miércoles, 6 de enero de 2021

DOMINGO A. RANGEL, LA TRANSICIÓN

A pesar de las grandes dificultades este año nuevo tuvo similitudes con los anteriores ocurridos desde que el petróleo hizo de nuestro país un Edén donde recalaban gentes venidas desde una Europa destrozada que no obstante era la parte más adelantada del mundo. 

Cierto que no todos comimos hallacas, pan de jamón o el plato navideño que le permitió a los propietarios de restaurantes, hasta años recientes, captar buena parte de las divisas originadas en la renta que producía el Estado. 

Dólares exportados a España, Portugal o Miami, ciudad que para el consumismo hace las veces de La Meca para los musulmanes.

No obstante hubo celebraciones: Se comió menos, la “espaguetada” suplió al pernil y el cocuy al escocés o la champaña… en ocasiones la cena fue más frugal y tempranera. 

La música sonó poco a pesar de los esfuerzos por las radios en alegrar con gaitas y parrandas navideñas… después de que el regulador les exigió sacar los reguetones “porque crean un clima pesimista”. 

Digamos que merced a las políticas económicas… a que el petróleo ha dejado de ser el más vital de los productos para el comercio mundial -China anuncia centrales nucleares de fusión para resolver sus problemas de crecimiento a la par que el primer avión eléctrico acaba de superar las pruebas iniciales-… y a las sanciones de Míster Trump pedidas por Guaidó… Nuestras navidades fueron parcas como las muestras de perfume que daban para enganchar clientes dubitativos. 

Sin embargo hubo esperanzas… sobre todo entre gente joven que no añora lo que nunca vivió… pero que cree que todo se debe mejorar y pronto. 

Y aquí cabe una reflexión porque los viejos no tenemos derecho a complicar las cosas más de lo que están. 

Los demagogos que prometen “resolver todo y rápido”… endeudando aún más la Nación que junto a las inmensas comisiones no dicen… están mintiendo. 

Recuperarnos es posible pero tardará en pasar del petroestado… al ciudadano que produce más de lo que consume. 

Es que ni somos ricos… ni hay colas de inversionistas esperando… ni nos van a prestar lo que los sinvergüenzas calculan… y solo en agricultura… turismo… petroquímica… y diseño… tenemos ventajas. A eso, sin menoscabo de lo que la gente decida, cabe dedicarse a guisa de transición… pero del reparto… a la producción. ¡No hay otra!.  

Domingo Alberto Rangel
doalra@yahoo.com
@DomingoAlbertoR
@UNoticias 
Venezuela

LEANDRO RODRÍGUEZ LINÁREZ, LA SOLUCIÓN PARA VENEZUELA ES…

En el futuro, cuando la historia de Venezuela haga mención a este aciago episodio de nuestra vida republicana, debe ser llamado “El Oscurantismo Venezolano”. Sencillamente, el chavismo ha demostrado que en política no existe nada malo que no pueda estar peor. Llegó el 2021 con una sola promesa: empeorar lo ya viene pésimamente mal.

Nada distinto, mismos refritos por parte del régimen, pero con distintos nombres, al subir el telón nos encontramos con las imposiciones económicas de siempre; apoyo solo a las inservibles empresas mixtas, al espectro “económico” del Estado comunal, Petro y, probablemente, la única variante discursiva sea la propulsión de la “Economía Digital”, que (al parecer) no es más que la desaparición del Bolívar y la dolarización formal del país. Todo ello enmarcado dentro del desconocimiento internacional de las instituciones retenidas por el chavismo. 

En este truculento escenario ¿Qué esperar? ¿Cuál es la solución? Por lo pronto, Venezuela continuará por la misma/vetusta senda autodestructiva porque se ahonda en los mismos problemas. La o las soluciones son variadas e impredecibles. 

Ajora bien, los venezolanos tienen un gran problema; mientras el régimen controle discrecionalmente las armas, recursos e instituciones del Estado, y la oposición, gozosa de un exilio dorado, los cambios pueden tardar mucho tiempo más. Caso contrario ocurre con la población del país, cada día que transcurre la sobrevivencia se hace mucho más difícil, por ello la inusitada emigración. 

En consecuencia, es la presión la llamada a propiciar los cambios. La social es territorio difícil cuando el régimen, tras los episodios de 2014 y 2017, prácticamente prohíbe las manifestaciones de calle, estas son “neutralizadas” inmediatamente a través del atroz aparataje represivo. La otra presión valedera es aquella que ejerce la comunidad internacional, sin embargo, como hemos visto, su joya coronaria “las sanciones” han sido burladas por el régimen y sus, aunque lejanos, activos aliados. Es decir, la presión social e internacional tiene sus bemoles.

Los pactos políticos también tienen su presencia disolutora, pero existen dos grandes inconvenientes, al parecer, insorteables: el chavismo jamás permitirá elecciones transparentes, constitucionales ni democráticas pues jamás ganaría, sería lo mismo que abdicar. Por otro lado, las acusaciones internacionales que pesan sobre sus principales cabezas son una pesada tranca, los crímenes de lesa humanidad, narcotráfico y apoyo al terrorismo no prescriben, saben que al perder la protección que da “el poder” quedarían a merced de la justicia criolla y foránea. 

Ahora bien, una luz en el túnel, tenue pero valedera, sería el emerger de un nuevo liderazgo en ambos bandos, uno del lado del chavismo que aparte su status quo reinante desde hace más de dos décadas, que busque sobrevivencia y mejorías reales, que acepte la constitucionalidad y la democracia. Otro liderazgo del lado de la oposición con determinación y aplomo, distinto al de hoy. Estos nuevos liderazgos destrancarían el juego, permitiría el retorno de la constitucionalidad, de la democracia y de las insustituibles inversiones que amerita la nación.

A parte de estos escenarios existen otros, pacíficos y otros que no lo son tanto, pero inexorablemente necesitan ser propiciados por la ciudadanía y la comunidad internacional, porque, repetimos, a los líderes del chavismo y de la oposición actuales no les convienen los cambios que pongan en riesgo el disfrute de hoy de las mieles del poder, directas e indirectas.

