martes, 14 de junio de 2022

LEANDRO AREA PEREIRA: EN LA FRONTERA COMIENZA LA PATRIA. DESDE VENEZUELA

(En el centenario del nacimiento de Pompeyo Márquez)

“En la frontera comienza la Patria”. Esa fue, recuerdo bien, la primera frase que me quedó grabada de Pompeyo Márquez cuando lo conocí en 1989 en el ambiente fraterno y motivante de la Comisión Presidencial de Asuntos Fronterizos Colombo-Venezolana (Copaf). Esta se había creado, conjuntamente con su homóloga en Colombia, al iniciarse el gobierno de Carlos Andrés Pérez, hombre de frontera, quien resultó ganador en las elecciones de diciembre de 1988. Por su parte, Virgilio Barco Vargas, otro hombre de frontera, nacido en Cúcuta, era para el momento y ya desde 1986 presidente de Colombia y dejaría su cargo en 1990 en manos de César Gaviria Trujillo, quien ratificó con gran ánimo los mecanismos de negociación y de integración entre ambas naciones.

La comisión venezolana estaba presidida por el tachirense Ramón J. Velázquez y compuesta por distinguidos miembros provenientes de los estados fronterizos y por otros insignes venezolanos que lo acompañaban, especialistas en el área, muchos de ellos con amplia experticia académica en estos temas de la especificidad fronteriza, o bien funcionarios destacados de la Cancillería y de otras instituciones del Estado venezolano. La Comisión análoga colombiana estaba presidida por Enrique Vargas Ramírez, cucuteño él, a la postre embajador de Colombia en Venezuela en la presidencia de Álvaro Uribe Vélez, y constituida a la par por prominentes colombianos, representantes genuinos de sus correspondientes departamentos de frontera.

«Lo fronterizo» como especificidad geográfica, humana, económica, cultural y político-social surgía de manera sorpresiva como realidad concreta, con energía y voz propia en la agenda binacional, fundamental como objetivo de política pública y como tema para la acción conjunta de ambos Estados que pretendían alcanzar el viejo sueño de la integración. Pompeyo Márquez, militante de esos estandartes y acostumbrado desde hacía décadas a la pelea obsesiva, tantas veces frenética, por las causas de la justicia social, allí encontró otra razón de ser a su incansable labor por construir un mejor país.

En 1990, Pompeyo es nombrado también miembro de la Comisión Presidencial para la delimitación de áreas marinas y submarinas colombo-venezolana (Coneg), comisión esta que tuvo bajo su responsabilidad la discusión del tema de la delimitación de las áreas marinas y submarinas por definir al Norte del golfo de Venezuela, además de lo concerniente a la demarcación de la frontera terrestre, la navegación de los ríos, el tratamiento de las cuencas hidrográficas comunes, y de las migraciones. Dicha comisión la presidía Reinaldo Leandro Mora, en su condición de presidente de Acción Democrática, partido de gobierno, acompañado por Hilarión Cardozo, como presidente de Copei, y de Pompeyo Márquez como secretario general del MAS. Tuve el honor de acompañar durante 10 años a estos ilustres venezolanos en mi desempeño como secretario ejecutivo de dicha Comisión.

La verdad es que ambas naciones habían soslayado durante siglos el tema binacional fronterizo, bisagra natural de una relación armoniosa, poniendo énfasis más bien en lo puntual y conflictivo, y dejando de lado, como en tantos otros temas, la comprensión cabal y global de una realidad que tantas veces se escapaba del manejo de las autoridades nacionales, quedando en manos de la corrupción, de la violencia y del atraso. La de ambos países era una relación reactiva y epiléptica, constreñida a los temas conflictivos, subyugada por el apremio. Es más, para ser más concluyentes, afirmamos que jamás ambos países, ni antes ni después, ni en dictadura ni en democracia, habían hecho de lo fronterizo un tema tan significativo como en esa década.

Nuestras relaciones casi siempre fueron de roce y de tensión, obcecadas por el tema de la definición territorial, militarizadas, discursivas, repetitivas y tediosas hasta el cansancio, y con unos contenidos siempre prejuiciados donde la cooperación franca y sincera, próspera con ambición de porvenir, de hacer el bien, siempre era percibida con los ojos enturbiados del que se pregunta: “Y qué será lo que está buscando el que quiere compartir conmigo este trozo de pan”. El otro como distante, cuando no ocupante de lo que es mío, el invasor, el enemigo interno.

Y esos prejuicios marcaban la conducta de pueblos y gobiernos. Como si de una debilidad ancestral se tratara, dirigimos nuestro esfuerzo y miedos a lo que nos separa más que a lo que nos une, a lo defensivo que hay en el rechazo de lo cooperativo que subyace en la integración.

Esa era, hasta aquel momento inaugural de 1989, lo específico de una relación que comenzó a ser definitivamente próspera, consentido claro de que los intereses propios se multiplican en combinación con los apetitos del vecino que además de hermano es igualmente socio.

Pompeyo fue uno de los paladines de esa nueva dimensión de la relación colombo- venezolana, lo que le trajo consigo más de una agria polémica, muy tensas a veces, de cara al público en los medios de opinión, donde a veces hasta se le tildó de traidor a la patria, de “entregacionista”. Nunca evadió el debate que era su medio natural para el quehacer político. Ello no hacía mella en su carácter ni en su misión, muy al contrario, no hizo sino alentar lo que se habían propuesto ambos países: elaborar un diagnóstico de la problemática fronteriza, proponer soluciones e involucrar a las administraciones de ambos países y a las poblaciones de frontera a que participaran, impulsaran y acometieran decisiones sociales, políticas y administrativas para la concreción de planes que incidieran en la vida económica política y social de nuestras anchas y extensas zonas de frontera común, olvidadas de siempre.

Ningún sector fue dejado de lado u olvidado. Al contrario, se democratizó el tema de fronteras a través de una relación política binacional fluida, sin complejos, con la pasión de construir por encima de trabas y conflictos todo lo que pudiera ser en beneficio de esas abandonadas regiones. La frontera encontró entidad e identidad común, rostro propio en su pertenencia a cada Estado nación. Dejó de ser por una década, quisimos y logramos que así fuera entre 1989 y 1999, la orilla, rincón donde van a parar los trastos viejos, las energías negativas, los negocios más turbios, las fuerzas más oscuras y los intereses menos edificantes, el silencio, el contubernio de las mafias más activas, santuario de guerras y guerrillas.

Mientras, en lo interno, Venezuela vivía tiempos de borrasca, de lucha intestina, de crisis social, de emergencia económica, de corrupción. Tiempos predispuestos a los conflictos, sin fuerza ni dimensión política y social alguna de liderazgos y organizaciones políticas y sociales para tejer lazos de consenso, de buscar salida a una crisis profunda y evidente de institucionalidad democrática de un país que en todo caso nunca mereció el destino que hoy nos toca vivir. Muchos fueron los que propiciaron y pescaron en ese torbellino del que son responsables.

Paradójicamente, durante esa década de glorias pasajeras en lo binacional y fronterizo, Venezuela caminaba hacia el abismo. Pompeyo entonces se desvivía por encontrar lazos de unión con el otro, con nosotros. Veía, sentía y padecía como el que más la disolución de una República democrática que él había ayudado a construir con incansable labor desde su juventud.

Pudiera uno afirmar que la frontera se convirtió en la niña mimada de sus preocupaciones, elixir de sosiego a sus frustraciones como demócrata, como político, como ciudadano, en compensación a una situación frustrante de país que él veía se desmoronaba en guerras intestinas, conspiraciones, acciones turbias, desencuentros, miserias personales que abonaron el desdén de todos contra todos.

Y mientras esto ocurría, en razón de lo mismo, los problemas de la frontera no se detenían y las comisiones hacían un formidable esfuerzo que se concretaba en un extraordinario entendimiento entre Colombia y Venezuela que se evidenciaba en cifras económicas indiscutibles y en un relacionamiento político, diplomático y administrativo, social y humano nunca antes visto. Dichas comisiones jugaron un papel protagónico en tanto supieron administrar con inteligencia su capacidad de resorte que por un lado impulsaban proyectos y por el otro amortiguaban conflictos.

