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jueves, 6 de agosto de 2020

ALFREDO M. CEPERO, RÉQUIEM POR LA CONCORDIA, DESDE ESTADOS UNIDOS

Así andan las cosas en esta tierra calcinada por el odio de una izquierda empecinada en convertir a la Casa Blanco en una Fortaleza de la Bastilla.

Comienzo por compartir con ustedes el significado de RÉQUIEM según el Diccionario de la Lengua Española que dice: "Composición musical que se canta con el texto litúrgico de una misa de difuntos." Paso entonces a aclarar quién o quiénes son los muertos por los que se celebra una simbólica y virtual misa de difuntos en este artículo. Veamos.

A mediados del Siglo XVIII, año 1748 para ser exactos, los regidores y vendedores de la ciudad de París decidieron erigir una estatua en honor de Luis XV para celebrar el restablecimiento del rey de una desconocida enfermedad que padeció en la ciudad francesa de Metz. Dicha estatua fue erigida en el centro de una plaza situada al comienzo de la avenida de los Campos Elíseos y cuyo nombre sería Plaza de la Concordia.

Irónicamente, la concordia duraría muy poco tiempo entre unos franceses cansados del despotismo de la monarquía y ansiosos de libertad. Como sabría cualquier sociólogo, la concordia conduce a la armonía entre personas que contienden o litigan sobre temas en los cuales discrepan. Pero lo más importante es que evita la confrontación violenta entre personas con ideas contrarias.

La realidad es que cuando las palabras fallan las balas hablan. Eso es lo que pasó en la Francia del Siglo XVIII y podría pasar en estos Estados Unidos del Siglo XXI. Porque la izquierda en este país está consciente de que sus argumentos no convencen a las mayorías y que no les queda otra alternativa que recurrir a la violencia para conseguir el poder por medio del terror. Un Reino del Terror  que se manifestó en Francia entre septiembre de 1793 y la primavera de 1794.

Por otra parte, aunque la concordia cayó herida de muerte por la violencia de la Revolución Francesa, la Plaza de la Concordia se convirtió en escenario de los hechos que cambiaron radicalmente a la sociedad francesa. La Plaza de la Concordia sería uno de los grandes lugares de reunión del período revolucionario, sobre todo cuando la guillotina estuvo allí instalada.

Allí fue donde Luis XVI y María Antonieta fueron ejecutados. Se estima que más de 1,000  personas fueron decapitadas públicamente en dicha plaza. Otro dato interesante es que el 13 de julio de 1789 los revolucionarios encontraron en la plaza un alijo de armas con las cuales tomaron  la Bastilla el día siguiente.

Paso ahora al tema de la revolución que está teniendo lugar en este momento en los Estados Unidos. Ya este no es el pueblo que gobernaron Franklin Delano Roosevelt y Dwight Eisenhower. Aquel era un pueblo con orgullo de patria, respetuoso de la ley, responsable de su destino, celoso de sus derechos y amante de la libertad. Por eso se enfrentaron con éxito a las plagas diabólicas del nazismo y el comunismo. El pueblo americano de este momento es muy diferente a aquel pueblo y ha elegido a gobernantes carentes de aquellos principios. Por eso tenemos hoy la corrupción y la maldad de esa cosa pestilente que es el pantano de Washington.

El reino del odio en la política americana comenzó con la elección de Richard Nixon. La entonces incipiente izquierda demócrata nunca le perdonó a Nixon la pateadura que le propinó a George McGovern en 1972. Cuando no pudieron derrotarlo en las elecciones de 1976 lo sacaron de la Casa Blanca con la crisis manipulada del Watergate. Nadie se habría atrevido a hacerle lo mismo al Mesías Barack Obama.  

Y ha sido el siniestro Barack Obama quién más ha contribuido a la división y al odio entre los americanos de todas las razas. Los multibillonarios blancos que lo financiaron tuvieron la idea peregrina de que la elección de un presidente negro pondría fin al racismo tanto por parte de los negros como de los blancos. Hoy ya sabemos que se equivocaron de medio a medio. Por el contrario, con el apoyo de Obama los mercaderes del racismo como Al Sharpton y Jesse Jackson se envalentonaron para seguir viviendo del chantaje y del  cuento.

