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viernes, 26 de julio de 2019

AURORA LACUEVA: NOS HUNDIMOS Y ELLOS SIGUEN

Se habla de que está en marcha la cuarta revolución industrial y de que la misma implica riesgos pero también oportunidades para países como el nuestro. ¿Sucumbiremos a los riesgos? ¿Lograremos aprovechar las oportunidades?

Sabemos que la primera revolución industrial, desde finales del siglo XVIII, puso a trabajar la fuerza del vapor de agua para mecanizar la producción. Ello permitió grandes avances en la productividad.

La segunda, despuntando el siglo XX, masificó de modo impresionante la generación de todo tipo de bienes, desde automóviles hasta zapatos, gracias a la energía eléctrica y a innovaciones organizativas como la cadena de montaje: ya los productos dejaron de fabricarse uno a uno, para ir elaborándose a lo largo de una línea fabril mecanizada donde cada obrero realiza una acción muy específica y repetitiva. El ahorro de tiempo y costos fue notable, pero también la pérdida de iniciativa y sentido en la acción de quien labora.

La tercera revolución industrial, terminando el siglo XX, incorporó la electrónica, las tecnologías de la información y comunicación y las mejoras en los transportes, haciendo que la antigua línea de montaje se disgregara por diversas partes del mundo. Así, las múltiples piezas de un producto, como un tractor o una computadora, se pueden fabricar en diferentes países, de acuerdo a la disponibilidad de operarias u operarios capacitados y a su menor costo. Finalmente, se ensamblan en una locación central.

Así mismo, la producción se automatiza de modo creciente y cada vez hacen falta menos personas para manejar procesos de elaboración de ingentes cantidades de bienes. Incluso, ya en este siglo XXI, la disgregación incorpora también a los servicios: diseñadores, informáticos, ingenieras, administradoras… se contratan en diferentes lugares del mundo, según su costo sea más económico.

Ahora, estudiosos del tema consideran que entramos velozmente a vivir una cuarta revolución industrial, basada en los avances de la digitalización ya iniciada: robots, impresión 3D, Internet de las cosas, nanotecnología… ¿Se cierran las puertas al trabajador barato y a ciertos recursos naturales? ¿Cómo quedamos ante tales cambios? Mientras todo esto pasa, nosotros nos hundimos y la clase política venezolana no logra llegar a un acuerdo.

Aurora Lacueva
@AuroraLacueva

viernes, 22 de febrero de 2019

CARLOS PADILLA, VENEZUELA ENCARCELADA


Bajo este título escribió, en agosto de 2017, Javier Contreras. En su primer párrafo afirmaba: “Desde hace varios años nuestro país vive, o intenta sobrevivir, en una atmósfera de prisión colectiva, teniendo como carcelero al gobierno nacional, quien ha ido designando gendarmes cuya única misión es la de multiplicar el miedo, la violencia y hasta la muerte, de ser “necesaria”, para que los reos (todos los ciudadanos) no olviden su condición, y mucho menos tengan la osadía de exigir sus derechos.” (http://revistasic.gumilla.org/2017/venezuela-encarcelada/)

Esa verdad expresada en el texto citado se hace más patente ahora que el régimen de la oligarquía madurista ha cerrado todas las fronteras, - marítimas, aéreas y terrestres – para impedir el ingreso y/o salida de seres humanos de la gran prisión en la que han venido convirtiendo a Venezuela para tratar de mantener un poder omnímodo ilegítimamente usurpado y tratando de impedir la entrada de una ayuda humanitaria que está siendo necesitada por toda la población venezolana.

Hoy, más que nunca, se hace necesario demoler los muros en que nos han encerrado mediante una acción colectiva, a lo Fuente Ovejuna, que nos permita tener una patria abierta a los demás países del planeta, sean estos de la ideología que quieran tener sus pobladores, para pertenecer realmente a la colectividad terráquea a la cual por nacimiento nos incumbe y disfrutar de la libertad de vivir con bienestar y libertad en una patria en comunicación con nuestros semejantes. 

