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domingo, 6 de octubre de 2019

ISABEL PEREIRA PIZANI: UN BALANCE DEL ÚLTIMO TRIMESTRE

Si contamos desde 1999 hasta este último trimestre habría que reconocer los avances duramente alcanzados en 2019. Un poder autónomo se ha erigido como representación de la democracia, hay un nuevo liderazgo, la ilegítima elección de Maduro ha solidificado un frente mundial en apoyo a la AN y al esfuerzo de los venezolanos contra la usurpación, el régimen luce más que nunca arrinconado, sostenido por un enigmático poder militar.

La crisis social y económica ha explotado sin piedad sobre la población, sin alimentos, medicinas, agua, electricidad y seguridad. Sin embargo, lo resaltante es que los venezolanos a partir de su tragedia han construido un verdadero muro contra el socialismo siglo XXI, sin precedentes históricos, no logrado en Cuba en más de medio siglo, en la Unión Soviética en más de 70 años y en China donde se ensaya el coctel entre comunismo y economía de mercado con un aparente éxito, su flanco débil debe anidar en la conciencia de los chinos. Algún día barrerán de un manotazo esa estrafalaria subordinación política al marxismo cuando en la realidad actúan como aguerridos defensores de la economía de mercado.

Vivimos el cierre de un ciclo socio-histórico, iniciado en 1958. Allí se decidió que la gran tarea era crear un Estado muy poderoso, capaz de garantizar la libertad y la prosperidad. Esta consigna funcionó durante las primeras décadas, fue muy efectiva para modernizar y urbanizar el país, el poder estaba en manos de hombres democráticos, pero a la vez contenía en sus genes las semillas de su propia destrucción. La opción era elegir entre construir un Estado poderoso, propietario, o por primera vez después de la independencia fundar un país de individuos e instituciones conscientes de sus responsabilidades. Concentrarse en un Estado que dominara todo el espectro sociopolítico, propietario de una industria petrolera en ascenso, suponía un riesgo quizás no avizorado, indefectiblemente alimentaba la concentración de poder en los sectores que lograran dominar el aparato estatal.

Este proceso impredecible se cumplió en Venezuela, arrancó la modernización, crecieron las ciudades, la clase media surgió como representación del progreso económico y social, pero a la vez los factores tóxicos antidemocracia también se expandieron. Los poderes públicos se vieron sometidos al dominio del Ejecutivo como padre putativo de la riqueza petrolera. El Estado de Derecho se vio afectado por la sumisión ante el dueño del coroto, al igual que la libertad económica. Nos creímos un país rico. La gran fuente de riqueza estaba concentrada en manos del Ejecutivo, repartidor de recursos, en un principio con el afán de lograr mejores condiciones sociales, luego llevado por la urgencia de conservar el poder. La economía venezolana podía representarse con una figura humana con una pierna que midiera 1,80 cm y otra que no alcanzaba más allá de un metro. Esta discrepancia hacía que los decisores sobre la distribución de los recursos petroleros se comportaran igual que las burocracias de los países de planificación centralizada, decidían quién podía vivir y quién moría, a quién se le otorgaba recursos para sus experimentos industriales y a quién simplemente se le cerraban las puertas. La productividad, la competitividad y la rentabilidad no existían, se dependía de la “mano visible del Estado”, que concentraba todas las decisiones económicas.

Luego ocurrió el “viraje”, Carlos Andrés Pérez con la Copre promovió reformas políticas conducentes a limitar el poder del Estado. Por primera vez los ciudadanos eligieron a sus gobernadores y alcaldes y se propulsó el anhelado deseo de los venezolanos de descentralizar el poder, el cual hoy reclaman los aguerridos tachirenses con su gobernadora y estudiosos como Balo Farías y Enrique Colmenares Finol, por nombrar solo a dos.

