domingo, 21 de abril de 2019

CARLOS BLANCO, GUERRA A MUERTE

Venezuela es territorio de una guerra que sobrepasa a sus habitantes. Tiene lugar un combate entre una alianza internacional que mezcla gobiernos, movimientos políticos y bandas criminales, del lado de Maduro, y otra alianza más amplia, principalmente hemisférica en el lado democrático. 

Esa guerra es enteramente desigual. Los límites no están en el poder de fuego sino en otro lado. Maduro y su banda están dispuestos a matar para quedarse en el poder. Las fuerzas democráticas no están dispuestas a matar para desalojarlos del poder. Esta diferencia establece un desbalance inevitable en la resolución del conflicto que tiene como escenario el territorio nacional. 

Chávez y Maduro licuaron la nación. Para todo efecto práctico Venezuela como nación ha dejado de existir: su población ha emigrado en proporción elevada y la que permanece tiene un porcentaje importante que desea hacerlo; el territorio del país es una masa amorfa que no está definido por las fronteras establecidas sino por los grados de control que ejercen los grupos paramilitares, narcotraficantes y terroristas, mientras la FAN ha abandonado su misión en este campo; y el Estado está devastado, sus instituciones destruidas. En este marco se desarrolla la guerra. 

La posibilidad de desalojo pacífico de la mafia en el poder es mínima. Su decisión de quedarse a cualquier costo hace que medidas que en otro contexto funcionarían, pasado el tiempo las tuercen a su favor: las sanciones contra el crimen organizado entronizado en Miraflores las usa el régimen para explicar” al pueblo que el sufrimiento que padece es culpa de esas medidas; la ayuda humanitaria cuya entrada ha negado, después de miles de vidas segadas, la acepta como gesto de hipócrita bondad. 

Existen tres factores que podrían adoptar la posición de guerra a muerte, pero que no son los partidos políticos: la población desesperada, los militares venezolanos y Estados Unidos. 

Sectores amplios de la población pueden llegar a una situación de cólera en la que prefieran lanzarse a todos los riesgos antes de seguir como están. Sería un caos generalizado y de altísima violencia. 

Los militares de rangos medios y bajos pueden asumir que lo que ocurre en Venezuela es realmente una guerra y, a partir de allí, usar poderes letales para intentar desalojar a Maduro y sus secuaces. 

Estados Unidos puede llegar (o haber llegado) a la conclusión de que la amenaza representada por el régimen en el poder es suficientemente grave como para proceder a una operación militar de envergadura, si entiende que lo que está en juego es su seguridad nacional. 

Estas opciones revelan que por medios convencionales (presión, diálogo, disuasión, tentación, plata, amenaza, seducción) no se desaloja a una mafia criminal en el poder. 

Carlos Blanco 
@carlosblancog 

No hay comentarios:

Publicar un comentario