sábado, 8 de agosto de 2020

ROMÁN IBARRA, AUTODESTRUCCIÓN XIII

Continuamos con esta serie explicativa de nuestra historia reciente, intentando orientar a nuestros conciudadanos acerca de los errores que hemos cometido, con la idea de no volver a cometerlos, aunque no siempre ello es posible. 

A propósito de la recurrencia en la comisión de errores que lejos de ayudarnos a resolver, agravan nuestra crisis y postergan la posibilidad de atender con eficacia la demanda social, hacemos un inciso para mostrar nuestro más profundo desagrado por el llamado que ha hecho la oposición liderada por el Diputado Juan Guaidó para abstenerse en las elecciones parlamentarias convocadas para el mes de diciembre. 

Ya antes habíamos sugerido que, a pesar del ventajismo y el abuso del régimen, tanto en la forma en que se produjo la designación de los rectores del CNE, como por la normas, el número arbitrario de nuevos diputados, y los procedimientos aprobados para el proceso, la oposición liderada por el presidente de la Asamblea Nacional, tenía la obligación de reconfigurar la unidad maltrecha que hoy existe, y convertir la adversidad en oportunidad para derrotar al gobierno y demostrar –otra vez- de qué lado está la mayoría. 

Era necesario un movimiento muy cohesionado para presionar interna e internacionalmente con nuestros aliados, a objeto de garantizar mejores condiciones electorales; participación y observación internacional, y reanimar a toda la sociedad tras la búsqueda de salidas políticas a la crisis, y no seguir enviando mensajes ambiguos. 

Se trata de desarrollar una sola agenda político-electoral, y con ella ofrecer una válvula de escape a la presión interna que agobia la vida de nuestros ciudadanos. 

No obstante, la decisión como otras veces antes, pide a la ciudadanía abstenerse, a sabiendas de que ese mecanismo no ha servido sino para perpetuar a Maduro y su gente en el poder. Es una pena que a estas alturas la oposición no haya aprendido de sus propios errores. Lo pagaremos caro, pues seguiremos postergando las soluciones que el pueblo necesita en un país que se hizo imposible por la falta de estado de derecho; una economía en el subsuelo; una inflación por las nubes, inseguridad, desempleo, pandemia, y la muerte rondando en cada esquina. Es insufrible la vida hoy en Venezuela. 

Luego de este que para mí es un craso error, llegará Enero 2021 y Maduro estará feliz con una Asamblea Nacional favorable, y la oposición habrá desaparecido en las nebulosas del reclamo de esa tesis peregrina, según la cual, pretenden –por arte de magia- prorrogar el mandato de la actual, y con ello seguir administrando los recursos pertenecientes a la nación, y que gracias a los aliados han sido confiscados en Estados Unidos y Europa. 

Amanecerá y veremos, pero me temo que lo que viene es –otra vez- un largo y tortuoso camino para los venezolanos, por no haber hecho lo correcto la dirigencia de la oposición que no fue capaz de articular la unidad de manera permanente, entre otros errores. 

Volviendo a lo nuestro, debemos recordar que luego de que la Asamblea Nacional Constituyente interviniera el poder judicial, y el congreso de la República, el 30 de agosto de 1999, decreta la emergencia legislativa, y suspende toda actividad del congreso recién electo, aunque el cese efectivo se cumplió el 27 de diciembre de ese mismo año, dando paso al congresillo, el cual funcionó hasta agosto de 2000, apenas seis meses. 

La nueva Constitución aprobada en referéndum de fecha 15 de diciembre de 1999, en medio de la tragedia natural de Vargas, introdujo cambios importantes con relación a la anterior. Dejó de llamarse Congreso Nacional, para pasar a llamarse Asamblea Nacional, copiando el nombre de la cubana, y ahora unicameral. Se acabó el espacio, continuará.  

Román Ibarra
romanibarra@gmail.com
@romanibarra

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