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lunes, 20 de febrero de 2017

CARLOS PADILLA, CAPITALISMO VS SOCIALISMO

DESDE EL PUNTO DE VISTA DEL ÉXITO

“El socialismo es el camino más largo al capitalismo”. Winston Churchill


La mayor prueba de que uno es mejor que otro es el largo periplo que cumplen los países hacia economías capitalizas y que antes creyeron en el socialismo y fracasaron. 

Son ejemplos emblemáticos la Rusia Estalinista y la China de Mao las cuales ahora practican el libre mercado aunque conservan gobiernos oligárquicos si entendemos por oligarquía a la forma de gobierno en la cual el poder es ejercido por un grupo reducido de personas que pertenecen a una misma caterva y que actúan en conjunto para la defensa de sus intereses.

No hablaremos aquí de aspectos filosóficos o doctrinarios, nos referimos  a los resultados que alcanzan lo que asumen al socialismo y los que toman el capitalismo.


Es decir que un régimen socialista, entendido como camino al comunismo, es totalitario,    mercantilista,      policial, ateo y    con un aumento progresivo y sostenido de la pobreza para garantizarse sujetos para su populismo controlador.

Por el contrario un país que asume el capitalismo es una república democrática, de ciudadanos solidarios, con un gobierno limitado a pocas funciones específicas, respeto a los derechos individuales, igualdad ante la ley, libre mercado, libertades individuales con aplicación del libre albedrio, respeto a la propiedad privada, aumento de la clase media, disminución de la pobreza y seguridad jurídica a los fines de que cada quien forje su propio camino.

Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que el sistema capitalista es el que más se acerca a la naturaleza humana que desea ser dueña de sus propias decisiones y no de un estado omnipresente que intenta controlar todo con el uso de un lenguaje orwelliano.

Carlos Padillla
carpa.carpa@autlook.es
@carpa1301
Miranda - Venezuela

domingo, 22 de enero de 2017

CARLOS VILCHEZ NAVAMUEL, DEL SOCIALISMO AL CAPITALISMO EN UNA SOLA PRUEBA DESDE COSTA RICA

¡GANARAS EL PAN CON EL SUDOR DE TU FRENTE!

El siguiente comentario lo hemos extraído de Internet, investigamos para saber quién era el autor, sin embargo no lo encontramos, el escrito aparece de forma anónima,  sin autoría y en algunos casos el texto aparece más corto, el escrito invita a la reflexión en dos sentidos,  lección de vida, lección para entender las ideologías, por eso decidimos publicarlo, vale la pena leerlo, el título que lleva esta reflexión es *CARGAR EL VENADO* dice así:

Estaba un hombre a la orilla del camino sentado en una piedra, bajo la sombra de un frondoso huanacaxtle. Se le miraba triste, meditabundo, cabizbajo; casi, casi a punto de soltar el llanto. Así lo encontró su compadre y amigo de toda la vida, quien acongojado al verlo en tales fachas, le preguntó el motivo, causa o razón que ocasionaba que él se encontrara en situación tan deprimente. -¡Ay! Compadre-contestó el interpelado, --¡Tú comadre! ¡Tú comadre! Esta noche la mato o la suicido, pero de que se muere, se muere.

No la amueles compadre, mejor platícame, porqué la quieres matar, a lo mejor te puedo ayudar a encontrar una mejor solución al problema. El compadre, después de limpiarse sus ojos todos llorosos y su nariz moquienta, empezó con su relato.

- Mira compadre, tú sabes que somos muy pobres y en tu humilde casa la única forma de acompañar los frijoles es con un pedazo de carne que tengo que conseguir yendo de cacería al monte. Me tengo que ir con mi vieja escopeta, pasar varios días de sufrimiento y penalidades, salvándome de milagro de los peligros del monte, esquivando víboras, al tigre, etc., soportar la terrible comezón que me producen las guiñas, garrapatas y piquetes de moscos, y por si esto fuera poco, aguantar cómo me cala hasta los huesos el frío y la soledad de las noches. Luego, por fin, si la suerte me socorre y logro cazar un venado, todavía tengo que cargarlo hasta el rancho y subir la cuesta de la loma donde está mi casa.

