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miércoles, 12 de agosto de 2020

CARLOS ALBERTO MONTANER, LAS MEDICINAS Y LOS SUEÑOS ERÓTICOS,

¿Por qué son tan caras las medicinas en Estados Unidos? La respuesta corta tiene que ver con los costos de investigación y desarrollo. Lo que sigue es la larga, coronada con una historia deliciosa. 

La Food & Drug Administration (FDA) es más costosa que el clásico hijo bobo educado en París. Su utilidad es magnífica, pero no hablamos de la calidad, sino del precio. La factura sale por un riñón. Cuesta aproximadamente dos mil seiscientos millones de dólares crear una medicina hasta colocarla a disposición de los pacientes que la necesitan por medio de las recetas de los médicos. De ahí el costo astronómico de las vacunas contra el Covid 19. 

A esa sangría de plata hay que agregarle otros trescientos millones de costos de “postproducción”. Grosso modo, esos tres mil millones de dólares son los que cuestan los éxitos, pero sólo llegan a puerto el 12% de los “remedios” que inician los trámites. El 88% restante se queda en los recovecos de la investigación. Obtengo esos pavorosos datos del  “Tufts Center for the Study of Drug Development” publicados  en el  Journal of Health Economics.  

Eso explica por qué la Universidad de Yale y el laboratorio “AI Therapeutics” prefirieron revisar trece mil medicinas, previamente aprobadas, hasta dar con una sustancia llamada con el nada comercial nombre de LAM-002A que, aparentemente, impide la progresión del coronavirus.  

También explica que Yaakov Nahmias de la Universidad Hebrea de Jerusalén y el Dr. Benjamín tenOever del Hospital Mount Sinai de New York, dos jóvenes y brillantes investigadores, formados en Israel y en Estados Unidos, eligieran un viejo y acreditado medicamento contra el colesterol y los triglicéridos, llamado Fenofibrate, también conocido como TriCor.  

Según sus investigaciones, parece que en cinco días “limpia” los pulmones y transforma el coronavirus en una gripe clásica. (Mi hermano Alex Montaner, médico, severamente contagiado por el Covid 19, lo está utilizando. Hasta ahora le va bien. Veremos qué resulta).  

Esto nada tiene que ver con las bondades de la Hidroxicloroquina recomendada insistentemente por Donald Trump frente al Coronavirus. Todos estamos cansados de la pandemia, pero la medicina, que sirve para aliviar la artritis reumatoide y la malaria, pudiera hasta ser contraproducente si se utiliza contra el Covid 19. Al menos eso repite la mayor parte de la comunidad científica.  

No toda, claro. Donald Trump tiene a su favor, y la recomienda, a la médico Stella Immanuel. La doctora Immanuel es una señora nacida en Camerún que estudió medicina en Nigeria. Ella, quien trabaja en Houston, afirma que ha curado a cientos de pacientes con la Hidroxicloroquina.  

Como ministra religiosa –pertenece a una secta cristiana- también alega que los demonios habitan los sueños de las personas para seducirlas y llevarlas por el mal camino del erotismo. Los íncubos son demonios masculinos que dominan a las hembras. Los súcubos son demonios hembras que se aparean durante los sueños con los varones. (No creo que la corrección política haya acuñado, todavía, la palabra “demonia”, pero todo se andará).  

La historia de los íncubos y súcubos me hizo recordar la extraordinaria anécdota que cuenta Fernando Iwasaki, un gran escritor, en Inquisiciones Peruanas. Se titula “Prohibido soñar” y da cuenta de las vicisitudes de Inés Ivitarte, una monja de clausura durante la Colonia a la que el diablo se le apareció en sueño y la poseyó con su enorme miembro cubierto de escamas negras.

La monja se lo contó a su confesor, un teólogo jesuita muy versado en las astucias del demonio, y éste (el jesuita, no el demonio) llegó a la conclusión de que alguien había muerto sin confesión en aquella Lima recién conquistada por los españoles. Ése era el íncubo culpable de la desazón de la pobre Inés.  

