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sábado, 4 de mayo de 2019

LEONARDO MORALES P.: SIN ESTADO

El Estado venezolano visto desde la perspectiva actual no se presenta a los ojos de un observador como una institución que pueda satisfacer exigencias de diversa índole. El curso que le fue impuesto desde hace 20 años lo conduce en las actuales circunstancias por derroteros respecto del cual es posible advertir su absoluta inviabilidad.

Cualquier institución de rango y características como las que debe observar un estado moderno, debe poder satisfacer diversas exigencias: las relativas y destinadas a procurar la satisfacción del bienestar social que se inscriben en servicios públicos de salud, educación, de servicios básicos para cumplir con las responsabilidades individuales y colectivas, tales como servicio eléctrico, agua potable, servicios de comunicación terrestre y de otra naturaleza. Todas ellas entran dentro de las obligaciones mínimas de cualquier estado responsable.

A la par de las anteriores, un Estado moderno, que no puede concebirse sino como democrático, debe poder crear las condiciones para que la ciudadanía tenga plena confianza en las instituciones que deben satisfacer la posibilidad de dirimir sus decisiones políticas, de manera civilizada y apegada a la normativa que para tales efectos los ciudadanos se han establecido con anterioridad.

Todos los señalamientos anteriores no se corresponden a meros caprichos, sino que derivan de normas constitucionales, pero también, de manera clara y nítida, fueron establecidas en la Declaración Universal de los Derechos Humanos aprobada en 1948 por la Organización de las Naciones Unidas, y ratificadas en 1969 en el Pacto de San José, también conocida como Convención Americana sobre Derechos Humanos.

En Venezuela la conducción del Estado va a contrapelo de todos los acuerdos del cual ha sido signatario en los distintos foros internacionales, pero incluso de la misma Constitución. Los constantes y continuados varapalos de los que son objetos derechos humanos y las propias normas constitucionales, colocan a los detentadores del poder fuera del cauce democrático y, a quienes pactaron las normas que establecen el deber ser de la nación, en las circunstancias de insubordinarse frente a los trasgresores.

Frente a esa realidad, el Estado venezolano se convierte en un ente atrofiado en la que impera una profunda disfuncionalidad, al no poder garantizar y satisfacer los derechos básicos del ciudadano, pero, más aún, ni siquiera es capaz de lograr el funcionamiento mismo de las instituciones del gobierno. Hablar, comentar y argumentar sobre el Estado venezolano es ya una quimera.

Ya no avanzamos zigzagueantemente hacia la ingobernabilidad, simplemente, así como la hiperinflación es un fenómeno que reside en la vida de todos, hoy la gobernabilidad no es un producto del debate académico, sino que va de la mano con aquel.

Días atrás el colega Luis Salamanca advertía sobre otro fenómeno presente: la estatalidad, definiéndola como “…una crisis de dirección del Estado: ¿quién gobierna? ¿Quién controla el territorio? ¿Quién ejerce la soberanía, cuyo titular es el pueblo?” Ya sabemos: dos presidentes, uno reconocido por muchos países y otro desconocido, una AN legítimamente electa y una ANC de dudosa elección, dos Tribunales de Justicia, dos Procuradores, en fin, dos, dos, dos…

¿De cuál Estado hablamos? Cada día la extinción estatal es especialmente desesperante. Pueblo, por lo pronto hay uno, algunos buscan nuevos horizontes con sobradas razones. Otros nos anclamos es nuestras querencias esperando una buena mesa para, en un ejercicio de civilidad, dirimir nuestras diferencias.

Leonardo Morales P., 
@LeoMoralesP

domingo, 17 de febrero de 2019

OMAR ÁVILA, URGE UN GRAN ACUERDO NACIONAL


La lucha por el cambio político en nuestra Venezuela es larga y compleja. Afortunadamente la gente ha entendido que aun cuando es irreversible y va a ocurrir, no hay soluciones mágicas y no se va a producir ya. 

En este momento el juego político continúa en todo o nada y los sectores en pugna juegan al desgaste y si este panorama se mantiene, las perspectivas de una transición pacifica se alejan. 

Desde Unidad Visión Venezuela apostamos al cambio en paz y para que este sea el escenario que impere es necesaria una negociación que tenga como resultados  el entendimiento y acuerdo entre sectores: la oposición y el chavismo. 

Pensar que una fuerza política que tiene 20 años y que, nos guste o no, cuenta con el apoyo de parte de la población por pequeña que sea, va a desaparecer de un plumazo es irreal. Hay que hacer acuerdos. Partiendo de esos pactos se podrá elegir un nuevo Consejo Nacional Electoral, normalizar la situación del Parlamento y tantas otras situaciones que debemos corregir para el mejor desenvolvimiento de la vida política y económica del país. 