Como puede entenderse ambos países coincidieron en la búsqueda de soluciones globales a todos y a cada uno de los temas atinentes a la bilateralidad, sin exclusiones temáticas; agenda global e inclusiva con una estrategia gradual, paso a paso, dentro de un clima de cooperación, a través del diálogo directo y fraterno, sin apresuramientos ni presiones, en la búsqueda de la paz, el progreso y el entendimiento entre nuestros pueblos.

Esta agenda global tenía además una ambiciosa perspectiva de corto, mediano y largo plazo y alcance profundo, en el convencimiento de ambos gobiernos de que los temas fronterizos ni se podían atender ni menos resolver en el lapso de una sola administración. Muy por el contrario, tenían que convertirse en asuntos y políticas de Estado, fijas y permanentes, creativas e insoslayables, a las que había que destinar esfuerzos, recursos, decisiones, y sobre todo voluntad política. Que se necesitaba de la participación de toda la sociedad y no solo de un sector ya que de problemas nacionales se trataba.

En esa perspectiva, con ese convencimiento político y personal, con todo el esfuerzo existencial posible que él otorgaba a la acción política, se dedicó Pompeyo con el estudio, con la discusión, la pluma, la participación en tantos foros nacionales, binacionales, internacionales, y así fue dejando huella de una vida que no reparó en obstáculos para conseguir metas.

Siempre tuvieron sus acciones un carácter personal, de entrega sincera, de entrañable rastro y ejemplo que debe ser rescatado en estos tiempos grises en donde no existen ni siquiera relaciones diplomáticas entre Colombia y Venezuela, rotas formalmente desde 2019, y que comenzaron a desmoronarse realmente a partir de 1999 con la llegada de Hugo Chávez al poder y sus corresponsables en Colombia que vieron en él, por sus vínculos filiales e ideológicos con el gobierno de Fidel Castro en la isla de Cuba, una ficha clave para facilitar el logro de la paz con la guerrilla de las FARC-EP. La integración binacional se hundió sin remedio y dio paso a la época del chantaje bilateral que se resume en el: “Te dejo hacer con tus tropelías mientras me colabores con las conversaciones de paz”. Hasta su “mejor amigo” llegó a ser.

Hoy todo lo construido en esa década de oro de las relaciones colombo-venezolanas está destruido, pero no por ello debe ser olvidado para que la energía de tantos hombres y mujeres en Venezuela y en Colombia, comprometidos con la integración binacional, no se olvide y antes bien sirva de memoria impaciente para los que vendrán, que tendrán dentro de sus urgencias el restablecimiento de la relaciones internacionales de Venezuela con el mundo dentro de las cuales deben ocupar lugar privilegiado nuestras relaciones vecinales. La frontera es la piel de la patria.

Como resultado de esta energía incansable de Pompeyo Márquez Millán, enfocada en encontrar solución a los problemas del país y de fortalecer las relaciones con nuestros vecinos, fue designado, aún en democracia, por el presidente Rafael Caldera, ministro de Fronteras. Allí volcó la experiencia diaria acumulada en sus labores de Estado en un ente coordinador de lo que Venezuela adelantaba en sus relaciones con los países vecinos.

En la frontera comienza la Patria se convirtió en su día a día, afán y geografía de la lucha de este incansable venezolano a quien acompañamos en tantos desvelos y aventuras por el país, y quien tuvo a Venezuela junto a Colombia como amor y destino de sus esfuerzos vitales.

Sea recordado Pompeyo, al cumplirse un centenario de su nacimiento, por tantas cosas formidables, entre ellas la pasión indomable por la integración binacional y fronteriza colombo-venezolana.

Leandro Area Pereira
leandro.area@gmail.com
@leandroarea
Venezuela

ALFREDO M. CEPERO: LOS MUERTOS IGNORADOS. DESDE USA

Para mí, las víctimas son víctimas por encima de toda otra consideración de raza, religión o militancia política.

Ha transcurrido más de un mes desde la masacre de Uvalde, en Texas, y la prensa militante de la izquierda no se cansa de repetir los grotescos detalles. Aunque fallecidos, esos muertos seguirán en las listas de votantes y votarán por candidatos del Partido Demócrata. Además, sus muertes serán utilizadas por los demócratas y por su prensa aliada para convencer a muchos vivos de que no voten por candidatos del Partido Republicano. Ese es el estado deplorable de la gran prensa de izquierda en los Estados Unidos de América. Por otra parte, la masacre de Uvalde adquiere una dimensión política porque Texas está gobernada por el republicano Greg Abbott. Si Abbott fuera demócrata “otro gallo cantaría”. Porque esta prensa—con tal de atacar a los republicanos—está dispuesta a sufrir pérdidas financieras, tal como las está sufriendo.

Ahora bien, para quienes ponemos la compasión por encima de la política la tragedia de Uvalde tiene una dimensión humana que no puede ser descrita con simples palabras. Tiene que ser experimentada en carne propia. Sólo los padres, los esposos y los hijos de los asesinados saben el dolor desgarrador que es haberlos perdido en forma tan violenta y tan descabellada. Por eso aprovecho la oportunidad que me da este artículo para enviarles mi más sentido pésame. Para mí, las víctimas son víctimas por encima de toda otra consideración de raza, religión o militancia política.

En cuanto a la prensa, recuerdo siempre las enseñanzas de mis profesores en la Escuela de Periodismo “Manuel Márquez Sterling”, en La Habana. Siempre acentuaban que la prensa es “el cuarto poder” dentro de una funcional democracia representativa. Algo así como el antídoto contra la corrupción y la demagogia de los políticos de turno. Pero eso lo decían porque no conocían esta prensa norteamericana del Siglo XXI. Esta prensa no acepta ser “cuarto poder” porque actúa como si fuera el “primer poder”. Y lo usa para proteger y promover a sus aliados de la izquierda política.

Por eso, pone su ideología por encima de los intereses del pueblo que está supuesta a servir. Por eso, ignora los muertos en Nueva York, Los Ángeles o Chicago, todas ellas ciudades gobernadas por miembros del Partido Demócrata.

Hablemos de Chicago. Para el 2010, la tasa de homicidios de Chicago había superado las de los Ángeles y Nueva York. Para el 2015, la tasa de homicidios de Chicago había ascendido a 18.6 por cada 100,000 habitantes. Y para el 2016, Chicago había sufrido más homicidios y víctimas por armas de fuego que Los Ángeles y Nueva York combinados. A finales del 2020, la tasa de homicidios en esa ciudad había ascendido al porcentaje astronómico de 28 muertos por cada 100,000 habitantes.

Pero su alcaldesa, Lori Lightfoot, ni siquiera se inmutaba. Por el contrario, se aprovechaba de su condición de negra y de mujer para hacer total despliegue de su arrogancia. Podía atacar de racista o de discriminador de género a quien se atreviera a atravesarse en su camino de incapacidad administrativa y de indiferencia ante la orgía criminal contra los habitantes de Chicago. Y tenía otra sorpresa bajo la manga. La líder de la tercera ciudad del país les dijo a los periodistas de raza blanca que no se molestaran en solicitar entrevistas porque sólo las concedería a periodistas de raza negra. ¿Cómo es posible que nadie tuviera los “bemoles” de acusar a esta mujer de racismo?

Pasemos a Nueva York donde su alcalde, el exguerrillero sandinista Bill de Blasio, desató una guerra contra el Departamento de Policía de la ciudad cuando advirtió a su hijo mestizo que desconfiara de los agentes del orden. El sindicato del Departamento declaró que de Blasio lanzó a los policías “debajo del ómnibus.”

Pero el colmo de la demagogia y de la humillación fue personificado por el alcalde de los Ángeles, Eric Garcetti, cuando tuvo que retirar la petición de despliegue de la guardia nacional durante los motines que siguieron a la muerte de George Floyd. Garcetti pidió perdón de rodillas por haber hecho la solicitud, pero le sirvió de muy poco. Unas horas más tarde, los manifestantes se congregaron frente a su propia casa. Así pagan las fieras cuando el domador se arrodilla.

