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lunes, 11 de noviembre de 2019

JOSÉ LUIS ZAMBRANO PADAUY: DINERO RUSO PARA ALIMENTAR LA REVOLUCIÓN

El pasado fin de semana se cumplieron 30 años de la caída del muro de Berlín. Tras décadas de ser invulnerable, trastornado y grotesco, cedió a la necesidad de unir a una misma nación y compartir ideales correctos. Fue desgajado por el mismo pueblo a porrazo limpio y con la fe entrañable de que todo cambiaría.

Alemania del este vivenciaba en aquel otoño certero, cómo se desbordaban sus calles por la necesidad colectiva de progresar y el deseo irremplazable de modificar esa realidad de miseria. Era un sueño remoto que se hacía realidad.  

Quitarle las barbas de hierro al gendarme despiadado de la división no fue tarea fácil. Pero más duro ha sido el unificar dos realidades tan distintas como contradictorias.

Esa Alemania era la que heredó la Unión Soviética tras la Segunda Guerra Mundial. Fueron cuatro tajadas del pastel y esta terminó siendo la más agria; empobrecida, contrariada y perseguida. Las otras tres quedaron en manos de Francia, Reino Unido y los Estados Unidos.

Con el transcurrir del tiempo, las demás zonas se unieron sin resuellos de angustia, siendo precisas, notables y federales. Mientras éstas se ensamblaban como la Alemania Occidental y esbozaban su propio privilegio para el desarrollo, la comunista se dedicó a edificar en 1961 su afamado muro, desde donde se tejieron historias inconmensurables de delación, tormentos, pobreza y martirio.

  Por eso no es de extrañar que los rusos de este tiempo quieran propagar la desventura a partes iguales. Su aversión a la superación de los demás países es tan grande, como su lucha por complicarle los planes a los gringos. Todo lo anterior es un ejemplo menor para las maneras toscas de Putin de husmear en la maldad.

Ahora, con una bolsa llena de pretextos, Maduro recibe montos considerables por parte de los rusos, para superar una crisis económica que él mismo ha dispuesto con planificación y ha cumplido sin desmayos. Han sido 315 millones de dólares para unos fondos de emergencia. Han llegado en aviones privados cargados de efectivo, como si los bancos fuesen adornos de estantería, pues las sanciones norteamericanas hacen mella y todo debe efectuarse de manera casi subrepticia.

Se incuba en mi memoria la interrogante de quién presta a un país que no tiene cómo pagar. Las ideologías no dan para convencer a los acreedores y Rusia debe manejarse con los argumentos correctos, como para convencer a sus propios empresarios sobre el rumbo nacional. Existen evidencias de los trasfondos, que van más allá de los rumores inciertos de que Pdvsa pasaría a manos de éstos o que prevale un entramado cruel para perturbar a medio hemisferio.

Fuentes aseveran que estos 315 millones no están reflejados en el Banco Central de Venezuela, pudiendo fácilmente desaparecer del sistema público sin mucho jaleo, cuyo monto es simplemente dinero repatriado, dividendos de alguna entidad financiera rusa o ingresos por la venta de oro o petróleo. Son los métodos rudos acostumbrados de corrupción y hacer los que les da la gana.

Pero es su forma genial de conseguir efectivo. Lo han hecho por medio de seis envíos programados desde mayo de 2018. Los bancos del mundo están reacios a entablar transacciones financieras con el usurpador. Es una verdad ineludible, por eso han recurrido a estas formas silenciosas de recibir entradas monetarias y medio les ha permitido sostener el barco.

No sabemos si también les sirva para propiciar las protestas recientes en Ecuador y Chile. Lo ha reconocido la propia OEA en un puntual comunicado, refiriendo sin reticencia y con una convicción fervorosa que “las actuales corrientes de desestabilización de los sistemas políticos del continente tienen su origen en la estrategia de las dictaduras bolivariana y cubana, que buscan nuevamente reposicionarse”.

En seis párrafos en los que condena con vehemencia “la vieja metodología de exportar polarización y malas prácticas, pero esencialmente financiar, apoyar y promover el conflicto político y social”, el organismo ha dejado claro que denigra de “las brisas bolivarianas”, las cuales solo “han traído desestabilización, violencia, narcotráfico, muerte y corrupción”.

En política no prevalecen los sucesos inamovibles. En las aceras alquitranadas del debate y las decisiones más inverosímiles, siempre está el inepto que se resbala y termina enjaulado por sus propios contratiempos. No creo que, en esta ocasión, el dinero ruso les alcance para salvarle el cuello a unos facinerosos que tienen los días contados.  

José Luis Zambrano Padauy
zambranopadauy@hotmail.com
@Joseluis5571
Ex director de la Biblioteca Virtual de Maracaibo “Randa Richani”

martes, 27 de octubre de 2015

RAFAEL GARCÍA MARVEZ, LA REVOLUCIÓN MADURISTA EN DECADENCIA

A partir del 6 de diciembre luego de las elecciones parlamentarias, de inmediato Venezuela entrará en una etapa de metamorfosis, de cambio. Irremediablemente se producirá un giro hacia los sectores democráticos y  contrariamente la revolución de Nicolás Maduro y su banda se precipitarán por el barranco.

Estallarán las diferencias dentro del Psuv que se han mantenido bajo un silencio monacal. Fracturada sus bases y espantado el fantasma de su líder fundador, quedará el Psuv reducido a un partido de cuadros de macilenta militancia.

Saltarán por todas partes los fiscales tipo Franklin Nieves, los Aponte Aponte, denunciando lo que hasta los más incautos presumían pero ahora llevado al existencialismo por sus actores principales con la idea de salvarse de la espada de la justicia.

No habrá persecución ciertamente, ni acoso, ni injusticia, pero mucho menos habrá impunidad. Quienes la deben que paguen para que los que vienen no sean otro Cabello, Ramírez, o cualquiera de esos funcionarios que fueron unos “pata en el suelo” como los llamó más de una vez el comandante disparatero y jefe supremo, Hugo Chávez Frías.

Para el 6 de diciembre está prácticamente cantada una estruendosa victoria en votos y números de diputados que favorecerá a los candidatos de la Unidad democrática, votación que será un acto reflexivo más que un carnaval electoral como lo llamó el sociólogo, Tulio Hernández.

De tal magnitud será el éxito que el gobierno de Nicolás Maduro no tendrá otro camino que aceptarlo, desconocer unos resultados electorales en estos días del siglo XXI no es una asunto común. Además, a quien más le conviene un cambio en paz es precisamente al Gobierno quien ha demostrado tener muy lejos prácticas intrépidas y ahora menos sin el apoyo popular.

Los millones de votos tienen propietarios que estarán dispuestos a defender lo suyo. Muchos se sorprenderán de que los militares no permitan un arrebato a la voluntad popular. Sacarán del cinto el artículo 328 de la máxima ley que establece que la Fuerza Armada Nacional  está al servicio de la nación y en ningún caso al de personalidad o parcialidad política alguna.

Finalmente, eso que dijo Maduro de que ganarían las elecciones “como sea” son estulticias de un hombre fracasado, sin aliento, por lo demás las estrategias no se anuncian con tanta anticipación, lo cierto es que cada vez son más enanos.

Rafael García Marvez
garciamarvez@gmail.com

@RGarciaMarvez