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jueves, 20 de diciembre de 2018

CARLOS CANACHE MATA, ¿CUÁL MAR?


Cuando faltan pocos días para que el año 2018  nos dé el adiós, vino a mi mente la profecía que, en una conferencia en la Universidad de La Habana, hizo Hugo Chávez, al comienzo de su mandato gubernamental, al vaticinar que “Venezuela va hacia el mismo mar donde va el pueblo cubano, mar de felicidad”. 

¿Qué queda del augurio después de 20 años de ejercicio del poder?. Si nos referimos al orden político, nadie que hable en serio se atrevería  a afirmar que en Venezuela hay actualmente una democracia y funciona un Estado de Derecho. Al respecto, bastaría con recordar que la organización World Justice Project,  ubica a Venezuela en el último lugar de desempeño en el mundo. Los países democráticos de la comunidad internacional piensan lo mismo y así lo han manifestado. Pero, sin necesidad de saber cómo se nos mira desde el exterior, somos los  venezolanos quienes conocemos y vivimos en carne propia la tragedia político-institucional que avasalla al país.

En el área económica, el desastre no es menor. Entre 2013 y 2018, se ha reducido en un 53% el tamaño de la economía, y, si solo observamos el sector industrial, constataremos que, dice  presidente de Conindustria, “de 12.700 industrias de buen tamaño que existían en el país en 1997 y que generaban 8.000 millones dólares en exportaciones, a la fecha quedan 2.500 (de las cuales, alrededor del 73% trabaja por debajo del 30% de su capacidad instalada), lo que da una idea de la destrucción del aparato productivo del país”. Y los expertos sostienen que la contracción económica, es decir, la caída del PIB, será superior al 20% al cierre de este año. La hiperinflación, que el FMI había pronosticado en 1.000.000% (un millón por ciento), recibirá la llegada del nuevo año montada en un 1 millón 400.000%. La pobreza, según la Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi), arropa al 87% de las familias venezolanas. La deuda pública, que era de 30.000 millones de dólares en 1998, se ha catapultado actualmente a 151.000 millones de dólares. La OPEP, ha reportado que actualmente solo estamos produciendo 1,1 millones de barriles petroleros diarios. 

Cierro este artículo sobre la catástrofe que afrontamos, contando lo que hace unos días le escuché decir en un programa radial al doctor López Hoyos, Vicepresidente de la Academia Nacional de Medicina: recientemente, el Hospital J.M de los Ríos rifó, entre varios niños cancerosos, la única dosis de medicamento que tenía para el tratamiento de la enfermedad.

Carlos Canache Mata
@CarlosCanacheMa

miércoles, 19 de diciembre de 2018

GABRIEL BORAGINA, "BIEN COMÚN" Y MERCADO


Nos hemos explayado antes entre dos nociones diferentes del término "bien común", ambas antagónicas.

El dilema se plantea, pues, entre la versión colectivista de bien común y la individualista. La colectivista implica, en realidad, que por esa expresión se entiende un supuesto "derecho" de las mayorías por sobre las minorías, es decir, donde los más se benefician en perjuicio de los menos, lo que se opone al concepto liberal o individualista de la locución, en la que el favor o ventaja de unos no puede -de ningún modo- implicar el perjuicio de otros. Propiciaremos este segundo sentido como el correcto a nuestro criterio.

En este último, el bien común (y en nuestra personal opinión) alude al bien de todos sin excepción, caso contrario habría que utilizar otras fórmulas (por ejemplo, bien general, mayoritario, etc.). No obstante, está implícito en el uso habitual la frase "bien común" como el de un grupo mayoritario, difuso e indefinible o, más bien, definible a gusto del definidor. Esto ha dado pie a que políticos inescrupulosos -y aun hasta tiránicos- hayan pretendido enarbolar para sus acciones antisociales la bandera del bien común, con los consiguientes abusos y angustias que acarrearon contra sus contrarios, y paralelamente, alegrías y provechos para sus partidarios.