Leandro Rodríguez Linárez
leandrotango@gmail.com
@leandrotango
Venezuela

NOEL ÁLVAREZ, DIOS EN AÑO NUEVO

Hace pocas horas dijimos adiós al año 2020, por cierto, un tiempo de no muy grata recordación para todos a causa de la pandemia que ha azotado al mundo. Esperemos que el 2021 resarza las carencias del año que se fue, compensándonos con creces las desdichas del periodo culminado. Hoy, nuevamente elevo al cielo mis plegarias, pidiendo a Dios nos conceda la gracia de que, este nuevo año sea el inicio de la recuperación económica de Venezuela, hecho fundamental para el fortalecimiento o reunificación de nuestras familias. Ruego al supremo Demiurgo nos ayude a planificar y construir nuestro camino, con esperanza y fe, pero también libre de resabios atávicos, personales, familiares y nacionales. 

Los inicios de año son momentos propicios para conversar con Dios y agradecerle por las cosas buenas que nos regaló el año pasado, pero también por aquellas que no fueron muy favorables. Como dice el refrán, aquello que no te mata, te fortalece. Estoy seguro que Dios nos pone en el camino esas circunstancias, no para castigarnos, sino para fortalecer nuestra fe y espíritu, pero, sobre todo, para templar nuestro carácter. Ese agradecimiento al Supremo Creador lo puede demostrar a través de la oración que a usted le parezca más adecuada. Todos los años pronuncio una, la cual voy modificando a través del tiempo, si es de su agrado y eso no va en contra de sus creencias, acompáñeme a pronunciarla. 

“Señor, Dios, dueño del tiempo y de la eternidad, tuyo es el hoy y el mañana, el pasado el presente y el futuro. Al iniciar este año 2021 quiero darte gracias por todo aquello que he recibido de ti. Gracias por la vida, por mi salud y la de mi familia; por el amor y el cariño; por las flores; por el aire y el sol; por la alegría y el dolor; por cuanto fue posible y por lo que no pudo serlo. Te ofrezco cuanto hice el año pasado, el trabajo que pude realizar y las cosas que pasaron por mis manos y lo que con ellas pude construir”. 

” Te presento a las personas a quienes a lo largo de estos meses amé; a las amistades nuevas y a los antiguos amores; a los más cercanos a mí, pero también a los que están más lejos; los que me dieron su mano y quienes me la negaron; aquellos a los que pude ayudar; con los que compartí la vida, el trabajo, el dolor y la alegría. Pero también, Señor, hoy quiero pedirte perdón, perdón por el tiempo perdido; por el dinero malgastado; por la palabra inútil y el amor desperdiciado. Perdón por las obras vacías; por el trabajo mal hecho y perdón por vivir sin entusiasmo, con signos de depresión en algunos casos, También te pido perdón por la oración que poco a poco fui aplazando y que solo ahora vengo a presentarte. Te pido perdón por todos mis olvidos, descuidos y silencios”. 

” Estamos iniciando un nuevo año y detengo mi vida ante el calendario recién estrenado y te presento esos días que sólo tú sabes si llegaré a vivirlos. Padre Santo, te pido por mi familia, mis amigos y por aquellos que no llegaron o dejaron de serlo; te suplico por la salud del mundo y por la cura de la pandemia; te ruego que ilumines a quienes pueden construir los destinos de nuestro país, que fortalezcas su integridad y los alejes de los falsos valores, en fin, señor, quiero pedirte para Venezuela y el mundo entero: paz y alegría; fuerza y prudencia; claridad y sabiduría”. 

” Señor quiero vivir cada día del 2021 con optimismo y bondad llevando a todas partes un corazón lleno de comprensión, paz y amor. Dios, te pido que cierres mis oídos a toda falsedad y mis labios a palabras mentirosas, egoístas, mordaces o hirientes. Permíteme señor, vivir en el mundo de la justicia y la verdad, apártame de la mentira y de la cobardía. En cambio, abre mi ser a todo lo que es bueno, que mi espíritu se llene de bendiciones para irlas derramando a medida que avanzo, amen señor”. 

Con esta sentida oración, quiero abrir el ciclo de mis escritos para este nuevo año, a la vez que hago propicia la ocasión para desearle a todos mis consecuentes lectores, en nombre de mi familia, del Movimiento Político que coordino y en el mío propio, un Feliz Año 2021. 


Noel Alvarez
Noelalvarez10@gmail.com
@alvareznv
Coordinador Nacional del Movimiento político GENTE
Venezuela

martes, 5 de enero de 2021

ACTUALIZACIÓN DE EL REPUBLICANO LIBERAL II, DIARIO DE OPINIÓN, http://elrepublicanoliberalii.blogspot.com/ MARTES 05/01/2021

 




LINDA D'AMBROSIO, LA TAPA DE LA BARRIGA

Mi abuela, Rosario, ha sido un referente favorito a lo largo de mi vida. Estupenda dueña de casa, era además una señora refinada y culta, en torno a la cual gravitaba multitud de personajes. Se graduó de normalista alrededor de 1915, cuando no era común que las mujeres estudiaran, y hablaba con fluidez al menos tres idiomas. 

Era una persona discretísima, que no sentía la necesidad de comunicar continuamente sus opiniones. Por ello, precisamente, despertaba gran interés cuando expresaba su punto de vista, cosa que no era frecuente. En esas ocasiones, sus palabras cobraban el peso de sentencias, normalmente asistidas por la razón, y ponían en luz una inteligencia privilegiada. 

No le era ajena, sin embargo, la cultura popular, y, así como comprendía perfectamente el papiamento (se había educado en un internado holandés en Curazao), estaba permeada por las más gráficas expresiones de la maracuchidad, que afluían inesperadamente a su boca para refrendar algunos de sus juicios. Fue así como escuché por primera vez la expresión “hablar por la tapa de la barriga”. 

Infinidad de imágenes acudía a mi mente. ¿Cómo sería aquello de hablar por la tapa de la barriga? ¿Tendría algo que ver con la ventriloquía, arte que yo conocía gracias a la para entonces popular Maricarmen y sus muñecos? 