Ahora el cáncer ha hecho metástasis en una izquierda que utiliza el racismo como bandera para esconder su verdadera meta de obtener el poder absoluto. Me refiero a los movimientos de Antifa y de Black Lives Matter, ambos apoyados por líderes del Partido Demócrata como Nancy Pelosi, Chuck Schumer, Bernie Sanders, Adam Schiff, Jerry Nadler y Alexandria Ocasio-Cortéz. La presión de la izquierda dentro del partido es tan intensa que hasta la momia de Joe Biden, para congraciarse con esta gentuza, ha dicho que él pasará a la historia como el presidente más izquierdista de los Estados Unidos.

La chusma callejera apoyada por esta gente se ha dado ahora a la tarea de derribar monumentos y borrar la historia de una nación que es ejemplo de libertad, estabilidad y prosperidad para el resto del mundo. Tengamos bien claro que un pueblo sin historia es como un barco sin brújula incapaz de apuntar al norte del papel y el destino que le corresponde entre las naciones de la Tierra. Cometeríamos un error galáctico si subestimamos la capacidad destructiva de estos maleantes. Luis XVI subestimó a la chusma que tomó la fortaleza de La Bastilla y terminó decapitado en la guillotina.

Como estoy convencido de que un ejemplo es el medio más eficiente de ilustrar cualquier mensaje mencionaré el más reciente. Hace  menos de quince días fallecieron dos americanos negros que deben ser ejemplo y estímulo para los americanos de todas las razas. Me refiero al demócrata John Lewis y al republicano Herman Cain. El primero dedicó su vida a la política y a la defensa de los derechos civiles. El segundo logró grandes éxitos en el campo de la empresa privada. Lewis fue uno de los seis líderes que organizó la gran marcha a Washington de 1963 que lideró el Dr. Martin Luther King. Cain tenía 40 años de experiencia en el sector privado como ejecutivo de la Coca-Cola y presidente de Godfather’s Pizza. Ambos nacieron en familias de limitados recursos y los dos fueron ejemplos del éxito que pueden lograr quienes se esfuercen en hacer realidad el sueño americano.  

Cualquiera diría que estos dos hombres se hicieron acreedores al respeto y la admiración de todos sus conciudadanos. Pero no fue así. Para la  prensa zurda y la izquierda vitriólica, Herman Cain había cometido el pecado capital de militar en el Partido Republicano. Mientras Lewis fue ensalzado, Cain fue atacado con furia por la tontería de haberse negado a usar una mascarilla contra el contagio del coronavirus. Mientras el demócrata Lewis fue elogiado por líderes republicanos como Mitch McConnell, el republicano Herman Cain no recibió reconocimiento ni elogio alguno por ningún miembro del Partido Demócrata. Así andan las cosas en esta tierra calcinada por el odio de una izquierda empecinada en convertir a la Casa Blanco en una Fortaleza de la Bastilla.

¿Cuál es entonces el recurso que nos queda a quienes rechazamos la violencia pero nos negamos a caer víctimas de esta chusma totalitaria? La estrategia más eficiente contra esta pandemia del odio es mantener los ojos abiertos y convertirnos en soldados de la libertad y la democracia. Es defender los derechos que nos han sido garantizados por la constitución y las leyes.

Es, asimismo, apoyar a los candidatos que se comprometan a defender los mismos principios y valores que profesamos. Es participar en todas las elecciones para cualquier cargo, hasta los más pequeños. Es votar el 3 de noviembre a favor de mantener a Donald Trump en la Casa Blanca. Él es el único muro que nos separa de la chusma comunista escondida en el vientre del Caballo de Troya en que se ha convertido Joe Biden. Si queremos seguir siendo libres no podemos bajar la guardia porque, ignorar el peligro, equivaldría a suicidio.

Alfredo Cepero
La Nueva Nacion 
alfredocepero@bellsouth.net
@AlfredoCepero
www.lanuevanacion.com
Estados Unidos

sábado, 22 de abril de 2017

BEATRIZ DE MAJO, RÉQUIEM A LA BINACIONALIDAD II

COLOMBIA EN CAPSULAS

La semana pasada nos concentramos en demostrar como a lo largo de los años de la revolución bolivariana el gobierno venezolano se dio a la tarea de extinguir, por la fuerza, las buenas relaciones que habían sido la regla con Colombia a nivel de lo comercial, de las inversiones y de lo económico, una interacción que aunque había estado creciendo, no adolecía de la solidez necesaria para imperar ante los ataques de una izquierda trasnochada y sin brújula, como demostraron ser los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro.