Personajes como Hitler, Mao Tse Tung, Mussolini, Stalin, Fidel Castro, Juan D. Perón, Chávez y otros nombres siniestros de la historia (por sólo citar algunos y los más conocidos por todos) han pretendido ser los adalides y genuinos defensores del bien común. Los resultados han sido los que son de público conocimiento: guerras sangrientas, pobreza, hambre, miseria, devastación, etc.

Resulta intrínsecamente discordante con la frase bien común que -en su aplicación- unos se privilegien a costa de los demás. El bien común ni se contrapone ni está en contradicción con el bien particular, porque si este último supusiera, eventualmente, el mal de un semejante automáticamente desaparece el bien común. Por otra parte, en el caso de que un individuo dañe a otro, tampoco podría decirse que el bien particular del agente dañoso se logró a costa del mal provocado al sujeto dañado. Porque frente a un daño cualquiera habrá una reacción, ya sea social o individual, tendiente a una reparación, con lo que el supuesto "bien particular" obtenido a costa del mal particular de otra persona dejará de ser un "bien particular". En otras palabras, ante tales circunstancias el bien común se disipará.

Ahora bien, la pregunta clave es ¿puede la política o los políticos conseguir el bien común? Creemos que la política es solamente un factor, entre otros, en dicho cometido. Y la experiencia ha demostrado que, lejos de ser un gestor causal del bien común, con frecuencia ha sido su primordial obstáculo. Sucede que los operadores de la política, es decir, los políticos, aun en los casos en los que abrigan las mejores intenciones, no están en condiciones de conquistar el bien común por muchas razones. La primera de todas, a nuestro entender, es la ya señalada antes: que confunden el bien común con el bien mayoritario, en consecuencia, sus acciones se encaminan en tratar de consumar, en la medida de sus posibilidades, ese bien mayoritario. La dificultad consiste en que, aun ciñéndonos a una mayoría circunstancial, cada uno de los integrantes de esa mayoría entiende el "bien" de disimiles maneras. Y ningún político se halla en condiciones de conocerlas todas y, menos todavía, al detalle, satisfacerlas todas y cada una.

Eso, como hemos señalado, suponiendo los mejores propósitos de los políticos. Pero, a menudo y, sobre todo en el caso latinoamericano, las miras de los políticos no se orientan en dicho sentido, sino que se limitan a alcanzar las mayores ganancias para sus partidarios, y sólo secundariamente para el resto de los ciudadanos, en tanto y en cuanto tales procederes les reporten algún rédito político, lo que se traduce, en buen romance, en votos que les permitan conservar el poder, o volver a acceder al mismo en el caso que -de momento- no se hallen al mando. Pero hay una situación peor aún, que se presenta cuando los políticos tratan de lucrar todo lo posible exclusivamente para el propio círculo gobernante, descartando tanto a partidarios como al resto de la ciudadanía.

Nuestra personal perspectiva es que, la meta del bien común es y debe ser algo que comprometa al total de la sociedad, esto es, tanto a la sociedad política como la civil. Y dado que, existe una interacción permanente entre ambas son ellas en conjunto las que pueden alcanzar o frustrar el objetivo tendiente de arribar al bien común. Hay que recordar que hemos caracterizado a la sociedad política como dependiente de la civil y subordinada a esta, al menos en el plano del deber ser. Si existe un enfrentamiento o alguna clase de conflicto entre ambas sociedades demos por cierto que ningún objetivo de bien común podrá ser captado. Si hemos considerado por seguro que la colisión entre dos individuos atenta contra el bien común, no menos será cierto ello cuando el problema aparezca entre dos grupos sociales.

Centrando ahora el análisis de cómo opera la sociedad civil con miras a arribar al bien común diremos que el principal instrumento es el mercado, ámbito en el cual se coordinan, combinan y complementan los deseos de compradores y vendedores. Habida cuenta que los humanos no somos autosuficientes, resulta necesario intercambiar en libertad nuestras producciones con las de nuestros semejantes. La satisfacción derivada entre las partes cuando tales procesos se verifican en la más total libertad coadyuva al fin del bien común. Pero, más allá de lo crematístico, la llave de entrada que abre la puerta del bien común es la libertad. Sin libertad no hay bien común posible. Y el bien común reside -en el fondo- en el pleno agrado de todas las aspiraciones humanas, sean dentro o fuera del mercado, ya que no olvidemos que el mercado es una simple y mera herramienta para la consecución de tales designios. No obstante, todos los fines -sean estos mercantiles o no mercantiles- necesitan inexorablemente de un requisito ineludible que -como queda dicho- se resume en una sola palabra: libertad.

