lunes, 27 de marzo de 2017

ADOLFO P. SALGUEIRO - INMIGRACIÓN Y EMIGRACIÓN DOS CARAS DE LA MISMA MONEDA

DE PEOR PARA MEJOR

Un principio universalmente aceptado es aquel que afirma que toda persona tiene el derecho de aspirar a una vida mejor para sí y su familia. Si lo anterior es cierto, resulta evidente que la búsqueda de mejores condiciones de vida incluye la posibilidad de emigrar para obtenerlas.  Tal aspiración parece ser la que motiva a los cientos de miles – o tal vez millones- de venezolanos que dejan nuestra patria para asegurarse mejores condiciones de seguridad personal, educación, oportunidades laborales, culturales etc. y seguramente es válido también para otros grupos humanos que abriguen similares aspiraciones.

Así pues, el tema de la emigración tiene la arista muy razonable de quien aspira a irse de su país pero también presenta la arista menos grata del rechazo que la llegada de olas de inmigrantes produce en los países de recepción donde se gestan movimientos xenófobos, prejuicios, temor a perder valores tradicionales etc.  Tal problemática está cobrando ingrata vigencia en Europa y los Estados Unidos con motivo de los masivos desplazamientos que están teniendo lugar en las últimas décadas y ello se viene traduciendo en la emergencia de partidos políticos y movimientos con distinto grado de extremismo que ya están consiguiendo peso e influencia creciente como lo demuestran el discurso de Trump en los EE.UU, el de Marine Le Pen en Francia, el de Wildeers en Holanda, Orban en Hungría y los que existen en Alemania, España, Reino Unido etc. Nuestra Venezuela no fue y tal vez sigue no siendo ajena a esta temática.

Desde el principio, este columnista, inmigrante como lo es, expresa su opinión en el sentido de que la emigración es un derecho y no un privilegio por lo cual recibir migrantes es un deber. Entendemos perfectamente que esta tesis es polémica pero afirmamos también que la posición que se adopte  en la discusión depende mucho del lado del mostrador en el que uno esté colocado. Si somos venezolanos queriendo emigrar a España o los EEUU seguramente tendremos criterios mas amplios y flexibles que los que alguna vez sostuvimos ante la llegada de colombianos, ecuatorianos, peruanos y sureños a Venezuela.
Este columnista se pregunta y pregunta quien – a excepción de las tribus originarias- no es inmigrante en el continente americano? Será que cuando Colón y sus sucesores llegaron a América no trajeron e impusieron sus instituciones ,costumbres y religión con distinto grado de fuerza y/o crueldad? Acaso ese fenómeno no transformó de forma definitiva la fisonomía étnica y cultural del Nuevo Mundo?  

Si aquello fue así por que ahora existe el prejuicio de que las sociedades tienen el “derecho” a conservar sus valores y su identidad?  Es que acaso las migraciones no han existido a lo largo de toda la historia? Los mongoles invadiendo a Europa Central, los Romanos haciendo lo propio en España, Francia e Inglaterra, los árabes invadiendo la península Ibérica,  los ingleses llegando a los EEUU en busca de trasladar allá su religión y valores, los portugueses en Brasil, etc.etc? 

Es que acaso el ser humano ha cambiado? Se debe repudiar la construcción de la Alhambra de Granada o la difusión de las matemáticas y la astronomía que eran patrimonio musulmán o el traslado de la democracia griega  y los valores humanos judíos a otras latitudes? Se debió haber prohibido la práctica del futbol  por ser foráneo o la propagación de distintas iglesias cristianas o no por que no eran vernáculas?

Claro está que las migraciones se producen partiendo de los lugares donde la gente está peor para trasladarse a donde estará mejor. No fue la nobleza española la que llegó a nuestra Tierra de Gracia sino el “perraje” mas desposeído, ambicioso e inculto. Ni siquiera en la época posterior a la Segunda Guerra Mundial cuando Venezuela se transformó en destino de recepción favorito de europeos no fueron elites quienes cruzaron los mares sino gente en estado de necesidad y –afortunadamente- dispuestos a aportar trabajo duro en sus nuevas latitudes. Por eso mismo es que ya no vienen Españoles a Venezuela sino que ahora son los venezolanos  “sudacas”quienes llegan a España en busca de las mismísimas condiciones que sus ancestros buscaban cuando hicieron el viaje de ida.

En el mundo de hoy, con la facilidad en las comunicaciones que permite a todos enterarse donde hay mejores oportunidades, con la facilidad en los transportes y con las tragedias humanitarias que de tanto en tanto asolan al planeta, no parece realista pretender que las mas elementales aspiraciones de los seres humanos para superarse puedan o deban ser frustradas. De mas está decir que quien inmigra a un país es quien debe adaptarse y obedecer sus leyes, no al revés. Pero cuando los inmigrantes alcanzan una masa crítica no es realista creer que ello no habrá de afectar al conglomerado nacional. La historia lo demuestra empezando por el hecho de que este artículo está escrito en español y no en inca, ni quechua, ni wayú,  ni náhuatl ni guaraní.

La verdad verdadera es que también predomina en el ser humano el egoísmo que se traduce en la falta de solidaridad. Quienes con trabajo y tesón han logrado construir sociedades prósperas no se sienten inclinados a compartir los frutos de su esfuerzo y  es por eso que un país cuyo sello distintivo es la inmigración como los es EEUU hoy se debate en el drama de limitarla o prohibirla selectivamente. Es por eso que en Europa temen que la llegada de africanos o gente del Medio Oriente pueda modificar sus valores y bienestares. Es lo mismo que si un abogado formado en la enseñanza pública gratuita postulara el cierre de las Facultades de Derecho y de la matrícula profesional al día siguiente de él haberse graduado a fin de facilitarle el progreso en su carrera.

Es evidente que tema tan espinoso y que genera tanta polémica no puede agotarse en unas líneas sabatinas. El propósito pues de esta columna de hoy es sugerir una reflexión serena y amplia a fin de abrir nuestra mente y nuestro corazón a una problemática muy actual y que a muchos de nosotros  afecta.

Adolfo P. Salgueiro
apsalgueiro1@gmail.com
@apsalgueiro1
Internacionalista
Miranda - Venezuela

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