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jueves, 20 de diciembre de 2018

CARLOS CANACHE MATA, ¿CUÁL MAR?


Cuando faltan pocos días para que el año 2018  nos dé el adiós, vino a mi mente la profecía que, en una conferencia en la Universidad de La Habana, hizo Hugo Chávez, al comienzo de su mandato gubernamental, al vaticinar que “Venezuela va hacia el mismo mar donde va el pueblo cubano, mar de felicidad”. 

¿Qué queda del augurio después de 20 años de ejercicio del poder?. Si nos referimos al orden político, nadie que hable en serio se atrevería  a afirmar que en Venezuela hay actualmente una democracia y funciona un Estado de Derecho. Al respecto, bastaría con recordar que la organización World Justice Project,  ubica a Venezuela en el último lugar de desempeño en el mundo. Los países democráticos de la comunidad internacional piensan lo mismo y así lo han manifestado. Pero, sin necesidad de saber cómo se nos mira desde el exterior, somos los  venezolanos quienes conocemos y vivimos en carne propia la tragedia político-institucional que avasalla al país.

En el área económica, el desastre no es menor. Entre 2013 y 2018, se ha reducido en un 53% el tamaño de la economía, y, si solo observamos el sector industrial, constataremos que, dice  presidente de Conindustria, “de 12.700 industrias de buen tamaño que existían en el país en 1997 y que generaban 8.000 millones dólares en exportaciones, a la fecha quedan 2.500 (de las cuales, alrededor del 73% trabaja por debajo del 30% de su capacidad instalada), lo que da una idea de la destrucción del aparato productivo del país”. Y los expertos sostienen que la contracción económica, es decir, la caída del PIB, será superior al 20% al cierre de este año. La hiperinflación, que el FMI había pronosticado en 1.000.000% (un millón por ciento), recibirá la llegada del nuevo año montada en un 1 millón 400.000%. La pobreza, según la Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi), arropa al 87% de las familias venezolanas. La deuda pública, que era de 30.000 millones de dólares en 1998, se ha catapultado actualmente a 151.000 millones de dólares. La OPEP, ha reportado que actualmente solo estamos produciendo 1,1 millones de barriles petroleros diarios. 

Cierro este artículo sobre la catástrofe que afrontamos, contando lo que hace unos días le escuché decir en un programa radial al doctor López Hoyos, Vicepresidente de la Academia Nacional de Medicina: recientemente, el Hospital J.M de los Ríos rifó, entre varios niños cancerosos, la única dosis de medicamento que tenía para el tratamiento de la enfermedad.

Carlos Canache Mata
@CarlosCanacheMa

lunes, 10 de diciembre de 2018

LUIS MARIN, REFERENDO CONSTITUCIONAL CUBA 2019


Está previsto para el 24 de febrero el referendo aprobatorio de la Constitución castrista, que sustituirá a la vigente de 1976 promulgada por Fidel Castro con el mismo procedimiento: el proyecto elaborado en la sombra no se sabe por quién, es aprobado por unanimidad en la Asamblea Nacional, bajado como lineamiento a discutir a puerta cerrada en el partido y las llamadas organizaciones de masas, luego sometido a ratificación popular, para finalmente ser aprobado con el 98% a favor, un porcentaje idéntico al de participación.



Según el principio del “centralismo democrático” una vez discutido un asunto y aprobado, la minoría debe someterse al dictado de la mayoría y acatar lo que ya es una línea del partido, por lo que no sólo se prohíbe cualquier oposición o divergencia, sino que se toma y se trata como una traición, en este caso, no se permite ni siquiera hacer propaganda por el “NO”, tanto menos organizar la oposición, por lo que no es un referendo propiamente dicho, sino la imposición de una decisión desde arriba hacia abajo, por encima de la voluntad popular.

Pero hay diferencias: en 1976 no se había muerto Fidel Castro, ni desmembrado la URSS, ni derribado el muro de Berlín, ni existían medios de comunicación alternativos por lo que los medios globales podían invisibilizar a la oposición dentro de la isla, ni era imperativa la atención que debe prestarse a un mínimo respeto por derechos humanos fundamentales, en resumen, los secuaces internacionales del comunismo gozaban de absoluta impunidad.

Por ejemplo, Federica Mogherini, Alta Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Políticas de Seguridad, debe rendir cuentas por su concepción de Cuba como “democracia de partido único”, asentada en sus informes sobre derechos humanos. ¿Ella justifica la brutal represión que emplean para mantener  semejante régimen? ¿En qué país de la UE existe lo que ella aprueba para Cuba? ¿Es eso compatible con los principios y valores que la UE dice defender y ella representar?

