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miércoles, 9 de septiembre de 2020

CARLOS BLANCO, ESPEJOS CURVOS Y PUNTO DE FUGA

1.- Supongamos que todos los integrantes de la oposición quieren poner fin al régimen de Maduro. Puede argumentarse que en varios casos no es esta la actitud; pero, imaginemos por un momento que es así y que ha sido así. La conclusión hoy sería que nada de lo intentado ha funcionado y, como prueba, sigue el grandulón bigotudo sentado en la silla del poder.

2.- En 2019 no parecía que volvería a haber fracaso. Guaidó se había convertido en el portador de una ruta como presidente de la Asamblea Nacional y presidente interino. Su tarea era conducir al “cese de la usurpación”. Ya sabemos que desvió el camino, se puso a dialogar, fue autor o coautor de la mamarrachada del 30 de abril, y su inmensa popularidad se ha ido desvaneciendo a lo largo de los meses.

3.- La convocatoria de Guaidó a reconstruir “la unidad” no ha funcionado ni va a funcionar como la expresa porque no parte de la idea del fracaso de su dirección y de la necesidad un cambio de rumbo. Más bien procura parapetarse en el camino y volver a decir lo mismo. Actúa como si tuviera en el bolsillo a los “60 países” que lo reconocen y pudiera ir con ese apoyo a cualquier ruta, camino, vereda o atajo. El enfriamiento afuera es básicamente resultado de la caída de su apoyo interno, resultado, a su vez, de la estrategia del timbo al tambo.

4.- El documento titulado Pacto Unitario por la Libertad y Elecciones Libres firmado el lunes pasado es patético. Obsérvese allí que no hay nada que represente un cambio sustancial, una rectificación de rumbos sino una reiteración de lugares comunes que conduce a proponer “una consulta popular, con apoyo internacional, que permita a todos los venezolanos, dentro y fuera del país, expresar la voz del pueblo y manifestar el respaldo necesario para avanzar hacia nuestra libertad, recuperar la democracia y promover el bienestar para todos los venezolanos”, como si los ciudadanos no se hubiesen expresado una infinidad de veces. ¿Volver a hacer una consulta como la del 16 de julio que muchos de los proponentes de entonces se la pasaron por el arco de triunfo?

5.- Esa descomposición del frente que condujeron los directivos de la Asamblea Nacional en 2019 no la producen ni María Corina ni Capriles, sino la situación de los partidos que han respaldado a Guaidó. Véase que todos los partidos de cierta significación son los que han originado los dirigentes y diputados que se han prestado a las maniobras electorales del régimen; estaban allí, incubándose como parte de la estructura política de esa oposición por alrededor de 20 años.

6.- Por su lado, Capriles ha saltado al ruedo y aprovechado las complicaciones de la estrategia errática de Guaidó. Ha asumido la derrota casi como marca de fábrica y así ha propuesto la política de “agarrar aunque sea fallo”; si no se logra derrotar al régimen, al menos se tiene una mano metida en la rendija, como él definió sus propósitos. Pareciera la larga venganza de Capriles a todo el ostracismo al que lo condenaron sus vacilaciones y, sobre todo, la percepción generalizada de que no “cobró” su victoria electoral de 2013. Capriles ha aglutinado el frente de la derrota: “a falta de pan, buenas son tortas”

7.- María Corina, por su lado, ha encabezado la propuesta de la Operación de Paz y Estabilización, que significa una convergencia de las fuerzas nacionales y las internacionales para reemplazar el régimen. Claramente ha dicho que no se trata de una invasión de Estados Unidos mientras habría una paciente espera de los venezolanos. Su posición tiene fundamento en la necesidad de la acción internacional mancomunada con la nacional; lejos de ser discutida y evaluada, ha sido caricaturizada por algunos. Por ejemplo, el escritor Alberto Barrera Tyszka dice: “Es lo que ha hecho María Corina Machado [conflicto continuo con los aliados naturales], la mayor influencer de la derecha nacional en las redes sociales, quien alimenta la fantasía infantil de que Nicolás Maduro no ha caído por la falta de voluntad de los otros dirigentes. Uno de sus aportes a la política del país es la descalificación permanente del liderazgo opositor.”[1] Sin argumentos la descalifica.

8.- Por su parte, Elliott Abrams, encargado para Venezuela en el Departamento de Estado en la misma línea del descrédito, ha intentado escarnecer las posiciones de la dirigente así: “María Corina es libre de decir lo que quiera. Vive en un realismo mágico y está haciendo un llamado a un plan B, no creo que eso sea una respuesta sensata a lo que la gente necesita. Hay que empezar desde las bases con los venezolanos”. El embajador Story hizo un señalamiento similar contra ella, totalmente irrespetuoso.

9.- Más recientemente, Maduro se ha burlado de MCM en televisión siguiendo la saga del menosprecio. Lo cual, en su caso, es perfectamente explicable. La verdad es que se muestran felices porque los dichos de los representantes de Estados Unidos parecieran –pienso que equivocadamente- desmontar la tesis de la “amenaza creíble e inminente” sobre el régimen venezolano.

10.- No se ha propuesto invasión alguna sino concertación de fuerzas nacionales e internacionales. En relación con estas últimas es claro que ha disminuido el entusiasmo de los de afuera. La cuestión es saber por qué. Me parece obvia la respuesta: porque si la dirigencia doméstica se enreda en un diálogo con aquel que se supone quiere derrocar, qué sentido tiene para los actores internacionales ir más allá de donde el interinato quiere o quiso ir. Si la estrategia que plantean María Corina y Antonio Ledezma fuese la adoptada, el apoyo externo habría que reconstruirlo sobre nuevas bases. Por ahora se enfría para Guaidó y algunos vivarachos, estilo Borrell y Samper, buscan usar la propuesta de Capriles que, en el fondo, siempre ha sido la suya –a lo Zapatero- para bailar la danza que toca la Banda de Maduro.

11.- Este batiburrillo podría causar desconsuelo. Sin embargo, no hay manera de llegar a una posición común que no sea a través de la clarificación de las posiciones. Esto es lo que está en marcha; así funciona la historia que, en las crisis, no suele tener buenas maneras. Siempre recuerdo –aunque no pretendo que sea una predicción- aquel triste diciembre de 2013, el año en el cual Capriles no “cobró”. A los pocos días, en enero, se volvió a levantar la esperanza con “la Salida”, con cientos de miles en la calle por meses, también enterrada luego en el pantano de las negociaciones con el régimen.

12.- La unidad viene de la diferencia y de la clarificación de posiciones. Es un resultado y no una premisa. La unidad se propone objetivos que, una vez definidos, permiten congregar la pluralidad alrededor de ellos. No hay unidad primero para ver después qué se hace. Paradójicamente pienso que el camino de la clarificación está en marcha, vendrá luego la unidad.

Carlos Blanco
carlos.blanco@comcast.net
@carlosblancog

jueves, 3 de septiembre de 2020

CARLOS BLANCO, LLEGÓ CARTA DE MARÍA

1- La entrevista entre Guaidó y María Corina ha tenido efectos sísmicos en un escenario político a ratos petrificado en medio de la catástrofe en marcha. Hubo una reunión en la que, debido a las posiciones públicas de Guaidó la probabilidad de acuerdo era baja aunque no descartable. De allí la carta, que no habría sido entregada de llegar a entendimientos. Como había anunciado María Corina con antelación cuando informó de la reunión, hizo públicos sus resultados.

2- Escribió y habló con claridad: no hay acuerdos. Le exigió a Guaidó que no siguiera buscando a Dios por los rincones porque él representaba el gobierno de emergencia y que no había que inventar gobiernos de emergencia adicionales; que él era responsable de desarrollarlo, no para controlar Citgo, Monómeros y PDVSA, o las cuentas del Citibank, sino para conducir al fin de la usurpación. Por supuesto, María Corina se opuso a la consulta pretendida porque ya esa materia había sido objeto de pronunciamiento de parte de los venezolanos en elecciones, referendos, y consultas, especialmente la del 16 de julio.

3- En algunos borradores andaba la idea de incorporar a la inconducente consulta la prolongación sine die del cargo de Presidente interino, hasta lograr el cese de la usurpación. Idea peregrina como pocas porque esa prolongación es también la de Maduro. Por vía de la argumentación, si Maduro está en Miraflores el 6 de enero, ¿seguirá el interino como tal? Uno podría decir que sí. Si Maduro está en Miraflores en enero de 2022, ¿seguirá el interino allí? Obsérvese que el interinato es la contrapartida de Maduro en Miraflores, el uno es el otro.

4- ¿Cómo se resuelve este dilema? Estratégicamente es sencillo: si Guaidó estuviese encabezando en la práctica el cese de la usurpación que prometió y abandonó por la consigna de elecciones libres (sustitución que no es inocente como lo he explicado en otros artículos), tengo o no tenga la posición de Presidente interino sería reconocido como líder; de lo contrario, aunque tenga el título no será reconocido como líder, tal como lo muestra la estrepitosa caída en la opinión pública que ha experimentado.

5- Los liderazgos no son títulos de nobleza que se adquieren de una vez para siempre: el líder es el que ejerce el liderazgo, el que no lo ejerce no es líder. A veces se es y a veces no se es. De tal manera que lo que el país ha apoyado es una ruta para salir del régimen; ha apoyado a Guaidó porque él representaba esa ruta; al ser percibido como alguien que cambió el objetivo muchos de sus partidarios iniciales –todos lo éramos de alguna manera-, se han desmarcado progresivamente.


6- Se ha dicho que María Corina procura una invasión de las fuerzas militares de EEUU. Ha sido y es falso. No se requiere ser un Kissinger o un Metternich para saber que no es políticamente viable ni posible. EEUU tiene razones para sentir amenazada su seguridad nacional por el incremento del narcotráfico desde Venezuela y las vinculaciones con países y movimientos terroristas dentro de nuestro territorio; pero, no se va a empantanar con la colocación de tropas y equipos terrestres por tiempo indefinido. Lo que se plantea es que hay medidas políticas y militares, convergentes con procesos domésticos civiles y militares, que pueden obligar a la salida del régimen. Las palabras clave son convergencia, coordinación, articulación, entre la rebelión militar interna, la rebelión popular, y la acción internacional con fuerzas de paz. 


