domingo, 6 de febrero de 2022

AQUÍ TITULARES DE HOY DOMINGO 06/02/2022, DIARIO DE OPINIÓN, EL REPUBLICANO LIBERAL II, PARA LEER PULSA SOBRE EL TITULAR ESCOGIDO

    

                                       HOY -  OPINIONES NACIONALES  -                                                                                              * 06/02/2022 *

MIBELIS ACEVEDO DONÍS: FRANKENSTEIN, OTRA VEZ


TRINO MÁRQUEZ: EL PÉSIMO EJEMPLO DE PERÚ, LECCIONES


GIOCONDA CUNTO DE SAN BLAS: EL EXAMEN PERIÓDICO UNIVERSAL EN SU TERCER CICLO

LUIS FUENMAYOR TORO: OPERACIÓN MANO DE HIERRO







MIBELIS ACEVEDO DONÍS: FRANKENSTEIN, OTRA VEZ

“Con una ansiedad rayana en la agonía, coloqué a mi alrededor los instrumentos que me permitirían infundir un hálito de vida a la cosa inerte que yacía a mis pies. Era ya la una de la madrugada (…) cuando, a la mortecina luz de la llama, vi cómo la criatura abría sus ojos amarillentos y apagados. Respiró profundamente y un movimiento convulsivo sacudió su cuerpo. (…) ¿Cómo expresar mi sensación ante esa catástrofe, o describir el engendro que con tanto esfuerzo e infinito trabajo había creado? (...) había trabajado con el único propósito de infundir vida en un cuerpo inerte (…) pero ahora que lo había conseguido, la hermosura del sueño se desvanecía…”.

Las aflicciones del doctor Víctor Frankenstein, empeñado en hacer funcionar lo que no entrañaba ninguna posibilidad de alumbramiento o restauración, van desgranándose en la novela gótica de Mary Shelley. “Frankenstein, o el moderno Prometeo” (1810), obra pionera del género de la Ciencia Ficción, cuenta cómo el genio temerario del científico termina recibiendo el castigo que le asesta su propia creación. Suerte de hijo deforme, pavoroso; una “momia reanimada” digna de la alucinación de Dante, arrancada a juro de la oscuridad y ensamblada pieza por pieza, como si la sola integración de partes de otros cuerpos bastase para atrapar el sentido pleno del todo: allí las resultas de creer que era posible infundir virtud en lo que sólo anticipaba vacíos.

Más allá de las connotaciones religiosas y morales de la obra -la caprichosa creación y destrucción de vida, la transgresión de límites y el desafío a Dios; o el cuestionamiento del romanticismo en el marco de la pujante revolución industrial, ese temor de que el avance tecnológico arropase la dignidad del ser humano- podríamos arriesgarnos a extraer de allí otras reflexiones. Pensar, por ejemplo, en las porfías de quienes se saltan procesos y aplican estrambóticas fórmulas, de antemano sentenciadas a propagar calamidades. Puestos a diseccionar nuestro contexto político, y vistos los remozados pujos por hacer surgir de la nada a un líder capaz de conducir-aglutinar-reencauzar, representar expectativas de la mayoría, quizás no resulta tan extravagante evocar el aturdimiento del imprudente hacedor de monstruos. Como si el fallo cobrado hasta ahora no hubiese bastado, la idea de que es fácil parir y posicionar un líder sin considerar el proceso dinámico de construcción social del mismo, vuelve por sus fueros.

Al considerar la dificultad implícita en el ejercicio del liderazgo (que exige capacidad para distinguir y fijar objetivos compartidos por el colectivo; para crear estructuras que permitan alcanzar dichos fines, así como mantener y fortalecer esas estructuras), alentar los partos prematuros de dichas figuras no luce muy lógico. Amén de las condiciones personales de quien está llamado a dirigir, importa reparar en el contexto, la cualidad de los tiempos en los que este surge y se legitima.

Paradigmas como los del Rey Filósofo, de Platón; el del Príncipe de Maquiavelo, el del “gran hombre”, el Héroe de Carlyle o el Superhombre de Nietzsche, ya nos aproximan a cierta condición de excepcionalidad de estos personajes. Tales idealizaciones hacen sospechar que, junto a la bella voluntad, el líder requiere de un talento que lo distingue del común y lo faculta para conducir y proponer caminos, para transmitir eficazmente una visión inspiradora, valores y símbolos que son abrazados por quienes se identifican con ellos. Un enfoque subjetivista, sin duda, más vinculado a la opinión de que el líder nace, no se hace. Y es que ser dueño de esa “virtù” o del inusual carisma que según Weber es fuente del apego instintivo a la autoridad, es gracia de la cual no todos parecen gozar.

