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lunes, 16 de marzo de 2020

MARY ANASTASIA O'GRADY: NO MATEN AL PUMA CHILENO

Cuando el presidente chileno Sebastián Piñera canceló el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico que iba a realizarse este mes en Santiago dijo que esto fue “una decisión difícil que nos ha causado mucho dolor”.

El dolor para la economía más exitosa de América Latina solo está empezando. Las negociaciones con los terroristas y sus representantes políticos rara vez terminan bien. Sin embargo, eso es lo que el presidente Piñera parece tener en mente. Abrió la puerta para reescribir la constitución intentando complacer las demandas de los socialistas, comunistas, y otros en la izquierda.

Si la historia de Latinoamérica sirve como guía, la redacción de una nueva constitución despojará a los chilenos de sus derechos políticos y económicos, concentrará el poder, empobrecerá al país y lo hará más injusto. Los más grandes perdedores serían los pobres con aspiraciones, a quienes se le negará el acceso a una vida mejor en lo que se ha convertido una de las economías con mayor movilidad social del mundo. La movilidad social es un mejor indicador de la justicia económica que las diferencias de ingresos.

Los chilenos eligieron al centro-derechista Piñera en diciembre del 2017 con su promesa de fortalecer la economía de mercado. El cumplimiento de esa promesa ahora está en duda debido a las semanas de violencia por parte de los extremistas de izquierda, quienes exigen concesiones a cambio de deponer sus armas.

El 26 de octubre, en un esfuerzo para lograr la reconciliación, Piñera le pidió a su gabinete que renunciara. No obstante, como informó The Guardian, “nuevas batallas callejeras e incendios” estallaron horas más tarde. “Videos de bandas de jóvenes saqueando camiones en la principal vía norte-sur del país circulaban en las redes”, reportó el periódico británico, “mientras que en Santiago el ruido de sirenas se prolongó durante la noche”.

Piñera ha aceptado conversar con los “ciudadanos” cuyos intereses están supuestamente representados por quienes incendian y saquean. La semana pasada anunció que no descartaría ninguna “solución” o “reforma estructural”. El día miércoles Karla Rubilar, portavoz del gobierno, dijo respecto de una nueva constitución que “no hay nada escrito en piedra”.

Esto es una concesión sorprendente y no es de extrañar que sólo parezca haber despertado el apetito de la izquierda radical.

Piñera puede afirmar que está respondiendo a la marcha del 25 de octubre en Santiago en la cual más de un millón de personas se manifestaron. Sin embargo, no hubo un consenso en cuanto a sus demandas, y muchos, aunque no todos, eran partidarios de la izquierda y no votaron por él.

Como político, el presidente naturalmente quiere abordar las quejas. No obstante, Chile tiene elecciones y el presidente tiene responsabilidad ante los que no están en las calles y, adicionalmente, de defender la ley. Aceptar una nueva constitución debido a la violencia y la intimidación sería un acto de cobardía.

No todas las expectativas insatisfechas pueden ser resueltas por el Estado. La pérdida de cohesión social vinculada a la modernización tiene consecuencias en la sociedad. Como observa el periodista Timothy P. Carney en su libro Alienated America, la incapacidad de alcanzar el sueño americano es un acontecimiento social, no un fracaso económico. Podría decirse que algo similar ha ocurrido en muchos otros países de Occidente.

Lo que no es discutible son las ganancias económicas generalizadas que el modelo de mercado ha logrado. Menos del 9% de la población nacional vive ahora en la pobreza. En un informe de la OCDE titulado “¿Un ascensor social descompuesto? Cómo promover la movilidad social” (2018), Chile se destaca por su movilidad social. Según estos datos, el 23% de los hijos cuyos padres se encontraban en el cuartil inferior de los asalariados logran llegar al cuartil superior. Según esta medida, Chile tenía la mayor movilidad social entre los 16 países de la OCDE que participaron en el estudio.

Los opositores de la libertad hablan de desigualdad de ingresos como si ser pobre estuviera bien, siempre y cuando todos los demás también sean pobres. El izquierdista colombiano Iván Velásquez —quien notoriamente pisoteó el Estado de Derecho en Guatemala como fiscal de las Naciones Unidas— denunció a Chile en un tweet el 25 de octubre por su posición en el ranking de desigualdad de ingresos. En el mismo tweet criticó la distribución de ingresos en Guatemala y Colombia, dos países que repetidas veces han frustrado a la izquierda en las urnas.

El señor Velásquez estaba tan ocupado sembrando envidia y resentimiento que no mencionó que la desigualdad en Chile ha estado cayendo durante los últimos 20 años. Aún más, como ha informado el economista chileno Claudio Sapelli, los cambios en las oportunidades económicas son más claramente visibles cuando separamos los resultados por generaciones. Debido a que Chile ha hecho un buen trabajo mejorando el acceso a la educación a través de las clases socio-económicas, las generaciones más jóvenes ahora experimentan mayor movilidad y menor desigualdad de ingresos que sus padres. El porcentaje de la población chilena cursando educación post-secundaria es de los más altos en el mundo.

