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miércoles, 17 de junio de 2020

NÉSTOR SUÁREZ, VENEZUELA EN LA TRANSICIÓN NO TIENE TIEMPO PARA LUNA DE MIEL ¿MEDIDAS GRADUALES O TERAPIA DE CHOQUE?

Un problema que ha merecido gran atención es el de si las medidas para acabar con la inflación deben adoptarse gradualmente o en forma abrupta. En países con economías normales que tienen una tasa de inflación del orden del 7% u 8% anual, pienso que el gradualismo es viable, y creo que lo que allí conviene es reducir la inflación a lo largo de un período de dos años. Pero la situación de un país con el 7% de inflación al año es muy diferente de la de otro con una inflación de más del 200% al mes. Casi una hiperinflación. No creo que una política de remedios graduales tenga sentido para Venezuela, ante todo porque temo que el paciente osea la economía Venezolana pueda morirse antes de que llegue a surtir efecto el tratamiento. Creemos que a Venezuela le conviene estudiar los grandes ejemplos de tratamientos de choque aplicados al problema de la inflación y la desorganización y destrucción.

Los casos de Alemania Japón quizás puedan ilustrar mejor ésta afirmación.

Ambos países salieron de la guerra con sus economías gravemente afectadas por la destrucción bélica, y a ella vinieron a sumarse los procesos inflacionarios y los controles de salarios y precios, así como también una serie de regulaciones. En ambos casos, la producción se redujo a más de la mitad de lo que era anterior a la guerra. La gente recurría al trueque, y el mercado negro estaba presente en todas partes. Tanto en Alemania como en Japón, la fuente principal del problema eran los controles de precios y salarios, aplicados en forma rígida por los ejércitos de ocupación. El resultado de esos controles fue que ambas economías llegaron al borde del colapso, lo que en ambos casos condujo a la aplicación de tratamientos de choque. En Alemania, Ludwig Erhard, aprovechando la tarde de un domingo, suspendió levantó totalmente los controles de precios y salarios, anunció una política de reforma fiscal dirigida a igualar los gastos del Gobierno con los ingresos tributarios y eliminó así el financiamiento de aquellos gastos mediante la impresión de dinero. Fue una gran prueba de valor por parte del Ministro de Economía Ludwig Erhard, pronto recompensada por lo que hoy conocemos como el “Milagro económico alemán”. En efecto, a los pocos días toda clase de artículos habían vuelto a las tiendas como por arte de magia, porque sus precios eran ya reales. Al cabo de cuatro meses, la producción alemana había casi duplicado su nivel de partida.

En Japón, la terapia de choque se aplicó como resultado de las recomendaciones del Informe Dodge, preparado por una Comisión financiera norteamericana dirigida por un banquero de Detroit de ese apellido. El informe recomendó una fuerte reducción de los gastos del Gobierno, la eliminación de los déficit presupuestarios financiados mediante la impresión de dinero y la supresión de todo control sobre precios y salarios. Los resultados no fueron menos milagrosos que en el caso de Alemania, y la recuperación era patente a los pocos meses.

A partir de esta base económica, Alemania y Japón han gozado de un crecimiento ininterrumpido por muchas décadas. El caso alemán es fascinante si lo comparamos con el inglés. Gran Bretaña era antes de la segunda guerra Mundial una nación mucho más rica que Alemania. Inglaterra ganó la guerra y la Alemania la perdió. Después, Gran Bretaña adoptó políticas socialistas, mientras Alemania, a partir de Erhard y sus reformas, se decidió por una economía social de mercado y la empresa privada. Gran Bretaña después fué el enfermo de Europa, con una inflación que llegó a alcanzar tasas del orden del 20% y con muchas dificultades económicas, plagada de estatizaciónes, controles y regulaciones que la llevaron al colapso, hasta que de nuevo fue rescatada por el Gobierno de Margaret Thatcher, la cual desestatizó la economía, redujo impuestos, privatizó empresas del Estado y limitó el papel del Gobierno en la economía. Alemania ha continuado con tasas bajas de inflación y un ingreso real que es mayor que el de los ingleses.

