domingo, 29 de diciembre de 2019

ENRIQUE GUILLERMO AVOGADRO: EL MISMO AMOR, LA MISMA LLUVIA. CASO ARGENTINA


Como parte importante de la blitzkrieg del peronismo pegoteado (impuestazos, degradación de las instituciones, abuso de medios públicos) la clara intención de Cristina Fernández de obtener total impunidad respecto a las innumerables causas por corrupción que la afectan -y, con ella, a sus hijos- se materializa diariamente a través de su control sobre los organismos que actúan como acusadores en las mismas y en el Consejo de la Magistratura, que controla la designación y la remoción de los jueces. Por lo que se ha visto en los últimos días, me atrevo a decir que la obtendrá.


Por otra parte y como era de esperar dada su ideología, Sabina Frederic, la Ministro de Seguridad de Alberto Fernández, adoptó desde su designación, hace sólo dieciocho días, una serie de medidas que tendrán fuertes consecuencias sobre la sociedad.

Derogó el protocolo que había promulgado Patricia Bullrich sobre el uso de armas de fuego por las fuerzas de seguridad bajo su mando (Policía Federal, Policía de Seguridad Aeroportuaria, Gendarmería Nacional y Prefectura Naval) y, en la práctica, transformó a éstas en inocuas frente al delito en todas sus formas. A partir de ahora, no solamente los uniformados deberán pedir por favor a los ladrones y asesinos que se entreguen sino que, si tuvieran que disparar para salvar su propia vida, quedarían a merced de los jueces y, dependiendo de cuán garantista (la famosa escuela de Raúl Zaffaroni) sea el magistrado que le toque en suerte, podría terminar absuelto o preso por larguísimo tiempo. La seguridad, ¡bien, gracias! 

También retiró del equipamiento del que dispondrían los agentes que se desempeñan en sitios muy concurridos (estaciones ferroviarias o subterráneas, etc.), las famosas pistolas eléctricas Taser, diseñadas precisamente para evitar riesgos para los ciudadanos durante hechos de violencia en esos ambientes. Y suprimió el Servicio Cívico Voluntario en Valores, creado durante la gestión de Patricia Bullrich y que tuvo una enorme y positiva repercusión en la sociedad, sin dar otra explicación que no se trataba de una actividad específica de la Gendarmería. 

Pero si algo peor cabía esperar, rápidamente se arrogó facultades judiciales -lo mismo que hizo Axel Kiciloff cuando designó dos ministros provinciales, pese a que se encuentran procesados, invocando la teoría del lawfare- cuando dijo que volverá a investigar la presunta responsabilidad de la Gendarmería en la muerte por ahogamiento de Santiago Maldonado y, además, que revisará la pericia que esa fuerza realizó, con control de los jueces, y concluyó en que Alberto Nissman fue asesinado. 

Suprimió la Secretaría de Lucha contra el Narcotráfico y hay fuertes rumores y trascendidos acerca de una suspensión total del famoso "Escudo Norte", montado durante la presidencia de Mauricio Macri para terminar con la porosidad de nuestras fronteras y evitar el tráfico de drogas provenientes de Bolivia y Paraguay. Si esa medida se confirmara, obviamente se revitalizaría la alianza que tantos años vinculó a los grandes carteles con la asociación ilícita que encabeza la familia Kirchner. 

Mientras tanto, la catarata de empresarios, gremialistas y políticos presos por corrupción que salen de la cárcel después del triunfo de Fernández² en las PASO -Julio de Vido, Roberto Baratta, Cristóbal López y Fabián de Souza, Carlos Kirchner, Gerardo Ferreyra, Oscar Thomas, Atanasio Pérez Osuna, Fernando Esteche, Miguel Angel Plo, Omar "Caballo" Suárez y César Milani- continúa sin pausa y, como dije más arriba, van cayendo las causas que involucran a Cristina y sus cómplices.

En todos los casos, esas excarcelaciones y prisiones domiciliarias obedecieron a la nueva norma que dictara el Hº Aguantadero para limitar el arbitrio de los jueces, o a razones humanitarias vinculadas con la salud de los detenidos, bajo el argumento de las carencias que tiene el Hospital Penitenciario Central, ubicado en el penal de Ezeiza.

Es entonces, cuando la indignación me supera. Porque es en ese mismo nosocomio donde se deben atender los militares y civiles, todos ellos ancianos, que se encuentran detenidos en las inventadas y tergiversadas causas llamadas "de lesa humanidad" y que debieran denominarse "de venganza". Nuestro Congreso se cubrió aún más de indignidad cuando sancionó una "ley interpretativa", que dispuso que sólo a ellos no le resulta aplicable la norma del 2x1, es decir, computar dos días soportados de prisión preventiva para reducir en uno cada condena. 

No debería sorprenderme, ya que tampoco rigen con respecto a los dos mil ciudadanos que se encuentran en esa situación -los verdaderos presos políticos- los principios de inocencia, de la duda a favor del reo, de jueces naturales, de irretroactividad de la ley penal, del juzgamiento bajo el régimen jurídico imperante al momento de los hechos, de legalidad, de la ley más benigna ni, por supuesto, las limitaciones a la prisión preventiva. 

En la medida en que las nuevas reglas establecidas para ésta, precisamente las que habilitaron tantas liberaciones de ladrones, debieran ser aplicadas también a estos soldados que, cuando jóvenes, cumplieron su deber con la Patria, no dudo que el inmundo Hº Aguantadero volverá a las andadas, como acaba de hacer con la nueva delegación de facultades legislativas al Presidente, y sancionará otra ley interpretativa que los margine de esos beneficios generales. 

Como se ve, los seculares tangos siguen describiendo, como hiciera "Cambalache", esta Argentina que vive siempre "el mismo, el mismo loco afán(o)". Mientras tanto, que usted y su familia tengan el mejor 2020 posible, que seguramente no será mucho. ¡Hasta el año que viene!

Enrique Guillermo Avogadro
ega1@avogadro.com.ar
@egavogadro
Desde Argentina

TOMÁS STRAKA: CESARISMO DEMOCRÁTICO: LA VICTORIOSA DERROTA DE VALLENILLA LANZ

En diciembre de 1919 –pronto hará un siglo– se publicó Cesarismo democrático. Estudios sobre las bases sociológicas de la constitución efectiva de Venezuela, controvertido texto de Laureano Vallenilla Lanz donde se expone la tesis del “gendarme necesario”, doctrina que sirvió para sustentar, intelectualmente, la dictadura de Juan Vicente Gómez. No obstante, el volumen continúa generando reflexiones pues varios de los asuntos que trata mantienen inusitada vigencia en el contexto venezolano actual.

