son decididas por un círculo cerrado que hace “concesiones” a los aliados pero que no participan del Estado Mayor de las decisiones.

Opciones

Caos generalizado. Con un país desintegrado, sin Estado, convertido en presa de las bandas de Maduro o su rojo sucesor, en una situación de “sálvese quien pueda” y en algo atroz que si no es, puede parecerse mucho a una guerra civil.

Caos controlado. Este control que ejerce y puede seguir ejerciendo Maduro, tiene límites. Si la conmoción se incrementa es posible que para algunos de los sostenes de Maduro en la dinámica anárquica existente sea más productivo tomar ventajas de la situación, derrocarlo y manejar “su propio caos”: hacer más caótica la situación y tomar el control de ciertas porciones del territorio hasta provocar la ida de Maduro. El resultado podría ser un camino muy duro para el retorno a la democracia.

Decisión del Alto Mando Militar de optar por una salida que preserve a sus integrantes como autores del retorno controlado a la democracia. Sería una salida bastante pacífica, aunque posteriormente la sociedad se vuelva en contra de esos generales y almirantes por su complicidad todos estos años.

Insurrección civil organizada. Es decir, protesta civil en todo el país, incrementando la ingobernabilidad –el caos- pero con una dirección política capaz de dirigir operaciones hacia centros neurálgicos de poder. Tiene el inconveniente obvio que el régimen no tiene miramientos en cuanto a la represión e implicaría masacres impensables. Por otra parte, no es previsible una dirección política coherente para dirigir operaciones de rebelión popular.
Alzamiento militar de oficiales de rango medio y bajo. Los militares dispuestos existen como lo ha demostrado la sucesión de intentos a lo largo de los años recientes, lo que debe ser expresión del estado de ánimo existente dentro de la Fuerza Armada. Sin embargo, la descomposición de la institución –pérdida del sentido de la obediencia y la jerarquía- impide que un oficial al mando pueda garantizar movilizaciones de su unidad y, por otra parte, el espionaje interno con avanzada tecnología es brutal.

Invasión de Estados Unidos. No es posible prever un escenario de este tipo porque habría una fractura de la alianza internacional que apoya el retorno a la democracia en Venezuela, dispararía resortes históricos antinorteamericanos en América Latina y el Caribe, así como no parece viable en términos domésticos para el presidente Trump.

Entonces, ¿qué es posible?

Obviamente la salida de la crisis en Venezuela será original, como lo han sido varios afortunados y desafortunados eventos por los que ha pasado el país en los últimos años. Lo que es cierto es que tendrá que ser un camino de fuerza, porque el grupo en el poder no se va a ir sin que la fuerza los convenza (con o sin combate, pero con fuerza militar). Por su parte, para mantener la alianza internacional deberá ser un camino constitucional como el que permitió la juramentación de Guaidó y su reconocimiento, aspecto sobre el cual el artículo 187.11 tiene un papel esencial. También deberá ser un camino liderado nacionalmente aunque tenga todo el apoyo internacional. Finalmente, tendrá que ser también una dinámica en la que participen tanto la población civil organizada (organizada para la resistencia) como los militares que se coloquen al lado de la Constitución y desobedezcan órdenes ilegales.

Una combinación cívico-militar interna con apoyo internacional simultáneo pareciera ser la salida más probable y menos costosa, salvo la muy improbable pero posible de una decisión del Alto Mando como en 1948 contra Rómulo Gallegos y en 1958 contra Marcos Pérez Jiménez.

Entrego estas consideraciones para la discusión. Desde luego, hay otras visiones respetables. Esta es la mía, hoy.  

Carlos Blanco
@carlosblancog