domingo, 4 de abril de 2021

ACTUALIZACIÓN DE EL REPUBLICANO LIBERAL: DIARIO DE OPINIÓN, http://elrepublicanoliberalii.blogspot.com/ DOMINGO 04 /03/2021


 



MIBELIS ACEVEDO DONÍS: EVITAR LA CATÁSTROFE

Atrás quedan los días en que el conflicto venezolano calzaba perfectamente en las hormas del “empate catastrófico”. La etiqueta acuñada por García Linera para bautizar la tensión que afecta la relación dialéctica entre fuerzas en disputa por la hegemonía, ese fruto de la confrontación entre “dos horizontes de país con capacidad de movilización, atracción y seducción de fuerzas sociales, (…) dos bloques sociales conformados con voluntad y ambición de poder, el bloque dominante y el ascendente”, poco o nada remite a la vista del presente. 

El pulso que en 2019 pareció convocar el ímpetu de dos toros equivalentes en peso y enjundia, ensartados por los cuernos al punto de inhibir todo movimiento del otro, acabó zanjándose -lo pronostica García Linera- a favor de una de las fuerzas. Sí: la irresolución de la parálisis puede “durar semanas, meses, años; pero llega un momento en que tiene que producirse un desempate, una salida”. En vuelco trágico, la apuesta de la oposición acabó desmantelada por la arremetida del bloque que hoy, como entonces, detenta el poder fáctico. 

De modo que la situación de asimetría propia de la relación con regímenes autoritarios -matizada por la dramática alineación del apoyo internacional y la expectativa en torno al mantra de los tres pasos- volvió no sólo a hacerse patente. También la escalada, sin suficientes puntos de soportes hacia lo interno, suscitó la avalancha suicida. Subestimando amenazas y debilidades de base, se avanzó hacia una etapa signada por la necesidad de tener el control total de la situación, dando pasos temerarios hacia la “zona de dolor”. En ese punto, dicen expertos como Friedrich Glasl, lo previsible es que quien tenga los medios los use para aplastar al rival. Así ocurrió. El resultado ha sido este erial, la tierra arrasada tras el barrunto de guerra. Una dirigencia anémica, descuadernada, sin ideas nuevas o poder de convocatoria, y un país copado por el chavismo. 

El desequilibrio en la correlación de fuerzas, insistimos, no es condición inédita, pero habrá que admitir que los errores de cálculo la agudizaron. Los espejismos del costo/beneficio proyectado al margen de fortalezas nítidas y sin considerar aliños caprichosos como la pandemia, por ejemplo, truecan en bitácoras feroces. Ahora, con muchos menos bártulos que antes y acuciados por los mordiscos de la emergencia sanitaria, toca hacerse las preguntas que antes se esquivaron: ¿cómo transformar la tensión entre necesidad y contingencia para alcanzar bien común, para generar avance y no sólo “fortuitos” retrocesos? 

En términos de acceso a ese poder-hacer, esa capacidad para introducir novedad en una dinámica restrictiva, mucho se insiste en la reconstrucción de vínculos entre liderazgo y sociedad: una sintonía que hoy naufraga en los fangos de la desafección política. La crisis de representación, tan tóxica en sistemas abiertos y competitivos, encaja golpes certeros a las oposiciones a gobiernos autocráticos. No sólo porque socava oportunidades de articulación democrática, sino porque conspira contra la amplificación de la potencia-acto individual. Penosamente los partidos, privados de su facultad de incidencia, dejan de ser instituciones efectivas para la agregación de intereses justo en momento en que la desconfianza aprieta y el miedo a la enfermedad gana espesor. Llevará tiempo atender ese boquete, sin duda. Entretanto, el riesgo es que cierto fatalismo asociado a la impotencia lleve a creer que la solución ya no está en manos de los políticos; que una puja de orden moral, una lucha de bien contra el mal anularía toda posibilidad de humanizar el conflicto y transformarlo. 

El agravamiento de la pandemia, no obstante, redefine las urgencias. Nos mete en un contexto donde la desconexión, la evasión o la intermitencia se traducen en pérdida de vidas. Uno que exige poner al ser humano en el centro de la decisión política. Desviarse de ese enfoque o revivir el vértigo de la escalada del conflicto, por tanto, no parece oportuno, prudente ni ético. La certeza de la asimetría no repiquetea en balde; más cuando el apremio por retener el poder, asegurar estabilidad y lidiar con la exigencia de aperturas podría estar perfilando un escenario inusual para quienes gobiernan. 

En tal sentido, el debate en torno a la adquisición de vacunas nos planta en campo minado. Lejos de sacar a la política de la ecuación, se trata de radicalizar la dimensión relacional, presionar hábilmente para reorientar las movidas de trapaceros, no menos racionales jugadores. Si la respuesta es la bravuconada, si a la solución se opone el efugio populista, el desafío es elevar los costos de tal decisión, apelar al criterio del experto, no pagar con inanes provocaciones. Un objetivo sería estrujar la ventaja de la que se dispone para incidir en el destrabamiento, para vincular la acción al compromiso ético-político. Mirada estratégica que luce vital cuando los recursos son tan exiguos y la intransigencia es lujo que no nos podemos dar. 

Mibelis Acevedo D.
mibelis@hotmail.com
@Mibelis
@ElUniversal

Venezuela  

ANTONIO JOSÉ MONAGAS: LA CIUDADANÍA DESDE LA POLÍTICA

La ciudadanía es fundamentalmente expresión del concepto de política. Aunque también la ciudadanía refiere otros ámbitos del conocimiento universal. Pero también, actitudes que comprometen valores morales y éticos. Más, aquellos que exaltan la honestidad, solidaridad, tolerancia, respeto, responsabilidad, amistad, comunicación, reciprocidad, unificación, equidad, generosidad, justicia, ecuanimidad y participación, básicamente. 
 
Debe advertirse que esto no es fácil de comprender en toda su magnitud cognitiva. Tampoco, en lo que su praxis concibe. Hablar de ciudadanía, y de construcción de ciudadanía, se convierte en un problema que difícilmente se supera en la edad adulta. Son múltiples las variables que en lo social, política y culturalmente, encierra el concepto de ciudadanía. Sobre todo, su ejercicio.
  
Cuando la persona alcanza la adultez, la construcción de ciudadanía se complica. No sólo porque para entonces, encauzar una conducta distinta de la que se disfruta en la zona de confort que para dicha edad tiende a disfrutarse, es un proceso bastante intrincado. Porque dicho espacio de placidez está supeditado a patrones de vida muchas veces manejados desde el egoísmo, la arbitrariedad, la ironía, la prepotencia y la aversión. O también, desde la posición social, el nivel económico o la postura política a la que sigue. Razones éstas que dificultan estimular en el adulto, un sentido de ciudadanía que concilie valores morales y criterios políticos. 
 
Pudiera pensarse en sembrar ciudadanía de alguna forma posible y viable. Particularmente, desde la óptica de la política. Aunque algo difícil, no es óbice para repeler tal idea. Aunque se ha demostrado que la ciudadanía se construye preferentemente en la escuela. En escuelas abiertas. Regidas por el principio: “valores y modales antes que conocimiento”. No obstante, la ciudadanía se cimienta en el hogar. Aún así, cabría la posibilidad de inducirla por otra vía y ante otro momento. Y es a lo que esta disertación apunta.  
 