Era en realidad ingenuo creer que las reformas de CAP no generarían oposición; la economía estaba tomada en parte por grupos dependientes de subsidios estatales, los sectores populares confiaban en programas sociales que les aseguraban una manera medio decente de vivir. CAP no hizo esfuerzos para crear conciencia entre los ciudadanos, ni en los medios de comunicación sobre el viraje como posibilidad de futuro, entender que la pobreza no se resolvía con bonos y que la economía tenía que apegarse a los principios clásicos de productividad, competitividad y rentabilidad. Era la oportunidad de insertar a Venezuela en el mundo. Los partidos, políticos, una mayoría de ciudadanos y casi todos los medios de comunicación ignoraron estas señales simplemente porque estas luces nunca se prendieron y CAP fue derrocado. Allí comenzó a profundizarse la tragedia, los “socialistas al poder”. Fenecieron las reformas y la descentralización bajo la infeliz acusación de que era una escuela de nuevos caudillos. El grupo que controlaba el Estado recibió el oxígeno que necesitaba para crecer y seguir negando la existencia de instituciones incluyentes y responsabilidad individual como sujetos primordiales de nuestra historia.

Chávez y luego Maduro tomaron la alternativa y destruyeron el país. Por ello es imprescindible alertar en este inicio del último trimestre sobre la perversidad que significa destruir al liderazgo que ha dado la cara hasta hoy, 2019; no es lo mismo tumbar a un presidente que cerrar un ciclo socio-histórico. Cualquier encuesta de opinión situaría a los venezolanos como una población 80% antisocialista, un privilegio en América Latina. Comencemos a trabajar con esta inmensa ventaja comparativa y avancemos con todas las de la ley, atesoremos nuestras fuerzas para construir la nueva democracia venezolana.

Isabel Pereira Pizani 
@isapereirap 

jueves, 14 de enero de 2016

EMILIO NOUEL, BALANCE DE LA POLÍTICA EXTERIOR DEL GOBIERNO VENEZOLANO DURANTE EL AÑO 2015, RESUMEN EJECUTIVO DEL DOCUMENTO DEL GRUPO AVILA,

