Mostrando entradas con la etiqueta EL LUGAR COMÚN. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta EL LUGAR COMÚN. Mostrar todas las entradas

miércoles, 30 de marzo de 2016

SIMON GARCIA, LAS DISYUNTIVAS DEL PSUV,

Sería una simpleza suponer que la conducta del PSUV ante la crisis sólo le concierne a esa organización. Es, en los hechos, el partido único de gobierno y no tiene por qué resignarse a seguir siendo un obstáculo para los cambios que incluso sus partidarios quieren. Quizá lo que les resulta imposible sea lo que más les convenga: poner su parte en la solución de la crisis que crearon.

            El PSUV, además de lo que signifique como partido, es un sistema de creencias en un proyecto que prometió emancipar al pueblo de la opresión de los ricos y al país de los EEUU; redimir a los excluidos y llevar a cabo la venganza social contra los responsables de las desventuras humanas de la mayoría.  Es la escenificación colectiva de un cuento a lo Robin Hood para lograr la anhelada vuelta de tortilla de la que habla la nostálgica canción española del tomate. Sólo que con pobres sin pan. 
             El PSUV se está marchitando por déficit de proyecto, por los errores de Maduro y por el desmoronamiento que le ocasiona las calamidades de una crisis que no pide carnet a la gente para golpearla duramente. El PSUV se está contrayendo a una masilla de reserva para maniobras internas y para las combinaciones de competencias/conflictos/coincidencias entre una docena de dirigentes que hoy sólo se ocupan de apuntalar sus parcelas de poder.
            Abajo, los militantes del PSUV comprueban que la lealtad de seguidores y votantes no es a prueba de crisis. Por más que sigan repitiendo vehementemente que los cajeros del Banco de Venezuela no funcionan porque “otra vez la oposición los deja sin plata”, en la intimidad de su conciencia saben que el verdadero responsable del “cajero en mantenimiento” es su dueño: el gobierno.
            Pero el motivo de la desilusión popular no es la ideología sino el estómago vacío.  El gobierno no sabe,  y nunca podrá hacerlo con las mismas políticas que los vaciaron, cómo llenar los anaqueles. Y si no abastece pronto y sigue atado a su ineficacia, no aguantará el terremoto que le está cuarteando sus bases. Se abrirá una tronera que hará que su desplazamiento, constitucional y electoral, sea cuestión de tiempo.
           Es evidente que entre los millones de venezolanos que votaron por Maduro hay gente de ideales, de trabajo y de valores. Es también seguro que en Venezuela no hay cinco millones de corruptos por el sólo hecho de haber votado por el PSUV, igual como dicen que le respondió Fidel a Chávez cuando éste llamó a la oposición oligarcas: es imposible que en un país haya tantos oligarcas.
            En el PSUV también hay una erupción de descontento y es imposible que no comiencen a salir a la luz pública las insatisfacciones y críticas contra las políticas de Maduro.  Por eso resulta costoso para la cúpula insistir en bloquear al revocatorio, que según la prédica oficialista es el logro más relevante de la democracia participativa. Esa contradicción se les clavará como una astilla interna. 
            No está negado que en el PSUV surjan voces que exijan un viraje en materia del modelo económico, en los esquemas de control autoritario que han fracasado y en la insistencia a criminalizar a la oposición. La transición pacífica, democrática, constitucional y electoral también le preocupa a las bases del PSUV y algunos de sus dirigentes tienen que estar pensando en la renuncia de Maduro como tabla de salvación del proyecto.
            Si la cúpula gubernamental le impone al PSUV la defensa conservadora de sus privilegios estará incubando nuevas derrotas políticas y electorales en su camino. Si al contrario decide contarse y acatar el mandato del soberano, sea un respaldo o un rechazo, estará abriendo la posibilidad de volver a encontrarse con los deseos de la mayoría que ahora respalda claramente la ruta de la MUD. Hay que aceptar que así es la democracia. 
Simon Garcia
simongar48@gmail.com
@garciasim
Caracas - Venezuela

sábado, 5 de diciembre de 2015

SIMON GARCIA. AVANZAR, UNIR Y CAMBIAR.

Estamos a un día de las votaciones. Han arreciado los rumores coleados. Cada lado suelta el suyo para que corra en la manga. En las redes, buscando con cuidado, algunos obtienen información confiable. Pero lo más importante, para mantenerse sereno en la reflexión, es conversar con familiares y amigos. Siempre es agradable y en ciertos casos útil.

