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viernes, 8 de noviembre de 2019

LEANDRO RODRÍGUEZ LINÁREZ: EL SECRETO DEL CHAVISMO ES…

Lo que muchas veces se ignora en política es que las oposiciones también disfrutan de las mieles que se le derraman al poder, en todo el mundo, sobre todo donde los regímenes son tan ilegales e ilegítimos como el chavismo. De allí que surjan cuentos e historias, algunas ciertas otras falsas, pero cuando el rio no deja de sonar es porque rocas trae, más aún cuando hay tantas evidencias y ambos bandos, seguros uno del otro, desechan las apariencias dejando todo al más impúdico exhibicionismo… a ver sí nos explicamos:  

Lo del CNE es probablemente la puñalada trapera que más duele a los demócratas venezolanos en los últimos 5 años, la participación pagana en las presidenciales 2018 de un sector colaboracionista al régimen pasó por debajo de la mesa, era demasiado obvio la pantomima, pero el que la oposición formal/única (la de Guaidó) haya aceptado en la AN conformar un “nuevo CNE” sí que duele… no ahondaremos en los razonamientos pues ya los hemos explayado (Artículo anterior “Nuevo CNE ¡Fin de la oposición!”). Sea como sea, queda al desnudo el secreto del chavismo.  

Ese secreto no son las oposiciones serviles y tarifadas que le han dado un falso matiz democrático. Tampoco lo es el populismo salvaje que buenos fruto les da. La violencia institucionalizada, una de las patas fuertes del taburete donde reposa un poder amenazado por propios y extraño, es determinante si… pero el secreto que mantiene al chavismo anclado en el poder es: La domesticación de la calle.  

El castrismo venezolano, alias chavismo, sabe el único antídoto contra su mortífero veneno es la explosión social, así lo fue cuando se derrocó a Chávez en 2002, cuando trastabilló en 2014 y 2017, solo la violencia atroz pudo frenar ese sentimiento popular, pues el pueblo quedó solo ante el equívoco destino de las armas del Estado. De este modo, el chavismo supo que el fin supremo fue y será evitar la calle coja vuelo... allí se les va lavida.  

El boom petrolero puso unas barandas ficticias, era cuestión de tiempo (más bien duró demasiado) para que la corrupción, despilfarro y la desidia dieran al traste con el frágil proyecto, tanto que en 2011, con Chávez gobernando, Pdvsa comenzaba mermar su producción, de ese modo, imposibilitados de pagar conciencias, lo electoral desde 2015 dejó de ser una opción y la violencia institucionalizada pasó ser (definitivamente) la única herramienta efectiva para domar oposiciones, calmar las in crescendo exigencias populares… retener el poder.  

Lo del CNE ha dejado a los demócratas de buena fe boquiabiertos, dejando también al descubierto que muchísimas historias tejidas en torno a una oposición aliada del régimen tienen asidero. Al igual que las presuntas presidenciales 2018, la elección de los nuevos rectores en este marco de inconstitucionalidad, de desdemocratización, al más inhumano margen de las urgentes necesidades de la población, dejó de ser un cuento y se convirtió en un triste hecho. 

A los venezolanos nos falta aprender todavía, nos falta asimilar que la única ideología útil a la nación es la búsqueda/exigencia de gobernantes capaces, las demás ideologías idiotizan, generan élites enclaustradas al poder y pueblos oprimidos, manipulables a través de necesidades inducidas. Debemos aprender, en política no hay mesías, ni en filas gubernamentales ni opositoras, solo deben existir funcionarios públicos momentáneos. Creer en comandantes eternos o supremos, en líderes incuestionables es cuna de atraso, de tercermundismo, de lo que exactamente ocurre en esta Venezuela desnaturalizada. 

Entiéndase, lograr la Venezuela añorada no está en manos de gobernantes, siempre susceptibles a aferrarse al poder, ni en ningún político autoproclamado insustituible, está exclusivamente en manos de su gente, de su población, en su capacidad de exigir y jamás rendirse. 

Leandro Rodríguez Linárez 
leandrotango@gmail.com
@leandrotango   

domingo, 13 de marzo de 2016

DARÍO ACEVEDO CARMONA, PUÑALADA TRAPERA

Para encontrar el título apropiado para esta columna me inspiré en lo dicho por Luis Carlos Restrepo cuando pintó al presidente Santos como un gentleman que saluda con su mano derecha mientras con la izquierda esconde un puñal en su gabán. El exalto Comisionado de Paz da la clave para entender el artero ataque que Santos le propinó al expresidente Uribe, en su afán por ganarse la opinión pública para su cuestionable política de paz.