Hoy, inmersa en la segunda mitad de mi vida, percibo con mayor contundencia la carga expresiva de la frase: hablar por la tapa de la barriga tiene que ver con hablar sin que las palabras te pasen por la cabeza. Y traigo esta frase a colación, porque me maravilla la seguridad con la que algunas personas, pretendidamente brillantes, hacen afirmaciones que, además, llevan implícita una descalificación del punto de vista de los otros. Basta darse un paseo por esa miniexpresión del mundo que es el Facebook para comprobar a lo que quiero referirme. 

Toda persona, con un mediano coeficiente intelectual, es capaz de hilar ciertas premisas y de arribar a conclusiones lógicas. El asunto es que esas conclusiones no están necesariamente reñidas con otras, emanadas de otras cabezas que tienen otras historias. Es simple: a veces se nos escapan variables que inciden en una situación y que, al incorporarlas, cambian sustancialmente la comprensión de la misma. Es por eso que tenemos que juzgar con la conciencia de que nuestro parecer es apenas una aproximación a la realidad, susceptible de sufrir modificaciones, a) porque es incompleto, pues siempre hay factores que no están incluidos en nuestro juicio; y b) porque la realidad en sí misma es cambiante. 

Eso, en lenguaje común, se llama prudencia y humildad: estar abiertos a que nuestro punto de vista se pueda ver enriquecido por los factores que incorporen otras personas. Se llama, asimismo, respeto, cuando se trata de las preferencias o las elecciones del otro, porque nada es gratuito: todo comportamiento tiene una razón de ser, que quizá no conozcamos, derivada de otros aprendizajes y otra historia personal. 

Por eso, independientemente de lo razonable de su contenido, toda aseveración que se realice en un tono incuestionable pierde validez para mí. Es sospechosa, además, toda actitud que intente “ganarle” al otro. Cuando buscamos entender, no es importante tener la razón: se agradece cada aporte que nos ponga sobre la pista de qué es en realidad lo que está ocurriendo. Finalmente, es presuntuoso asumir que podemos dar lecciones a los demás. 

No transijo con la arrogancia que, lejos hacernos más iguales, más bondadosos, más humanos, nos conduce a machacar al otro en un alarde de competitividad, revelando rigidez mental y poca empatía. 

Linda D´ambrosio 
linda.dambrosiom@gmail.com 
@ldambrosiom
@ElUniversal 
España-Venezuela

CARLOS RAÚL HERNÁNDEZ, LA BOCA Y EL PEZ

El temible “comecerebros de Boston” acorrala a media noche a un hombre que caminaba por un callejón en la oscuridad. El pobre viandante había tenido suerte al ganar el viaje que rifaban en la barra de un bar caraqueño y al llegar a Boston, le advirtieron que no anduviera solo ni tarde en las calles porque había una emergencia con ese peligroso asesino suelto. En ese terrible momento, acosado, supera la muralla del miedo. 

Toma dos enormes piedras, blande sus improvisadas armas e increpa al criminal: “¡ Ud.es el que se come los sesos de la gente!”- “Siiiiiiiii, se oye el gruñido de la siniestra figura-, y te los voy a arrancar ya”. El aterrado turista hace de tripas corazón y responde -“pues no crea que la va a tener muy fácil conmigo. Se los va a comer bien mallugaditos” y pasa a golpearse salvajemente el cráneo con las rocas, hasta que el relleno queda esparcido por el asfalto. 

Es la metáfora de la Asamblea Nacional instalada triunfalmente el 5E16 con mayoría de los partidos contrarios “al proceso”. Desde 2006, en medio de un debate que nunca se detuvo con el radicalismo desaforado, la oposición se había decidido por una estrategia gramsciana, aunque ellos no lo supieran, como el personaje de Moliere que hablaba en prosa y tampoco lo sabía. 

Por sus primeras acciones, quedó claro que los “dirigentes” aunque les había sonado la flauta, no tenían idea de qué se metieron en el bolsillo. Conquistaron una importantísima cuota, pero el adversario conservaba el Poder Judicial e institucionalmente el aparato coercitivo del Estado. La AN se instala contra la opinión de desmelenados del PSUV que querían bronca y se impone una línea moderada, la fracción del gobierno se incorpora y Maduro la reconoce y visita. 

La flauta mágica

Los cabecillas de la oposición, cegados por su impericia, comienzan la cadena de burradas que no se ha detenido ni siquiera hasta ahora. Con menos rebuznos y un gramo de criterio, se hubieran afincado en el paso siguiente, obvio: ganar una importante cantidad de gobernaciones y alcaldías para avanzar a las presidenciales 2018, pero los “dirigentes”, y varios “asesores”, se burlaron de eso: “¡queremos el poder y no estamos para pendejadas”. 

“¡Vamos a referéndum revocatorio!”, aunque el detalle es que este dependía… ¡de la buena voluntad el gobierno para suicidarse! En cinco años pasaron como una horda que no dejó piedra sobre piedra ni choza sin incendiar, acabaron con la AN que habían ganado, los municipios, las gobernaciones y demás mecanismos para defender a la ciudadanía. Tierra arrasada. 

Un tradicional visigodo, hoy en cargo diplomático de autoalivio, declaró hace tres semanas con candor que induce al llanto que trabajaron en un estado de sitio con las sanciones, para profundizar la depauperación general y así mover el tierno corazón de gobierno ante el sufrimiento humano... El nunca se caracterizó por un gran talento, pero esto es un exceso. 

La lengua, castigo del cuerpo

Su anuncio de que vendría “guerra de cuarta generación” puso de punta a los cuerpos de seguridad tras pistas para desarticular cualquier eventual plan del tipo Gedeón. Por la boca muere el pez. Hay que alejarse del papagenismo político y los juegos de patio de recreo, para reconstruir la vía democrática tal como en 2006 después de la cretinada abstencionista de 2005, repetida en 2018 y 2020. 

Entre la estatización socialista y las sanciones económicas, la opereta revolucionaria hizo metástasis sin cambio de régimen porque la alternativa se autoeliminó. El gobierno comprendió la necesidad dramática de clausurar el colectivismo destructivo y atraer inversiones internacionales, como evidencia la Ley antibloqueo, pero sabe también que si no cesan las sanciones, solo ingresaran capitales de sus países aliados, que no visten, diría Pierre Cardin. 

