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Venezuela
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La triple alianza del mal que impera en la Cuenca del Caribe: Cuba, Nicaragua y Venezuela, nada tiene que ver con La Triple Alianza bautizada así por Dreibund en alemán, nombre que recibió la coalición creada en secreto en el año 1882 inicialmente integrada por el Imperio Alemán y el Imperio Austrohúngaro, por iniciativa del canciller Otto Von Bismarck, a la que más tarde se sumó Italia, para mantener el aislamiento de Francia, por lo que acordaron apoyarse, en caso de ser atacados por este país o por Rusia.
El Tratado fue firmado varias veces hasta el inicio de la Primera Guerra Mundial, cuando se sumó el Imperio Otomano y se desligó de Italia, que finalmente decidió combatir del lado de los aliados en 1915, rompiéndose de esta manera la coalición que pasó a formar parte de la Triple Entente. La Primer Guerra Mundial (1914-1918) terminó con la derrota de la Triple Alianza, que se disolvió para siempre.
En América Latina se formó la Triple Alianza del mal, encabezada por Cuba, tras el triunfo de la revolución en el año 1958, a la cual se sumó Nicaragua años más tarde y desde hace 22 años Venezuela. Tres países que conforman el llamado eje del mal, expresión que fue utilizada por el entonces presidente de los Estados Unidos George W. Bush en su discurso del Estado de la Unión el 29 de enero de 2002, para describir a los regímenes que apoyan el terrorismo. En aquel entonces Bush se refirió a Irak, Irán y Corea del Norte, a los cuales posteriormente se agregaron Libia, Siria y Cuba y luego tres estados más: Biolorusia, Birmania y Zimbabue
Los tres países latinoamericanos antes mencionados conforman hoy en día el llamado eje del mal, expresión que deriva de la de estados canallas, el cual a su vez es una reminiscencia de las Fuerzas del Eje de la Segunda Guerra Mundial y de la designación por parte del presidente Donald Reagan de la Unión Soviética como imperio del mal.
En tanto que el término del filósofo y político estadounidense John Rawls de “estado forajido” se refiere a aquellos Estados con regímenes autoritarios que violan los derechos humanos, incumplen leyes y convenios internacionales, así como las decisiones de los organismos internacionales que tienen por finalidad preservar el orden y la paz mundial, fomentan el terrorismo y amenazan la paz, tratando de expandir su poder e influenciar en el exterior.
El régimen venezolano puede calificarse como un Estado forajido, después de la denuncia de la Convención Americana de Derechos Humanos de haber irrespetado prácticamente todas las sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos; las decisiones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y los informes del Alto Comisionado de los Derechos Humanos de la ONU, particularmente la más reciente redactado por la ex Presidente socialista de Chile Michelle Bachelet. También su claro apoyo a los grupos terroristas colombianos las FARC y el ELN, lo cual constituye una prueba adicional al respecto.
A ello se suma que el régimen también tiene actualmente muchas de las características de un Estado fracasado y como refiere el abogado y diplomático Gavio Garavini Di Turno, hasta se puede afirmar que es un Estado “semifallido”, pues buena parte del territorio al sur del Orinoco se encuentra bajo control de las mafias del oro y del coltán, el narcotráfico y del ELN, todo lo cual tipifica la pérdida del control físico del territorio o del monopolio del uso legítimo de la fuerza, ausencia de la autoridad legítima, en la toma de decisiones y colapso de los servicios básicos, amén del fracaso social, político y económico.
