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viernes, 1 de marzo de 2019

RUBÉN DARIO BUSTILLOS RÁVAGO, INTERVENCION ARMADA. NO HAY VUELTA ATRÁS


Un día antes de la Cumbre del Grupo de Lima en Bogotá, el presidente Juan Guaidó autorizó la difusión de un comunicado oficial que proponía el “uso de la fuerza contra el régimen por bloquear la ayuda humanitaria”.

Sin embargo, el Grupo de Lima, en su declaración de Bogotá reitera: “…su convicción de que la transición a la democracia debe ser conducida por los propios venezolanos, …….., por medios pacíficos y diplomáticos, sin uso de la fuerza”.

Todo lo expresado por el Grupo de Lima, en el documento final del acuerdo de Bogotá, en nuestra opinión, no es más que una mera declarativa política, dirigida a engrosar el expediente que la Corte Penal Internacional de Justicia, CPI, está instruyendo en contra de Nicolas Maduro y sus cómplices y no tiene que ver con la imperiosa necesidad de una acción militar internacional como lo requiere la gran mayoría de los venezolanos, en la voz de nuestro legitimo presidente Juan Guaidó.

El grupo de países que en realidad sostienen un compromiso de llegar hasta el final en la lucha del pueblo venezolano para lograr su libertad, está integrado por EE.UU., Inglaterra, Canadá, Alemania, Holanda, Colombia, Brasil, la OTAN y eventualmente, Argentina y Chile.

Inglaterra ya tiene preparada una fuerza de tarea en Curazao y Estados Unidos puso en movimiento su maquinaria de guerra que se aproxima al Caribe. Colombia y Brasil, ya poseen fuerzas importantes en sus fronteras.

Solo es cuestión de tiempo, para que, cuando menos lo esperen se inicien las operaciones militares. Tenemos que entender que el día “D”, es resguardado con máximo secreto.

Mientras, aviones norteamericanos de espionaje electrónico operan desde aguas internacionales sobre las costas venezolanas, desde hace tiempo y la CIA, según su director, Mike Pompeo, tiene toda la información de inteligencia que confirman el peligro que representa el narco-régimen para la región, dijo en una entrevista en “Fox News Sunday”, al ser interrogado sobre las declaraciones del presidente Donald Trump.

La intervención militar en Venezuela no será una guerra convencional entre estados, ya que se trata de una operación de carácter policial para someter a toda una banda de delincuentes organizados internacionalmente para saquear las arcas públicas de Venezuela. De tal forma que los métodos que se utilicen para liquidar a los bandoleros son irrelevantes.

La información precisa en donde accionan y duermen cada uno de los Capos, con que cuenta la Central de inteligencia, la puso en manos del Pentágono para que, una vez analizada prepare sus Ordenes de Operaciones (OP).

El contenido de la frase “No hay vuelta atrás”, del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, es un evidente e inflexible mensaje de esperanza para los 30 millones de venezolanos que tenemos 20 años luchando por nuestra libertad.

Para concluir el presente escrito, nos permitimos sugerirles a nuestros compatriotas, proveerse de alimentos, agua, linternas, gasolina y armas y municiones, en caso de que sean necesarias para lograr lo que todos estamos deseando, NUESTRA LIBERTAD E INDEPENDENCIA.

Cnel. (Ej.) e Ing. Rubén Dario Bustillos Rávago*
rdbustillos@gmail.com
@rdbustillos

miércoles, 27 de febrero de 2019

BERNARD HORANDE, AHORA MÁS QUE NUNCA


El Grupo de Lima se ha reunido después de los acontecimientos sucedidos el fin de semana con el ingreso a Venezuela de ayuda humanitaria.

Frente a los desmanes criminales del régimen de Maduro, las expectativas de los venezolanos se elevaron. La petición general, abierta o a sotto voce, es que es necesaria ya una intervención militar.

No sería para menos. Lo que mucha gente intuía, ocurrió: que el aparato delincuencial madurista actuaría brutalmente de una u otra forma, impidiendo o saboteando la entrada de ayuda humanitaria.

En la encuesta que acompañó nuestro artículo de la semana pasada, 4 Escenarios sobre la Ayuda Humanitaria, más del 63% de nuestros lectores votaron por alguna de las opciones que sugería que la ayuda humanitaria no pasaría como Dios manda. Así ocurrió.