Gabriel S. Boragina
gabriel.boragina@gmail.com
@GBoragina

martes, 18 de diciembre de 2018

BEATRIZ DE MAJO, CHINA Y RUSIA COMPARTEN ENEMIGO, CHINA HOY


China está embarcada en un proyecto que tiene como norte consolidar su grandeza en el planeta. Esto es así puertas adentro. Desde Pekin, Xi , los líderes del gobierno y del Partido Comunista se lo repiten sin cesar a la población joven dondequiera que ella se encuentre, de manera de generar apego con este propósito. Y esto es así, por igual, de las fronteras para afuera. Con algunos países arman conflictos y con otros arman alianzas, pero se hacen sentir en cada recodo del planeta como los grandes jugadores de los escenarios mundiales presentes en todos lados.

Consolidar su grandeza, hacerse sentir como los mejores, servir de ejemplo para otras naciones no es lo mismo que pretender exportar su modelo. De acuerdo al criterio de Rana Mitter, el gran experto académico de Oxford en el tema chino, el propósito de Xi nunca ha sido trasvasar la fórmula china a otros países sino, por el contrario, evidenciarla ante las naciones en proceso de desarrollo para constituirse en un ejemplo, pero sin imponer su autoridad, ni su poder.

Es éste abordaje de su propia grandeza el que ha llevado a los conductores del país a fraguar una alianza con Rusia. Hace apenas unos meses en las grandes ciudades chinas se celebró con fanfarria el aniversario 200 del nacimiento de Karl Marx.  La orden provenía de lo más alto del poder. El mensaje no pretendía apoyar los principios bases del marxismo, la lucha de clases y los peligros del capitalismo, sino celebrar la garra y el temple de un individuo que fue capaz de enfrentarse al imperialismo de occidente.
Hoy por hoy la Rusia de Putin y la China de Xi tienen en común el contrapeso mundial que cada uno de ellos separadamente desea ejercer frente a los Estados Unidos, aunque la manera de enfrentarlo no tenga mucho en común. Uno con su poderío económico, el otro con su poderío militar.  Alguien recordaba en estos días el famoso y sabio adagio que reza que “el enemigo de mi enemigo es mi amigo” para significar que la antipatía individual de cada uno de estos titanes con los Estados Unidos es lo que está acercando a China y Rusia en una peligrosa simbiosis.

Es que en épocas de Donald Trump ambos países están siendo tratados, de la manera más abierta, como los enemigos por excelencia de los Estados Unidos. Los documentos de seguridad nacional norteamericanos califican literalmente a Rusia y a China como los “competidores estratégicos”, “los adversarios estratégicos” , y hasta “los enemigos” de Washington . Se refieren a ellos como formando parte de una perversa dupla indivisible. Sin ir más lejos, de acuerdo con la el manifiesto de Estrategia de Seguridad Nacional del gobierno de Trump : “ China y Rusia desafían el poder americano, su influencia, sus intereses, tratando de erosionar la seguridad y la prosperidad de Estados Unidos. Ambos son culpables de conducir operaciones de influencia en contra de Norteamérica y de interferir en sus procesos de elecciones”. 

Dentro de este ambiente no es de extrañar ni que China quiera ejercer una influencia económica determinante en el patio trasero de los americanos y en su área de gravitación tradicional más próxima como lo es Latinoamérica Se cuentan por decenas los acuerdos de cooperación de toda índole rubricados son numerosos países de la región . Tampoco lo que es Rusia pretenda establecer desafiantes bases militares al norte de Suramérica, y en suelo venezolano donde más urticaria puede causar a Washington. 