Precisamente, en aras de reducir la brecha entre la resistencia del adulto a adoptar posturas de ciudadanía, y la terquedad propia de actitudes incompatibles con lo que compromete el sentido de ciudadanía, podría ensayarse algún método. 
 
Podría pensarse en una metodología de razón sociopolítica. La misma podría comenzar advirtiendo el rechazo que, por naturaleza humana, condiciona una cierta actitud personal alineada con una conducta marcadamente anti-cívica. Conducta ésta, apartada de normas preparadas para actuar en consonancia con todo lo que construye ciudadanía. O sea, en la línea de adquirir un mínimo pero necesario conocimiento, de conceptos tales como política, sociedad, gobernabilidad, ideología, desarrollo, historia, derechos humanos y valores morales y políticos. Esto innegablemente, sumado al concepto de urbanidad.
 
La metodología considerada, se pasea por los siguientes momentos de análisis: 1) Momento de reflexión o de deliberación del propósito perseguido. 2) Momento de recuperación, tiempo ocupado para ajustar la idea a las circunstancias reinantes. 3) Momento de reconstrucción, dedicado a elaborar propuestas relacionadas con la propuesta en curso. 4) Momento de enriquecimiento teórico-instrumental dirigido a delinear las propuestas discutidas en la fase anterior. 
 
La intención de afianzar el ejercicio de ciudadanía apoyado en la praxis política, apuntaría a la idealización de un “país posible”. O de una “realidad armonizada”. Los  participantes estarán asistiendo a un acto en el que el imaginario individual, habrá de jugar con la posibilidad de construir el andamiaje necesario sobre el cual habrán de erigirse factores, razones, recursos, hechos y proyectos relacionados con la ciudadanía. Asimismo, se examinarán instituciones, organizaciones y sociedades dispuestas a relacionarse con propuestas debatidas dirigidas a construir ciudadanía. 
 
Este proceso de enseñanza-aprendizaje, incitado por la necesidad de pautar una metodología que tienda a afianzar  la construcción de ciudadanía desde el ejercicio de la política, está conducido por un factor común denominador. Es el manejo teorético y práctico de ciudadanía apoyado por la práctica política. Esto deberá  sumar razones en lo concerniente al concepto de ciudadano. No sólo en cuanto a sus implicaciones. Igualmente, en cuanto a que advertiría el déficit de ciudadanía que pesa sobre la responsabilidad del ciudadano. Especialmente, en términos del desempeño cívico que corresponde a su haber y entender. 
 
De ahí la necesidad de plantear esta propuesta desde la óptica de la política. No sólo para comprender que la ciudadanía detenta una condición política. Sino también, para reconocer que la política constituye al terreno desde el cual el hombre le imprime fuerza a sus decisiones. O sea, es el recinto en el que descansan las razones que justifican la conducta ciudadana ante cualquier coyuntura o situación. Indistintamente de si la misma es causante de equivocaciones o aciertos. 
 
El problema de actuar al margen de un comportamiento ciudadano, se suscita cuando cualquier actitud afecta a otro. Y dado que el ser humano vive en sociedad, no debe obviarse el riesgo que implica tomar decisiones propias que perturben a otros. Y es ahí donde la ciudadanía tiende a fracturarse como concepto y razón de convivencia. La pluralidad se fractura por la ausencia de tolerancia. 
 
Es justo el momento en el que el egoísmo se apropia de la coyuntura social y política. Es situar la realidad en el límite exacto entre la anomia, la barbarie y la civilidad.
 
 
La intención suscrita en estas líneas, es proponer un modelo alfabetizador que despierte la necesidad y el interés, condición política ésta, de “ciudadanizar”a cuantos hombres y mujeres sean posible. Así, con la mayor modestia, estas ideas podrían actuar como razón para construir ciudadanía. De tal modo de formar un ciudadano en todas sus potencialidades cívicas. Es la intención de motivar la ciudadanía desde la política.
 
Antonio José Monagas
antoniomonagas@gmail.com
@ajmonagas
Venezuela

ROMÁN IBARRA: ACUERDOS POR LA VIDA

A lo largo de 22 años ininterrumpidos en el ejercicio de poder en Venezuela, está más que demostrado que por más intentos de demoler todo vestigio de disidencia, y oposición, ha sido imposible exterminarla, a pesar de sus propios errores sistemáticos, como el asunto de la abstención del que tantas veces hemos comentado.
 
Del mismo modo, todos los intentos –democráticos, y no democráticos- realizados por la oposición, tampoco han dado los resultados perseguidos, en términos de salir del gobierno.
 
Por una parte, el gobierno se cierra cada vez más y destruye espacios de institucionalidad para ahogar disidencias, pero también la dirigencia de la oposición se ha hecho cada vez más incapaz de encontrar salidas eficaces para lograr la alternabilidad en el ejercicio del poder político.
 
De tal manera que pretender continuar haciendo las mismas cosas de lado y lado, solo conduce a la exacerbación de los polos, y a la diatriba permanente e infecunda, pero en el medio de todo, está un país ávido del diseño y puesta en práctica de políticas públicas que corten el nudo que asfixia al conjunto de la sociedad sin distingos, excepto para quienes pertenecen a los círculos vinculados al poder y sus beneficios.
 
Insistir en la necesidad de negociar salidas a la crisis no es tarea menor, y por el contrario necesaria. No es aceptable la indiferencia que existe frente a problemas como la desinversión en sectores vitales como electricidad; agua; gasolina; gas; diesel; transporte superficial, y subterráneo; seguridad de personas y bienes, y muy especialmente el sistema de salud para atender a nuestra población en estos tiempos de recrudecida pandemia.
 
Por información extraoficial se dice que el 95% de los enviados cubanos a Venezuela, ya han sido vacunados, y eso es una ofensa mayúscula en virtud de que nuestros médicos, enfermeras y demás personal de la salud, son probablemente el sector más afectado y con el más alto porcentaje de fallecimientos, y es vital que sean vacunados de manera prioritaria.
 
Toda la ciudadanía venezolana merece y necesita ser vacunada tan pronto como sea posible; es inaceptable la irresponsabilidad con la que el gobierno ha asumido el tema.
 
Es urgente que gobierno y oposición dejen de estar jugando a la necedad de echarse culpas, en un toma y dame fastidioso, que raya en la crueldad y estupidez, si no fuera porque en medio de todo se están perdiendo vidas valiosas.
 
Da tristeza y pena ver como las redes se llenan a diario de ciudadanos desesperados haciendo campañas de recolección de ayudas económicas para atender problemas de salud que deberían estar resueltos ya, habida cuenta de que el país ha tenido y sigue teniendo los recursos para atender esos asuntos.
 
En esa dualidad fantasmagórica que tenemos en nuestro país con un gobierno de verdad, y otro de mentira; escena en la que ambos administran recursos de la nación, termina la sociedad pagando los platos rotos de la irresponsable crueldad con la cual están actuando.
 
Será posible que ambos entiendan que cada minuto que pasa sin resolver la crisis se pierden nuevas vidas, y solo aumentan la frustración, la desesperanza, y la ruina de nuestra gente?
 