Pero estudios recientes del fenómeno advierten allí una ecuación mucho más compleja; menos “heroica”, más holística e integradora. El líder aparece entonces como un sujeto creador de sentido, no el simple portador de una visión. Burns, quien lo asocia a una expresión de disensión y determinación, en 1978 distingue, por ejemplo, el liderazgo transaccional y el transformacional, vinculando este último a contextos de alta incertidumbre. En ese sentido, hay aliños, soplos adicionales de vida para esta creatura que no pueden menospreciarse. Estilos, comportamientos, formación, tipos de seguidores, estructura de las tareas, capacidad para habilitar la cooperación y la agencia, reaccionar ante la contingencia y asumir riesgos, o para fluir con la circunstancia de modo de no desaparecer, aplastado por la fricción… factores que, en el marco de una realidad desafiante, que impele a la transformación, condicionan el surgimiento, influjo y efectividad del liderazgo político.

Siguiendo a Bourdieu: Hábitus, Campo y Capital político operan juntos para socializar, legitimar e institucionalizar el liderazgo. No parece buena idea, por tanto, pretender prefabricarlo, contraviniendo con ello una natural progresión u omitiendo las variables relacionales e interactivas que allí concurren. Embullados como estamos por los “milagros” del marketing político, hasta podría pensarse que seleccionar el envoltorio, coser sus partes en un bulto mal armado y luego animarlo, dotarlo de palabras y sublimes contenidos, es algo admisible. Pero la experiencia dice lo contrario. Una lectura responsable de las señas del entorno así como de las debilidades endógenas, quizás oriente sobre mecanismos que podrían contribuir a visibilizar figuras aptas para encarnar ideas, programas, esa visión compartida y posible de futuro. Sustancia, en fin. Entretanto, calma y cordura.

Una lectura responsable de las señas del entorno así como de las debilidades endógenas, quizás oriente sobre mecanismos que podrían contribuir a visibilizar figuras aptas para encarnar ideas...

“Con una ansiedad rayana en la agonía, coloqué a mi alrededor los instrumentos que me permitirían infundir un hálito de vida a la cosa inerte que yacía a mis pies. Era ya la una de la madrugada (…) cuando, a la mortecina luz de la llama, vi cómo la criatura abría sus ojos amarillentos y apagados. Respiró profundamente y un movimiento convulsivo sacudió su cuerpo. (…) ¿Cómo expresar mi sensación ante esa catástrofe, o describir el engendro que con tanto esfuerzo e infinito trabajo había creado? (...) había trabajado con el único propósito de infundir vida en un cuerpo inerte (…) pero ahora que lo había conseguido, la hermosura del sueño se desvanecía…”.

Las aflicciones del doctor Víctor Frankenstein, empeñado en hacer funcionar lo que no entrañaba ninguna posibilidad de alumbramiento o restauración, van desgranándose en la novela gótica de Mary Shelley. “Frankenstein, o el moderno Prometeo” (1810), obra pionera del género de la Ciencia Ficción, cuenta cómo el genio temerario del científico termina recibiendo el castigo que le asesta su propia creación. Suerte de hijo deforme, pavoroso; una “momia reanimada” digna de la alucinación de Dante, arrancada a juro de la oscuridad y ensamblada pieza por pieza, como si la sola integración de partes de otros cuerpos bastase para atrapar el sentido pleno del todo: allí las resultas de creer que era posible infundir virtud en lo que sólo anticipaba vacíos.

Más allá de las connotaciones religiosas y morales de la obra -la caprichosa creación y destrucción de vida, la transgresión de límites y el desafío a Dios; o el cuestionamiento del romanticismo en el marco de la pujante revolución industrial, ese temor de que el avance tecnológico arropase la dignidad del ser humano- podríamos arriesgarnos a extraer de allí otras reflexiones. Pensar, por ejemplo, en las porfías de quienes se saltan procesos y aplican estrambóticas fórmulas, de antemano sentenciadas a propagar calamidades. Puestos a diseccionar nuestro contexto político, y vistos los remozados pujos por hacer surgir de la nada a un líder capaz de conducir-aglutinar-reencauzar, representar expectativas de la mayoría, quizás no resulta tan extravagante evocar el aturdimiento del imprudente hacedor de monstruos. Como si el fallo cobrado hasta ahora no hubiese bastado, la idea de que es fácil parir y posicionar un líder sin considerar el proceso dinámico de construcción social del mismo, vuelve por sus fueros.