Así se juega en estos tiempos el ajedrez del poder en la escena global. 
Beatriz de Majo
@beatrizdemajo1

EDITORIAL DEL PAIS DE ESPAÑA, SITUACIÓN NEFASTA


La degradación política y social en Venezuela se agudiza ante la huida hacia adelante del Gobierno de Maduro

El deterioro de la situación política y social en Venezuela está llevando al país sudamericano a unas cotas de precariedad material e institucional que no hubieran resultado creíbles hace apenas pocos años. No hay prácticamente ningún ámbito de la vida cotidiana que no se vea marcado negativamente por la descomposición de un régimen que, lejos de buscar una salida dialogada y viable, se empecina en una peligrosa huida hacia adelante.

La celebración de elecciones locales el pasado domingo es un buen ejemplo de ello. El oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), liderado por Nicolás Maduro, proclamó su victoria en 142 de las 156 circunscripciones en las que está dividido el país. El Consejo Nacional Electoral —controlado por el Gobierno— recalcó la victoria “del pueblo”. Pero lo cierto es que el 72,6% del electorado decidió no acudir a votar.

Pero a pesar de registrar apenas este 27,4% de participación en el último proceso electoral, con más de tres millones de personas que ya han abandonado Venezuela —cuya economía lleva cinco años consecutivos de recesión— y algunos tristes récords mundiales como el de inflación, el presidente Maduro sigue enrocado en acusar a la conspiración exterior del fracaso de su gestión. Ni las continuas advertencias a mandatarios extranjeros ni las alertas sobre inminentes intervenciones militares foráneas van a enderezar una situación que hace ya demasiado tiempo dejó de ser preocupante y se vuelve cada vez más caótica.

En este contexto, se ha producido otra mala noticia para la libertad de expresión con el anuncio de que El Nacional —el último periódico independiente y crítico con el Gobierno de Maduro— no puede seguir produciendo su edición impresa debido a las constantes trabas que le impone la Administración chavista para la importación de papel. Desgraciadamente no se trata de una excepción. Alrededor de una quincena de diarios ya han seguido el mismo camino. Desde hoy, en los quioscos venezolanos solo podrán encontrarse medios controlados o afines al Gobierno.

No es de extrañar que ante la preocupante situación en Venezuela algunos políticos no venezolanos que en el pasado defendieron al régimen bolivariano consideren, acertadamente, que la actuación de Maduro no tiene disculpa alguna. Las declaraciones en el Senado del líder de Podemos, Pablo Iglesias —quien subrayó que “la situación política y social es nefasta”—, son otro indicativo más de que la deriva de Maduro está alejando incluso a quienes más han apoyado su proyecto frente a toda crítica. Iglesias añadió refiriéndose a sí mismo que “rectificar en política está bien”. Maduro debería haber hecho lo mismo hace ya mucho.

EL PAÍS
@el_pais

jueves, 13 de diciembre de 2018

GABRIEL BORAGINA, CAPITALISMO Y EDUCACIÓN


"Ha impreso en los universitarios la conciencia de siempre depender del gobierno. Los universitarios han aprendido a odiar el capitalismo, no quieren saber nada de economías de mercado, libre competencia o globalización. Los universitarios de la UNAM saben quién es Carlos Marx, Lenin, Che Guevara; pero nunca han oído, ni leído una línea de Ludwig von Mises, Hayek, Friedman, Rothbard, Hoppe o Jesús Huerta de Soto. Profesores y alumnos de la UNAM se han proyectado como los grandes luchadores contra el neoliberalismo."[1]

Si bien el autor citado arriba hace expresa referencia al caso de la UNAM (México), hay que decir que la situación no es demasiado diferente en el resto de las universidades estatales del mundo, en particular en Latinoamérica. Fenómeno típico -por otra parte- de la educación estatal. Se observa difícil concluir -ante semejante panorama- que en la humanidad de nuestros días campea a sus anchas "el capitalismo".

A pesar de que pareciera que en los últimos años ha crecido un poco más el conocimiento de los autores mencionados en último término de la cita anterior, en los claustros universitarios, siguen -no obstante- siendo ampliamente mayoritarios aquellos otros que defienden ideas socialistas o de cualquier otra variante anti-mercado.