En el terreno de lo político otras cosas, tan o más graves, ocurrieron concomitantemente. Al ánimo destructor de los dos mandatarios venezolanos de los tres últimos lustros, se vino a sumar, en los años más recientes, el proceso interno de paz de Colombia – así en minúsculas- protagonizado por un individuo a quien le importó más recabar apoyos de cualquier género, para avanzar en su particular gesta pacificadora, lo que lo llevaría a desencamar un honorario Premio Nobel de la Paz.

Para ello, echó mano de todo lo abyecto que podría ser el gobierno comunista de Venezuela en su contaminación con el tema guerrillero y con el del narco-negocio.  En una primera instancia, el gobierno de Venezuela fue enamorada para que apoyara que el proceso de negociaciones con las FARC se celebrara en el asiento de su principal y más constante aliado, el gobierno de la Habana. ¿Cómo podían los Castro no colaborar con Venezuela en apoyar que la sede de las tratativas fuera La Habana? ¿Cómo negar tal cosa a su benefactor económico, sostén por entero de la economía cubana por más de una década?  Un pedacito del Nobel recaería sobre ellos con este contubernio, pensarían con gran tino.

Venezuela, pues, consiguió para si un avance de gran calado a nivel de lo estratégico con esta triple alianza abotonada con Bogotá y el gobierno de Cuba. Se sentó, como acompañador del proceso de conversaciones, y a la calladita, terminó de fraguar, con la guerrilla de las FARC, la más perversa contaminación de Venezuela.

La continuidad histórica de la guerrilla les sería asegurada del lado venezolano de la frontera. En la medida en que los insurgentes se comprometían a detener sus operaciones en Colombia y a dejar las armas  para ingresar en la vida política  colombiana– lo que les garantizaba Juan Manuel Santos concomitantemente con la impunidad de los líderes criminales - el gobierno de Maduro les aseguraba dos importantes regalías: asentarse cómodamente en suelo venezolano - que no les sería adverso- y la permanencia del negocio del narcotráfico a través de la posibilidad de trasladar operaciones a este lado del Arauca con la complicidad de cuadros venezolanos que ya compartían confite con los carteles de la droga de otras latitudes.  No me detengo a hacer el dibujo harto conocido por el mundo occidental de la forma en que el narcotráfico contaminó los estratos gubernamentales y militares venezolanos. Pregúntenle, si no, a la DEA norteamericana, para que conozcan su tentacular extensión en Venezuela.

Del lado oficial colombiano cerraron los ojos hábilmente para que esta caótica situación se perfeccionara. Mientras tanto, en Venezuela se perfeccionaba igualmente el total destrozo de la democracia, un tema que ya ha hecho crisis.
La oficialidad colombiana nunca dijo esta boca es mía mientras todo lo anterior se fue fraguando ante sus ojos y en desfavor de su vecino. Nicolás Maduro había heredado de Hugo Chávez el puesto del “nuevo mejor amigo” del Presidente Santos. Silencio era lo debido.

Pero las circunstancias y la Historia van poniendo las cosas en su lugar y han obligado, ya en las semanas recientes, al gobierno de Colombia a apoyar a quienes en el continente si se han decidido a cerrarle el paso al totalitarismo y la barbarie que tiene a nuestro país en el caos más total. Con desgano- porque la paz no lleva el rumbo que hubieran deseado- han comenzado a tomar distancia del gobierno de Caracas y a hacerse parte muy tímidamente de quienes saben que hay que jugársela por las libertades y la Democracia.

Así anda, pues, la binacionalidad por estos días: con un futuro incierto. Nunca nuestros vecinos más cercanos vecinos se encontrarán entre las filas de los protagonistas de estos temas. Pero tengo el sentimiento de que si lo hicieran, encontrarían los brazos de los venezolanos muy abiertos.