Al considerar la dificultad implícita en el ejercicio del liderazgo (que exige capacidad para distinguir y fijar objetivos compartidos por el colectivo; para crear estructuras que permitan alcanzar dichos fines, así como mantener y fortalecer esas estructuras), alentar los partos prematuros de dichas figuras no luce muy lógico. Amén de las condiciones personales de quien está llamado a dirigir, importa reparar en el contexto, la cualidad de los tiempos en los que este surge y se legitima.

Paradigmas como los del Rey Filósofo, de Platón; el del Príncipe de Maquiavelo, el del “gran hombre”, el Héroe de Carlyle o el Superhombre de Nietzsche, ya nos aproximan a cierta condición de excepcionalidad de estos personajes. Tales idealizaciones hacen sospechar que, junto a la bella voluntad, el líder requiere de un talento que lo distingue del común y lo faculta para conducir y proponer caminos, para transmitir eficazmente una visión inspiradora, valores y símbolos que son abrazados por quienes se identifican con ellos. Un enfoque subjetivista, sin duda, más vinculado a la opinión de que el líder nace, no se hace. Y es que ser dueño de esa “virtù” o del inusual carisma que según Weber es fuente del apego instintivo a la autoridad, es gracia de la cual no todos parecen gozar.

Pero estudios recientes del fenómeno advierten allí una ecuación mucho más compleja; menos “heroica”, más holística e integradora. El líder aparece entonces como un sujeto creador de sentido, no el simple portador de una visión. Burns, quien lo asocia a una expresión de disensión y determinación, en 1978 distingue, por ejemplo, el liderazgo transaccional y el transformacional, vinculando este último a contextos de alta incertidumbre. En ese sentido, hay aliños, soplos adicionales de vida para esta creatura que no pueden menospreciarse. Estilos, comportamientos, formación, tipos de seguidores, estructura de las tareas, capacidad para habilitar la cooperación y la agencia, reaccionar ante la contingencia y asumir riesgos, o para fluir con la circunstancia de modo de no desaparecer, aplastado por la fricción… factores que, en el marco de una realidad desafiante, que impele a la transformación, condicionan el surgimiento, influjo y efectividad del liderazgo político.

Siguiendo a Bourdieu: Hábitus, Campo y Capital político operan juntos para socializar, legitimar e institucionalizar el liderazgo. No parece buena idea, por tanto, pretender prefabricarlo, contraviniendo con ello una natural progresión u omitiendo las variables relacionales e interactivas que allí concurren. Embullados como estamos por los “milagros” del marketing político, hasta podría pensarse que seleccionar el envoltorio, coser sus partes en un bulto mal armado y luego animarlo, dotarlo de palabras y sublimes contenidos, es algo admisible. Pero la experiencia dice lo contrario. Una lectura responsable de las señas del entorno así como de las debilidades endógenas, quizás oriente sobre mecanismos que podrían contribuir a visibilizar figuras aptas para encarnar ideas, programas, esa visión compartida y posible de futuro. Sustancia, en fin. Entretanto, calma y cordura.

Mibelis Acevedo D.
mibelis@hotmail.com
@Mibelis
@ElUniversal
Venezuela

TRINO MÁRQUEZ: EL PÉSIMO EJEMPLO DE PERÚ, LECCIONES

Desde la salida de la jefatura del Estado de Ollanta Humala, quien concluyó su período normal en 2016, el Perú entró en una zona de turbulencia que lo llevó a tener varios presidentes en un período muy breve. Varios de los desalojos del poder se produjeron por ‘vacancia’, refinado término con el que llaman a la común y silvestre destitución.

Ese año 16, Pedro Pablo Kuczynski, PPK, fue electo Presidente por un milimétrico margen en segunda vuelta, frente a Keiko Fujimori. El fujimorismo, con mayoría en el Congreso, desató una tenaz oposición contra el mandatario, que concluyó con la salida del gobernante antes de concluir su segundo año al frente del Ejecutivo. Un acuerdo con el fujimorismo en el Parlamento colocó al frente del Gobierno a Martín Vizcarra, ex primer vicepresidente y exembajador de PPK. Al poco tiempo, la mayoría fujimorista retomó la labor de zapa, torpedeando la gestión del mandatario interino, quien había sabido ganarse el apoyo popular. Esta conexión de Vizcarra con los peruanos no les gustó a los seguidores de Keiko, quienes maniobraron hasta aplicarle la vacancia, solo a meses de la fecha en la que se elegiría al nuevo Presidente. Luego vinieron Manuel Merino y Francisco Sagasti, quien concluyó el período constitucional con escasa legitimidad y poca popularidad. Fue un gobernante de transición que sirvió para satisfacer las ansias del fujimorismo de demostrar su capacidad de fuego.