Los profesores y las cátedras anticapitalistas siguen siendo muchos más que los capitalistas. Y esto ocurre no sólo en economía, sino en el resto de las disciplinas también. Que en los claustros se enseñe fundamentalmente socialismo en sus vertientes económica, filosófica, histórica, jurídica y hasta moral es, en parte, la explicación del porque cuando estos universitarios egresan de sus casas de estudios y ante una realidad que se da de bruces con las doctrinas que les inculcaron en sus universidades, el resultado final es una sociedad estatista o intervencionista en el mejor de los supuestos. En el peor, se intenta forzar la aplicación del socialismo de catedra a una realidad que lo contradice desde todos los ángulos, y sus resultados son las miserias y tragedia vividas en los países del bloque comunista oriental, y los ejemplos más recientes de Cuba y Venezuela.

Fuera del mundo académico los autores promercado son prácticamente desconocidos, tanto como lo eran antaño. Esta falta de divulgación, y la propagación de ideas contrarias o confusas sobre el libre mercado, es lo que fija que la sociedad de nuestros días se mueva dentro de un círculo cultural estatista-intervencionista que determina -entre otros efectos- que los gobiernos del planeta sean, en su inmensa mayoría de estos últimos signos.

Ahora bien (volviendo al campo académico): que la generalidad de las instituciones educativas profese en sus planes de estudios programas de este último orden mantiene una vinculación directa con el grado de injerencia estatal en el ámbito educativo. Esta intervención activa del estado-nación en la educación encuentra respaldo en el amplio consenso popular acerca de que la educación es "responsabilidad" del "estado", al menos en sus primeras etapas. Sucede que -desde el punto de vista formativo y psicológico- estas primeras etapas son las fundamentales de la vida, y son las que -en gran medida- marcan el rumbo de las fases subsiguientes. De donde, es difícil más tarde evitar una especie de efecto "bola de nieve" que arrastra al educando a medida que avanza en sus estudios, y le suma -en cada uno de los pasos de su carrera estudiantil- estatismo sobre más estatismo, al punto que podemos decir que, cuando finalmente llega a la universidad, es un estatista completo y convencido. Y más todavía cuando egresa de ella.

No hay, prácticamente, país del orbe donde los planes educativos oficiales y los respectivos programas de estudios no requieran de la aprobación del aparato burocrático. Es casi como una verdad de Perogrullo que el burócrata no certificará contenidos que desprestigien o mal hablen de la burocracia como tal, ni que descalifiquen la función rectora que el gobierno se auto-atribuye, respaldado por el consenso social antedicho de que la educación es responsabilidad exclusiva del "estado" (aunque no excluyente, en la medida que se admite que el gobierno autorice -en ciertas cuestiones- a los particulares a abrir institutos de enseñanza y a emplear a maestros y profesores, siempre y cuando se ajusten a las reglamentaciones dictadas para tal efecto).

Es que al estatismo le preocupa no tanto cómo se enseña, ni quién, sino lo qué se enseña. La idea popular que la educación debe dirigirse a "hacer buenos ciudadanos" es particularmente tan nefasta como -lamentablemente- ampliamente aceptada, y se opone a la concepción liberal, por la cual la educación debe estar orientada a enseñar a pensar, y a encaminar al educando en esa dirección, y no a adoctrinar. Un "buen ciudadano" es literalmente un súbdito, un subordinado, en suma, un esclavo. Es, de alguna manera, el ideal dirigista de la educación.

Detrás de todo "buen ciudadano" se esconde, en realidad, un buen gobernado, y no un buen gobernante. Este es, en definitiva, el fin que persigue la educación estatal, sea directamente estatal o indirectamente, como lo es -en esta última significación- la mal llamada "educación privada" que, en suma, se reduce, en la mejor de las hipótesis, a la propiedad del establecimiento educativo y su mobiliario, pero que ni siquiera suele ser privada en sus gastos, ya que de ordinario muchos de tales establecimientos reciben subsidios del gobierno para costearlos, es decir, su dependencia de la burocracia es bastante mayor de lo que a primera vista pareciera ser.