La ingobernabilidad camina tranquila aunque Nicolás Maduro lo niegue y pareciera que ejerce el poder porque en un país donde un sector aún reconoce solo a quienes acompañan a Maduro y otro solo a la Asamblea Nacional y su presidente Guaidó, la ilegitimidad y la ingobernabilidad andan de la mano. 

La posibilidad de un conflicto armado está latente y, lamentablemente, hay quienes apuestan por ella. Esa es la peor de las opciones. En ese escenario solo el pueblo seguirá sufriendo, y el hambre y las consecuencias de la emergencia humanitaria compleja, se verían acompañadas además, de los resultados propios de una agresión armada. 

Imaginar que la FANB apoyará las iniciativas de cambio y la entrega de la ayuda humanitaria es pecar de inocentes y poco inteligente. 

Los militares gozan de demasiados “beneficios” y prebendas que no están dispuestos a perder, ni renunciar. Tienen empresas de construcción, de telecomunicaciones, agropecuarias, de transporte, manejan la distribución  y "producción” de alimentos, así como de la industria farmacéutica e industrial,  pero además tienen una televisora, un banco y para completar si piensan que a la torta le faltaba la guinda, tienen una treintena de ministerios a su cargo. 

Estamos a punto de entrar en un proceso de negociación difícil y el más determinante para el destino del país en las últimas dos décadas. Hay que hacerle entender eso a la opinión pública. Esa es nuestra tarea como líderes. 

Apostemos por un gran acuerdo nacional en el que actores como Rusia, China y Cuba posiblemente también tengan alguna participación, pero que redundará en una nueva ruta para transitar el camino a la transición política en paz. 

Urge un gran acuerdo nacional ya, antes de que el pueblo nos pase por encima.
     
Omar A. Ávila H.
Diputado a la Asamblea Nacional
Teléfonos: 04125999733 // 04166065484
@OmarAvilaVzla

lunes, 29 de febrero de 2016

EDUARDO GUZMAN PÉREZ, ¿UN VACÍO DE PODER?

Mientras el país se despedaza en medio de una hambruna,  plagado de enfermedades y necesidades de todo género como consecuencia de una  insólita ingobernabilidad  y vacío de poder,   Nicolás Maduro  hace malabarismo y maniobra cobrando tiempo, apuntalado  con las indicaciones que desde la Habana le imponen los Castro. En tanto,   el régimen solo se ocupa de halagar y comprometer a la cúpula militar   su única fuente de poder con ofertas engañosas y falsas para alargar su agonía, a sabiendas de que ello solo atiza y combustiona  más el imprevisible desenlace de este caos en que convirtieron el país después que lo saquearon, lo atracaron,  anarquizaron y corrompieron. 

Bien poco les importa  el actual drama alimentario y de todas las demás necesidades  de los venezolanos; su obsesión es  mantenerse en el poder a costa de lo que sea entre el engaño y la mentira y la mentira y el engaño de siempre,   y a satisfacer los intereses del régimen cubano.

 Mientras esta es la  situación real del agonizante y tambaleante   régimen, el  otro  país, el que mayoritariamente  el 6D  puso su esperanza en la nueva Asamblea Nacional y le entrego un mandato expreso: Poner  fin inmediato  por la vía constitucional al régimen cívico militar causante de todos nuestros  males. Ya el pueblo  observa  inquieto  a dos meses largos de haberse instalado la directiva de ese poder, y lee en  las páginas de los diarios y  escucha en emisoras y canales de TV solo  una algarabía estéril de todo tipo de  informaciones sobre   acusaciones de denuncias y más denuncias  de robo al erario público de personeros del régimen cívico militar, y de narcotráfico  que todos  harto conocemos, en  un torneo de discursos a ver quién habla mejor en la Asamblea  y acusa más ferozmente a los culpables, y de  declaraciones a granel robando cámara y espacio en los diarios,  de diputados anunciando de lo que pretenden hacer y no hacen, y de leyes que están elaborando que privan sobre la verdadera tragedia que existe en el país, y para lo cual le dimos ese mandato expreso repito, como fue buscar una salida del régimen por la vía  constitucional más expedita, y  cuyos instrumentos están en la Constitución y desalojarlos del control del gobierno y del Estado a  esa   actual clase política que en  un concierto para delinquir destrozo la patria y atraco impunemente el dinero del pueblo,  no lo hacen.
Solo lo que oímos y leemos a diario  es una vocería anárquica de diputados  anunciando cual es el mecanismo para  deponerlos si es reforma a la Constitución, o referendo, enmienda, o  Asamblea Constituyente, o, donde está  la partida de nacimiento del protempore,  hasta allí   es solo lo que hacen.  Eso señala que no hay unidad de criterio en el gallinero opositor, ni mucho menos liderazgo para conducir con auctoritas el proceso de salida de la tragedia. O, en el peor de los casos,  ya hay  un contubernio falaz entre  la cúpula AD Ramos y Aristóbulo,   en una especie nuevo oculto de  Pacto de Punto Fijo, para alargar la arruga y llevar esto a las elecciones de gobernadores, o,  al 2019,   cabalgado sobre  la dramática  miseria y tragedia  de  un  país que está   destrozado y una sociedad  hambreado, enferma, burlada .y engañada.  Solo es cuestión de tiempo. Alea jacta est
Jose Eduardo Guzman Perez
@guzmanperez1

