jueves, 23 de mayo de 2019

ORLANDO VIERA-BLANCO: LOS OPINADORES Y NUESTROS VICIOS

«El liderazgo de opinión debe gestionar información. Debe cabalgar sobre argumentos y conceptos sólidos, clásicos, cabales. Informar no es escandalizar sobre lo que le gusta al lector».

La búsqueda de salidas pactadas a la grave crisis del país no podemos convertirla en tabú. Se ha venido creando una matriz perversa a nivel de “líderes de opinión” donde buscar soluciones pacíficas es dialogar, claudicar, entregar, cooperar. En fin, dialogar es tradición. Una peligrosa demonización que sólo conduce a la fragmentación y la violencia.

El manejo de la Opinión Pública. y los vociferos.

Incidir sobre la opinión publica demanda dominio de los conceptos. El caso Venezolano no se reduce a una crisis convencional. Hablamos de un Estado Paria, criminal, fallido. Una monstruosidad que incluye récords en mortalidad infantil, mal nutrición, detenciones arbitrarias, delitos de todo orden, impunidad y en fin, muerte y penurias sin precedente en un régimen. Una crisis que tiene dos condición resolutorias básicas: La salida de Nicolás Maduro y un gesto de desprendimiento de la disidencia que se llama UNIDAD.

¿Se quiere una salida violenta o pacífica? Este es l’état de la question. La violencia en política es lo último en el menú. El uso de la fuerza es la derrota de la razón, de la civilidad. ¿Que con un gobierno criminal no hay conversación posible? Falaz. Es cierto que son criminales pero al peor de los criminales se persuade a entregarse cuando median vidas inocentes. ¿Qué igual el pueblo muere por causa del régimen? Cierto. Pero quien quiera encabezar una guerra civil que la asuma pero no que la encomiende.

El líder de opinión no es un simple espectador. Quien desde una poltrona de TV observa el secuestro de un banco y piensa que a esos secuestradores hay que matarlos sin importar que se pierdan las vidas de los secuestrados, puede hacerlo desde lo que Alain Minc denomina “una opinión súbita, instantánea, espontánea, inmediata, ligera…originada por una imagen, por una impresión, un comentario”. Bajo esta perspectiva cualquier opinión es fugaz, emocional, inmensamente reactiva, quiero decir, ausente de consciencia crítica y análisis responsable. Corresponde al líder de seguridad al mando, agotar todos los recursos necesarios para atrapar a los delincuentes a un costo de vidas igual a cero. Incluso [la vida] de los delincuentes. Es al límite de una situación irresoluta que deberá usar la fuerza. Y ese momento de liberación forzosa lo define quien está a cargo de la operación, no el televidente, por lo que quien opine sobre el evento debe hacerlo con propiedad y vocación objetiva. Es muy fácil sentenciar ¡Vayan y maten a toditos esos *&%*#! ¿Pero el quien vocifera le mete el pecho?

La negociación vs. Banalización

El liderazgo de opinión debe gestionar información. Debe cabalgar sobre argumentos y conceptos sólidos, clásicos, cabales. Informar no es escandalizar sobre lo que le gusta al lector. En estos días algunos “periodistas” se montan más en las tendencias que en la noticia y el análisis objetivo. Entonces son tendenciosos. Son mas influencers que periodistas. Palangrismo digital. Prefieren el “breaking fake news” minado de apocalipsis y falsas expectativas. ¡Ahí vienen los marines. Trump mando las fragatas. Y el realpolitik no es así; la historia no es así: asimilada, asemejada, empotrada.

Cuando apelan [opinadores] a una “intervención militar” desconocen el concepto de intervención. ¿Qué lo tolera, qué lo justifica, qué lo viabiliza, qué lo regula o hace posible? Cuando se elige una línea editorial montada en una “inminente operación del Comando Sur” se crean expectativas sin conocer el alcance real de estas operaciones. Quién lo dirige, a quien se rinde cuenta. Pedir a otra nación que ponga la vida de sus ciudadanos más jóvenes y recursos para salvarnos exige razones muy válidas y sensibles que por cierto deben ser debatidas en el seno del país oferente. Ninguna nación impela intervención salvo que estemos en presencia: i.- De una devastación humanitaria inminente que supondrá una catástrofe social, 2.- que a su vez afecte los intereses de una coalición interventora de forma determinante.

Venezuela sin duda va al filo de una catástrofe más dolorosas y grave a la que padecemos. Un desbordamiento que supone una confrontación civil inédita. Pero apelar al postulado de la responsabilidad de proteger sin agotar las últimas negociaciones persuasivas es irresponsable e ilusorio. La opinión pública no desconoce el dolor de nuestro pueblo. Pero a cuenta de ese dolor y de ansiedades de poder, no puede banalizar a sus líderes por apelar a rutas no violentas.

La salida.

Puede ser forzosa. Pero antes deben agotarse todas las vias de resolución pacifica. ¿Qué toma tiempo? Sin duda. Pero los plazos están cantados y los condiciones también. ¿Cuándo y cómo? Sea en Oslo, Paris, Bogotá o Margarita, hay que sentarse y hacer el intento por coronar sin bajas. ¿Qué lo hemos hecho? Si, pero no teníamos fecha de caducidad, ni el actor político que lidera [Juan Guaidó] , ni el padrinazgo que le asiste. Y eso les duele a muchos. Cálmense.

A los líderes de opinión los invito a tomar consciencia de su rol. En vez de cuestionar a Guaidó planten cara a Maduro. Son momentos estelares pero de mucha inteligencia y persuasión. No de posturas emocionales, desechables, infantiles por irreflexivas e instantáneas. Comunicar bien es darle contenido a la verdad, no a la especulación. Y la salida no le corresponde gestionarla a Guaidó y los ciudadanos, sino atención, también no empacharla y sabotearla a los opinadores y sus vicios

Orlando Viera-Blanco
@ovierablanco
Embajador de Venezuela en Canadá

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