domingo, 21 de abril de 2019

CARLOS RAÚL HERNÁNDEZ, LA MANZANA DE LA DISCORDIA

Qué sería la historia sin el pecado original?

Está en la raíz todo lo ocurrido en los últimos tres mil quinientos años. Imperios y naciones surgieron, guerrearon, crecieron y sucumbieron bajo el signo cultural del primer pecado, que marca a los pueblos del libro en el desierto, o por su antítesis y síntesis posterior, Jesucristo, quien vino a la tierra a redimirlo. La paradoja es que no se sabe muy precisamente en qué consistió, y el debate, al parecer, no ha llegado a algún consenso. Puede haber dudas sobre si eran uno o dos los prohibidos porque se habla del árbol de la ciencia del bien y el mal y también del de la vida y no está claro que sean el mismo.  

Se piensa que la falta fue que Adán y Eva tuvieron sexo, descartado porque obedecían a la voz de “creced y multiplicaos” desde el momento de su creación. Ambos estaban hechos para eso, macho y hembra, en tiempos que no existían la TV ni las redes, y haber violado la castidad como hipótesis es picaresca popular. Desde otro punto de vista, cuya máxima expresión es Miguel Ángel, el problema surgió porque Eva práctico sexo no reproductivo y hedonista, felático a Adán, como retrata en el audaz y escandalosa imagen del fresco en la Capilla Sixtina, provocación del maestro en su interminable pelea de amor-odio con el furioso Papa Julio II.  

El enredo crece porque se suele decir que el Demonio tentó a Eva incitándola a comer el fruto y dárselo a Adán, y si lo hacían “seréis como dioses”. Pero en esos tiempos bíblicos el demonio no existía y quien hacía maldades era una especie de sirviente de Jahvée, que obedecía sus órdenes y no guarda relación con el futuro Príncipe de las Tinieblas. Jamás se hubiera atrevido aquél mandadero intrigante a tomar una iniciativa así con el hombre, creación de la que el Señor estaba orgulloso, y no estuvo involucrado.  

Serpiente de dos patas 

 Así que la serpiente no era el Diablo sino simplemente una serpiente, solo que tenía patas. Por eso cuando descubre la conspiración, el Creador la condena a “arrastrarte sobre tu vientre”. Añadamos que se han conseguido evidencias de una especie desaparecida de serpientes con dos patas delanteras pues de no haber sido así, la maldición carecería de sentido porque ya se arrastraba. Tampoco en ninguna parte se dice que el fruto prohibido fuera o estuviera representado por una manzana y si de alguno con asociaciones eróticas se tratara, debería ser más bien la níspola o níspero que tiene fisonomía más apropiada para reclamar el honor.  

El pecado consistiría en que al comer el fruto prohibido habrían conocido el mal, y se rompe la inocencia de lo que Hegel llamó irónicamente “un jardín para animales”. Pero hay elementos contradictorios en la situación, porque Adán y Eva descubren el mal, no al morder la fruta prohibida, sino cuando se les hace saber que en el jardín donde los árboles son iguales, uno de ellos es el mal. Me recuerda la anécdota de chicas que se bañaban en el tanque de la terraza de un edificio, mientras unos hombres hacían reparaciones en el techo del contiguo.  

Enfrascados en su trabajo y con un sol para hacer parrilla, los trabajadores no se percataban de las bañistas en el otro edificio hasta que una gritó “¡señor, señor… que no miren para acá”! Es la prohibición la que contiene el mal, no la acción posterior. Dice San Pablo en agudos reparos sobre el pecado y la ley … “…pues nada sabría yo de la concupiscencia si la ley no hubiera dicho no seas concupiscente. Pero entonces el pecado tomó el mandato como causa y excitó en mí toda clase de apetitos, pues sin ley el pecado estaba muerto” (Tesalonienses)  

La ley crea el pecado 

Las ya malas relaciones empeoran porque Caín asesina a Abel con lo que Dios decide destruir su obra, eliminar la estirpe. Solo la integridad de Noé salvó a la especie de la extinción precoz. Con Moisés el Decálogo renueva la alianza y da al hombre la capacidad y la obligación de castigar el crimen para que Dios se salga del drama humano ¿Será que el pecado fue la desobediencia? Tal vez, pero nacen ahí la libertad y la responsabilidad de los seres humanos, a cambio de haber perdido la inmortalidad en el Edén.  