           No se permite hablar de encuestas. Pero en esa materia los expertos opinan que ya es  imposible que aparezca un cisne negro. Prácticamente todo el país adoptó una decisión y quiere asumirla en paz. No quiere más violencia sino ejercer en completa libertad el derecho a seleccionar su opción en completa libertad. Los mirones que amedrentan a los empleados detrás de la máquina, sobran.
            Las elecciones han tenido la participación del país porque, además de configurar un nuevo poder Legislativo, van a expresar el estado de ánimo de la sociedad respecto a sus gobernantes. El voto para elegir también vale para dar un juicio terminante, castigo o premio, a la gestión del gobierno. La variable motora de la decisión es el impacto negativo de la crisis, cuya solución es deseada por tirios y troyanos.
            Tras el ejemplo argentino, se espera que el CNE comunique resultados en un lapso no mayor a las cuatro horas. Todo el mundo aspira a seguir los resultados por los canales de TV sin tener que soportar la repetida imagen de unas barandas, que el personal del CNE llama la redoma de los vagos.
            El ministro de la defensa desmontó oportunamente el relato de miedo que une la realización de elecciones con el peligro de un golpe de Estado. La aclaratoria resultaría innecesaria en un sistema democrático, pero en nuestro caso pudiera leerse como la disposición de la Fuerza Armada de actuar con apego a la Constitución Nacional. Y uno espera que esto se traduzca en impedir la circulación de las bandas motorizadas y respetar la hora de cierre que les comunique el Presidente de cada mesa.
            Hay que votar temprano. Y convertir el domingo en un día de alegría y esperanza, de convivencia con quienes defienden otro proyecto para que nadie pueda volvernos a enfrentar y para construir juntos confrontaciones sin violencia y cooperación con autonomía de cada quien. A los efectos de ayudar a resolver situaciones irregulares se ha creado una página, el guachimán electoral, para documentarlos.    
            Los vecinos tienen el derecho de presenciar el escrutinio. Ellos son el soporte para ayudar a los miembros de mesa y a los testigos, sin cuya participación sería imposible realizar el proceso. Los testigos y miembros de la mesa merecen solidaridad y respeto, aun dentro de algún momento de tensión o de polémica que pudiera presentarse.      
            Los acompañantes internacionales, integrantes de la misión de Unasur o figuras invitadas por cualquiera de las dos grandes alianzas de partidos, tienen la misión de observar el proceso y dar testimonio de su calidad técnica y política. Pero es a los venezolanos, que en conjunto conformamos la soberanía, a quienes nos corresponde actuar para que el proceso sea transparente y refleje con fidelidad la voluntad de cada elector.
            Esa es la gran tarea en este domingo de la democracia venezolana. Una tarea que hay que sacar con esmero y entre todos. Las viejas separaciones pierden sentido. Nace una nueva realidad. Ayudémosla a surgir con pasión, amplitud y fuerza.
Simon Garcia
simongar48@gmail.com
@garciasim

Caracas - Venezuela

martes, 10 de noviembre de 2015

SIMON GARCIA, UN JUEGO PELIGROSO

            Maduro está jugando con el fuego de la crisis económica y social. En vez de adoptar las medidas para resolverla, aumenta los controles que espantan a la inversión y la producción. Ante la evaporación de la capacidad adquisitiva decreta un aumento general de sueldos; pero desconectado de un plan para volver a producir lo que comemos. Es decir, el desabastecimiento y las colas seguirán.

            Su fidelidad al modelo socialista autoritario que trasplanta desde Cuba, lo convierte en una amenaza para la estabilidad institucional. Pisa a fondo la tecla del miedo, como un agitador callejero de un clima conflictivo, al llamar a sus partidarios a ganar como sea, una instrucción que implica atropellar la ley electoral y desatender normas éticas. Afortunadamente, sus partidarios se resisten a acatar órdenes de esa calaña tramposa.
            Maduro es muy avezado en multiplicar errores. Por el peso del Gobierno en la situación del país, las terribles consecuencias de sus arbitrariedades  las pagamos todos. Disparado hacia al abismo, no tiene frenos ni capacidad de virar. O no quiere hacerlo. Sus desastres están ocasionando que millones de venezolanos que se fajaron durante años en la defensa del proceso, ya no están dispuestos a seguir haciéndolo.
            En principio, las amenazas del presidente son un trapo rojo para fanatizar su votación dura y reducir el deslave de votación blanda que lo está abandonando para apoyar a candidatos de la unidad. Muchos, que  aún se mantienen indecisos, observan y reflexionan antes de hacer el trasbordo hacia el cambio. Lo dicen las encuestas.
            Al satanizar la exigencia de cambio, Maduro busca inhibir a los votantes independientes y paralizar a los indecisos. Pero la credibilidad de su estrategia  requiere  acentuar el ventajismo del gobierno a favor de sus candidatos; movilizar ilegalmente todos los recursos del Estado en función de la campaña oficialista; aplicar la cartilla de abusos que propicia el CNE, crear una sensación de mejoría de tísico y seguir atacando a todo el que disienta, exprese un desacuerdo o mantenga una posición, incluso, de respaldo crítico. Tristemente y en vías de aislamiento, el proceso llega a su fin negándose a sí mismo, reducido a una  fuerza conservadora que defiende ferozmente sus privilegios.   
            El riesgo es que la segunda naturaleza de este gobierno, la que lo tienta al totalitarismo, termine por sustituir lo que mantiene a un decisivo sector de la cúpula roja, pendulando entre democracia y autocracia. La aceleración del autoritarismo puede conducir, por acumulación de hechos, que el proceso termine descarrilándose de la vía democrática.
            La pérdida de la mayoría oficialista en la Asamblea Nacional es una derrota electoral. Pero si el proceso abandona la ruta democrática, que constituyó una peculiaridad alentada al inicio por Chávez, recibiría una derrota estratégica. Sería el peor de los finales para el proyecto de socialismo del siglo XXI.
            Todavía Maduro puede adoptar la conducta de Daniel Ortega ante el triunfo de Violeta Chamorro. Mientras más rápido admita que ha llevado al proceso a la condición de minoría en la sociedad, más tranquila y plural será la transición que viene. Y más fácil le resultará intentar resurgir electoralmente del castigo que él mismo se buscó.     
Simon Garcia
simongar48@gmail.com
@garciasim

