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miércoles, 13 de enero de 2016

DEMETRIO BOERSNER, DEMOCRACIA SOCIAL EN ASCENSO, FUENTE ESPACIOABIERTO44.BLOGSPOT.CO. POLÍTICA INTERNACIONAL

En las relaciones internacionales, el juego estratégico de los Estados es evidente a primera vista, pero detrás de él se mueven fuerzas económicas, sociales y culturales influyentes, que trascienden las fronteras de cualquier país. Frente a la alianza transnacional de los grandes negocios, los trabajadores del mundo se esfuerzan por hacer contrapeso a través de su propia coalición.

De 1850 en adelante, el Occidente –y a partir de 1917 el mundo entero- tuvo conciencia de que había nacido un nuevo actor de creciente importancia entre bastidores de la política internacional. La coalición global del capital privado se vio enfrentada a un ascendente movimiento obrero internacional, generador no sólo de reivindicaciones materiales sino de nuevas maneras de concebir la convivencia humana y el porvenir de la humanidad.

Durante largo tiempo, estos impulsos internacionales hacia una democracia más igualitaria y de mayor justicia social quedaron frustradas y, en cierta medida, pervertidas. La opción rusa por un ensayo socialista demasiado centralista y autoritario, si bien tuvo vasta acogida y difusión internacional, y ganó méritos en la defensa de la humanidad contra la agresión fascista, terminó desacreditada por su desviación hacia la tiranía de una nueva clase burocrática explotadora. La alternativa socialdemócrata occidental, aunque es la que más se ajusta a un ideal de socialismo democrático y humanista y en ciertos países avanzados dio buenos frutos, es criticada por pueblos impacientes por su “prudencia” a veces excesiva. El tercer tipo de socialismo existente –el de países ex coloniales y en vías de desarrollo- ha dado resultados positivos en casos en que se aproximó al modelo socialdemócrata y, en cambio, cae en abominables extremos de tiranía y de corrupción cuando adopta el modelo “populista” de subordinación a un caudillo despótico y a una neo burguesía burocrática y militar.

Otra frecuente tara de los socialismos existentes ha sido su subordinación a nacionalismos excluyentes y divisionistas. Aunque los pensadores clásicos del socialismo definieron bien la relación entre el nacionalismo y el socialismo (aquel puede ser progresista, pero debe subordinarse a las exigencias de la lucha social), en el siglo XX la corriente comunista se subordinó servilmente a social-imperialismos nacionales (ruso, chino o cubano). Asimismo muchos socialistas del mundo confundieron el fenómeno del imperialismo con el país que circunstancialmente lo ejerce, y cayeron en un anti-norteamericanismo chovinista y cretino que les impide ver la potencialidad progresista futura del pueblo estadounidense para el movimiento hacia la democracia social.

Creemos que ha llegado un momento en el cual el movimiento internacional de los demócratas sociales –basado en trabajadores organizados y otros movimientos sociales en lucha por un orden de mayor libertad y justicia- está cayendo en cuenta de sus errores y entiende que debe erradicar las ilusiones autoritarias y las desviaciones divisionistas y chovinistas en su seno. El ejercicio cabal de la democracia a todos los niveles, y la eliminación de fórmulas autoritarias o personalistas en su seno, es la condición más esencial para que renazca con fuerza el movimiento internacional de la gente común en búsqueda de una sociedad más libre y justa.

El importante avance que ha dado el pueblo venezolano, por las elecciones del 6 de diciembre, sin duda constituye un aporte valioso en esa dirección. Después de que durante décadas la oposición democrática era despreciada como supuestamente “reaccionaria” y “derechista”, hemos triunfado por los votos de la inmensa mayoría popular del país. ¡Y resulta que de los 112 diputados de oposición electos, 57 pertenecen a partidos miembros de la Internacional Socialista!