Ya no son unos niños venturosos y desocupados que jamás conocerían la muerte, sino que emprenden un camino de tomar decisiones, equivocarse y pagarlas o acertar, triunfar, y morir. Los hijos de Adán y Eva inventan la agricultura y la cría, se reproducen y pueblan el mundo, lo que hace a Dios exclamar: “¡Miren. Adán a llegado a ser como uno de nosotros!” y con eso redimensiona las palabras de la serpiente maldita.  

Hegel en sus mordaces notas sobre el Génesis, sugiere que Dios hizo a los humanos porque estaba fastidiado, para sustraerse del horror vacui que debía traer desde la eternidad sin hacer nada. Cerremos la Semana Santa con un simpático párrafo de Soren Kierkegaard que coincide con Hegel: “Dios estaba aburrido e hizo al hombre. Adán se aburría solo y crearon a Eva… luego se aburrieron Adán y Eva en común, más tarde se aburrieron con Caín y Abel en familia y luego los pueblos se aburrieron en masa. Para distraerse decidieron construir una torre que llegara hasta el cielo. Más tarde se dispersaron, hoy viajan por el mundo igual de aburridos”.  

Carlos Raúl Hernández 
@CarlosRaulHer 

BEATRIZ DE MAJO, LA PAZ NO SALE DE TERAPIA INTENSIVA, CASO COLOMBIA ,

El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas se acaba de expresar con angustia sobre el futuro del proceso de pacificación colombiano. No es poca cosa lo encomendado a Christoph Heusgen, presidente de la máxima autoridad en materia de seguridad de las Naciones Unidas. La formal carta colgada en la página web de la organización contiene un estado de situación del proceso de paz de Colombia que se inició en 2017 con la firma del Acuerdo de Paz de La Habana, rubricado por Juan Manuel Santos y la cúpula de la organización guerrillera FARC. 

El recuento contenido en el documento toma en consideración los obstáculos que pueden arriesgar su instrumentación y dos, entre todos, son particularmente dicientes. 

El primero tiene que ver con el régimen transicional de justicia para la paz, cuestionado en aspectos formales por el gobierno de Iván Duque. El mandatario no recibió hace pocas semanas el aval que esperaba del Congreso para sus múltiples objeciones a la JEP, todas ellas de carácter legal-constitucional y, por lo tanto, difíciles de entender para el ciudadano común. El agresivo pulso que hubo entre las fuerzas partidistas que representan a los colombianos lo que denota es una fractura importante del electorado frente al elemento más relevante del acuerdo que es el modelo de justicia que ha de aplicarse durante la desmovilización guerrillera y la vuelta del país a la paz. Porque las objeciones existentes no son legales ni formales sino de carácter político y porque, además, el mayor elemento de desacuerdo en el país es la severidad del trato penal a los criminales guerrilleros que la mitad de la población lo considera laxo, débil o injusto.        

Otro de los elementos de preocupación del Consejo de Seguridad está muy en línea con el anterior y tiene que ver con los asesinatos de ex combatientes de las FARC que se siguen produciendo en la geografía colombiana. En el documento los miembros del consejo piden a los colombianos acelerar los esfuerzos para “asegurar la reincorporación socioeconómica, política y legal de los ex miembros de las FARC, cuando son más de 130 los ex combatientes guerrilleros asesinados desde la firma del acuerdo. 

Lo que ocurre, en el fondo, es que la Colombia sufrida, la que tiene historias cercanas que contar sobre la violencia que los castigó durante medio siglo a través de la criminal acción guerrillera, sigue sin convencerse de que hay que hacer un sacrificio en la justicia ordinaria a cambio de los beneficios de la paz. Estos beneficios, para el común de la ciudadanía, son conceptos vagos: verdad y reparación. Y la otra ventaja de la paz pactada, la que sus defensores proclaman a los cuatro vientos, aún sigue sin materializarse. Hablamos del silencio de los fusiles, nada hay más falso que las FARC hayan abrazado la dejación de las armas.  