En esta atmosfera de inestabilidad y, sobre todo de fragmentación, se efectuaron en 2021 las elecciones en las cuales obtuvo la victoria Pedro Castillo, modesto maestro de escuela vinculado con la izquierda radical, que se proyectó a escala nacional luego de dirigir de forma exitosa una huelga de maestros en 2017. Su triunfo, como se sabe, lo obtuvo por un ajustadísimo margen. Apenas décimas lo colocaron por encima de Keiko Fujimori, quien admitió la derrota después de la inmensa presión desatada sobre ella tanto en Perú como en el exterior. Fujimori se vio obligada a admitir que los comicios habían sido transparentes, aunque el resultado la había desfavorecido.

El gobierno de Pedro Castillo, bajo los temores de que haría una gestión con marcado acento izquierdista, se instaló el 28 de julio del año pasado. En menos de seis meses ha tenido tres gabinetes y cuatro ministros de Relaciones Interiores. Es una administración caracterizada por la ignorancia e improvisación del Presidente, las persistentes acusaciones de corrupción de sus funcionarios de mayor rango –entre ellos el gerente general de Petro-Perú, un general llamado Hugo Ángel Chávez Arévalo, ¡qué casualidad!- y la existencia de un gabinete de sombra, distinto del Gabinete oficial, que sería el que realmente toma las decisiones trascendentales junto con el Presidente.

La situación de Castillo se ha tornado tan precaria, que dentro del Parlamento ya el fujimorismo está moviéndose para someter a juicio al Presidente –sería la segunda vez en dos meses- y decretar la vacancia. Es decir, el despido. Parece improbable que Castillo concluya su mandato. El mandatario no distingue entre haber sido candidato y ser ahora Presidente de una nación atravesada por una grieta insondable entre el fujimorismo y el resto de un espectro político que, a pesar de ser mayoritario por una pequeña fracción, está atomizado en grupos y partidos incapaces de darle estabilidad al sistema institucional.

Castillo –además de lucir todavía el folclórico sombrero que lo identificaba como candidato, sin entender que ahora es el Presidente de todos los peruanos, y no de la fracción que lideró- no ha realizado los esfuerzos necesarios para dialogar y llegar a acuerdos duraderos con sus opositores, encarnizados adversarios que perdieron el poder por milésimas. La impericia y desidia de Castillo está propiciando que se perpetúe la crisis política peruana y continúe cayendo el prestigio de su clase política.

De esa dolorosa experiencia, los venezolanos tenemos mucho que aprender. En un futuro gobierno presidido por un gobernante opositor electo en comicios libres y competitivos, el chavismo tendría una enorme presencia en la Asamblea Nacional, en otros organismos del Estado y, sobre todo, en numerosas organizaciones sociales –entre ellas sindicatos y gremios- que le permitiría obstaculizar las labores del Gobierno entrante. En la práctica podría impedir su funcionamiento. La única manera de reducir ese riesgo es mediante la utilización de mecanismos de negociación que anulen o reduzcan la capacidad obstaculizadora que tenga el chavismo. El Parlamento habrá que convertirlo de nuevo en el foro dispuesto al diálogo entre las diferentes fuerzas políticas, y entre estas y el Ejecutivo.

Otra lección importante es que el Presidente que surja de la eventual consulta electoral, debe poseer una sólida formación y convertirse en líder del país. Esta frase ha sido empleada usualmente por los nuevos gobernantes, pero son pocos los que la han convertido en principio de acción. Castillo comenzó su mandato utilizándola. Luego fue capturado por su séquito. Allí están los resultados de su inconsecuencia. En Venezuela, al igual que en Perú, tal inconsistencia tendría fatales secuelas.

De la historia política reciente de Perú, la dirigencia democrática venezolana tiene mucho que asimilar. Al país no le conviene repetir los mismos errores.
Trino Márquez
trino.marquez@gmail.com
@trinomarquezc
Venezuela

ANTONIO JOSÉ MONAGAS: MAGISTERIO VENEZOLANO,CUNA DE LIBERTADES

Aludir al concepto de “magisterio”, es esbozar el perfil del hombre en su proyección como valor y fundamentación del desarrollo y progreso de toda sociedad. Por eso cuando se habla de magisterio, se habla de libertad. Precisamente, porque en la libertad reside toda concepción y acepción que exalta al hombre como razón de cultura sobre la cual justifica su vida.

