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viernes, 1 de mayo de 2020

ISABEL PEREIRA PIZANI, EMETERIO Y EL DESARROLLO HUMANO

Es una obligación de vida dar a conocer la inmensa tarea que emprendió Emeterio incansablemente en pos del desarrollo humano. Una meta superior a cualquier objetivo material que pueda proponerse.

Una tarea que se ejecutó durante años en fábricas con obreros, grupos gerenciales, empresarios, estudiantes, vecinos, amigos, hasta en instituciones públicas y con todo aquel que pudiera sentirse inquieto ante la alusión del tema humano como centro de un diálogo.

Todo comenzaba con una interrogación: ¿Qué es ser humano? Pregunta que desconcertaba a muchos que pensaban que asistirían a una exposición filosófica de alto nivel. Esta sencilla pregunta funcionaba como un motor que abría puertas, al desconcierto seguía la mirada hacia uno mismo. La respuesta se repetía en casi todos los contextos: el ser humano es un animal racional. Allí venía la fractura con toda la carga contenida en cada uno de los involucrados. Se abría entonces un episodio maravilloso en cuanto Emeterio se lanzaba sin disimulo contra la visión limitada del ser que negaba por principio lo fundamental del ser humano, el constituir una posibilidad infinita en términos heideggerianos. Poder entender que el ser humano es una posibilidad de ser, que puede decidir y allí esta su dimensión ética-espiritual que siempre eternamente lo estará enfrentando a la disyuntiva que contiene esa posibilidad.

Al cruzar ese umbral que dejaba atrás la lógica y todos los determinismos surgía el centro de la reflexión, el temazo: si acepto que no estoy predeterminado, si soy posibilidad, libre para decidir, entonces tengo que decidir. Por allí se colaba una idea, la religiosidad, visto en los términos de Martin Buber, como el religare, estar con el otro y que en ese espacio entre tú y yo es donde estalla la noción de Dios, lo único, al igual que el aire que respiramos, que todos percibimos de igual manera. La noción de religiosidad nos conducía sin pausa a una reflexión que Emeterio luchaba por aportar a cada individuo presente: si la religiosidad es unión y soy libre de decidir, ¿qué puedo hacer? En esta intersección surgía luminosamente la alusión a los valores, vistos no como códigos inamovibles sino como elecciones humanas, ¿qué es el respeto, la confianza, la solidaridad, la responsabilidad?

Son temas externos o son alusiones a los cromosomas espirituales del ser humano. Sumergirse en estas reflexiones con gentes en todas partes, distintas, educaciones de todos los niveles, oficios y ocupaciones diversas, alimentaba el más rico acervo de humanidad, pues inexorablemente nos llevaba a un terreno que era el sitio buscado por Emeterio para confrontar a cada uno consigo mismo: si soy libre, si los valores no son un simple intercambio ¿puedo respetar al que no me respeta?

El camino era mostrar, en una especie de reto, ¿serás capaz de respetar al que no te respeta?, porque lo otro es una respuesta simple, devolver el respeto recibido. ¿Pero, y al que no te lo da, qué haces, lo irrespetas? En este trance podíamos avizorar el reto bajo la manga, proponer a cada persona que puede, si lo decide, mejorarse a sí misma. Esto podía convertirse en un juego, si ya habíamos aceptado que no éramos un animal racional, si éramos libres para decidir, entonces realmente comenzaba la confrontación. En algunos casos la proposición consistía en aceptar reflexionar sobre una disminución de nuestras vulnerabilidades, comenzar por rebajar 10% de egoísmo, desconfianza, irresponsabilidad, irrespeto y convertirlo en lo contrario.

Era un juego con lo más profundo del ser humano, al cual había que entrar sin caretas, sin falsos egos, simplemente verse en el espejo y hurgar en lo profundo. Era percibir que se podía comenzar un incansable e interminable trabajo de mejorarse a sí mismo. Los efectos eran asombrosos, oír a un padre de familia confesar que había practicado la violencia dentro de su hogar, con sus hijos, familiares, pareja y que por primera vez se enfrentaba a esa cara en el espejo, ¿cuán violento soy? ¿Qué resuelvo con la violencia? Y luego la reflexión ¿podría ser distinto, soy mejor padre si en lugar de ejercer la violencia me abro a mi hijo y hablamos?

El camino de mejorarse a sí mismo se convertía entonces en una fuerza indetenible. Pensando en el momento que vivimos hoy, que un individuo en lugar de aceptar órdenes de torturar, apresar, maltratar a los ciudadanos, se detenga y piense: ¿Por qué debo cumplir esta orden, puedo rebelarme, si acepto la orden en que me convierto? Cuando vemos a militares torturando compañeros, apresando inocentes, me pregunto: ¿qué pasará si entiende que es libre para actuar distinto, que nadie puede obligarlo a violar la humanidad del otro, que es parte de su vida?