Tenemos que insistir otra vez, aunque sea un ruego, de que se pongan de acuerdo para atender la puesta en práctica urgente de un plan masivo de vacunación de la población, comenzando por los sectores más vulnerables: médicos y demás miembros del sector salud; ancianos; profesores y maestros; bomberos; policías; militares, y el resto de la población.
 
Es justo y necesario como decimos los católicos. Aprovechemos estos días de la resurrección de nuestro señor Jesucristo para atender el clamor de toda la sociedad. Amén.
 
Roman Ibarra
romanibarra@gmail.com
@romanibarra
Venezuela
 

LEANDRO RODRÍGUEZ LINÁREZ: ¿CHAVISMO POR 20 AÑOS MÁS?

El proyecto chavista (o castrista) en Venezuela desde sus inicios ha tenido un solo objetivo, la retención del poder, el mismo Chávez al inicio de la crisis política de 2001-2002, sumergido en impopularidad tras más de 2 años en el poder sin cumplir las promesas realizadas en campaña y tras negarse a la solicitud de referéndum consultivo, lo dijo claramente: así perdiera el referéndum 10% a 90% no iba dejar el poder. Para ello, se trazó 3 pilares fundamentales de anclaje al poder:
 
El primero, fue hilvanar la infraestructura requerida para el proyecto, la desinstitucionalización del país que continúa hasta el sol de hoy. En aquel entonces, posterior al derrocamiento del 11 de abril 2002, Chávez accedió ir al revocatorio, eso sí, solo después que Jorge Rodríguez se apoderada del CNE. Después del referéndum, el oriundo de Sabaneta lo premió designándolo como vicepresidente de la nación. Heredó el CNE Tibisay Lucena de la cual ya conocemos su irreversible actuación.
 
Nada escapa a la desinstitucionalización, hubo un romanticismo hasta 2006 dónde el régimen aprovechó al máximo el boom petrolero, el populismo salvaje le brindó victorias electorales en las que (además) el ventajismo institucional no fue descartado. Ya para 2007 la suerte cambió, Chávez perdió su intento de reforma constitucional la cuál impuso vía habilitante y AN del momento, lo cual los venezolanos nunca se lo perdonaron comenzando su desgracia. Desde 2008 comenzó perder alcaldías y gobernaciones claves, incluso la AN de 2010 también la perdió, pero una antidemocrática reingeniería electoral perpetrada por el CNE permitió al PSUV obtener más diputados a pesar la oposición obtuvo más votos.
 
Desde 2008 comenzaron las trágicas elecciones en condiciones mínimas, donde las instituciones psuvizadas comenzaron arrebatarles recursos, competencias y facultades a todos los espacios de poder que el venezolano restaba al chavismo. Comenzó la persecución, destituciones, encarcelamientos, gobiernos paralelos, así como las cobardes inhabilitaciones. En 2015 el régimen se dio cuenta que ni con condiciones mínimas podía obtener triunfos electorales, tras haber perdido por paliza la AN de ese año, comenzó imponer procesos electorales en condiciones absurdas, donde impone partidos, candidatos y resultados… por eso las sanciones internacionales.
 
Todo esto por un lado, la primera clave de la retención del chavismo es el control absoluto de las instituciones del Estado lo que le ha permitido no perder ni perdiendo electoralmente, además de darle absoluta discreción en el manejo de los recursos y armas de la nación. El segundo pilar es el centralismo ultroso, generar la dependencia absoluta de toda actividad nacional al gobierno central, aunado a una quiebra premeditada del sector privado generando así una sociedad dependiente del Ejecutivo, debilitada, atada a través de sus necesidades básicas. Pero el chavismo no fue inmune a su propio veneno, la corrupción atroz quebró Pdvsa, único bastión económico que le permitía financiar su proyecto… él solo se complicó.
 
En tercer lugar, el pilar de la neutralización social. El peor enemigo del chavismo son los ciudadanos, por ello les quitó su herramienta más importante: El voto. El chavismo asesinó el voto pues no premia, castiga ni genera cambios, por ello las abstenciones que a la postre resultaron el mejor antídoto contra el proyecto castrista, pues lo ilegitimó e ilegalizó
 
internacionalmente. Sin embargo, esta neutralización no va sola, va acompañada de la represión atroz, como el mismo Padrino López la bautizo en 2017, donde componentes del orden público formales e informales acallan brutalmente cualquier intento de protesta, así estén contempladas en la Constitución y sobren los motivos para propiciarlas, después de todo, el chavismo solo llegó a nuestra historia para empeorar todos males de la llamada cuarta república y generar otros nuevos muchísimo peores.
 
Estos son los tres pilares que sustentan al chavismo dentro de Venezuela, que de no comprenderse adecuadamente podrían generarle 20 años más en el poder.
 
Leandro Rodríguez Linárez
leandrotango@gmail.com
@leandrotango

Venezuela

LUIS FUENMAYOR TORO, ACCIONES SANITARIAS URGENTES

La situación de la pandemia en el país se ha venido agravando en forma acelerada, tanto, que ya cualquiera conoce a alguien enfermo por coronavirus y a personas fallecidas por el virus. Aunque no me gusta argumentar con casos individuales, sino tener a la mano un registro estadístico confiable, puedo decir que en el edificio donde vivo en Los Chaguaramos hemos tenido hasta ahora 5 casos de la enfermedad, cuatro de ellos recientes, con una persona fallecida lamentablemente. Y continuando con la argumentación que no me gusta, en mi familia cercana hemos tenido hasta ahora 9 casos, afortunadamente sin ninguna muerte, pero dos de ellos lo suficientemente graves como para ameritar oxígeno con mascarilla y ser hospitalizados. Y si sigo con esta narrativa vivencial, puedo decir que todos los días sé de gente que se enferma y gente que muere, muchos de ellos conocidos y algunos amigos.
 
Con lo anterior quiero decir, que se acabó ese período donde nunca habíamos visto a nadie con la CoVid-19, ni mucho menos conocido a alguien que la hubiera sufrido o que hubiera muerto por sus efectos. Y esto tiene un significado muy claro, pues demuestra una importante exacerbación de la pandemia, independientemente de que se informe o no sobre la misma o que los datos oficiales estén subestimados por la causa que fuera. Y no pretendo decir que estas apreciaciones sustituyen a los informes científicos y profesionales con tratamiento estadístico, ni a los boletines gubernamentales. No he medido el miedo de la población, no tengo forma de hacerlo, pero es más que evidente que, en algunos sectores sociales por lo menos, hay mucho miedo, sin que pueda afirmar aún que exista pánico, en relación con lo que está sucediendo, y la gente en general no aprecia acciones oficiales realmente efectivas para enfrentar la crítica situación actual ni la mucho más crítica que se avecina.
 
