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viernes, 7 de agosto de 2020

BEATRIZ DE MAJO, URIBE, OTRA VEZ AL BANQUILLO, COLOMBIA EN CAPSULAS

Álvaro Uribe es de aquel tipo de líderes sobre los cuales resulta imposible no asumir posición. En lo político se está a su favor o en su contra, siempre de manera contundente. No es posible albergar medias tintas frente a su figura ni mucho menos ser indiferente. El hombre despierta todo tipo de pasiones gratuitas, fuertes e irracionales, ni demasiado elaboradas cuando son a favor, ni demasiado bien sustentadas cuando son en contra. Cae muy bien, en cuyo caso la tolerancia con sus actuaciones y equivocaciones puede ser infinita, o bien sus ejecutorias despiertan reservas insalvables y se puede ser intransigente en extremo con algunos momentos de sus andanzas públicas. Miles de anécdotas se tejen sobre diferentes momentos de su vida y, en todo caso, el dirigente es de todo menos anodino.

El hombre de marras se ha movido además, desde el inicio de su carrera pública, en terrenos turbulentos como suele ocurrir con todo lo que atañe a la querida Colombia, un país lleno de gentes y parajes maravillosos, una nación con una trayectoria de progreso marcadora en el Continente, al tiempo que ha albergado en sus entrañas una violencia superlativa por más de medio siglo y una muy destructora fractura entre hermanos.

Uribe atraviesa un muy difícil momento de su carrera política aunque me atrevería a decir que no es ni el más peligroso ni el más lesivo de su trayectoria, la que ha estado desde siempre marcada por la diatriba en lo ético y la polémica en lo político. Chaparrones como el que a diario le están propinando hoy en la prensa de su país y en la nuestra han abundado a lo largo de su carrera y la marca “Uribe”, al final, no ha hecho sino fortalecerse. Pero lo que si puede ser este episodio de ataques en su contra, es un muy erosivo momento en la vida de la nación vecina cuando ésta atraviesa un capítulo de grandes definiciones o – ¿porque no decirlo?- uno de inmensas rupturas.

Lo que está sobre la mesa no se trata de cuánta verdad o mentira hay en torno a una supuesta manipulación de testigos por parte del entorno del expresidente o de él mismo. Si el expresidente es inocente o culpable de lo que se imputa es, sin duda, muy relevante y, como cualquier otro mortal, debe hacerle frente al peso de la justicia.

Son los prolegómenos y actuaciones en torno a este juicio, las presiones sobre los magistrados en uno y otro sentido, lo que lo han transformado en un serio asunto de diatriba nacional sobre el cual las posiciones política ya distantes se irán manifestando con más y más fuerza.

Todo el episodio huele a circo y es un espectáculo bien montado por las izquierdas de su país, sus más acérrimos enemigos desde que Uribe emprendió en contra de la insurgencia criminal de su país la más frontal y devastadora de las batallas y desde que invirtió su más decidido empeño en terminar con el negocio del narcotráfico, comenzando por la fumigación de las plantaciones de coca.

Si Uribe es o no inocente de lo que se le imputa en esta ocasión no es asunto que pueda resolverse desde el periodismo, incluso el mejor informado. Tampoco lo adecuado es hacer – como ha hecho el Presidente Iván Duque- un panegírico de sus aciertos como gobernante, porque sus ejecutorias claro que lo adornan, pero no lo liberan de responsabilidades en las actuaciones que pudieran ser torcidas.

Lo relevante en este momento es el perverso ambiente que están queriendo crear en torno a un semi-dios de la política neogranadina.

Asi lo resaltó la semana pasada la analista colombiana Vicky Davila: “Para casi todos los políticos de izquierda, ver a Uribe tras las rejas sería el clímax”…“Para las FARC, que Uribe pierda la libertad sería un trofeo de guerra. Lo que siempre han soñado. Un sistema perverso: ellos libres y Uribe preso; el que los persiguió cada minuto durante ocho años”. “Para el expresidente Juan Manuel Santos sería más que una victoria… Santos, el Nóbel, Uribe, el Preso ”.

Más allá de estos actores, para los colombianos del común, para quienes están de nuevo sufriendo los azares y la destrucción de la violencia guerrillera y el terrorismo, además de la resurrección del narcotráfico, el vejamen y la deshonra de este ex mandatario representa mucho más que el resultado de una diatriba judicial.

