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viernes, 5 de abril de 2019

JUAN CARLOS SOSA AZPÚRUA, NARCO PATRIA ROJA, JUAN GUAIDÓ Y EL JAQUE MATE A MADURO


El régimen castro comunista es un sistema que se erige como una patria en sí misma.  Los representantes de este régimen no se consideran nacionales de un país determinado, son miembros de una sola patria: la patria castro comunista.  Para comprender la efectividad del sistema castro comunista es importante percibirlo como una empresa trasnacional que va constituyendo filiales en diversas jurisdicciones, quedando la casa matriz en Cuba, donde también está ubicado el directorio principal, encargado de impartir las directrices globales. 

Es fundamental comprender la naturaleza de este sistema para lograr asimilar lo que ocurre en nuestro país y el por qué tantas políticas, que a priori lucen como un disparate, son perfectamente coherentes y necesarias para la consolidación de la patria castro comunista.  La maquinaria roja está lubricada con una de las inteligencias más sofisticadas y entrenadas que existen sobre la faz de la tierra: el G2. Actuando desde sus respectivas salas situacionales, los miembros del G2 trazan absolutamente todos los escenarios que un cerebro humano es capaz de concebir, y lo hacen para calcular anticipadamente las acciones que deben ejecutar para neutralizar cualquier peligro latente, y posicionarse exitosamente en el territorio ocupado.  El G2, como maestro estratega que es, hace de la vida un tablero de ajedrez, y cada movida de sus fichas responde a planes diseñados con astucia y conocimiento de todas las variables implícitas.

Comprender la naturaleza humana es la primera tarea de un buen estratega.  Y junto con el sexo, nada es más efectivo para relajar las defensas de los hombres que el dinero. Por eso el plan de Fidel Castro de hacerse de las reservas petroleras venezolanas fue concebido desde el mismo inicio de la revolución cubana.  Ninguna aventura barbuda, por más romanticismo guevarista que se le imprimiese, iba a prosperar si no se controlaba primero el poder económico. Durante el imperio soviético, Cuba tuvo que conformarse con jugar un rol secundario, ser un satélite tropicalizado de los rusos, con ínfulas colonialistas, que pudieron coronarse germinalmente en Angola, pero que nunca extendieron sus plumas como el pavo real que Fidel Castro siempre sintió ser…hasta la llegada del teniente coronel Hugo Chávez, esa ilustre nulidad con el pico de plata afilado y el momento histórico preciso. 

Chávez, a pesar de sus neuronas embadurnadas de un patriotismo caletrero de cuartel de provincia, no fue más que un agente del castro comunismo, el “Candidato de Manchuria” de Fidel Castro, diseñado para hacer realidad la génesis lúdica de la Revolución cubana: la colonización de Venezuela. Y así apoderarse de sus reservas petroleras y transformar al castro comunismo en la más poderosa trasnacional del crimen organizado, el centro neurálgico donde convergen las ideologías que esclavizan a los hombres, junto con las herramientas que se emplean para hacerlo:  el secuestro total de la institucionalidad, la promoción de la cultura mendicante y el libre flujo de narcóticos, a través de las instituciones secuestradas, que sirven para lavar el dinero de los carteles y promover a los grupos guerrilleros que penetran los sectores humildes, para corromperlos desde sus entrañas (El ELN reparte las cajas del CLAP en al menos doce estados del país).