Este prolegómeno o breve prólogo a esta disertación que busca honrar al magisterio venezolano, tiene como razón destacar la figura del maestro en su dominio intelectual. Asimismo, en su compromiso social, cultural. Y desde luego, político. Particularmente, toda vez que las coyunturas de principios del siglo XX, exhortaron la fundación de la organización que enalteció su figuración como soporte de la democratización del sistema político venezolano. O sea, la Federación Venezolana de Maestros, FVM.

La Federación Venezolana de Maestros, surgió en respuesta al estado de necesidades que exponía el país en 1932. Fue instituida por el sentido de trabajo político, educacional y sindical del insigne maestro Dr. Luis Beltrán Prieto Figueroa. Hecho éste alcanzado, en compañía del combativo, brillante y laudable educador, Miguel Suniaga.

Inicialmente, fue presentada como Sociedad Venezolana de Maestros de Instrucción Primaria. Aunque sus principios se correspondían con las exigencias de cambios que reclamaba la educación de entonces. Pero las realidades comenzaban a reclamar un nuevo modelo educativo motivado por las insuficiencias que venían arrastrándose desde el siglo XIX. Y por las cuales se habían acumulado ingentes deficiencias que originaron múltiples problemas que tuvieron graves repercusiones en la educación al amanecer del siglo XX.

Esos primeros años, fueron tiempos de aguerridos problemas que incitaron la creación de nuevas instituciones que dirigirían sus esfuerzos a la formación de nuevos profesionales de la educación. Educadores que habrían de prepararse para atender otros niveles de educación. Ejemplo de ello, fue la instauración del Instituto Pedagógico de Caracas (1936). La apertura de seminarios y talleres dictados desde la Universidad Central de Venezuela con la idea de contribuir a mermar el influjo de tales problemas.

Igualmente, se produjo el cambio de nombre de la Sociedad de Maestros de Instrucción Primaria por Federación Venezolana de Maestros, FVM, lo cual amplió su rango de acción y atención al magisterio nacional. Dicho cambio más obedeció a una corrección de fondo, que a una corrección de forma.

Desde entonces, la vida de la FVM se convirtió en un peregrinaje de hechos constructivos, motivaciones educativas e ideales pedagógicos que tuvieron como propósito fundamental la concienciación de los maestros en torno a la misión que le corresponde a la educación en el contexto del desarrollo nacional. Bien lo expresó el Dr. Prieto Figueroa, cuando asintió “dadle al pueblo la capacidad de comprender y formular ideas mediante una educación igual para todos. Así, se realizará la democracia social bajo el comando esclarecido de los líderes de masas”

La FVM, en el transcurso de estos primeros 90 años, ha activado una lucha por el derecho originario que por naturaleza la vida le otorga al ser humano. Que es la libertad. Tan primordial derecho, induce en el individuo un espíritu que trasciende lo circunstancial para entonces escalar hacia la cima que levanta cada proyecto de vida. En lo alto de esa cima, cada ser humano se provee de las motivaciones propias que le inducen las fuerzas necesarias para hacer flamear la bandera de sus sueños y esperanzas.

No hay duda de que el hombre, en palabras del maestro Prieto, “quiere la educación para su perfeccionamiento humano. Pero también, para incorporarse con habilidades más eficaces al servicio de los demás. Y con la educación, mejor que con ningún otro derecho para cumplir la tesis fundamental de las prerrogativas sociales”.

Pues como igual lo manifestó Harold J. Laski (El Estado moderno. Sus instituciones políticas y económicas. Barcelona–España), “no existe ninguna división tan ineludible en el Estado moderno, como la que existe entre quienes tienen el poder de la cultura y quienes carecen de ese privilegio”.

Y es porque dicho poder pertenece (por vocación, antonomasia y facultad) a quienes pueden comprender y formular las ideas. Es decir, quienes tejen el magisterio: los maestros, la escuela y la educación.

Por eso, bien debe aceptarse y reconocerse que el trabajo desempeñado por la Federación Venezolana de Maestros, FVM, reivindica la herencia de precursores, libertadores y forjadores de democracia, civismo, urbanidad y civilidad. Más, cuando con el corazón en la mano, insistieron en legitimar los derechos que exaltan el valor fundamental de las ideas, del conocimiento y del saber.