En el plano interno, muchos grupos empresariales negocian sistemáticamente con el gobierno para trabajar. Pero no parece posible levantar la actividad productiva, el empleo y generar riqueza, sin flujo abundante de capital privado y el concurso del Fondo Monetario Internacional con el apoyo de EEUU, y la UE. Eso juega en llave con la reinstitucionalización política, regresar al libre juego de poderes y partidos y al Estado de Derecho. 

Noruega mon amour

Se hace imperativo regresar a Oslo o República Dominicana sin trampas, precondiciones ni exclusiones, con negociadores no teledirigidos desde ningún centro de poder. Se necesita un entorno favorable a los acuerdos que penalice a quien vaya a la mesa con ases en la manga. 

Para ello es necesario el respaldo de las macro organizaciones, comenzando por la más importante, la Iglesia También los empresarios, la academia, medios de comunicación. Pronto serán las nuevas elecciones locales en medio de un espíritu abstencionista que permitió al gobierno aplastar el 6D pasado. 

El primer paso es recuperar la importancia del voto ante los ojos de la mayoría y deberían ser los que llamaron a abstenerse quienes lo hagan ahora a votar. Empresarios, políticos, curas, comunicadores tienen que ser parte de ese esfuerzo titánico para recuperar la confianza en el único recurso con que contamos los ciudadanos. Que nunca más oigamos “votas, pero no eliges” o “intervención militar democrática” 

Carlos Raul Hernandez
carlosraulhernandez@gmail.com
@CarlosRaulHer
@ElUniversal
Venezuela

FREDDY MARCANO, VERDUGOS DEL CONTROL EMOCIONAL

La situación emocional del venezolano no es casual. Siempre supimos ponerle buena cara al mal tiempo, pero ya hemos sido inducidos a arrugar el rostro aun ante situaciones o circunstancias afortunadas. Todo calculado y llevado de la mano de un modelo político cuyo único fin es la hegemonía social y política del país, a partir de la destrucción del modelo anterior para construir bajo sus cimientos una estructura hecha a la medida, utilizando cualquier recurso incluyendo el psicológico para mantener el control absoluto.

Una guerra psicológica, pues, al fin y al cabo, no hay otra conclusión en torno a la depresión colectiva que padece a diario el ciudadano venezolano. A todo esto es esencial sumar la actual realidad mundial que se generó con la pandemia de 2020 y que mantendrá en vilo a toda una población en el recién llegado 2021. En Venezuela, de forma demencial, la situación es manejada por unos verdugos del control emocional, que no asoman ni un mínimo rastro de misericordia en el mensaje y metamensaje oficial, oficialista y oficioso. Al contrario, profundizan en el esfuerzo de imponernos la resignación, el pesimismo y la sensación radical de zozobra, que desde los tiempos de Chávez fue sembrada y cultivada con éxito. 

Hoy día, aquellas celebraciones y alegrías de un año nuevo, como los que se vivían en nuestro país antes de la llegada del régimen, hacia el final de la década de los años noventa, pertenecen solo a un nuevo sector que ha renacido gracias a la construcción de ese nuevo modelo político; para el resto quedan solo esas campañas que buscan amilanar, psicológicamente, al más pintado. Han desarrollado un estado de descomposición psicológica que le permite al tuerto ejercer su reinado por encima de los millones a los que han enceguecido o buscan enceguecer. 

Peor que la pólvora contante y sonante es el manejo deliberado de una población, que no come ni se médica, ni le alcanza lo poco, en su mayoría, o lo mucho que puede generar en un trabajo honesto. Los verdugos del control emocional maniobran y manipulan hasta el cansancio la buena fe de las personas. De ese control oscuro se sabe, desde hace mucho tiempo, en Cuba y en otros países cuyos regímenes se valen de las autocracias para dirigir y gobernar. 

Este 2021 será de retos y cambios para el venezolano. Un año de pisar tierra, tanto en lo social como en lo político; un año para aprender a gestionar nuestras emociones, superando el miedo que nos han sembrado y buscando el equilibrio mental. Hay que entender que todos somos parte del problema y que todos somos la solución; que cada quien aportará desde su ámbito, para lograr, más temprano que tarde, un cambio en esta situación que nos agobia; y que si no construimos una unidad real y sincera, todo el esfuerzo podría ser en vano. El 2021 será el año de la familia y Venezuela es una familia bajo estrés, que ha resistido, persistido y existido bajo ese fatídico control psicológico. Solo en la unidad, la comprensión, la aceptación y el perdón podremos encontrar una salida.

Freddy Marcano
freddyamarcano@gmail.com
@freddyamarcano
Venezuela

JOSÉ LOMBARDI, VENEZUELA EN EL 2021

 

Ha iniciado un nuevo año lo que no significa que las cosas serán diferentes estas podrán ser mejores o peores dependiendo de las decisiones que tomemos, así como también los vientos a favor o en contra que soplen, lo cierto es que nada nuevo saldrá bajo el sol, todo es conocido y solo las innovaciones científicas y tecnológicas darán un toque novedoso a lo que se repite una y otra vez en esta la larga historia imperfecta de la humanidad.

En este contexto nos ubicamos en Venezuela, un país de riquezas despreciadas por sus habitantes, no porque no les agrade sino porque entre el despilfarro y la corrupción estas se han esfumado como el mago que desaparece sus cartas, en Venezuela esos magos han sido un reducido grupo de habitantes a quienes llamaremos “la elite gobernante o influyente” debo exonerar de responsabilidad a los gobernados o el conocido “pueblo” porque este realmente ha sido ausente o neutralizado, si revisamos la corta historia republicana de Venezuela nos daremos cuenta en una simple ojeada que este nunca ha decidido nada, ha sido manipulado y ultrajado por estas élites mafiosas, constituidas por militares, empresarios y políticos, ampliando la calificación de “políticos “no solo aquellos quienes militan en un partido político, aquí el término también caben los líderes que hacen o hicieron vida en otras instituciones como son la iglesia, sindicatos, universidades, etc. 