7- El TIAR es el instrumento interamericano. Fue aprobado para el caso venezolano en la OEA en septiembre de 2019. Este Tratado contempla en el artículo 8 medidas como: “el retiro de los jefes de misión; la ruptura de las relaciones diplomáticas; la ruptura de las relaciones consulares; la interrupción parcial o total de las relaciones económicas, o de las comunicaciones ferroviarias, marítimas, aéreas, postales, telegráficas, telefónicas, radiotelefónicas o radiotelegráficas, y el empleo de la fuerza armada.” 

8- Esa aprobación abría la puerta para las medidas militares mencionadas; sin embargo, el interinato se dedicaba desde marzo al mareo de Noruega y así, condimentado con la entrega “sí o sí” de la ayuda humanitaria, la mamarrachada del 30 de abril, los bonos 2020, y el diálogo, se enfrió el entusiasmo que había en los países. Esa tarea no es exclusiva para el Embajador en la OEA que ha hecho mucho –con la cooperación abierta de María Corina- sino de Guaidó que no entendió que su función principal era promoverlo. No se trata de si los aliados quieren; no se trata de si EEUU lo desea; se trata de desarrollar una activa política, encabezada por el Presidente interino para lograrlo. Puede que fracase; pero lo que sí es seguro es que jamás, jamás de los jamases, la comunidad internacional irá más allá de donde la oposición democrática que quiere salir del régimen, vaya.

9- Es evidente que al Embajador Story y al Enviado Especial Elliot Abrams no les gusta la posición de María Corina, y han apoyado sistemáticamente a Leopoldo López y al propio Guaidó. No entraré en consideraciones sobre lo que esto significa, salvo en dos aspectos: María Corina y la mayoría del país han apoyado desde el 23 de enero de 2019 a Guaidó para un objetivo específico que es “el cese de la usurpación”; no ha sido ni debería ser un apoyo indefinido al margen de la política que encabece. El otro aspecto es que si Story y Abrams están en contra de los planteamientos que MCM y otros compartimos –derecho que no discutimos-, nuestro derecho y deber es intentar convencerlo. Sí ellos no quieren, procuremos que quieran. En ese país hay quienes entienden muy bien que no se les pide solo apoyo a unos venezolanos oprimidos sino una participación activa contra un régimen que es también un peligro para la seguridad nacional de EEUU.

10- La intervención de los diplomáticos de EEUU en las contradicciones y debates dentro de la oposición venezolana, y su toma de partido en contra, incluso con declaraciones irrespetuosas hacia María Corina, lo que revelan son las propias contradicciones en su política exterior. No dudo que EEUU es y será un aliado en la lucha democrática de Venezuela, pero será eficiente cuando supere sus propias contradicciones respecto al tema. 

11- Se trata entonces de una política y no de Guaidó. Si él encabeza un proyecto compartido, se apoya; si él lo desvía, se le exige rectificación; si lo abandona, otro liderazgo emergerá. Lo sorprendente es que el equipo comunicacional de Guaidó se haya ensañado en contra de MCM como lo ha hecho. Desde la sibilina nota que dice que “se apartó de la unidad”, falacia de quienes han secuestrado “la unidad”; hasta la bobería de que ella no ha hecho en 20 años lo que Guaidó en 17 de los meses como interino, como si MCM hubiese sido la Presidente. Algunos de los ataques han venido, por cierto, de lo más descalificado de ese redil.

12- Todas las maquinarias, dispositivos y procesos están en marcha. Se constituye un polo que jugará el juego electoral de Maduro; otro que plantea la salida del régimen como objetivo no intercambiable; en ambos decantará la opinión pública en esta fase ultra enredada de la marcha hacia la libertad.

Carlos Blanco
carlos.blanco@comcast.net
@carlosblancog

miércoles, 26 de agosto de 2020

CARLOS BLANCO, DESCONEXIÓN

1.- Uno de los signos de la Venezuela de hoy es la desconexión radical que existe entre los dirigentes políticos y gremiales con la mayor parte de la población. Es una ruptura que se sobrepone y arropa a la que hay en contra del régimen. Es claro que la mayoría abrumadora atribuye su situación de penurias a la corporación criminal en el poder; con esta y sus capos hay una desconexión total, masiva y furiosa. Con la dirección opositora se da también una desconexión que se manifiesta en el obvio desencuentro que tiene con la población a lo que se suma el crecimiento del porcentaje de escépticos que no quiere saber nada de nadie.

2.- El hecho que sobre determina la disociación es la depauperación colectiva. El aumento intensivo de la pobreza en sus múltiples dimensiones: los que eran pobres son extremadamente pobres; la clase media se volvió pobre; y los que tienen recursos y viven en Venezuela también están empobrecidos aunque no pasen hambre; el empobrecimiento espiritual y social es también pobreza. Si al apocalipsis chavista y madurista se suma el covid, pocas veces en la historia habrá habido una catástrofe de las dimensiones que padece Venezuela hoy.

3.- Una razón esencial por la cual acontece lo que aquí se reseña viene de una narrativa interesada y tramposa sobre los eventos de los últimos años. La victoria nacional de 2015 en la Asamblea Nacional estuvo precedida de maniobras mediante las cuales algunos partidos se repartieron las candidaturas en detrimento de otros; se aceptaron las prohibiciones del régimen. No solo a María Corina se le impidió competir sino que los partidos que ya habían confiscado “la unidad” le imposibilitaron proponer una candidatura sustituta; Copei fue suprimido por el TSJ y antes de mantenerles los espacios a los miembros de la familia socialcristiana, los partidos del ahora llamado G4 se los repartieron; así como se negaron a hacer primarias.

4.- La victoria avasallante de 2015 acalló las críticas y la denuncia de las maniobras, en beneficio de hacer de esa victoria todo lo que pudiera hacerla más poderosa y contribuyera a la salida. Los ciudadanos votaron no por este o aquel partido sino por la oposición como un todo, representada por la MUD. Lo que ocurrió inmediatamente fue que los partidos que tuvieron más diputados, convertidos en dueños de la AN, hicieron una transposición que a la postre les resultó a ellos y al país trágica. Fue la “Operación Tío Conejo”, la de la viveza, que les permitió asumir a cuatro partidos, como propio, el poder popular expresado en –pero no transferido a– la AN.

5.- Esos partidos comenzaron a intentar eliminar la diversidad. Chúo Torrealba se vio obligado a salir de su cargo de secretario ejecutivo de la MUD y posteriormente indicó: “La unidad se dividió por las mismas personas que la dirigían en 2016, quienes creían que ya el gobierno estaba a punto de salir y, en vez de buscar la forma de terminar de sacarlo, lo que hicieron fue echarse cuchillo unos con otros para ver quién terminaba de heredar la silla de Miraflores”[1].

6.- Los partidos del G4 (su número ha variado, pero los que mandan son los mismos cuatro) asumieron un poder que no tenían en la calle pero sí tenían en la Asamblea Nacional. Esta AN y los que la controlaban tenían todo el apoyo del mundo mientras se pensaba o percibía que su compromiso era el cambio de régimen y que estaban dispuestos a lograrlo. Varios episodios ocurrieron, el último de los cuales lo ha protagonizado Guaidó, quien se juramentó como presidente de la República interino a pesar de que los partidos del G4 no lo apoyaban (unos se negaban y otros un tanto reacios, incluyendo el suyo).

7.- No pasó mucho tiempo, sin embargo, para que Guaidó terminara enmarcado en el G4 y su Presidencia interina fuese una junta de cinco copresidentes; algunos de los cuales tienen objetivos distintos al cese de la usurpación inmediato que prometió. La caída en barrena de la popularidad de Guaidó atestigua que ese poder que se le confirió fue temporal y para objetivos precisos; por eso resulta absurdo que se declare presidente interino vitalicio hasta que el régimen salga sin promover la coalición nacional e internacional que lo procure.

8.- El fenómeno más importante es que no sirven –más bien son contraproducentes– las maniobras, trampillas y ardides, para lograr una nueva conexión con la sociedad. Hacer como que quiero y los demás no quieren pertenecer a este orden de engaños para “quedar bien”. Plantear una estrategia (no una maniobra) requiere un esfuerzo de rectificación de las torpezas cometidas, estilo la mamarrachada del 30 de abril de 2019, los diálogos fatídicos de Noruega y Barbados, la incorporación de exdiputados a la AN, y el abandono del trabajo dedicado y sostenido por el TIAR.

Carlos Blanco
carlos.blanco@comcast.net
@carlosblancog

miércoles, 19 de agosto de 2020

CARLOS BLANCO, EL FIN DEL RÉGIMEN

1.- La tarea encomendada a Guaidó y asumida por él en mejores horas que las actuales, fue la de liderar “el cese de la usurpación”, como la denominó. Ese objetivo fue abandonado y ya no forma parte de la retórica interina. Fue sustituido por algo que podría ser equivalente, pero no lo es. Fue sustituido por la necesidad de elecciones libres y limpias.

2.- En términos estrictos, elecciones libres implican “el cese de la usurpación” y un gobierno de transición que las convoque, lo cual haría equivalente ambos objetivos. Sin embargo, como se sabe, en los sucesivos y funestos diálogos de la representación de Guaidó y el G4 se discutió con los emisarios del régimen la posibilidad de unas elecciones con Maduro en Miraflores, o de elecciones sin Maduro allí, pero con la estructura del régimen intacta; hasta se coqueteó con un Consejo de Estado “plural” para tener allí representantes del régimen y del G4 de Guaidó. Sabemos que todo esto fracasó y que no parece tener vida, a pesar de que la idea de vez en cuando saca una manito flaca, blanquecina y temblorosa del sarcófago donde se encuentra.

3.- La idea de la salida del régimen la perdió el interinato en ese gobierno colegiado, de la AN, en el cual no todos tienen idénticas metas. Los partidos que manejaban a su voluntad la Asamblea Nacional han tenido posiciones divergentes en algunos temas: no todos estuvieron de acuerdo en la juramentación de Guaidó como presidente interino en enero de 2019, aunque guardaron discreto silencio; no todos estaban en la línea de la mamarrachada del 30 de abril; algunos se enteraron en el G4 de los diálogos cuando ya estaban en marcha; en fin, ha habido varios temas de discrepancia con excepción de los mecanismos para el control de las empresas de capital venezolano en el exterior y la búsqueda de los activos que por allí andan,

4.- El objetivo estratégico se perdió y fue sustituido por jugadas tácticas, con el argumento de que “afuera quieren tal cosa o no quieren tal otra”; como para mostrar que a los de “afuera” no se les puede pedir lo que no quieren dar. Así se cometió un gravísimo y tal vez irreparable error: colocar la dirección del proceso en las manos de los quieren o dejan de querer tal o cual política; y, por otra parte, renunciar a construir el apoyo necesario para el objetivo estratégico de salir del régimen.