Lo venimos diciendo insistentemente necesitamos habitar en una auténtica república en la cual se respeten los derechos humanos, la libertad individual y en un Estado regido por la ley en el cual tengamos acceso a los bienes y servicios que se precisan para una vida sana y fructífera de acuerdo con nuestras posibilidades de productividad.

Carlos Padilla
@carpa1301

sábado, 16 de febrero de 2019

ALBERTO JOSE HURTADO B., POR MAYORES RESERVAS INTERNACIONALES


Las reservas internacionales se definen como la cantidad de recursos que los países tienen y utilizan para cumplir sus compromisos internacionales, amortización de deuda externa y pago de intereses. Son activos líquidos aceptados como medio de pago, generalmente constituidos por oro y divisas, empleadas por las naciones para garantizar el pago de los bienes y servicios que importa. De igual forma, son útiles para intervenir en el mercado cambiario con el propósito de defender la tasa de cambio; fortalecen la función de prestamista de última instancia del banco central; y respaldan las calificaciones de riesgo crediticio de un país.

En el caso de Venezuela, pertenecen al país y son administradas por el Banco Central de Venezuela (BCV), para lo cual se consideran los siguientes criterios: a) seguridad: tenencia de activos de calidad, que representen el mínimo riesgo; b) liquidez: posesión de activos que puedan ser negociados fácilmente; y c) rentabilidad: propiedad de activos cuya ganancia de capital y rendimiento sea adecuado. De esta manera, el ente emisor reconoce que el principal objetivo de contar con reservas internacionales es coadyuvar a la estabilidad del poder adquisitivo del bolívar mediante la compensación de la balanza de pago, es decir, las diferencias entre los ingresos y egresos de divisas al país.

La bonanza petrolera de los primeros años del siglo XXI, el impacto de la crisis financiera internacional de 2008, la elevada conflictividad política y social a nivel doméstico, el impacto del cambio de ciclo en el precio internacional del petróleo venezolano, así como la actual crisis económica nacional, han hecho que dichos criterios de administración de las reservas internacionales fueran ponderados a razón de principios subjetivos. Esto dio lugar a medidas como: a) traspaso, en 2005, de un millardo de dólares de las reservas internacionales al Ejecutivo Nacional para financiar programas agrícolas, utilizándose a partir de entonces el principio de reservas excedentarias para justificar la transferencia de grandes cantidades de recursos al gobierno nacional; b) traslado, en 2012, del oro monetario venezolano custodiado en el exterior a las bóvedas del BCV; y c) el aumento de la proporción de oro en las reservas internacionales del país.

Así, la volatilidad del mercado mundial del oro, la menor obtención de divisas por la venta del petróleo venezolano, y el crecimiento de la demanda interna de moneda extranjera, han provocado una reducción de las reservas internacionales de Venezuela que al 15 de febrero de 2019 totalizaban 8.343 millones de dólares. Una cantidad muy por debajo del nivel óptimo establecido por el ente emisor para la economía venezolana, sumamente baja para un país que solo en 2019 debe pagar 9.336 millones de dólares por deuda externa.

Ante esta situación es importante volver a recordar que la valoración de las reservas internacionales siempre estará expuesta a variaciones a partir del comportamiento natural de los mercados, por ende, deben ser manejadas como una cartera de inversiones, privilegiando la diversificación para garantizar que un precio que cae, sea compensado por otro que sube. En este sentido, el país amerita esfuerzos públicos para incrementar el nivel de reservas internacionales mediante financiamiento externo, apoyo de entes multilaterales, recuperación de fondos venezolanos obtenidos mediante actos de corrupción, y rescate de la actividad productiva con fines de exportación, para comenzar el camino hacia la estabilidad del poder adquisitivo del bolívar y el adecuado manejo de los desequilibrios externos que enfrenta el país.