Y ni qué decir de los métodos extorsivos que emplean de continuo los mal llamados "docentes de la educación pública" que no son más que pequeños burócratas que fungen de "maestros" o de "profesores" sin serlos en el estricto alcance de estos términos.

La educación en manos del estado-nación, dirigida o intervenida por ese estado-nación, es instrumento de dominación, y contraria a un orden capitalista que -por definición- nace y crece en un ambiente de total y absoluta libertad, y donde campea el dirigismo no hay lugar para la libertad.

Los efectos de largo plazo de la educación (entendida esta en sus sentidos de formal e informal) son particularmente relevantes, y por eso merecen especial atención.

Gabriel S. Boragina
gabriel.boragina@gmail.com

CARLOS CANACHE MATA, UNA PROVOCACIÓN INNECESARIA


Hace tres días, el lunes 10, aterrizó en Maiquetía una escuadrilla de aviones de Rusia, con inclusión de dos bombarderos estratégicos Tu-160 que tienen capacidad de transportar misiles crucero con ojivas nucleares en un radio de 5.500 kilómetros, lo que evidentemente es una provocación que tiene implicaciones en el equilibrio geopolítico de la región.



La razón de esa demostración de fuerza, fue dada explícitamente, sin eufemismos, en el momento de la bienvenida a la Fuerza Aérea Rusa, por el Ministro de Defensa Vladimir Padrino López: “Nos estamos preparando para defender a Venezuela, hasta el último palmo cuando sea necesario, eso lo vamos a hacer con nuestros amigos, que defienden las relaciones respetuosas  entre los Estados”. ¿De quién y ante quién  se va a “defender a Venezuela”?

Varios países de América Latina han manifestado que no acompañarían una acción militar contra Venezuela, y, por su parte, aún cuando Trump en 1917 no descartó la opción militar  sabe que una intervención militar unilateral  tendría un alto costo político porque no estamos en los años de 1980 cuando ocurrieron las invasiones de Granada y Panamá.   Una semana antes de estar en tierra venezolana los aviones rusos, Irán (otro “amigo”) anunció el envío de dos o tres destructores que utilizan tecnología para evitar ser detectados por radares, con capacidad de transportar helicópteros, lanzar torpedos y derribar aviones, en el marco de una misión “que podría durar cinco meses”, lo que, sin duda, se suma a la ya grave  provocación rusa.

La presencia militar extranjera se produce pocos días después de que Nicolás Maduro visitara Rusia y se entrevistara con Putin, quien se enfrenta al Estados Unidos de Donald Trump. Esto ha hecho decir al presidente del Consejo Venezolano de Relaciones Exteriores, Kenneth Ramírez, que “Maduro se ha convertido en un mero peón geopolítico”, en la lucha entre Estados Unidos y Rusia por la disputa global. Ratón en medio del ruido de las altas montañas.  Montado sobre la cresta de la provocación innecesaria, Maduro, en verdad, acuerda los temores por las nuevas sanciones que los países democráticos de América y Europa, que desconocieron la elección presidencial del pasado 20 de mayo, están dispuestos a adoptar  a partir del 10 de enero del año que está por llegar.

Carlos Canache Mata
@CarlosCanacheMa

domingo, 9 de diciembre de 2018

CARLOS ALBERTO MONTANER, LA SANGRE DE KHASHOGGI LLEGA A LA CASA BLANCA


Nadie sabe para quién asesina. Mohamed bin Salman, el príncipe saudí, según todos los síntomas, ordenó la muerte y el descuartizamiento del periodista Jamal Khashoggi, pero la sangre ha salpicado a Donald Trump y amenaza con desestabilizar su caótico gobierno. Lo que Salman no pudo calibrar era que la oposición demócrata, ya con mayoría en el Congreso, lo utilizaría para lo que los viejos artilleros llaman “un tiro por elevación”. Le apuntarían a él y a su gobierno, pero para darle a Trump. Ése es el objetivo.