5.- La construcción de una fuerza poderosa alrededor de un objetivo y una estrategia se perdió en el enredo de los diferentes objetivos de los diferentes partidos de la AN y se sustituyó por lo que ha devenido en una ficción: el apoyo de casi 60 países al interinato, ocultando, de modo conveniente, que ese apoyo a la legítima AN y a su presidente, no es extensivo en todos los casos a Guaidó como presidente interino ni menos a una estrategia de derrocamiento de Maduro y su régimen. Salvo Estados Unidos, Colombia y Brasil, y algunos otros países, muchos han flirteado con la idea peregrina de “convencer” a Maduro o invitarlo a que, voluntariamente, se refugie en las Antillas.

6.- En este batiburrillo, la idea de prolongar el interinato sine die que puede parecer útil ante la elección de la AN que pretende Maduro y sobre la cual se volcará una descomunal abstención, en caso de realizarse, en realidad está divorciada de elementos fundamentales de la realidad: a. Hablar de la prolongación del interinato en 2021 es admitir la prolongación del régimen de Maduro y la ausencia de planes para reemplazar su régimen (distinto sería una política que no se planteara la prolongación de esta ambigüedad porque en enero estaría derrocado el tipo); b. Es no entender que sin control de territorio, de instituciones nacionales y de legitimidad popular real, el interinato se reduce a cuatro o cinco embajadores, al control de recursos externos y a las directivas de empresas; cierto que hay reconocimiento fuerte de varios aliados pero no bastará cuando tras unas elecciones chimbas (si se realizan), vendrá una presión de Maduro y de los colaboradores que participen para que el “realismo” se imponga en ciertas cancillerías.

7.- Si Guaidó y el G4 se propusieran el fin de la usurpación no necesitarían de sus cargos para procurarlo. Si bien requirió de la plataforma de la AN y del sustento constitucional para asumir la Presidencia interina, ya la tarea no depende de ese cargo; si se convierte en el líder político que no ha sido, al converger con otros que se propongan los mismos objetivos de generar un gobierno de transición con la fuerza para imponerlo, se verá obligado a abandonar el gobierno colegiado que lo amarra e inmoviliza.

8.- Finalmente, la idea de prolongar a Guaidó hasta que el régimen caiga es una fantasía poco ilustrada. Si Maduro cae por la acción dirigida por el presidente interino, la Presidencia efectiva será suya; pero si Maduro cae por la acción de un movimiento cívico-militar diferente; si cae por obra de una revuelta social incontenible; si cae por la acción milagrosa del Venerable; asumirán la conducción del país los que allí estén, en ese momento, en el ejercicio del liderazgo efectivo. No existe en los procesos sociales tal cosa como “cuídame la silla un ratico que ya vengo”.

9.- En una situación de caos como la actual, con tantas incógnitas acumuladas, el sectarismo, el populismo y la viveza son malos consejeros. Solo la grandeza para acabar con la tiranía y vivir en un país libre es suficiente recompensa para los que conduzcan.

Carlos Blanco
carlos.blanco@comcast.net
@carlosblancog

viernes, 14 de agosto de 2020

CARLOS BLANCO, EL EXTRAÑO CASO DEL PARTIDO DEL PUEBLO

1.- El segundo a bordo de AD, tenido hasta hace poco como fiel lugarteniente del secretario general, Henry Ramos Allup, se cogió la personalidad (jurídica) del partido por obra y gracia de los enanos del Tribunal del régimen. Nadie puede dudar que esta operación está urdida en connivencia con Maduro con tres propósitos: a. Tener un partido histórico como oposición leal; b. Aceptar un Consejo Nacional Electoral que tuviese dos miembros de esa oposición mansa, dos del régimen y un quinto del régimen también; c. En consecuencia, participar en las elecciones parlamentarias convocadas por Maduro.

2.- Para completar la faena hace pocos días las brigadas policlasistas de asalto procedieron a tomar posesión de hecho de los bienes que seguramente el TSJ de los pigmeos les habrá asignado en gracia. Nada que no sea previsible aunque, ha de decirse, con una caradura que es marca de fábrica de la dirección de AD en estos años, tanto la AD del uno como la del otro.

3.- Sin embargo, es de un simplismo aterrador pensar que este proceso viene porque encontraron a Bernabé en una esquina, medio prendido, y le pusieron unos billetes en la faltriquera; aunque no debe negarse que deben haberle arrimado la canoa en este penoso esfuerzo por echarse al lomo una fatigada estructura de 70 años.

4.- AD ha sido un partido manejado con mano de hierro por Henry Ramos Allup y Bernabé Gutiérrez, de manera conjunta y armónica. Ha sido un partido donde se impuso más que la disciplina un control férreo; toda disidencia ha sido castigada con sanciones. Ambos han participado de las decisiones del partido a lo largo de este tiempo. Y no es cierto que ha habido consistencia opositora. No hay que olvidar que AD se salió de la extinta MUD de la mano de Henry Ramos: “Acción Democrática, el segundo partido más antiguo de Venezuela, se ha divorciado de la coalición opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD). Su secretario general, Henry Ramos Allup, ha atribuido la ruptura a la falta de acuerdos internos. “No se trata de ninguna guerra ni de ninguna confrontación, es una traba de carácter administrativo”… Las fisuras con otros partidos de la plataforma se acentuaron tras juramentar a sus gobernadores electos en las votaciones de octubre ante la chavista asamblea nacional constituyente.”[1]

5.- Recuérdese que esta decisión fue respondida por quien era un dirigente importante de la oposición en ese momento, Henrique Capriles; este afirmó de manera clara, directa y airada: “Mientras siga estando en la MUD el señor Henry Ramos Allup, yo no voy a seguir en esa mesa… A Ramos Allup se le metió en la cabeza que él podía ser candidato presidencial. Yo lo digo con claridad, porque es un secreto a voces. Ese es el candidato de Maduro. Siempre ha estado saboteando. Ahora se entienden muchas cosas del pasado. Se entiende por qué fracasó el referéndum revocatorio». Y luego: “Maduro encontró su oposición roja, que fue a arrodillarse, que traicionó a sus electores. Porque hay que decirlo: lo de ayer fue una traición a lo que se dijo el 16 de julio sobre la constituyente”[2] “Cuando se está enfermo hay que operar y sacar el tumor. En la Unidad hay que hacer lo propio”[3].

6.- Como se observa, las controversias sobre la conducta opositora de AD no pueden ser admitidas como una pugna entre alguien sólidamente opositor y un chivato de Maduro. Por decir lo menos, es un contexto bastante más complejo. Ambos estaban unidos en la participación en las elecciones parlamentarias y la diferencia se estableció a partir de la composición del CNE. La dirección hoy defenestrada estaba por un CNE integrado por dos del régimen, dos del G4 y uno “imparcial”, dondequiera que ese espécimen existiera. Bernabé y su sector se transó por 3 del régimen y 2 de esa oposición que cohabita. Pero, ninguno de los dos planteaba a esas alturas “el cese de la usurpación” como condición para unas elecciones.

7.- Bernabé era el general Padrino López del secretario general de AD y le fue leal hasta que dejó de serlo. El papel de ambos tal vez revela el problema de fondo: un partido secuestrado por sus propios dirigentes; controlados por la mano de hierro de Henry Ramos y cuyo brazo “armado” era el secretario de organización. Este control excluyó a decenas de dirigentes, algunos de ellos casi patrimonio histórico de la humanidad (adeca y venezolana); suprimió toda disidencia, condición esencial para la renovación.

8.- ¿Se acabó Acción Democrática? ¿Podrá renovarse AD? ¿Podrá representar Henry Ramos Allup un “rescate” del partido o Bernabé se lo propondría? ¿Habrá una generación cuyos rostros no conocemos todavía o, aunque los conozcamos, con el suficiente coraje para la refundación?

9.- Lo que queda después de todo esto no es un partido sino una incógnita sobre un misterio que puede esconder un fratricidio embutido en una farsa.

[1] https://elpais.com/internacional/2018/07/07/actualidad/1530927376_105016.html

[2] https://es.panampost.com/orlando-avendano/2017/10/24/venezuela-lider-opositor-capriles-se-retira-de-coalicion-mud-mientras-este-ramos-allup/

[3] https://www.emol.com/noticias/Internacional/2017/10/24/880547/Division-en-la-oposicion-venezolana-Capriles-renuncia-a-coalicion-politica-en-reclamo-por-juramento-de-gobernadores.html

Carlos Blanco
carlos.blanco@comcast.net
@carlosblancog

sábado, 8 de agosto de 2020

CARLOS BLANCO, ABSTENCIÓN 2020

1.- Cualquier análisis sobre Venezuela tiene que tener el paraguas del covid-19. El origen es un virus; pero su expansión en los niveles actuales y previsibles es obra (in)humana de Maduro y el séquito perverso. Su arrogancia, su desprecio por la vida ajena, su vocación enfermiza por la propaganda para mostrarse como invencibles, su confianza en los brebajes cubanos y su cuidada depravación, han dibujado un panorama nada promisor para el país.

2.- Por fortuna, la conciencia de millones de venezolanos sobre el hecho de que nadie cuidará de ellos si no se cuidan por sí mismos, hace que (aunque con rezagos lamentables) la prevención se instale en los individuos y las familias, un poco a la buena de Dios en la medida en que la urgencia por comida, gasolina y medicinas, no arrope la necesidad de cuidarse.

3.- El caos en Venezuela hace de todo intento de previsión un ejercicio riesgoso; si al caos chavista se añade la pandemia, hay un incremento exponencial del desorden. Esto es lo que ocurre. Ya el régimen de Maduro ni se ocupa de proveer a sus fieles; más bien, están tratando de salvarse de las sanciones de Estados Unidos y las nuevas y más severas que vienen del Altísimo en forma de pérfidos y astutos virus.