La política pública chilena puede mejorar en muchos frentes. Por ejemplo, aunque el acceso a la educación es alto, es necesario mejorar su calidad. En las pruebas internacionales de aptitud, Chile ocupa un lugar destacado en América Latina pero no a nivel global. Aún así, problemas como este no serán resueltos por el socialismo porque este no produce riqueza. Eso es algo que el presidente Piñera debe considerar antes de ayudar a la izquierda a destruir un modelo que funciona. 

Este artículo fue publicado originalmente en The Wall Street Journal (EE.UU.) el 3 de noviembre de 2019.

Mary Anastasia O'Grady
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Estados Unidos

martes, 19 de abril de 2016

MARY ANASTASIA O'GRADY, LOS MODELOS DE DONALD TRUMP

Los partidarios de Donald Trump creen que es un candidato innovador cuyas ideas nunca han sido implementadas. Se decepcionarían al saber que el manual político de Trump es sacado directamente de la América Latina del siglo XX. Si llega a ser presidente, Estados Unidos será probablemente tan exitoso como lo fue la región bajo este tipo de liderazgo.

América Latina aprendió a las malas durante los últimos 100 años que el capital va, y se queda, donde hay un estado de derecho que lo trata bien. Es la razón por la que EE.UU. se ha desarrollado y la mayoría del resto de América se ha quedado rezagada.

Trump cree que el estado de derecho es para los débiles. Sus simpatizantes lo adoran porque promete superar la inercia institucional y simplemente decretar lo que le venga en gana, como un caudillo. Esto no va a terminar bien.

De ser elegido, Trump heredará un país en el que el estado de derecho ya se encuentra bajo asedio por parte del presidente Barack Obama. Con mucha palabrería y gobernando por decreto cuando el Congreso —la rama constitucionalmente equivalente del gobierno— no accede a sus peticiones, Obama es un clásico demagogo latinoamericano.

Los conservadores de EE.UU. detestan la renuencia del actual mandatario a reconocer las tradiciones pluralistas de la república y las limitaciones sobre el poder ejecutivo. Sin embargo, hubo una época en la que una oposición leal consideraba este abuso de poder como una anomalía, una interrupción temporal en lo que normalmente es un país con una institucionalidad robusta.

Ahora, el Partido Republicano alberga otra facción y está pidiendo su propia “mano dura”. Lejos de restaurar el respeto por la Constitución, Trump promete ser más Obama que Obama. A sus seguidores les parece bien. Es su turno. Lo que quiere decir que nos estamos convirtiendo en Bananalandia.

El eje de la campaña de Trump es su compromiso de violar la ley de implementación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Nafta, por sus siglas en inglés), que fue aprobado por la Cámara de Representantes y el Senado y promulgado por Bill Clinton en diciembre de 1993. Trump dice que impondrá aranceles de 35% sobre los autos y las autopartes provenientes de plantas de México como una forma de atraer empleos manufactureros a EE.UU.

Para destruir el Nafta de manera legal, un presidente Trump tendría que convencer al Congreso de derogar la ley que lo implementó. Eso sería una enorme tarea, dado que la economía norteamericana está altamente integrada luego de dos décadas y miles de millones de dólares de inversión que interconectan a las tres economías. Cientos de miles de empleos dependen ahora de los flujos continentales de comercio.

Trump no puede pensar que el Congreso hará explotar la economía estadounidense para perjudicar a México. Así que está fanfarroneando para ser electo o planea eludir la legislación estadounidense emitiendo un decreto unilateral imponiendo los aranceles.

Los defensores de Trump respaldan esta promesa de un uso inconstitucional del poder ejecutivo porque buscan erradicar el “establishment”. Pero este es un juego peligroso.

A menudo, es fácil encontrar una excusa, una indignación moral, para permitir los actos inconstitucionales de un hombre fuerte. Venezuela, que hasta que Hugo Chávez llegó al poder en 1999 era una las democracias más longevas de América Latina, es un ejemplo. En 1998 los precios del petróleo estaban en un nivel bajo, la economía iba a la deriva, la corrupción era rampante y Chávez, que no pertenecía a la clase política tradicional, prometió derrumbarlo todo. Cumplió. Una vez que la ley fue destruida, no hubo forma de controlarlo.

Medio siglo antes, otro populista autoritario, Juan Domingo Perón, recogió las banderas del italiano Benito Mussolini y se convirtió en defensor de los “descamisados” argentinos. Perón socavó el estado de derecho tan profundamente que el rico país de inmigrantes aún no se recupera.

Los candidatos republicanos en EE.UU. coinciden en el diagnóstico de los problemas económicos del gobierno de Obama. Pero hay una enorme división sobre cómo resolverlos. Trump, que irónicamente dice que es un buen negociador, tiene un plan que depende profundamente de la violación de los compromisos asumidos por EE.UU. bajo el derecho del comercio internacional.