¿Cómo imaginaría Laureano Vallenilla Lanz el centenario de Cesarismo democrático? ¿Habrá soñado en algunas de sus largas jornadas de escritura en la Venezuela de 2019? Tal vez el treintañero que brillaba en los fastos por

los primeros cien años de la república, hacia 1910, tendría respuestas para esto, como en general las tenía para todo. La seguridad, casi la arrogancia, que mostraba al defender sus ideas, dan pie para suponerlo así. Demoler la Historia Patria a martillazos, con sus cantos épicos y semidioses; pasarla por el tamiz de la sociología, buscar leyes sociales que creyó indefectibles y con todo eso inventar una teoría política para su país, hablan de una valentía, un talento y una capacidad de trabajo enormes. Además, hacerlo con el aplauso y las bendiciones del poder, dan para alimentar el ego de cualquiera. Pero si le hiciéramos las mismas preguntas al sesentón que en 1935 vivía una especie de exilio dorado en Europa, coqueteaba con el fascismo y al morir Juan Vicente Gómez veía resurgir muchos de sus peores temores sobre Venezuela, la respuesta hubiera sido otra. Tal vez reconocería el valor de un libro que al cabo había entusiasmado al mismísimo Mussolini, quien tuvo el gesto de recibirlo en Roma, pero no como la solución a todos los males que soñó hallar en los ensayos reunidos en Cesarismo democrático, sino como su advertencia fallida: el pueblo venezolano, habría espetado, no tiene remedio.

Esa ambivalencia ante Cesarismo democrático la seguimos teniendo hoy. El tiempo se ha encargado de desmentir casi todas sus conclusiones. Sus ideas políticas en lo fundamental fueron derrotadas. Buena parte de los criterios teóricos en los que se basó, hoy están superados y muchos no pasan de ser vistos como pseudociencia. Pero en medio de todos estos descalabros, el libro sale victorioso en dos cosas fundamentales: en su manera de interpretar la historia, que marcó un antes y un después; y en la dificultad de quienes trataron de desmentirlo, para ofrecer una visión alternativa. En 2019 no hay dudas de que eso que llamó «cesarismo democrático» existe, y no sólo en Venezuela: de hecho parece ser un fenómeno mundial. No por las razones que pensó Vallenilla Lanz, tampoco con las consecuencias benéficas con las que se ilusionó, pero existe. Tampoco puede obviarse la revolución que generó al interpretar nuestra historia. El grito que pegó Eduardo Blanco durante una conferencia suya en 1911: “¡Ud. va a acabar con la epopeya!”, tenía mucho de razón. Así como los vanguardistas le torcieron el cuello al cisne modernista, Vallenilla Lanz hizo lo propio con la epopeya romántica. Estrangulamiento del que sólo hoy lamentamos los historiadores que no haya sido total: el cisne, para nuestro mal, en muchos ámbitos logró sobrevivir. Pero al menos no en el de la historiografía, y ese es un mérito que no se le puede regatear.

Las derrotas del cesarismo

La primera gran derrota sufrida por Cesarismo democrático, es la de las intenciones de Vallenilla Lanz. El objetivo final de los ensayos que reunió en el libro y publicó en 1919 era el de sostener una nueva corriente política, cuyo nombre usó como título de la compilación. Hay que entender que es un libro de historia, con análisis de la independencia y los años inmediatamente posteriores a ella, pero su finalidad no es sólo la de comprender unos fenómenos, ni siquiera el de comprender con base en ellos su contemporaneidad. Su objetivo es ofrecer una solución para los mismos.

La tesis fundamental de Vallenilla Lanz es que debido a las condiciones geográficas de Venezuela, el caudillo, es decir, un césar elevado al poder por la voluntad del pueblo (césar por el poder absoluto que tiene, y democrático por esa elección popular), es su gobierno natural. Pero ese césar, como quiera que es el único capaz de controlar al país, se puede convertir en su «gendarme necesario», categoría que extrapola de Francia, país dado a los césares si los ha habido (de hecho, lo de cesarismo viene, sobre todo, de Napoleón III). O lo que es lo mismo: el gendarme que garantiza el orden indispensable para que haya progreso. Por eso, hasta que no lleguemos a ese orden impuesto por el rejo del césar/gendarme, la democracia liberal es, cuando menos, un «error de psicología», algo antinatural, que no responde a como los venezolanos somos realmente. Son tesis que por todas partes respondían a las ideas y angustias de su tiempo, por lo que el día de hoy deben verse con mucho cuidado. Primero, porque Vallenilla Lanz fue un escritor extraordinario, con una gran capacidad de persuasión. Ya volveremos sobre eso, pero de una vez hay que advertir que es muy fácil enamorarse de su prosa y, por esa vía, de sus ideas. Segundo, porque expresan la angustia de la élite venezolana por el desastroso final de siglo XIX. Es decir, son el resultado de un tiempo y unas vivencias concretas, no del todo extrapolables por mucho que a trechos se parezcan a los nuestros. En la década que va de 1892 a 1903, Venezuela vivió cuatro grandes guerras civiles (con algunos alzamientos menores y una desastrosa participación en la Guerra de los Mil Días colombiana), la bancarrota de sus finanzas, el bloqueo y bombardeo de sus costas por enardecidos acreedores, la ruptura de las relaciones diplomáticas con casi todo el mundo y la pérdida del Esequibo, o en todo caso la ratificación de esa pérdida por un tribunal internacional. El «finis patriae» con el que cierra su novela Ídolos rotos (1901) Manuel Díaz

Rodríguez era un clamor general: en efecto, la idea de que la república había sido un completo fracaso estaba muy extendida, por lo que era necesario refundarla bajo nuevos términos. No en vano, la sociedad se echó a los brazos de Gómez.

Es en esa época en la que los jóvenes educados en las ideas positivistas, o en ese conjunto de corrientes que en Venezuela englobamos bajo el rótulo de «positivismo», se aplicaron en serio en estudiar la historia y la sociedad con las herramientas de la nueva ciencia social del momento. Del mismo modo en el que en la actual crisis muchos buscan una explicación (y una solución) en la historia, en las décadas de 1890 a 1910 intelectuales en ascenso como José Gil Fortoul o Vallenilla Lanz seguían el mismo empeño. Para el segundo, la clave estaba en la geografía, que según creía la mayor parte de los científicos sociales de entonces, determinaba (de ahí lo de determinismo) a los pueblos. Hoy sabemos que eso no es, ni remotamente, así, pero para un venezolano del siglo XIX, que se había formado en la idea de que uno de los grandes conflictos del país era el del Llano contra la ciudad, de los llaneros que cada tanto se desbordaban como hordas bárbaras sobre la civilización, la idea tenía sentido. La vieja dicotomía que en toda América Latina se resumía en la contradicción entre civilización y barbarie, en Venezuela se entendía en la del Llano contra la ciudad. Y los llaneros de entonces, semi nómadas, pastores, eran el ejemplo perfecto del bárbaro, de los pueblos esteparios que erigían a sus líderes en el campo de batalla, por la aclamación a una especie de macho alfa de la manada. Ese es nuestro cesarismo como, concluyó Vallenilla Lanz, se había demostrado desde la Independencia con casi todos nuestros grandes caudillos.