Al mismo tiempo, a la alcaldesa demócrata de la zurda ciudad de Seattle, Jenny Durkan, le salió el “tiro por la culata” cuando utilizó una ironía para describir los saqueos en su ciudad de “las vidas negras valen”. En una entrevista con el defenestrado Chris Cuomo, de CNN, la Durkan le restó importancia a los saqueos y dijo que todo se trataba de “un verano de amor”. Cuando las críticas a sus declaraciones ganaron en intensidad, la demagoga tuvo que dar marcha atrás.

Echemos ahora una mirada a las muertes que si son mencionadas y hasta glorificadas—con justificada y absoluta razón—por la totalidad de la prensa norteamericana, tanto la de izquierda como la de derecha. Me refiero a los héroes americanos que han ofrendado sus vidas defendiendo la libertad y el bienestar de naciones y pueblos en todos los rincones del mundo.

Desde el 12 de abril de 1861, en que los confederados enfilaron sus cañones contra el Fuerte Sumter, en la Bahía de Charleston, Carolina del Sur, hasta la reciente fuga en desbandada de Afganistán más de UN MILLON DOSCIENTOS MIL americanos han muerto en conflictos armados. El mayor número de bajas fueron los 600,000 muertos de la Guerra Civil. Esos muertos—en su mayoría de raza blanca—ofrendaron sus vidas por la libertad de los esclavos de raza negra. Una guerra tan cruenta que un soldado tenía 13 veces más probabilidades de morir en la Guerra Civil que en el conflicto de Vietnam.

Los otros 600,000 caídos estuvieron distribuidos en 117,000 en la Primera Guerra Mundial, 407,300 en la Segunda Guerra mundial, 58,220 en Vietnam, la guerra que se pudo haber ganado, 4,431 en Iraq y 2,448 en Afganistán. Todos estos muertos sagrados merecen nuestra gratitud imperecedera porque ellos han hecho de los Estados Unidos el faro de la libertad en el mundo.
Ahora bien, la guerra con el mayor número de bajas y de mayor impacto sobre el siquis americano no ha tenido lugar en las playas de Normandía o en las arenas de los desiertos del Oriente Medio. Esa guerra está teniendo lugar—en estos mismos instantes—en nuestras calles, en nuestras escuelas y en nuestros centros comerciales.

Es una guerra fratricida de americanos matando a americanos. Una guerra que supera en CIEN MIL—un total de UN MILLÓN TRESCIENTOS MIL para ser exactos—a las bajas en todos los conflictos militares de los Estados Unidos en todos los tiempos. En esa guerra, según la ONG Everytown For Gun Safety, muere un promedio, 40,620 personas cada año por armas de juego. Y según la Prensa Asociada, en los 40 años entre 1980 y 2020, 1.3 millones de americanos sufrieron una muerte violenta. Para una izquierda que no quiere una nación sino una selva poblada por numerosas tribus que se odien entre sí y estén dispuestas a depender de un gobierno central estos muertos no son seres humanos sino estadísticas impertinentes que tienen que ser ignoradas.

Alfredo M. Cepero
alfredocepero@bellsouth.net
@AlfredoCepero
Director de www.lanuevanacion.com
Cuba - USA

JULIO CÉSAR ARREAZA B.: YA NO HAY TIEMPO. DESDE VENEZUELA

Resulta bochornosa la actitud política de compinche que difiere ad aeternum la resolución del conflicto existencial de la nación venezolana, planteada abiertamente desde el 10 de enero de 2019, con el comienzo de la usurpación de la Presidencia de la República, sin solución de continuidad. Esta comprobación nos queda clara con la representación política: marchita, cooptada y carente de arraigo popular. La vemos retratada de cuerpo entero cuando, al unísono, se voltea hacia unas supuestas elecciones presidenciales. Esta vez, insisten, sí habrá condiciones, repiten y engañan, por enésima vez, para las elecciones pautadas en el horizonte lejano de diciembre de 2024. Y el hambre, las torturas, los presos y la muerte que esperen. El insólito lance del alcalde de Chacao, apresando y entregando a jóvenes que protestaban pacíficamente, recordando a su compañero asesinado hace 5 años, Neomar Lander Armas, confirma la artera relación con el régimen forajido.

Los venezolanos han derramado sangre, sudor y lágrimas, y el avance ha sido cero. La voluntad de lucha del pueblo ha sido repetidamente frustrada sin ton ni son. Nos remitimos a los hechos, a la pura realidad. La consulta popular del 16J se llevó a cabo con una participación ciudadana, de manera heroica, pocas veces vista, incluso a nivel mundial; sin embargo, sus mandatos fueron clausurados cuando la dirección de la oposición partidista, de manea incoherente, decide jugar su propio juego y participar 15 días después en unas elecciones regionales amañadas. También evidenciamos y presentamos como prueba fehaciente su participación en las elecciones espurias de noviembre de 2021.

Todas estas piruetas han servido para legitimar y darle oxigeno a un régimen impresentable que ha golpeado y arruinado, con saña, a la colectividad y le ha robado la alternabilidad democrática, que es el derecho sagrado de un pueblo soberano de elegir libremente a su gobernantes.

La responsabilidad recae en una dirección política agotada, sin fuelle y que no representa sino a la cofradía irredenta del G4. Hemos insistido y promovido el surgimiento de una nueva dirección política con el mandato de negociar la salida de la usurpación, mediante la estrategia de construir y acumular fuerza interna y externa que lo obligue finalmente a pactar su salida del poder. Que se concentre en una única estrategia con un solo objetivo.

Necesariamente habrá que negociar para ponerle fin a la corporación criminal, pero no de la forma entreguista de los que se pasaron con armas y bagaje a formar parte de una normalización impuesta que no es tal. Las burbujas no son los caballos que mueven la economía.

Miremos una arista de la compleja trama en la que estamos sumergidos. La delincuencia organizada ha impactado al sistema político democrático, mermado la calidad de vida del ciudadano y pasado a formar parte de la gobernabilidad. En la etapa final adquiere cierto nivel de gobernanza y disminuyen los homicidios. Pero hasta que ese grupo llegue a imponerse queda atrás un largo camino plagado de cadáveres. El entramado militar, policial y guerrillero conforma un escenario de pugnas en varias regiones críticas del país. Se requerirá de un conjunto de acciones para abordar el crimen organizado. Establecer la desregulación de ciertos mercados que abultan la renta criminal asociada con el régimen. Este generó ámbitos de acción para el delito: control de cambio, mercados de alimentos y de drogas, distribución de agua por cisternas como respuesta a la “supuesta guerra económica”, una mera excusa para delinquir. Hay que rescatar la institucionalidad, su degeneración se ha nutrido de la corrupción. Como hemos dicho se trata de acciones integrales y no solo de descabezar al crimen con reformas judiciales. Esta es una de las tareas que enfrentará la nueva dirección política que designemos todos, estamos persuadidos que ella tendrá la competencia para negociar la salida del régimen.

Ya no hay tiempo, se acabó, llegó el momento de romper con la “opolaboración” y designar prioritariamente a la nueva dirección política que tendrá, entre manos, asuntos muy complejos de resolver, para conducirnos a la deseada transición democrática.

¡Libertad para Javier Tarazona! ¡No más prisioneros políticos, torturados, asesinados ni exiliados!

Julio César Arreaza
juliocareaza@gmail.com
@JulioCArreaza
Venezuela

NOEL ÁLVAREZ: EL VOTO DEL SEÑOR ALCALDE. DESDE VENEZUELA

Una persona-un voto es el principio esencial de la democracia. Fácil de enunciar, pero también fácil de pasar por alto. Una persona-un voto constituye la base misma de la igualdad entre los ciudadanos en todo proceso electoral y se expande a la posibilidad no solo de elegir a los responsables del ejercicio público, sino también de ser electo para desempeñar alguna responsabilidad de ese mismo carácter.