EE.UU. es firmante de numerosos acuerdos de la Organización Mundial del Comercio, que están diseñados para impedir que sus miembros regresen al proteccionismo de los años 30. Si Trump decreta unilateralmente un nuevo arancel sobre los bienes fabricados en el exterior, debemos suponer que los socios comerciales de EE.UU. se quedarán de brazos cruzados. Es más probable que cuestionen estas acciones extralegales ante los tribunales y ahí EE.UU. perderá. Mientras tanto, los estadounidenses pueden esperar guerras comerciales que golpearán a los consumidores y a los exportadores.

Trump promete que su disposición para abusar del poder de la presidencia no termina con los temas económicos. El jueves por la anoche reiteró (antes de retractarse) que los militares estarían obligados a obedecer órdenes ilegales si él las diera.

Otra similitud entre el candidato y cada generalísimo que haya existido es su plan de encontrar una forma para demandar a quienes lo critican públicamente. Tal vez esté escuchando los consejos del hombre fuerte de Ecuador, Rafael Correa.

Es poco probable que los inversionistas cooperen con un volátil presidente Trump. Hay otros destinos para su capital.

Mary Anastasia O'Grady
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The Wall Street Journal
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Nueva York - Estados Unidos

viernes, 15 de abril de 2016

MARY ANASTASIA O'GRADY, EL PLAN DE TRUMP DE HACER UNA MURALLA CON MÉXICO SE DERRUMBA

Para ser un tipo que se jacta constantemente de sus habilidades en los negocios, Donald Trump no parece saber cómo funcionan los mercados de capital. Si así fuera, nunca habría enviado un memorando a The Washington Post en el que detalla un plan chiflado para obligar a México a pagar por un Muro de Berlín que separe los dos países, que incluye la amenaza de bloquear las remesas. Incluso el jornalero mexicano más humilde sabe que eso no funcionará.

La metida de pata sobre las remesas es un recordatorio de que Trump es mucho mejor lanzando intimaciones que creando políticas bien pensadas que beneficien los intereses de Estados Unidos. Pese a todo su fanfarroneo, se ve para la mayoría del mundo como un niño malcriado de pantalones cortos gritándoles órdenes a sus sirvientes.

Si las encuestas electorales están en lo cierto, los simpatizantes de Trump son en su mayoría nativos con arraigo local y problemas económicos. Como tales, son susceptibles a simpatizar con ataques ultranacionalistas contra otros países. México es el blanco perfecto.

El núcleo de la campaña de Trump es su tonta promesa de que puede restaurar el poderío económico perdido de EE.UU. al restringir aún más la migración y adoptar una política comercial proteccionista. Nada emociona tanto a los simpatizantes de Trump como su promesa de que México pagará por su gran, alto y “hermoso muro” en la frontera sur de EE.UU.

La clase política mexicana rara vez se une en torno a algo, pero ahora hay unanimidad en que Trump tendrá que buscar otra forma de financiar su partición continental. En febrero, el ex presidente Vicente Fox canalizó el sentimiento popular cuando usó un adjetivo vulgar para describir el muro de Trump.

La resistencia mexicana aparentemente envió al equipo de Trump a sus cuarteles para confeccionar una oferta que México no pudiera rechazar. El memorando resultante presenta una serie de opciones para “obligar a México a pagar por el muro”, entre ellas la amenaza de bloquear las remesas al reescribir cláusulas de la Ley Patriota desde la Casa Blanca.

Cuando México se entere de esto, explica el memorando, pediría clemencia y entregaría el dinero para el muro. “Es una decisión fácil para México. Hacer un pago único de entre US$5.000 y US$10.000 millones para asegurarse que US$24.000 millones fluyan a su país año tras año”, dice el memorando.

Este documento no existiría si Trump no creyera que refleja sus brillantes habilidades gerenciales y de negociación. Pero si usted es más inteligente que un niño de primaria, podrá ver que es poco probable que obtenga los resultados deseados. En cambio, habría consecuencias inesperadas, como un aumento de la delincuencia, por ejemplo.

Como una cuestión de orgullo nacional, ni el poder ejecutivo mexicano ni el Congreso podrían siquiera considerar la idea de hacer un pago semejante. Tendrían el amplio respaldo de los mexicanos, que condenan la caracterización de Trump de sus compatriotas que viven en EE.UU. como violadores y narcotraficantes.

Si México se rehúsa a pagar, el gobierno estadounidense (siguiendo el plan de Trump) invocaría una reformada Ley Patriota para prohibir que los extranjeros en EE.UU. giren dinero, a menos que puedan demostrar que están en el país de manera legal.

Reformar la Ley Patriota es la prerrogativa del Congreso y un intento de la rama ejecutiva de hacerlo sería disputado en la Justicia y probablemente declarado ilegal. Incluso si no fuera así, es absurdo pensar que eso detendría el flujo de dólares hacia México.