Ante esta situación, el Grupo de Lima, con la presencia del Presidente Encargado de la República de Venezuela, Juan Guaidó, y del Vice-presidente de los Estados Unidos, Mike Pence, han elevado la apuesta. Hay que leer entrelíneas las intervenciones.

Para algunos no es suficiente el Comunicado del Grupo de Lima. Es entendible. La desesperación y el sentido de necesidad ante los muertos y heridos del fin de semana hace que todos deseemos una solución inmediata y final.

Además de los dramáticos hechos sucedidos en el Táchira, es insólito lo ocurrido en Santa Elena de Uairén.

El chavismo, que se ha llenado la boca durante años manipulando el tema de la “reivindicación de los indígenas”, arremete de forma asesina contra la etnia pemón, dejando como saldo un importante número de muertos y heridos.

Esa es su verdadera naturaleza. Allí se descubrió su inmensa hipocresía.

No es momento de desesperanzarse. Para nada. El régimen asesino de Maduro y sus secuaces hace aguas. Cada acción que emprende los hunde más. Creen estar ganando batallas cuando de lo que se llenan es de derrotas.

Suena un tanto infantil esperar que unos países declaren públicamente una intervención militar en otro país. Más si esos países son vecinos de Venezuela.

Esas cosas no se hacen así. Además, el Grupo de Lima fue creado para otros fines. Pacíficos específicamente.

Estos asuntos se manejan con discreción. Las conversaciones se dan en reuniones privadas. Los acuerdos se cierran y no se divulgan.

El que crea que los Estados Unidos y particularmente Donald Trump, que de bolsa no tiene nada, se han embarcado en una aventura sin medir todos los riesgos debe estar soñando.

No van a poner en duda su reputación de mayor potencia mundial en lo militar,

Por otra parte, Venezuela no es Grenada. Ni tampoco es Panamá. Venezuela representa un reto mucho mayor.

Y el régimen venezolano también es un caso distinto. Aquí no se trata de un simple dictador que hay que desplazar. Por el contrario, estamos hablando de un complejo entramado de organizaciones criminales mafiosas de diverso tipo.

En Venezuela hacen cómoda vida cubanos castro-comunistas, terroristas, narcotraficantes, guerrillas del ELN y las FARC, pranes, asesinos a sueldo y el comunismo mundial, quienes han penetrado y se han apropiado de todos los estamentos del Estado venezolano y se reparten territorios.

Han utilizado nuestro país para cometer el mayor saqueo que la humanidad ha conocido en toda la historia.

Así que la tarea no es un sencillo “Maduro vete ya”.

En la reunión del Grupo de Lima, la mayoría de los países expresaron claramente que los venezolanos no podemos salir solos de esta tiranía. Que necesitamos ayuda.

Y el Vice-presidente Pence, en nombre de Trump, dio dos mensajes claves, simples y muy poderosos: uno: que los Estados Unidos están 100% respaldando al pueblo venezolano. Dos: que la hora ha llegado.

Las piezas se van acomodando progresivamente. Conllevan un proceso. ¿Tarda más de lo que se quisiera? Sí.

Pero estas operaciones se conocen el día – o la noche – en que se ejecutan. Unilateral o multilateralmente. Es decir, por uno o por varios.

Lo importante es lo afirmado por diferentes voceros nacionales e internacionales, desde María Corina Machado hasta el mismísimo Trump: no hay vuelta atrás.

Ahora más que nunca.

Bernard Horande
@BHorande

jueves, 21 de febrero de 2019

TRINO MÁRQUEZ, VENEZUELA O MADURO


          La relación entre el país y Nicolás Maduro nunca ha sido buena. Apenas un mes después de la muerte de Hugo Chávez, cuando se realizaron las elecciones en abril de 2013, Maduro apenas pudo obtener un apretado y cuestionado triunfo frente a Henrique Capriles. Desde ese momento comenzó una relación tormentosa entre el heredero designado por el caudillo fallecido y la inmensa mayoría de los venezolanos. Cristalizó la profecía de  Diosdado Cabello cuando dijo: la oposición va a añorar al comandante, quien es el único capaz de contener a los locos que lo rodean (se incluía a sí mismo). Con Maduro se desataron todos los demonios. Los precios del petróleo comenzaron a declinar. La incapacidad intrínseca del socialismo del siglo XXI y la naturaleza perversa de ese modelo, atenuada por el carisma y simpatía de Chávez, se rebelaron en toda su magnitud una vez desaparecido su inspirador.