Además, transformaron al territorio de Venezuela en la guarida de los carteles de droga colombianos y también el centro de operaciones del “cartel de los soles” (comandado por Nicolás Maduro, al ser éste el comandante de unas fuerzas armadas donde el generalato constituye el brazo directivo y operativo de dicho cartel). Toda la infraestructura militar y fronteriza de Venezuela está engranada para servir de vía de embarque y despacho de la droga, que luego se reparte por el mundo. Hay que recordar la larga tradición cubana en el negocio de los narcóticos. Antes de la Revolución, la Habana fue el centro de reuniones de los jefes de las mafias. Posteriormente, ya con Castro en el poder, la caída del Muro de Berlín, y el subsecuente recorte del subsidio soviético al régimen cubano, hizo que Fidel organizara el Foro de Sao Paulo, sentando en su directorio a Manuel Marulanda -cofundador de las FARC-, con la idea de financiarse con los dólares del narcotráfico. A partir de ese momento, Fidel Castro se transforma en narcotraficante, y Cuba en una guarida y ruta segura para el tráfico de estupefacientes. Con su marioneta Chávez, y logrando también controlar las presidencias de Bolivia, Brasil, Ecuador, Argentina, Chile, Perú, Uruguay, Nicaragua, El Salvador y Colombia (Se debilitó en muchos de los anteriores, pero ahora tiene a México), el Foro de Sao Paulo tuvo vía libre para fortalecer las principales rutas del narcotráfico, y convertirse en un coloso capaz de crear organizaciones internacionales (ej. “UNASUR”), penetrar todas las instituciones mundiales: ONU, CPI, OEA, CARICOM, entre muchas otras; comprar conciencias a diestra y siniestra, y poner a periodistas de los principales medios de comunicación del planeta bajo su nómina y directrices.   

Al hacerse del dominio de PDVSA, el castro comunismo logró el arma perfecta para avanzar en sus planes de conquista del territorio venezolano. La operación de blanqueo de capitales y el tráfico de droga ahora ganaba un músculo hercúleo para lavar miles de millones de dólares y transportar la droga con infraestructura corporativa. Con dinero practicamente infinito y comprendiendo las debilidades de la naturaleza humana, la penetración de la sociedad criolla pudo hacerse sin disparar una sola bala, sin tener que fusilar a nadie, solamente bastaba hacer las correspondientes transferencias bancarias y así la música que sonaría siempre sería el canto de sirena de la trasnacional roja. 

El “ÚAH Chávez no se va”, entonado a todo pulmón por los “magistrados” del Tribunal Supremo de Justicia;  también esas lágrimas de dolor sincero saliendo por los ojos de los directores del Consejo Nacional Electoral en los “funerales de la Chancleta” (léase los de Chávez); junto con los remitidos del Centro Carter y de César Gaviria silenciando los fraudes más siniestros; coronando con la infiltración del sector opositor, primero colocando agentes en la Mesa de Negociación y Acuerdos, luego aumentándolos en la Coordinadora Democrática y finalmente perfeccionándolos (en sofisticación de la mentira) con la MUD; el castro comunismo colonizó a Venezuela sin disparar una sola bala.  

Y como el G2 no se chupa el dedo, supo desde el primer día que sería necesario diseñar una obra de teatro potable para la comunidad internacional y también para los incautos venezolanos, aquellos que no son cómplices conscientes de la transnacional castro comunista, pero que era vital conquistar por la vía del engaño. Y así entendió el G2 que la narrativa democrática tenía que ser el guión de la comidilla, montar una obra de teatro verosímil donde todo luciera como un sistema de libre elección, donde cada venezolano pudiera participar sin comprometer su educación judeocristiana y sus enseñanzas democráticas.  Penetrando al sector opositor, el castro comunismo logró posicionar a varios de sus agentes más sofisticados, a quienes proporcionó fondos generosos para mantener activos medios de comunicación de amplio alcance, y así transmitir y consolidar la matriz de opinión necesaria para sus planes de conquista.

Y esta prensa escrita, radio y televisión, durante años fue trabajando sutilmente las mentes de los venezolanos, amansada endemoniadamente con otro diablo talentoso: el control cambiario,  que justificó la institucionalización de un sistema como CADIVI, el divino colchón que le brindó comodidad a muchos sectores criollos, nutriendo la ilusión de bienestar que era vital para ganar tiempo, mientras sucedía la colonización total.

Ese narcótico llamado CADIVI drogó el alma rebelde de las capas profesionales y altas del país, facilitándoles un tren de vida más parecido al capitalista que al comunismo de los libros de historia y de las sociedades fantasmagóricas como la cubana. La ilusión hecha delirio acalló voces contestatarias y propagó un gas invisible que penetró el cerebro de la mayoría de los articulistas de prensa, analistas políticos y periodistas, quienes, en lugar de captar el horror de la trasnacional roja, se limitaban a observar y analizar la ilusión creada por ésta, como si el mundo ficticio diseñado por el G2 cubano no fuera una obra de teatro para engañar a la colectividad mientras la colonizaba. 