La forma más obvia de burlar la nueva ley sería que aquellos que pueden demostrar que son residentes con documentos en el país envíen dinero a nombre de aquellos que no pueden. Además, los giros son sólo una forma de mover dinero. Este también podría ser depositado en un banco estadounidense y retirado de cajeros automáticos en México por sus destinatarios.

La única forma en la que Trump podría inhibir el flujo de dólares a México a través del sistema bancario sería mediante la imposición de controles de capital específicos. Sin embargo, eso probablemente violaría las obligaciones de EE.UU. bajo una serie de tratados internacionales.

También pondría una enorme carga sobre los estadounidenses y su economía. Más de un millón de gringos viven en México y otros 20 millones visitan ese país cada año. Además, México es el tercer socio comercial de EE.UU. y la cadena de suministro manufacturera estadounidense está altamente integrada con México. Los controles de capital dinamitarían una relación de producción compartida que ha hecho que la economía norteamericana sea la envidia del mundo.

No todos los trabajadores migrantes tienen acceso a cuentas bancarias, así que incluso sin los controles de capital, el plan de Trump sería un programa de empleo para la delincuencia organizada. Los carteles ya se especializan en llevar ganancias generadas por el consumo de drogas en EE.UU. a través de la frontera. De seguro estarían felices de ofrecer sus servicios de entrega a nuevos clientes.

Trump y su equipo quieren que el mundo sepa que tienen más trucos bajo la manga que el bloqueo a las remesas. El memorando sugiere la idea de nuevos aranceles y dificultar y hacer más costoso que los mexicanos obtengan visas.

Podría llamarlo el arte de la extorsión. Pero también podría decirse que es una idea estúpida.

Mary Anastasia O'Grady
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Fuente: http://independent.typepad.com/elindependent/2016/04/el-plan-de-trump-de... / The Wall Street Journal

domingo, 27 de marzo de 2016

MARY ANASTASIA O'GRADY, LO QUE HAY DETRÁS DE LA VISITA DE OBAMA A LA HABANA

El presidente Barack Obama se encuentra en La Habana esta semana en un esfuerzo por extraer concesiones, no de la Cuba comunista, sino del Congreso estadounidense. Para lograrlo, prepárese para lo que en el mundo del espectáculo llaman “un gran show”.

Tenga en cuenta que a medida que este carnaval se desarrolla durante los próximos días, algunos extranjeros que han sido críticos del régimen, incluyendo esta columnista, tienen prohibido informar desde la isla.

El 17 de diciembre de 2014, Obama anunció que normalizaría las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. El mandatario agregó que el embargo de EE.UU., el cual prohíbe la inversión extranjera directa en Cuba por parte de estadounidenses, la extensión de crédito a la isla por parte de instituciones financieras del país norteamericano y la venta de bienes cubanos a EE.UU., debería ser levantado.

A la dictadura le encanta la idea. Sin embargo, el Congreso cree que antes de que haya inversiones estadounidenses en Cuba, el régimen debe pagar por las propiedades que robó después de la revolución de 1959 y garantizar los derechos humanos básicos para los cubanos. Debido a que las leyes en EE.UU. todavía tienen que contar con el visto bueno del Congreso, el capitalismo de Obama para los Castro sigue siendo incierto hasta que los legisladores capitulen.

El espectáculo coreografiado por el régimen, en el que Obama interpretará el papel estelar, está diseñado para hacer que los estadounidenses se sientan cómodos financiando a los dueños de la plantación y hacer que el Congreso parezca poco razonable.

El asesor adjunto de Seguridad Nacional de EE.UU., Ben Rhodes, señala que la intención del viaje es hacer que las políticas del gobierno de Obama sobre Cuba sean “irreversibles”. Del lado de Cuba, no hay nada que revertir. Desde que Obama lanzó su plan de acercamiento, el régimen ha redoblado sus tradicionales prácticas de negar empleo a los disidentes, así como golpearlos, torturarlos y encarcelarlos.

El gobierno de Obama se jacta de haber negociado la liberación de 53 prisioneros políticos en 2014, pero más de la mitad de ellos han vuelto a ser arrestados y cuatro que recibieron sentencias de varios años fueron exiliados la semana pasada. En 2015 hubo más de 8.600 detenciones políticas y en los dos primeros meses del año hubo 2.555, según la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional.

El 13 de marzo, la policía secreta en La Habana volvió a abalanzarse sobre las Damas de Blanco, un grupo de disidentes pacífico. Uno de sus miembros, Aliuska Gómez, describió su arresto a la publicación digital Diario de Cuba. “Después que me recogieron todas mis pertenencias, me dijeron que me tenía que desnudar y me negué (…) Me tiraron al suelo, me desvistieron completamente delante de dos hombres” y “me arrastraron sin ropa hasta el calabozo”, relató. Eso por sí solo debería haber bastado para que Obama cancelara su viaje.