A pesar de lo que el gobierno repite, los centros hospitalarios están saturados según la experiencia de todo el que los visita en búsqueda de ayuda, algo que dicen todos los organismos no oficiales del sector salud. Pero volvamos a lo vivencial. Son muchas las personas afectadas que me han relatado el trágico periplo recorrido ante una emergencia familiar con el virus, para al final no poder dejar hospitalizado a quien se muere por asfixia. Y las visitas incluyen al Poliedro, al llamado Hospitalito de Fuerte Tiuna, al Hospital Universitario, a los viejos hospitales de emergencia capitalinos. Y hablo de Caracas; imagínense en la provincia. Las respuestas siempre son las mismas: no tenemos camas, no tenemos oxígeno, no tenemos medicamentos. Médicos y enfermeros sí hay, a pesar de la miseria que les pagan y que no los han vacunado a todos como era debido, pese a que 1de cada 4 muertes por la virosis es de ellos.
 
La llegada de vacunas es hasta ahora promesa incumplida. Las cifras cacareadas son ínfimas en relación con las requeridas y las supuestamente compradas. Es imprescindible que se destinen recursos prioritariamente a la adquisición de varias vacunas, pues será la única forma de iniciar el programa de vacunaciones, desconocido hasta ahora, que deberían tener, y que debería atender primero a los sectores prioritarios internacionalmente aceptados y no a los de la inventiva criolla basada en amistades y compromisos partidistas. Acciones y no discursos es lo que se requiere. La capacidad diagnóstica del sistema de salud tiene que ser mejorada, pues ya es más que evidente que el número de casos que anuncian está subestimado, como también los está el número de muertes. Garantizar la oxigenoterapia a quienes la necesiten es prioritario. Otro tanto con los fármacos para el tratamiento de los efectos de la virosis, ante la inexistencia de ningún antiviral específico contra el SARS-CoV-2.
 
Lo que se ha gastado innecesariamente en el carvativir debió ser destinado a la adquisición de rubros esenciales contra el coronavirus. La politiquería es mortal en pandemias de este tipo, y la ejercida, también en forma criminal, por la oposición guaidoista, deben ser execradas en el enfrentamiento de la pandemia. Todos los venezolanos lo agradeceríamos.

 

Luis Fuenmayor Toro

lft3003@gmail.com

@LFuenmayorToro

Venezuela 

JUAN D, VILLA ROMERO: REIMPULSEMOS EL METRO DE CARACAS

Caracas amaneció con una gran evolución el 2 de enero del año 1983, inaugurando con broche de oro aquel año Bicentenario donde se conmemoró el natalicio del Libertador Simón Bolívar, promovido por la administración del entonces presidente de la Nación Luis Herrera Campins, aunque la celebración fuera ensombrecida al mes siguiente por el llamado viernes negro. 
 
A la inauguración del primer tramo, entre Propatria y La Hoyada, siguió en marzo la extensión hasta Chacaíto, concretándose hacia la dirección Palo Verde en noviembre del año 1989. Antes de ello, el axis de la primera línea que salvó la fractura secular de Caracas entre este y oeste, priorizando la comunicación en este último sentido fue articulado desde 1987 con la línea 2, entre Capitolio y Caricuao, que también dio preferencia a los populosos sectores del suroeste. Y para 1994, con la incorporación de la casi totalidad de la línea 3, de Plaza Venezuela hasta El Valle, la red caraqueña, aunque incipiente, comenzó a ramificarse como las de otras urbes.
 
Cuando comenzó a funcionar en 1983, el Sistema Metro, fue inaugurado como "la gran solución" para una Caracas de 3.500.000 habitantes, que ya parecía intransitable por sus calles congestionadas y un transporte superficial desorganizado.
 
Claras normas de comportamiento lo definían, incluyendo la prohibición hacia el comercio informal, el no ingerir alimentos dentro del sistema, destacando además que las mismas eran divulgadas desde altoparlantes y carteles en las estaciones y vagones.
 
A ese civismo ayudaba en parte el equipamiento y ambientación de las estaciones, realzadas muchas por obras de artistas reconocidos: desde Jesús Soto en Chacaíto, pasando por Lya Bermúdez en Colegio de Ingenieros, hasta Francisco Narváez en La Hoyada, por mencionar hitos de la primera línea. La imagen externa de esta última estación, perteneciente al Archivo Fotografía Urbana, es de hecho una postal de las muchas que, a lo largo de la década de 1980, llegaron a los quioscos venezolanos y las revistas internacionales de arquitectura y urbanismo.
 
También el mantenimiento preventivo y correctivo hacia toda la red subterránea, lo cual, se traducía en calidad de vida hacia los usuarios y ejemplo de ello es que los trenes funcionaban con óptimas condiciones (aire acondicionado, asientos disponibles, iluminación y pulcritud); resaltando que podían ser abordados cada 5 minutos y nunca se llegó a presentar los accidentes por descarrilamiento que vemos en la Venezuela de hoy.
 
38 años después, tenemos de Este a Oeste 2.500.000 habitantes adicionales, calles mucho más congestionadas, un transporte superficial sin evolución positiva y un sistema ferroviario que ha degenerado de "gran solución" a "precariedad" donde dominan el caos, la anarquía y el desorden.
 
Hoy en pleno siglo XXI, el Metro de Caracas pasó de ser una empresa modernizadora a una carente de planificación, mantenimiento, confortabilidad y reglas claras.
 
Con todo y ello, es importante perseverar, no rendirse y seguir luchando constructivamente hasta que retorne a nuestra ciudad esa "cultura metro" y porque el Ministerio del Poder Popular para el Transporte esté en consonancia con la misión originaria de este medio de transporte, que no fue otra que aportar a la sustentabilidad de la ciudad y coadyuvar a una movilidad ordenada, donde aspectos como la salud, el tiempo, comodidad y seguridad de los usuarios tenían valor.
 
Luchar por ese subterráneo que salvó las fracturas de una metrópoli segregada de Este a Oeste, al tiempo que propició una insospechada renovación urbana y cultural; que en el dominio urbanístico, fungió como un eje prioritario de aquel plan denominado "La Gran Venezuela", y que visto en retrospectiva, no es poco el conjunto de logros que en el siglo pasado tuvo y proclamó de la mano del ciudadano ser “la gran solución para Caracas”.

Juan D Villa Romero
juandiegovillaromero27@gmail.com
@jdiegovillave
@visionvenezuela

sábado, 3 de abril de 2021

ACTUALIZACIÓN DE EL REPUBLICANO LIBERAL: DIARIO DE OPINIÓN, http://elrepublicanoliberalii.blogspot.com/ SÁBADO 03/03/2021

 





AURORA LACUEVA: URGENCIA DE LA VACUNA

Aunque parecía ya logrado, no se ha concretado el acuerdo entre el gobierno de Maduro y el sector de la oposición liderado por Guaidó, a fin de adquirir vacunas anti-Covid con fondos del país represados en bancos del exterior debido a las “sanciones”. Al menos tal es la situación cuando esto escribo. Muy lamentable, pensando en la salud de toda la población. Leí que el gobierno de EEUU solo estaba abriendo el acceso a 30 millones de los miles de millones de dólares congelados, ¿o se trataría solo de una primera fase? Falta información.
 