Pocas de estas bases sobre las que se levanta Cesarismo democrático son sostenibles el día de hoy. El determinismo geográfico resultó ser pseudociencia, los llaneros ya no son semi nómadas y desde que hay ametralladoras sus cargas de caballería no inquietan a nadie. Y no por eso hemos dejado de tener césares. Pero eso es sólo una parte del asunto: hemos tenido una ristra de césares, de «gendarmes necesarios», y más allá de los logros de la administración de Gómez sentando las bases de un Estado moderno, que en alguna medida confirman la tesis, no es posible ver una relación directa entre ellos y lo que entonces se llamaba progreso. Cuando Cesarismo democrático se hizo famoso internacionalmente, y los fascistas italianos vieron en él una confirmación más (¡y además latina!) de la

«democracia directa» a la Mussolini, lo que parecía la consagración definitiva de Vallenilla Lanz era en alguna medida su desmentido final: ni Mussolini era producto de algo que se le pareciera al Llano, ni en la historia anterior o posterior al fascismo hay algo que confirme un fatum que separe a los italianos del «error» del liberalismo (Vallenilla Lanz decía, manipulando un poco, «jacobinismo»).

Pero todo tiene al menos dos caras. La otra derrota, siquiera parcial, es la de quienes han tratado, por un siglo, de desmentir Cesarismo democrático. Sus tesis no son completamente verdad, pero tampoco son completamente mentira. Por mucho que hombres del talento de Augusto Mijares, con su ineludible La interpretación pesimista de la sociología hispanoamericana, aparecida en 1938; o como el marxista Carlos Irazábal con su Hacia la democracia, de un año después; o como Mariano Picón Salas o Rómulo Betancourt –en varios ensayos– se esforzaron en demostrar que es posible otra Venezuela apegada a lo que Mijares llamó la «tradición de la sociedad civil», que sí, la hemos tenido, terminamos el siglo XX entregados al híper liderazgo de Hugo Chávez, «césar» y «democrático» en los sentidos exactos que le dio Vallenilla Lanz a las categorías. Por eso el balance es tan complejo: la idea en sí misma de que existe el cesarismo democrático parece estar confirmada, pero no con las consecuencias que él previó. Desalentador para los que cada tanto suspiran por un hombre que «venga a poner orden», bien sea un Pérez Jiménez (¡ahora que hay tantos jóvenes que lo añoran!), o bien sea uno de tipo cubano, al son de «llegó el Comandante y manó a parar». Pero desalentador también para quienes dieron lo mejor de sus esfuerzos en imponer la tradición de la sociedad civil sobre la caudillista. No estamos condenados a vivir embridados por un caudillo, pero tampoco somos inmunes a los encantos del hombre fuerte. Al contrario, cada cierto tiempo nos dejamos seducir por uno. Y el hecho de que estemos actualmente viviendo una ola de autocratización en el mundo, en la que líderes como Putin, Erdoğan o Viktor Orban demuestran, además, que es un asunto bastante más general.

Las victorias del historiador

Cesarismo democrático se convirtió en un libro muy influyente. Tal vez en el más influyente que haya producido nuestra historiografía y nuestra sociología, tanto en Venezuela como fuera de ella. El hecho de que tuviera la catapulta de volverse la ideología oficial del gomecismo (o parte de ella: en

lo personal Gómez prefería la epopeya para presentarse como heredero de Bolívar), y además contara con la vitrina de la prensa oficiosa, fueron claves en esto, pero no lo único que lo determinó. En una nota escrita a propósito de la muerte de Vallenilla Lanz en 1936, Rómulo Betancourt lo llamó el mayor exponente de «la prostitución intelectual» de Venezuela. Era un parecer generalizado en los opositores a Gómez y tenía razones importantes para sostenerse. Pero tampoco era tan así. Todo demuestra que Vallenilla Lanz ya había llegado a lo fundamental de sus ideas antes del arribo de Juan Vicente Gómez al poder, vio rápidamente en él la confirmación de sus tesis. Y con base en esas convicciones sirvió al «Benemérito» con pasión. En una multitud de ensayos, de discursos pero sobre todo de artículos de prensa, durante veintisiete años recorrió todos los caminos posibles para justificar cada medida del dictador, para explicarlo sociológicamente, para defenderlo frente a los ataques desde el exterior (es célebre su polémica de 1920 con Eduardo Santos). Además, tenía argumentos: dos décadas de paz, ocho mil kilómetros de carreteras, inversiones internacionales por torrentes, dinero como nunca había habido antes. Comparado con el desastre de la Venezuela de los años noventa del siglo XIX y de los primeros del XX, Gómez tenía cosas que mostrar.

Pero sobre todo Vallenilla Lanz tenía talento, un gigantesco talento, que puso al servicio de la propaganda. Escribía muy bien, como ya se dijo. Irónico, agudo, capaz de dar dentelladas de sarcasmo, a trechos poético, en ocasiones con el nervio de un novelista de aventuras o de misterio, sus textos producían tanto deleite como profunda indignación en los opositores. No renunció a la burla, muchas veces cruel cuando pensamos que no pocos de sus destinatarios estaban o habían estado aherrojados con grillos, o eran torturados, o padecían miseria en el exilio, o sus familias vivían en el ostracismo y la pobreza de una Venezuela de la que no podían escapar. O simplemente habían sido asesinados. Por eso se ganó numerosos, profundos, intensos odios. Hoy leemos al historiador de Críticas de sinceridad y exactitud o de Disgregación e integración (gran alegato de 1930 a favor de la centralización que llevaba adelante el gomecismo), y nos seguimos sorprendiendo por su calidad; pero el venezolano promedio de 1930 lo conocía por los editoriales de El Nuevo Diario, periódico oficioso del gobierno. Comprado por Vallenilla Lanz, seguramente con alguna generosa ayuda del Estado, fue el gran aparador de la propaganda gubernamental. Por algo estuvo entre las primeras cosas que las pobladas quemaron en los

disturbios de diciembre de 1935. Los dos tomos de La rehabilitación de Venezuela. Campañas políticas de «El Nuevo Diario», aparecidos en 1926 y 1928, pueden darnos una idea de sus dotes de polemista. De su inteligencia, mordacidad y, por qué no, en ocasiones crueldad.