El régimen proveerá una gran cantidad de cubanos obedientes que les dirán a los periodistas que el embargo es la fuente de la pobreza cubana. Obama ha invitado a algunos disidentes a la Embajada estadounidense, pero durante el fin de semana la dictadura les advirtió que no acudieran. Sin embargo, incluso si hay un gesto de EE.UU. hacia la oposición, también habrá hacia el régimen, cuando el presidente ejerza presión por políticas estadounidenses que financien el aparato totalitario y cuando pose con el dictador en compañía de miembros de las FARC, el grupo terrorista colombiano, invitados por Obama a un juego de béisbol.

La gran mentira es que al legalizar las relaciones comerciales y bancarias con Cuba, EE.UU. empoderará al pueblo cubano. La verdad es la contraria.

Raúl Castro legalizó un estrecho número de actividades económicas con el propósito de proveer trabajo a millones de cubanos que el quebrado Estado no puede seguir “empleando”. No obstante, estos negocios, como vender fruta y lustrar zapatos, tienen prohibido contratar personal y son legales siempre y cuando sigan como el equivalente urbano a la agricultura de subsistencia.

Si hay una gran inyección de capital proveniente de EE.UU., sólo puede ir a parar a los monopolios en manos del Estado. Las cadenas de hoteles estadounidenses, por ejemplo, pasarían a ser socios minoritarios del Ejército cubano, el cual es dueño de la industria turística.

A los visitantes a la isla se les cobra en moneda fuerte, pero los cubanos que trabajan en el turismo son contratados y pagados por el Estado en pesos, que casi no tienen valor. No pueden formar sindicatos independientes. Las grandes ganancias van a la mafia de los Castro, que usa parte del dinero para dirigir la represiva red de inteligencia necesaria para contener la rebelión y mantiene el resto como ganancia personal. La semana pasada, Obama ayudó a los Castro a trasladar estas ganancias por el sistema bancario internacional al levantar la prohibición de EE.UU. al facilitamiento de las transacciones en dólares.

Nada de esto liberará a los cubanos, quienes están respondiendo de la única forma que pueden. Cerca de 51.011 cubanos indocumentados llegaron a EE.UU. en 2015, un incremento de 84% frente al año anterior. Otros 20.000 entraron al país con visas.

Como el primer presidente estadounidense en visitar Cuba en 88 años, el viaje de Obama será histórico. Sin embargo, si no denuncia la dictadura racista y marxista y pide la liberación del pueblo cubano, el viaje pasará a los anales de la infamia. Esperemos que no sea así.

Mary Anastasia O'Grady
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Fuente: http://independent.typepad.com/elindependent/2016/03/lo-que-hay-detr%C3%... / The Wall Street Journal

martes, 23 de febrero de 2016

MARY ANASTASIA O'GRADY, LO QUE REALMENTE HUNDIÓ A BRASIL

Es fácil culpar al desplome de los precios del petróleo por la crisis económica de Brasil. Es también un error. Las heridas de Brasil han sido autoinfligidas por una combinación de políticas contrarias al crecimiento que se remontan a 2008. Los resultados eran predecibles.´

En el tercer trimestre, la economía brasileña se contrajo la friolera de 4,5% respecto del año anterior. El Fondo Monetario Internacional pronostica que en 2015 el Producto Interno Bruto de Brasil se contraerá 3% y en 2016 otro 1%. Esto sigue a un estancamiento en 2014.

En septiembre, Standard & Poor’s despojó al país de su calificación de grado de inversión. El miércoles pasado, Moody’s dijo que está contemplando una rebaja similar de la deuda de Brasil. La tasa de inflación anualizada a finales de noviembre fue de 10,5% y CIBC Capital Markets prevé un déficit fiscal de 10,5% para este año.

Los medios de comunicación internacionales echan la culpa de la recesión brasileña a los precios del petróleo, abatidos por el fortalecimiento del dólar, y al debilitamiento de la demanda global. Pero Brasil es una de las economías más cerradas del G-20. El año pasado, sus exportaciones de bienes como porcentaje del PIB eran de apenas 10,5%, comparado con 18,24% de México, según CIBC Capital Markets. Todos los exportadores de materias primas de América Latina están sintiendo el impacto de la caída del petróleo y los commodites, pero ninguno se ha visto tan perjudicado como Brasil. Chile y Perú, grandes exportadores de materias primas, todavía están creciendo. Por otra parte, los precios más bajos de los commodities también compensan el alto costo de hacer negocios en Brasil. En 2014, 40% de las importaciones brasileñas estaban vinculadas a las materias primas, incluidos fertilizantes, gasolina, aluminio para la fabricación de acero, y crudo dulce.

Una década atrás había razón para pensar que la gran prosperidad brasileña estaba a la vuelta de la esquina. Tal optimismo giraba en torno a las reformas económicas, fiscales y monetarias realizadas por el presidente Fernando Henrique Cardoso entre 1995 y 2002.