Los tentáculos de la triple alianza del mal funcionan en una misma dirección y con un mismo propósito, que no es otro que el de mantener sumisos a los pueblos en los cuales desgobiernan, mediante la aplicación de sus malversas políticas que no persiguen otro fin que el de perpetuarse en el poder a como dé lugar. La historia contemporánea es el mejor testigo de esta tragedia que agobia a algunos países del continente europeo y africano, amén de los tres países caribeños, hoy en manos de Díaz Canel (Cuba), Daniel Ortega (Nicaragua) y Nicolás Maduro (Venezuela)
Lo de Cuba es de todos conocido, y su tragedia exportada a otras latitudes latinoamericanas desde que llegaron al poder hace 62 años. Salta a la vista el caso reciente de la desaparición física de siete Oficiales de alto rango, a raíz de las manifestaciones que en contra del régimen se produjeron hace 12 días en varias provincias de la isla. Nadie conocía de su destino hasta que anunciaron oficialmente habían sido enterrados en sus respectivas provincias. La muerte de estos militares, nos hizo recordar la desaparición física del Comandante guerrillero Camilo Cienfuegos, segundo a bordo después de Fidel Castro con quien discrepaba por lo que se presume se convirtió en un estorbo para llevar a cabo su siniestro plan, que ha venido ejecutando.
El otro miembro de la Triple Alianza del mal, Nicaragua, salió de Guatemala para Guatepeor, tras el derrocamiento de la dictadura de los Somoza, - padre e hijo - aun cuando tuvo un breve período democrático con la señora Violeta Chamorro, victoria, tras la cual el llamado líder guerrillero Daniel Ortega llegó al poder por la vía electoral para afincarse por más de quince años desde su su primer mandato entre 1985 y 1990, convirtiéndose en el presidente que más tiempo ha permanecido en el cargo, ya que en la actualidad transcurre su tercer periodo, que culminará en 2022, en tres mandatos desde su retorno al poder en 2007, tiempo durante el cual ha venido aplicando una cruenta represión política, encarcelamiento de miembros de la oposición, torturas y cuanta maldad muestra en su telúrica faz, acompañado de su compañera marital y de fechorías.
La Triple Alianza del Mal, que venezolanos, nicaragüenses y cubanos anhelan, se acabe más pronto que tarde, como el Muro de Berlín, y culmine la pesadilla de quienes por años padecieron de las “bondades” y el “paraíso” del comunismo. Hombres, mujeres, ancianos y niños de los tres países otean el horizonte en busca de la tan ansiada libertad y democracia.
El chivo, líder autoritario, quien gobernó con puño de plomo a República Dominicana, se las arreglaba para ganar elecciones sin salirse de la Constitución. Después de todo, estos son movimientos clásicos de todos los autócratas. Trujillo construyó un régimen autoritario reprimiendo a la oposición, a los medios de comunicación y vulnerando los derechos humanos. Siempre desconfió de los “hombrecitos verdes” y gobernó moviendo el ajedrez verde oliva. Más de 200 condecoraciones, miles de plazas y calles con su nombre y un balance trágico de 50 mil asesinatos, describen, en pocas palabras, al autócrata que a lo largo de treinta años gobernó a golpe de mazmorra y machetazo la República Dominicana. A Trujillo se le conoció como “el Chapita”, por su afición a las medallas, y como “el Chivo”, por su fama de depredador sexual.
En su juventud, Trujillo trabajó unos meses como telegrafista, pero luego sintonizó con el ambiente caótico, y durante varios años se enroló en la Banda 42, jóvenes delincuentes, liderados por su hermano José. Sus delitos eran variados: falsificaban cheques, cometían asaltos en negocios y casas particulares e imitaban a los cuatreros que aparecían en los wésterns robando ganado en las aldeas, en muchas ocasiones con violencia. El famoso “depredador” fue encarcelado algunos meses. Hasta 1918 no se le conoció otro oficio. Cuando salió de prisión se incorporó a la Guardia Nacional, cuerpo que había sido creado por los norteamericanos, que ocuparon el país de 1916 a 1924.
Pocos meses después de ingresar en la academia, su ambición y falta de escrúpulos, pronto lo hicieron florecer: fue ascendido a segundo teniente en un concurso en el que concurrieron dieciséis aspirantes y él quedó penúltimo. La alta oficialidad de entonces nunca explicó el procedimiento y poco después, sin los méritos suficientes, recibió las estrellas de capitán. “Voy a entrar en el Ejército y no me detendré hasta ser su jefe”, dijo y lo cumplió. Fue destinado como comandante a diferentes comisarías provinciales, y tuvo tiempo suficiente para comenzar su actividad como conspirador de oficio.