En el voto libre se fundamenta la esencia de la democracia. Si no es libre, no es voto e incapacita la posibilidad de elegir. La libertad de elección es una exigencia fundamental de la elección misma; sin ella no existiría en absoluto una elección. La libertad de elección significa que el acto de la emisión del voto, este, debe ser ejercido sin coerción y sin presión ilícita. Para la teoría de la calidad de la democracia, el derecho al sufragio es apenas el punto inicial. La construcción de un régimen democrático no concluye en la urna; no obstante, es un salvoconducto relevante para transportarse hacia un sistema efectivamente democrático y es pieza básica para armar el rompecabezas de un régimen que se precie de serlo.

El voto libre, pilar fundamental para la existencia de regímenes democráticos, en nuestro tiempo, se encuentra bajo asedio, en muchos países. Probablemente, el escritor español Miguel Delibes se inspiró en ese enunciado para desarrollar su obra literaria; El disputado voto del señor Cayo, un libro que trata de un tema común en el mundo contemporáneo: la migración de los campesinos hacia las ciudades, dejando atrás su vida en comunidades rurales, abandonando para siempre pueblos que quedan en ruinas, salvo por algunos que se resisten a irse a pesar de la miseria.

En el libro, se muestra un candidato que ha pasado una buena parte de su vida dando la cara por un ideal que lo ha llevado pasar un tiempo en la cárcel, y ahora en recompensa a tanto sacrificio se le da la oportunidad de postularse para un cargo público. Se embarca en un viaje junto a dos jóvenes militantes para llegar con su propaganda política hasta unos pueblos del norte de la provincia de Burgos, España. Allí conocen a los únicos tres habitantes de un poblado. Su representante el señor Cayo, su esposa sorda muda y otro campesino enemistado con él.

La obra del escritor español, es una sátira acerca del poder político y el desarrollo. La novela profundiza con humor en el choque entre el mundo rural y el urbano, representados, respectivamente, por el señor Cayo, el octogenario alcalde del pueblo de Cureña, por un lado, y por el otro, tres idealistas miembros de un partido político de izquierda. El partido, en su afán de llevar su voz a todos los pueblos, envía a sus militantes conocidos como, Rafa, un impulsivo militante político convencido del cambio democrático. Una elegante dama llamada Laly, decidida, que no se desanima fácilmente, apoya todas las causas feministas y es muy inteligente y reflexiva y por último, el profesor universitario Víctor Velasco, antiguo preso de la dictadura y aspirante a diputado.

Durante las horas que los tres políticos permanecen en el pueblo, el señor Cayo tiene oportunidad de mostrar su sabiduría ancestral y su enorme capacidad para sobrevivir en solitario. Él cultiva la tierra, sacando de ella sus alimentos, se procura lo necesario para la vida. A pesar de vivir casi en un aislamiento total, el autor de la obra literaria dice que “su trato es amigable, de hablar pausado, que infunde respeto al hacerlo, seguridad, sabiduría y un profundo sentido de humanidad”.

Cuando se estaban despidiendo los dirigentes de izquierda, apareció un grupo de extrema derecha y se produjo un altercado, en el que Víctor Velasco sufre brutales golpes. Pero esto no es lo que impresiona al candidato y a sus compañeros; a ellos los impresiona la enorme capacidad y extraordinaria personalidad del señor Cayo. Por eso, de regreso a la ciudad, paran el carro y beben en una cantina hasta la lúcida borrachera que les hace exclamar: “Hemos ido a redimir al redentor. ¡Viva el señor Cayo, macho!”, o decir, después, en la sede del partido: “El señor Cayo podría vivir sin Víctor, pero Víctor no podría vivir sin el señor Cayo”.

La desdicha de los tres pobladores de Cureña hace que la novela domine un lugar de importancia dentro de la literatura española. La historia del libro de Delibes, está enmarcada en el período de elecciones del año 1977, las cuales tienen un significado especial, ya que fue la primera expresión democrática en el país europeo luego de la muerte del general Francisco Franco. Quizá el romanticismo de las primeras elecciones democráticas celebradas en España tras casi cuarenta años de dictadura, llevó a los políticos a dejarse la piel por conseguir el beneplácito de un electorado con ganas de participar en la vida pública.

La lectura de esta novela deja un sabor agradable para quienes pasamos buena parte de la vida en labores agrícolas. En ella se enaltecen las costumbres simples y el gusto por las actividades del campo. Toda una cultura olvidada en muchos países, que a pesar de que a muchos hombres y mujeres les dejó de importar, sigue estando allí, en el campo, donde queda un cierto sentimiento de nobleza, nostalgia y orgullo para obtener el pan de cada día, a cambio de una cuota de arduo trabajo.

Noel Álvarez
Noelalvarez10@gmail.com
@alvareznv
Coordinador Nacional del Movimiento Político GENTE

LUIS FUENMAYOR TORO: REFLEXIONES POLÍTICAS SOBRE LAS ELECCIONES DE 2024. DESDE VENEZUELA

He dicho que existen tres sectores principales en la política venezolana según sus influencias electorales: el gubernamental, el opositor democrático y el opositor extremista. En todos hay una heterogeneidad, que va más allá de la esperada en procesos políticos estables, pero el sector que luce más diverso es el llamado opositor democrático, pues incluye distintos grupos procedentes del extremismo violento, varias fracciones desgajadas del chavecismo, agrupaciones viejas y recientes sin pasado de ejecutorias inconstitucionales, grupos apartidistas diversos y a quienes se definen como comunistas venezolanos. El que aparece como más homogéneo, por lo menos públicamente, es el sector gubernamental, aunque muchos dicen, o desean, que la procesión va por dentro.

· Ante tal diversidad opositora y, teniendo en cuenta que el apoyo popular del gobierno se ha reducido tanto, que la votación total opositora pasó a ser mayor que la del régimen, se viene planteando la necesidad de una alianza o unidad de toda la oposición, para poder derrotar al gobierno en las presidenciales de 2024. Este planteamiento es lógico, pero no se puede convertir en una restricción de tal magnitud, que limite o dificulte en alguna forma las acciones dirigidas a lograr el objetivo de derrotar al gobierno en las próximas presidenciales. La búsqueda de la unidad no puede ser paralizante, pues ésta no es en sí misma lo fundamental de la lucha, sino un instrumento para tratar de garantizar su éxito.

· La unidad no es entonces un fin en sí mismo, ni algo que se obtiene totalmente o simplemente no se logra. Hay distintos grados de unidad, proporcionales al número de factores concurrentes en el escenario electoral. La unidad total es generalmente imposible, pues la diversidad se impone y la limita. Esto debe ser comprendido por todos y principalmente por la dirigencia de los partidos y otros grupos participantes en el proceso. Solamente se puede unir a los susceptibles de ser unidos, a quienes tienen coincidencias en los objetivos a lograr en la contienda electoral y a quienes concuerdan también en las formas y métodos a utilizar en la lucha. A quienes no tengan tantas diferencias y discordias entre sí, que obstruyan el camino unitario. Ni siquiera en las peores situaciones se logra una unidad total. Definir con quienes es necesario unirse y con quienes es imposible hacerlo es una tarea fundamental.

· Nos encontramos en una situación en la que el gobierno avanza indeteniblemente hacia las elecciones de 2024, mientras las fuerzas opositoras se consumen en sus diferentes apreciaciones de la realidad, en sus luchas internas y en sus distintas prácticas, a las que se suman los odios personales y mellizales entre sus integrantes. Una consideración que no se puede minusvalorar es la existencia de incentivos económico-financieros fuertes dentro de ciertos grupos opositores, que lleva a que algunos no estén realmente interesados, por lo menos en este momento, en la derrota y salida del régimen de Maduro, a menos que ellos fueran quienes lo sustituyeran. La unidad con ellos es imposible y los esfuerzos que se hagan para lograrla serán perdidos y, lo más importante, consumirán un tiempo indispensable para ser utilizado en lograr la victoria.