Anzoategui - Venezuela

martes, 5 de enero de 2016

ENRIQUE MELÉNDEZ, UN ACUERDO MÍNIMO DE GOBERNABILIDAD

Lo más sorprendente de este 6D es que después que esta gente, en forma insistente, aseguraba que iba a reconocer los resultados de dicho proceso, ahora ha buscado los mil subterfugios para salirle adelante a la jugada; una especie de reloj no marques las horas, y no verse en la triste situación en la que va a quedar Diosdado; convertido en un simple diputado, y con la amenaza de serle allanada la inmunidad parlamentaria.

         Ahora se comprueba que detrás de esa insistencia, que iba hasta el emplazamiento a la oposición de que hiciera lo mismo, no había sino un gran terror, ante lo que les decían las encuestas; aunado al descontento que se palpaba en la calle, y que era objeto de burla de parte de la ex candidata a diputada Jacquelín Farías; a propósito de aquel cinismo con el que trató el tema de las colas.
         Lo opinaban los encuestadores, a medida que el barómetro se inclinaba más hacia la oposición: el mejor jefe de campaña de la MUD es Nicolás Maduro y el resto de los voceros; que pensaban que con hacerle carantoñas al pueblo bastaba.
         Fue una rebatiña lo de los carros chinos, y como tal rebatiña lo tomó el pueblo; que es lo que se ha venido a considerar como una rebelión popular a través del voto; pues aquí esta gente cada quien agarró su vehículo; destacando, primero que nada, su vocación de rojo rojito, y al final resultaron ingratos a la hora del voto: pura hipocresía no más; que es lo que más crispa a Maduro; sobre todo, saber que a muchos de esos carros  los beneficiarios les quitaron las calcomanías y los rótulos, y los colocaron en el mercado negro, (qué no hace el criollo en un medio tan picaresco), y entonces le ha pedido a cada quien que le devuelva su carro. Incluso, hasta caricaturas han hecho alusivas al tema.
         Bien lo dijo uno de ellos: con regalar nada se gana. Aquí es donde salta soberbio Maduro y viene y dice: “La oposición compró los votos del chavismo”. Por lo demás, ese fue el argumento que utilizó la dictadura de Marcos Pérez Jiménez para no reconocerle el triunfo a URD en las elecciones para la Constituyente de 1953, es decir, que había habido una compra de los votos adecos; cuya dirigencia había mandado a abstenerse; que no dudaba, a ese respecto, de que se iba a producir un fraude, y de que no valía la pena participar; no obstante, la militancia de AD había salido a votar. Por lo tanto, consideraba el régimen; que los 60 diputados, que le correspondían a URD, en verdad, le correspondían al FEI, que era el partido de Pérez Jiménez; dejándole a URD sólo 29; que eran los diputados que el FEI había sacado, y respetándole a Copei los 14 que, por su parte también había sacado, sólo que su dirigencia no admite tal inversión de los números; de modo que decide no participar de esa Constituyente fraudulenta; mientras que la dirigencia de URD sí la admite, y así que deciden acudir al llamado a su convocatoria; cuestión que obliga al régimen a actuar del modo más grosero; pues sólo aquellos 29 diputados urredistas si los dejaban iban a transformar aquella Constituyente en un infierno para el régimen; en el sentido de que les tienden una emboscada, con el cuento de una reunión que quieren coordinar con ellos; los arrestan, los conducen hasta Maiquetía, y allí los mandan en un avión fletado para Panamá.
         ¿Acaso no hemos estado frente a escenarios parecidos a lo largo de estos diecisiete años de gobierno chavista, y que estuvo a punto de consumarse de nuevo el pasado 6 de diciembre, y que no fue sino gracias a la intervención de las fuerzas armadas lo que lo impidió? Porque el hecho mismo de las impugnaciones que trataron de hacer; que de 21 bajaron a 8 y, luego, a 4 deja ver sus costuras: ¿por qué dudar del sistema electoral más perfecto del mundo, como se vanagloriaba Jorge Rodríguez?
         Esta Asamblea se inicia con Mercurio retrógrado; que, de acuerdo a los astrólogos, hace que las cosas salgan invertidas, y que después haya que enderezarlas, y lo que está planteado, en ese sentido, es un escenario de combate; sobre todo, porque esta gente estaría dispuesta a echar el resto; lo que significa incendiar al país, y que es lo que explica el clamor, que se oye en todos los sectores de Venezuela, dirigido a las fuerzas armadas, para que hagan respetar esa voluntad que se expresó el pasado 6D, en su condición de un árbitro que está llamado a garantizar el orden.
         Por lo demás, esta es una prueba de que esta gente no quiere llegar a un acuerdo mínimo de gobernabilidad; como lo hace ver un artículo de Felipe González; pues, en lugar de propender a llegar a una cohabitación política, lo que busca es tratar de refugiarse en golpes de tipo jurídico; que más que jurídicos, en efecto, son golpes políticos o dicho en términos coloquiales, darle una patada a la mesa, valiéndose de leguleyerías; dejando un lastre, al mismo tiempo, y es que habría un territorio que quedaría sin representación parlamentaria, a partir de la suspensión de la proclamación de sus 4 diputados; lo cual es una aberración.
         Estamos en una Venezuela que ha llegado a niveles de pobreza relativa y extrema, según un estudio llevado a cabo por varias universidades, y dado a conocer recientemente, de 75% para el 2015; aparte de que la mano de obra altamente calificada ha desaparecido, es decir, hay una tendencia a la igualación hacia abajo, desde el punto de vista de los ingresos familiares, y donde ha jugado importancia también el factor de la política salarial de este gobierno, basada en el aumento compulsivo de los sueldos, y que tenía mucho que ver con aquello que decía Jorge Giordani de que había que mantener a la población en cierto estado de pobreza, y a lo que le agregó el entonces ministro de Educación, Héctor Rodríguez, porque si se enriquece se vuelve escuálida. Necesitamos un acuerdo mínimo de gobernabilidad.
Enrique Melendez O.
melendezo.enrique@yahoo.com
@emelendezo
Lara - Venezuela

