jueves, 23 de marzo de 2017

LUIS GARRIDO - BAILANDO AL SON QUE NOS TOCAN

HABLA LA CONCIENCIA

El espanto del 2005, cuando perdimos la Asamblea Nacional sin disparar un tiro, lo llevamos como una camisa de fuerza que nos limita los pasos y decisiones dentro de esta trágica pesadilla que nos reclama mayor acción y menos indecisiones.  

Nos cuesta creer que alguien en nuestro liderazgo político pudiera llegar a imaginar que desde las filas del oficialismo y a estas alturas del partido nos pudieran lanzar una bombita para que se la "bateáramos de jonrón".  

Partamos por el principio de que en el equipo contrario  hay dos "roliverios de cuarto bate" cuyas condiciones aventajan al mejor;  pretender ganarles en el mismo patio y con sus mismas señas es de novatos ilusos.   El propósito  y las tropelías  de la validación de los partidos  se manifiestan por sí solos. 

Si sacamos la cuenta de lo que hemos obtenido en estos esfuerzos de recuperación y espacio de calle, tendríamos que reconocer que han sido muy pocos.  Ciertamente,  el régimen está bastante debilitado, pero no atribuible a nuestras acciones;  digamos más bien que es por la corrupción desmedida, la inflación galopante, el desabastecimiento de la comida, la escasez de  las medicinas, la inseguridad desbordada y la ineptitud nunca imaginada proveniente de la presidencia.  Hemos hecho poco, la inconformidad en el pueblo así lo manifiesta, aun cuando la Constitución y los procesos  electorales vencidos  nos han dado las armas suficientes para asumir los retos.  No es aventurado decir que la ilusión de la gran mayoría de los venezolanos se ha perdido en la mesa de la discusión de los partidos. 

Nos quejamos de los obstáculos, del número de máquinas, de las ubicaciones de las mesas y no terminamos de aceptar que la validación es una estrategia para invalidar a los partidos.   Los tentáculos del pulpo son tenazas de su mismo cuerpo;  ignorar que quien establece las reglas responde a una línea ya impartida es como cerrar los ojos ante lo que no se quiere ver.  Validar es hincarse de rodillas frente al enemigo.   
  

Nos duele admitirlo, pero esta manera de luchar contra una dictadura que al costo de la vida de los venezolanos está apostando a su permanencia vitalicia, la desconocemos.  La pelea es por la libertad.  Un Si de ese lado debe ser un No rotundo de nuestra parte.  Basta ya de bailar al son que nos toquen.  Todo  dirigente que no se sienta con el valor requerido para enfrentar a este régimen nefasto, que se aparte.  La patria en su desespero reclama mayor acción: a un lado los indecisos.      

Luis Garrido
luirgarr@hotmail.com
@luirgarr
Carabobo - Venezuela           

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