Su sucesor, Luiz Inácio Lula da Silva, del Partido de los Trabajadores (PT), asumió el cargo en 2003. Sus antecedentes como líder sindical militante y discípulo de Fidel Castro generaron pánico en los mercados. Para detener la estampida, Lula se comprometió a no meterse con la autonomía del banco central o la estabilidad del real brasileño, y a no alterar radicalmente la política económica.

Geanluca Lorenzon, director de operaciones del Instituto Mises Brasil, con sede en São Paulo, me dijo en una entrevista telefónica la semana pasada que durante un tiempo Lula incluso profundizó el compromiso del gobierno con la restricción fiscal. Sin embargo, en 2008, durante su segundo mandato, la crisis financiera global golpeó al país, y Lula dio su brazo a torcer.

Lorenzon dice que Da Silva acudió entonces al estímulo del gasto, mientras que el banco central, supuestamente autónomo, comenzó a permitir una mayor inflación como forma de impulsar el crecimiento.

En una cultura política predispuesta al abuso de poder del gobierno, romper las normas establecidas durante la gestión de Cardoso —que fueron precisamente diseñadas para limitar dicho exceso— permitió el retorno de las malas costumbres.

Desde los años 60, Brasil ha buscado su industrialización a través de altos niveles de proteccionismo y subsidios para los productores nacionales. El fracaso de esa estrategia es evidente. Sin embargo, permitir la quiebra de las empresas no competitivas tenía un costo político que ni Da Silva ni su sucesora, la presidenta Dilma Rousseff, estaban dispuestos a pagar.

En lugar de eso, incrementaron el proteccionismo y los subsidios, y el crédito se expandió rápidamente a través del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) y otras entidades de propiedad estatal. También se financiaron grandes déficits públicos con préstamos mayormente internos. Los déficits se vieron exacerbados por la triplicación de la administración pública durante los gobiernos del PT y aumentos injustificados del salario mínimo, prestaciones sociales y beneficios de jubilación.

En un artículo de noviembre de 2010 en su sitio web, el Instituto Mises Brasil señaló que entre mayo de 2009 y septiembre de 2010, el crédito total se expandió 25%. No es casualidad que en 2010 Brasil creciera 7,5%. Pero esto, como bien se entiende ahora, no fue debido a los aumentos de productividad. Analizando retrospectivamente esa mala asignación del capital, el instituto escribió en febrero pasado que “lo que realmente sucedió es que la economía brasileña se mantuvo viva por las nuevas y crecientes dosis de crédito estatal”.

El crédito del BNDES era barato para las empresas bien conectadas políticamente que el gobierno quería salvar, pero eso le ha salido caro a la nación. El crédito subsidiado también fue a los hogares. Lorenzon me dijo que, en la actualidad, la familia brasileña promedio tiene una carga anual de servicio de deuda equivalente a 46% de sus ingresos. El programa de préstamos inmobiliario más grande del gobierno tiene hoy una tasa de incumplimiento de casi 22%.

Para salvar sus préstamos a las empresas nacionales, el gobierno ha elevado los aranceles a las importaciones y ha promovido el consumo de productos fabricados en Brasil. Esto ha perjudicado la innovación y el desarrollo. Las grandes reservas de petróleo marino probablemente no se desarrollarán mientras los inversionistas estén obligados por las reglas de contenido brasileño a usar equipos nacionales.

Brasil está cosechando los frutos de una política industrial nacional que no puede producir crecimiento ni prosperidad. La burbuja de crédito ha estallado. Los consumidores, las empresas y el gobierno no van a volver al equilibrio sin un ajuste doloroso. No hay que echarles la culpa a los precios del petróleo.
Mary Anastasia O'Grady

Mary Anastasia O'Grady
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sábado, 13 de febrero de 2016

MARY ANASTASIA O'GRADY, LOS DEMÓCRATAS DE CUBA NECESITAN EL APOYO DE EE.UU.

El líder disidente cubano Antonio Rodiles ha sido acosado, golpeado, encarcelado y podría haber sido inyectado con una sustancia extraña —de la cual revelaré más enseguida— por los matones de Castro. Y sin embargo, se muestra calmado e imperturbable: “No van a detenernos”, me dijo Rodiles mientras almorzábamos recientemente con su esposa, Ailer González.

La inteligencia cubana, de corte soviético, está entrenada para aplastar el espíritu de los inconformes. Sin embargo, el intelectual Rodiles estaba sereno y analítico mientras describía los retos que enfrenta la oposición desde que el presidente Barack Obama, con ayuda del papa Francisco, anunció en diciembre de 2014 una reconciliación entre Estados Unidos y la dictadura militar de los Castro.

Uno de “los peores aspectos de la nueva agenda”, me dijo Rodiles como un hecho “es que envía una señal de que el régimen es un actor político legítimo” para el futuro del país. Los extranjeros “entienden que es mejor tener una buena relación con el régimen, y no con la oposición, debido a que esa es la gente que va a tener el poder político y económico”.

