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viernes, 15 de abril de 2016

JOSÉ LUÍS MÉNDEZ LA FUENTE, 100 DIAS DE LA ASAMBLEA NACIONAL

Se cumplen esta semana, los 100 primeros días de haber entrado en funciones para un nuevo periodo,  la Asamblea Nacional, dominada en esta ocasión por la oposición, después de diecisiete largos años de espera.

Dos hechos destacan en este corto periodo de tiempo. El primero es la intensa actividad legislativa desplegada hasta ahora, al  haberse discutido y sancionado varios proyectos de ley y, el segundo, el discurso franco y abierto pidiendo la salida de Nicolás Maduro,  de su presidente, un político de la vieja escuela, de estilo pausado pero directo, que contrasta con la actitud prepotente y el lenguaje altisonante de su predecesor.
Pese a ello, si tuviésemos que calificar la gestión de la Asamblea Nacional durante estos cien días, únicamente por su actividad legislativa, funcionalmente considerada la más importante de todas,  tendríamos que las leyes aprobadas después de las discusiones y procedimientos establecidos en la Constitución, que en otras circunstancias optarían para una máxima nota, se convertirían en un reprobado al haber sido declaradas todas inconstitucionales por el Poder Judicial. Algo así como lo que le ocurre al alumno que estudia día y noche durante todo el semestre y que cuando llega al examen final  termina “raspando”  la asignatura por haberse equivocado gravemente, cometiendo errores tan elementales que era imposible para el profesor dejarlos pasar.
Solo que en este caso no hay profesor, y quien determina si el  trabajo sirve o no sirve, es el Tribunal Supremo de Justicia, pues en la práctica, una ley no sirve para nada si una vez aprobada por el órgano encargado de hacerla, el responsable de determinar si esa ley no se sale del marco constitucional, la considera fuera de él. El problema es que aquí no hay reparación, ni apelación posible. Lo único bueno de todo esto,  es que  la nota final la pone el soberano, es decir, el pueblo. 
Que un alumno, aun habiendo estudiado, se equivoque de tal manera que no conteste nada bien, cae en el terreno delas probabilidades, pero que un grupo de personas, entre las que hay abogados y especialistas en el tema o temas que regula un determinado proyecto  de ley, se equivoque en todas las respuestas es  imposible. Y decimos en todas las respuestas porque eso es lo que sucede cuando se declara una ley inconstitucional de manera total. No es lo mismo que se decida la inconstitucionalidad de alguna parte de la ley o de alguno de sus artículos, a que se declare toda ella contraria a la constitución.
 Mas imposible es aun, y lejos de toda probabilidad, que de tres leyes aprobadas por la Asamblea Nacional, todas tres resulten totalmente inconstitucionales, esto es, que  la razón de ser de esa ley, su propósito, su finalidad y, por ende, las regulaciones que establece en su articulado sobre los hechos objeto de la misma, son en definitiva contrarios a la letra de la Constitución. Tan gruesa la equivocación de los redactores de la ley, como que a simple vista alguien no se dé cuenta  de que un  elefante no cabe por la puerta de su apartamento.  Es que hasta pareciera que dentro de la Asamblea Nacional, en la bancada de la oposición obviamente, hay mucha ignorancia e inexperiencia.
En diciembre del año pasado, refiriéndonos a la guerra legislativa  que  ya se vislumbraba entre  el gobierno  y la Asamblea Nacional, decíamos en uno de nuestros artículos, que la situación antes planteada lleva a la conclusión de que aun con el Poder Judicial de su lado, al gobierno se le va a hacer difícil desconocer los actos legislativos de la nueva Asamblea Nacional, pues sería absurdo, por no decir sospechoso, que todas las leyes  resultasen inconstitucionales y que en ese supuesto, no era difícil suponer que el  descrédito del Tribunal Supremo de Justicia ante la opinión pública estaría más que justificado.
Debemos reconocer que nos equivocamos en nuestra apreciación de que al gobierno se le iba a hacer difícil desconocer todos los actos legislativos de la nueva Asamblea Nacional, por aquello de que podía parecer atípico, malicioso si se quiere, que  todas las leyes fuesen declaradas inconstitucionales cuando afectaban los intereses del gobierno. Todo lo contrario, le ha resultado facilitó hacerlo.  El recato y sentido común que pensamos podría tener el gobierno en este asunto, no existen, y no hay límites legales, tampoco éticos, ni siquiera  políticos, que le obliguen a tener algo de mesura en sus acciones o actuaciones a través de los demás poderes públicos, ya sea el TSJ o el CNE. Tampoco el absurdo les preocupa. El descaro político es evidente y al gobierno no le importa el qué dirán.
Se juegan a Rosalinda, todo o nada. La suerte está echada.

Jose Luis Mendez
Xlmlf1@gmail.com
@Xlmlf1
Miranda - Venezuela   

domingo, 10 de abril de 2016

CARLOS BLANCO, EL FÁTUM DE LA ASAMBLEA NACIONAL

Está escrito que el destino de la AN es encabezar la salida del régimen de Maduro. Su misión está dictada en el código genético de su nacimiento el 6 de diciembre pasado. La voz que constituyó ese cuerpo no lo dejó al garete: su mandato es buscar la salida constitucional de Maduro, contribuir al cambio de régimen y a la instauración de una sociedad de ciudadanos libres en una democracia funcional.

Hay quienes temen que una disonancia creciente entre las expectativas y lo que hace la AN pudiera ser factor de descrédito de esta institución. Es posible. Sin embargo, lo que aprecio en el horizonte es que, con las leyes ya aprobadas, de Amnistía, del Banco Central, del Tribunal Supremo, junto a las que están en la tubería y con medidas adicionales, el mandato del pueblo sobre la AN se cumplirá inexorablemente. Entre estas medidas adicionales se encuentran la incorporación de los diputados de Amazonas, el estudio de la doble nacionalidad de Maduro y otras decisiones de similar calado.

Los diputados no harán más que cumplir con su tarea, mientras el régimen, ahora espichado, se verá obligado –como es evidente– a continuar en la suya. Aferrados a los maderos que reflotan después de la catástrofe, siguen empeñados en dar órdenes a los ángeles; a Urano, como dios de las lluvias, y a Zeus, como dios de la luz y, tal vez, más modestamente, patrón de la electricidad. La realidad, desconsideradamente terca, ha resuelto no hacer el menor caso a Maduro.

El desconocimiento por parte del régimen del mandato recientemente dado a la AN, legítimo y abrumador como es, traza un camino y un ritmo. Podrá haber zigzags, como es lógico, al ser la realidad irreductible a las adivinaciones, pero el camino es el camino.

Llegará un momento, al parecer pronto, en que la AN, en el ejercicio de sus facultades constitucionales, será desconocida en su totalidad por el régimen. No lo dirán: lo harán. El concierto entre el Ejecutivo nacional, el TSJ, el Consejo Nacional Electoral y el llamado Poder Ciudadano tiene como misión ahorcar políticamente el Poder Legislativo. En ese instante, la AN tendrá que cambiar de escenario y apelar a los factores nacionales e internacionales para instaurar la legalidad constitucional y democrática.

Nadie sabe cómo va a ser ese proceso, ni cuáles serán sus rostros. Pero, sin duda, serán de aquellos que encabecen el cambio y se atrevan a guiar a un país deshecho, desorientado y vuelto migas, por un tiempo de desierto al cabo del cual Venezuela no tendrá más opción que emerger libre, sana y transparente.

Carlos Blanco G.
@carlosblancog
www.tiempodepalabra.com
El Nacional
Caracas - Venezuela