Al confesor, un varón aguerrido, se le ocurrió una manera de derrotar al Maligno. Prohibió soñar en Lima. Como era un hombre de acción, organizó a sus compañeros inquisidores para que, al alba, recorrieran todas las casas habitadas y preguntaran si alguien de la familia había tenido un sueño erótico. Curiosamente, nadie había tenido un sueño de ese estilo pecaminoso. Parece que el demonio se extinguió silenciosamente ante la pía respuesta de los limeños.

@CarlosAMontaner. 

El último libro de CAM es Sin ir más lejos (Memorias). La obra fue publicada por Debate, un sello de Penguin-Random House. Se puede obtener por medio de Amazon Books.  

jueves, 14 de febrero de 2019

TRINO MÁRQUEZ, MISILES ANTIAÉREOS CONTRA LA AYUDA HUMANITARIA


La ayuda humanitaria se convirtió en una aspiración nacional de la que no puede librarse el régimen. De nuevo Maduro y su gente desestimaron a la oposición y al país. Siguen creyendo que viven en el mundo idílico en el que gobernó Hugo Chávez durante los primeros años de su era, cuando disfrutaba de 80% de aceptación, y sobre esa base adulteraba la realidad. Su heredero se mueve en los bajos fondos de la popularidad. Es repudiado por un porcentaje mayor al que, en su mejor momento, respaldaba al fallecido caudillo. Se encuentra aislado y desprestigiado. Las imágenes en el puente Las Tienditas con los obstáculos levantados por el régimen para bloquear el acceso de la ayuda, han recorrido el planeta. Maduro ha sido comparado con Pol Pot y con Mao, dos verdugos que provocaron la muerte de millones de sus  compatriotas.

Para negar y oponerse a la ayuda humanitaria -gestionada con éxito por la oposición y asumida con entusiasmo por numerosos países y organismos de la comunidad internacional-, Maduro apela a fórmulas  cínicas. 

Dice que se trata de “migajas”. Que Venezuela no es un país de mendigos. La extravagancia mayor: señala que esa ayuda pretende “envenenar” a los venezolanos porque los productos son “tóxicos”. Estas acrobacias argumentales han servido para que periodistas bien informados, como Orla Guerín, de la BBC de Londres, en una entrevista reciente, lo haya descolocado hasta el punto de dejarlo en ridículo.  No sabía que el salario mínimo apenas alcanza para comprar un kilo del queso más barato. La comunicadora extranjera se lo informó.

Negar la existencia de la emergencia humanitaria resulta insólito por el nivel de desprecio a la realidad que manifiesta. Las últimas encuestas Encovi reflejan, sin lugar a apelaciones, el deterioro global de la calidad de vida de los venezolanos. Cerca de 60% de la población come una o dos veces al día. En ese consumo no aparecen las proteínas de origen animal.

La dieta está conformada básicamente por carbohidratos. Harinas. El nivel de desnutrición en niños menores de 2 años supera 40%. Omar Meza, director del Cendas e incansable estudioso del comportamiento de la cesta básica y de la cesta alimentaria, informa cada principio de mes de la brecha creciente entre el salario mínimo y el costo de esas dos canastas. Venezuela cuenta con el menor salario mínimo de todo el continente y, probablemente, del planeta, aunque el precio del crudo sigue cotizándose muy por encima del precio más alto que se obtuvo durante los cuarenta años de democracia. Migajas las que reparte el gobierno: sueldo y pensiones miserables, misiones paupérrimas, bonos en metálico que no alcanzan para nada. Asistencialismo con extorsión. Para eso idearon el carnet de la patria.