Por otra parte, el venezolano promedio no tenía razones para pensar que Vallenilla Lanz haya sido esencialmente distinto a los otros intelectuales del gomecismo. No es posible afirmar que fueran simples plumas prostituidas, pero está documentalmente comprobado que además de los beneficios con que los premiaba, la dictadura era especialmente munífica con quienes le echaban incienso. Es difícil que en sus últimos años de diplomático en Francia (premio gordo para la lealtad de todos los áulicos), cortejado por los fascistas italianos y por la Acción Francesa (¡nada menos que Marius André prologó la versión francesa de Cesarismo!), no se haya dejado seducir, aunque sea un poco, por las mieles del poder.

Es otra cara más de la derrota del cesarista, del Vallenilla Lanz político. Su integridad sigue ofreciendo motivos para estar en cuestión. Pero lo que perdió como propagandista, lo ganó como historiador. Si bien las ideas políticas y las bases teóricas fundamentales de Cesarismo democrático están desprestigiadas, su valor historiográfico sigue prácticamente intacto. Digámoslo de esta manera: lo que investigando descubrió, continúa siendo valioso, lo que concluyó de ello, ya no lo es más. El mismo Betancourt que lo acusa de prostitución, unos párrafos después reconoce que a él se le debe un cambio fundamental de ver la historia: la bajó de los caballos de los héroes y la puso a caminar como fenómeno social. Tanto así que todos los marxistas de la primera hora, todos los historiadores posteriores, le debemos mucho a Vallenilla Lanz. En sus estudios reveló, con nombres y apellidos en una época en la que la Independencia era un asunto de los abuelos de todo el mundo, que los discursos maniqueos eran una manipulación ideológica. Que se trató, inicialmente, de una guerra civil, que las tensiones raciales y sociales fueron el acicate de las mayorías, que se trató de un fenómeno definido por procesos sociales y no por el estro de superhombres, semidioses o demonios. Cesarismo democrático se hizo famoso por sus ideas políticas, pero ellas están contenidas en ensayos históricos que aún se pueden leer con interés e incluso con emoción. Es difícil agarrar su libro e intentar soltarlo antes de voltear la última página. Aunque dé rabia. Incluso si el personaje nos da asco. Aún sus ideas producen en el lector venezolano un efecto de electroshock.

Tal es la victoriosa derrota de Vallenilla Lanz. Que a cien años Cesarismo democrático siga dando de qué hablar, que siga teniendo cosas interesantes que decir, que ofrezca razones para pensar sobre nuestro ser y nuestro destino, es una victoria que no se le puede regatear.

***

Lea otros trabajos de la serie sobre Cesarismo Democrático: Vallenilla Lanz: “Un jefe que manda y una multitud que obedece”; por Elías Pino Iturrieta Una lectura de ‘Cesarismo democrático’; por Florence Montero Nouel Fue una guerra civil; por Laureano Vallenilla Lanz Cesarismo democrático: ¿un oxímoron innecesario?; por Wolfgang Gil Lugo A cien años de ‘Cesarismo democrático’, de Laureano Vallenilla Lanz; por David Ruiz Chataing

Enviado a nuestros correos por: 
Rubén G. Contreras G. 
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Escrito por Tomás Straka
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sábado, 28 de diciembre de 2019

ACTUALIZACIÓN, EL REPUBLICANO LIBERAL II, DOMINGO 29/12/2019

SOLEDAD MORILLO BELLOSO: LO QUE QUIERO QUE SE LLEVE EL VIENTO

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 1 minuto
Escribo este texto el 17 de diciembre. Lo esperable sería que en tiempos navideños ésta fuera una carta de peticiones al Niño Jesús, una lista de las cosas que yo desearía me trajera. Pero cambio esa misiva por una epístola al viento con el detalle de cosas que nos sobran, que son un pesado fardo sobre nuestros hombros, que contaminan el aire y nos asfixian. He aquí una brevísima lista de lo que quiero que se lleve el viento. La vulgaridad del "recienvestidismo". Esa cosa prosaica y procaz de hacer dinero sucio y luego, a voz en grito, con faros reflectores y videos posteados en re... más »

RICARDO VALENZUELA: HISTORIA REAL DEL CAPITALISMO Y SUS ENEMIGOS II

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 5 minutos
“El ímpetu del liberalismo fue una reacción contra monarcas y aristócratas que vivían de la labor productiva de la gente”. David Boaz Con la publicación de su obra Smith enfrentaba la primera oposición; los mercantilistas que siempre habían controlado todas las avenidas económicas. Ellos ubicaban sus gentes en posiciones políticas para estructurar sus monopolios, y aprobaban el colonialismo invadiendo naciones para hacerse de su oro, plata y otros productos. Para los mercantilistas la riqueza solo consistía en dinero que en esa época era oro y plata. Argumentaba que producción e in... más »

ANTONIO JOSÉ MONAGAS: LO QUE FALTABA…

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 7 minutos
Las realidades políticas deslumbran. Pero no tanto por su capacidad de asombro, como por su capacidad de perturbación social y de alteración de la economía. El cambio de gobierno que recién vivió la República de Argentina, ha comenzado a determinar variaciones que tienden a rebasar los límites de moralidad hasta ahora convenidos social y culturalmente. La pretensión anunciada por el Alcalde de Buenos Aires, hombre del peronismo radical, quien valiéndose de la novedad política representada por el arribo de la causa centro-derecha a buen número de estamentos del gobierno argentino,... más »

GABRIELA CALDERÓN DE BURGOS: LOS NIÑOS DE LOS 80S

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 9 minutos
Gabriela Calderón de Burgos indica que los niños nacidos en la década de los ochenta han crecido durante las cuatro mejores décadas que ha tenido la humanidad. Nací en 1983. “Beat it” de Michael Jackson y “Sunday Bloody Sunday” de U2 sonaban alrededor del mundo. Se estrenaron el episodio "El retorno del Jedi" de Star Wars y la primera "Vacation" de Chevy Chase. Los niños de los 80s nacimos y crecimos con la irrupción de los sonidos electrónicos en la música, los colores neon en la ropa, y la actitud de que todo estaba cambiando para bien. Cuando todavía éramos niños se acabó la gue... más »