Todavía no alcanzo resuello cuando aparece mi señora con el cuchillo en la mano e inmediatamente empieza a repartir el venado entre vecinos y familiares. Que una pierna pa' doña Juana, que otra pa' doña Cleo, que este lomito pa' mi mamá, que esto pa'llá, que esto pa'cá y a los dos o tres días allí va tu tonto otra vez de cacería. ¡Pero ya me cansé y esta noche mínimo las desmechoneo!

El compadre de aquél iracundo desdichado, después de meditar un momento le dio la solución: -Invita a tu mujer a cargar el venado.

- ¿¡Qué!? -Sí, sí. Mira. Nomás no le digas las madrizas que te pones para cargar el venado. Mejor píntasela bonito. No le hables de las espinas ni los peligros, ni del frío ni el calor. Dile que la invitas a la cacería para que disfrute de los bellos paisajes, del esplendor de las estrellas que te cobijan en la noche, de los manantiales cristalinos que reflejarían románticamente sus imágenes, de sus exquisitas aguas, del aire fresco del monte, lleno de oxígeno, de la graciosa manera en que camina el venado, como si fuera un bailarín de ballet, el dulce canto de los grillos y los pajarillos silvestres, en fin.

El compadre siguió el consejo. Por supuesto la convenció. La mujer, entusiasmada, se fue con la falda larga hasta el tobillo. Al cruzar el primer "aguamal" se redujo a minifalda porque la prenda quedó desgarrada entre las púas. La blusa le quedó toda "chiruda". El calzado se le rompió por los difíciles caminos y las piedras y las espinas la hicieron sangrar. Las "guinas" y "guachaporis" los traía por todo el cuerpo. El sol le quemó la piel. El pelo se le maltrató: le quedó tieso y desparramado como estropajo. Las manos le quedaron encallecidas al abrirse paso entre el espeso monte. Toda chamagosa, estuvo a punto de sufrir un infarto al toparse con una enorme víbora. Muerta de hambre, su imagen parecía sacada de un cuento de ultratumba.

Por fin, después de tantos martirios, un día encontraron al venado. Ella tuvo que contener el aliento y el hombre sigiloso, con la astucia y agilidad de un gato, se acercó a su presa, y con la mirada de un lince localizó el blanco justo para liquidar al escurridizo animal. ¡Bang! Y el venado había muerto. La mujer no cabía de júbilo pensando que su sufrimiento había terminado, pero no era así. -Ahora, mi amor, quiero que cargues el venado para que veas lo bonito que se siente - le dijo el hombre masticando rabiosamente cada una de sus palabras.

La mujer casi se desmaya ante la desconocida mirada asesina de su marido, pero ante la desesperación por regresar a su hogar no tuvo aliento ni para replicar y cargó el venado hasta su casa cruzando veredas y montañas. Despatolada, con las piernas abiertas, jadeando y casi muerta, a punto de tronarle el corazón, llegó y depositó el animal en la sala de su casa. Los niños y sus amiguitos, hijos de los vecinos, salieron a recibir a sus papás cazadores y acostumbrados a la repartición, le dijeron a su mamá con alegría: - Mamá, apúrate a repartir el venado porque la mamá de Pepito ya está desesperada.

- ¿Qué pedazo le llevo a mi tía?, le dijo otro. La señora, tirada en el piso, hizo un esfuerzo sobrehumano para levantar la cabeza y con los ojos inyectados de sangre volteó a ver a los niños y agarrando aire hasta por las orejas, les gritó: -Este venado no me lo toca nadie y tú Pepito, ve y dile a tu mamá que vaya mucho a traer su venado....

"REFLEXIÓN" Para valorar el esfuerzo ajeno y respetar en su real dimensión el trabajo de los demás, todos debemos aprender a "cargar el venado". La experiencia adquirida con el paso de los años nos ha enseñado que solo se valora aquello que se ha adquirido como resultado de nuestro trabajo, que solo cuidamos aquello que nos ha costado esfuerzo, sudor y sacrificio.

Para nosotros la señora actuaba como cualquier socialista, le encantaba repartir lo que ella no se había ganado, cuando le tocó hacerlo, se dio cuenta del valor que tenía lo que su pareja hacía y defendió aquello que había obtenido con mucho esfuerzo y trabajo.

Carlos Vilchez Navamuel
carlosvilcheznavamuel@gmail.com
@carlosvilchezn  
Costa Rica