Como el exiliado era residente en Estados Unidos, Salman tuvo la fina cortesía de destriparlo en Turquía, donde, supuestamente, no indagarían excesivamente sobre la desaparición del sujeto. Al fin y al cabo, el presidente Recep Tayyip Erdogan, un hermano sunita, no es ajeno a la mano dura y conoce las dificultades de ejercer el poder en esa sanguinaria región del planeta. El que manda siempre debe tener la cimitarra afilada. O la sierra eléctrica, que no en balde vivimos en el siglo XXI. 

¿Por qué Salman despachó hacia Estambul una pequeña expedición de asesinos para ejecutar a Khashoggi, en la que no faltaban un forense y un jet privado, si sabía que no era una persona peligrosa y, por el contrario, se trataba de una persona moderada que balanceaba la información sobre Arabia Saudita? Mi conjetura, basada en la información publicada por CNN en español, es que Salman deseaba que sus servicios secretos supieran que con él no se podía jugar porque no vacilaba en eliminarte. Era un mensaje a su entorno. 

En los últimos tiempos le había enviado a su amigo Omar Abdulaziz más de 400 mensajes por WatsApp en los que criticaba severamente a Salman. Los dos creían que comunicándose por WhatsApp estaban a salvo de la inteligencia saudí, pero no era cierto: hace ya algún tiempo que los israelíes habían descubierto cómo vulnerar esos códigos y presumiblemente casi todos los servicios de espionaje poseen el modo de penetrar al popular (y gratis) sistema de comunicación. 

Khashoggi tenía a Salman por un joven petulante e implacable que tomaba prisionero a cualquiera. Cita CÑN:  "Los arrestos no están justificados y no le sirven (dicta la lógica), pero la tiranía no tiene lógica, él ama la fuerza, la opresión y necesita presumirlas. Es como una bestia "pac man" que mientras más víctimas come, más quiere. No me sorprendería que la opresión alcanzara incluso a aquellos que lo celebran, luego otros y otros más y así en adelante. Dios sabe." 

Cuando la prensa le ha preguntado a Trump sobre las razones de su encubrimiento a Salman, el presidente norteamericano ha dicho una falsedad (“pudiera haberlo hecho o pudiera no haberlo hecho”), pero enseguida ha respondido como un vendedor, contado la razón económica tras esa farsa insostenible: Arabia Saudita es un socio de máxima importancia. Le vende a Estados Unidos el 9% del petróleo que el país importa y le compra el 98% de las armas y proyectiles que utiliza. Estamos hablando de miles de millones de dólares, sin contar los gastos de guerra de los Emiratos Árabes Unidos, de Egipto y Turquía, también clientes de Washington. 

En éste y parecidos episodios, protagonizados tanto por demócratas como por republicanos, se advierte la enorme contradicción que existe entre el discurso de la libertad y la conducta de los diferentes gobiernos. Y la excusa (también cierta) es que, si las armas no las vendiera Estados Unidos, los beneficiados serían otros poderes adversarios: Rusia o China se quedarían con esos mercados, o incluso Francia, Inglaterra, Alemania, o España, otros de los grandes o medianos mercaderes de armamentos. 

En todo caso, es un disparate mayúsculo que el presidente –sea Trump u Obama-, o la Corona española o inglesa, patrocinen intereses (la industria armamentista, los hoteleros, los que sean), como si a todos los habitantes de sus países les conviniera el éxito económico de esos sectores. Eso no es verdad. Cuando yo era joven creía que “lo que era bueno para la General Motor era bueno para Estados Unidos”. No es cierto. Lo que es bueno para la sociedad lo determina el libre mercado y no los acuerdos mercantilistas de los gobernantes, punto de partida de tantos negocietes indignos, como se ha visto con los Odebrecht de este mundo. 

Contrario a la leyenda, los países no tienen intereses económicos discernibles. Lo que es bueno para los exportadores es malo para los importadores y viceversa. Las empresas son las que tienen intereses. Los presidentes y los reyes son sólo los depositarios de los valores generales de la sociedad. Si Trump hubiera suscrito este principio la sangre de Khashoggi no hubiera manchado a la Casa Blanca y él no estaría en apuros.