Durante mucho tiempo hicimos este fantástico trabajo, simplemente ayudar a comprender a las personas que son libres para decidir mejorarse a sí mismas. Que ninguna fuerza humana puede obligar a traicionar este principio de existencia elemental y sustancial.

Imagino que en los muchos lugares donde estas experiencias tuvieron lugar habrán sentido el gran dolor de la partida de Emeterio, pero a la vez estoy segura de que de seguidas encontraron la fuerza y la alegría de haber tenido la oportunidad de estar con este gran hombre que vivió fundamentalmente para los otros, para sembrar la idea que nos permite soñar con un mundo distinto, somo responsables de nosotros mismos y también de todos los otros.

Isabel Pereira Pizani
isaper@gmail.com
@isapereirap

domingo, 24 de enero de 2016

ANTONIO PÉREZ ESCLARÍN, VENEZUELA, TIERRA DE GRACIA

Venezuela es  un país privilegiado,  lleno de encantos y prodigios, que Dios lo debió crear en una tarde en que andaba  especialmente feliz. Cuando en 1498, Cristóbal Colón llegó a  las costas de Paria quedó tan impresionado que creyó que había llegado al Paraíso Terrenal. Sus ojos trataban en vano de captar toda la hermosura, Y de su asombro y admiración,  brotó el primer nombre de Venezuela: Tierra de Gracia.

Realmente, Venezuela tiene enormes potencialidades, y  no sólo cuenta con inmensas riquezas de materias primas: petróleo, hierro, oro, aluminio, pesca, agua, productos agrícolas y ganaderos…, sino que es un país realmente bello. Cuenta con un sol inapagable, playas exquisitas de aguas cristalinas sobre lechos de coral (Morrocoy, Los Roques, Mochima, Playa Colorada,  Margarita, Choroní, Cata,  Adícora, Villa Marina, Neima…); desiertos y medanales que avanzan sin descanso con sus pies  movedizos de arena; llanuras inmensas pobladas de  corocoras  y garzas, donde los horizontes se van alejando  a medida que uno los persigue; ríos caudalosos que van culebreando  entre selvas infinitas; lagos y lagunas encantadas,  pobladas de leyendas y de magia; islas paradisíacas que parecen estrellas caídas en el inmenso cielo azul de nuestros mares;  tepuyes, castillos de los dioses pemón, que levantan sus frentes para asomarse al espectáculo increíble de la Gran Sabana; saltos, cascadas y raudales   que  entonan  con sus labios de agua el himno del amanecer de la creación; pueblitos montañeros que, abrazados a su iglesia protectora, se trepan a las raíces de la niebla y del frío; una enorme serranía habitada por el frailejón, el silencio y la soledad donde el tiempo va madurando sus cosechas de rocas; una colosal montaña  que agita contra el cielo su blanca bandera de  nieve. En marzo y abril, Venezuela llamea en los brazos de sus araguaneyes. Todas las tardes Dios se despide de nosotros en los crepúsculos de Lara y en los atardeceres de Juan Griego, y acuna nuestros sueños con el guiño sublime del relámpago del Catatumbo.

Pero en Venezuela, hoy  enfrentamos un triple reto para convertir todas sus inmensas potencialidades y belleza en vida abundante para todos: 

El primer reto es el  del reencuentro  y la convivencia, de modo que profundicemos la democracia, entendida como un poema de la diversidad, con poderes autónomos que se vigilen y regulen unos a otros,  e instituciones eficientes, que resuelvan problemas; y todos los venezolanos nos constituyamos en genuinas personas y auténticos ciudadanos, sujetos de derechos y deberes, iguales ante la ley. 

El segundo reto es cambiar el modelo estatista y rentista por un modelo eficiente y productivo, que asuma el trabajo y la producción como medios esenciales de realización personal y de garantizar a toda la población bienes y servicios de calidad. Resulta cínico que, después de haber destruido el aparato productivo y haber promovido la cultura limosnera y la dependencia absoluta de la renta petrolera, ahora el Gobierno se presente como el adalid de la productividad, pero manteniendo las políticas que llevaron al país al abismo.   

El tercer reto es  lograr un desarrollo humano, con justicia y equidad, que combata con fuerza la pobreza, la miseria y todo tipo de violencia. Es vergonzoso que, junto con Honduras, seamos los países más violentos del mundo No podemos seguir permitiendo  que la delincuencia robe la vida a miles de venezolanos y que todos vivamos en una especie de toque de queda por miedo a salir a la calle.  

La retórica épica del gobierno repite que la revolución es pacífica pero armada,  y alardea de estar dispuestos a enfrentar al imperio cuando no es capaz de derrotar la delincuencia ni el bachaqueo. A pesar de los graves problemas, los venezolanos no hemos renunciado  a la esperanza y debemos seguir trabajando con tesón, ilusión y pasión, por superar los gravísimos problemas y constituirnos en una república moderna, eficiente y solidaria,  en la que todos podamos vivir con dignidad y en libertad. 

Antonio Pérez Esclarín
pesclarin@gmail.com
@pesclarin    
Zulia - Venezuela