El candidato que se escoja es importante, pues es falso que la gente va a votar por cualquier aspirante que se le oponga a Maduro. Y no hablo sólo de la gente común, que ya se abstiene en un 50 por ciento sin importar los candidatos, ni las elecciones de qué se trate. Somos muchos quienes no votaríamos por Juan Guaidó o Leopoldo López, para no mencionar sino dos líderes opositores, pues estamos convencidos que un gobierno de éstos sería peor que el que Maduro mismo pudiera realizar a partir de 2024. Y esta convicción está más extendida de lo que los políticos aceptan. Y no estoy diciendo que el candidato opositor deba ser una mezcla tal de virtudes humanas y ciudadanas, que haga imposible conseguirlo en el mundo real y mucho menos en el político.

· El mejor escenario posible parece ser el de tres candidaturas con opciones reales de triunfo: una de cada uno de los sectores señalados al inicio. Pero incluso este escenario es difícil de lograr. La oposición democrática debería trabajar desde ya en esta dirección, atraer a los grupos más sensatos del extremismo, incorporar a los sectores opositores chavecistas y tener un candidato aceptable y un programa de rescate nacional, para finales de este año o como máximo para el primer trimestre de 2023.

Luis Fuenmayor Toro
lft3003@gmail.com
@LFuenmayorToro
Venezuela

lunes, 13 de junio de 2022

AQUÍ TITULARES DE HOY LUNES 13/06/2022, DESDE VENEZUELA PARA EL MUNDO, PARA LEER PULSAR SOBRE EL TITULAR ESPECIFICO

  HOY - OPINIONES TEMAS INTERNACIONALES Y NACIONALES -  

BEATRIZ DE MAJO: EL COSTO DE UN AMPATE. COLOMBIA EN CAPSULAS. DESDE ESPAÑA









BEATRIZ DE MAJO: EL COSTO DE UN AMPATE. COLOMBIA EN CAPSULAS. DESDE ESPAÑA

Siempre la segunda vuelta de la contienda electoral de los vecinos colombianos ha sido ruda más nunca como en esta ocasión, porque lo que se juega el país se parece muy poco a la encrucijada que se dirimió en anteriores elecciones. Colombia cambiará totalmente de rumbo, cualquiera que sea la alternativa que seleccionen los ciudadanos, y ambas están empeñadas en producir una transformación cuyo alcance únicamente está en la mente de cada uno de los aspirantes a la Casa de Nariño.

El caso es que en Colombia el voto de los colombianos será “en contra de” y no “a favor de”. De un lado, Rodolfo Hernández cuenta con un equipo que ha conseguido armar una propuesta de atención a los más grandes retos del país. Pero el candidato no consigue explicitar de manera clara como producirá el vuelco en contra de la política tradicional que preconiza. Todos se preguntan cómo, sin contar con un apoyo de las fuerzas que integran el Congreso, implementará políticas y desarrollará proyectos necesarios para el avance del país en épocas turbulentas. En la orilla contraria, el izquierdista Gustavo Petro nunca ha sido diáfano en sus propuestas y las que ha adelantado son de un corte tal en materia de controles radicales que puede llevar la economía a la paralización instantánea, a la desconfianza del inversionista, al aislamiento en un mundo cada día más interdependiente y a la ruina a una velocidad inusitada.

Las personalidades y actuaciones públicas de cada uno de estos líderes son en extremo polémicas. El electorado se debate dentro del sentimiento de estar acudiendo con una venda en los ojos a la selección del hombre y del programa que dirigirá sus destinos. ¡Menudo drama para un país urgido de una propuesta de desarrollo consistente y de la confianza de los administrados!

Hernández sigue capturando el voto “anti establishment” y el de los más conservadores. Por ello, cada vez que un líder de cualquier partido le apoya. se lesiona su favorabilidad en el seno de aquellos que son simpatizantes de un verdadero cambio. Por su lado, Petro es un buen agente de debate con años de experiencia y lo hace con mayor maestría. Domina bien el tema de las redes sociales y ha sido bueno en moderar su discurso en la medida en que el tiempo pasa, para intentar acercar a quienes ven su presidencia como un salto al abismo. Nada en este hombre suena sincero, ni transparente.

Pero como el cambio es el plato fuerte de ambos candidatos, es preciso que ellos y sus adláteres sean estridentes en sus propuestas y exagerados en sus críticas. Nada más equivocado cuando lo que debe privar es la cordura y la transparencia, el apego a soluciones factibles y el abandono de proyectos ilusorios o quiméricos. Eso es lo que reclama Colombia.

Cada ciudadano que se acerque a las urnas irá armado de emociones y sentimientos más que de racionalidad en el voto. Y esto resulta ser en extremo peligroso. Se piensa que el voto el blanco va a ser numeroso. Pero es mucho más grave que la abstención pueda ganar la partida como ya lo hizo en la primera vuelta. No solo el país quedará dividido en dos toletes políticos enfrentados sino que, además, el país que no vota será casi tan grande como la mitad de la población electoral colombiana.

A grandes rasgos, si la votación fuera hoy Petro tendría en su haber 42% de los votos y Hernández 41%... o viceversa. Solo depende de la manera de medir de la opinión de cada encuestador. Es decir, Colombia se dirige a un empate virtual. Uno de cada ocho colombianos no sabe por quién votar y si se animaran a hacerlo atendiendo al llamado de la sociedad y de los candidatos, son estos ciudadanos - 16 % de los electores - quienes inclinarán la balanza de uno u otro lado o harán aún más dramática la polarización.

¿Cuál es peligro de esta situación? Inestabilidad y enfrentamiento: el ambiente ideal para el caos. Si recordamos que las votaciones parlamentarias de hace unas semanas terminaron con un conteo a favor de Gustavo Petro que puede calificarse de irregular, el ambiente está listo para desórdenes, acusaciones de fraude, todo lo que abonará en favor de una paralización que el país no se puede permitir.

Este es el escenario a apenas una semana de la hora cero. Que cada ciudadano aquilate bien de cada propuesta el beneficio que puede extraer la ciudadanía y que sopese hacia dónde están pretendiendo Gustavo Petro y los suyos inclinar la balanza para pescar en río revuelto.

Beatriz De Majo
@BeatrizdeMajo1
Venezuela – España

CARLOS ALBERTO MONTANER: PAN PARA HOY Y HAMBRE PARA MAÑANA. DESDE USA

Se terminó la Novena Cumbre de las Américas. La mayor controversia suscitada fue la amenaza (cumplida) de Andrés Manuel López Obrador de no asistir … si no invitaban, aunque estaban deshechas, a las tres dictaduras latinoamericanas que quedan en pie: Cuba, Venezuela y Nicaragua. No las invitaron, y el Santo Patrón de las tiranías se quedó con los moños hechos. Eso sí: envió a su canciller, un personaje mucho más presentable que él mismo: Marcelo Ebrard. Los estadounidenses respiraron aliviados. Tenían el mejor de los mundos posibles. El gobierno de AMLO, sin AMLO.

Pero el presidente de México no fue el único ausente. Tampoco estuvieron los presidentes de Guatemala, El Salvador y Honduras, el famoso “triángulo norte” de Centroamérica. (Famoso por sus crímenes y su volumen de exiliados). La Novena Cumbre, afortunadamente, tuvo un cronista excepcional en Héctor Silva Ávalos para Infobae, el primer medio argentino digital.

Alejandro Giammattei, el de Guatemala, no acudió a la Cumbre indignado por las acusaciones de corrupción. Nayib Bukele, el salvadoreño, primero, porque había pactado con las maras la gobernabilidad del país, y, segundo (palos porque bogas y palos porque no bogas), por los malos tratos a los miles de mareros presos, cuando estos continuaron asesinando en las calles del diminuto país. (Bukele tiene el apoyo de un porcentaje mayoritario de la nación en su política de “mano dura” contra las maras). En cuanto a la presidenta de Honduras, la señora Xiomara Castro, esposa del líder político Manuel (Mel) Zelaya, porque se siente más cómoda en la proximidad de Cuba, Venezuela y Nicaragua, y porque su marido quería agradecerles a estas dictaduras los favores prestados.