Caracas - Venezuela

sábado, 24 de octubre de 2015

SIMON GARCIA, ¿HASTA CUANDO?

Los gobernantes, incluso Maduro que no lo ha sido del todo, se juzgan por la obra que hacen, las transformaciones que llevan a cabo y las innovaciones que producen para mejorar la calidad de vida de la gente y el desarrollo de su país. Cuando la gestión alcanza la valoración positiva de la mayoría adquieren la autoritas necesaria para solicitar apoyo a su labor.

            Pero ese no es el caso de Maduro. El país desaprueba su gestión y manifiesta un fuerte descontento con su actuación. Millones de venezolanos, que constituyeron la base popular del proceso que inició Chávez en 1999, se resisten a premiar sus errores. Unos ya se han decidido a votar por candidatos de la unidad y otros se han detenido en la estación de los indecisos, esperando aclarar dudas y temores.
            Se está produciendo una reformulación masiva de la conducta electoral en lo que constituyó una mayoría sólida durante más de una década. Ello constituye la expresión más relevante de que se ha iniciado un cambio de ciclo. En lo inmediato va a determinar el tipo de mayoría que van a obtener los  ganadores en la elección parlamentaria y a mediano plano va fortalecer una ruta democrática para el relevo constitucional del actual presidente.
            La nueva mayoría plural está constituida por quienes han cumplido el papel de          oposición y quienes alargaron su respaldo al gobierno hasta que se convencieron de que la cúpula de Miraflores no tenía interés en adoptar soluciones de fondo para aliviar las actuales calamidades económicas y sociales. Esa nueva mayoría es el primer paso hacia la unificación de los venezolanos y permite coincidir o competir, en términos efectivamente democráticos, en el contenido que debe tener el inicio de una nueva época en el país.
            Sus dos principales vertientes comparten el juicio sobre la involución del país y perciben el riesgo inminente de pasar de un Estado fallido a una sociedad arruinada.  Es una catástrofe en curso. La evaluación llevada a cabo por organizaciones internacionales da el siguiente resumen sobre la situación de Venezuela: en libertades políticas, de 195 países calificados por Freedom House, Venezuela ocupa el lugar 192; en libertades económicas, de 178 países calificados por Heritage, ocupa el lugar 176; y en el índice de Transparencia Internacional, relacionado con la corrupción, de 175 países ocupa el lugar 161.
            Si todo sigue igual, el futuro será peor. Según las proyecciones el 2016 agravará dos males letales. Una contracción económica del 6% y una inflación que podrá estar en 200%. Ya somos la séptima economía de la región, tras Perú y nuestro PIB ya está 50% por debajo del de Colombia.
            La pregunta que todos se hacen es simple: ¿hasta cuando vamos a seguir cuesta abajo en la rodada? La respuesta es que ya esta bueno ya.  No es posible mantenerse indiferentes a la destrucción que está llevando a cabo este modelo y este presidente. Tampoco es posible no ver las colas ni la gente buscando remedios desaparecidos o golpeados por los precios de lo que logran comprar cuando van al mercado.
            Haber votado antes por Maduro no supone ser culpable de los desastres que él ha ocasionado. Pero, votar ahora por sus candidatos, en una elección que la gente está convirtiendo en un preaviso, es darle la espalda a los cambios que todo el país quiere.
Simon Garcia
simongar48@gmail.com

@garciasim