La razón de esta afirmación es muy simple y es que en Venezuela hay ausencia de sociedad, esta exige ciudadanos y ante la carencia de estos se impone el “gendarme necesario” el hombre fuerte que resuelve todos los problemas, pesadilla recurrente en la historia venezolana que además nos ha marcado como país, a pesar de estar en el siglo 21 seguimos soñando con ese caudillo poderoso que hará el trabajo por nosotros y nos premiará con infinitas riquezas y felicidad eterna, esto me recuerda al “país potencia” de Chávez o el “Make American great again” de Trump, no es casual que la diáspora mayoritaria venezolana en los Estados Unidos haya votado por  él, este les afloro la nostalgia y el recuerdo de la cultura del gendarme necesario que dejaron atrás, gracias a Dios en Estados Unidos hay una sociedad institucionalizada que los salvó del salto atrás, salto este que hubiese comprometido gravemente a la Democracia mundial, pero este es otro tema del que hoy no hablaremos, el tema que nos ocupa es el de los caudillos como figura y las elites influyente que los alimentan para saquear a través de este. 

La solución a esta pesadilla requiere de un gran movimiento de voluntades comprometidas con la nación que trascienda los intereses personales por los colectivos impulsados por el noble sentimiento del amor, conseguir esto no es sencillo pero tampoco imposible, la base de este movimiento debe sustentarse en la educación para que a través de esta se edifiquen ciudadanos, la filósofa norteamericana Marta Nussbaum lo propone como un programa obligatorio de servicio civil nacional juvenil, algo similar a una cátedra de educación cívica, ciudadana y derechos humanos. 

Hacer realidad tan ambicioso proyecto requiere de un pacto nacional a largo plazo en donde los factores influyentes estén de acuerdo, este requisito es indispensable lo contrario sería seguir alimentando la pesadilla, hay muchos otros temas por desarrollar, pero lo iré haciendo progresivamente en mis próximos escritos, lo importante es entender como venezolanos que la única manera de progreso y desarrollo de un país está en manos de sus habitantes pero para ser una nación democrática moderna se debe renunciar a ser habitantes y comprometerse a ser ciudadanos sobre un pacto social centrado en la educación principalmente de valores que le dé sentido al Estado democrático. La diferencia entre un habitante y un ciudadano es que el primero no tiene compromisos con la tierra que habita mientras que el segundo sí. No se trata de ponerse la camisa vino tinto o la gorra tricolor, ni siquiera cantar el himno nacional, se trata de algo muy superior, es sentirla como el amor de padre, madre o hijo, estar dispuesta a darlo todo por ella. 

Jose Lombardi

jjlombardiboscan@gmail.com

@lombardijose

Venezuela

OMAR ÁVILA, PACTO MULTILATERAL PARA VENEZUELA

Con la responsabilidad que siempre nos ha caracterizado, quiero comenzar diciendo que nuestra Venezuela, para salir de su crisis, requiere un pacto multilateral, porque de seguir como estamos, iremos rumbo a la quiebra del Estado venezolano. 

Nuestra primera preocupación tiene que ver con la salud. Para nadie es un secreto que el sistema sanitario no ha mejorado en lo más mínimo, que a la fecha tenemos más casos activos que en marzo de 2019 en el país, pero además en este momento hay mayor probabilidad de contagio, al punto que en días recientes se ha batido récords de casos y de muertes diarias a nivel mundial. 

Al momento de escribir este artículo comienza una nueva semana radical, sin embargo nuestra invitación es a que nos cuidemos, y por ende, nuestra recomendación va dirigida, por un lado a respetar las normas sanitarias, el distanciamiento social y el uso de mascarillas correctamente, y por otro lado al Estado a ser más responsable y tener claro que el primer instrumento para combatir el virus, es la verdad. Urge desarrollar una campaña de concientización. La bioseguridad no es un juego ni un esnobismo, constituye la diferencia entre vivir o morir. 

Es preciso recalcar, que para vacunar a todos los venezolanos, el costo es tres veces más de lo que representa el presupuesto de todo el año del Ministerio de la Salud. 

La vicepresidenta Delcy Rodríguez, recién anunció que suscribieron un contrato con Rusia para comprar 10 millones de dosis de la vacuna Sputnik V, eso alcanza apenas para 5 millones de venezolanos. 

Nosotros queremos ratificar desde Unidad Visión Venezuela nuestra disposición a que nos reciban en el Consejo de Estado y poder hacerle nuestras propuestas en los distintos ámbitos; el gobierno debe escuchar y dejarse ayudar, ya que este es un tema de interés nacional, no político. Es urgente poder darle respuesta a la mayoría de los venezolanos, a ese clamor de tener mejores servicios, seguridad social y alimentaria, en fin, mejor calidad de vida, y eso solo es posible mediante un gran acuerdo nacional. 

Es perentorio atajar la crisis en todos los aspectos; hay escasez aguda de gasoil en el Occidente del país, con lo que se pudiera paralizar la flota de camiones de carga, de autogeneración eléctrica privada y de la maquinaria agrícola. 

La crisis de gasoil es infinitamente más trascendente que la de la gasolina. Ya que del gasoil depende casi la totalidad de la maquinaria agrícola, así como el 90% del transporte de carga, la autogeneración eléctrica, las actividades industriales y de procesamiento, así como el transporte público. 

En resumen, sin gasoil no hay actividad económica. Así se lo hicimos saber al vicepresidente del área económica, Tareck El Aissami, por quien esperamos también poder ser recibidos a la brevedad. 

Para nosotros, la gente es lo primero, por ello hemos dejado a un lado las diferencias políticas y presentado ante las distintas autoridades que tienen los recursos y el poder para llevar a cabo nuestras propuestas, que hemos venido estudiando y formulando con total desprendimiento por el bien de nuestro pueblo y de esa Venezuela que quiere crecer, desarrollarse, mejorar su calidad de vida, que quiere innovar. Ese país que está trabajando en producir valor, en generar bienestar, que se cansó de esperar soluciones políticas mágicas, y por el que nosotros apostamos sea la Venezuela del futuro. Lamentablemente hasta ahora, el gobierno no nos ha escuchado, obviando soluciones para sacar al país adelante.    