La escasez de medicamentos supera 85% en algunas medicinas de consumo masivo. Un tratamiento con antibióticos por una semana, dependiendo del principio activo prescrito, representa dos o tres veces el salario mínimo. La Encuesta Nacional de Hospitales, dirigida por el doctor Julio Castro, muestra con detalles el nivel de calamidad en el cual se hallan los centros de salud venezolanos. ¿Cómo negar, entonces, la emergencia humanitaria? Maduro lo hace.

La acusación acerca del peligro que representan los productos “tóxicos” que se pretende introducir, resulta aún más desconcertante. La plantea el mismo clan que vendía comida podrida a través de Pedeval (pudreval). Las mismas personas que han traído de Cuba millones de dólares en medicinas vencidas y que importan de México y otros países, leche, entre otros productos, de tercera calidad, aunque reciben dólares preferenciales  para traerlos de primera. Productos tóxicos, de pésima calidad, envenenados, los que ellos han importado a través de las redes delictivas que construyeron para enriquecerse a costa de la precaria salud y alimentación de los pobres del país. Esos delitos han quedado impunes. No hay ningún preso por haber comprado comida en mal estado o medicamentos vencidos. Ningún detenido por  haberse enriquecido de forma obscena con el hambre y la salud de la gente.

La ayuda humanitaria  no ha sido politizada por los promotores de la iniciativa, sino por el gobierno, quien convirtió el tema en un arma para atacar a sus adversarios.  La obsesión por evitar reconocer su fracaso y por impedir que la dirigencia opositora obtenga unos merecidos laureles, llevó a Maduro a la cumbre del delirio: decir que la prioridad en este momento reside en comprar modernos misiles antiaéreos para armar la población civil. ¡En qué mundo vive! Los pocos millones de dólares que pueda invertir en esa transacción serían totalmente insuficientes para librar un conflicto que se resolvería con la tecnología militar más moderna del mundo, de la cual militares y civiles venezolanos no tienen ni la menor idea.

Lo único real, prioritario y urgente es que al país ingrese una ayuda que servirá para aliviar la situación de millones de compatriotas que viven en la extrema miseria. Armas, no; medicinas y comida, sí.

Trino Márquez Cegarra
@trinomarquezc

martes, 12 de febrero de 2019

RONNY PADRÓN, MILITARES SOCIALISTAS Y CRIMEN DE EXTERMINIO


"El crimen de exterminio consiste en la imposición intencional de condiciones de vida, entre otras la privación del acceso a alimentos o medicinas, encaminadas a causar la destrucción a una parte de una población. Este acto deberá cometerse como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil y con conocimiento de dicho ataque“. Wikipedia.

Si no bastara con la notoria complicidad de la fuerza militar socialista con el régimen criminal liderado por Hugo Chávez primero y hoy día por Nicolás Maduro Moros, que hizo posible su permanencia en el poder desde el 11 de abril de 2002 hasta el presente, debemos sumar ahora el prenombrado crimen de exterminio. Porque eso y no otra cosa es lo que acontece con la negativa del usurpador socialista frente a la solicitud mundial de un canal humanitario para ingresar alimentos y medicinas destinados a los miles de venezolanos víctimas del régimen socialista.

Es innegable que la fuerza militar es el último bastión de la presente dictadura y por ende solo aquellos de sus miembros que obedezcan la orden presidencial colaborando en el restablecimiento pleno del orden constitucional conforme al artículo 333 de la Carta Magna serán merecedores de un trato distinto al de criminales tal como corresponde a todos los integrantes de esa organización militar fundada por el socialismo en Venezuela.

Si bien es cierto que las Fuerzas Armadas Nacionales de la etapa democrática requerían de profundas reformas para adecuarlas a las necesidades de la República de Venezuela, el caos militar del presente exige su composición desde cero, para alcanzar una institución útil a la República, honrando así el histórico legado del Ejército Libertador

¡Prihibido olvidar! Ora y labora.