Hasta ahora, la pandemia ha cobrado relativamente pocas víctimas entre nosotros, en comparación con otros países. Pero las cosas pueden agravarse con rapidez: el virus muta, los hospitales no están en las mejores condiciones, hay cansancio por la prolongada cuarentena… Alcanzado un punto de saturación de los servicios médicos, todo puede tornarse muy difícil. Por otra parte, el largo confinamiento afecta ya demasiado a la economía de las familias, y a la educación de sus niñas, niños y jóvenes. Entre las “sanciones”, la pandemia y los errores y faltas del gobierno, nos encontramos ante un país exprimido, agotado. Requerimos ir encontrando vías para avanzar: requerimos oportunidades para trabajar y recibir un ingreso justo, oportunidades para de verdad poder estudiar, oportunidades para planificar un futuro que no sea migrar. Un paso importante en ese sentido es que seamos inmunizados, permitiendo así que salgamos del encierro y nos activemos.
 
Los expertos hablan de la necesidad de vacunar a entre el 70% y el 90% de la población. No entran en la cuenta los menores de 16 años, pues aún no se ha investigado su reacción a la vacuna. Hablamos hoy de un mínimo por vacunar de 13 millones de personas, y un posible óptimo de 22 millones. Para vacunas de dos dosis, que son la mayoría, estas cifras se traducen en un mínimo de 26 millones de dosis y un óptimo de 44 millones. Hasta ahora han llegado al país unas 650.000 dosis. Falta mucho y deben aprovecharse múltiples canales para alcanzar la necesaria meta. El canje de petróleo por vacunas es una buena propuesta, y también sería útil poder usar al menos una partecita de los miles de millones de dólares de todos nosotros congelados en el exterior dizque para ayudarnos.

Aurora Lacueva
lacuevat@hotmail.com
Aurora Lacueva
@AuroraLacueva
@Unoticias
Venezuela

JOSÉ RAFAEL HERRERA: APURE ES UNA EXPRESIÓN DE LA LÓGICA DE LOS TÉRMINOS OPUESTOS

Los términos lógico-ontológicos propios de la oposición no pueden ser confundidos con los de la distinción lógica e histórica. Es verdad, como afirma Benedetto Croce, que “un todo es todo solo porque y en cuanto tiene partes” y que “un organismo es tal porque tiene, y es, órganos y funciones: una unidad es pensable solamente en cuanto tiene en sí distinciones y es la unidad de las distinciones. La unidad sin las distinciones causa repugnancia al pensamiento, tanto como las distinciones sin la unidad” (Log, 1, VI). Pero, advierte Croce, los términos que conforman la distinción no son términos opuestos, ni se reducen a ellos. Distinta es la actividad práctica de la teórica. En la teoría, la estética es distinta a la lógica; en la práctica, la ética a la utilidad. En cambio, lo opuesto de la actividad práctica es la inactividad práctica; lo opuesto de la utilidad es la inutilidad; lo opuesto de la moralidad la inmoralidad, etc. Entre los términos opuestos no es posible agregar o insertar conceptos como la fealdad, la falsedad, la inutilidad o la maldad. No caben. Lo opuesto a la derecha es la izquierda. Pero la gansterilidad es un término que no tiene cabida entre ellos. La gansterilidad, distinta como es de la derecha o de la izquierda, es la otredad de la otredad de la propia gansterilidad, es decir, de su término idéntico correlativo, aunque este se presente como la “antigansterilidad”, bajo la forma de Estado.
 
En este sentido, conviene insistir, una vez más, en el hecho -lógico e histórico- de que el fenómeno contra el cual se enfrenta la sociedad civil venezolana -de la cual, por cierto, y para el asombro de unos cuantos inadvertidos, también forman parte los partidos políticos- no consiste en una relación de oposición, de antagonismo frente a “su otro”, sino en otra cosa, que no puede ser definida bajo los criterios formales, ni tradicionales o genéricos, de esa suerte de cajón de sastre que recibe el nombre de “anti-política”. Se trata de una experiencia inédita -de ahí la dificultad de su comprensión- marcada no por la oposición política sino por la distinción contra el criminal. Un político se enfrenta -se opone-, bajo los términos de la lógica política, contra otro político de otra tendencia. Y podrán luchar a muerte, pero tarde o temprano se producirá, entre ellos, el recíproco reconocimiento… No sucede lo propio respecto de un gánster, porque el gánster no solo no es político sino que es virtualmente un enemigo y un secuestrador de las relaciones políticas.
 
Más allá de la filmografía hollywoodense, en pleno llano venezolano, una de las puertas de entrada y salida estratégicas del gran negocio del narcotráfico, cerca de 5.000 personas han sido recientemente desplazadas, centenares han sido heridas y, por lo menos, se cuenta con más de una decena de personas asesinadas. Hasta ahora, porque la condición actual amenaza con empeorar. No obstante, y a decir verdad, la situación no es nueva. Y es que desde hace ya mucho tiempo, la población de La Victoria, en el estado Apure -al igual que la del resto de las poblaciones fronterizas de lo que va quedando de país- viene siendo controlada y sometida sistemáticamente por los poderosos carteles de “los Soles” y de “Sinaloa”. De modo que, lo que en algún momento de su historia regional diera lugar al nombre de “La Victoria”, hoy no es más que la confirmación efectiva de su completa derrota frente al terror de los narcos. No se trata de resaltar la incompetencia de los efectivos militares venezolanos en su “lucha por la defensa de la soberanía nacional”. Palabras, por cierto, absolutamente vaciadas de todo contenido. Se trata, más bien, de comprender los alcances de la confrontación, abierta y directa, entre dos mafias, entre dos estructuras criminales, que “luchan a muerte” por el control de la zona, a los efectos de defender el imperio de sus intereses o, más bien, los intereses de sus respectivos imperios.
 
Esta es la más estricta expresión del significado objetivo de la lógica de la oposición. La verdadera oposición al consorcio gansteril que mantiene secuestrada a Venezuela no es otra que el consorcio gansteril que, en este momento, lucha a sangre y fuego en su contra por el territorio de “La Victoria”, y que, llegado un determinado momento de las hostilidades recíprocas, es decir, tarde o temprano, tendrán la necesidad de establecer un acuerdo de convivencia, a los efectos de reconocerse recíprocamente. En otros términos, la llamada “oposición” al régimen gansteril venezolano no es –y no puede ser– una oposición, o, por lo menos, no lo es en términos reales, porque no es su término opuesto correlativo. A menos que renuncie a las formas políticas propias del juego democrático y decida  incorporarse a los grandes negocios de lo que va de siglo: el narcotráfico y el terrorismo. Pero con ello dejaría de lado sus banderas de lucha y renunciaría a su propia condición. En efecto, quienes luchan por la democracia y las libertades políticas y sociales en Venezuela no pueden ser considerados como la oposición –o los opuestos– al régimen sino como los distintos al gansterato y, como tales, deben comenzar a asumirse, a autorreconocerse. Nosce te ipsum. Lo que implica demostrar en la práctica el poseer la condición civil necesaria para poder serlo.
Anuncios
 
La restitución del sistema de vida democrático en Venezuela pasa, necesariamente, por la existencia de una generación de dirigentes políticos que, como lo hiciera la llamada generación de 1928, sean lo suficientemente capaces de comprender que cuando se asume la democracia se está asumiendo un nuevo modo de vida, un innovador modo de ser y hacer, de pensar y hablar, adecuado a las ideas y valores que le son inmanentes. No bastan los tecnócratas de la política. No son suficientes los especialistas en publicidad y mercadeo. No se trata de un jingle, ni del último ritmo del rating –el de mayores ventas– en el hit parade del quehacer político. Se trata de una nueva cultura, por cierto, de una Weltanschauung, muy distinta a la que, hasta el presente, el régimen gansteril ha terminado por imponer y la mal llamada “oposición” por asumir. Ha llegado el momento de la autoconsciencia. 