De nada sirve que las Naciones Unidas –una entelequia incomprendida por el grueso de la población– abogue por la “reincorporación socioeconómica, política y legal de los ex miembros de las FARC-EP” y por el fortalecimiento de “las garantías de seguridad a través de medidas preventivas y de protección, con vistas a la participación de todas las partes en las elecciones” de este año. Para el grueso de los colombianos tales compromisos no son sino adefesios imposibles de hacer andar cuando la sangre de las victimas aún está fresca y no se ve la voluntad real de los antisociales de reparar los daños causados ni de regresar sobre sus pasos mediante un desarme real y el abandono del negocio de la droga.   

Sea lo que sea, los acuerdos de La Habana y los instrumentos que los materializan deben ser respetados aun cuando un segmento importante de la población civil les tenga ojeriza o los rechace de raíz. La teoría que debe ser aplicada ante el fin de todo conflicto pactado entre partes enfrentadas es esa: es preciso estar dispuesto a ceder frente a los atropellos, a perdonar, a pasar la página ante los desafueros. 

Buena parte de la sociedad neogranadina no parece aún estar lista para ello. 

Beatriz De Majo 
@beatrizdemajo1 

CARLOS BLANCO, GUERRA A MUERTE

Venezuela es territorio de una guerra que sobrepasa a sus habitantes. Tiene lugar un combate entre una alianza internacional que mezcla gobiernos, movimientos políticos y bandas criminales, del lado de Maduro, y otra alianza más amplia, principalmente hemisférica en el lado democrático. 

Esa guerra es enteramente desigual. Los límites no están en el poder de fuego sino en otro lado. Maduro y su banda están dispuestos a matar para quedarse en el poder. Las fuerzas democráticas no están dispuestas a matar para desalojarlos del poder. Esta diferencia establece un desbalance inevitable en la resolución del conflicto que tiene como escenario el territorio nacional. 

Chávez y Maduro licuaron la nación. Para todo efecto práctico Venezuela como nación ha dejado de existir: su población ha emigrado en proporción elevada y la que permanece tiene un porcentaje importante que desea hacerlo; el territorio del país es una masa amorfa que no está definido por las fronteras establecidas sino por los grados de control que ejercen los grupos paramilitares, narcotraficantes y terroristas, mientras la FAN ha abandonado su misión en este campo; y el Estado está devastado, sus instituciones destruidas. En este marco se desarrolla la guerra. 

La posibilidad de desalojo pacífico de la mafia en el poder es mínima. Su decisión de quedarse a cualquier costo hace que medidas que en otro contexto funcionarían, pasado el tiempo las tuercen a su favor: las sanciones contra el crimen organizado entronizado en Miraflores las usa el régimen para “explicar” al pueblo que el sufrimiento que padece es culpa de esas medidas; la ayuda humanitaria cuya entrada ha negado, después de miles de vidas segadas, la acepta como gesto de hipócrita bondad. 

Existen tres factores que podrían adoptar la posición de “guerra a muerte”, pero que no son los partidos políticos: la población desesperada, los militares venezolanos y Estados Unidos. 

Sectores amplios de la población pueden llegar a una situación de cólera en la que prefieran lanzarse a todos los riesgos antes de seguir como están. Sería un caos generalizado y de altísima violencia. 

Los militares de rangos medios y bajos pueden asumir que lo que ocurre en Venezuela es realmente una guerra y, a partir de allí, usar poderes letales para intentar desalojar a Maduro y sus secuaces. 

Estados Unidos puede llegar (o haber llegado) a la conclusión de que la amenaza representada por el régimen en el poder es suficientemente grave como para proceder a una operación militar de envergadura, si entiende que lo que está en juego es su seguridad nacional. 

Estas opciones revelan que por medios convencionales (presión, diálogo, disuasión, tentación, plata, amenaza, seducción) no se desaloja a una mafia criminal en el poder. 

Carlos Blanco 
@carlosblancog