Cuando finalizó la ocupación y los militares estadounidenses, abandonaron el país, el nuevo presidente, Horacio Vázquez, lo nombró jefe del Estado Mayor de la Guardia Nacional, desde allí empezó a controlar los más altos estamentos del poder, y participó activamente en el derrocamiento de su protector. En 1930, lideró una rebelión armada que obligó al presidente Vázquez a abandonar el país, luego paso por las armas a su colaborador, Virgilio Martínez Reyna, y a su esposa embarazada y, apenas un año
después, el 16 de agosto de 1931, creó el Partido Dominicano (PD), de corte e ideas fascistas. Tras unos meses de presidencia interina de su amigo Rafael Estrella, al que apartó del cargo sin consideraciones, fue elegido presidente. El PD nació con una ideología anticomunista y, desde el principio, con inclinaciones de partido único. Sus miembros estaban dotados con un carné, que llevaba una palma dibujada, sin el cual, nadie contaba en la vida pública. Este instrumento era popularmente conocido como “La Palmita”, permitía obtener privilegios, pero su falta era sinónimo de traje de presidiario.
Trujillo utilizó el método de adquirir propiedades, fincas y otros negocios lucrativos, a precios de golilla, utilizando el chantaje político. De esta y otras maneras Trujillo se enriqueció groseramente mientras veía a la República Dominicana básicamente como su hacienda particular. El chivo adquirió múltiples empresas, incluyendo tierras ganaderas a gran escala para vincularse a la producción de carne y leche, operaciones que pronto se convirtieron en monopólicas. Otras industrias de su propiedad fueron: azúcar, sal, tabaco, madera y lotería. Para 1937, el ingreso anual de “Chapita” rondaba el millón y medio de dólares y en 1940 ya se había adueñado de la mayoría de las empresas dominicanas.
Los dictadores, ya sean de izquierda o de derecha, llegan al poder, pobres de solemnidad, besando cristos, renunciando a sus sueldos, vendiendo propiedades, recortando presupuestos y criticando extravagancias, pero, apenas se enfundan en trajes de 10 mil dólares y se abrochan un reloj, de otros tantos, se olvidan de sus más quijotescos sueños y se dedican a acumular grandes fortunas, personales y familiares. Esta es la sempiterna historia de Latinoamérica porque, tal como dice el dicho: nadie aprende con “cachetadas” en cuerpo ajeno. Sobre la vida del dictador chapita Trujillo, seguiré conversando en mi próximo escrito.
Noel Alvarez
Noelalvarez10@gmail.com
@alvareznv
Coordinador Nacional del Movimiento político GENTE
Venezuela
Debido a lo cual, en la campaña electoral que se avecina en Colombia, los candidatos democráticos tienen que ser enfáticos en la defensa de la libertad como tema central, porque de acuerdo al artículo tercero de la Declaración Universal de los Derechos Humanos/ Naciones Unidas, la libertad es uno de los tres derechos fundamentales de mujeres y hombres, pero que el comunismo con sus diferentes partidos y movimientos pretende expoliar, si gana las elecciones presidenciales en el 2022, lo que llevaría al país a un cautiverio política, económico y social igual al de Cuba o Venezuela.
El ejemplo de vida de Jesús como adalid de la libertad es inconmensurable, ya que paso por la tierra haciendo siempre el bien; destacándose un hecho demasiado transcendente en su vida, de tantos que nos enseñan los evangelios desde el punto de vista humano, y a pesar de que algunos lo toman como metáfora, su significado es demasiado extraordinario para lo que debería ser el comportamiento de las personas ante la maldad, como fue el rechazo que le hizo a la propuesta del “padre de las tinieblas” cuando fue tentado en el desierto para que se convirtiera en el rey del mundo con todo su poder político, como lo dice la Biblia en San Lucas 4:5-8.