El siete de octubre de 2012 fue apoteósico para la trasnacional roja. Con su Candidato de Manchuria a un suspiro de la muerte, neutralizó toda reacción a las costuras visibles de su farsa, inmortalizando su figura para metamorfosearla en tótem de culto, la droga más efectiva para cultivar una fanaticada descerebrada que repita robóticamente sus proclamas, a la orden para ejecutar las estrategias trazadas en las salas situacionales del G2. Al morir Chávez, fue reemplazado por el nuevo Candidato de Manchuria, un colombo venezolano accidental, lavado cerebralmente por la mismísima casa matriz de la trasnacional roja en tierra cubana y entrenado espartanamente para que sus neuronas tengan como única patria al castro comunismo. 

Y veinte años no son pocos. Durante ese período el G2 corrigió muchos errores y logró que su teatro tuviera la narrativa idónea, interpretado el guión por actores de lujo, bien educados para que el engaño incluyera las dosis de verdad necesarias para el cumplimiento cabal del objetivo.  En el escenario de la democracia venezolana -porque así se llamaba la ilusión- la oposición a la trasnacional roja tenía que lucir creíble, porque sobre todas las cosas era necesario que se mantuviera como la única oposición al sistema castro comunista… la oposición manejada a control remoto desde el seno del G2 cubano. 

Y entonces vino el catorce de abril de 2013 y el imperativo de hacer de ese día la obra maestra del engaño, la movida del maestro ajedrecista que sabe que para deponer al rey se hace necesario sacrificar muchas fichas subalternas, haciendo la ilusión tan real que brille en los ojos incautos como una verdad suprema.

La cantata de fraude era esencial, porque no podía colocarse en el tablero al nuevo Candidato de Manchuria de la trasnacional roja, sin sufrir primero el calvario de su cuestionamiento, ya que a través de esa duda se secuestraría el ánimo rebelde sobreviviente de la sociedad. Únicamente capitalizando el descontento, podía el castro comunismo atraparlo en sus redes, para apaciguarlo y volverlo agua…y eso fue el catorce de abril y los meses subsiguientes…hasta el ocho de diciembre de 2013, día en que se silencia absolutamente la cantata del fraude, y se remata el posicionamiento en el escenario del nuevo Candidato de Manchuria de la trasnacional roja. 

Y para hacer más mella del alma rebelde que aún pudiera sobrevivir en la sociedad colonizada, la trasnacional castro comunista organizó una reunión en Miraflores cuando se dan cita alcaldes y gobernadores de oposición con Maduro y juntos corean el himno nacional, cantado con la voz del difunto Hugo Chávez- para dejar bien claro quién era su agente preferido, para que no quedara dudas que el nuevo Candidato de Manchuria de los rojos era el actor protagónico de la comidilla, de esa obra de teatro que transformó a Venezuela en Cubazuela y a un gran porcentaje de venezolanos en cubazolanos.

La colonización de nuestro país, por la trasnacional castro comunista, es un hecho irrebatible. Nación secuestrada por un sistema foráneo que vino con la intención de quedarse eternamente, transformándonos en tierra de esclavos, con seres autómatas que cada vez ambicionarán menos su libertad, conformándose con la igualdad mendicante, donde desaparecen las diferencias naturales – tan irritantes y odiosas para muchos- igualándose todos en su condición de nada. 

La única esperanza residual es que las almas rebeldes aprovechemos esta última oportunidad que nos ha brindado el destino. Junto con nuestro presidente legítimo Juan Guaidó tenemos que activar la estrategia de “Jaque Mate a Maduro”, que consiste en desmantelar el motor de la trasnacional roja: el “Cartel de los soles”. Una vez que se logre ese objetivo, todo lo demás caerá por su propio peso y Venezuela tendrá la oportunidad de convertirse en el país emergente más atractivo del planeta.

Mientras tanto aquí no hay patria… salvo la narco patria roja, filial de la trasnacional castro comunista.