ÁLVARO CEPEDA NERI: SMITH Y HUME: DOS GIGANTES DE LA TEORÍA Y PRÁCTICA DEL LIBERALISMO

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 15 minutos
Los amigos que crearon el liberalismo económico y el liberalismo político I. Del árbol de las libertades nacieron dos de sus ramas más frondosas: el liberalismo político y el liberalismo económico. Respecto de estas ideas, comúnmente conocidas como teorías, al menos desde esas dos ciudades-Estados, en cuyos ramajes han anidado los antes y después de Adam Smith (1723-1790), y de David Hume (1711-1776). Ambos de la ilustración de Escocia, cuando otros pensadores de su gigantesca estatura aportaron sus creaciones para la teoría y práctica intelectuales que enriquecieron a la humanidad... más »

CARLOS ALBERTO MONTANER: UNA CANCIÓN CONTRA LAS GUERRAS

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 19 minutos
La música mueve los corazones mágicamente. Este artículo es un homenaje a una canción, Noche de paz, que lo demuestra. Si el lector no me cree le ruego que busque la anécdota en Snopes.com. En esta época de “fake news” suelo verificar las informaciones en esa página de Internet. Esta semana Snopes trae una larga reseña de un libro publicado hace casi 20 años: Noche de paz: la historia de la paz cristiana durante la primera guerra mundial. La obra (entre otros autores) fue investigada y escrita por el historiador Stanley Weintraub, profesor de la Universidad Penn State. Les cuento... más »

SOLEDAD MORILLO BELLOSO: LO QUE QUIERO QUE SE LLEVE EL VIENTO

Escribo este texto el 17 de diciembre. Lo esperable sería que en tiempos navideños ésta fuera una carta de peticiones al Niño Jesús, una lista de las cosas que yo desearía me trajera. Pero cambio esa misiva por una epístola al viento con el detalle de cosas que nos sobran, que son un pesado fardo sobre nuestros hombros, que contaminan el aire y nos asfixian. He aquí una brevísima lista de lo que quiero que se lleve el viento.

La vulgaridad del "recienvestidismo". Esa cosa prosaica y procaz de hacer dinero sucio y luego, a voz en grito, con faros reflectores y videos posteados en redes, publicitar sus festines en los que abunda y se derrocha el exhibicionismo y falta de la más elemental expresión de la clase y la elegancia que, como bien sabemos, no se compra por mucho dinero que se tenga.

La mediocridad política. Esa que es tan evidente en filibusteros que brincan de un lado a otro, montan mobiliarios enclenques en los que forjan acomodados acuerdos y que pretenden hacerse un espacio que por la vía decentemente democrática no lograrían.

El indisimulable oportunismo. Ese hacer política desde el concepto "estar con el poder pero sin ser poder", para nunca ser responsables de nada. Es decir, los que se "recuestan" del de turno y creen que uno es tan idiota que no se da cuenta.

La incapacidad emocional de algunos para tener empatía con el que sufre y, sin embargo, escribir hipócritas textos barrocos y edulcorados pontificando sobre la pobreza y otros males apalancándose en manidas citas de autores famosos, frases religiosas y argumentos intelectualoides. Es la gente que dicta cátedra sobre política desde la antipolítica y, puestos en el brete de la operación, siempre se refugian en el "yo no soy político" para justificar su inmensa capacidad para hablar paja .

La victimización del yo, que es la excusa perfecta para culpar a otros de todo lo que pasa sin que "yo" tenga que salir de la comodidad de las redes en las que el llantén es el arbusto nacional.

La destrucción sistemática de nuestro hermosísimo idioma. Ruego al viento que se lleve lejos, muy lejos, el "aperturar", el "ocsilar", el "ambos dos", el uso errado de "habían" y "hubieron" y una larga lista de barbarismos.

Los hombres que tienen el mal gusto y la patanería de no ponerse medias cuando usan zapatos de vestir. A esos es urgente que se los lleve un huracán.

No le pido al viento que se lleve a los "ocupas" de Miraflores porque de esos, y por vías constitucionales, nos ocupamos nosotros.

soledadmorillobelloso@gmail.com
@solmorillob
@ElUniversal

RICARDO VALENZUELA: HISTORIA REAL DEL CAPITALISMO Y SUS ENEMIGOS II

“El ímpetu del liberalismo fue una reacción contra monarcas y aristócratas que vivían de la labor productiva de la gente”. David Boaz

Con la publicación de su obra Smith enfrentaba la primera oposición; los mercantilistas que siempre habían controlado todas las avenidas económicas. Ellos ubicaban sus gentes en posiciones políticas para estructurar sus monopolios, y aprobaban el colonialismo invadiendo naciones para hacerse de su oro, plata y otros productos. Para los mercantilistas la riqueza solo consistía en dinero que en esa época era oro y plata. Argumentaba que producción e intercambio eran las avenidas hacia la riqueza de las naciones. Afirmaba: “La riqueza de un país no consiste en su oro y plata, sino en sus tierras, sus casas, bienes producidos y su gente. La riqueza se debe medir observando que tan bien se aloja la gente, su forma de vestir y la comida que pueda poner en su mesa”. Es decir, en su nivel de vida el oro y plata al hombre común no le servían. 

¿Cómo se maximizaría la producción y el intercambio para lograr esa “opulencia universal?” Su respuesta era clara: “Den a la gente libertad para trabajar y expandir sus habilidades”. Abogaba por el principio de “libertad natural” para hacer lo que uno deseara sin interferencia del estado. La libre movilidad de trabajo, capital y productos. La libertad económica no solo produce una vida material mejor, es un derecho humano fundamental. El prohibir a la gente disponer de su producción o de emplear sus inventarios y su trabajo de la forma que ellos decidan, es una violación del más sagrado de los derechos de la humanidad”.  

Pero ¿Qué constituye libertad económica? Según él, es el derecho a comprar productos de cualquier fuente, incluyendo productos extranjeros, sin restricciones, tarifas o cuotas de importación. Trabajar en la ocupación y en el lugar que la persona decidiera. Criticaba la política del siglo 18 cuando los trabajadores debían obtener permiso del gobierno para mudarse de un pueblo a otro, inclusive dentro del país. Incluía el derecho de establecer cualquier jornal que el mercado dictara y escribía: “Siempre que la ley atenta regular los salarios, esos emolumentos caen en picada”. El deseaba salarios más altos, pero derivados de la función natural del mercado no por mandato de los gobiernos. Finalmente, la libertad natural incluía el derecho a ahorrar, invertir y acumular capital sin que el gobierno lo frenara, pues era una llave importante para el crecimiento económico. 