De ahí que cabe razón plena al declarar de cara al país político, social y económico, aunque en medio de conflictos que claman por las verdades, la justicia y los derechos del hombre, que es el Magisterio venezolano: Cuna de libertades

Antonio José Monagas
antoniomonagas@gmail.com
@ajmonagas
Venezuela

GIOCONDA CUNTO DE SAN BLAS: EL EXAMEN PERIÓDICO UNIVERSAL EN SU TERCER CICLO

Para los participantes en el Examen Periódico Universal (EPU) el pasado 25 de enero de 2022, debe haber sido una experiencia sublime entrar a la «Sala de los Derechos Humanos (DDHH) y de la Alianza de Civilizaciones» de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) donde tuvieron lugar las sesiones. Es difícil apartar los ojos de la espectacular cúpula que recoge en una explosión de colores «la imagen del mundo goteando hacia el cielo […] en unión de contrarios», según Miquel Barceló, autor de la obra de arte, llamada por algunos «la Capilla Sixtina del siglo XXI».

No obstante, la mirada ha de ser desviada hacia lo terreno porque son asuntos de este mundo los que convocan a los participantes. Es el EPU, un examen especial quinquenal entre los Estados miembros de la ONU, establecido como mecanismo cooperativo de rendición y asistencia en materia de DDHH, que en esta ocasión evalúa a Venezuela, en un tercer ciclo (primer ciclo, 2011; segundo ciclo, 2016).

En total 103 países plantearon recomendaciones al gobierno venezolano. Entre muchos otros, los temas más reclamados fueron la libertad de expresión, liberación de presos políticos (245 al día que esto escribo), seguridad alimentaria y acceso a la salud, ejecuciones extrajudiciales, tortura y desapariciones forzadas, reforma del sistema de justicia y garantía de independencia de poderes; temas reiterativos desde 2011 que afectan los DDHH de los venezolanos y el ejercicio de la democracia en el país, sin que hasta la fecha el régimen haya hecho algo por resolverlos.

La ONU reconoce a las organizaciones de la sociedad civil como «entidades asociadas de pleno derecho». Al hacer uso de ese mecanismo, las ONG venezolanas enviaron 174 informes sobre abusos y violaciones a los DDHH en el país. Y además, las ONG Civicus, RedLad y Espacio Público, en comunicado conjunto, afirmaron que «de las 40 recomendaciones recibidas en 2016 sobre el espacio cívico, Venezuela solo implementó parcialmente siete».

La Oficina de la Alta Comisionada de la ONU para los DDHH reiteró su malestar por los pocos avances en el procesamiento judicial de las cadenas de mando de funcionarios de la administración actual, responsables de graves violaciones a los DDHH.

Mientras tanto, el régimen por voz de la vicepresidenta y en conexión remota, aseveró sin rubor que la administración actual garantiza los derechos políticos, civiles, económicos y sociales de todos los venezolanos; que Venezuela está dentro de los pocos países menos desiguales de América Latina y el Caribe; y que ha mantenido un crecimiento del Producto Interno Bruto de más del 7% desde 2016. Por supuesto, no pudo faltar la invocación «al cerco económico, el bloqueo financiero y acoso mediático» contra la nación. E insistió, no faltaba más, en la arremetida de «los poderes económicos, mediáticos, fácticos contra nuestra patria, pretendiendo alterar y vulnerar la progresividad y universalidad de nuestro modelo de DDHH».

Casi en coincidencia con el tercer ciclo del EPU para Venezuela, Freedom House, organismo para la defensa de DDHH, políticos y cívicos, publicó su informe 2021. En él se analiza, entre otros factores, el índice de libertad global de unos 70 países. En una escala de 1 a 100, los países escandinavos sobresalen con 100 puntos; en el extremo opuesto, Corea del Norte (3). De los países latinoamericanos, Uruguay (98), Chile (93), […], Haití (37), Nicaragua (30). ¿Y Venezuela? Apenas 14. De manera que tienen razón las ONG al reclamar en el EPU la falta de libertad en el país.

Las observaciones reclamadas al gobierno venezolano en la sesión del 25 de enero fueron recogidas para su preparación como informe, trabajo encomendado a una troika relatora, elegida por sorteo, constituida por Somalia, Indonesia y Cuba, cuyos índices de libertad global son, respectivamente, 7, 59 y 13. Con razón Héctor Faúndez, en artículo reciente, manifiesta que «ninguno de ellos es un ejemplo a seguir en materia de respeto a los DDHH. Más bien, es probable que los representantes de esos países sientan simpatía con las prácticas de Venezuela en materia de violación de DDHH, que no son distintas a las de sus propios países».