Ese maravilloso relato nos demuestra la magnitud libertaria del Maestro, quien al rechazar el ofrecimiento de Satanás, nos pone de presente la tragedia histórica que ha representado para la humanidad la lucha por conquistar el dominio sobre las naciones y los seres humanos, en donde las fuerzas totalitarias le han causado a la tierra las peores desgracias, mientras que la democracia con todas sus dificultades a tratado de buscar la armonía entre los humanos.
El marxismo que es la organización totalitaria que más ha cometido genocidios en la historia, con 140 millones de asesinatos desde el asalto bolchevique en Rusia en 1917, hasta nuestros días, ha demostrado su carácter diabólico en donde la vida de las personas no importa, pues lo que le ha interesado a esa secta es defender o conquistar el poder a cualquier precio; diferente a las enseñanzas de Jesús que en muchas ocasiones le ofrecieron ser gobernante, pero lo rechazó, de ahí que cuando plantea que su reino no es de este mundo, resaltó el no estar de acuerdo con las injusticias y el sometimiento brutal de las personas en el Imperio Romano, pero además tácitamente plantea que había un mejor sistema de vida, como lo refrendaron los cristianos en los primeros 300 años de la Iglesia primitiva, en donde la caridad fundamentada en la solidaridad era la prioridad.
Otra fuerza totalitaria que le hizo mucho daño a la humanidad fue el nazismo, cuyo principal exponente Adolfo Hitler, llevó al holocausto de la Segunda Guerra Mundial que le produjo 50 millones de muertos a la humanidad; el nazismo al igual que el fascismo y el marxismo son corrientes totalitarias hegelianas que consideran que el Estado es dios sobre la tierra y por eso la expresión: “todo dentro del Estado, nada fuera de él”.
Seudo-intelectuales marxistas de manera desvergonzada, al tratar de exculpar los crímenes del comunismo totalitario, argumentan que no ha sido bien aplicado, o que no se ha interpretado correctamente y que el problema es el revisionismo, pero todas esas falacias denotan el fracaso antropológico e histórico de esa doctrina absolutista, pues eso sería igual a decir que Hitler no aplicó correctamente el nacional-socialismo y que por eso fue derrotado en la Segunda Guerra Mundial.
Necesariamente por las múltiples calamidades que tiene la humanidad en la actualidad, con problemas como el Covid-19 o peste china, el calentamiento global, las guerras, las hambrunas, los refugiados, las crisis económicas y tantas otras aflicciones; los seres humanos tendrán que volver los ojos a Dios por medio de su hijo Jesucristo, y con la ayuda del altísimo darán soluciones a las inmensas dificultades que vive la humanidad, de tal suerte que el Reino de Dios y su Justicia que se logrará mediante la libertad en la tierra, será posible para la felicidad de hombres y mujeres; pues, Jesús afirmó: “porque a vuestro padre le ha placido daros el reino” y en otra parte dice: “Porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros”.
La esperanza que nos ofrece Jesús de Nazaret, para un mejor futuro, la plantea el apóstol San Pablo en la Epístola a los Romanos, en donde afirma: “Porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de la corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios”, lo cual demuestra que el sacrificio de Jesucristo no fue en vano, puesto que un mundo mejor si es posible, pero sin las opresiones totalitarias del comunismo ni las ambiciones desmedidas.
Jesús de Nazaret como verdadero libertario, le dio un ejemplo al mundo sobre la manera como se debe rechazar las tentaciones diabólicas, que a veces ofrece el poder político, basado en la mezquindad, la violencia, la
avaricia y la corrupción, de ahí que a esa forma de gobierno que a través de la historia ha impulsado el totalitarismo y que indiscutiblemente en la actualidad se manifiesta con el comunismo que usa diferentes emblemas para engañar, se le deben anteponer la democracia y la libertad, cuya fuente no la enseñan las sagradas escrituras que proclaman: “ Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres”.