miércoles, 23 de enero de 2019

NELSON CASTELLANO-HERNANDEZ, EL CLAMOR DE LA PATRIA


La Asamblea Nacional enfrenta un desafío histórico: acompañar su Presidente el Diputado Juan Guaidó para que asuma la Presidencia Interina de Venezuela. Guaidó es Constitucionalmente el Presidente, falta la ceremonia de investidura y su juramentación.

El hombre no ha escurrido el bulto, asume su destino histórico. Solo que está consciente que debe poner la mayor cantidad de cartas de su lado, para no poner en peligro la jugada final… el jaque mate.

La vida de un dirigente político está sembrada de disyuntivas ¿Cuándo tomar las decisiones? ¿Cómo saber si es el momento? o ¿Cuál es el instante ideal? En todo caso es preciso actuar con prudencia, pero no es posible prolongar una situación hasta el infinito, sin poner también en peligro el resultado.

Existe un proverbio francés que dice: “antes de la hora no es la hora, después de la hora no es más la hora” y aunque se refiere a la puntualidad, cae como anillo al dedo para la situación que vivimos.

Se viven tiempos críticos, el pueblo venezolano ha soportado la humillación, la invasión cubana, ha visto como el régimen destruyó sus sueños. Ha pasado hambre, ha fallecido por falta de medicinas, perdió el trabajo, no cuenta con servicios públicos ha visto a sus hijos asesinados por colectivos, bandas chavistas y por los uniformados que un día juraron defender la Patria.

Sin embargo, en medio de tanto dolor, un hombre le ha devuelto la esperanza. Aunque enfrenta una gran responsabilidad, no puede paralizarse ante el tamaño del desafío.

El escenario es ideal, convergen las condiciones para la salida constitucional y no tenemos mucho tiempo que perder. Así como necesitamos apoyos, también se necesitan símbolos.

Son necesarios para investirse de autoridad, para anclarse en el imaginario popular. Para facilitar acuerdos internacionales, para exigir el sacrifico que eventualmente la salida pueda representar.

La Patria tiene años esperando el que encarne el rescate de Venezuela. Ese hombre está escribiendo nuevas páginas de la historia, es Juan Guaidó, el Presidente de Venezuela.

No escribo por adular su ego; de hecho, su momento histórico es corto. Se trata de una función interina… pero de ella depende nuestra supervivencia como País.

El proceso de liberación de manos del Usurpador, se sostiene en tres columnas: pueblo, apoyo internacional y los militares patriotas. El objetivo de esta acción conjunta: Cumplir la Constitución Nacional y las leyes de la República.

El reconocimiento internacional ya es una realidad, que será mayor a medida que se adelanten los pasos necesarios. La estrategia de los cabildos regionales, despierta la esperanza que parecía dormida y suma el arrollador y enérgico apoyo del pueblo venezolano.

Duro despertar para el régimen, quien estaba convencido que había ganado la partida; que se había impuesto al ciudadano y que este aceptaba su tragedia como algo irreversible.

El tercer pilar es la incógnita, los militares; aunque huele a pronunciamientos. Lo único cierto es que nos encontramos en el momento de definirse, a partir de ahora no hay vuelta atrás; el tiempo se cuenta en días, de aquí al 23 de enero… luego la salida será diferente.

Llegó la hora de mostrarle a Maduro cuan equivocado estaba; de decirle que, dentro de cada venezolano, sigue viva la esperanza y las ansias de libertad. Que no nacimos para para ser dirigidos desde la Habana, ni mucho menos para trabajar al servicio de su proyecto.

Es el momento de gritar libremente que estamos hartos, de la corrupción, del abuso de poder y de las balas asesinas. Llegó la hora de verlos correr en retirada.

Tenemos la oportunidad de cambiar, de lograr ser lo que realmente podemos ser. Venezuela no es el país que ellos intentaron instaurar; lleno de espías cubanos, de colectivos, militares y policías asesinos.

Tampoco un país de narco traficantes, volando desde la rampa presidencial. No es el país de guerrilleros colombianos, ni terroristas islámicos. No somos el país que destruye sus riquezas naturales; ni el que regala sus recursos a cambios de créditos leoninos, que sirvan para engordar sus cuentas bancarias en paraísos fiscales.

Por eso queremos un cambio profundo, por eso necesitamos ingenieros en PDVSA que sepan de petróleo y sirvan a los intereses nacionales. Es evidente que necesitamos economistas que nos saquen del desastre bolivariano.

Aspiramos a hospitales que funcionen, farmacias con medicinas y supermercados con alimentos. Necesitamos escuelas y universidades con recursos; respeto al trabajador; inversión privada que genere trabajo y diplomáticos en las embajadas, que sustituyan los agentes ideológicos de un partido.

Este régimen es autor de crímenes políticos, civiles, penales y aquellos que claman al cielo; el quinto mandamiento condena gravemente el homicidio. El que mata y los que cooperan voluntariamente con él, cometen un pecado que clama venganza al cielo.

Lo han ejecutado unos, pero lo han ordenado otros. Porque también existe el “homicidio de cuello blanco”, el asesino que no ensucia sus manos, pero que es más culpable que el que aprieta el gatillo.

Otro crimen bíblicamente abominable, es el denunciado por el clamor del pueblo oprimido, según la tradición eclesiástica, Dios no va a permanecer con los brazos cruzados ante el sufrimiento de su pueblo, en las escrituras se emplea la expresión: Yahveh no es vengativo; pero sí que tiene “la santa cólera”.

Súmele a esto los homicidios por hambre, medicamentos y el abandono de los hospitales, todos esos que atentan a nuestra condición de seres humanos.

La ruta está establecida, es un camino que nos necesita a todos. La ruta está dirigida “al cese de la usurpación, para construir un gobierno de transición y lograr unas elecciones libres en Venezuela”.

Ese es el mensaje de Juan Guaidó, un venezolano sencillo que viene del pueblo; que estudio y se preparó; que su cuerpo aún conserva proyectiles que demuestran su valentía. Sobre todo, un venezolano que si tiene partida de nacimiento… y que ha escuchado el clamor de la patria.

Que necesita de todos nosotros para enfrentar la dictadura, un hombre sin pasado turbio… un hombre providencial que no puede defraudar las expectativas.

Que, en estas horas menguadas de la democracia venezolana, nos convoca este 23 de enero a que vayamos todos, para que ganemos todo.

Nelson Castellano-Hernandez
Ex Cónsul de Venezuela en París
nelsoncastellano@hotmail.com
@venezuelafutura

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