domingo, 25 de octubre de 2015

RAFAEL BELLO, LOS DÍAS Y EL DESCONTENTO

Las miradas se cruzan y el silencio anuda la garganta. La sangre hierve en las venas y el corazón pulsa incontenible cada latido de inquietud venezolana. El corazón del venezolano fortalece su latir porque tiene que llenarse de reciedumbre para no abandonar la lucha de la libertad. Y esas miradas expresan el sentimiento de rechazo contra la ignorancia alzada en uso y abuso del poder, para dejar claramente establecido, que Venezuela es una patria libre y soberana, en absoluta determinación de su condición democrática. 

 El país se une en resguardo de su integridad frente a un estado de ingobernabilidad que avanza, destruye y crea situaciones extremadamente peligrosas. Porque hay escasez de los productos esenciales para la vida. Una población sometida a carencias de lo que solo la mentalidad del atraso con ínfulas prepotentes del poder absoluto, es capaz de hacer posible sin medir en la justa proporción de los hechos la funesta realidad que deja a su paso.
 Esa situación de hechos que van contra la estabilidad de la familia venezolana, que producen situaciones lamentables por las graves carencias que se viven a diario, gravita enormemente en la armonía social. Hay un estado de desasosiego que abraza la población en general. Hay hambre en Venezuela y, hay también, una actitud que crece persistentemente de rechazo general a un régimen antinacional que empobrece la nación y deja comprometido por décadas el ingreso nacional.
 Eso pasa en Venezuela por lo que los habitantes de pueblos y ciudades están en una actitud de desobediencia civil que crece y se enfrenta con valentía al terror que, con armas largas, dejan ya muertos y heridos que tan solo con el vigor de su espíritu de lucha y defensa de la razón de vivir en la patria que los vio nacer, son ya los mártires que para la eternidad, son ejemplo imperecedero de una Venezuela que le ha tocado vivir lo que jamás imaginaron sus hijos.
 Hay descontento en el país y ese descontento tiene su razón de ser por cuanto una nación encaminada a niveles importantes de desarrollo, está en penosa situación tanto económica como en el ámbito social. Empobrecimiento de la población venezolana latiguea en la conciencia nacional ávida de cambio en todos los sentidos. En todos los sentidos con apremio de un gobierno democrático capaz de enderezar la economía de la nación y recomponer la situación económica para crear un estado de armonía social que haga posible la recuperación nacional.
 Estamos en la necesidad imperativa de un gobierno democrático. Desde hace casi tres quinquenios todo ha representado retroceso hasta el sol de hoy que campea la miseria en todo el territorio venezolano. Ese cuadro terrorífico de empobrecimiento de una población ávida de una manera exigente y honrada de conducción política y administrativa capaz de mantener niveles de vida apropiados, demanda la acción coherente, decidida, valiente, inteligente y vigorosa, para que Venezuela comience a transitar por la vía democrática, de paz, desarrollo sustentable que hagan posible la Venezuela de la properidad.
Rafael Bello
bello.rafael@yahoo.es

@unidadylagente