En México, simultáneamente a la Cumbre de Los Ángeles, se está organizando la “madre de todas las marchas”. Recuerdo el origen de esa frase: “la madre de todas las batallas”. Era el espectáculo que prometía Sadam Hussein si los Estados Unidos se atrevían a encabezar el ataque tras la ocupación de Kuwait por el ejército iraquí. Un diario alemán sacó la cuenta de las armas que tenían los dos contendientes y concluyó que “la madre de todas las batallas” probablemente sería ganada por Sadam Hussein. A las fuerzas de la coalición, dirigidas por EE.UU, le bastaron unas pocas horas para demostrar que los periodistas alemanes habían subestimado a George H. W. Bush (el padre, para entendernos), y al general Norman Schwarzkopf, el jefe de las FF.AA. norteamericanas durante la ‘’llamada” Guerra del Golfo. En realidad, fue un paseo.

Muchos de los que intentan “la madre de todas las marchas” son cubanos, venezolanos y pertenecientes “al triángulo mayor de Centroamérica”, precisamente los que no tienen un presidente que los representen: salvadoreños, guatemaltecos y hondureños. ¿Qué se debe hacer con ellos? Por supuesto, dejarlos entrar y darles “papeles” para que paguen impuestos y se hagan ciudadanos en cuanto puedan. No hay nada más ridículo que suponer que son “espías”. Los espías entran de otra manera. A los cubanos en todo momento les han permitido la entrada y esto ha sido muy conveniente para el país receptor. Un 99.99% viene a trabajar. No es posible defender la libertad y negarles la entrada cuando la necesitan. Nadie abandona su tierra por motivos frívolos o persiguiendo un estipendio ridículo.

Los cubanos y venezolanos eran receptores de inmigrantes antes de 1959 y del siglo XXI. Cuba conoció una pequeña emigración tras la Segunda Guerra mundial: de 1945 a 1955 se “fueron” 35,000 personas, pero en ese mismo periodo “llegaron” 211,000 inmigrantes. Me contaba Fernando Bernal, diplomático de la revolución, y luego exiliado, que sólo en el consulado de La Habana en Roma había 11,000 solicitudes de peticiones de emigración a la Isla. En cuanto a Venezuela, lo que ha ocurrido en ese país no tiene nombre: de contar con un número creciente de inmigrantes (portugueses, italianos y centroeuropeos), hoy tienen seis millones de exiliados.

¿Por qué se marchan? Esencialmente, porque no tienen cómo ganarse la vida y carecen de movilidad social. La idea de que no puedes mejorar tu calidad de vida, no importa lo que hagas, es un acicate para largarse. El tipo de régimen político en abstracto sólo le importa a un mínimo de personas. Si USA quiere restituir en Cuba y en Venezuela la movilidad social tiene que derrocar al régimen que la provoca. De lo contrario, es pan para hoy y hambre para mañana.

Carlos Alberto Montaner
montaner.ca@gmail.com
@CarlosAMontaner
Cuba- Estados Unidos-España

ARIEL PEÑA: IDEOLOGÍA Y ELECCIONES. DESDE COLOMBIA

Se dice que la política es la actuación pública de las pasiones privadas, y otros la identifican como un engaño general para satisfacer apetitos personales; de ahí que casi de manera común se toma a la mentira como una forma de hacer política, situación que ha sucedido a través de la historia universal, pues es algo que se ha creído normal, sobre todo en las sociedades subdesarrolladas; sin embargo aparte del engaño dentro de la lucha por el poder, encontramos que una combinación perversa se da cuando se junta una ideología totalitaria con la mentira; y no hay que hilar muy fino para saber que en Colombia la ideología totalitaria está representada en el marxismo leninismo, que acompaña en la actualidad al candidato Gustavo Petro con sus diferentes grupos y partidos que conforman el Pacto Histórico.

Pierre-Joseph Proudhom, uno de los principales libertarios del siglo XlX, que apabulló los dogmas totalitarios de Karl Marx, expreso: “ El problema no está en saber cómo seremos gobernados, sino como seremos más libres”, para el caso colombiano se podría tener en cuenta esa consigna, pero desafortunadamente si un régimen comunista se posesiona el 7 de agosto, de hecho será liberticida, en atención a que el sometimiento absoluto de las masas es una condición necesaria para consolidar la dictadura.

Por el conflicto político-militar que ha vivido en décadas el país, se volvió prácticamente intocable la dogmática marxista leninista, que ha realizado un trabajo ideológico importantísimo durante más de 60 años en la educación, los sindicatos y las organizaciones sociales, mediante un discurso miserabilista, que también ilusiona a la población con una supuesta redención, utilizando además a la violencia en contra de la ciudadanía sin importarle su condición social, como el sacrificio propiciatorio para alcanzar el “paraíso comunista”; semejante espejismo, propio de las alucinaciones marxistas, es el responsable de la tragedia que ha vivido el país en varias décadas con las guerrillas marxistas de las Farc y el Eln, especialmente.

Al no haber existido una confrontación ideológica de fondo en contra del comunismo, por parte de las fuerzas democráticas, hemos llegado a la situación en que actualmente nos encontramos, con unas estructuras comunistas a las puertas de la toma del poder, que impulsaran un proyecto político en contra de la libertad y la democracia, si ganan las elecciones el próximo 19 de junio.

No cabe duda que la génesis del conflicto en Colombia es responsabilidad absoluta del comunismo para la toma del poder, desde hace varios años, lo que también llevó a la degradación del conflicto con la lumpenización del enfrentamiento, adobado con el narcotráfico que financió también al paramilitarismo, al que según un importante periodista fallecido en el 2021, lo calificó, ” como el hijo bastardo de la guerrilla”.

En consecuencia el debate ideológico en contra del marxismo leninismo lo han convertido en una anatema, ya que en la academia, la política, los medios de comunicación, las organizaciones sindicales y sociales no se ha presentado. Y algunos sacan la excusa de la intolerancia; cuando en primer lugar hay que establecer la responsabilidad del marxismo por las implicaciones horrorosas que ha generado el conflicto armado, con el agregado que traería un gobierno comunista en caso de ganar Petro las elecciones, subrayando que por mala que sea toda situación es susceptible de empeorar.

Para volver más intocable al marxismo y evitar la batalla ideológica, sus dirigentes lo ocultan con diferentes atuendos, haciéndolo llamar indigenismo, bolivianismo, ecologismo, feminismo, progresismo, movimientos alternativos y otras denominaciones; siendo evidente que cuando se les plantea un debate sobre la vigencia histórica del comunismo a los militantes de esa corriente, se paralizan y por ello usan diversas argucias para desviar el tema.

De tal manera que lo más preocupante del candidato presidencial Gustavo Petro, es su ideología, que llevará a la práctica cuando este en el manejo del estado, resaltando que para llegar a ese objetivo los comunistas tiene la ecuación, que afirma: “Hay que ser flexibles en la táctica, pero radicales en la estrategia”, así que las mentiras que ha dicho constantemente Petro hacen parte de su ideología, en donde la verdad es un prejuicio burgués, que desaparece a base de mentiras, puesto que en el estatismo hegeliano, el comunismo esta hermanado con el fascismo y el nazismo por su matriz totalitaria.

Ariel Peña
arielpena49@yahoo.com
@arielpenaG
Colombia

JOSÉ GREGORIO CONTRERAS: EL LIBERALISMO Y LA LUCHA CONTRA LA POBREZA. DESDE VENEZUELA

A propósito del tema que voy a tratar en este artículo, estimo pertinente citar la frase muy poderosa de Friedrich A. Hayek, quien dice: “El hombre aprende con el desengaño de sus expectativas.” Cuántos ejemplos nos puede dar la historia de falsos líderes que han alcanzado el poder, erigiéndose como defensores de los pobres y además prometiendo acabar con la pobreza, y lo que han hecho es convertirlos en más pobres, crear muchos más, y, lo que es peor, le han robado la libertad. Son tantos los que en nombre de ellos han hablado y tantas las falsas expectativas creadas, que ya no debe haber lugar para tantos engaños, y por ende se debe aprender de ellos, de allí la pertinencia de esta frase.