Sin duda alguna, no cabe una prueba más gráfica tanto de la eficacia de la terapia de choque como de los efectos de la economía de libre mercado.

El deterioro de la economía venezolana es notable. Economistas y Premios Nobel de economía como Richard Thaler, han dicho que es el mayor desastre y desempeño económico jamás visto en la historia de la humanidad. El país de las mayores reservas petroleras certificadas del planeta, y con muchos otros recursos naturales en abundancia, de toda índole, se encuentra sumido en la mayor pobreza material y más negra pobreza espiritual. Hoy tenemos una sociedad confundida y anarquizada, y un gobierno sin interés alguno en sacar de la pobreza al país, buscando solo sostenerse en el poder a cualquier costo.

Sin embargo hay razones para tener esperanzas, y apoyar esfuerzos en la dirección correcta. En Venezuela, la inflación ha superado tasas de más de 270% mensual. Tenemos que contener la inflación y tenemos que construir una vigorosa economía de libre mercado que permita al país despegar con un crecimiento económico sostenido y cuyos beneficios compartan todos los ciudadanos. Hay que levantar los controles y regulaciones. Remover todos los obstáculos que impiden la creación de riqueza. Hay que hacer una reforma monetaria y una reforma económica. Hay que limitar el papel del Gobierno en la economía, hay reducir los impuestos para estimular la inversión, la política fiscal debe ser expansiva. Así como el petróleo en abundancia produjo por el mal manejo y desempeño de la industria consecuencias adversas, creemos, que sigue siendo una fuente de recursos importantes para facilitar y ayudar en la transición, en la construcción de la salida. Pero se requiere del concurso de todos los actores. Las instituciones tienen que ser rescatadas. Hay que devolver la propiedad de los activos hoy improductivos en las manos del Estado, a los ciudadanos. Hay que salir del socialismo. Las medidas tienen que ser claras y sin vacilación, para que el paciente no muera y surta efecto el tratamiento.

Nestor Suarez
nsuarez07@hotmail.com
@NestorSuarezRB

miércoles, 19 de junio de 2019

GLADYS SOCORRO: ES CON USTED, SEÑORA BACHELET

Los venezolanos no estamos para rodeos. Se nos agotaron el tiempo, la paciencia y, a muchos, hasta la vida. Bienvenida a mi Venezuela, señora Bachelet, pero a la Venezuela real, la que se hunde cada vez más en una emergencia humanitaria, donde no hay agua, ni gasolina, ni electricidad; donde no hay medicinas y la comida es incomprable. Bienvenida a esta Venezuela donde se violan todos los días los derechos fundamentales de sus ciudadanos, esta Venezuela que nos asfixia pero que no estamos dispuestos a abandonar; la que a diario nos saca lágrimas de dolor, impotencia y desespero, pero que seguimos amando como el primer día; a esta Venezuela que agoniza pero a la que estamos dispuestos, con su ayuda o sin ella, a llevarla en hombros adonde sea necesario para revivirla.

Señora Bachelet, hoy me atrevo a hablar en nombre de todos los venezolanos. Lamentamos profundamente que un organismo tan importante como el que usted representa, la Comisión de los Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas, haya esperado tanto tiempo, tanta represión, tantos muertos y tanta injusticia para voltear su mirada hacia nosotros. Muchas cosas pudieron evitarse si realmente los derechos humanos se atendieran con la firmeza e inmediatez que requieren. No obstante, agradecemos su visita de 3 días. Desde ya la alertamos que si las estadísticas que manejan todos los entes internacionales le parecen grotescas, estas se quedan cortas en comparación a nuestra cotidianidad.