Omar A. Ávila H.

dip.omaravila@gmail.com

@OmarAvilaVzla

www.unidadvisionvzla.blogspot.com

JOSÉ L. ZAMBRANO P., MIS PROPÓSITOS PARA ESTE AÑO

Por fin le cambiamos la vestimenta al almanaque. Desprendimos las hojas despiadadas que parecían perpetuas. Es cierto, año tras años nos tropezamos con el mismo dilema. Siempre las incógnitas recurrentes sobre qué deparará en los próximos 365 días. Si esta vez superaremos las expectativas más insólitas que nos planteamos, en las campanadas decisivas de la culminación del año anterior. Poder confirmar que todo lo vivido es inservible comparativamente a lo venidero.

Es un modo definitivo de esperanza. Ser optimista hasta las últimas consecuencias. Esta vez casi le abrimos la puerta a empellones a 2020 para que se fuese sin más escándalos. Rematamos su presencia con el mismo conteo anual, como si despegáramos el último cohete de nuestras vidas desde la Nasa. 

En esta ocasión quisimos que se fuera sin sonrisas, cerrero, ineludible, sin parafernalias, pues nos hizo llorar a mares y nos encerró por meses en nuestra indignación delirante. Un granuja sin remordimientos y severo para cumplir con su dictamen endemoniado. Un año enfermo en todos los sentidos. 

No quisimos hacer las anotaciones de lo cumplido. No valdría el esfuerzo. Fue un año perdido para la gran mayoría y nos mantuvo en un luto interminable. Comprendimos que la tristeza puede compartirse masivamente y hasta logró tener sello mundial. Las guerras más agresivas pueden entablarse sin una sola bala y contra un enemigo invisible, minúsculo y reservado. Capaz de perderse en nuestras propias negaciones. 

Esta vez aspiramos algo distinto. Queremos un año voluminoso, remozado de fe, con resultados instantáneos para las soluciones de nuestros quebrantos y que nos demuestre con hechos, el retorno de la capacidad de triunfo para los propósitos. Que sea fascinante y justo, para no caer en la primera semana, en ese abismo angustioso de no saber el rumbo. 

Asisto con fe a este bautizo. Ha nacido 2021 y lo llamaremos el de la recuperación real; el sanador de heridas. Tampoco debemos ser abusivos y sobrecargarlo de expectativas. Pero confío en que será mejor. Una oda balsámica para calmar los resuellos de preocupación. 

Tal vez en los primeros compases nos azotará la misma puerta revoltosa, pues el virus sigue teniendo tentáculos y hasta sustituye su atuendo. Pero este año será diferente. No podemos ensombrecerlo desde este momento, pues debe de irradiar luz para los cambios necesarios. 

Tengo mi lista presta a ser cumplida. Está llena de razones justas. Mis peticiones son sencillas. La primera es dejar la crisis moral de lado. Ya sabemos que nuestro descuido puede traer consecuencias. Que el vecino tiene la misma necesidad de libertad y de contar con una buena salud. Debemos protegernos de nuestro egoísmo y no ser cordero iracundo que aspira compartir el matadero. Una buena actitud puede salvarle la vida al prójimo. 

Deseo que la recuperación sea una consigna emblemática. Que la conciencia del planeta esté rebosante de solidaridad y la unión nos permita salir bien librados de las malas conductas. Soy pertinaz de que podemos ser mejores. Que puedo estar bien, si todos lo estamos. 

Para Venezuela aspiro una transformación inmediata. Que dejemos de ser los nuevos balseros del continente. Que las excusas para la miseria no sean el plato del día. Que el poder cambie de manos y sea utilizado para recuperarle las virtudes a una nación valerosa. Que los países de la región se integren a nuestros planes de libertad. 

No hay nada definido. Este primer mes podría convertirse en algo paradigmático y complicado. Lo sabemos de sobra. Estados Unidos definirá su conflicto político y sus rumbos verdaderos. Nuestro territorio tendrá dos asambleas para legislar y no podemos abandonar la real, para no diluir la lucha. Y sobrarán los resquemores por el coronavirus. Pero las siguientes semanas no sobrepondremos de todo lo negativo. Hay que ser empecinado para alcanzar el éxito. 

Deseo para todos un venturoso 2021. Lo hice visión desde su primera campanada. Que logremos convertir las heridas marchitas de un año desconcertante, en cicatrices de crecimiento y la humanidad sepa entender su propio concepto. Un fuerte abrazo de esperanza, que nos permita entender con sencillez, las buenas noticias que vendrán. Mi brindis sincero por el futuro… 

José Luis Zambrano Padauy

zambranopadauy@hotmail.com

@Joseluis5571

Exdirector de la Biblioteca Virtual de Maracaibo “Randa Richani”

lunes, 4 de enero de 2021

ACTUALIZACIÓN DE EL REPUBLICANO LIBERAL II, DIARIO DE OPINIÓN, http://elrepublicanoliberalii.blogspot.com/ LUNES 04/01/2021

 





MARÍA BLANCO, EL EMPRENDEDOR QUE NO SE JUEGA LO SUYO, NO ES EMPRENDEDOR

María Blanco reseña el libro de Deirdre McCloskey y Alberto Mingardi, El mito del estado emprendedor.

Uno de los fenómenos más repetidos en la historia reciente es el descubrimiento de cosas que ya están inventadas, como el "nuevo hombre", "el nuevo periodismo" o "el Estado emprendedor".

En el libro escrito conjuntamente por Deirdre McCloskey y Alberto Mingardi, The Myth of the Entrepreneurial State (El mito del estado emprendedor), publicado recientemente, se desvela la falacia del descubrimiento del estado emprendedor por la economista italo-estadonuidense Mariana Mazzucato.

La exitosa autora es asesora de Naciones Unidas, del presidente de la OCDE, de gobiernos como el escocés o el italiano, de la Comisión Europea, de la NASA; ha recibido todos los premios; tiene cuatro doctorados honoris causa, y un CV que hace palidecer al lucero del alba.