José Rafael Herrera,
jrherreraucv2000@gmail.com
@jrherreraucv
Venezuela

EGILDO LUJÁN: EL CANTO DE SIRENA HA TERMINADO EN UNA RUINA NACIONAL PROLONGADA

Es difícil hacer un análisis de la situación político y social venezolana sobre los últimos 22 años (1999-2021) transcurridos. Y más si se hace repasando la historia desde el año 1958, luego de haber sido derrocado el Presidente de turno, el Dictador Marcos Pérez Jiménez.   
 
Dicho gobernante, no obstante haber impuesto una dictadura militar, con todos los problemas que eso implica de por sí, logró imprimirle al país un ritmo desarrollista  de modernización, sobre todo estructural. El logró modernizar el sistema de autopistas y carreteras, hospitales. Y la Universidad Central, inclusive, fue declarada patrimonio cultural.   
 
La referencia es sobre muchas obras que hoy, después de 60 años, siguen siendo importantes. Y que las que lucen en proceso de destrucción, responden a la desatención de que han sido objeto precisamente en los últimos 22 años. 
 
Luego de un Pacto político histórico de unión democrática (El Pacto de Punto Fijo) durante esos 40 años, después de haber sido derrocado el Dictador, el país continuó con un innegable y acelerado desarrollo. Lo hizo con un ritmo  importante, tanto en lo  económico como en lo social, haciendo posible que Venezuela se ganase el calificativo de país ejemplo de progreso, y contando con la Democracia más sólida y avanzada de América Latina. 
 
Pero en la actualidad, sin embargo, al evaluar la situación venezolana, hay que comenzar por aceptar haber cometido un gravísimo error: se estructuró, entre todos los integrantes políticos y económicos de la sociedad civil, una confabulación  en contra del estamento gubernamental de 1998. Y luego, lejos de corregir los errores y afianzar la Democracia sin destruir los partidos políticos, se optó por escuchar los cantos de sirena de un nuevo Dictador cargado de ofertas engañosas; de un  sembrador de odios que terminó  convirtiéndose en un nuevo Mesías nacional.   
 
Es así como renace el populismo en Venezuela, que termina concluyendo en  el resultado que lo viven y  sufren  hoy 30 millones de ciudadanos, conjuntamente con un país que sólo puede exhibir su condición de ser un ejemplo de ruina nacional. Mejor dicho, modelo en pleno Siglo XXI de un país que hace poco fue el prototipo de una Nación que se proyectaba como muestra de una economía con posibilidades de ser motivadora continental de un proceso transformador, pero que terminó en lo que hoy evidencia:  un país humillado y arruinado. 
 
Ahora bien, en esos últimos 22 años (1999-2021) de desgobierno, con un elevadísimo índice de corrupción,  los responsables de lo sucedido terminaron cayendo  en el desprestigio y repudio de un  90% de los venezolanos, penosamente insuficiente para que se cerrara dicho ciclo, y al extremo de que, en la actualidad, continúen en el ejercicio del poder.  
 
Lo han hecho teniendo una resistencia  opositora de casi toda la población,  pero desarticulada, sin dirección, ni un Plan transformador concreto. Suficiente, desde luego, para que surja la gran pregunta;  ¿por qué los venezolanos no han logrado desprenderse de un gobierno tan repudiado?.  
 
Y la repuesta no ha sido otra que la más común entre todas las argumentaciones  que se han esgrimido al analizar el desempeño de los partidos políticos, como de sus líderes. Se trata de que:  nunca han podido lograr una verdadera unidad de la oposición democrática, tampoco haber concertado un proyecto unitario. Pero, además, como si hubiera sido poco, también han optado por ignorar a la Sociedad Civil.  
 
Para dicha dirigencia, ha sido suficiente  que, entre ellos, hayan prevalecido los intereses partidistas y personales, por sobre los intereses de los ciudadanos y la propia  Nación. Consecuencialmente, los ciudadanos han perdido la fe en los partidos políticos, y, a la vez que no se han considerado representados por el gobierno de turno, tampoco lo han percibido  de parte de quienes se autocalifican dirigentes de la oposición.  
 
Es verdad, se han hecho diversos intentos dirigidos a sustituir al régimen predominante, administrador incansable de cantos de sirena. Pero todos han terminado siendo fallidos, amén de desarticulados. Asimismo, se han celebrado   diversos eventos electorales, y el intento ha fracasado, bien por desunión, mesas electorales abandonadas, y por no admitirse que no se puede ir a elecciones contando el desgobierno, además de sometidos  a la voluntad predominante del control absoluto y parcializado de la rectoría de un ente electoral, cuyo desempeño administrativo más eficiente siempre ha sido el de no permitir que los eventos comiciales concluyan haciendo posible la victoria de quienes no forman parte de la estructura partidista gubernamental.  
 
Y, mientras eso ocurre en las instancias públicas, los partidos políticos, ciegos, se desempeñan condicionados por con un único interés: ganar puestos electorales, mejor dicho, “encamburarse” en Gobernaciones y/o Alcaldías,  sin querer ver, además,  que los escasos ganadores anteriores de algún puesto les nombraron un usurpador del mando paralelo, quitándoles toda preponderancia al legítimamente electo.   
 
Lo que es más lamentable al día de hoy, sin embargo, es que las organizaciones partidistas que todavía se mantienen activas,  están considerando concurrir a unas nuevas elecciones que pretende convocar el régimen, respondiendo siempre a sus intereses grupales, a la renovación de sus cantos de sirenas.   
 
Hay quienes creen y califican de hecho seguro que, en este caso, una vez más, es factible y posible lograr la mejor cosecha política cuando sus contrincantes  sólo siguen siendo ejemplos de lo que reza la expresión popular, en cuanto a que no hay peor ciego que aquel dotado de buena vista y que, sencillamente, no quiere ver.   
 
Como si lo planteado fuera poco, y, peor aún, ya está introducida la propuesta de cambio inconstitucional, para convertir a Venezuela en un estado comunal (Comunista), según lo cual Alcaldías y Gobernaciones terminarían siendo figuras arqueológicas, y sus ductores simples observadores de  techos. 
 
Definitivamente, llegó la hora de reflexionar y de entender que Venezuela tiene ya un mandato del pueblo. Y, como se sabe, lo que ese pueblo Soberano ordenó en la consulta del 12/12/2020, fue el cese de la usurpación de la autoridad gubernamental, para luego concurrir a unas elecciones libres y justas, además de debidamente supervisadas.  
 
 Lo que esto traduce, además, es que ningún funcionario público, tampoco  ningún ciudadano de la oposición debe -ni constitucionalmente puede- desobedecer el mandato del Soberano y, menos aún, concurrir a unas elecciones ilegítimas, convocadas y controladas por un Consejo Nacional Electoral totalmente parcializado.  
 