Su modelo de competencia y libre empresa era la joya de la corona de su obra y la más importante propuesta en historia económica. El triunfo de Adam Smith fue porque ubicó al centro de la economía el análisis sistemático del comportamiento del individuo buscando satisfacer su autointerés en condiciones de competencia. Un sistema económico que permitía a los hombres perseguir sus intereses en condiciones de libertad y competencia, para lograr una economía autorregulada y la prosperidad. Y eliminando restricciones a las importaciones, trabajo y precios, provocaría prosperidad universal que emergería a través de precios más bajos, salarios más altos y productos de mejor calidad. El recibimiento de su obra despertaba a la humanidad de su letargo económico. 

Su libro con asertividad iniciaba el debate de cómo los países podían crear prosperidad en un sistema de libre mercado. Pasaba a identificar tres características de este sistema. 

Libertad: el derecho de producir e intercambiar productos, trabajo, y capital, en donde yo lo decidiera sin que el gobierno me coartara esa libertad.
El autointerés: el derecho para buscar hacer realidad los sueños personales y de mi negocio orientado a satisfacer el autointerés de otros.

Competencia: el derecho de competir en la producción e intercambio de todo tipo de bienes y servicios sin más limitaciones que mi capacidad, mi trabajo y responsabilidad para competir en ese esquema de libertad.  

Exponía cómo estos tres elementos desembocarían en una “harmonía natural” de intereses entre trabajadores, dueños de la tierra y capitalistas. Y el autointerés de millones de individuos crearía una sociedad próspera sin necesidad de una dirección central de parte del estado. Su doctrina de un iluminado autointerés fue bautizada como la “mano invisible” y la plasmaba de esta manera: 

“No por la benevolencia del carnicero, del cervecero, o del panadero tenemos la cena sobre nuestras mesas, sino por su propio interés. Nosotros no acudimos a su piedad ni a su humanidad, sino a su amor propio. Todo individuo que emplea su capital y su trabajo no lo hace para promover el interés público y ni siquiera se entera que lo está promoviendo. Él es guiado por una mano invisible y provoca un resultado que no era parte de su intención. Y al buscar su propio interés, sin proponérselo, también estará promoviendo el de la sociedad”.  

Pero de inmediato saltaban los críticos “preocupados” por la posibilidad de que fuera un mapa para permitir la avaricia, fraude, enfrentamientos sociales, y el abuso de poder. Pero ¿La riqueza de las Naciones era un endoso para dar rienda suelta a las más infames pasiones humanas? ¿Cómo era posible que Adam Smith ignorara los casos de capitalistas rapaces tomando ventaja de los consumidores buscando su interés a expensas del público? Pero si buscamos con dedicación tendremos la respuesta en su sistema de libertad natural cuando escribiera: 

“El hombre debe ayudar a sus semejantes y siempre lo podrá hacer si logra ubicar su autointerés a su favor. Dame eso que yo quiero y tu tendrás esto que tú quieres”. Ese era el significado de su arreglo. Todos los intercambios deberían beneficiar a las dos partes, compradores y vendedores, no a uno a expensas del otro. La mano invisible solo podría funcionar si los empresarios adquirían una visión de la competencia en el largo plazo, donde se reconoce el valor de la reputación y la oportunidad de continuar haciendo negocios. El autointerés solo promueve el bienestar de la sociedad cuando el productor responde a las necesidades del comprador. Cuando el cliente es engañado, el autointerés logra su “éxito” a expensas del bienestar de la comunidad”. 

En su sociedad ideal reinaría la virtud, la benevolencia mutua, leyes castigando prácticas fraudulentas. El escaparate de Smith reflejaba los estándares morales y el juicio de la comunidad. Su hombre económico cooperaba, era justo, y no perjudicaba a sus semejantes. Un clima moral y un sistema legal consolidarían el crecimiento económico. Siempre apoyó instituciones sociales—mercado, comunidades y la ley—para nutrir auto control, auto disciplina y benevolencia. 

Porque él no era solo economista, era también profesor de filosofía moral. Su modelo reflejaba un atributo esencial: “Todo hombre, mientras no viole las leyes de justicia, debe ser libre para llevar a cabo la persecución sus intereses y llegar al mercado aportando su trabajo y capital para competir con otros participantes, y si las viola, el verdadero mercado libre lo expulsa”. Después escribiría su libro; “Teoría de los Sentimientos Morales”, en donde conciliaba la ética y el autointerés en los mercados.  

Ricardo Valenzuela
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ANTONIO JOSÉ MONAGAS: LO QUE FALTABA…

Las realidades políticas deslumbran. Pero no tanto por su capacidad de asombro, como por su capacidad de perturbación social y de alteración de la economía. El cambio de gobierno que recién vivió la República de Argentina, ha comenzado a determinar variaciones que tienden a rebasar los límites de moralidad hasta ahora convenidos social y culturalmente.  

La pretensión anunciada por el Alcalde de Buenos Aires, hombre del peronismo radical, quien valiéndose de la novedad política representada por el arribo de la causa centro-derecha a buen número de estamentos del gobierno argentino, ha aterrizado en un terreno abonado por solicitudes populares que plantean la legalización de drogas. Sin que haya  sido debidamente entendido y reconocido, que su uso exalta sensaciones de modo intenso y peligroso. Pero, contradictoria y pesarosamente, es la tendencia que viene recorriendo distintos centros de poder político a nivel mundial. 

Tan aberrante sugerencia, pudiera remedarse a manera de ganar prosélitos. Aun cuando medidas de tan absurda naturaleza, pudieran igualmente acarrear más problemas que los que por ahora se tienen. Problemas no sólo de razón médica, sino también de índole legal por los desmanes que un uso indiscriminado de drogas pudiera causar a nivel de aquella población no preparada psicológica, sociológica y culturalmente para recibir y comprender tan delicada noticia.

Incluso, su aprobación pudiera ser vista como un recurso demagógico para que gobiernos obtusos se aprovechen de las condiciones de inmoralidad acusadas, para así emplear dicha ocurrencia a los fines de recuperar espacios perdidos por otras causas. Ya que luego de materializarse tan impúdicas determinaciones, cualquier decisión que justifique alguna desfachatez que por impronta política o social se tenga a la mano, pudiera entonces aprobarse sin contemplación alguna. (Triste…) 

En Venezuela, muchas desviaciones, han sido legalizadas. Aunque disfrazadas para disimular su perversidad. Así que ya poco o nada es capaz de sorprender las expectativas del venezolano bastante aporreado por la represión ordenada desmedidamente por el régimen usurpador en ilegítimo ejercicio del poder político. Y adueñado groseramente de las potencialidades de la economía nacional. 

Ya no queda nada nuevo que pueda asombrar al venezolano. Después de lo que ha vivido a consecuencia de los desmanes de la dictadura en ejercicio, gracias a la opresión protagonizada por las fuerzas militares, policiales y de revoltosa calle, nada sería nuevo. Cualquier fechoría de funcionarios del régimen, es vista como un hecho normal en un país donde la anormalidad pasó a ser tan corriente como el día o la noche.  

