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viernes, 3 de febrero de 2017

CRISTIAN SILVA,¡NO ME CALO MÁS UNA COLA DE PAN EN VENEZUELA!

¿COMO EN CUBA?

El actual gobierno venezolano siguiendo lineamientos del régimen cubano para desarticular, neutralizar y poner en situación de indefensión la a población civil, está utilizando “el hambre” como arma política obligando a los ciudadanos a hacer colas hasta de ocho horas diarias para conseguir dos panes que no alcanzan para alimentar una sola persona.

Ojalá no estemos cerca del momento cuando las madres negocien vender la virginidad de sus hijas menores de doce y catorce años por cien dólares o cuando los esposos manden a sus mujeres a “rebuscarse” con los turistas.

Dios permita no estemos cerca de la situación cuando no se considere a la prostitución como degradación social sino como una manera de subsistir, tal como viene ocurriendo –lamentablemente-  en Cuba desde hace sesenta años.
Mantener en la pobreza y la miseria a la población es la primera estrategia de gobiernos autoritarios, esclavistas y comunistas como el existente en Venezuela… Dictadura no me calo.

Ser rico es malo, dicen los boliburgueses chavistas; pero para ustedes, -el pueblo hipnotizado con la esperanza vaga de igualdad social- no para nosotros; quienes vivimos como reyes saqueando  la república en nombre del socialismo.
Que levanten el control de cambio, liberen el dólar para que veas como por arte de magia habrá pan en todo el país hasta “para tirar para arriba”, por cuanto los propietarios de molinos importarán todo el trigo necesario; y no como sucede ahora, cuando los falsos bolivarianos traen con toda la mala intención solo una mínima cantidad para provocar el hambre y la zozobra.

¡NO ME CALO MÁS UNA COLA DE PAN!  Debe ser la consigna y la actitud de todo venezolano en cualquier parte del territorio nacional donde se encuentre en una panadería esperando su turno, con el brazo marcado como animal y  con varias peleas a cuesta; con la tensión baja y  debilidad generalizada por el cansancio físico, el sol, la depresión e impotencia.

A los “ángeles del purgatorio”,  representados por la primera línea de mando socialista, les interesa y les conviene tu silencio, tu miedo a ser detenido, enjuiciado, encarcelado, torturado o eliminado físicamente.  Pero a nosotros, los auténticos  protagonistas del hambre y la desdicha, callar, sería la muerte en vida.  Sin presión no hay solución… ¡A la calle, pacífica y constitucionalmente!

Como residente de Cumaná y  conocedor de mi región, desmiento públicamente las irresponsables declaraciones del gobernador de Sucre en el programa de televisión “Vladimir a la 1” el día 17 de enero 2.017, cuando dijo:  “aquí no hay hambre, los claps, pdval, mercal y la red bicentenaria suplen satisfactoriamente los requerimientos alimenticios de la población”.

 ¡Que indolencia! Es necesario ser bastante “bola fría” para no darse cuenta como   los hombres se disputan las bolsas de basura con los perros buscando comida; a los pescadores artesanales la Guardia Nacional les pone trabas para el suministro de gasolina y cuando salen a faenar, el miedo a la muerte les atormenta por la acción vandálica de los piratas del mar, quienes les roban sus motores, la pesca, las redes y hasta la vida.

Igualmente el Gobernador de Sucre posee el record de haber gastado en la remodelación de una plaza una suma mayor a todo el costo del Metro de Caracas y junto al Alcalde de Cumaná debe responder por las obras inconclusas de los 500 años. 


La libertad tiene su precio… Para salir del hambre, la dictadura y el comunismo debemos arriesgarnos y protestar… No nos queda otra…. ¡CANDELA!... 

Cristian Silva
cumanacristian@yahoo.es
@silvacristian
Sucre - Venezuela

lunes, 1 de febrero de 2016

ANTONIO PÉREZ ESCLARÍN, EL VALOR DE LA PALABRA

Si según el Génesis,  Dios habla y con su palabra crea,  las palabras nos hacen a los hombres y mujeres dioses: con ellas podemos fortalecer la vida o asfixiarla, expresar amor u odio; podemos animar,  entusiasmar, o podemos desanimar, aplastar, destruir. Hay palabras que son golpes, puños, bofetadas. Y palabras que son caricias, estímulos, abrazos. Lamentablemente,  en Venezuela, se ha promovido una cultura que utiliza  la cabeza no para pensar sino para embestir, y la palabra como una especie de pedrada para golpear y herir.

Además, hemos vaciado a las palabras de sentido, y  con frecuencia, las utilizamos para expresar cosas  totalmente distintas y hasta opuestas  a su significado original.  Llamamos libertad a la arbitrariedad y el  capricho;  negocio a la más grosera especulación y robo; diplomacia al engaño y la mentira; sinceridad a la falta de verdad y de respeto; socialismo al capitalismo de Estado; amor al pueblo a su utilización; compromiso ético a la  avaricia y corrupción.
En Venezuela, estamos viviendo una gravísima devaluación de la palabra, que es incluso peor que la devaluación del bolívar,  y expresa y mantiene la abrumadora devaluación de la ética y de la política. Palabras como socialismo, revolución,  pueblo, constitución…,  se usan y abusan tanto, y se les otorga  significados tan diversos e interesados  que terminan convirtiéndose en meros fetiches, palabras infladas, sin nada adentro. Los mercaderes  de la política y los negocios  han  matado las palabras,  y las han convertido en meras cáscaras huecas, en sonidos sin alma, con los que pretenden engañarnos y manipularnos. Y si las palabras  escasamente significan algo o las forzamos para que signifiquen lo que nos interesa, no tenemos posibilidad de comunicarnos ni entendernos. 
No hay peor esclavitud que la mentira: ella oprime, esclaviza. No hay nada más despreciable que la elocuencia de una persona que no dice la verdad. Hay que liberar la conciencia diciendo siempre la verdad. Es preferible molestar con la verdad que complacer con adulaciones. Como bien lo dijo Jesús: “La verdad les hará libres”. La verdad libera de las propias falsedades y arrogancia, de los miedos y ataduras.  
Ernesto Sábato deplora la pérdida del valor de la palabra y añora los tiempos en  que las personas eran  “hombres y mujeres de palabra”, que respondían por ellas: “Algo notable es el valor que aquella gente daba a las palabras. De ninguna manera eran un arma para justificar los hechos. Hoy todas las interpretaciones son válidas y las palabras sirven más para descargarnos de nuestras actos que para responder por ellos”.
Pero es imposible construir un mejor país,  si la palabra no tiene valor alguno, si lo falso y lo verdadero son medios igualmente válidos para lograr los objetivos, si ya nunca vamos a estar seguros de qué es verdad y qué es mentira. 
Hemos convertido a Venezuela en  una verdadera Torre de Babel en la que, al matar el valor de la palabra, es imposible comunicarnos y  entendernos. Por ello, necesitamos un nuevo Pentecostés, ser avivados por el Espíritu de la Verdad  que nos lleve a entendernos a pesar de hablar lenguas diferentes  y nos llene de   valor  para construir un país y un mundo mejor, según el sueño de Dios.    

Antonio Pérez  
pesclarin@gmail.com
@pesclarin  

Zulia - Venezuela