Integrantes: del Grupo Avila:  Edmundo Gonzalez, Milos Alcalay, Fernando Gerbasi, Adolfo Taylhardat, Rosario Orellana, Emilio Nouel, Adolfo Salgueiro, Felix G. Arellano, Beatriz Gerbasi, Jose Ramon Sanchez, Demetrio Boersner, Alexandra Paris, Guillermina Da Silva, Erik Becker, Rodrigo Arcaya, Norman Pino, Maruja Tarre, Maria Teresa Belandria, Maria Teresa Romero
La política exterior adelantada por el gobierno de Nicolás Maduro se concentró en seguir promoviendo un liderazgo con base en el carisma de Hugo Chávez, ingresos petroleros abundantes y la difusión de un proyecto político-ideológico autoritario, anticapitalista y anti occidental.
En 2015, se evidenció que aquellos elementos fundacionales se han agotado.
El proyecto político chavista ha resultado un fiasco social y económico cargado de serias incongruencias y contradicciones en la práctica, y el año culmina con un rotundo rechazo popular al régimen en las elecciones legislativas del 6 de diciembre.
Nunca antes el activismo internacional del gobierno había obtenido tan magros resultados. El año 2015 fue de una creciente y notoria pérdida de influencia del régimen en la escena internacional, incluso en sus “aliados estratégicos”.
Es evidente el distanciamiento pragmático de las naciones del Caribe en la búsqueda de nuevos benefactores al norte del hemisferio. Incluso Brasil, varió el tono de su discurso con respecto a los acontecimientos políticos en nuestro país y planteó críticas ante al comportamiento  antidemocrático del gobierno.
Varios ex jefes de Estado iberoamericanos llamaron la atención a las alteraciones del orden constitucional que aquí ocurren. La aplicación a Venezuela de la Cláusula Democrática prevista en la Carta Democrática Interamericana y los Protocolos de Mercosur ha sido pedida.
El colapso de la economía de la frontera colombo-venezolana y las transgresiones al derecho humanitario internacional causaron alarma y reprobación a nivel regional y mundial.
Por otro lado, la debilidad institucional de la Cancillería y la improvisación en el manejo del reclamo sobre el Esequibo fue vista como una ocasión por el gobierno guyanés para provocar una crisis bilateral, desafiar la solidez del Acuerdo de Ginebra y descarrilar el proceso de buenos oficios del Secretario General de la ONU. Ésta es una de las áreas de la política exterior donde han reinado la falta de profesionalismo, desidia, contradicciones y errores. Solo ha tratado de calmar y distraer al sector de la FAN preocupado por la reclamación y la defensa de la fachada atlántica.
Las sanciones impuestas por EEEUU a un grupo de altos funcionarios presuntamente involucrados en violaciones a los derechos humanos y actos de corrupción, narcotráfico y lavado de dinero, tuvieron impacto negativo adicional sobre la percepción que la comunidad internacional tiene del gobierno venezolano.
La práctica de hipotecar el país para financiar, no el desarrollo de la Nación sino el proyecto político del régimen, alcanzó características y magnitudes alarmantes con el endeudamiento con la República Popular China.
El “multipolarismo”, idea que pretendía jugar un papel central en el proyecto bolivariano en su intento por fomentar un orden internacional alternativo, demostró tener poca sustentación.
La actuación en el seno del Consejo de Seguridad de la ONU como miembro no permanente se limitó a tratar de frenar los avances de la comunidad internacional hacia un mundo más interdependiente y más corresponsable, más comprometido con la defensa activa de los valores que la ONU representa.
Los derechos humanos representan uno de los temas más contradictorios de la política exterior del gobierno. El discurso oficial pregona participación e inclusión, y en la práctica violenta los derechos humanos en sus diversas manifestaciones.
Otro de los temas donde se aprecia las contradicciones de la política exterior chavista es en el comercio y la integración económica. La dura crítica ideológica al libre comercio y a la integración, no considera sus beneficios en estímulos a la producción y la productividad, diversificación e incremento de las exportaciones, generación de empleo y del bienestar social. Así, la política en esta materia ha sido errática, sin norte.
La incorporación al Mercosur amerita una reflexión especial aparte por las serias contradicciones que el gobierno muestra al concretar el ingreso. Éste obedeció a razones fundamentalmente político-ideológicas, y a que en ese bloque comercial predominaban gobiernos afines. La contradicción señalada se evidencia palmariamente entre las normativas suscritas de libre comercio, apertura de mercado y respeto de los derechos humanos vigentes en el Mercosur, y la posición ideológica del gobierno venezolano actual, contraria a tales principios.
Hay que destacar que el factor humano responsable de hacer y promover todo lo concerniente a la política exterior del país es causa fundamental del descalabro aquí descrito.
Sistemáticamente se ha ido desmantelando, y por ende desprofesionalizando, todo el equipo principal de funcionarios responsables de nuestra Cancillería. En lugar de planificar y ejecutar una Política Exterior de Estado, cada vez más se ha hecho una Política Exterior que responde a los intereses del Gobierno y peor aún, del Partido en el poder.
Ante tantos desarrollos contrarios al interés de la nación evidenciados el año que concluye, resulta fundamental una profunda revisión en este campo, que apunte a  una política de Estado con la participación de la sociedad y para el beneficio de todos.
EMILIO NOUEL, BALANCE DE LA POLÍTICA EXTERIOR DEL GOBIERNO VENEZOLANO DURANTE EL AÑO 2015, RESUMEN EJECUTIVO DEL DOCUMENTO DEL GRUPO AVILA,