Quien haya visto la investidura de Manuel Andrés López Obrador como Presidente de México debe sorprenderse no tanto por el estrepitoso rechazo a Maduro sino por la ovación inmediatamente dispensada a Miguel Díaz-Canel, tan ilegítimo y tanto o más represivo que éste, así como a Silvio Rodríguez, sin que se sepa a guisa de qué estaba allí, porque no ostenta ningún cargo oficial.

Algo muy malo debe estar ocurriendo en México y en la izquierda en general que no distinguen la causa del efecto, no reconocen el daño que ha dispersado el castrismo durante décadas por toda Latinoamérica, África y el resto del mundo, camuflado bajo la coartada de la revolución socialista mundial, pero en verdad carne de cañón del imperialismo soviético. Condenan al gulag pero no a sus agentes.

Y mientras se denuncian catástrofes humanitarias en Siria, los Balcanes, el cuerno de África, el Sudeste asiático, Venezuela, no se ve o se quiere ignorar en una suerte de ceguera voluntaria que detrás de todas ellas han estado metidas las alianzas estratégicas de Fidel Castro y sucesores.

No puede dejar de causar perplejidad que después del derrumbe de la URSS Castro haya encontrado asidero en el Foro de Sao Paulo; pero liberado Brasil y estando Venezuela ya exhausta, ahora se les abre México como próxima tabla de salvación y con toda seguridad también terminará arruinado por el proverbial parasitismo comunista.

México nunca rompió relaciones diplomáticas ni comerciales con Cuba ni siquiera en las épocas de más alta conflictividad con EEUU y los países de América Latina, cuando hasta Venezuela lo hizo; pero no había experimentado la agresión castrista en su propio suelo, como está a punto de escarmentarla con el gobierno de López Obrador, un izquierdista radical de muy vieja guardia.

Otro hecho sintomático son las casi unánimes votaciones en la Asamblea General de la ONU condenando el embargo de EEUU al régimen castrista, con las únicas excepciones de los votos en contra de Israel y los mismos EEUU (durante la Administración Obama incluso EEUU se abstuvo).

La UE y otros supuestos aliados, aprovechan esa oportunidad para desairar a EEUU de manera completamente gratuita porque la votación no tiene consecuencia alguna; pero se presenta ante el mundo y sobre todo al interior de la isla como que Cuba está derrotando abrumadoramente a los EEUU y son estos los que se encuentran “aislados” y no el régimen de los Castro.

El efecto es puramente propagandístico sin su dejo de burda falsedad, porque no existe tal “bloqueo” como les gusta publicitarlo, pero a los ojos del ciudadano común  parece como si la comunidad internacional refrendara esa falacia; tampoco parece que reprobaran un hecho puntual, “el embargo”, sino que apoyaran al castrismo en general contra los EEUU.

La verdad es que los Castro y Compañía tienen que pagarles a ciudadanos norteamericanos y cubanos que fueron despojados de sus bienes sin indemnización alguna por esa supuesta revolución, de un modo arbitrario y por cierto también muy propagandístico.

Por poner solo un ejemplo sobresaliente: el famoso Hotel Habana Hilton, supuestamente expropiado a esa cadena hotelera americana, en realidad fue construido con los fondos de las cajas de retiro del Sindicato de Trabajadores de la Gastronomía, que suscribió un contrato de administración con la cadena Hilton para que regentara el hotel y con los beneficios obtener dinero para pagar las pensiones.

En verdad, “la revolución” no les expropió el hotel a los americanos sino a los propios trabajadores cubanos afiliados al Sindicato de Trabajadores de la Gastronomía; pero eso no da buena prensa, por lo que es mejor seguir con la leyenda antiimperialista.

Hoy el hotel es administrado por la cadena española Meliá Hotels Internacional o Sol Meliá que junto con Iberostar son los principales socios del Grupo Gaviota, empresa del Holding GAESA, tutelado por el general Luis Alberto Rodríguez López-Callejas, yerno de Raúl Castro (no se sabe cuál de esos títulos es más importante).

Más de otras doscientas empresas españolas no muestran escrúpulo alguno en contratar mano de obra esclava, lo que hace más burda la mentira del “bloqueo” y explica mejor la sociedad de José Luis Rodríguez Zapatero y su canciller Miguel Ángel Moratinos con esa mafia militar mercantilista, herencia de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias.

Más grave que el blanqueo de dinero es el blanqueo de palabras: revolución, socialismo, antiimperialismo, son conchas lustrosas, sin contenido; instituciones como presidente, primer ministro, canciller, son todos fachadas vistosas.

Igual que constitución, elecciones, referendo, diálogo, reducidas a mera ficción, que Castro llama “fuegos artificiales” para divertir al público: La cruda realidad es su nudo poder.

El reto para los cubanos es sacudirse ese yugo, todo lo demás se les dará por añadidura.

Luis Marin
@lumarinre