4.- En este marco, el régimen y un sector cohabitante que se identifica como opositor, han llegado a convenir unas elecciones parlamentarias para finales de 2020. Dejando de lado que la pandemia y la anemia en el interés público puedan obligar a aplazarlas unos meses o para nunca, esas elecciones lucen más como velorio institucional que como jornada cívica. María Corina Machado y Antonio Ledezma habían anticipado que era un evento inaceptable desde que se comenzó a hablar de este; y recientemente los partidos que controlan el interinato y la Asamblea Nacional actuaron igual.

5.- La inmensa mayoría del país no participará en las elecciones y si la cosa se pone fuerte es posible hasta que las suspendan por razones políticas. La falta de ganas de los soldados que cuidan las mesas electorales, el aburrimiento de los colectivos y la furia ciudadana, también podrían impedirlas por la vía de los hechos; pero, es prematuro saber si ocurrirán o no. Lo que es cierto es que no serán reconocidas por la mayoría del país; no serán reconocidas por la comunidad internacional; y cumplirá –en caso de escogerse la AN– idéntico papel al de la asamblea nacional constituyente que deambulaba en el Palacio Legislativo, disuelta en su propio bostezo.

6.- La abstención se impondrá. Sin embargo, hay que decirlo con claridad, una política que se agote en ese llamado es de corto vuelo. Recordemos que la abstención de 2005 era correcta en el marco de una dinámica insurreccional que seguiría y que los partidos al mando abandonaron. Esa abstención quedó colgada en el aire. La de 2020 tiene otro ambiente, más favorable, porque la mayoría del país asume la necesidad de salir del régimen; pero, de no convertirse la eyección de Maduro y su combo en objetivo explícito, el “empate” actual puede permanecer como equilibrio inestable por un buen tiempo.

7.- Es en este punto donde hay que preguntarse de qué va “el cese de la usurpación” que proclamaba Guaidó antes de la amnesia temporal que sufre sobre el tema. Si esta consigna se abandona y más bien se centran en estirar su mandato interino, se crea una extraña situación: prolongar el interinato es, de suyo, admitir la prolongación del régimen de Maduro y es, aunque sea en forma involuntaria, un estadio de cohabitación, si bien sería en el desvencijado sótano de la mansión. Así se tendría un interinato sin las asperezas del ejercicio real del gobierno y con los beneficios de un poder económico y financiero creciente.

8.- No basta decir que se quieren elecciones libres. En otro contexto bastaría; pero, en la Venezuela de hoy, cuando hay quienes aspiraban elecciones “libres” con Maduro en el poder, “el cese de la usurpación” debe preceder cualquier invocación electoral, de lo contrario sería dejarse imponer una política por parte de los dialogantes y de sus graciosos representantes criollos, afanosos en la venta del “Paquete Noruego”.

Carlos Blanco
carlos.blanco@comcast.net
@carlosblancog

sábado, 1 de agosto de 2020

CARLOS BLANCO, ENREDO NACIONAL

1.- Llegaron los noruegos a ver cómo estaba la cosa. Viajaron para saber lo que se muestra en las noticias todos los días, incluso en Noruega. Dijeron que viajaban para actualizarse y su actualización no incluyó visitas a los presos políticos o a los hospitales; tampoco a los mercados ni a la frontera. Su actualización se limitó a ver un tirano talla grande y a unos opositores que nadie ha dicho quiénes fueron. Poco a poco se sabrá.

2.- Sin duda que andan en lo que puede calificarse como zapaterismo incurable: darle oxígeno a Maduro así, como quien no quiere la cosa, de lado, y con mascarilla. Ningún ser civilizado se niega al diálogo siempre que no sea para que las sabandijas se perpetúen en el poder. Algunos opositores han dicho que lo que está planteado son condiciones electorales indispensables para sostener unos comicios libres y justos. Pero -¡ojo!- a veces hay trampa.

3. Cuando se habla de condiciones electorales y no de la salida del régimen, lo que está implícito –aun cuando el embeleco siempre se sabe- es que con Maduro puede haber elecciones decentes si se le obliga. Lo que no parecen advertir (en realidad sí lo saben) es que la fuerza que se necesita para que Maduro acepte elecciones libres es inferior a la que necesita para que salga en carrera hacia La Habana.

4.- En este titubeo se estará hasta que algunos eventos ocurran: el último mes de campaña electoral en Estados Unidos, se determine el ganador de esas elecciones, el impacto del covid-19 en Venezuela, la continuidad acelerada de la ruina del país y los elementos sobrevenidos, convertidos en la nueva normalidad de la época, incapaces de ser anticipados por los gurúes.

5.- Lo que se sabe es que el régimen hará elecciones y ya tiene en su Arca de Noé a gente producto de las divisiones de todos los partidos. Como en 1963, cuando AD se dividió entre la Vieja Guardia y el “Grupo ARS”, habrá AD gobierno y AD oposición, con la novedad de que ocurrirá idéntico con los partidos gentilmente cedidos por Maduro a sus confederados: VP, PJ y tal vez otros en la tubería.

6.- La mayoría de partidos y sobre todo de la opinión pública no participará en esas elecciones. Ni hay ganas, ni el virus lo estimula y se sabe de sobra que es una tramoya, como las decenas que ya se han visto en los actos de magia de esa corte de impresentables del Consejo Nacional Electoral. El problema es que desde luego es insólito participar en una comedia de tal magnitud; pero no se arregla el asunto con la mera renuncia a participar.

7.- Para los que participan es una manera de construir una nueva oposición que se asume como circunspecta. En los hechos es una parte del sistema de Maduro que, como en los países soviéticos del siglo pasado, tenían su oposición, completamente libre para discutir a rabiar la conveniencia de domesticar mariposas azules. La mayor parte de la oposición no participará, aunque tiene sus demonios internos que se preguntan cómo sobrevivirán a una sequía de varios años más, sin candidaturas con las cuales pasar la raqueta y servir a la patria.

8.- El problema es real: no participar es la opción mayoritaria; pero es correcto preguntar para qué sirve. Una primera respuesta obvia es no convalidar la farsa; no prestarse a una relegitimación de Maduro. Respuesta correcta, desde mi punto de vista; pero hay otras formas más sutiles de relegitimar a Maduro. Una de las que me parece más riesgosa es la de prolongar la actual Asamblea Nacional como un mecanismo para tener un presidente interino de manera indefinida. ¿Por qué?

9.- Si usted se plantea que la actual AN y Guaidó van a seguir en su lugar actual después del 5 de enero, usted también dice que Maduro y su régimen seguirán allí después del 5 de enero. Es un escenario sin duda posible. La gran adivinanza es por qué, en vez de sugerir la continuidad de la AN (y de Maduro), no se propone “el cese de la usurpación” como el escenario primero y más relevante.

10.- No es de esperar respuesta de Guaidó, quien al parecer no se siente concernido por estas cuestiones del abandono del “cese de la usurpación”; pero, tal vez haya quien caiga en cuenta que abstenerse sin concebir la salida del régimen en el marco de esa abstención (o suspensión de las elecciones) es sembrar una nueva ambigüedad.

11.- Cuando la participación en esas elecciones es jugar el juego de comparsa del régimen y la abstención sin estrategia es inútil, vale la pena volver a preguntarse por qué no volver al asunto central: la concertación nacional e internacional para salir del régimen

Carlos Blanco
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jueves, 23 de julio de 2020

CARLOS BLANCO, VENEZUELA, ESCENARIO DE UNA GUERRA INTERNACIONAL

1.- Somos un país tomado por fuerzas extranjeras a las cuales se les ha hecho entrega de lo que un ejército de ocupación ansía más: territorio seguro. Incluso, la nacionalidad venezolana formal de muchos de los integrantes del régimen no oculta su función como agentes de la ocupación foránea.

2.- Los que sojuzgan el país son los miembros de diversos estamentos del régimen cubano, los militantes de la disidencia de las FARC, los cófrades del ELN, los piadosos de Hezbolá, la caravana de angelitos del narcotráfico, las depredadores del Arco Minero, los caritativos iraníes, los cleptómanos asociados a Daniel Ortega y Evo Morales, los devotos de Podemos, los carteles de militares en sus negocios multinacionales de drogas, armas, lavado de dinero y crimen, así como las bandas criminales que controlan espacios, cárceles, sectores, con mayor poder de fuego que las policías, varias de las cuales son policías de 8:00 am a 12:00 m y bandidos a tiempo completo. Por si fuera poco, Venezuela es hoy una de las más gigantescas lavanderías de dinero ilegal del planeta. La ayuda de Rusia y China no les sobra.

3.- La ocupación de Venezuela por fuerzas internacionales es un hecho que ha creado una nueva situación en la región. Los ocupantes no son visitantes sino codueños de una nación deshilachada: son accionistas de la corporación criminal que tiene el poder; se puede discutir sobre el porcentaje accionario pero no sobre la realidad de su posesión. Esta corporación internacional ha tomado posesión de un territorio que es algo que toda empresa delictiva necesita y que no va a soltar si no se le fuerza.

4.- Lo anterior indica que ya Venezuela es el escenario de un enfrentamiento con actores internacionales. El problema real es que los venezolanos han combatido muy solitarios a ese poder en términos de fuerza real. Es cierto que hay una gran solidaridad del mundo con los que luchan por la libertad dentro del país; hay manifestaciones políticas importantísimas; pero, en términos de fuerza, no hay acompañamiento doméstico.

5.- Es verdad que las sanciones a los personeros del régimen los cercan; es verdad que las operaciones militares en el Caribe los intimidan; sin embargo, esta política de cerco y asfixia opera a un plazo mayor que la descomposición interna, que la desolación de los ciudadanos, el desastre de los servicios y, ahora, los efectos de la pandemia.

6.- Si hay conciencia de que se desarrolla una ocupación del país por parte de fuerzas extranjeras criminales y si en su territorio se libra una guerra de cuarta y quinta generación simultáneas, donde hay fuerzas invasoras, no hay forma de recuperar la libertad que no sea con el apoyo de fuerzas extranjeras.

7.- La idea de que los venezolanos demócratas, con su decisión y arrojo, pueden derrotar a Maduro y su Alto Mando, a los cubanos, iraníes, narcotraficantes, ELN y FARC, colectivos, y a cuanto cófrade de mochila y fusil corretee por allí, es equivocada y lleva a consumir más vidas de ciudadanos valientes y generosos.