Ya para ese entonces, en el palacio de Nariño, estará sentado el sucesor de Juan Manuel Santos.

Beatriz De Majo
bdemajo@gmail.com
@BeatrizdeMajo1
Internacionalista
El Nacional
Miranda - Venezuela 

miércoles, 30 de marzo de 2016

PEDRO LUIS ECHEVERRIA, UN RÉQUIEM PARA EL RÉGIMEN

Preocupa como la intolerancia y la violencia irracional está gravitando en el clima político del país. No hay día en que los medios de comunicación no reporten situaciones de esa naturaleza. Los desafueros del gobierno írrito enquistado en Miraflores y  el inexplicable empeño en  ocultar la verdad sobre la terrible realidad del país conducen a una mayor polarización y tensión social, cuyos rasgos fundamentales se evidencian  el endurecimiento del contenido del discurso político que acentúa las diferencias; las acciones violentas e ilegales  de los grupos de apoyo al gobierno, que son realizadas con la complicidad de las autoridades y exacerbadas por la dirigencia “madurochavista”. Asimismo, la actitud decidida de los grupos opositores a realizar acciones de calle con mayor decisión y audacia, compelidos por la actitud gubernamental de no dar espacios para el debate y el entendimiento respecto al futuro de la Nación y sobre la importante transición política que debe producirse en breve, habida cuenta que el gobierno ha demostrado que no puede administrar al país y resolver los graves problemas que confrontamos.

Los tiempos que se avecinan seguirán signados por la violencia, la intransigencia y la confrontación. Así lo indican  el contenido y las acciones del discurso gubernamental. El irresponsable  aprovechamiento por parte del gobierno de la institucionalidad del país en desmedro de la legalidad, el orden y la justicia; el comportamiento irracional de las masas adeptas aún al gobierno, fundamentado en la intolerancia y en el odio de clases, es una de las estrategias que ha venido siendo utilizada  para tratar de amedrentar y acorralar a los grupos opositores.
La violencia institucional del gobierno al pretender gobernar sin haber dado cumplimiento a las exigencias constitucionales y sin la apertura de espacios para el diálogo y la concertación, imponiendo, por cualquier medio, un modelo de sociedad autoritario, excluyente y antidemocrático, y;  el cierre deliberado de las instancias a las que se podría acudir  en demanda de justicia y control a tales exabruptos, son factores engendradores de violencia. A pesar de los llamados pacifistas de la oposición, podría desatarse en el seno de los desafectos al gobierno acciones de legítima defensa ante el arrinconamiento y las provocaciones de las que son objeto.
 La sociedad venezolana no puede  permitir que sean la violencia, la confrontación y la subversión social la única salida política que le queda a la oposición frente a las  inaceptables pretensiones gubernamentales de conculcar los derechos básicos a la vida, la libertad y la dignidad. No se debe tolerar que el gobierno acose a la oposición y prosiga en el descabellado empeño de  imponer un modelo de sociedad concebido para hacer a todos los ciudadanos vasallos del Estado.
La oposición transita una ruta pacífica, respeta las normas democráticas ha formulado planteamientos que no han sido respetados por los poderes públicos y el aquelarre chavista. Es deber y responsabilidad del régimen, tomar las acciones necesarias que eviten llevar al país por un sendero de inútiles enfrentamientos fratricidas, y si no quiere o no puede hacerlo, que se dedique en el tiempo que le queda en el gobierno a reflexionar fría, objetiva y profundamente sobre el enorme daño que este malhadado régimen le ha causado al país y que se prepare a enfrentar las responsabilidades que sus desaciertos reclaman. Tengan un poco de cordura y acepten lo que es irremisible: el 6D, el régimen recibió de los venezolanos un caudal de votos en su contra que reflejan el deseo de cambio, la certeza que 17 años de horror y penurias han de terminar y el enorme y profundo hastío que tenemos de todo lo que representan-un naufragio inexorable de la historia-. Por favor, no sigan jugando con fuego con sus irresponsables balandronadas y piensen que el mejor y único servicio útil que  ustedes le pueden rendir a la Nación, es irse con su música a otra parte.  
Pedro Luis Echeverria
pedroluis.echeverria33@gmail.com
@PLEcheverria

Miranda - Venezuela