En el trasfondo se esconde la tragedia de un país que enredó su curso después de haberlo casi enderezado. Esa tragedia se puede apreciar en al menos dos asuntos claves. Uno de ellos, haber resucitado unas guerrillas prácticamente derrotadas, y dos, la utilización de la justicia y el poder judicial como arma política.
Lo primero es claro, las guerrillas más feroces fueron equiparadas al Estado legítimo, ese fue el punto de partida de unas conversaciones que desembocarán no en la paz, como ya lo advirtió en días pasados el negociador Humberto De la Calle, sino en su comienzo, por un lapso de diez años, llamado “la transición”, durante el cual el país debe realizar todos los compromisos asumidos con las Farc. Las guerrillas estarán en decenas de campamentos con las armas a discreción lo que es igual a  un armisticio.
Las consecuencias de tal desatino las estamos ya sufriendo. En materia de justicia, verdad, reparación de víctimas, no habrá nada que contraríe las pretensiones impuestas por los comandantes de esta guerrilla. En el plano institucional estamos ad portas de una sustitución de la Constitución Nacional que, en estricto sentido no es otra cosa que un golpe de estado, no a la vieja usanza, con tanques, presos y muertos sino a través del método del harakiri o bonapartista o nazista consistente en romper la institucionalidad, la separación de poderes y otras arbitrariedades con el apoyo de unos poderes que quedarán emasculados.
En lo que respecta a la utilización de la Justicia como garrote, nada más patética que la maniobra que Santos en su alocada carrera por el nobel ha realizado contra del expresidente Uribe y su familia. Hundió el puñal escondido sobre la parte más dolorosa para el exprimermandatario: su familia. Despeja todas las dudas que se pudieran abrigar respecto de a dónde puede llegar el odio visceral de quien le debe su proyección a la presidencia a quien hoy quiere lapidar con su abyecto ataque, y, se ratifica en su calidad de persecutor inmisericorde del uribismo, de sus colaboradores, del Centro Democrático y de Oscar Iván Zuluaga.
No contento con poner de su lado, para efectos políticos al poder judicial, clava sobre la cabeza del principal crítico del falso proceso de paz la espada de Damocles con la que lo amenazó desde los tiempos en que negoció con la Corte Suprema el cambio de la terna para Fiscal.
Santos se suma sin pudor a la horda mamerta en su vieja y vil campaña para destruir al expresidente Uribe.
Es bochornoso el espectáculo que Colombia y el mundo están presenciando. La guerrilla y sus áulicos del frente civil no ceden en su objetivo de ver coronado  su relato “verdadero” del “conflicto armado colombiano”, ellos, limpios de toda culpa, Uribe en la cárcel, el “stablisment” dividido y en crisis, el uribismo perseguido y anulado, los medios controlados, el poder judicial suplantado por la Jurisdicción Especial de Paz y el Tribunal Supremo de Justicia…
La conversión de la paz, consagrada en la Constitución, en ideal superior es el fundamento de esta locura, de este tsunami político, jurídico y moral. No hablemos de las condiciones, bien conocidas por lo deprimentes, del jefe  de Estado. No hay que hacer mucha fuerza mental para entender que ante la precariedad de su corpus ideológico y doctrinario, ante la ausencia de condiciones para convencer, nuestro presidente apela a lo que dicen que sabe hacer, apostar. Él cree que la política se parece al juego de póker, y en esa presunción recibe aclamaciones de periodistas y académicos a quienes se les olvida que juega la suerte del país como si fuera plata de su bolsillo. Para Santos, no es posible hacer política sin engañar, trampear, jugar sucio, amenazar, golpear bajo y cañar.
A falta de argumentos apela a la estigmatización del rival, se molesta, se queja, se presenta como un mandatario incomprendido. En su lógica solo cabe el plegamiento incondicional.
Persiguiendo a sus colegas de gabinete pretendía acobardar a Uribe y como no pudo quebrarlo, hunde la daga en el círculo familiar. Un atarván barriobajero, al menos, no extendería su venganza contra la familia del contrincante. Pero ese umbral lo sobrepasó el presidente engolosinado con la gloria.
En suma, estamos ante un proceso que ya ni siquiera es de paz y que destruye la casa para dar cabida a quienes intentaron destruirla sin éxito. Y una descarada persecución contra la Oposición en la que se recurre al ataque de la familia del líder. Por más que insistan en que no hay concierto entre el presidente y el fiscal, el nombramiento de este como embajador en Alemania suena a premio.
Ruben Dario Acevedo Carmona
rdaceved@unal.edu.co
@darioacevedoc
Colombia