8.- Estas razones son las que abonan para que, al amparo del TIAR y de la OEA, se invoque el apoyo de una operación cuya finalidad sea rescatar el territorio, estabilizar la situación doméstica y comenzar la reconstrucción del país, bajo la inequívoca dirección de las fuerzas que dentro de Venezuela han de liderar el proceso pero que no cuentan con la fuerza suficiente para lograr los objetivos.

9.- Recordemos las legiones, británicas e irlandesa, al mando de Bolívar en Boyacá y Carabobo… digo, solo como referencia histórica.

Carlos Blanco
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jueves, 16 de julio de 2020

CARLOS BLANCO, LO MENOS MALO Y EL MONTÓN DE ARENA


1.- La paradoja de los sorites o del montón se suele ilustrar con los granos de arena: si usted tiene unos granos y les añade otro y otro y otro más, ¿cuándo se transforma en un montón de arena? O, si por el contrario, a un montón le quita granito a granito, ¿cuándo deja de ser un montón? Tal paradoja, trampa lógica, nos habla de la vaguedad y los límites de las cosas a las cuales nos referimos. ¿Cuál es el momento en que se pierde la gracia? ¿cuándo una suma de pecadillos nos transforma en pecadores?


2.- Estas vaguedades también se plantean en otros ámbitos, como por ejemplo la antinomia entre lo perfecto y lo bueno, referida al aserto de Voltaire según el cual lo perfecto es enemigo de lo bueno. Tesis conveniente para aceptar cualquier cosa: dado que lo perfecto no existe, lo bueno siempre es algo que tiene su pizca de malo, de imperfecto, de negativo. De allí que la discusión se traslada a los grados de imperfección que son tolerables. ¿En qué instante una hábil jugada política se transforma en traición a los principios? ¿Cuándo retroceder es un mecanismo para avanzar en rutas que no solo son zigzagueantes, sino que tienen tres y cuatro dimensiones, arriba y abajo y allá?

3.- Esta discusión es pertinente cuando se examinan las condiciones electorales bajo el régimen actual. Un sector de la oposición, el que ha derivado hacia un entendimiento morganático con Maduro, tiene la teoría de que “del lobo, un pelo”, variante de nuestro “agarrando aunque sea fallo”. Para tal empresa se han unido dirigentes que formaban parte de la oposición y un grupo de personajes de los partidos AD, Primero Justicia y Voluntad Popular, que a cambio de cogerse los partidos de los cuales eran dirigentes se plegaron a los planes oficiales. Aquí habrá algunos estira-y-encoge, pero en caso de haber elecciones, concurrirán.

4.- Hay otro sector de la oposición, el de Guaidó y su G4, que plantea el tema de las condiciones necesarias para que un evento electoral sea aceptable. Aquí se entra en el tema de la vaguedad, de “lo bueno” y su enemigo “lo perfecto”, del montoncito de arena. Como jamás ha habido ni habrá unas elecciones perfectas, ¿cuándo son aceptables? Aquí se desliza el zombi electoral a hacer de las suyas.

5.- Unos dicen que se audite el Registro, otros plantean que con testigos en las mesas no hay trampa que valga, los de más allá indican que si lo que se ha vuelto insolente militarada en los centros de votación se contiene, o que si se frena a los locos abstencionistas, las elecciones serían aceptables. Todas esas nociones esconden el hecho de que bajo el despotismo de la corporación criminal, en la actualidad, en las condiciones venezolanas que no son estadísticas y promedios de dictaduras en el mundo, el régimen no aceptará una derrota electoral porque asume que no sería solamente una victoria opositora sino del “imperio”.

6.- El régimen ha desconocido los resultados electorales, en algunos casos con fraudes en los comicios, en otros a través del repudio a la voluntad ciudadana. Al lado de los fraudes cometidos, están las victorias opositoras vaciadas progresivamente de contenido: la victoria democrática del referéndum de 2007 fue anulada con el referéndum que “ganó” Chávez en 2009; la victoria clamorosa de la Asamblea Nacional fue vaciada por la persecución a sus miembros, la asunción ilegal de sus atribuciones por la ilegítima Asamblea Constituyente, el impedimento de la incorporación de los diputados de Amazonas, la toma de sus espacios físicos. De la AN quedan los diputados, dispersos antes del covid-19 y Guaidó como presidente de ese cuerpo y presidente interino, sin ejercicio de poder interno, aunque con el reconocimiento (ahora entibiado) de decenas de países y al parecer con el control de muchos recursos fuera de Venezuela. No es poca cosa, pero no es la Asamblea Nacional en funcionamiento.

7.- El problema no son las condiciones electorales. Así parecieron entenderlo Guaidó, toda la oposición unificada a comienzos de 2019, y más de 50 países, por lo que el tema electoral se planteó correctamente: primero, cese de la usurpación; luego transición; y, al final de ese camino, elecciones. Esta ruta fue alterada por Guaidó cuando entró en negociaciones con el régimen en Oslo y Barbados sobre “condiciones electorales”, a espaldas de varios aliados fundamentales. Entonces, el “cese de la usurpación” se disolvió en la noche de los tiempos, abandonada a las puertas de la ciudad por sus progenitores, irreconocibles en capucha..

8.- “Lo bueno” de unas elecciones bajo el régimen, ante “lo perfecto” de la salida del poder de la corporación criminal, es una trampa lógica y retórica porque, en realidad, es solo la compra de un ticket para la cohabitación. No es ni siquiera compartir la casa en dos habitaciones contiguas, sino aceptar un catre en el patio de atrás, al lado del tambor de basura, los cauchos viejos y la mata de mamón macho, de ese que florea pero no carga.

9.- Ignorar la consigna de la salida del régimen y colocar en primer lugar las elecciones implica hacerse los locos ante ese pequeño detalle de que no hay elecciones libres (“buenas” sin ser “perfectas”) sin cambio de régimen, asunto que se derrite en los trabalenguas de discursos mal pronunciados.

Carlos Blanco
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sábado, 27 de junio de 2020

CARLOS BLANCO, TRUMP DONDE DIJO DIGO, DIJO DIEGO

1.- “El estilo de Trump” –como se le denomina con excesiva indulgencia– ha estado embutido en la política venezolana desde el día cero de su mandato y más aún desde que Guaidó se juramentó como presidente interino. El apoyo del gobierno de Estados Unidos ha sido el más importante, al lado de los de Colombia y Brasil. En la medida en la cual ha pasado el tiempo y Guaidó ha dado los traspiés conocidos, el apoyo internacional se mantiene, aunque más frío; Washington, por su parte, siempre se ha mantenido allí, con un discurso fuerte, sanciones y movimientos militares en el Caribe.

2.- Hace pocos días ocurrieron, en cadena, acontecimientos significativos. La aparición del libro de John Bolton mostró una vez más a Trump como un hombre complejo, excesivamente contradictorio y, en el caso de Venezuela, con una opinión adversa hacia Guaidó; además, exhibió las contradicciones internas del gobierno de Estados Unidos sobre la magnitud, conveniencia y ámbito de las sanciones.

3.- En la entrevista con Axios mostró desdén hacia Guaidó, en un trato que contrastaba con el recibimiento que le dio hacía pocos meses; como si fuera poco, dejó caer la posibilidad de reunirse con Maduro; de acuerdo con mi libre traducción habría dicho: «Tal vez pensaría en eso… A Maduro le gustaría reunirse. Y nunca me opongo a las reuniones, ya sabes, rara vez me opongo a las reuniones». Luego: «Siempre digo que pierdes muy poco con las reuniones. Pero hasta este momento, las he rechazado».

4.- El revuelo en la oposición venezolana fue brutal y el retruque hacia Washington tuvo similar calado. Parecía que se había suspendido el apoyo al interinato y que el camino era una negociación con Maduro sin propósito definido. Sin embargo, el lunes 22 de junio pasado, la posición del gobierno de Estados Unidos fue precisa: sigue el apoyo a Guaidó y Trump directamente aseguró que solo se reuniría con Maduro para urgir día y hora de su salida del poder.

5.- En este batiburrillo algunas cosas parecen estar más claras; la posición oficial es que el apoyo al interinato sigue invariable y que no va a haber “arreglo” con Maduro para que este siga allí. Sin embargo, las anécdotas revelan falta (o pérdida) de entusiasmo hacia Guaidó y una especie de sorpresa por la capacidad de resistencia del régimen y de su actual jefe. Cualquier análisis serio sobre las perspectivas actuales tiene que pasar por tales consideraciones.

6.- Esta situación se expresa en muchos campos. Hay quienes dicen que no hay votos en la OEA para una invasión. Aparte del truco que significa decir que la intervención humanitaria es “una invasión” o no es nada, por supuesto que no hay votos para la aplicación integral del artículo 8 del TIAR. En el pasado hubo la mayoría de 13 votos y hoy no los hay. ¿Por qué? Sencillamente porque se abandonó la agenda del TIAR en el altar de las negociaciones con el régimen; y el interinato no se dedicó a mantener la ruta que habría sido cónsona con la aplicación del TIAR. Por tal razón, intentar chotear el TIAR porque ningún país está dispuesto es olvidar que quienes tienen que construir esa oportunidad son los dirigentes opositores venezolanos encabezados por el reconocido presidente interino.

7.- Más allá de las declaraciones, el enfriamiento es real. Lo que se corresponde con la situación doméstica en la cual el régimen se ha sentido suficientemente fuerte como para marear a los dialogantes con un CNE paritario y luego nombrar el suyo, con el abuso del Maikel en su disfraz judicial, cambiar a los jefes de los partidos y montarse en sus elecciones.

8.- Todo un sueño pastoral para Maduro despiadadamente interrumpido por la pesadilla del arresto de Alex Saab; con lo que es y representa porque con su prisión se deshace una de las pocas, aunque poderosas, columnas que sostiene el tinglado rojo.

Carlos Blanco
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viernes, 19 de junio de 2020

CARLOS BLANCO, LA PAYASADA DEL NUEVO CNE

1.- El tema electoral estuvo sobre la mesa desde comienzos de los diálogos en Oslo y Barbados entre Guaidó, el grupo de partidos que controla la Asamblea Nacional y el régimen; paralelamente se desteñía “el cese de la usurpación”.