También lo dice la periodista Dávila : “Para el régimen de Nicolás Maduro y Cuba sería como entregarles la cabeza en bandeja de plata de su más agudo contradictor en Colombia y toda la región. Uribe ha sido sin duda un muro de contención para lo que él mismo bautizó como el “castrochavismo”; los puso en evidencia, incluso internacionalmente, y los enfrentó”.

Así pues, es mala para Colombia esta hora en que la subversión de los valores ciudadanos es lo que está en el orden del día. Quiera Dios que los hermanos y vecinos, nuestros siameses de Colombia, sepan recoger los vidrios. Lo que queda después de una catástrofe de esta naturaleza es pura destrucción.

Beatriz de Majo
beatriz@demajo.net.ve
@beatrizdemajo1 

viernes, 30 de agosto de 2019

ANDRÉS HOYOS: URIBE EN LA ENCRUCIJADA

En los próximos meses el expresidente Álvaro Uribe y su partido, el Centro Democrático, pasarán por una prueba de fuego: él podría ir a juicio. Cualquier colombiano que no haya estado en coma los últimos 20 años sabe que el personaje en el ojo del huracán es un caudillo de intenso narcisismo y sumo cuidado. De los muchos rumores que sobre él han circulado —sospecho que la mayoría son falsos, no todos—, la manipulación de testigos es una acusación levemente menor, pero es delito.

Ya se oyen voces destempladas y algo histéricas que hablan de la imperativa necesidad de detener el proceso mediante un golpe de Estado o lo que sea. Sucede, sin embargo, que un intento de esta trascendencia no está al alcance de los vociferantes, de modo que se repetirá lo que varias veces en el gobierno de Duque: campanadas sueltas que no conducen a ninguna misa. Solo el presidente o tal vez un grupo grande de militares de alto rango tienen el poder de intentar algo así y no se ven por ninguna parte las intenciones de semejante aventura suicida.

De modo que, entre estridencias y lamentos, la Corte Suprema de Justicia (CSJ) seguirá el proceso, ojalá apegada a las reglas, porque casos se han visto en que el aparato de la justicia en Colombia procede de manera sesgada y saltándose las garantías legales. El dolo —hay que reiterarlo— debe demostrarse con pruebas contundentes, no mediante suposiciones alegres. Si la prueba central del caso es que Diego Cadena, abogado de Uribe, ejerció presión sobre el testigo Monsalve, tendría que probarse que fue por orden expresa de Uribe, no porque ajá.

Se ven venir tres escenarios posibles, con variaciones. Los menciono en un orden que no implica valoración alguna.

El escenario uno es que terminada la indagatoria no se encuentren indicios sólidos y haya cesación de procedimiento. Para Uribe sería el resultado ideal, así a estas alturas sea muy improbable porque la CSJ no avanza tanto para después salir con un chorro de babas.

El escenario dos sería un llamamiento a juicio, al final del cual se dé un fallo absolutorio, sobre todo por no poderse probar el dolo en las acciones del acusado. Aunque un resultado como este, imposible de prever ahora, sí le serviría al ex, su imagen saldría averiada, lo que sin duda afectaría al CD, no se sabe en qué medida.

El tercer escenario sería que el juicio termine con un fallo condenatorio. En tal caso, es muy probable que el presidente Duque otorgue un perdón al condenado —tiene las facultades, aunque desconozco cómo funciona el asunto en Colombia—. Entonces Uribe se iría para su casa y el CD terminaría tan vapuleado, que correría el riesgo de desaparecer como partido. Claro, si por cualquier razón no hay perdón presidencial, Uribe iría a alguna forma de cárcel y tendría la opción de apelar ante la sala plena de la CSJ, con la esperanza de que esta halle errores o evidencias nuevas para reversar el fallo. Muy improbable corolario.

Debo decir que el resultado fundamental de los dos últimos escenarios, sobre todo del último, es lo que algunos sugerimos hace nueve años cuando terminó la segunda presidencia de Uribe. Señor, decíamos, para bien y para mal usted ya hizo lo que iba a hacer, váyase para su finca y/o dedíquese a cualquier cosa que no sea la política activa. Los expresidentes activos en política son una aberración que conviene archivar y no solo en Colombia.

Andrés Hoyos 
@andrewholes   
andreshoyos@elmalpensante.com