Y, sin embargo, en su libro más famoso, Mazzucato descubre, de nuevo, la cuadratura del círculo. Por eso es tan importante el trabajo de Mingardi y McCloskey, que recuerdan lo trasnochada que está esa idea de un Estado que, actuando cual emprendedor, beneficia a todos y es eficiente.

Sin embargo, la ocurrencia de que los gobernantes deberían ser exitosos industriales se remonta al aristócrata inspirador del socialismo utópico, Claude-Henri de Rouvroy, conde de Saint-Simon. En su Catecismo de los industriales (1823-24), Saint-Simon defendía que los industriales eran quienes debían llevar las riendas del país ya que son los más interesados en mantener la tranquilidad, en la economía pública, en limitar la arbitrariedad, y son los administradores más eficientes.

Lo que le parecía intolerable es que una nación esencialmente industrial esté dirigida por quienes no son productivos. No es la propuesta de Mazzucato, es la opuesta, pero es de esta semilla de la que surge la moda del estado emprendedor.

A mediados del siglo XIX, fallecido el maestro, sansimonianos como Michel Chevalier defendían el libre mercado y la empresa como medio para aumentar el poder del Estado. Un país rico que pague altos impuestos permitirá el fortalecimiento del Estado.

De esta manera, el gobierno podrá acometer, como empresario, grandes infraestructuras. No en vano, Chevalier fue quien, en 1860, firmó, junto con Richard Cobden, el tratado de libre comercio entre Francia e Inglaterra.

Chevalier participó en la creación del Canal de Suez y el de Panamá, y tenía la la idea de construir el ferrocarril transmediterráneo. Fue un digno discípulo de su maestro, Saint-Simon, quien ya había planteado la unión de los océanos Atlántico y Pacífico, a través de un canal.

Como recuerdan Mingardi y McCloskey, es a partir de John Maynard Keynes cuando, después de dos guerras mundiales y una depresión económica global, se pone en cuestión la necesidad de que sea el Estado quien estimule la demanda y adquiera protagonismo en el mercado.

Pero si damos la razón a Mazzucato y sus muchísimos seguidores, y concedemos que los inversores, como explica Thaler, actúan dominados por sesgos; si aceptamos que la sociedad es infantil e inmadura; si es verdad que las personas no vemos más allá de nuestras narices y necesitamos depender de alguien que nos ayude, ¿por qué tenemos que creer que los ministros del gobiernen no van a actuar dominados por sesgos, no van a ser infantiles e inmaduros y van a mirar a largo plazo?

Sobre todo, si analizamos las decisiones políticas de nuestro propio Gobierno, no ya en este año 2020, sino desde hace varios lustros, no se puede afirmar que sean los mejores líderes para guiar a nadie. Lo que se observa es, más bien, lealtad ciega al partido por encima del interés de los votantes, cortoplacismo patológico, superficialidad extrema y mucho gesto vacuo.

Esta reflexión viene al caso tras leer a María Vega quien, en su artículo de ayer, al hilo de las ideas de Mariana Mazzucato, señalaba la falta de experiencia de la clase política española en el mundo de la empresa. Podría excluirse a Marcos de Quinto y a pocos más. Efectivamente, el papel emprendedor del Estado no está exento de peligros, porque no puede darse.

Un emprendedor, por definición, como recuerda siempre Nassim Taleb, es alguien que se juega la piel, pierde su dinero, apuesta lo que es suyo. Los malos resultados de experimentos empresariales por el estado no lo pagan los causantes del desaguisado, ni en dinero, ni en votos. Siempre hay un culpable ajeno a la gestión del gobierno que permite tapar esos agujeros. Mazzucato tampoco se juega su dinero como consejera de Enel: los gurús saben cómo salir indemnes.

Pero Mariana Mazzucato no es la excepción, es la economista ortodoxa más exitosa, y más en los tiempos que corren. Como recordaban McCloskey y Mingardi, tras las catástrofes hay que esperar un crecimiento del rol del Estado.

El miedo, la debilidad económica, y en el caso de la pandemia, lo inesperado y la confusión informativa, son todos ellos factores que hacen temblar las rodillas de cualquiera y seguir al que nos dice que nos va a salvar.

Y ahí está Pedro Sánchez, que en todos los medios de comunicación se arroga la victoria de haber traído la vacuna, una llegada que nos alegra a todos, pero que es obra de la Unión Europea.

Si el presidente de España fuera Espinete, la Unión Europea la habría distribuido en nuestro país igualmente. Otra falsedad esparcida por las redes sociales es que es gratis: los fondos de la Unión Europea los aportamos los ciudadanos de la Unión Europea.

Como recordamos Carlos Rodríguez Braun, Luis Daniel Ávila y yo en Hacienda somos todos, cariño, libro que verá la luz el próximo 20 de enero, la maquinaria propagandística gubernamental nos engaña para que creamos que pagamos poco y por nuestro bien.

Por supuesto, la llegada de la vacuna es una muy buena noticia y yo soy optimista. Creo que poco a poco iremos recuperando el pulso y que siempre sale el sol tras la tormenta. Lo que nos encontremos cuando recuperemos la consciencia, eso es otra cosa. Feliz año a todos.

Este artículo fue publicado originalmente en El Español (España) el 29 de diciembre de 2020. 

María Blanco

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GABRIEL BORAGINA, ENTELEQUIAS FISCALES

"A título de principios, inmutables para un buen impuesto, que respete fundamentalmente la regla de la igualdad, Stuart Mill recomienda las cuatro máximas expuestas por Adam Smith que han sido aceptadas por numerosos economistas y, por consiguiente, ofrecen las características de verdaderamente "clásicas". Estas máximas son 1» Los sujetos del Estado deberán contribuir a sostener el gobierno tanto como sea posible en relación a sus facultades, es decir, en proporción de la renta de que ellos gozan bajo la protección del Estado. De la observación o del desprecio de esta máxima surge la igualdad o la desigualdad de un impuesto. 2» El impuesto que cada uno está obligado a pagar debe ser definido y no arbitrario."[1]

La expresión "sujetos del Estado" presenta problemas, porque si se entiende que el "estado" se compone de tres partes o elementos (gobierno, territorio y población) como acuerdan la mayoría de los juristas, es evidente que uno de los tres elementos (el territorio) no puede "contribuir", por cuanto no se trata de un ser humano. Nos quedan entonces solo los dos elementos restantes como posibles "contribuyentes" (gobierno y población) pero, como el gobierno está integrado por algunos miembros de esa población será más claro hablar de gobernantes y gobernados, ya que toda población se divide en estas dos partes.