Pero para darse cuenta de nuestra realidad, señora Bachelet, debe romper primero el cerco gubernamental e ir más allá de las oficinas, cárceles y hospitales recién pintados. Hágalo, se sorprenderá. Se conseguirá con mucha gente caminando por las calles, pero no porque ahora nos sintamos seguros, sino porque ni siquiera hay transporte público. Verá que la alegría que alguna vez nos caracterizó, ya no existe. Cada vez hay más personas famélicas andando con sus ropas sucias y desteñidas porque el poder adquisitivo se perdió, se lo tragó la hiperinflación proyectada para finales de año por el Fondo Monetario Internacional en 10.000.000%, la más alta que haya conocido la humanidad. Y antes de que pregunte, le adelanto que si aún sobrevivimos es porque hemos sacrificado a nuestras familias. Sí, así como lo lee, todas las familias venezolanas están desmembradas. No en vano la Agencia de la Organización de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) da cuenta de la estampida de 4 millones de venezolanos, cifra que aumentará 2 millones más en los próximos 6 meses de continuar esta inestabilidad política. 

Para que tenga una idea, señora Bachelet: el sueldo mínimo mensual está en 40.000 bolívares y un cartón de huevos se ubica en 26.000 bolívares, un kilo de carne en 28.000, un desodorante en 24.000 y un pollo entero llega a los 30.000. ¿Ya va entendiendo? El hambre, entre otras cosas, los obligó a dejar sus hogares para poder darle de comer a sus familias. Le cuento más: la última Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) señala que 90% de las familias venezolanas vive por debajo de la línea de pobreza, y de esa cifra, 65% se enfrenta a la pobreza extrema. O bien por falta de recursos, por lo caro que está todo o por la escasez, 6,9 millones de venezolanos no tienen acceso a medicamentos, 4.800 pacientes renales han muerto y hasta hace un mes habían fallecido 4 niños esperando por un trasplante de médula ósea en el Hospital Pediátrico J. M. de los Ríos. ¿Es muy difícil entender nuestra desesperación?¿Es muy difícil reconocer el evidente fracaso del gobierno de Nicolás Maduro, quien prefiere aprobar 50 millones de euros para la fabricación de ametralladoras en vez de atender la salud de este país?

Pero todavía hay más, mucho más, señora Bachelet. Hay condiciones inhumanas a las que se nos someten todos los días que seguro usted no se dará cuenta porque no saldrá de Caracas, la capital. Sepa que disfrutará de energía eléctrica de manera permanente gracias a los perversos racionamientos que se le aplican al interior del país. En Maracaibo, la capital del estado Zulia, principal productor petrolero y en otrora principal abastecedor agrícola y ganadero del país, pasamos en promedio 14 horas diarias sin luz, situación que se agudiza en el resto de los municipios, con una temperatura que llega a los 50 grados centígrados. ¿Y sabe por qué? Porque bajo los gobiernos de Chávez y Maduro se robaron 9.000 millones de dólares destinados para las termoeléctricas que garantizarían la independencia energética de la región con el resto del país.

Seguro tampoco se dará cuenta del caos que hay con la gasolina, señora Bachelet, porque esa tragedia tampoco se padece en Caracas sino en el interior del país. Si usted no sale de la capital solo verá un país maquillado, una porción mínima de Venezuela en la que intentan hacer ver que todo está bien para minimizar el ruido internacional. Permítame contarle que en Maracaibo se hacen colas de 2 y 3 días para abastecer apenas 30 litros de gasolina. Para lograrlo, la gente debe pernoctar a la intemperie, en medio de vías desoladas, oscuras por los apagones y con una delincuencia desatada.

¡Esto se cuenta y no se cree, señora Bachelet! Venezuela, firmante de todos los tratados internacionales de cooperación y respeto por los derechos humanos de propios y extraños, ahora es cuna de la mayor de las miserias, del acoso a la libertad de prensa, con más de 700 presos por profesar y practicar ideas políticas distintas al gobierno y, como guinda, la vejación sistemática del Poder Legislativo, el único legítimamente constituido y reconocido por el mundo entero. A estas alturas, el caso Venezuela no acepta medias tintas. A los causantes de tanto dolor y tanta devastación que los perdone Dios, porque nosotros no podemos. 

Gladys Socorro
gsocorro.wordpress.com
@gladyssocorro