Juan Carlos Sosa Azpúrua
@jcsosazpurua

martes, 27 de octubre de 2015

LUIS MARIN, ¿FASCISMO O COMUNISMO?

 “En nuestro caso, tanto como ocurre en Ecuador, se ha instaurado el régimen de la mentira, pariente del fascismo de mediados del siglo XX”, se lee en el pormenorizado Informe presentado por Asdrubal Aguiar ante la LXXI Asamblea de la SIP. “La música debe ser un instrumento de promoción de dignidad y libertad, no una herramienta del fascismo”, puede leerse a su vez en la reciente carta de Coronel a Dudamel.

“¿Cómo se forma parte de la dictadura? Quiero decir, más allá del voto ritual en las elecciones amañadas, ¿cómo se manifiesta la adhesión al totalitarismo? Muy sencillo: suscribiendo el relato y repitiendo el discurso oficial”, dice Carlos Alberto Montaner en el foro organizado por la Asociación de Periodistas Venezolanos en el Extranjero, tan lejos como en septiembre de 2013.

En consecuencia, es importante detenerse en las palabras, qué significan, qué se quiere decir con ellas, porque las palabras configuran el mundo, dan una visión de la realidad y pueden determinar, en cierta medida, las acciones y reacciones humanas y, por qué no decirlo, la comunicación política.

El uso del término “fascismo” y sus derivados se ha revelado como el más importante leitmotiv del lenguaje político venezolano, no solo porque es un notable denominador común de gobierno y oposición sino por su tenaz persistencia, que lo vuelve como un engranaje indispensable del discurso del que ninguno puede  prescindir. Este solo hecho ya lo hace digno de reflexión y estudio.

Por ejemplo, ¿por qué el régimen de la mentira instaurado en estos países es pariente del fascismo de mediados del siglo XX pero no del comunismo que reinaba por la misma época? Si se supone que el fascismo fue aplastado en la guerra, con tanta más razón se impone hacer referencia al comunismo que salió victorioso, que trascendió aquella y otras guerras sucesivas y que todavía hoy en día nos acogota.

Podría pensarse que AG no quiere producir una fisura en la unidad perfecta de la “alternativa democrática” venezolana haciendo una alusión condenatoria al comunismo, tanto menos si los líderes y autores intelectuales de “La Unidad” son comunistas de nacimiento e incluso en el resto de Latinoamérica la unión con comunistas y socialistas parece esencial a toda concertación o frente amplio, lo que vuelve pecado de lesa diplomacia denunciar las faltas de potenciales interlocutores.

El caso de Coronel vs Dudamel tiene que ser enteramente distinto, porque se trata de un crítico de la MUD frente a un funcionario de la nomenklatura. Puede discutirse si ciertamente la música debe ser instrumento de algo, así sea la libertad o la dignidad y concluir que no, que la música sólo tiene que ser buena música o mejor simplemente “música”, cumplir su función de conmover, alcanzar el puro goce estético.

Son los músicos, ejecutantes, directores, compositores, quienes como personas tienen compromisos morales y políticos,  preferencias individuales y responsabilidades, como las tendría un matemático, dejando a salvo las matemáticas, pero este no es el punto.

El punto es porqué se vuelve problemático decir que la música no debe ser una herramienta del comunismo, como sería lo correcto, si Maduro se formó en las escuelas de cuadros del Partido Comunista Cubano y no como Perón, en la Italia de Mussolini.

Esta cuestión va más allá del compromiso con la verdad o la corrección política. El tema de la censura y la persecución de la prensa libre es apenas un elemento colateral al proceso de instauración de un Estado totalitario, que implica sobre todo la socialización de la economía y la eliminación de toda oposición política organizada.

El epicentro de este proceso está en La Habana y su correa de transmisión es el Foro de Sao Paulo. El partido hegemónico es el Partido Comunista Cubano, corriente dominante en el Foro de Sao Paulo, incluyendo a la ferviente creyente en la doctrina de la “lucha armada” Dilma Rousseff.