            Ahora esa falta de empatía entre Maduro y los venezolanos, se tornó en  antipatía total. En divorcio irreconciliable. La gente no quiere a Maduro por infinitas razones. Aunque no es sólo su culpa, a él aparece asociada la hiperinflación, el fenómeno económico más erosivo de la calidad de vida. La diáspora de millones de venezolanos.  La escasez de medicinas. El deterioro de los servicios públicos. La inseguridad personal. El desempleo. Los innumerables males que  padece el país, se presentan enlazados con su desempeño en Miraflores. Nada le sale bien. Pretende hacer una gracia y se le convierte en morisqueta. Maduro se transformó en el obstáculo que debe removerse para que el país se destrabe y comience a marchar de nuevo.

            Se encuentra aislado, deslegitimado y desprestigiado. Su soporte fundamental se encuentra en algunos miembros prominentes de la cúpula militar, China y Rusia, regímenes autoritarios donde la democracia despareció, y los representantes más agresivos de la tiranía castrista: el ejército cubano y el G2. Maduro todavía ejerce el control del Sebin y es capaz de movilizar algunos colectivos capaces de generar inquietud en la población. A las marchas que convoca asiste muy poca gente. Perdió la iniciativa política.

Las recomendaciones de sus asesores, o las que son producto de su propia imaginación, dan pena. Descalifica la millonaria ayuda humanitaria ofrecida por países y reconocidos organismos internacionales. Coloca unos contenedores en el puente Las Tienditas que bloquean el acceso de alimentos y medicinas al territorio nacional. ¿No es él quien invoca hasta el cansancio la tesis de que su gobierno ha sido bloqueado por una conjura internacional? ¿Quién es, entonces, el verdadero bloqueador?  

Dice que Venezuela no necesita ‘limosnas’. Pero, a la vez, acepta la ayuda que Rusia le brinda enviándole medicinas. ¿Debido a que proviene de uno de sus socios, ese auxilio no es una limosna, sino un apoyo fraternal? Al multitudinario concierto convocado en Cúcuta con figuras de alcance internacional, le opone un  melancólico encuentro de artistas bolivarianos. Expulsó  de Venezuela a los eurodiputados, cuando necesita con urgencia en el viejo continente de parlamentarios que le tiendan la mano y le laven el rostro autoritario.

Maduro luce desconcertado, errático y desesperado. Parece haber optado por librar un enfrentamiento que no tiene ninguna posibilidad de ganar. Se atrincheró Miraflores. Es el nuevo defensor del puesto. No le importa el destino del país. No le interesa  si   Venezuela continúa arruinándose. Le importa un bledo que todos los indicadores económicos y sociales sigan deteriorándose, tal como sucederá mientras él permanezca obstaculizando el proceso de transición. En su presencia no habrá reactivación económica, ni tranquilidad, ni paz. La nación seguirá sumida en el caos.

Esa será una de las caras de la moneda. La otra será la lucha de los venezolanos por reconquistar la democracia. La gente está viviendo un momento estelar. Optimista. Como nunca antes contamos con el apoyo internacional. Los principales factores internos también se han alineado para concentrar las fuerzas en el cese de la usurpación, el gobierno de transición y las elecciones democráticas.

Maduro, afincado en la fuerza de la represión, podrá aguantar algún tiempo la gigantesca presión interna y externa que se desató contra él. Lo que no logrará es gobernar a una sociedad que se cansó de su torpeza y arrogancia. Frente a él se abre un panorama con una clara disyuntiva: negocia su salida de la forma menos traumática y dolorosa posible para él, sus colaboradores, el Psuv y el país; o la conjunción de factores que han convergido para rescatar la libertad le cobrarán su tozudez, su irresponsabilidad y su desprecio por la nación.

Vuelta atrás no habrá. Llegamos a un punto donde se trata de elegir entre Venezuela o Maduro. La opción es clara. Todas las formas de resistencia están abiertas. Combinadas triunfarán. ¡Vamos bien!

Trino Márquez
@trinomarquezc

miércoles, 13 de febrero de 2019

BERNARD HORANDE, ¡APÚRENSE!


Es lo que uno escucha en la calle. Pareciera existir una sensación de premura. De que pronto acaben las cosas. De que de una buena vez el régimen criminal de Maduro y sus secuaces salgan del poder.