Ahora bien, ya explicamos que los gobernantes no pagan impuestos como tales, entonces, nos quedan (por descarte) que se pretende hacer recaer esa "obligación" (cuyo fundamento no se ha dado, o se dieron "fundamentos" falaces para la misma) exclusivamente sobre los gobernados (es decir, solo una parte de la población).

Esto demuestra que es falsa la cacareada pretensión de "igualdad fiscal" (los burócratas se autoexcluyen de las leyes fiscales).

En suma, sigue sin explicarse porque unas personas deben mantener a otras (gobernados a gobernantes) y además de manera "obligatoria". La respuesta típica es porque el gobierno tiene el monopolio de la fuerza para exigirlo, pero entonces preguntaríamos ¿Quién le ha otorgado ese monopolio? Hoy en día se respondería que el parlamento, pero el interrogante subsiste ¿quién le ha conferido autoridad al parlamento para otorgar monopolios a nadie, y menos aún a un grupo de personas que se auto titulan "gobierno”? Se responderá: la Constitución, pero tampoco satisface las preguntas anteriores esta respuesta, porque volveremos a preguntar ¿Quién les ha otorgado a los redactores de la constitución la facultad de otorgarles a otras personas el establecimiento de monopolios incluido el de la fuerza?, se responderá "el pueblo" lo que tampoco resuelve nuestra pregunta original, simplemente porque esta última respuesta carece de toda prueba y evidencia, ya que no existe ningún registro documental que sirva para probar que el pueblo -así en abstracto- hubiera jamás conferido a nadie facultad alguna para constituir monopolios, ni mucho menos, constituirse en monopolio por sí mismo por decreto legal. Las teorías del "contrato social, pacto social" etc. no tienen evidencia ni fundamento de ningún tipo.

No existe, pues, tal cosa como "igualdad fiscal". Y en cuanto a que "El impuesto que cada uno está obligado a pagar debe ser definido y no arbitrario" peca de inocente. porque no ha tenido en cuenta al tan extendido hoy en día impuesto definidamente arbitrario.

"La época de pago, el modo de pago, la suma a pagar debe ser determinada con un sentido y de una manera inteligible para el contribuyente y para todo el mundo. Mientras que, si fuera de otro modo, toda persona sujeta al impuesto se encuentra más o menos sometida al recaudador que puede agravar la carga del contribuyente para el cual está mal dispuesto o extorsionar por el temor de cualquier gratificación."[2]

Que estas cosas se cumplan, en el mejor de los casos, puede hacer menos evidente la arbitrariedad del impuesto, pero no la eliminan por competo. Aun conocidos esos detalles el impuesto puede seguir siendo arbitrario. ¿Quién define la arbitrariedad del impuesto? Indudablemente aquel que tiene que pagarlo, nadie más que él. Por cuanto es el único que conoce sus necesidades, patrimonio, proyectos, etc. Todas cosas que se verán más o menos afectadas por el impuesto. No es menos arbitrario el impuesto que alterará -por ejemplo- más del 50 % de mi patrimonio por el hecho que yo tenga la certeza de que el plazo de pago vencerá todos los días 5 de cada mes, que puedo pagar en efectivo o cheque, etc.

De hecho, se puede decir que la teoría que impera en materia fiscal es la contraria: la de la arbitrariedad, porque es la que efectivamente se aplica en la práctica para desgracia de todos, menos de los burócratas.

Igual de arbitrario seria que la tasa fuera baja pero que el recaudador pudiera exigirla en cualquier momento, o, de cualquier modo, etc.

La única manera de poder decir que un impuesto es menos arbitrario que otro (o menos arbitrario en sí mismo) es que el gasto que está destinado a satisfacer sea bajo. Por eso, la discusión relevante no es, en el fondo, sobre el impuesto, ya que este no es más que un efecto del gasto estatal (que es su verdadera causa). Lo vicioso del impuesto es su carácter de coactivo, pero su origen (y el del mal) debemos buscarlo -y lo hallaremos- en el gasto estatal.

"El carácter indefinido del impuesto —y esto es una práctica que se recoge a diario, en todos los países y en todas las épocas—, estimula la insolencia y favorece la corrupción de una clase de hombres naturalmente impopulares, aun cuando no fueran ni insolentes ni corrompidos."[3]

Aquí se dice algo interesante y muy cierto. Los impuestos fomentan la insolencia y la corrupción, y el mismo párrafo reconoce que esto es diariamente observable. Basta ver las planillas fiscales que tiene que llenar y completar el expoliado para poder ver con nitidez la cantidad de preguntas insolentes que formula el fisco, realmente uno al completarlas se siente de la misma manera que debieron sentirse los esclavos de la antigüedad.

El trato humillante que reciben los expoliados en la oficina de tributos, la cantidad de trámites agobiantes e inútiles que deben realizar, la arrogancia con que los empleados fiscales observan a sus víctimas tributarias, etc. justificaría por si solo la abolición de todo el sistema fiscal, y reemplazarlo por otro verdalmente voluntario. Naturalmente, somos conscientes que muy lejos estamos de ese ideal, sino que, al contrario, si existió una época donde los impuestos constituían la arbitraria voluntad del déspota de turno, entonces, o no hemos experimentado evolución alguna o -caso contrario- hemos ido en franca involución, regresando a aquel sistema de barbarie en materia fiscal.

[1] Mateo Goldstein. Voz "IMPUESTOS" en Enciclopedia Jurídica OMEBA, TOMO 15, letra I, Grupo 05.

[2] Goldstein, M. ibidem.

[3] Goldstein, M. ibidem.

 

Gabriel Boragina

gabriel.boragina@gmail.com

@GBoragina  

http://www.accionhumana.com/2020/11/entelequias-fiscales.html

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