Alberto Jose Hurtado B.
@ajhurtadob

domingo, 24 de enero de 2016

ANTONIO PÉREZ ESCLARÍN, VENEZUELA, TIERRA DE GRACIA

Venezuela es  un país privilegiado,  lleno de encantos y prodigios, que Dios lo debió crear en una tarde en que andaba  especialmente feliz. Cuando en 1498, Cristóbal Colón llegó a  las costas de Paria quedó tan impresionado que creyó que había llegado al Paraíso Terrenal. Sus ojos trataban en vano de captar toda la hermosura, Y de su asombro y admiración,  brotó el primer nombre de Venezuela: Tierra de Gracia.

Realmente, Venezuela tiene enormes potencialidades, y  no sólo cuenta con inmensas riquezas de materias primas: petróleo, hierro, oro, aluminio, pesca, agua, productos agrícolas y ganaderos…, sino que es un país realmente bello. Cuenta con un sol inapagable, playas exquisitas de aguas cristalinas sobre lechos de coral (Morrocoy, Los Roques, Mochima, Playa Colorada,  Margarita, Choroní, Cata,  Adícora, Villa Marina, Neima…); desiertos y medanales que avanzan sin descanso con sus pies  movedizos de arena; llanuras inmensas pobladas de  corocoras  y garzas, donde los horizontes se van alejando  a medida que uno los persigue; ríos caudalosos que van culebreando  entre selvas infinitas; lagos y lagunas encantadas,  pobladas de leyendas y de magia; islas paradisíacas que parecen estrellas caídas en el inmenso cielo azul de nuestros mares;  tepuyes, castillos de los dioses pemón, que levantan sus frentes para asomarse al espectáculo increíble de la Gran Sabana; saltos, cascadas y raudales   que  entonan  con sus labios de agua el himno del amanecer de la creación; pueblitos montañeros que, abrazados a su iglesia protectora, se trepan a las raíces de la niebla y del frío; una enorme serranía habitada por el frailejón, el silencio y la soledad donde el tiempo va madurando sus cosechas de rocas; una colosal montaña  que agita contra el cielo su blanca bandera de  nieve. En marzo y abril, Venezuela llamea en los brazos de sus araguaneyes. Todas las tardes Dios se despide de nosotros en los crepúsculos de Lara y en los atardeceres de Juan Griego, y acuna nuestros sueños con el guiño sublime del relámpago del Catatumbo.

Pero en Venezuela, hoy  enfrentamos un triple reto para convertir todas sus inmensas potencialidades y belleza en vida abundante para todos: 

El primer reto es el  del reencuentro  y la convivencia, de modo que profundicemos la democracia, entendida como un poema de la diversidad, con poderes autónomos que se vigilen y regulen unos a otros,  e instituciones eficientes, que resuelvan problemas; y todos los venezolanos nos constituyamos en genuinas personas y auténticos ciudadanos, sujetos de derechos y deberes, iguales ante la ley. 

El segundo reto es cambiar el modelo estatista y rentista por un modelo eficiente y productivo, que asuma el trabajo y la producción como medios esenciales de realización personal y de garantizar a toda la población bienes y servicios de calidad. Resulta cínico que, después de haber destruido el aparato productivo y haber promovido la cultura limosnera y la dependencia absoluta de la renta petrolera, ahora el Gobierno se presente como el adalid de la productividad, pero manteniendo las políticas que llevaron al país al abismo.   

El tercer reto es  lograr un desarrollo humano, con justicia y equidad, que combata con fuerza la pobreza, la miseria y todo tipo de violencia. Es vergonzoso que, junto con Honduras, seamos los países más violentos del mundo No podemos seguir permitiendo  que la delincuencia robe la vida a miles de venezolanos y que todos vivamos en una especie de toque de queda por miedo a salir a la calle.  

La retórica épica del gobierno repite que la revolución es pacífica pero armada,  y alardea de estar dispuestos a enfrentar al imperio cuando no es capaz de derrotar la delincuencia ni el bachaqueo. A pesar de los graves problemas, los venezolanos no hemos renunciado  a la esperanza y debemos seguir trabajando con tesón, ilusión y pasión, por superar los gravísimos problemas y constituirnos en una república moderna, eficiente y solidaria,  en la que todos podamos vivir con dignidad y en libertad. 