En esta nueva realidad, la oposición cubana es tratada como superflua. Los políticos estadounidenses que visitaban la isla solían reunirse con los disidentes. Ahora, Rodiles dice que “el contacto es casi cero”. Cuando EE.UU. reabrió el año pasado su embajada en La Habana, se rehusó a invitar a la ceremonia a disidentes importantes como Rodiles o incluso a Berta Soler, la líder de las Damas de Blanco.

Rodiles dijo que la misión de los cubanos a favor de la democracia es crítica y urgente: “necesitamos cambiar el mensaje”. El régimen, afirmó, “no es el futuro de Cuba”. Y este, dice, es el momento decisivo.

Si los Castro esperan transferir el poder a la siguiente generación —ya sea a Alejandro, el hijo de Raúl, o a un Tom Hagen cubano, el consigliere de la familia Corleone en la película El Padrino,— de la misma forma que la KGB rusa obligó a Boris Yeltsin a entregar el poder al veterano de la KGB Vladimir Putin, tendrán que hacerlo pronto.

No obstante, señala Rodiles, “si les dan el país a sus familias en la condición actual, será como entregarles una bomba de tiempo”. Es por eso, me explica, que esta es una oportunidad única para que surja la libertad. Pero las probabilidades de una transferencia exitosa de poder son bajas en medio del desplome económico actual.

O al menos así sería si Obama no le estuviera ofreciendo al régimen legitimidad y dólares, a la vez que se rehúsa a reconocer oficialmente a la oposición.

Rodiles tiene una maestría en física de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y otra en matemática de la Universidad Estatal de Florida. De 43 años, Rodiles regresó a Cuba en 2010 y es el fundador de Estado de SATS, un proyecto para “crear un espacio plural de participación y debate” en la isla.

El estado policial ve esto como peligroso y ha aplicado todo su poder sobre la pareja. Amnistía Internacional estuvo entre quienes pidieron su liberación cuando fue encarcelado por 19 días en 2012. En julio, un agente de seguridad del Estado golpeó a Rodiles mientras este tenía sus manos esposadas a la espalda.

El 10 de enero, Rodiles y González, junto a otros críticos del gobierno, fueron atacados de nuevo por una turba comprada en las calles de La Habana. Esta vez les dejaron en la piel marcas parecidas a inyecciones.

Estas heridas son preocupantes. En más de una ocasión Laura Pollán, antigua líder de las Damas de Blanco, quedó con heridas abiertas después de ser rasguñada por agentes del gobierno vestidos de civil. En 2011, luego de uno de esos incidentes, Pollán se enfermó misteriosamente y murió en el hospital. El gobierno inmediatamente cremó su cuerpo y la comunidad disidente ha sospechado desde entonces que fue intencionalmente infectada por el régimen con un virus fatal.

En circunstancias normales, la familia Castro tendría razones para temer por su futuro. Los regímenes totalitarios colapsan, me recuerda Rodiles, “cuando la gente dentro del sistema, no sólo la élite, sino la gente que está en el medio, los que sostienen al sistema, comienzan a buscar otras posibilidades”. Lo hacen porque reconocen que el futuro está en otra parte, así que “cambian o al menos dejan de cooperar”.

Los cubanos jóvenes buscan hoy esa alternativa. La promesa del régimen a Obama de oportunidad económica y crecimiento a través de pequeños negocios es una farsa debido a que la familia Castro opera como una mafia “y siempre lo ha hecho”, dice Rodiles. Para tener éxito en el entorno actual, los jóvenes tienen que unirse al sistema o escapar.

Aquellos que se unen no son motivados por la ideología, sino por la búsqueda de poder. “Si les podemos mostrar que nosotros somos los que tenemos el poder para transformar al país, esta gente seguro preferirá estar con nosotros”.

El fracaso es imposible para Rodiles. “No podemos permitir la transferencia de poder porque, si lo hacen, podemos quedarnos con esta gente durante los próximos 20 o 30 años”.

Mary Anastasia O'Grady
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Nueva York - Estados Unidos

jueves, 31 de diciembre de 2015

MARY ANASTASIA O'GRADY, LA RAMA DE OLIVO DE OBAMA A CASTRO, THE WALL STREET JOURNAL, FUENTE LA NUEVA NACIÓN,

Este mes se cumple el primer aniversario de la reconciliación unilateral del presidente Barack Obama con Cuba. Luego del anuncio del 17 de diciembre de 2014, el gobierno de Estados Unidos actuó inmediatamente para relajar las restricciones a los viajes de estadounidenses a la isla y, en consecuencia, impulsar los ingresos de los dueños de su industria turística: las fuerzas armadas cubanas.

En mayo, Washington eliminó a Cuba de la lista de países que patrocinan el terrorismo, a pesar de que el dictador Raúl Castro acoge a conocidos terroristas, incluida la fugitiva estadounidense Joanne Chesimard, ex miembro del desaparecido Ejército de Liberación Negro y asesina convicta de policías.