Nota: Este fue el último artículo enviado por el profesor Demetrio Boersner, para ser publicado en el blog de Espacio Abierto.

http://espacioabierto44.blogspot.co.id/2016/01/

sábado, 7 de noviembre de 2015

DEMETRIO BOERSNER, PRESIONES, CONFLICTO, TRANSICIÓN

La obstinada resistencia de Nicolás Maduro al reconocimiento de su aislamiento universal puede durar hasta diciembre de este año

Creo que la correlación de fuerzas nacionales e internacionales abre la posibilidad de una superación pacífica de la más profunda crisis social y política que Venezuela ha sufrido jamás. Una serie de presiones irresistibles y crecientes han llegado a socavar las bases de sustentación de la dictadura chavista. Ésta se obstina, con pasmosa terquedad, a hacer caso omiso hasta de aquellas presiones que, con algo de habilidad, podría manejar y aprovechar. Sin embargo, parece posible que del choque entre las presiones y el terco inmovilismo del régimen surja, como síntesis, un proceso de transición por etapas hacia un restablecimiento de la democracia y una economía mixta.

Las presiones son de dos tipos: objetivo y subjetivo. Las presiones objetivas son el producto de tres lustros de régimen del insensato Hugo Chávez, quien cercenó las libertades ciudadanas y estatizó frenéticamente los sectores más sanos y productivos de la economía, poniéndolos bajo el control de elementos burocráticos ignaros, ahuyentando a los inversionistas y causando una inmensa fuga, no sólo de capitales (que es lo de menos), sino de cerebros venezolanos brillantes que, por centenares de miles, se exiliaron voluntariamente en países del Norte desarrollado, o en países acogedores y sensatos del Sur emergente. Esa política antinacional hizo que hoy Venezuela haya vuelto a ser un país subdesarrollado enteramente dependiente de sus importaciones desde el exterior. El día que le fallen los dólares para importar, está perdido. Y los dólares le fallaron, porque además de regalar irresponsablemente grandes sumas al exterior, el régimen de Chávez permitió que su nueva burguesía burocrática corrupta robara, o despilfarrara improductivamente, no menos de un billón (un millón de millones, o un mil millardos) de dólares. Desde hace más de un año, la aparatosa caída del precio del petróleo (fuente del 96 por ciento de los ingresos externos de la República), nos ha echado en la lona de manera dramática. Esas son las grandes presiones objetivas.

Las subjetivas son, básicamente, las que se derivan de la indignación universal ante los desmanes dictatoriales del régimen de Maduro, culminando en muertes, maltratos y prisiones de opositores políticos, así como ante el espectáculo de un país presa de la delincuencia armada, y hambreado por el desabastecimiento y el racionamiento. El rechazo universal a tal desgobierno se amplía a medida que escasean los petrodólares con los cuales hasta hace poco se compraban muchas conciencias con fama de ser “progresistas”.

La obstinada resistencia de Nicolás Maduro al reconocimiento de su aislamiento universal (también por parte de Cuba, hoy interesada exclusivamente en su reconciliación con el capitalismo global y con Estados Unidos) puede durar hasta diciembre de este año, cuando las elecciones parlamentarias, que no logrará suspender ni sabotear por completo, le infligirán una humillación evidente a nivel mundial

Después de eso, sólo quedará la posibilidad del inicio de un proceso de transición, que debe esperarse que sea gradual y no violenta. En las primeras etapas seguirán gobernando personas provenientes de la tolda chavista, pero se verán obligadas por las necesidades y la nueva correlación de fuerzas a acoger ideas de la oposición democrática y dar participación activa a técnicos y expertos opositores e independientes. Más adelante, al ritmo de nuevas consultas comiciales y nuevas realidades objetivas, el mando del país pasará a ser ejercido por hombres y mujeres cabalmente identificados con la causa de la libertad acompañada de igualdad y justicia.

Demetrio Boersner
demboers@gmail.com

Caracas - Venezuela