Carlos A. Montaner
@CarlosAMontaner

jueves, 6 de diciembre de 2018

ROMÁN IBARRA, LA POLÍTICA Y EL DEPORTE


En todos los deportes existen los jugadores promedio, y por supuesto los jugadores fuera de serie. Los primeros, no es que sean malos, sino que no siempre sobresalen; ello quiere decir que hacen las jugadas que les están encomendadas y se esperan de ellos para el quehacer diario.


En el caso de los superestrellas, fuera de serie, o los cracks se considera que, no sólo son capaces de hacer las jugadas de rutina, sino que en un lance de virtuosismo, de talento superior, son capaces de hacer jugadas inesperadas que pueden darle la vuelta de manera dramática a un evento, o un juego.

En los  momentos cumbres de un partido son capaces de llevar al público, y sus fans especialmente al paroxismo, con un lance maestro que explota las emociones colectivas para alcanzar el triunfo.

A decir verdad me gustan todos los deportes, pero debo confesar que me apasionan excesivamente cuatro, o cinco, sin que en ello haya prioridades, sino ocasiones. Me refiero al futbol, al béisbol, al baloncesto, al boxeo, y el atletismo.

Es por ello que guardo en mi memoria momentos espectaculares de cada uno de ellos, como el mundial México 70, y el Brasil de Pelé; el mundial de Alemania 74, de Beckenbauer; el mundial Argentina 78, de Kempes; el mundial 82, de Rossi; el del 86, de Maradona; el 90 con Klinsman; 94 Brasil de Romario como líder; 98 Francia de Zidane; 2002 Brasil, de Ronaldo; 2006 Italia de Buffon; 2010 de Iniesta; 2014 de Kroos, y 2018 con Francia campeón, y su líder Mbappé.

Otro tanto puedo recordar de momentos estelares del béisbol con Reggie Jackson; Derek Jetter; Mariano Rivera con los Yankees (cada uno en su tiempo); Carl Yastrzemsky, Luís Tiant; Big Papi (Boston); Pete Rose; Concepción, Tany Pérez (Cincinnati); Roberto Clemente; Manny Sanguillén (Pittsburg), Ozzie Smith (Saint Louis); Omar Vizquel, Galarraga (Texas, y Colorado), entre un sinfín de estrellas.

Recordar juegos olímpicos y ver correr a figuras como Ben Johnson; Carl Lewis, o Usain Bolt, nos hace recrear mentalmente la maravilla que puede alcanzar el talento, y la constancia de los humanos.

A Michael Jordan en el baloncesto de la NBA y sus Chicago Bulls, o a Lebrón James con los Miami Heat, para solo citar a dos superestrellas de esa disciplina. Del mismo modo, podría pasar largo rato recordando figuras estelares del boxeo, como: Cassius Clay (Muhammad Alí); Joe Frasier; George Foreman; Sugar Ray Leonard; Mano e´ Piedra Durán; De la Hoya; Marvin Hagler; Pacquiao; Mayweather, y otros púgiles también notorios en distintas categorías.

Con la reseña de estos grandes deportistas quiero destacar que ellos fueron capaces de deslumbrar al mundo gracias a su talento, y su tenacidad, pero también porque junto a ellos estaban otros grandes deportistas y técnicos, quienes sin ser superestrellas eran también muy buenos desarrollando tácticas y estrategias previamente diseñadas y practicadas hasta el cansancio para dominar a sus rivales.

En el caso de la política hay unos líderes emblemáticos, como Churchill en la segunda guerra mundial, y Rómulo Betancourt en Venezuela, a quienes las circunstancias, junto a su talento, les llevaron a ejercer roles definitivos y triunfadores. Pero no todos los políticos tienen ese talento, y sin embargo, son capaces de hacer el trabajo correcto a diario para vencer a sus contrincantes.

Con esto lo que quiero decir, es que todos los políticos, asesores, y ciudadanos de la oposición debemos hacer las jugadas diarias correctamente, y ya se harán presentes los superestrellas para rematar la jornada que todos deseamos, como es derrotar al comunismo que nos asfixia y destruye! Se puede.

Román Ibarra
@romanibarra