2.- La ruta, como se sabe, comenzaba por la salida del régimen, un período transitorio de gobierno presidido por Guaidó y luego elecciones libres y limpias. Poco a poco, ya no era la salida del régimen sino solo de Maduro (hasta acompañados por Padrino López y Maikel Moreno íbamos a quedarnos); luego era que saldrían Guaidó y Maduro de sus “cargos”, para realizar unas elecciones; más adelante la cosa se restringió a un CNE con dos de “ellos”, dos de “nosotros” y uno de común acuerdo. Visto lo visto, la cosa no funcionó.

3.- Bastante se advirtió que el régimen exigía algo que la oposición dialogante no podía dar: fin de las sanciones; y la oposición exigía algo que el régimen no podía dar: el camino voluntario para el fin de su poder. Cuando la oposición exigió sanciones para el régimen, los países amigos –principalmente Estados Unidos– encontraron campo fértil para decisiones que ya habían tomado, lo cual demostraba una convergencia de enfoques entre actores de la comunidad internacional y de la nacional; luego, Estados Unidos no iba a echar hacia atrás medidas engarzadas en su política internacional porque a tal o a cual dentro de Venezuela le conviniera para poder seguir en diálogo con el régimen.

4.- Por su lado, nunca, bajo ningún respecto ni condición, el régimen ha estado en disposición de avenirse a una salida electoral que signifique la mera posibilidad de su salida del poder. Un incorrecto diagnóstico de unos, y una panda de vividores, otros, alentaron ese tema como si tal cosa fuese viable. Lo que no asumen es que el régimen no quiere ni puede, ni siquiera lo contempla, salir del poder por la vía de razonamientos enjundiosos o atribulado por la miseria en la que ha sumido al país. Ya ellos saben que perdieron el apoyo popular y no lo tendrán más nunca; solo les quedan el garrote y las escopetas que usan a discreción.

5.- En ese estira y encoge el régimen obtuvo lo que siempre buscó: tiempo. Cuando lo consideró suficientemente ganado se tiró la faroleada de mandar largo a Kazajstán el diálogo con Guaidó y el G4. En ese lapso logró que se consolidara una oposición dialogante alternativa: la AN de la hoja de Parra, la Mesa de la Casa Amarilla, varios diputados –dicen que algunos encubiertos todavía–, el partido de Henri Falcón, entre otros. Esta oposición, más afín al régimen y menos ambigua en sus aspiraciones burocráticas y política, no esperó tener un CNE 2+2+1, sino que se conformó con 3+2 y lo obtuvo.

6.- Una vez que mareó al G4, ganó tiempo, obtuvo una relativa estabilización en relación con el año pasado y comienzos de 2020, no se quedó con lo ganado sino que avanzó. El nuevo paso es la destrucción de los interlocutores que hasta hace poco utilizó. En esa fila están Voluntad Popular, AD, Primero Justicia y tal vez hasta UNT. Se envolvieron en el diálogo hasta el viernes pasado, mientras Maduro, refocilado en su sillón grasiento, en medio de las risas macabras de sus Jokers, afilaba la navaja.

7.- Por cierto, el paso dado por Bernabé Gutiérrez para ser el instrumento del régimen contra la jefatura de Henry Ramos Allup muestra que está vigente aquella filosofía del sentido común, según la cual el jefe controla todo hasta que pierde todo el control con el más cercano, el “más leal”. Mientras uno dialogaba dentro del G4, el otro dialogaba desde “la mesita”, que se entendió más rápido y mejor con el régimen. Ahora, las bases adecas y los dirigentes no contaminados de “diálogo” tienen, otra vez, despejado el camino para la resistencia.

8.- El régimen se dirige a unas elecciones parlamentarias en las que intentarán participar sus promotores de la oposición representada por la Mesa de la Casa Amarilla y algunos más que se excusarán con el clásico “pañuelo en la nariz”.  Si lo logran, acabarán por la vía de mengua con un interinato ya menguado y reconstruirán un período de pedregosa estabilidad.

9.- Sin embargo, pienso que esas elecciones no ocurrirán; no veo al país en condiciones de soportar otra impostura.

Carlos Blanco
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miércoles, 3 de junio de 2020

CARLOS BLANCO, MADURO SIGUE ALLÍ

1.- A pesar de todas las fuerzas nacionales e internacionales que se han empleado, el régimen sigue allí. ¿Más débil? ¿Comparado con qué? Sí, está más débil que lo que era en 2019. La voracidad de la crisis económica es mayor; la oferta de gasolina no tiene solución estructural; la presión de Estados Unidos se ha incrementado; la violencia ha tomado el país; el covid-19 es una realidad cuyo verdadero rostro dentro de Venezuela todavía no sabemos; la represión se ha extendido; y las instituciones están peor que nunca. Es un régimen que comparado consigo mismo es más frágil.

2.- Diferente es si se le compara con la oposición política. En este campo el régimen tiene mayor fortaleza relativa y mayor estabilidad, aunque esta sea como la que hay en un pent-house sacudido por un terremoto. La oposición de hoy no es ni la sombra de la de enero de 2019 y se ha debilitado por lo errático del interinato, a ratos comprometido con el fin del régimen –y hasta con la exploración de opciones militares– y a ratos con una negociación que ni sigue ni frena; con unos personajes que no representan a nadie que los autorice y dejando que se cuelen unas imprecisas elecciones.

3.- Hay otra dimensión del régimen que escapa a la disputa interna. El régimen venezolano ha logrado insertarse entre los factores estratégicos mundiales. Uno de sus aportes esenciales ha sido un espacio geográfico –el territorio venezolano– en el cual no solo hay manga ancha para el narcotráfico, el lavado de dinero y santuarios para grupos ilegales, sino que se ha clavado en el corazón del Caribe y en la puerta de América del Sur como centro de promoción de la agitación zurda internacional. Ya no es Cuba –aunque esté por detrás manejando los hilos– sino Venezuela el centro de la desestabilización.

4.- Hay quienes confían en que la crisis económica acabará con el régimen de Maduro y no pareciera, por lo que se observa, que será así, a menos que haya un incidente que dispare la tormenta vinculado a la carestía. De lo contrario, este proceso continuo en el cual hoy hay más hambre que ayer y menos que mañana, puede prolongarse. Este camino está lleno de gente que se desintegra física y moralmente, suicidios, padres que no comen y ven a sus hijos acostarse sin comer. Un día tras otro.

5.- Tampoco la solución vendrá de fuera. Cierto que solos no podemos, pero los de afuera solos tampoco podrán. El régimen de Maduro es una operación internacional que involucra a Cuba, Rusia, China, Irán, Turquía, Nicaragua, así como grupos irregulares que se despliegan en el territorio nacional. Solo una operación internacional que involucre a nuestros principales aliados –Estados Unidos, Colombia y Brasil– podrá enfrentarlos, pero en el itinerario de este proceso libertario tienen que estar una dirección política venezolana y no una comparsa de la voluntad externa. El equipo estratégico de Venezuela debe ser el punto focal de la alianza internacional.

Carlos Blanco
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miércoles, 27 de mayo de 2020

CARLOS BLANCO, CAP: UN HOMBRE PARA LA HISTORIA

Contra la imagen que sus enemigos quisieron forjar, el presidente Carlos Andrés Pérez solo tenía una confesada ambición: la historia. Le obsesionaba la manera en que su papel fundamental en toda la segunda mitad del siglo XX venezolano sería registrado. Tal vez este haya sido su motor y su determinación más importante para atreverse a intentar cambios de profundidad inimaginable en su segundo gobierno.

CAP no llegó a culminar su formación académica, sin embargo, leía, reflexionaba y, sobre todo, tenía una inmensa capacidad para absorber el conocimiento de sus contertulios. Una etapa crucial de su formación intelectual, ya en su madurez, fue el período que media entre sus dos presidencias. En ese tiempo viajó mucho por el mundo y se puso en contacto con líderes mundiales; periplos en los cuales tuvo un importante papel quien después sería su ministro de la Secretaría y Canciller, Reinaldo Figueredo.

Cuando CAP se propone la segunda presidencia entiende que Venezuela necesita cambios muy profundos. Comienza a hilvanar una transformación inédita que le permitiera a Venezuela salir del rentismo petrolero, para lo cual se requerían no solo adecuadas políticas económicas sino transformaciones políticas e institucionales de inmensa magnitud. Era consciente –alguna vez lo conversamos– de que su primer gobierno había reforzado casi inevitablemente el rentismo debido a la abundancia de recursos imprevistos que le correspondió administrar.

Las reformas

La Comisión para la Reforma del Estado (Copre) fue creada por el presidente Lusinchi, a la cual le dio un apoyo consistente durante poco más de un año. Cuando se planteó la elección popular de gobernadores y alcaldes, Lusinchi le retiró el apoyo a la Copre tanto del gobierno como de Acción Democrática. Sin embargo, CAP en forma discreta, pero no secreta, se interesó en el trabajo que se realizaba y compartió la idea de que la reforma del Estado debía ser el gran objetivo de su gobierno. Logró ser el candidato de AD de abajo hacia arriba y desde afuera hacia adentro en una campaña que se convirtió en imparable, a pesar de la oposición de la dirección de su partido y del gobierno encabezado por sus propios compañeros. Aquí se sembró la distancia y el odio fratricida que después tanto aportarían al derrocamiento de CAP.

El 23 de enero de 1988 a los 30 años de la caída de la dictadura, ya convertido en candidato oficial de su partido, el presidente Pérez pronunció un discurso en la sesión del Concejo Municipal de Caracas en el que planteó sin ambages su compromiso con la reforma del Estado. Tal compromiso conmovió a los miembros de la dirección de AD contrarios a las reformas.

La campaña electoral de 1988 estuvo signada fundamentalmente por las reformas que debían llevarse a cabo en el sistema político. CAP y Eduardo Fernández, los dos principales candidatos, las tuvieron como banderas; tanto que el 29 de agosto de 1988 –antes de las elecciones– los dos aspirantes llevaron a sus partidos a aprobar la Ley de Elección y Remoción de los Gobernadores de Estado. La dirección dominante de AD lo hizo a regañadientes porque sus miembros sabían que perderían poder. Se venía de aquella operación del gobierno de Lusinchi en la cual se designaron a los secretarios generales regionales de AD como gobernadores de estado, para, con la descentralización, tener que compartir el poder en los estados por obra de la elección popular.