EE.UU. reabrió en agosto una embajada en La Habana y la semana pasada anunció un acuerdo bilateral para restablecer vuelos directos entre los dos países.

Los disidentes cubanos han sido duramente golpeados. Días después de que se anunciara la nueva política estadounidense, Danilo Maldonado, el artista cubano conocido como El Sexto, fue detenido por burlarse de los Castro. Pasó 10 meses en la cárcel y Amnistía Internacional lo calificó como prisionero de conciencia.

La Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, con sede en La Habana, documentó 7.686 arrestos políticos en 2015 hasta el 30 de noviembre. Ese día, Maldonado resumió el impacto de la distensión promovida por Obama: “No hay unos cambios positivos en nada. EE.UU. ha cedido demasiado en las conversaciones de normalización, y eso ha permitido que Cuba continúe su represión”.

Zeid Ra’ad Al Hussein, el alto comisionado de la Organización de Naciones Unidas para los derechos humanos, hace eco de esto. “Me sorprendió particularmente que un número de personas, incluyendo miembros de las Damas de Blanco, fueran arrestadas el Día de los Derechos Humanos, el 10 de diciembre”, dijo la semana pasada. “Esto muestra un desdén extraordinario por la importancia de los derechos humanos de parte de las autoridades cubanas”.

Cuba aprobó en 2014 una nueva ley de inversión extranjera para impulsar el ingreso de capitales. No obstante, el gobierno retuvo el poder de confiscar activos para fines “públicos” o “sociales” y se ha ganado una reputación por encarcelar arbitrariamente a empresarios extranjeros. En la edición de finales de año de la publicación especializada World Affairs, José Azel, académico sénior del Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-Estadounidenses de la Universidad de Miami, señaló que, a pesar del “lenguaje apabullante” de la ley de inversión, “más de un año después apenas un puñado de inversiones han sido aprobadas”.

Tal vez los capitalistas no sean tan importantes cuando Rusia se muere de las ganas por regresar a Cuba en grande. En 2014, el presidente ruso, Vladimir Putin, condonó US$32.000 millones que Cuba debía a la antigua Unión Soviética. Luego convirtió el saldo de US$3.500 millones adeudados a Moscú en una línea de crédito para energía y proyectos industriales en la isla.

A cambio, entre otras cosas, el Kremlin puede usar a Cuba para instalar una estación de apoyo para el sistema satelital de navegación global de Rusia (Glonass), un rival del Sistema de Posicionamiento Global (GPS) de EE.UU. En una publicación del 17 de noviembre en el sitio web del Proyecto Sobre la Transición en Cuba de la Universidad de Miami, el investigador adjunto Hans de Salas-del Valle observó que “la instalación de una instalación de señales en Cuba forma parte de una estrategia más amplia para integrar a Cuba en el programa espacial de Rusia”. El investigador añadió que “Moscú ha expresado públicamente interés en establecer una plataforma de lanzamiento de satélites en Cuba”.

Obama está de acuerdo con Raúl Castro en que EE.UU. debe levantar el embargo económico. Sin embargo, Cuba ya puede comprar alimentos y medicamentos de EE.UU. y, desde el punto de vista práctico, hay pocos límites al viaje de estadounidenses a la isla, aunque sean presentados como “intercambios culturales”. Lo que queda del embargo es una prohibición al acceso al crédito bancario y reclamos legales de casi US$8.000 millones en propiedades robadas por la revolución.

Los Castro tienen una solución para este último punto. Aseguran que el embargo le ha costado a Cuba más de US$100.000 millones desde 1959, así que en realidad EE.UU. le debe dinero.

Esto es irrisorio. Lo que no es tan divertido es la deuda de Cuba. Incluso después de la rebaja de Rusia, La Habana aún le debe al resto del mundo, excluyendo EE.UU., unos US$85.000 millones. Los países no están haciendo fila para prestarle más dinero. Los Castro necesitan una nueva víctima y ahí es donde aparece Obama.

La economía cubana, que depende en gran medida del petróleo de Venezuela y la asistencia de China, es incapaz de sostener la nación. Según De Salas-del Valle, “la suposición de que la interacción económica con el régimen Castro salvará a EE.UU. de una crisis de inmigración a lo largo del estrecho de la Florida parecer ser la motivación subyacente, si bien tácita, para el cortejo sin precedentes de la Casa Blanca a Raúl Castro”. De ser así, es un error de cálculo enorme. La política ha envalentonado al dictador.

Cerca de 4.000 cubanos que trataban de llegar a EE.UU. están atrapados en Costa Rica porque el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, un amigo de los Castro, no les permite su avance hacia el norte. Es cierto que están huyendo de la tiranía, pero no habrían podido llegar hasta allí sin, al menos, la aprobación tácita del régimen castrista.

Estos refugiados están siendo usados como peones de los Castro para crear una crisis humanitaria y presionar a EE.UU. para que conceda créditos y ayuda multilateral. La Habana está apostando a que Obama responderá.

Mary Anastasia O'Grady
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