Sin más fuerza que la moral para abogar por cambios democráticos, luce poco lo que puede hacerse en escenarios como los del EPU. ¿Cómo hacer para obligar a los políticos a cumplir con los compromisos asumidos en esas costosas reuniones? Quizás, recurrir a la vieja costumbre del cónclave vaticano reunido en la Capilla Sixtina (la original) para elegir un nuevo Papa: reclusión forzada de los cardenales electores, sin contacto con el mundo exterior, puertas cerradas a cal y canto, y guardias suizos vigilantes ante cualquier intento de escape de los ilustres funcionarios a cargo de la misión encomendada.

Gioconda San-Blas
sanblas@gmail.com
@DiarioTalCual
@daVinci1412
http://giocondasanblas.blogspot.com
Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales,
Individuo de Número, Sillón XX
Caracas, Venezuela
acfiman.org
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"Allí donde se niega el conocimiento científico, se difunden las teorías de la conspiración y la agitación". Angela Merkel, discurso de despedida como Canciller de Alemania. 02/12/2021

“El castigo por rehusarte a participar en política es ser gobernado por personas inferiores a ti”. Platón

LUIS FUENMAYOR TORO: OPERACIÓN MANO DE HIERRO

Las últimas medidas del gobierno contra el tráfico de drogas y de gasolina han levantado una serie de opiniones y afirmaciones, no necesariamente ajustadas a ningún análisis serio de las causas de las mismas. Como los involucrados en estos delitos han sido dirigentes y funcionarios regionales del oficialismo, las denuncias y descalificaciones han sido hechas principalmente con fines de agresión política al gobierno y a algunos de sus dirigentes nacionales. Dos alcaldes psuvecos, una de Santa Bárbara de Zulia y otro del sur de Anzoátegui; unos diputados, fiscales del Ministerio Público y efectivos militares, han sido detenidos y puestos a la orden de los tribunales de justicia. Adicionalmente, el propio Maduro ha dado un sermón contra estos díscolos militantes del “proceso”, a quienes acusa de ser unos disfrazados e infiltrados en las filas revolucionarias.

Dos o tres damas involucradas han llamado poderosamente la atención, por lo menos en las llamadas redes sociales, pues se habían destacado por su juventud, belleza física, liderazgo novedoso y encendidos discursos de gran compromiso y lealtad revolucionaria. Además, ellas y otros involucrados aparecen en muchas fotos con Diosdado Cabello, lo cual no debería tener nada de especial dados sus protagonismos en distintas regiones, pero que a los ojos prejuiciados e inquisidores de mucha gente suponen una complicidad y un apoyo a estas actividades delictivas de uno de los dirigentes más pugnaces del PSUV. Aprovechan para vengarse de agravios reales y supuestos hechos desde el programa “Con el mazo dando” por el teniente Cabello.

La primera conjetura aparecida fue que los señalados habían invadido áreas de negocios delictivos pertenecientes a figuras gubernamentales de mayor poder, quienes actuaron de inmediato para quitarse esa molestosa intromisión en sus asuntos por parte de unos imprudentes dirigentes locales del partido y del gobierno. “Caen los de abajo, pero no los grandes capos”, repiten en forma incesante los partidarios de esta tesis. Una segunda aproximación, subjetiva y también prejuiciada, señala que sólo se trata de propaganda del régimen para lavar su cara ante la Corte Penal Internacional, aseveración que ignora que este tribunal internacional no tiene nada que ver con los delitos comunes como el contrabando y el tráfico de drogas, sino sólo con la violación de DDHH.

El desprestigio del gobierno y de sus actuaciones muchas veces mentirosas y manipuladoras, cínicas al extremo, es tal, que poca gente cree que se trate en verdad de medidas reales de enfrentamiento de las lacras señaladas, presentes en Venezuela desde el siglo pasado, aunque indudablemente incrementadas en el presente. Algunos temen que luego de arrancar con medidas punitivas contra su misma gente, el gobierno la emprenderá en mayor grado contra opositores involucrados o no en estos delitos, como si preparara una suerte de razia contra los sectores políticos extremistas. No se cree en la disposición justiciera del gobierno en este caso particular, como no se cree en la sanidad de las medidas económicas que toma, independientemente de que estén allí y que todos seamos afectados por las mismas.