Entonces, ¿qué más puede esperarse en esta Venezuela seducida por los indecentes entuertos revolucionarios? Quedan tan contadas cosas que algunas, pasarían por encima de la mesa y nadie, ni cuenta se daría. Además, nadie lo sospecharía. Era lo que faltaba…

Antonio José Monagas
antoniomonagas@gmail.com
@ajmonagas

GABRIELA CALDERÓN DE BURGOS: LOS NIÑOS DE LOS 80S

Gabriela Calderón de Burgos indica que los niños nacidos en la década de los ochenta han crecido durante las cuatro mejores décadas que ha tenido la humanidad.

Nací en 1983. “Beat it” de Michael Jackson y “Sunday Bloody Sunday” de U2 sonaban alrededor del mundo. Se estrenaron el episodio "El retorno del Jedi" de Star Wars y la primera "Vacation" de Chevy Chase. Los niños de los 80s nacimos y crecimos con la irrupción de los sonidos electrónicos en la música, los colores neon en la ropa, y la actitud de que todo estaba cambiando para bien. Cuando todavía éramos niños se acabó la guerra fría. Ahora que estamos cercanos o recién cumplidos los 40 años, les quiero hablar del progreso humano sin precedente que se ha dado desde que nacimos los niños de los 80s.

La vida de las personas alrededor del mundo se ha vuelto más larga y saludable. En 1980 la expectativa de vida era de 62 años y para 2017 llegó a 72. Y cada vez una porción mayor de esos años son vividos con buena salud según el índice de expectativa de vida saludable de la ONU.[1] 

Además, tenemos vidas mucho más placenteras. Por ejemplo, viajamos mucho más: las aerolíneas transportaron a 641 millones de pasajeros en 1980, mientras que en 2018 a casi 4 mil millones.[2] Durante nuestras vidas se catapultó la revolución de la conectividad: a partir de los primeros celulares y computadoras personales durante nuestra infancia, pasamos a las primeras redes sociales en nuestra adolescencia y a gozar de la economía colaborativa en nuestra adultez joven. Y estos productos y servicios son de consumo masivo.

Ahora las Gretas del mundo nos dicen que todo está teniendo consecuencias desastrosas para el planeta. Pero siempre en la historia han habido agoreros del desastre y pesimismo acerca de la capacidad de adaptarse de nuestra especie. No hay que olvidar las fatídicos presagios de Thomas Malthus hace casi 200 años en su Ensayo sobre el principio de la población y mucho después de ambientalistas como Paul Erhlich en los 80s. Ambos preveían que el crecimiento de la población acabaría con los recursos del planeta y derivaría en una catástrofe global.

Acerca de esto, el economista Julian Simon hizo una apuesta con Ehrlich en torno al precio a futuro de un valor de $1.000 de cinco materias primas durante la década de los ochenta. A pesar de que la población aumentó en 873 millones de personas durante esa década, el precio de las cinco materias cayó en un 57,6 por ciento y Simon ganó la apuesta.

Mi colega en el Instituto Cato Marian Tupy y Gale Pooley han lanzado el Índice de Abundancia de Simon para demostrar cómo ha caído el precio de los recursos básicos para los seres humanos. El estudio concluye que el tiempo promedio que hay que trabajar (horas laborales) para obtener 50 recursos básicos (desde alimentos hasta minerales y metales) ha caído en un 72,34% entre 1980 y 2018.

Simon creía que los humanos somos capaces de adaptarnos e innovar, descubriendo formas más eficientes de utilizar los recursos escasos y sostenía que el problema del mundo no es la escasez de recursos sino “la falta de libertad política y económica”. Sobran razones para celebrar el fin de las cuatro mejores décadas que ha tenido la humanidad.

Este artículo fue publicado originalmente en El Universo (Ecuador) el 27 de diciembre de 2019.
Referencias:

1. Datos de HumanProgress.org y de World Bank Data.

2. Humanprogress.org , datos para transporte aéreo.

Gabriela Calderón de Burgos progreso humano expectativa de vida recursos escasos Julian Simon libertad económica libertad política Marian Tupy Gale Pooley

Gabriela Calderón de Burgos  
gcalderon@cato.org

@InstitutoCato
Gabriela Calderón de Burgos  es editora de ElCato.org, investigadora del Cato
Para leer más:
https://www.elcato.org/los-ninos-de-los-80s

ÁLVARO CEPEDA NERI: SMITH Y HUME: DOS GIGANTES DE LA TEORÍA Y PRÁCTICA DEL LIBERALISMO

Los amigos que crearon el liberalismo económico y el liberalismo político

I. Del árbol de las libertades nacieron dos de sus ramas más frondosas: el liberalismo político y el liberalismo económico. Respecto de estas ideas, comúnmente conocidas como teorías, al menos desde esas dos ciudades-Estados, en cuyos ramajes han anidado los antes y después de Adam Smith (1723-1790), y de David Hume (1711-1776). Ambos de la ilustración de Escocia, cuando otros pensadores de su gigantesca estatura aportaron sus creaciones para la teoría y práctica intelectuales que enriquecieron a la humanidad. Hume es uno de los puntos de partida del liberalismo político y el pensamiento laico, con lo que propone normar las conductas individuales y colectivas de la sociedad para la convivencia democrática. Adam Smith –por algunos años contemporáneo de Hume– incursionó como jurista, teórico de las doctrinas políticas, la moral como ética democrática dando forma y contenido a su liberalismo económico para alumbrar al trío: capitalismo, capitalistas y capital (usando la hipótesis metafísica de “la mano invisible” para justificar el “dejar pasar, dejad hacer” en el comercio, su libre cambio con lo que luego Say contribuyó con su “ley de la oferta y la demanda”). Ambos gigantes, David Hume y Adam Smith, son objeto de una biografía de Denis C Rasmussen, con título El Infiel y el Profesor. David Hume y Adam Smith: la amistad que forjó el pensamiento moderno.

II. Libro ameno que penetra los problemas y soluciones al que se da lectura de un tirón. Pues a través de su amistad, intercambiar ideas, discutir y aprender el uno del otro, Hume y Smith –ingleses-escoceses como Adam Ferguson, Elibank, Blair, etcétera– crearon el capítulo moderno de la teoría económica y sus políticas económicas. Y de la teoría política y sus prácticas; plantados en el liberalismo como base de las libertades, para fundamentar la “insociable sociabilidad de la humanidad” que ha necesitado del Estado para implantar las democracias –directa e indirecta o representativa– y las autocracias o autoritarismos. Pues sin un orden jurídico es imposible que esos liberalismos sean experiencias históricas para lograr las libertades como derechos humanos. Ensayos morales y políticos, Investigación sobre los principios de la moral. 