Para mejor ilustración consideremos qué pasaría si por razones de conveniencia política comenzáramos a hablar del dictador comunista Francisco Franco, con lo que toda nuestra visión y comprensión de la guerra civil española se vería trastocada hasta lo irreconocible, como ocurre al denunciar al dictador fascista Fidel Castro (cosa que, por cierto, ya hacen algunos bienaventurados socialdemócratas norteamericanos).

El régimen instaurado en Venezuela, Ecuador, Bolivia, Nicaragua, El Salvador, etcétera, es vicario del régimen comunista de La Habana y no se le hace ningún favor a la verdad histórica, ni a la interpretación de nuestra realidad y al diseño de una estrategia política acertada llamarlo de un modo que no le corresponde y que es incluso incongruente con el contexto en que se inscribe.

Es añadir otra “disonancia cognitiva” al ya incomprensible discurso oficialista.

EL COMUNISMO DE HOLLYWOOD

Más que una ideología es una emotiva exaltación del romanticismo, desprendimiento y espíritu de sacrificio, completamente pre-leninista, que yerra al concentrar toda el cinismo, mezquindad y egoísmo en el otro bando, como si no fueran éstas condiciones humanas, tan universales como aquellas.

Hollywood ve al comunista como individuo, con su dignidad personal, con respeto, no al comunismo como una ideología inhumana que pretende precisamente destruir al individuo, su dignidad y respeto; de hecho, el mismo Hollywood sería inconcebible bajo un régimen comunista.

Ser anticomunista para “la izquierda” de Hollywood es lo mismo que ser “de derecha”, esto es, Macartista, haber ejecutado a Sacco y Vanzetti, estar contra Charles Chaplin, a favor de la guerra de Vietnam y así por el estilo: resulta tan impresentable como lo sería repudiar a cualquier minoría estigmatizada, como negros o gays.

Este extraño mecanismo psicológico permite olvidar el estalinismo, el gulag, las marchas de Pol Pot, la limpieza étnica en Serbia y el hecho, indiscutible, de que Viet Nam del Norte sí era comunista, como lo es Corea del Norte, etcétera.

Asimismo la izquierda hollywoodense considera la mentira como un monopolio de la administración norteamericana, lo que, paradójicamente, la lleva a concederle una veracidad contra toda prueba a dictadores nefandos como Saddam Husseim, Fidel Castro o Chávez, como en el pasado lo hicieron con Mao y Ho Chi Minh, simplemente porque son enemigos de su gobierno, por lo que salen harto beneficiados de este acto reflejo, sólo explicable en algún tratado de psicopatología.

Así, el comunismo y el anticomunismo se esfumaron del lenguaje de la administración de los Estados Unidos como parte del discurso políticamente incorrecto, junto al racismo, sexismo y quizás como consecuencia también desaparecieron del discurso político venezolano.

Es bueno recordar que Chávez y su coro se ofendían al unísono cuando se les llamaba comunistas, mientras adelantaba la simbiosis con Castro e introducía al país en la internacional, montaba los adefesios eufemísticamente llamados “comunales”, incluso el Estado Comunal y uniformaba de rojo no solo a los funcionarios sino a todo el  país. El rojo fue, es y será el color que identifica históricamente a los comunistas, desde la Comuna de París.

En Venezuela está prohibido mencionar al comunismo y a Cuba, al punto de que se puede leer todo un libro dedicado a desnudar la neolengua totalitaria, como los exhortos de los 31 expresidentes iberoamericanos, sin que estas palabras aparezcan ni una sola vez en los textos y la causa va más allá de la censura oficial.

No se trata solamente de que la unidad opositora esté conformada por partidos y personalidades explícitamente identificadas como comunistas, sino que su aspiración manifiesta es tenderle puentes a los partidos y personalidades del “polo patriótico” en el gobierno, que son todos comunistas por definición. Resulta completamente obvio que un mensaje anticomunista atentaría contra este propósito de “unidad total”.

De manera que el más somero análisis pone de manifiesto la razón por la cual no puede esperarse nada de la oposición oficial, porque en realidad comparte con el régimen ideología y propósitos, son el sueño dorado de la crítica eurocomunista a la democracia de partidos occidental: presentar el mismo refresco con diferentes chapas.