Es lógico. La gente va perdiendo la paciencia. Pasan los días y algunos pueden pensar que “no se le ve el queso a la tostada”.

Han sido muchos años de oprobio. De humillación. De caída libre hacia la pobreza. Hacia la nada.

Muchos años durante los cuales la dignidad de los venezolanos fue maltratada y pisada por una banda de malandros de la peor especie.

A los seres humanos nos sucede que en la medida que vislumbramos el final de una situación desastrosa, nos vamos impacientando. Y si no vemos “avances”, más.

Es comprensible perder la paciencia. Lo que no nos es permitido es perder la esperanza.

El asunto es que esos “avances” sí se están produciendo. Y están sucediendo con una velocidad nada despreciable. Están pasando cosas.

Estratégicamente, no todo puede informarse. Las estrategias y las tácticas no se revelan. Muchos contactos y acuerdos que se cocinan no conviene hacerlos saber por los momentos.

El manejo de una situación como esta requiere de mucha discreción de parte de sus ejecutantes.

He sostenido que quizá lo más complicado de todo este proceso sea el timing. La sincronización. El ritmo.

Es decir, no adelantarse innecesaria e inconvenientemente. Pero tampoco retrasarse de forma que se le dé al adversario cualquier oportunidad.

El timing o ritmo político no siempre es el del ciudadano. Ni tampoco el que opera en el sector económico o aquél que afecta lo social. Son diferentes ritmos. Y no es nada fácil acoplarlos todos para que el resultado sea, al final, el que esperamos todos.

Tomemos el caso de la ayuda humanitaria. Diversos audios transmitidos por las redes sociales irrresponsablemente hace más de 10 días daban cuenta que la ayuda humanitaria era cosa de horas para su entrada en Venezuela. Que “esa noche” entraría.

Crearon una inconveniente expectativa en mucha gente. Fue negativo. Eso no se hace.

Ahora, este 12 de Febrero, en otra de las inmensas concentraciones que demuestran lo decidido que está el pueblo venezolano de salir de esta pesadilla veinteañera, el Presidente Encargado de la República de Venezuela, Juan Guaidó, anuncia que el próximo 23 de febrero es el día fijado para el ingreso de la ayuda humanitaria.

Exactamente un mes después de asumir constitucionalmente el poder.

Ya tenemos una fecha concreta. Puede parecer lejana para algunos, pero es necesario entender que una operación gigantesca como esta no se planifica, prepara y ejecuta en poco tiempo.

Además, el hito de la entrada de la ayuda humanitaria bien podría significar el momento que marque el antes y el después de la primera fase del proceso que estamos viviendo: el cese de la usurpación.

Poco a poco, hora a hora, se van dando los pasos. Sin prisa pero sin pausa. Lo imprescindible es que vayamos garantizando el éxito en cada etapa.

Quienes sí deberían estar realmente apurados son los jefes de las diferentes mafias que controlan el poder en Venezuela. Apurados en salvar el pellejo. Comenzando por el mismísimo Nicolás Maduro y la llamada banda de los 7 (Nicolás, Cilia, Diosdado, Jorge, Delcy, Tareck y Vladimir).

Es natural pensar que después de tantos años convirtiendo a Venezuela en su cuartel y su hacienda particular, les sea difícil comprender que el final llegó.

Hasta podrían salvar algo del PSUV con vista al inmediato futuro, como player en una democracia. Pero eso será tema de otro artículo.

Lo cierto es que se les está acabando el tiempo para una retirada. Parece que no han entendido la determinación que tiene un tipo como Donald Trump cuando se le mete algo en la cabeza.

Sabiendo que el grueso ya lo tienen en el exterior, recojan los pocos coroticos que les quedan en Venezuela, señores, porque el tiempo se les acaba.

Trump y los propios Estados Unidos como nación se están jugando una carta demasiado importante con el caso venezolano.

Ya no hay vuelta atrás. Los países que apuestan por la democracia venezolana así como la OEA han cruzado el punto de no retorno. Están en la etapa final de búsqueda de todos los apoyos y consensos posibles.

Pero llegado el día, avanzarán por la vía que sea con lo que tienen.

Y lo que tienen es, nadie lo duda, brutalmente poderoso.

Bernard Horande
bhorande@gmail.com
@BHorande