Ronny Padrón
caballeropercivall@gmail.com
@caballeroperci

martes, 23 de febrero de 2016

GONZALO VILLAMIZAR ADARME, U R G E N T E, DESABASTECIMIENTO EN INSUMOS MÉDICOS Y MEDICINAS

Por primera vez en la historia de Venezuela se presenta una catástrofe por la carencia de 80% de los medicamentos que disponía para  las dolencias cotidianas, las diversas patologías, las cirugías, la asistencia al recién nacido y al anciano, el combate contra el cáncer, la asistencia a quienes vinieron al mundo con anomalías, las parturientas en problemas,  la medicina preventiva ejercida por el ministerio encargado de la salud en nuestro país, una institución fundada  por el equipo de médicos sanitaristas y de la curación que le dieron fama internacional a la medicina venezolana.   

Todo ha sido destruido por este régimen funesto. El chavismo nos  conduce a la vergüenza de solicitar ayuda humanitaria, la Venezuela que acaba de recibir un millón de millones de dólares, que ningún otro país de América, exceptuando Estados Unidos, ha podido ingresar a su tesorería.  Somos el país de ladrones multimillonarios pidiendo limosna, pronto también los alimentos. Que La Asamblea Nacional, la Federación Médica Venezolana, Cruz Roja y diversas instituciones de la salud, inicien el pedido de medicinas, no hay espera.

Gonzalo Villamizar Adarme
gonvillan1924@gmail.com
@gonvillan1924
Asociación de Médicos Escritores
Caracas - Venezuela

viernes, 29 de enero de 2016

CHARITO ROJAS, CÓMPLICE

He aquí mi secreto, que no puede ser más simple: sólo con el corazón se puede ver bien, lo esencial es invisible a los ojos. Antoine de Saint-Exupéry (1900 -1944), escritor y aviador francés, en su famosa obra “El principito”
Con el dolor inmenso de un padre que perdió hace apenas mes y medio a su hijo de 3 años, abatido no por el cáncer de pulmón que padecía sino por la carencia de la medicina que prolongaría su vida, Ricardo Medina expresó desde el podio de oradores de la AN que si la muerte de su hijo impulsaba una acción que rescatara la salud en Venezuela, no sería en vano.