La única verdadera alternativa tiene que ser liberal, capitalista, pluralista y centrada en valores individuales.

Es decir, lo más equidistante tanto del comunismo como del fascismo.

MECANICISMO JURÍDICO

Sería materialmente imposible para un analista e insoportable para cualquier lector pasar revista a los extensos y enjundiosos estudios jurídicos realizados a las recientes “sentencias” con que el régimen ha producido la estupefacción universal, de letrados y legos, que al fin y al cabo estos últimos son el indicador del sentido de justicia de cualquier sociedad.

Baste para resumir que lo que se aprecia en primer lugar es una suerte de automatismo jurídico, una creencia consolidada en cómo deben discurrir los casos en un tribunal y cómo operaría la mente de un juez para arribar a algo que pueda denominarse “fallo”.

Siendo la verdad que nada de esto ocurre ni puede ocurrir en la Venezuela actual; nuestros bienintencionados analistas jurídicos olvidan los testimonios del magistrado Eladio Aponte Aponte entre otros, según los cuales las “sentencias” son elaboradas por un comité político en las oficinas de la Vicepresidencia de la República y luego enviadas a jueces provisorios o accidentales para que les estampen una firma sin siquiera leerlas.

De manera que todas esas expresiones como “la juez de la causa encontró, valoró, concluyó”, son pura fantasía; los expertos “en cuya opinión se basó la juez para dictar su fallo”; “basándose la juez para llegar a esa insólita conclusión”; “que su mente imaginó” y tantísimas otras, parecen sugerir que se trata de un proceso penal ordinario, con verdaderas pruebas, hechos establecidos, leyes aplicables y conclusiones plausibles y aquí es donde comienzan las preguntas inquietantes.

¿Algún jurista serio, con los pies en la tierra y la mano en el corazón puede afirmar que cree realmente en estas supercherías? La otra cuestión es más grave, porque apunta a la responsabilidad: Si no es así, ¿por qué escriben estas cosas? ¿Para quién lo hacen? ¿Para hacerle creer qué a quién?

Como siempre se debe partir de la buena fe, supongamos que un abogado razona que no puede hacer otra cosa sino utilizar los recursos procesales disponibles, de acuerdo con la ley y finalmente, confiar en la justicia. Sin embargo, dejando a un lado lo ingenuo que parezca, esto no exime de decir la verdad, primero al cliente y luego al público.

Lo contrario es prestarse a otra charada, como los que convocan a elecciones, cumplen con las supuestas leyes electorales y luego confían en los resultados, esto es, legitiman una infamia aparentando que no se dan cuenta de que es una infamia; o peor, saben que es una infamia, lo dicen, pero concluyen en que no hay otra salida.

El mecanicismo jurídico induce a la idea de que en Venezuela existe un Estado de Derecho lo que, si alguna vez se intentó establecer seriamente, desapareció hace rato, desde que entró en esta vorágine “revolucionaria” que arrasó la escasa institucionalidad que se había labrado con tan laboriosos esfuerzos, con tanta buena voluntad y paciencia de tantos venezolanos abnegados, que también los hubo y los hay todavia.

Ahora lo único que puede admitirse es decir la verdad, dejar testimonio, confiar en que los mecanismos de la conciencia individual hagan levantar la esperanza, la alternativa, en cualquier parte o en muchas partes.

Lo más aterrador del  nacionalsocialismo alemán es que aquel régimen de horror era administrado por los pensadores y juristas más ilustrados de su tiempo; algo semejante a lo que ocurre en Venezuela donde académicos y magistrados se confabulan y confunden con la canalla militarista para depredar un país sin remisión, en el más absoluto abuso no solo del poder sino del conocimiento.

Alemania no fue redimida por los alemanes sino desde afuera, como un poderoso castigo; ojalá Venezuela reúna la voluntad y la inteligencia que sea necesaria para hacer un  país nuevo desde las cenizas del anterior, como diría Juan Carlos Sosa Azpúrua.

La alternativa es el caos y la disolución, que están a la vista de quien quiera verlos.

Luis Marin
lumarinre@gmail.com

@lumarinre