La posibilidad de que se quiera poner orden en la administración y el suministro del combustible, como algo ineludible dentro del plan económico en marcha; la necesidad de intensificar la lucha contra el narcotráfico, como una acción socialmente saludable de cara al futuro; la lucha contra la corrupción, que no sólo drena recursos imprescindibles para el funcionamiento del aparato estatal, sino que entorpece todas las medidas tomadas para hacer frente a la grave situación existente, no son posibilidades tomadas en cuenta por los críticos acérrimos y viscerales de la administración de Maduro. Se impone la convicción de que todo lo que haga el gobierno es perverso y punto, con lo cual se estará siendo muy “opositor” a lo tradicional y generador de aplausos de una galería ya preparada para este tipo de mensajes, pero se falta a la verdad y no termina de entenderse hacia dónde se dirige la cúpula dominante.

Luis Fuenmayor Toro
lft3003@gmail.com
@LFuenmayorToro
Venezuela

ROMÁN IBARRA: 30 AÑOS PERDIDOS

Ya son 30 años desde la aciaga noche en que un grupo importante de delincuentes todos, insurgió contra la democracia utilizando las armas que la República les confió para su resguardo, violando el juramento constitucional de defenderla.

La ambición desmedida de su comandante, y de sus cómplices fuera del seno de las fuerzas armadas, dio al traste con las posibilidades de una sociedad, que si bien tenía problemas importantes en lo político; económico y social, no es menos cierto que todo ello era posible resolver dentro de la misma constitución y sus instituciones.

Varios factores importantes se confabularon para destruir el sistema, y sus principales líderes, precisamente el año en que el país observó el mayor crecimiento económico de Latinoamérica, gracias a la política del gran viraje emprendido por el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez.

La conspiración nacida del propio seno de AD como venganza contra CAP, quien no hizo del poder una sucursal de sus tradicionales apetencias burocráticas; la complicidad de líderes como Caldera quien con su discurso del 4F/92 en el Congreso justificó ampliamente el golpe criminal; la conspiración de los llamados Notables encabezados por Uslar Pietri; Escovar Salom; Mayz Vallenilla; Burelli Rivas, entre otros, así como importantes medios de comunicación; empresarios, y por supuesto la izquierda irredenta.

Los golpistas Justificaron el acto cobarde y criminal con un discurso pretendidamente redentor de la ¨estafa¨ que suponía el sistema político que teníamos entonces.

El país tenía problemas muy serios como la corrupción, y el incumplimiento con una sociedad paciente, y leal durante décadas, pero no había razones reales para que la respuesta fuera la destrucción; la violencia, y la muerte de gente inocente.

Ese golpe asesino y cobarde sirvió, no sólo para herir de muerte al gobierno, el estado y sus instituciones, sino también al liderazgo político alternativo que ya no pudo tener éxito, víctima del injusto abandono de la sociedad, a pesar de haber hecho lo correcto para defender al sistema político democrático y civil con su rechazo a la violencia como forma de lucha. El 4 de febrero destruyó a una figura como Eduardo Fernández, líder civil de gran formación y talante democrático.

Luego vino la formación del chiripero, grupo diverso que permitió –por desgracia- el acceso de Caldera por segunda vez al poder, para dañar seriamente a los partidos tradicionales, y saciar su sed de venganza contra su propia creación el partido Copei por la ¨traición¨ de no haberle hecho su candidato presidencial por siempre.

Ya en el poder procedió al sobreseimiento de la causa del golpista Chávez y su gente, a pesar de que lo que correspondía era dejar que el poder judicial lo sentenciara a cumplir condena por magnicidio. Por el contrario, con el sobreseimiento convirtió a un militar golpista, y mediocre, en un súper candidato. Le sirvió la mesa –ex profeso- para acceder al poder por la vía electoral.

Hoy queda demostrado de manera fehaciente que hemos perdido 30 años de nuestras vidas en las aventuras de golpistas asesinos; luego con un ambicioso desmedido e inútil como Caldera, y luego con más de dos décadas de gobiernos mega corruptos, y destructores de todas las instituciones de la democracia civil para dar paso a un autoritarismo violador de derechos humanos, que se roba las posibilidades del país. Hoy, gracias a Caldera; Chávez y Maduro, Venezuela no ha entrado al siglo XXI.

Siguen pendientes las reformas políticas sustanciales que nos permitan avanzar. Son ellas, la eliminación definitiva de la reelección presidencial; la Constituyente, y el revocatorio, y dar paso a la segunda vuelta presidencial; fortalecer el parlamento con la vuelta al congreso bicameral, y la representación proporcional de las minorías. Esto es, ganar en gobernabilidad para un mejor sistema político. Seguimos.

Roman Ibarra
romanibarra@gmail.com
@romanibarra
Venezuela