domingo, 14 de febrero de 2016

ANTONIO PÉREZ ESCLARÍN, PEDAGOGÍA Y POLÍTICA

Desde hace mucho tiempo me viene preocupando el incumplimiento de la Constitución y de las  leyes en Venezuela, en especial de la Ley Orgánica  de Educación, que tiene unos principios realmente humanistas pero que se vienen pisoteando reiteradamente con saña y con violencia. Pareciera que los responsables del cumplimiento de  dicha Ley  ignoraran las  críticas y observaciones que desde hace  años venimos haciendo los  educadores populares de haber olvidado la pedagogía. Con frecuencia, en nombre de los relatos y propuestas liberadoras, se pasan por alto las  prácticas de dominación y sumisión en las relaciones cotidianas. Es un gravísimo error confundir proclamas y deseos con prácticas y realizaciones, sustituir la pedagogía por la ideología. Proclamando la necesidad de transformar la educación para transformar el mundo,  con frecuencia se muestra una enorme incapacidad para transformar las prácticas y actitudes sloganizadas, sumisas, acríticas; incapacidad para, más allá del discurso y las buenas intenciones, gestar modelos educativos y caminos pedagógicos  alternativos. Recitando a Paulo Freire y su Pedagogía del Oprimido, se termina con frecuencia, oprimiendo la pedagogía.

La pedagogía, esa necesaria reflexión de la práctica para adecuarla a las intencionalidades y los contextos,  nos enseña que los frutos que queremos recoger deben estar ya implícitos en la semilla, la cosecha en la siembra, pues es imposible educar para, si no educamos en: Sólo se puede educar para la participación en la participación; para el respeto y la convivencia, en el respeto y la convivencia; para la inclusión en la inclusión de los diferentes. No es posible educar para la genuina participación si yo creo tener el monopolio del poder y de la verdad  y oriento mi labor a fomentar la sumisión más que la autonomía. No es posible educar para la convivencia si no acepto la diversidad, o  no permito el pensamiento divergente. No es posible educar para la creatividad,   con slogans y discursos aprendidos, con una pedagogía que privilegia la  repetición acrítica, más que la argumentación y el debate desprejuiciado. 

La Ley Orgánica de Educación está llena de buenos deseos y de proclamas para la transformación que fueron negados incluso en los procesos previos a su promulgación y que siguen siendo violados descaradamente.  De ahí que, como nos lo enseña bien la pedagogía, resulta imposible lograr los valores humanistas que  proclaman  en la Ley, ya que se siembran cotidianamente  los antivalores del irrespeto, la descalificación, la agresión, la exclusión del que opina diferente. Si hace unos años el Maestro Prieto Figueroa acuñó la frase de que la mayoría de los maestros eran unos “eunucos políticos” hoy la mayoría de los políticos están demostrando con su proceder que son unos “eunucos pedagógicos”, pues niegan con sus actuaciones lo que proclaman en sus declaraciones o se esfuerzan por demostrar que está en la Constitución o en la Ley:. “El ruido de lo que eres y haces, me impide escuchar lo que me dices”: Defiendes con mucha fuerza unos principios que estás pisoteando con tu proceder  y también con el modo con que los defiendes.

Toda mi vida he trabajado por una verdadera revolución educativa que garantice educación de calidad para los pobres pues me duele que “la educación de los pobres sigue siendo una pobre educación”. Por eso, me he esforzado por no separar nunca  la dimensión  política de la educación de las dimensiones ética y pedagógica. Y a medida que van pasando los años, he ido comprendiendo con creciente claridad que todos enseñamos no tanto lo que proclamamos, si no lo que somos y hacemos. Si eres violento e intransigente y actúas con violencia e intransigencia, estás enseñando violencia e intransigencia por mucho que recites y defiendas los artículos que invocan el respeto, la tolerancia o el amor. Si piensas que todos los que hacemos críticas a la violación de la Ley precisamente porque queremos una educación de calidad real para todos, somos unos “escuálidos, apátridas, antirevolucionarios, golpistas, pitiyankis, agentes del imperio, que nos oponemos a la verdadera liberación del pueblo…”, de nada servirá que cites y defiendas  los artículos de la Constitución o la  Ley que garantizan la participación, la tolerancia, la diversidad, la inclusión.

No puede ser que las leyes sean meramente letra muerta y sigamos llenándonos la boca de que tenemos unas Leyes y una  Constitución de las más  avanzadas del mundo, si no se cumplen. Si el Gobierno fuera en verdad Maestro, educador, debería comenzar por dar ejemplo de todos esos valores que aparecen en la Constitución y en la Ley de Educación.
   
Antonio Pérez Esclarín,  
pesclarin@gmail.com
@pesclarin 
Zulia - Venezuela             

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