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sábado, 13 de febrero de 2016

LEONARDO MORALES P., HASTA CUANDO…

Siempre será saludable insistir una y otra vez en la necesidad de que a través de los mecanismos institucionales se busque una salida a la crisis del país, en el entendido de que las dificultades presentes no se limitan exclusivamente a las penurias que pasan los venezolanos diariamente.

La crisis tiene un origen que debe ser atacado con firmeza, sin dudas ni contemplaciones. El país siempre podrá estar peor pero es obligación de la nueva mayoría democrática en la AN, legitimada por el voto popular, avanzar hacia las medidas que conduzcan al país y a sus habitantes hacia la concreción de una vida que tienen razones de valorar, y ésta no es la que legó Chávez y que ahora administra Maduro.
En Venezuela aun cuando muchos suponen que hay un gobierno siempre están presentes dos interrogantes: ¿quién gobierna? y ¿cómo gobierna? Ambas preguntas está relacionadas con la forma del gobierno político. Temas tan obvios están hoy sumidos en una profunda incertidumbre: cuántos no dudan acerca de quien ejerce el poder político aun cuando hay alguien que fue proclamado por el ente electoral. Sobre la segunda ya vamos para 16 años de dudas; el empeño del Ejecutivo en obstaculizar el papel de la AN como institución representativa del pueblo revela su consideración respecto de sus integrantes como seres heterónomos, sin autonomía, frente al poder político que se pretende ejercer desde el Ejecutivo.
La situación es más terrible cuando observamos inexistencia de eficacia en las ejecutorias del gobierno, cosa no muy difícil de apreciar por lo escasas. Transcurrían los terrible días de la II Guerra Mundial cuando Churchill en su condición de Primer Ministro británico dijo en unos de sus discursos al pueblo "No tengo nada que ofrecer sino sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor."  Ya sabemos lo ocurrido: los Aliados ganaron la guerra. Maduro vive en ropa de campaña librando guerras ficticias que no gana. Pide compresión pero no es eficaz; uno de sus ministros estrella prometió resolver la crisis eléctrica en 100 días, pasó cerca de dos años en el cargo y fracasó. Hablaron de soberanía alimentaria fracasaron y mintieron al país.
No hay eficacia para resolver los problemas más urgentes y vivimos en una emergencia perenne. Hasta cuando los venezolanos resistirán vivir de urgencia en urgencia: hasta cuando los racionamientos de agua, hasta cuando la reducción del suministro eléctrico, hasta cuando las colas para adquirir alimentos, hasta cuando los padecimientos de los enfermos por falta de medicinas, hasta cuando los hospitales sin poder dar debida atención médica, hasta cuando alarmados por la inseguridad, hasta cuando…
Bien, así viviremos mientras no se nombren ciudadanos competentes para dar respuesta a las urgencias y se diseñen y ejecuten políticas económicas que reanimen el aparato productivo. Todo eso y mucho más se cristalizará cuando haya un cambio de régimen político, un cambio de gobierno.
Leonardo Morales
leonardomorale@gmail.com
@leomoralesP  

Caracas - Venezuela

sábado, 24 de octubre de 2015

SIMON GARCIA, ¿HASTA CUANDO?

Los gobernantes, incluso Maduro que no lo ha sido del todo, se juzgan por la obra que hacen, las transformaciones que llevan a cabo y las innovaciones que producen para mejorar la calidad de vida de la gente y el desarrollo de su país. Cuando la gestión alcanza la valoración positiva de la mayoría adquieren la autoritas necesaria para solicitar apoyo a su labor.

            Pero ese no es el caso de Maduro. El país desaprueba su gestión y manifiesta un fuerte descontento con su actuación. Millones de venezolanos, que constituyeron la base popular del proceso que inició Chávez en 1999, se resisten a premiar sus errores. Unos ya se han decidido a votar por candidatos de la unidad y otros se han detenido en la estación de los indecisos, esperando aclarar dudas y temores.
            Se está produciendo una reformulación masiva de la conducta electoral en lo que constituyó una mayoría sólida durante más de una década. Ello constituye la expresión más relevante de que se ha iniciado un cambio de ciclo. En lo inmediato va a determinar el tipo de mayoría que van a obtener los  ganadores en la elección parlamentaria y a mediano plano va fortalecer una ruta democrática para el relevo constitucional del actual presidente.
            La nueva mayoría plural está constituida por quienes han cumplido el papel de          oposición y quienes alargaron su respaldo al gobierno hasta que se convencieron de que la cúpula de Miraflores no tenía interés en adoptar soluciones de fondo para aliviar las actuales calamidades económicas y sociales. Esa nueva mayoría es el primer paso hacia la unificación de los venezolanos y permite coincidir o competir, en términos efectivamente democráticos, en el contenido que debe tener el inicio de una nueva época en el país.
            Sus dos principales vertientes comparten el juicio sobre la involución del país y perciben el riesgo inminente de pasar de un Estado fallido a una sociedad arruinada.  Es una catástrofe en curso. La evaluación llevada a cabo por organizaciones internacionales da el siguiente resumen sobre la situación de Venezuela: en libertades políticas, de 195 países calificados por Freedom House, Venezuela ocupa el lugar 192; en libertades económicas, de 178 países calificados por Heritage, ocupa el lugar 176; y en el índice de Transparencia Internacional, relacionado con la corrupción, de 175 países ocupa el lugar 161.
            Si todo sigue igual, el futuro será peor. Según las proyecciones el 2016 agravará dos males letales. Una contracción económica del 6% y una inflación que podrá estar en 200%. Ya somos la séptima economía de la región, tras Perú y nuestro PIB ya está 50% por debajo del de Colombia.
            La pregunta que todos se hacen es simple: ¿hasta cuando vamos a seguir cuesta abajo en la rodada? La respuesta es que ya esta bueno ya.  No es posible mantenerse indiferentes a la destrucción que está llevando a cabo este modelo y este presidente. Tampoco es posible no ver las colas ni la gente buscando remedios desaparecidos o golpeados por los precios de lo que logran comprar cuando van al mercado.
            Haber votado antes por Maduro no supone ser culpable de los desastres que él ha ocasionado. Pero, votar ahora por sus candidatos, en una elección que la gente está convirtiendo en un preaviso, es darle la espalda a los cambios que todo el país quiere.
Simon Garcia
simongar48@gmail.com

@garciasim