Igualmente, tuvo clara conciencia de la necesidad de darle un vuelco a la economía. Tuve la fortuna de estar presente en encuentros de CAP con Gerver Torres, Moisés Naím, Gustavo Roosen, y de saber de su búsqueda de talentos entre gente joven y formada. Especial papel cumplió la estrecha relación que estableció con Miguel Rodríguez, cuya inteligencia y verbo con pedigrí lo impresionaron; sobre todo, la claridad en relación con el programa que debía desarrollarse en el gobierno. También apeló a quienes estando vinculados a su partido tenían posiciones propias y hasta controversiales como Armando Durán y Simón Alberto Consalvi y a amigos entrañables como Beatrice Rangel, Antonio Ledezma y Reinaldo Figueredo. Igualmente, figuras de su partido entre las que descolló un hombre bondadoso como Alejandro Izaguirre y algunas concesiones forzadas a Gonzalo Barrios y otros dirigentes adecos. En enero de 1989, en presencia de Antonio Ledezma me propuso la presidencia de la Copre.

La reforma económica y la reforma política serían los buques insignia de su gobierno.

El Caracazo

A los 25 días de gobierno estalla el Caracazo. Esa rebelión no fue ni un plan de Fidel Castro ni una expresión pura de desencanto popular por la crisis social de la década de los ochenta; fue un estallido espontáneo que, a las horas, fue colonizado por grupos organizados de la izquierda sumergida e insurreccional. Como las hipótesis de conflicto que había estaban fundamentalmente hacia las zonas fronterizas, Caracas no poseía importantes unidades militares para manejar estas crisis de orden público y la policía estaba penetrada por el malandraje radical, al menos en un sector. Entre la perplejidad, la comprensión tardía de lo que ocurría, la ausencia de tropas en Caracas, y la velocidad en que los medios de comunicación desplegaron los incidentes, se retardó la respuesta y la crisis se hizo mayor.

Una de las razones del retardo en sacar a las fuerzas del orden público a la calle fue –y eso casi nadie lo comenta– porque CAP quería suspender las garantías para hacerlo y no lo iba a hacer sin el apoyo de todos los partidos políticos. Después del Consejo de Ministros del 28 de febrero en la mañana, el presidente convocó a los partidos. A AD y Copei al mediodía y al resto de los partidos un tanto después, como a las 2:00 pm. AD y Copei respaldaron al presidente inmediatamente; los demás partidos, MAS, La Causa R, MEP y otros, se empataron en una discusión interminable, mientras CAP, el ministro Izaguirre y los jefes militares encabezados por Ítalo del Valle Alliegro, esperaban y esperaban para tomar medidas que no podían tomar si no se suspendían las garantías y no se suspendían porque los partidos menores discutían y discutían, y al final no respaldaron al presidente. Recuerdo cómo el general Alliegro, gran militar y gran demócrata, comentó en mi presencia y con extrema impaciencia: si no se suspenden las garantías no puedo sacar las tropas a la calle. Así se respetaban las leyes en ese tiempo.

La demora política permitió que la rebelión avanzara hasta niveles incontrolables y el uso del Ejército en terreno desconocido ocasionó más víctimas que las que una acción temprana de contención habría permitido. Fueron casi 300 ciudadanos los muertos en el Caracazo. Nada de los miles que argumentaba Chávez y siguen argumentando algunos; pero, esa cifra de 300 es lo suficientemente trágica como para no necesitar por politiquería barata aumentarla más. La información la reportaba el ministro de la Defensa cada cierto número de horas al Consejo de Ministros reunido de forma permanente.

Ese evento fue un golpe noble al gobierno del cual nunca se recuperó completamente. Se generó la narrativa según la cual el “paquete neoliberal”, que ni era neoliberal ni se había aplicado, salvo los 25 céntimos de bolívar del aumento de la gasolina, había provocado el Caracazo. Esa narrativa tal vez podría haberse contrarrestado pero AD se sumó a la lucha contra el “neoliberalismo” gubernamental. Es la segunda ruptura de AD con Carlos Andrés Pérez.

Dos días después, en un almuerzo en la cual estábamos Armando Durán y yo, le pregunté al presidente su opinión sobre el Gabinete que había nombrado un mes antes. Respondió que le parecía magnífico, que era de primera. Allí Armando Durán le dijo: Presidente, eso podía haber sido hasta el 27 de febrero, pero de entonces en adelante es otro Gabinete el que se necesita.

La ruptura con AD

Hay tres procesos que marcan la ruptura entre AD y CAP. El primero es la designación del Gabinete. Los dirigentes con mayor poder consideraban que el partido no estaba adecuadamente representado entre los ministros. El segundo fue la descentralización política que dio como resultado en la primera elección de gobernadores y alcaldes el siguiente resultado: de los 20 gobernadores electos, 11 correspondieron a AD, 7 a Copei, 1 a La Causa R y 1 al MAS y de los 269 alcaldes electos, 149 correspondieron a AD, 99 a Copei, 11 al MAS y 10 a otras fuerzas políticas. El partido pasó de tener todo el poder regional a tener la mitad. El tercero fue el proceso de reforma económica que significaba la apertura de la economía, la competencia del sector privado con sus pares foráneos, la libertad de invertir, la privatización de bienes en poder del Estado que habían permanecido como piezas del clientelismo y no de la eficiencia productiva, la reforma comercial, la libertad cambiaria y otras transformaciones que no desaparecían el rol del Estado sino que lo innovaban. Reformas que, por cierto, eran apoyadas retóricamente por el empresariado pero que a puertas cerradas muchos de sus integrantes se les oponían por precipitadas e imprudentes, ya que los obligaban a cambiar su molicie de tanto estar recostados al Estado.

Las relaciones fueron de estira-y-encoge permanente entre partido y gobierno. Recuerdo una reunión en La Casona entre el gobierno y el partido. Miguel Rodríguez hizo una convincente intervención ante un grupo de dirigentes adecos que le estaban buscando la caída; también habló Pedro Tinoco, presidente del BCV. Alfaro Ucero se quejó del gobierno y de “algunos ministros” –refiriéndose a mí; lo haría después igual en un CDN- que escriben en los periódicos “en contra del partido”; la verdad es que no escribía “en contra” sino que planteaba críticas a la conducta de AD. En esa reunión el único dirigente que habló con intención constructiva y analítica fue Luis Piñerúa Ordaz, hombre de gran honradez intelectual y política, adversario de Pérez en los momentos de gloria del presidente y solidario compañero y amigo en las horas amargas de la adversidad; hizo preguntas, indagó y criticó. Al salir de esa reunión, Octavio Lepage me comentó sobre la intervención de Miguel Rodríguez y como para excusar la falta de participación de los demás dirigentes en el debate, “es que Miguelito es un encantador de serpientes”, refiriéndose a su talento y elocuencia.

La única otra oportunidad en la que Alfaro Ucero y el CEN que controlaba apoyaron a CAP fue con ocasión del 4 de febrero de 1992, a un costo alto para el presidente. Un mes después del golpe habría cambio de Gabinete y salimos de nuestras responsabilidades Miguel Rodríguez, Gerver Torres, Imelda Cisneros, Virgilio Ávila Vivas, Armando Durán, y yo, entre otros, con el propósito de darle más participación a la gente del partido, con excepción de Cordiplan, en el cual el sustituto de Miguel fue Ricardo Hausmann. CAP pensaba, equivocadamente, que así obtendría respaldo del partido. No lo obtuvo y las reformas no pudieron avanzar mucho más. Miguel pasó unos días como presidente del BCV del cual fue eyectado por la inquina de AD en su contra.

Pedro Tinoco es otro capítulo aparte. Fue gran amigo personal del presidente. Hombre de pocas palabras y certero en su razonar. Respetaba y creía mucho en Miguel Rodríguez; fue impulsor, también él, del Gran Viraje. Sin embargo, fue un desacierto su nombramiento como presidente del BCV y en una conversación entre el presidente, su hija Sonia, Armando Durán y yo, después de un almuerzo, cuando los otros ministros se habían retirado, le planteamos al presidente la inconveniencia de Tinoco en el BCV no por las razones que esgrimían sus enemigos contra el Gran Viraje sino porque no se podía venir de la presidencia del Banco Latino y de la Asociación Bancaria a ser presidente del BCV. Lo podía haber nombrado ministro de Hacienda; sin embargo, AD se tiró en el piso por ese cargo.

No todo el partido estaba en contra del presidente. Hubo dirigentes importantes pero sin poder interno que apoyaron y en algunos casos lideraron las reformas: Arnoldo José Gabaldón, Pedro París Montesinos, Héctor Alonso López, Antonio Ledezma, Carlos Canache Mata, Marco Tulio Bruni Celli, Aura Celina Casanova, entre algunos más.

Nuestros errores

He sostenido que los miembros independientes del gobierno cometimos, en mayor o menor grado, errores importantes. También el presidente. Esos errores fueron básicamente, en primer lugar, los de la arrogancia política e intelectual. En un doble sentido: algunos estimaron que las políticas a aplicar serían tan eficaces que sus propios resultados inmediatos exonerarían de los tragos amargos que en lo inmediato provocarían. Tinoco lo expresó una vez con una frase original que quedaría para nuestra historia: “La mejor política social es una buena política económica”. En otro sentido, la arrogancia se manifestó en la idea de que los jefes adecos eran unos ignorantes incapaces de discutir los temas que la ilustración del Gabinete desarrollaba y, por tanto, podíamos desentendernos de sus dudas y sus silencios; en clara impericia de este lado ya que podían no saber pero tenían inmenso poder. No supimos neutralizar su oposición y menos ganarnos su respaldo. Tal vez no era posible pero el intento no fue entusiasta, salvo por quienes dentro del gobierno equivocadamente les hacían concesiones a sus caprichos clientelares.

El otro error le corresponde al presidente. Quien esto escribe estaba totalmente de acuerdo con el Gran Viraje, sin embargo estaba convencido que sin apoyo político no sería viable. La descentralización había conseguido un gran respaldo en la opinión pública, no así la reforma económica; a pesar de que el Gran Viraje llevó a la economía a crecer a tasas altísimas, en 1990 fue de 7% y en 1991 de 10%, con una reducción sustancial del desempleo a un nivel de 6%. Tengo como imborrable la vez en la que le presenté mis dudas sobre el curso que llevábamos sin el suficiente apoyo político, tesis que compartíamos Durán, Ledezma, Izaguirre, Pastor Heydra, entre otros, y la respuesta que me dio el presidente fue tajante: “Ministro, hagan ustedes su trabajo que yo me ocupo de darles el apoyo que necesitan”. Al final, su capital político no dio para tanto.