Pero ni siquiera tener al frente la tragedia de un niño prematuramente muerto, hizo que la bancada oficialista votara a favor de la declaratoria de una emergencia sanitaria, que la mayoría demócrata aprobó. Porque se necesita corazón para ver el padecimiento ajeno, se requiere de sentimientos nobles para sin dudar tomar acciones drásticas que frenen la crisis humanitaria que vive el pueblo venezolano. Acciones que retornen las medicinas a las estanterías de las farmacias, que otorguen divisas a los importadores de equipos y repuestos médicos, presupuestos suficientes para recuperar la infraestructura y el equipamiento de hospitales, condiciones aceptables para que miles de médicos venezolanos retornen a curar los enfermos de su país.
Pese a la paliza electoral, Maduro y su gente no han entendido las prioridades de los venezolanos. Piden un decreto de emergencia económica cuando tienen 17 años destruyendo la estructura productiva y comercial de Venezuela. Como si tanto el finado como el heredero no hubieran gozado de leyes habilitantes que les permitían declarar esa emergencia a tiempo, antes que los venezolanos tuviésemos que hacer colas y peregrinar por un cartón de huevos, un escuálido pollo o un desodorante.
La emergencia para los ciudadanos se declaró cuando el finado expropio la primera finca productiva. Cuando arrebató empresas y propiedades, la pobreza y el hambre estaban anotadas a futuro. El ciclo de involución se cumplió con el atropello a universidades, medios de comunicación, a los gremios profesionales. Cuando una revolución creyó estar por encima de los derechos humanos y sociales del pueblo.
El 6 de diciembre Venezuela rechazó al gobierno y a las miserias que ha instalado con pretextos engañosos, que sólo aprovechados, estúpidos o ignorantes (que desgraciadamente han sido bastantes) han creído y defendido. En éste grupo hoy hay muchos arrepentidos. Otros, que han creído de buena fe, tienen una epifanía obligada por las carencias: cuando tu mamá se muere por no ingerir sus antihipertensivos o cuando un malandro mata a tu hermano, no hay forma de seguir defendiendo la revolución.
Aquí todo el mundo está clarito: por primera vez en la Asamblea Nacional se exponen los verdaderos problemas de los venezolanos, que quieren soluciones prontas al abastecimiento de alimentos, medicinas, repuestos. La salud también requiere de condiciones ambientales: la carencia de agua y la pésima calidad de ella, ocasiona severos daños a las personas, sobre todo cuando no hay medicinas para remediarlos.
La conducta gubernamental ante la salud pública es más que irresponsable. Cinco ministros en dos años de gobierno y ninguno le ha puesto el ojo a las plagas que azotan y matan a la gente: dengue, chikungunya y ahora zika. Desde hace un año las organizaciones internacionales vienen advirtiendo sobre esta última epidemia, presente ya en otros países como Brasil, donde el gobierno encargó a 8 ministerios para combatirla, 43 ciudades han suspendido el carnaval y las autoridades están pidiendo a las mujeres que no se embaracen en el próximo año por el daño que sobre el feto causa el zika.
Mientras tanto, el gobierno venezolano no asume su responsabilidad y sigue culpando a otros de los males que son su culpa. En lugar de estar corriendo para dotar de acetaminofén a una población en riesgo, mira para otro lado y sabotea la acción de los diputados que desde la Asamblea Nacional quiere poner la lupa en donde debe estar: las necesidades del soberano.
Y es que no es fácil vivir en Venezuela: si no te mata la enfermedad, te mata el hampa. Tres ciudades venezolanas están entre las diez más violentas del mundo, según informe anual del Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal, publicado esta semana. El primer lugar de las ciudades más violentas se lo lleva Caracas, con 119,87 homicidios por cada 100.000 habitantes. Maturín está en quinto lugar y Valencia en séptimo lugar, con una tasa de 72,31 homicidios por cada 100.000 habitantes. No puede ser menos en un país donde los pranes son panas de los ministros. La foto de Iris Varela sentada en la cama del pran de la cárcel de San Antonio en Nueva Esparta, le dio notoriedad a ese hombre llamado “El Conejo”, quien salió de allí para seguir siendo el jefe. Lo mataron en Porlamar la semana pasada y su entierro fue súper concurrido y saludado por una salva de disparos con armas militares desde la propia cárcel. En Venezuela el gobierno y la Fuerza Armada, que debería ser la única propietaria de tal armamento, lo permiten.
La Dra. Rocío San Miguel, presidente de la ONG Control Ciudadano para la Seguridad, afirma que el 22 de diciembre, el presidente Maduro creó 10 batallones para resguardar su seguridad, la de su familia y sus allegados. Malo, malo. Nadie del gobierno hace mercado ni colas. Ninguno va a un hospital público. No entienden de emergencias humanitarias. La sensatez indica que hay que dialogar para terminar esta fiesta en paz. Soy escéptica al diálogo con fanáticos cuyo único interés es enquistarse de por vida en el poder. Pero quien no luche por encontrar una salida es cómplice de esta tragedia.
Ojalá y haya sensatos que entiendan la imperiosa necesidad de abrir espitas para que la olla de vapor no estalle. Ojalá y haya quien logre que su corazón vea lo que sus ojos y poco cerebro niegan. Ojalá…
Aquí entre nos
En una pared de Porlamar, una imagen estremecedora: el pran asesinado llamado “El Conejo”, con el finado comandante eterno. Así los ven.
Hasta el próximo miércoles.

Charito Rojas
Charitorojas2010@hotmail.com
@charitorojas

Carabobo - Venezuela