Antonio Pérez Esclarín
pesclarin@gmail.com
@pesclarin    
Zulia - Venezuela      

sábado, 7 de noviembre de 2015

PEDRO PALMA, COMENTARIOS SOBRE LA DOLARIZACION

Mis dos últimos artículos sobre una eventual dolarización en Venezuela generaron múltiples reacciones entre mis lectores, varias en apoyo a su implementación. Comento sobre algunas de ellas. Coincido plenamente, como lo dije en mis artículos, que entre los pros de la dolarización está la creación de confianza, la cual es condición de base para crear un clima favorable a la inversión y a la entrada de capitales. También pienso que si se quiere aplicar exitosamente un plan de desarrollo sustentable con visión de largo plazo, es fundamental la seriedad de la dirigencia política y gubernamental, el buen manejo de la cosa pública, y su compromiso con el proyecto de desarrollo que se escoja.

Sin embargo, no creo que aquella confianza y buen comportamiento de la dirigencia política solo se logra a través de la imposición de rigideces como las que crea la dolarización. En países latinoamericanos que sufrieron situaciones caóticas, con inflaciones descomunales y colapsos económicos, en buena medida debido a la irresponsabilidad de sus gobernantes, como fue el caso del Perú durante el primer gobierno de García, la dirigencia política tomó consciencia de la necesidad de cambiar, enseriarse y hacer las cosas de otra manera, creando un clima de credibilidad y confianza entre los inversionistas y los ciudadanos en general, estableciéndose así las condiciones para la preservación y el éxito de un plan de desarrollo sustentable. Chile es otro ejemplo. Después de 12 años de problemas y fracasos en su economía durante el período de Pinochet, en 1985 se enrumbaron por el camino correcto, y cuando regresó la democracia pocos años después, los dirigentes políticos, de derecha, centro e izquierda, acordaron que había que continuar con esa política de desarrollo, independientemente de quien estuviera en el poder. Y tuvieron éxito, retornando muchos de los chilenos que habían emigrado por largos años huyendo de la dictadura. Esas experiencias exitosas, al igual que la de Colombia y otros países, se lograron con dificultades, pero sin dolarizar esas economías, preservando la capacidad de acción para afrontar situaciones de choques externos. De allí que, si las dirigencias políticas de otros países lo han hecho, ¿por qué pensar que una vez superado el caos que tenemos, los líderes políticos que tendrán la responsabilidad de dirigir la nación no podrán comprometerse seriamente a enrumbar el país por la senda del desarrollo sustentable en las décadas por venir?
El otro punto es que el desarrollo sustentable que queremos para Venezuela exige, como condición de base, el abatimiento del rentismo petrolero y la diversificación de la producción y de las exportaciones, y por las razones ya expuestas, creo que la dolarización dificulta y obstaculiza el logro de esos objetivos. Es más, en países como el nuestro, altamente dependientes de la exportación de commodities, una caída súbita de los precios de esos productos básicos podría poner en jaque a sus gobiernos en caso de estar dolarizados, pues al no contar con varios instrumentos de política monetaria y cambiaria, casi que la única opción que tendrían es aumentar los aranceles de importación para afrontar el déficit externo (lo cual equivale a una devaluación de facto), y restringir el gasto público ante la caída de ingresos, generando recesión y desempleo. 
Si se quieren evitar estas últimas consecuencias a través del mantenimiento del gasto, los crecientes déficits fiscales elevarían la deuda pública, pudiendo llevar a la emisión de obligaciones gubernamentales a ser adquiridas conminatoriamente por los bancos con sus fondos de reserva, debilitando a esas instituciones tan fundamentales en un sistema dolarizado. Por eso, muchos están preocupados por el futuro de la economía ecuatoriana de mantenerse los bajos precios petroleros.
La dolarización no es la panacea. Hay que analizar los pros y contras de las opciones de política económica existentes, con el fin de escoger el camino más idóneo a seguir.
Pedro A Palma
palma.pa1@gmail.com
@palmapedroa

Caracas - Venezuela