Duele e indigna decirlo, pero Venezuela se ha convertido en una calamidad mundial, en el que “ha metido las manos todo el mundo". Es un país que, a juzgar por el sentimiento popular, se ha convertido en una expresión política en la que lo que predomina es un contaminado “caldo morado". 
 
El mundo  democrático Occidental, ante el horror venezolano, convertido en un estado corrupto y forajido, con la diáspora más grande de la historia, le ha planteado  a Venezuela convertir en verdad inquebrantable su disposición a la unidad. Pero no tan sólo de los partidos políticos G-4, 5, 6, G-100 o más; también le están pidiendo la unión de toda la Sociedad Civil, conformada por los soberanos y legítimos dueños del país. De igual manera, le están exigiendo al frente opositor, nuevas caras con experiencia. Y a los partidos, asimismo, que no cometan nuevamente el error de ignorar a la Sociedad Civil.  
 
Basta con recordar  a un viejo político venezolano cuando se preguntó: "¿LA SOCIEDAD CIVIL?. ¿Y CON QUÉ SE COME ESO? ". Pues bien, esa desconocida y subestimada Sociedad, es la misma que hoy está llamando a la UNIÓN, y que, además de ser atendida, comprendida y apoyada, pudiera ser la que logre la materialización de la unidad entre los venezolanos. Pero, además, que haga posible la consolidación de toda la ayuda internacional ya prometida para rescatar y reconstruir al país.  
 
Por lo pronto, si de algo hay que ocuparse, con dedicación y ahínco, es de evitar que, por hambre y enardecida, esa misma Sociedad Civil explote en guerra civil y que, por las malas, tome las riendas del país. 0, en el peor de los casos, termine aupando propuestas similares a otras que se están dando en diferentes partes del mundo, en donde la pandemia del coronavirus ha terminado convirtiéndose en la más lamentable de las razones para que se justifiquen falsas soluciones entre dolor, sangre y más miseria.  

 

Egildo Lujan

egildoarticulos@gmail.com

egildolujan@gmail.com

@egildolujan

Venezuela

ENRIQUE PRIETO SILVA, ¡LA GUERRA COMO POLITICA DE PAZ EN VENEZUELA!

Nunca nos imaginábamos, que la tozudez del enfrentamiento contra el chavismo, utilizaría la misma fórmula de protesta política utilizada por éste, que, sin dudas, marcó un antes y un después en la historia de Venezuela; y queriéndolo o sin quererlo, el destino presagiado con la pestilencia del rancherismo ignaro y purulento, impregnado de juventud y militarismo consciente pero equivocado, nos condujo a la puja de un sinsentido tosco, como lo es propugnar la guerra como forma de hacer política para lograr la paz en nuestro país.
 

Viene a nuestra mente el pensamiento de hace mas de veinte años, que incluimos como “Introducción en nuestra obra ‘La Guerra por la Paz’, en cuyo texto endilgamos la osada e ignorante idea del nunca bien nombrado “difunto eterno”, dijimos: “Con la toma de posesión de la presidencia de la República en 1998 por el teniente coronel Hugo Chávez, se inicia en Venezuela un ciclo político diferenciado de los anteriores en todos los tiempos de la historia republicana venezolana, que marcó un signo de incertidumbre, dada la inconsistencia de su orientación política y de gobierno. Éstos marcharon por la senda del cataclismo cuyo futuro se hizo previsible, aunque impredecible, por cuanto logró reunir en una sola idea y orientación todos los poderes públicos, dirigidos en su mayoría por gobernantes y magistrados subyugados a él, quien sin empacho les reclamó cualquier desviación que tuvieran de su línea, que fue ninguna, pero que logró encumbrar con el calificativo pomposo de “revolución bolivariana”, que no es más que una idea socavada de la vieja y fracasada tendencia marxista, que a la fecha solo impera en Corea del Norte y Cuba…” ; y no por curiosidad, sino por lo significativo del pensamiento, cuando dijimos: “Lamentablemente, surgió una legión de seguidores, muchos de ellos rezagados compañeros de su frustrado intento de golpe de Estado en 1992, que desplegaron explicaciones fútiles de victoriosos, así como un profuso grupo de pancistas, que con un interés económico o de respingo en su incapacidad profesional, se nutrieron de este falso ideal bolivariano, que en el fondo no es otra cosa que un “militarismo ignaro y belicoso”, que creó un clima de intolerancia y divisionismo vengativo contra quien no profesara o se uniera a esta distorsionada idea socialista, que, con el calificativo de “roja rojita” logró profundizar la división partidista a la que se refirió el Libertador en su proclama de Santa Marta…”
 
Y sin profetizar, ni ínfulas de pitoniso, también pensamos: “Pero de mayor gravedad en esta quimérica “revolución”, fue el tinte y orientación guerrerista que dio Chávez a su “loco” idealismo que mal llamó “bolivariano”. Luego de su reelección en 2006, dudosa para la Oposición, inició su propuesta de reforma constitucional, que fundamentó en lo que llamó “socialismo del siglo XXI”, siendo precisamente esta orientación, la que tuvo un rechazo profundo en el pueblo venezolano, de allí la derrota que sufrió en el referendo por la reforma constitucional que propuso en 2007. Uno de estos rechazos fue precisamente
 
el deseo de un pueblo por lograr un país en paz, que obviamente rechaza la guerra ya que hablar de revolución y de socialismo como orientación para gobernar, es recordar la historia reciente de los dos últimos siglos donde los promotores de estos regímenes han fracasado y donde el mundo político se ha oscurecido en la órbita del no querer entender la casusa del fracaso. No hay que hurgar en las causas, cuando los resultados han sido evidentes: ‘un mundo en tensión y en guerra’”.
 
Para algunos es una estúpida lucha contra lo ya “declarado” por una pitonisa o un lector de futuro, alguien “que sabe de eso”; quienes inventaros la mentira verdadera, de que “solo por la fuerza sale el dictador, porque está protegido por los militares”, Vaya usted a saber, cuando los militares han tenido poder en este país, si no es la opinión de hábiles políticos, que conocen la debilidad del pensamiento del militar mediocre, que sigue la corriente para lograr el ascenso, porque este es su único fin que persiguen muchos, bajo el slogan de; “herederos de libertadores y defensores de la patria” . Así surgió, con estos pancistas el eslogan: “leales siempre, traidores nunca”. ¡Vaya usted a saber a quién son leales y a quien traicionan!
 
¡Por Dios!, ¿Dónde estaba el raciocinio perlado de la apreciación que se aprende en la “casa de los suelos azules” o en “la casa que vence las sombras? Porque, no vayamos a creer que todo fue labrado uniformados de verde, ni a punta de bayoneta, ¡No!, hubo muchos doctores doctos y menos doctos, que empuñaron su espada libertaria para seguir al mesías sabanetero, que fue muy bien bordado por algunos próceres enquistados, quienes hoy se rasgan las vestiduras dentro de los luchadores por la libertad de Venezuela.
 
