sábado, 24 de octubre de 2020

ROMÁN IBARRA, LA POLÍTICA EN NUESTRO DÍAS

¨La Política es el arte de lo posible¨, frase histórica, y eterna atribuida al filósofo griego Aristóteles, 385 a. C. – 322 a. C. También atribuida luego, según la ocasión, a Maquiavelo, (Italia 1469-1531); Otto Von Bismarck, (Alemania 1815-1898), y  Winston Churchill, (Reino Unido 1874-1965). 

Lo cierto, es que la frase encierra la necesidad de extremar actitudes; aptitudes; conductas, e inteligencia para procurar soluciones a los grandes problemas que las sociedades en distintos momentos de la historia –antigua o moderna- encierran.

Si a ello le agregamos la búsqueda necesaria del bien común, entendido éste como: ¨aquello que es compartido por y de beneficio para todos los miembros de una comunidad; en sentido general, no sólo físico o económico¨ (Platón, maestro de Aristóteles; Grecia 427 a.C.-347 a.C.), y ¨El bien supremo del hombre es la felicidad¨ (Aristóteles), deberíamos concluir en que la política debe ser el instrumento más eficaz para la consecución de la felicidad del hombre.

No obstante, debemos admitir que nuestro tiempo actual, no es precisamente un ambiente de felicidad plena para el hombre, en sentido universal. Pero si lo particularizamos e individualizamos referido a Venezuela, la conclusión es trágica y contraria a toda racionalidad.

Por qué sin nuestro país tiene tantas herramientas naturales; tanta potencialidad en cuanto a materia prima se refiere, vive hoy grados de pobreza extrema, y a veces atroz?

Por qué, si tenemos profesionales de alta preparación en diversas áreas del conocimiento científico y humanístico, no hemos sido capaces de acceder al desarrollo como otros países?

Por qué tenemos los gobiernos de peor desempeño económico; social, y político de todo el hemisferio en los últimos 26 años (Caldera-Chávez-Maduro)?

Por qué estos gobernantes no han tenido empatía con el sufrimiento de nuestra población, y sus carencias?

Es necesario continuar en el enfrentamiento, y tratar de imponerle a la sociedad la particular visión de cada grupo político? Debemos continuar incitando al odio entre venezolanos?

Esas y otras muchas preguntas nos hacemos los venezolanos dentro y fuera de nuestro territorio, sin que hasta el presente podamos vislumbrar soluciones ciertas y perdurables.

La felicidad del venezolano de hoy, supone poder vivir en paz, y armonía con su entorno familiar, vecinal, y ciudadano. Vivir seguro sin que nadie agreda nuestra integridad física, o nuestros bienes. Acceder al estudio, y avanzar hacia un destino, técnico o profesional seguro que garantice un trabajo digno y bien remunerado para levantar nuestras familias en condiciones de dignidad.

La felicidad requiere del acceso a la salud pública, y privada según nuestras condiciones económicas, pero con la participación tripartita del Estado, la empresa privada, y los trabajadores, para que haya armonía; democracia, y participación, sin imposiciones odiosas de nadie.

Nuestra felicidad requiere del acceso a la alimentación, y ello solo es posible si nuestros productores pueden trabajar sin persecuciones, o imposiciones absurdas.

Nuestra felicidad requiere del acceso a servicios básicos como educación; salud; trabajo; luz; agua; gasolina; gas; transporte; recreación, y disfrute del tiempo libre, y del respeto pleno de nuestros derechos humanos.

Los venezolanos queremos trabajar y ser libres para alcanzar el progreso de nuestro país; nuestras familias, y nuestra personalidad en un ambiente amable. No queremos más odio; corrupción; venganzas; enfermedades, o muerte.

Nuestros políticos –de lado y lado- tienen la obligación de ponerse a trabajar, y no a imponer sus visiones sectarias; están obligados a trabajar, y negociar la solución de los problemas reales de la gente. Apartemos el odio, la venganza, y el resentimiento, y que sea la construcción de las instituciones poderosas de la democracia, las que resuelvan en términos de justicia profesional; imparcial, e independiente los yerros personales o grupales.

Sin eso, no hay felicidad posible. Hagámoslo! 


Roman Ibarra
romanibarra@gmail.com
@romanibarra

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