Ante esta realidad y teniendo en cuenta que en nombre de la mal llamada igualdad, se ha pretendido matar lo más hermosos que tiene el hombre: la libertad, los políticos que abrazamos la doctrina liberal, tenemos el doble compromiso de aclarar conceptualmente el tema y las causas de la pobreza y de revertir la dramática situación que vive Venezuela. El régimen se ha encargado de hacernos más fácil esta explicación, en el caso venezolano, pues, según un estudio de la Universidad Católica Andrés Bello el 96% de los hogares en Venezuela viven en la pobreza, y el 64% en la pobreza extrema, es decir, no necesitan los venezolanos, convencerse, aun más, de lo perverso que es el modelo del socialismo y de las mentiras de quienes lo propugnan, cuando ofrecen acabar con el flagelo de la pobreza, ya que viven en carne propia los rigores de esta y conocen sus causas.

Nos corresponde ahora la tarea de hacerle entender a nuestros hermanos venezolanos, que el único modelo que nos puedes dar la oportunidad de salir de esta desgracia, es el liberalismo y les explicaremos porqué:

Lo primero que podemos decir, es que los socialistas han concebido la pobreza con la falta de ingresos para obtener los bienes necesarios, pero esto no es del todo cierto, y de hecho concebirla así, genera más pobreza. Nosotros concebimos la pobreza como el resultado de la privación de las capacidades básicas, sin ellas es imposible alcanzar el bienestar y se estará condenado a la pobreza. De allí que nuestro compromiso es darle las herramientas a los ciudadanos, capacitarlos con nuevos recursos para una mayor efectividad en la búsqueda de sus propósitos, en otras palabras, no darles el pez sino enseñarlos a pescar, es decir, darle la libertad de ser agente, que es la libertad para conseguir cualquier cosa que la persona, como ciudadano responsable, decida que habría de conseguir. Es nuestro papel, además, desde las funciones de gobierno, educarlos para enseñarles que las recompensas que recibirán no dependerán exclusivamente de las habilidades y capacidades que posea, sino del uso correcto que haga de ellas.

Los liberales luchamos por la libertad, y una manera de ser libre, es salir de la pobreza, por eso la lucha contra este flagelo la concebimos como una lucha por el bienestar, y este entendido en los términos de lo que una persona puede realizar, este conjunto de capacidades que estamos obligados a darles a las personas, representa, pues, darle la libertad para que ellas puedan escoger los modos de vida alternativos que puedan llevar.

Ser pobre en un país rico como Venezuela solo se explica por no haber capacitado a los venezolanos para aprovechar toda esa riqueza. La clase política solo se dedicó a la dádiva como única manera para su supervivencia política, dando lugar a una gran brecha entre ricos y pobres, cuando podríamos ser mayoritariamente ricos, si el modelo se hubiese basado en libertades como las que proponemos, y estoy seguro que nos hubiésemos evitado la desgracia que vive Venezuela con el socialismo del Siglo XXI.

Así, desde un contexto específico, en esta lucha contra la pobreza se pueden hacer provisiones públicas para la seguridad social o programar las exigencias de algunas capacidades elementales como, por ejemplo, poder evitar privaciones como la inanición, la desnutrición, la morbilidad evitable y la mortalidad prematura. La pobreza la debemos atacar dando libertad, como dice Isaiah Berlin: ” la libertad de un hombre o de un pueblo para elegir vivir como desea”.

Nuestro interés es sacar a los venezolanos de la pobreza, es hacerlos libres, no darles dádivas para fungir que le estamos dando bienestar, cuando por el contrario, lo que se logra con eso es condenarlos a seguir siendo pobres. Los liberales combatimos la pobreza: haciéndolos libres. En palabra de Hayek: “El principal objetivo de la libertad es ofrecer oportunidades e incitar al individuo para que asegure el máximo uso de conocimientos que pueda adquirir. Lo que hace el individuo a este respecto no es su conocimiento genérico sino su conocimiento concreto: su conocimiento de las circunstancias y condiciones especiales”. He allí la diferencia y nuestro compromiso.

CARLOS RAUL HERNANDEZ: MAREOS DE LA SEGUNDA VUELTA, DESDE VENEZUELA

Hasta hace poco los grandes patanes malhablados en el poder habían sido Castro, Videla y Pinochet. Ahora después de la etapa galáctica, hay competencia a ver quién lo es más.

Mareos en la segunda vuelta. Después de la primera ronda en Colombia (Gustavo Petro, 43%, Rodolfo Hernández, 28%) estamos ante una guerra de encuestas, varias con algo en común: final de fotografía para el ballotage. Como suele ocurrir, los revolucionarios plantean esto como una refundación de Colombia, un renacimiento histórico, y la salida de una terrible “opresión” y “esclavitud”. Cada vez que se presenta un cambio electoral importante, viene con él la alocución apocalíptica. “Nace una nueva era”, “no es una era de cambios sino un cambio de era” dijo el expresidente Correa, hoy con destino incierto; “crisis de un sistema de dominación” y demás gotas de rocío marxistas, porque para Marx todo lo acontecido antes del socialismo “era la prehistoria de la Humanidad”. El discurso sobre la desigualdad, la injusticia social, los “privilegios” y demás pamplinas propagandísticas ad hoc, que los salvadores exasperarán ¿Es eso lo que ocurrió en Colombia? Desde el año 2000 el país crece a una tasa importantísima, con la conversión del campesinado en clases medias, empleo formal, modernización acelerada del país y PIB disparado en el orden de 90%, una cifra extraordinaria.

Algo parecido ocurrió en varios países de la región, como Chile y Perú, a los que quieren sacarlos también de la “prehistoria de la humanidad”. Por el contrario, Colombia se anota veinte años de éxitos, desde ser un país simplemente atrasado y premoderno, en el que te arrancaban de la muñeca hasta un reloj de plástico en la Plaza de Bolívar de Bogotá. Envidiable crecimiento económico, mejora de los ingresos, bajo desempleo y baja inflación, con miles de nuevos kms. de vialidad, acueductos, cloacas, cableado eléctrico, teléfonos, internet, etc. Lejos del infierno económico que inventa la izquierda, Colombia más bien, desde las reformas de Álvaro Uribe (2002-2010) se mantuvo en crecimiento permanente, baja inflación (apenas 1.6% en 2020) y desempleo moderado. Expulsó las FARC a las fronteras y luego Juan Manuel Santos las incorporó al proceso democrático. La idea colectiva de que el país se dirigía a la paz gracias a la excelente gestión de sus presidentes, el último de ellos Santos, es envión definitivo para que Iván Duque gane las elecciones de 2018 con 53% de los votos, pero él se encarga rápido de acabar la sanación.

Lo que determina resultados electorales, no son los malestares (ni bienestares) sociales o económicos, sino su manejo político, destreza, jefatura y sentido táctico-estratégico para moderar peligros del sistema, cobrar sus éxitos, y asombra el genio de Duque para exacerbar los problemas y auto desestabilizarse. Él era la continuidad del sistema político, porque tanto el presidente que llega, como el anterior eran “hijos” de Uribe, aunque Santos se había desmarcado de los errores uribistas. La izquierda marca récord histórico con 43% de Gustavo Petro, dentro de la estabilidad pluralista y nadie hablaba de matarlo. Ya Presidente electo, Duque anuncia revisar los acuerdos de paz y la persecución de Iván Márquez y Jesús Santrich, lo que pone en ascuas de nuevo a guerrilleros y exguerrilleros pacificados. De un clima optimista, Duque hizo en cuatro años una olla de presión, enguerrilla de nuevo a la izquierda pacificada, y polariza a la sociedad entre uribismo y petrismo. “Mano dura” fue su promesa y mano dura recibe. (Me hace pensar qué hubiera pasado en Venezuela, si los amigos locales de Duque hubieran llegado al poder).