Pero su más grave pecado ha sido, esa lucha entusiasta por promover ¿la guerra de dos mundos?, como dice el argot, donde cada quien lee su biblia y su tratado estratégico, que no fuera malo, si no sostuviera solo el pendón de la batalla, como lo pregonó la “revolución bolivariana”. Esa terca suerte de lucha que no admite el error de apartarse porque el enemigo es muy poderoso y está protegido por “los verdes”; esa falsa esperanza solo protestadora e incrédula, manejada desde la sombra y el amparo del montón, pero que solo da la cara “cuando el llanto de la madre patria llama”, o cuando su grito es para sordos.
 
Pensamos por nuestra parte, que ¡nunca la guerra es opción! La guerra hay que evitarla y nunca promoverla, y aunque con el tiempo, tanto la filosofía como la doctrina del Estado han cambiado, siempre perdurará el decir de Clausewitz: “la guerra es la continuación de la política por otros medios”. Lamentablemente, el mediocre no quiere entenderlo así, y por esta razón siempre cree que la fuerza es el prodigio mágico del poder, y para algunos, el poder es la fuerza; de donde surge la manida creencia de que el poder es solo el militar, por lo que se subsume el subdesarrollo con la ignorancia, hasta lograr hacer creer al mediocre militar que él es poderoso, de donde surge el poder del mando militar, que llevado por mal entendido, logra confundir al mediocre que así lo cree, sumándose a la pérfida amenaza de la guerra por mantener o tomar el poder.
 
Nunca debemos olvidar las enseñanzas de los filósofos de la guerra, quienes siempre se han apartado de ella con el decir: “Las guerras y todo tipo de enfrentamientos han surgido en procura del poder o de la supremacía gubernamental, del mando o de la preponderancia y, con ellos el permanente conflicto entre las personas, los pueblos y los Estados, pero en todos los casos, siempre ha privado la irracionalidad y el desenfreno, aunque se ha mantenido latente la posibilidad de paz y de convivencia, cuando la fuerza o la razón logran el equilibrio del poder o de la subordinación…” Y, aun cuando no se lograse la paz, pudiere surgir una detente que ponga fin al conflicto, aunque lo fuere de forma temporal. Es lo lógico en el convivir humano, donde siempre debe privar la racionalidad que hace la diferencia del hombre con el animal. La guerra es siempre indeseada, en toda la historia ésta siempre ha sido el medio para dirimir cualquier tipo de disputa que, en su mayoría se derivan de conflictos por el poder o por la supremacía política y por el liderazgo en la "aldea global". La guerra es una Idea que está en todas las mentes, desde la infantil, y desde los Juegos de la edad más temprana, hasta los recuerdos de senectud, por las escenas vividas o evitadas, por las conocidas o estudiadas, por las escritas o leídas.
 
Y, cuando hablamos del pensar socialista o comunista, encontramos una contradicción que nos llama a la reflexión, es el pensar de Mao Tse-Tung, quien concibió la guerra como un fenómeno que se da en un determinado lugar y en un momento preciso de la historia y no como algo necesario a la "naturaleza humana". Decía al respecto: "Somos partidarios de la abolición de la guerra; no deseamos la guerra. Pero la guerra solo se puede abolir mediante la guerra. Para acabar con los fusiles, se debe empuñar el fusil". "Hacer la guerra es, en general, algo malo en sí. Sólo la necesidad debe hacer emprenderla. Los combates, cualquiera que sea su naturaleza, son siempre algo funesto incluso para los vencedores; hay que librarlos cuando sea imposible hacer otra cosa". "En lo concerniente a nuestro deseo, no quisiéramos combatir ni un solo día. Pero si las circunstancias nos obligan a luchar, podemos hacerlo hasta el fin". ¿Hay contradicción?
 
Otro estudio que nos obliga a orientar a los amantes de la guerra, a los que creen que la política es inservible, traicionera y fraudulenta. A quienes siempre creen en la mentira disfrazada de verdad política; de acuerdo con la Estrategia Militar china, "Se puede hacer la guerra, se puede combatir, se puede invadir ciudades, provincias y reinos, pero antes de llegar a tales extremos, hay que estar bien seguro de que se tiene la humanidad por principio, la justicia por objeto, la rectitud por regla. No se debe resolver atentar contra la vida de algunos hombres si no es para conservar la vida de un número aún mayor; no se debe turbar el reposo de algunos hombres sino para asegurar la tranquilidad pública; no se debe perjudicar a ciertos individuos más que para hacer bien a la especie; no se debe querer más que lo debido legítimamente, y quererlo sólo porque es debido, y exigirlo sólo como es debido. De ello resulta que sólo la necesidad debe llevarnos al uso de las armas". Hoy, la guerra late en el corazón del hombre universal, avivada por intereses políticos como siempre, que de una u otra manera, no dejan de reflejar el espíritu del liderazgo también universal. Universalidad que pasa de lo individual de los humanos a lo genérico de la humanidad, en su fraccionamiento en pueblos naciones o Estados, según la escala de organización de los poderes y de cohesión de los grupos sociales”.
 
Debemos entender, que los teóricos de la guerra solo piensan en guerra, como hacerla y como ganarla. Nunca en su mente aparece la percepción, que mejor que la guerra es la paz. Nunca debemos confundir la lucha política con la guerra. El adversario político no es un enemigo, es un contrincante o adversario, a quien, si aplicamos la bondad de vigilancia del proceso electoral, nunca podrá vencernos. Pero esto obliga a que entendamos, que no existen tres bandos como muchos guerreros piensan, que hay chavistas y opositores, y ellos se mantienen para ver los toros desde la barrera. Esos que llamamos “ni, ni”, que se creen la verdad verdadera y piensan que ¡solo con la fuerza es posible! Pero que la enfrenten otros, los tontos que le siguen su juego paradigmático.
 
Como fin de corolario, debemos persuadirnos, de que nadie es poseedor de la verdad. Surgen dudas sobre la verdad verdadera y aún de las percepciones sobre los hechos. Hoy, con el dominio de la información en los medios masivos, se da al traste con lo que siempre se dijo que, “de la guerra sabemos lo que nos cuentan los vencedores”, siendo difícil manipular la verdad con la información, sea ésta periodística o para elaboración de inteligencia. Pero en esta última, la manipulación, a más de peligrosa es inconveniente en el momento de diseñar estrategias.
 
Esta realidad planteada la unimos a la afirmación expuesta por Arthur Schopenhauer, filósofo que vivió entre 1788 y 1860, quien, en conocimiento de la duda, explicó: “Toda verdad pasa por tres etapas: Primero es ridiculizada, secundariamente sufre una oposición violenta, y tres, es aceptada como auto evidente.” Por todo ello, en el tratado mencionado “La Guerra por la Paz” concluimos con esta expresión: ¡No hay dudas, todo conflicto bélico es una caja de Pandora, donde se pueden encontrar muchas sorpresas, y, en todo caso, con victoria o con derrota todos pierden! En el pasado, toda victoria era compensada con un botín, pero en el presente, toda victoria involucra una pérdida compensatoria para reconstruir y beneficiar al derrotado. Así las cosas, se logrará la paz después de la guerra, pero quedarán las grietas y las heridas a que conducen todos los conflictos bélicos. ¡Al final, solo quedará el desagradable sabor de justificar la guerra por la paz!
 
Enrique Prieto Silva
enriqueprietosilva@yahoo.com
@Enriqueprietos
Venezuela