En una oportunidad muy temprana y ante la seguridad de que AD no lo apoyaría, le propusimos que se fuera a la calle a recabar y organizar el apoyo popular que tenía y que podía incrementar. Ledezma organizó una primera gira a Cumaná que fue apoteósica y le planteamos seguir en ese camino. No lo hizo y quedó amortiguado solo por su capital político que perdió fuelle a velocidad asombrosa. AD desdeñaba a Pérez, pero este no podía darse el lujo de desdeñar a AD y no trabajó lo suficiente para convencer a varios de sus dirigentes. Hay quien dice que ese trabajo solo habría significado cuotas de  poder –como ocurrió después del golpe del 4-F–, mientras otros consideran que podría haberse obtenido apoyo con más interacción personal. Era un problema de economía política que nunca sabremos si podría haber tenido otro resultado.

La Convención de AD en 1991 la podía haber ganado un hombre solidario con CAP, Héctor Alonso López. La verdad es que el presidente no puso su peso político (¡y mucho menos recursos!) para que López ganara: perdió por 78 votos la Secretaría General, mientras la estructura cuaternaria del partido anuló delegaciones y con algunos fraudes se impuso.

La venganza del gomecismo

El gomecismo, en su evolución hacia el “lopecismo” y el “medinismo”, representados por los generales López Contreras y Medina Angarita, nunca perdonó a los adecos el golpe de 1945. Ese gomecismo se desparramó y licuó en la historia, pero quedó vivo en manos de una élite política representada por Arturo Uslar Pietri.

Uslar y el grupo de notables que se aglutinó a su alrededor también se uncieron al tropel de las reformas. En la Copre fueron invitados permanentes y en varios aspectos ayudaron a ampliar su significación en la opinión pública. Algunos pensamos que este esfuerzo conjunto iba a permitir superar las resistencias que en el mundo partidista se producían hacia el gobierno que las impulsaba. No fue así. Cuando CAP perdió el apoyo de su partido, Uslar y los notables arremetieron desde otro frente: primero dijeron que los cambios no eran suficientes y luego que CAP no podía desarrollarlos porque la corrupción que representaba –según su criterio- era abominable. Varias veces conversé con el escritor sobre el tema y se mostraba proclive a apoyar los cambios y en el curso de ese proceso en realidad lo que se proponía era quitarle todo pilar de sustentación al gobierno. De allí a pasar a exigir la renuncia del presidente no hubo sino un pequeño trecho.

En el fondo, la posterior victoria de Chávez y la tragedia conocida, fue la venganza del gomecismo representado por sus más ilustres herederos: Arturo Uslar Pietri, José Vicente Rangel y los Notables.

Un aliado inesperado de los Notables desde una perspectiva histórica fue Rafael Caldera. Durante el gobierno de CAP consideraciones especiales fueron dadas a Caldera. Fue Presidente de la Comisión Bicameral de Reforma Constitucional desde 1989 y la Copre le dio todo su apoyo para que el ex presidente cumpliera su misión. CAP estimuló este apoyo, especialmente cuando se programaron las Jornadas Constitucionales Jóvito Villalba presididas por Caldera, para discutir las reformas de la Carta Fundamental. Sin embargo, por diversas razones psicológicas, políticas e históricas, Caldera tenía aborrecimiento hacia Carlos Andrés Pérez que este no tenía hacia él y a pesar de la distancia condescendiente con la que se trataban, cuando Caldera lo percibió débil le saltó a la yugular. Su vuelta a un segundo período no tenía el carácter de una nueva propuesta sino de una revancha.

A partir del golpe de Chávez el descontento adquirió el rostro de un oficial del Ejército, pero quien podía recoger la efervescencia y la inquina social fue Caldera quien la empleó a fondo en su marcha desde “la reserva” hasta el estrellato. Después del 4-F el presidente estaba muy débil y muchas iniciativas se disolvieron en la crisis gravísima derivada de un gobierno arrinconado.

En una oportunidad, antes del segundo golpe del 27 de noviembre de 1992, fuimos a visitar a Caldera Joaquín Marta Sosa, Andrés Stambouli y yo. Tuvimos una conversación larga y allí le planteamos que se reuniera con CAP para que entre los dos líderes abortaran la crisis talla mamut que se avecinaba. Caldera en su sillón enlazó sus manos a la altura de las rodillas, bajó la cabeza en actitud reflexiva y al cabo de unos segundos preguntó: ¿el presidente Pérez sabe de esta reunión?, le dijimos que no. Luego nos respondió: no puedo… moralmente no puedo. Así se abortó una iniciativa que la pensamos como instrumento para domesticar el conflicto.

Los jinetes del apocalipsis ya andaban juntos: Uslar Pietri, José Vicente Rangel, Ramón Escovar Salom y Rafael Caldera, mientras en la sala de máquinas Alfaro Ucero, secretario general de AD y sus sargentos preparaban el derrocamiento del presidente.

Los militares

Las Fuerzas Armadas fueron factor esencial para la recuperación y luego la estabilidad democráticas. Nunca dejó de haber en su seno murmuraciones, trapisondas y conspiraciones, tal vez menores en las presidencias de Raúl Leoni, Caldera I y CAP I. Cuando Carlos Andrés Pérez llega a su segunda presidencia ya se sabe que Chávez y su gente andaban conspirando desde hacía rato y también había un bochinche de generales: pugnaban entre sí altos oficiales con formación intelectual y, si no aspiraciones, al menos posiciones políticas militantes. La competencia entre varios de ellos limitaba la colaboración entre organismos y convertía la inteligencia recabada en disputas interminables.

CAP subestimó las informaciones sobre la conspiración de Chávez. Lo hizo por dos razones: no se concebía en ese entonces y él menos que nadie, que pudiera haber intentos de golpe contra la democracia ya considerada estable; y consciente como estaba de la pugna entre generales, atribuía en alguna medida el manejo de informaciones y rumores a esa causa. Aunque la verdad es que todo el mundo hablaba de golpe y Uslar Pietri lo anunciaba; en los trabajos de la Copre, ya a finales de los años ochenta se planteaba que de no adoptarse las reformas hasta el golpe de estado podría estar planteado.

Al producirse el 4-F, CAP se colocó al mando con los eventos conocidos. Sin embargo, no tenía en sus manos el control militar completo y ese golpe descompuso la situación institucional aún más. Muchos dentro del gobierno, del partido y en sectores políticos pensaban que el general Ochoa Antich, ministro de la Defensa, era parte del golpe. CAP nunca lo creyó; decía que “los Ochoa son locos, pero no traidores” (exceptuaba al padre, a quien quería mucho, de tal crítica). Lo cierto es que la desconfianza en Ochoa se basó en que desobedeció las órdenes del comandante en jefe en dos oportunidades; una, de la cual fui testigo presencial y alguna vez discutí hace pocos años con Ochoa. Este hablaba con el comandante de la Aviación y el presidente le ordenó que bombardeara La Planicie. El ministro desobedeció transmitiéndole un parecer diferente en voz baja al jefe de la Aviación Militar. De seguidas, CAP, en Consejo de Ministros, nos dijo: van a pasar nuestros aviones de combate para bombardear; no se preocupen. Pasaron y no dispararon ni un tirito… El otro episodio fue la presentación de Chávez “en vivo”, lo que el presidente había prohibido expresamente. Ambos hechos los ha discutido Ochoa en diversas oportunidades; sin embargo, dejaron un ambiente de sospecha sobre muchos mandos militares, lo que se corroboró con el nuevo alzamiento del 27 de noviembre de ese mismo año.

La caída

Al final la tremenda popularidad inicial de CAP se había diluido. La alianza liderada por la revancha gomecista, encabezada por Arturo Uslar Pietri y José Vicente Rangel, logró sumar a personalidades relevantes del país. Allí concurrieron los Notables, Rafael Caldera, Copei, el MAS, las insurrecciones militares, varios medios de comunicación importantes, empresarios que fueron sus amigos, y, desde luego, el golpe de gracia con la traición de Acción Democrática. Al término del breve gobierno de Ramón J. Velásquez llegó Caldera y después de dos años de cumplir al pie de la letra su Carta de Intención con el Pueblo Venezolano, que significó una crisis financiera y económica brutal, firmó su Carta de Intención con el denostado FMI para adoptar con Teodoro Petkoff el programa “neoliberal” contra el cual había basado su largo camino de nuevo al poder. Entonces el líder social cristiano contó con el auxilio de Acción Democrática, auxilio que este partido le había negado a su compañero Presidente y que ahora prodigaba en abundancia para desarrollar con Caldera las mismas políticas que con CAP condenaba.

En esa soledad que precede a la caída, CAP vio desfilar a sus enemigos alborozados y a muchos de sus antiguos compañeros y amigos. La asquerosa trama judicial desarrollada desde la Fiscalía por Escovar Salom y desde la Corte Suprema por magistrados cuyo ascenso Pérez había apoyado, conformaron la hoja de parra con la que se cubrió lo que de otra manera no podría sino ser calificado como derrocamiento.

Carlos Andrés Pérez soportó con estoicismo la destitución; las infamias de sus enemigos, ahora con carne de cárcel para morder; la prisión en El Junquito; la prisión domiciliaria; el exilio; la soledad; y, al final, una senda injusta y tortuosa hacia la muerte. Sus enemigos yacen en la cuneta del olvido o en el desprecio de los ciudadanos que hoy padecen las consecuencias del irreversible disparate de entonces. Varios dolores le conocí y dos me impresionaron para siempre: la muerte de Jóvito Villalba que tuvo para Pérez un significado muy hondo, del cual no tenía noticia; y la traición de AD, de sus compañeros, de su partido, de una parte casi completa de su vida.

Otra vez: la historia

Poco a poco Carlos Andrés Pérez retorna a la senda de la gloria a la cual aspiró y con la misma cadencia, con paso firme y sonrisa franca, logra el objetivo que tuteló su vida: llegar a la historia como un gran hombre que, como todos, tenía muchos defectos y excelentes virtudes.

Fue condenado y derrocado no por los errores que cometió sino por los aciertos que tuvo. Fue condenado y derrocado no por el pueblo sino por las élites. Algún día será reivindicado plenamente y los que trabajamos con él estaremos allí, orgullosos del intento más completo de transformación emprendido en el último medio siglo.

Carlos Blanco
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