Se hace el suizo y deja que masacren a la FARC que entregó las armas, permite que los paramilitares asesinen sistemáticamente a los pacificados, conocidos como “dirigentes sociales”. 36 masacres con 151 muertes en 2019, y 76 con 292 muertes en 2020. El clima sanguinario y de pánico fortalece al ELN, rearma expacificados, y proliferan nuevas pandillas narcoterroristas. Durante 2021, 96 masacres cobran 338 víctimas. En los primeros meses de 2022 se reportan 44 masacres con 158 muertes. En total, cerca de 1400 muertes de “pacificados” durante la gestión de Duque, cuya base política se encoge hasta que no pudo siquiera aspirar a la reelección, y un espectro, desde demócratas hasta guerrilleros, se desplaza hacia Petro, eje de una gran alianza de izquierda y no sabemos qué traería a Colombia. Las variables positivas de la economía parpadearon momentáneamente en la pandemia. Ni Petro ni Hernández dan para confiar en el futuro de nuestro país gemelo.

Hay razones para creer que detrás del primero podría estar el rostro de Morales, Ortega, Correa. O peor, que tenga un Giordani guardado, porque su supuesto comeflorismo puede eructar desgracias, ahora con la moda global del “crecimiento cero”, que me recuerda a la niña pre bachiller aquella, Greta, y a David Benatar un filósofo naturalmente en la ola de la posmodernidad, entusiasta de que la humanidad desaparezca para que crezcan las plantas y los animales. Hernández parece haber nacido para ser alcalde, si seguimos a Calderón de la Barca, quien parece acuña el término “alcaldada” como sinónimo de una decisión o discurso imbécil y arbitrario. Hasta hace poco los grandes patanes malhablados en el poder habían sido Castro, Videla y Pinochet. Ahora después de la etapa galáctica, hay competencia a ver quién lo es más.

Carlos Raul Hernandez
carlosraulhernandez@gmail.com
@CarlosRaulHer
@ElUniversal

JOSÉ CÁNDIDO VILORIA: LAS GRIETAS DE MI NACIÓN A DONDE NOS LLEVA. DESDE VENEZUELA

Por eso el Santo de Israel dice así: «Ya que ustedes han rechazado esta palabra, y confían en la violencia y en la iniquidad, y se apoyan en ellas, este pecado será para ustedes como una grieta que se extiende por un alto muro, hasta resquebrajarlo y hacer que se derrumbe en cualquier momento. Y éste se resquebrajará como una vasija de alfarero, que sin misericordia la hacen pedazos; a tal grado que, de entre los añicos, no se encuentra un solo tiesto para sacar fuego del hogar ni agua del pozo. Isaias 30: 12/14.

Me pareció apropiado tocar el tema de las gritas del país; muy apropiado apropósito de los últimos acontecimientos en San Carlos Estado Cojedes; donde Comunistas y Socialistas reflejan cual es el Nivel de la hacencia Política en Venezuela; que por cierto ni sabemos si también esos entuertos y escaramuzas son acordados para generar zozobra y alboroto Político, por la casi nula aceptación que tienen ambos grupos en la población Venezolana; o en realidad son genuinos de un grupo a otro; lo cierto es que en medio del descollé de Violencia Política, salieron a relucir disparos hacia la flota de camionetas que trasporta a uno de los candidatos encampañados de los Socialistas que recorre el país con la plática de las ayudas humanitarias; lo que pudiéramos catalogar como un intento de homicidio, o en todo caso allí se genero un Delito, que muy bien la Inexistente fiscalía debiera investigar; pero como se trata de una trifulca entre etílicos, poco importa al estado de derecho, establecer Responsabilidades, a los Promotores de la Violencia Política, por una única razón, estamos en manos de dos bandas una más peligrosa que la otra, manejas en contubernio gubernamental; pero muy a pesar de ello y las razones por la cual se llego a estos límites; debo rechazar y condenar la acción por atentar contra la ciudadanía. La Violencia debe ser condenada por todos, venga de donde Venga.

Donde está la Venezuela de la decencia; estamos perdidos, extraviados, de parranda o solo es un letargo de 23 sufridos años, en manos de Comunistas y Socialistas, que lo vemos como tiempo pasajero; pero hay una realidad que nos embriaga, nos agrietaron las raíces de nuestra existencia de la vida misma; nos sacaron al país del bolsillo, y nos sumergieron en las miserias colectivas de Karl Marx y los complejos Friedrich Nietzsche y Sigmund Freud; muy bien acoplados por los miserables Cubanos, quienes han sido los chupa sangre y depredadores de toda esta tragedia nacional; así las cosas cuartearon al país hasta la miserabilizacion de su población, lo que le ha permitido al establishment, cabalgar sobre cada uno de los factores que han ido diseñando bajo la Programación Neurolingüística (PNL), estableciendo patrones mentales, en la sociedad, que utilizando determinadas técnicas perversas, logran el objetivo de optimizar la capacidad de comunicación direccionada sobre la población, de allí que van saliendo a relucir patrones como, este Gobierno no sale con votos, este gobierno no hay quien lo pueda derrotar, para que vamos a votar si ya el gobierno gano; allí el encaminado de las matices que lanza al común y radio bemba se encarga del resto; ello le agregas el acuerdo de permanencia con la Oposición Cohabitante, el resultado es el que vivimos en la actualidad, una población en desesperanza, en desgano, turbada, en pobreza, en decadencia, y la anti-política en su mejor Momento, y una clase política decadente nauciabunda, esperando el tiro de gracia, lo que devela lo más deleznable de la política Venezolana.

Cada uno de nosotros tiene sus propias grietas, todos somos vasijas agrietadas, pero debemos saber que siempre existe la posibilidad de aprovechar las grietas para obtener buenos resultados; estamos en un punto donde es necesario corregir el rumbo y hacer de carpintero, si carpintero el pájaro, de nuestras vidas, en nuestro entorno, para nuestra nación, hay que dejar de un lado la culpabilidad o el pobrecito yo, debemos salir de la condición de victimas, que no, nos permite ver el gobierno de lo Público, en la vida del estado, como tampoco nos permite percibir las necesidades del otro, es tiempo sacudirnos el polvo para enrumbar la direccionalidad correcta de la Republica, ello implica EL CAMBIO DE PERSONAS en el manejo de la cosa Pública, pero también el cambio como personas como parte integrante de nuestra Nación, quienes tenemos la responsabilidad de reparar las GRIETAS de Nuestro País.

Por último debemos repensar el Estado a partir de lo público, que es una tendencia planetaria que conlleva reflexionar lo que realiza y cómo puede mejorar sus capacidades institucionales, interactuantes con la sociedad; Pensar lo público es considerar que el Estado no puede, ni debe aislarse de ese espacio, como es la realidad reinante en Venezuela, dado que son los ciudadanos quienes mueven el engranaje del país; lo nutren, lo legitiman; para que no sea un Estado FORAJIDO, una organización carente de legalidad y legitimidad como el mundo ve a Venezuela en estos momentos; Conviene destacar que el Estado moderno imperante en la globalidad y del cual nuestro país se quedo aislado, se rige por Principios Éticos, y Valores Morales e instituciones, que lo reconocen por su utilidad e importancia, por su connivencia en el concierto internacional; pero que también definen las restricciones que la sociedad tiene, para con el estado; lo que le sirve muro de contención, para no constituirse en un estado con poder arbitrario, sordo, ciego y obcecado, como ocurre con el manejo de los Comunistas en el poder. Reparar las Grietas de mi nación implica adentrase a ese Estado contemporáneo, donde lo público es un espacio de convivencia y realización, que lo relaciona con la sociedad, las organizaciones civiles y los ciudadanos; Recuperar su naturaleza pública es una justa demanda ciudadana que no debe recaer en unos pocos; sino en ese 82% de venezolanos, que repudiamos el manejo de Comunistas y Socialistas, en la cosa Pública; más aún cuando Requerimos de Voluntad y reformas institucionales para nuestra Nación, para que se encaminen, entre otros propósitos, a rearticular y revitalizar sus vínculos con la sociedad y podamos establecer la Republica como sistema de Gobierno y poder repara las grietas que muy amarga mente nos han dejado los manejos dolosos de Comunistas y su Oposición Cohabitante.

José Cándido Viloria
@Josecandidovb
Venezuela