Historia de Inglaterra, Discursos políticos y La riqueza de las naciones, son las aportaciones de teoría y práctica que enriquecieron la ilustración para que la humanidad trabajara la conquista de las libertades. Dice Immanuel Kant en su ensayo Teoría y Práctica: “se denomina teoría incluso a un conjunto de reglas prácticas, siempre que tales reglas sean pensadas como principio… y práctica aquella realización de un fin que sea pensada como el cumplimiento de ciertos principios representados con universalidad”.

III. El infiel y el profesor, porque desacertadamente por el fanatismo de la época, a David Hume lo tacharon de crítico de las religiones. Y por sus ensayos morales, acertadamente calificaron a Adam Smith como “el profesor”. Ambos entrelazaron sus pensamientos como economistas y exploradores de la teoría política democrática en los dos liberalismos que fundaron, alimentando los regímenes liberales en la conquista de las libertades políticas y económicas, para enriquecer a la democracia: representativa y directa; monitoreada ésta por el pueblo para vigilar y controlar al poder público y privado. El Infiel y el Profesor: Hume y Smith, es la biografía de la amistad que forjó las libertades modernas. 

Doce capítulos, un epílogo, notas, fotografías y el apéndice con la autobiografía de Hume y la famosa carta de Smith, nos ponen al tanto de las aportaciones de estos inmortales de la historia de las ideas, las hipótesis y las grandes creaciones del conocimiento universal. El autor dice: “En otras palabras, acatar las normas jurídicas es necesario para mantener la estructura de la sociedad”.

Álvaro Cepeda Neri
Contralínea
@contralineainfo
Para leer más:
https://www.contralinea.com.mx/archivo-revista/2019/12/22/smith-y-hume-dos-gigantes-de-la-teoria-y-practica-del-liberalismo/

CARLOS ALBERTO MONTANER: UNA CANCIÓN CONTRA LAS GUERRAS

La música mueve los corazones mágicamente. Este artículo es un homenaje a una canción, Noche de paz, que lo demuestra. Si el lector no me cree le ruego que busque la anécdota en Snopes.com. En esta época de “fake news” suelo verificar las informaciones en esa página de Internet. Esta semana Snopes trae una larga reseña de un libro publicado hace casi 20 años: Noche de paz: la historia de la paz cristiana durante la primera guerra mundial. La obra (entre otros autores) fue investigada y escrita por el historiador Stanley Weintraub, profesor de la Universidad Penn State.  

Les cuento: Bélgica, 24 de diciembre de 1914. Esencialmente, esa guerra, como tantas otras, la reñían los ingleses y franceses contra los alemanes. Había otros notables componentes: rusos, austriacos, turcos e italianos, pero sólo eran figurantes de la tragedia. Los protagonistas principales eran Inglaterra, Francia y Alemania. Esos eran los tres beligerantes básicos. En esa oportunidad peleaban en Bélgica, no muy lejos de donde Napoleón libró su última batalla cien años antes contra los ingleses.  

Hacía un frío espantoso. Nevaba. Los soldados sentían un latigazo en el alma. Era la nostalgia por el terruño y la familia. Se trataba de una esas fechas clave para compartir la mesa e intercambiar regalos. Los creyentes cristianos celebraban la llegada del Mesías en el vientre de María. En agosto, hacía cinco meses, había comenzado la Gran Guerra. Todavía no se llamaba la “Primera”. Faltaban muchos años para que se desatara la “Segunda”. Los que partieron jubilosos al combate ya se habían desilusionado. Eran muchos los muertos, el dolor y la sangre.  

Los idiotas que encontraban virtudes en la guerra se habían quedado mudos. A esas alturas de la historia, Gabriele D´Annunzio, el histriónico poeta italiano fundador del fascismo, era casi el único que se atrevía a repetir estas necedades. Ya había cientos de miles de muertos. La cifra alcanzaría los 21 millones de heridos y casi nueve millones de cadáveres gaseados, ametrallados y, en definitiva, asesinados por uno de los dos bandos.  

Alguien, en el sector británico, comenzó a cantar Silent Night (en español se tradujo como Noche de paz).  No creo que el anónimo cantante supiera que el origen de la canción era austriaco. Pronto se hizo un coro de emocionados soldados que entonaban en inglés la alabanza al niño Dios que había nacido en Belén hacía dos mil años. Los cañones y las ametralladoras callaron. Era una guerra de trincheras muy próximas. Conquistar cada metro costaba miles de muertos. Alguien se atrevió a escribir una pancarta: “Si no disparan, no disparamos”. 

Al unísono, los soldados alemanes e ingleses se pusieron de pie y avanzaron para darse un abrazo. Cantaban Noche de paz, unos en alemán y otros en inglés. Lloraban de emoción. No se odiaban. Eran jóvenes arreados al campo de batalla por la inconsciencia de la edad y las elucubraciones de los estrategas. Se intercambiaron cigarrillos, chocolates, coñac. Enterraron los muertos. Los escoceses tenían una pelota de fútbol. Jugaron. Los “Tommys” (los ingleses) se enfrentaron a los “Fritzs” (los alemanes). El fútbol era la forma civilizada de competir. 

Gracias al reverendo Martín Añorga descubro el origen de la canción Noche de Paz. El artículo me lo envía Álvaro Álvarez, un expreso político cubano. Se trata de un conmovido poema escrito por el padre José Mohr en una aldea de los Alpes austriacos en 1818. Esa nochebuena el cura fue a bautizar una criatura nacida en el seno de una familia tan pobre como la de Jesús. Al día siguiente, un humilde maestro de música, Francisco Javier Gruber, le puso música acompañado por una guitarra.

Pero el salto a la fama llegó en la Nochebuena de 1832. En esa fecha las cuatro hermanas Strasser cantaron el villancico ante el rey. A él y a la Corte les pareció maravilloso. Casi un siglo más tarde, hubieran pensado que había algo de magia contagiosa. Por cierto, el partido de fútbol lo ganaron los Fritzs 3 a 2. La Gran Guerra, en cambio, la perdieron los alemanes, pero fue devastadora y sirvió de preludio a la Segunda. 

Carlos Alberto Montaner 
montaner.ca@gmail.com
@CarlosAMontaner. 

El último libro de CAM es Sin ir más lejos (Memorias). La obra fue publicada por Debate, un sello de Penguin-Random House. Se puede obtener por medio de Amazon Books o en su librería habitual.