Integrantes: del Grupo Avila:  Edmundo Gonzalez, Milos Alcalay, Fernando Gerbasi, Adolfo Taylhardat, Rosario Orellana, Emilio Nouel, Adolfo Salgueiro, Felix G. Arellano, Beatriz Gerbasi, Jose Ramon Sanchez, Demetrio Boersner, Alexandra Paris, Guillermina Da Silva, Erik Becker, Rodrigo Arcaya, Norman Pino, Maruja Tarre, Maria Teresa Belandria, Maria Teresa Romero
La política exterior adelantada por el gobierno de Nicolás Maduro se concentró en seguir promoviendo un liderazgo con base en el carisma de Hugo Chávez, ingresos petroleros abundantes y la difusión de un proyecto político-ideológico autoritario, anticapitalista y anti occidental.
En 2015, se evidenció que aquellos elementos fundacionales se han agotado.
El proyecto político chavista ha resultado un fiasco social y económico cargado de serias incongruencias y contradicciones en la práctica, y el año culmina con un rotundo rechazo popular al régimen en las elecciones legislativas del 6 de diciembre.
Nunca antes el activismo internacional del gobierno había obtenido tan magros resultados. El año 2015 fue de una creciente y notoria pérdida de influencia del régimen en la escena internacional, incluso en sus “aliados estratégicos”.
Es evidente el distanciamiento pragmático de las naciones del Caribe en la búsqueda de nuevos benefactores al norte del hemisferio. Incluso Brasil, varió el tono de su discurso con respecto a los acontecimientos políticos en nuestro país y planteó críticas ante al comportamiento  antidemocrático del gobierno.
Varios ex jefes de Estado iberoamericanos llamaron la atención a las alteraciones del orden constitucional que aquí ocurren. La aplicación a Venezuela de la Cláusula Democrática prevista en la Carta Democrática Interamericana y los Protocolos de Mercosur ha sido pedida.
El colapso de la economía de la frontera colombo-venezolana y las transgresiones al derecho humanitario internacional causaron alarma y reprobación a nivel regional y mundial.
Por otro lado, la debilidad institucional de la Cancillería y la improvisación en el manejo del reclamo sobre el Esequibo fue vista como una ocasión por el gobierno guyanés para provocar una crisis bilateral, desafiar la solidez del Acuerdo de Ginebra y descarrilar el proceso de buenos oficios del Secretario General de la ONU. Ésta es una de las áreas de la política exterior donde han reinado la falta de profesionalismo, desidia, contradicciones y errores. Solo ha tratado de calmar y distraer al sector de la FAN preocupado por la reclamación y la defensa de la fachada atlántica.
Las sanciones impuestas por EEEUU a un grupo de altos funcionarios presuntamente involucrados en violaciones a los derechos humanos y actos de corrupción, narcotráfico y lavado de dinero, tuvieron impacto negativo adicional sobre la percepción que la comunidad internacional tiene del gobierno venezolano.
La práctica de hipotecar el país para financiar, no el desarrollo de la Nación sino el proyecto político del régimen, alcanzó características y magnitudes alarmantes con el endeudamiento con la República Popular China.
El “multipolarismo”, idea que pretendía jugar un papel central en el proyecto bolivariano en su intento por fomentar un orden internacional alternativo, demostró tener poca sustentación.
La actuación en el seno del Consejo de Seguridad de la ONU como miembro no permanente se limitó a tratar de frenar los avances de la comunidad internacional hacia un mundo más interdependiente y más corresponsable, más comprometido con la defensa activa de los valores que la ONU representa.
Los derechos humanos representan uno de los temas más contradictorios de la política exterior del gobierno. El discurso oficial pregona participación e inclusión, y en la práctica violenta los derechos humanos en sus diversas manifestaciones.
Otro de los temas donde se aprecia las contradicciones de la política exterior chavista es en el comercio y la integración económica. La dura crítica ideológica al libre comercio y a la integración, no considera sus beneficios en estímulos a la producción y la productividad, diversificación e incremento de las exportaciones, generación de empleo y del bienestar social. Así, la política en esta materia ha sido errática, sin norte.
La incorporación al Mercosur amerita una reflexión especial aparte por las serias contradicciones que el gobierno muestra al concretar el ingreso. Éste obedeció a razones fundamentalmente político-ideológicas, y a que en ese bloque comercial predominaban gobiernos afines. La contradicción señalada se evidencia palmariamente entre las normativas suscritas de libre comercio, apertura de mercado y respeto de los derechos humanos vigentes en el Mercosur, y la posición ideológica del gobierno venezolano actual, contraria a tales principios.
Hay que destacar que el factor humano responsable de hacer y promover todo lo concerniente a la política exterior del país es causa fundamental del descalabro aquí descrito.
Sistemáticamente se ha ido desmantelando, y por ende desprofesionalizando, todo el equipo principal de funcionarios responsables de nuestra Cancillería. En lugar de planificar y ejecutar una Política Exterior de Estado, cada vez más se ha hecho una Política Exterior que responde a los intereses del Gobierno y peor aún, del Partido en el poder.
Ante tantos desarrollos contrarios al interés de la nación evidenciados el año que concluye, resulta fundamental una profunda revisión en este campo, que apunte a  una política de Estado con la participación de la sociedad y para el beneficio de todos.
Caracas, enero de 2016
El Grupo Ávila es una agrupación informal, compuesta por diplomáticos, analistas políticos, profesores universitarios e investigadores en las áreas de relaciones internacionales y las ciencias sociales, preocupados por el acontecer internacional y nacional.

Emilio Nouel V.
emilio.nouel@gmail.com
@ENouelV
Yaracuy - Venezuela