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jueves, 15 de noviembre de 2018

TRINO MÁRQUEZ, LA ESTRATEGIA DEL MIEDO

TRINO MÁRQUEZ, 
Se ha convertido en un lugar común decir que el de Maduro es el peor gobierno que ha tenido Venezuela, y probablemente el continente, desde que se llevan registros estadísticos que miden el desempeño de los gobiernos. Cualquiera sea el indicador económico, social o institucional que se tome, durante los seis años de su mandato, todos han retrocedido, algunos en escala superlativa: la inflación, la caída de la producción petrolera, la escasez, la desnutrición infantil, la productividad económica, la informalidad, el éxodo de venezolanos, el colapso de la infraestructura. La lista podría ser infinita.

Este deterioro golpea directamente al gobernante. Según el  Perfil de Consultores 21 correspondiente al tercer trimestre de 2018, 67% de los venezolanos evalúa de forma negativa al gobierno;  62% lo considera el principal responsable de la crisis económica y 66% cree que es el culpable del aumento de los precios, es decir, de la hiperinflación. La mayoría de la gente no se traga el cuentico de la ‘guerra económica’.

          Entones, ¿por qué la gente no sale a protestar de forma masiva y permanente? De acuerdo con el mismo estudio, 70% de los venezolanos piensa que existen razones para protestar; sin embargo, 54% tienen miedo de hacerlo. El asesinato de Fernando Albán y el trato cruel a los presos políticos persiguen convertir el miedo en una estrategia exitosa.

Frente a ese dato, responder que el venezolano es un pueblo cobarde sería demasiado simple y superficial. Sin ser una gente con propensión a inmolarse, como los fanáticos islamistas, cuando ha tenido que demostrar coraje, no se ha arredrado. El 11 de abril de 2002 una inmensa masa de hombres y mujeres fue a Miraflores a pesar de las amenazas y de que sabían que los chavistas estaban dispuestos a asesinar a quienes intentaran llegar al palacio.  El pueblo no se acobardó. Los muertos fueron fundamentalmente del bando opositor.  En 2017 fallecieron más de 140 personas, la gran mayoría jóvenes, quienes enfrentaron con escudos de cartón, chinas y bombas caceras a unos cuerpos de seguridad  armados hasta los dientes,

          La respuesta de por qué la gente tiene temor a protestar de forma tal que ponga el riesgo  la estabilidad del gobierno y lo obligue a cambiar sus desastrosas políticas o a negociar su salida, reside en otro lugar, no en la cobardía de los ciudadanos. A partir de los datos proporcionados por Consultores 21 intentaré armar una trama algo más compleja.

          Los venezolanos piensan de forma pragmática. El estudio referido arroja que 72% de los venezolanos posee el carnet de la patria y 84% ha recibido las bolsas Clap alguna vez. La estrategia del gobierno consiste en atar la entrega de esas bolsas a la posesión del carnet y, por supuesto, al inmovilismo, sumisión y renuncia a cualquier forma de acusación contra Maduro y sus aliados. El carnet y las bolsas de comida, se han convertido en dos poderosos instrumentos para chantajear y apaciguar el enorme descontento de la gente. Para una amplia franja de compatriotas, esas bolsas de comida representan la única manera de proveerse de comida, al menos por pocos días. El costo de perder esa menguada fuente de suministro resulta demasiado alto.

          La precaria situación de la oposición es otro factor que desmoviliza a la gente. Los venezolanos desconfían y rechazan a Maduro y su gobierno, pero no ven otra opción distinta y fiable. La oposición no aparece en el horizonte como una alternativa frente a un gobierno inepto y corrupto. Además, el gobierno cuenta con el apoyo de los militares, su columna vertebral. Maduro se encarga de reforzar este vínculo cada vez que puede. Las afinidades entre el gobernante y las Fuerzas Armadas no son ideológicas, sino crematísticas: les entregó la nación para que su cúpula se enriqueciera sin medida. El ‘partido militar’ junto al Psuv lucen como las dos grandes fuerzas nacionales. La dirigencia opositora quedó en un plano marginal. Para colmo de males, la MUD, principal referencia política nacional (aparece con 30% de identificación, por encima del Psuv, que alcanza 29%, y muy alejado de  PJ, partido que le sigue en el orden de preferencias, que exhibe 8%), fue demolida por la propia oposición.  ¡Los disparates de la insensatez!

          Es imposible exigirle a un pueblo castigado, pero desmoralizado, desconcertado y sin conductores políticos confiables, que enfrente en la calle a un régimen inescrupuloso y cruel como el que preside Maduro. Mientras no aparezca una referencia nacional cohesionadora, confiable y que encarne una opción creíble de triunfo, las protestas  de la gente por falta de luz, agua, gas o transporte colectivo, continuarán siendo numerosas,  aunque dispersas y con pocas probabilidades de comprometer la permanencia del gobierno. Esa clase de revueltas fragmentas tampoco obligarán a Maduro  a sentarse en torno de una mesa para   buscar una salida concertada a la crisis.

Esperemos que el congreso del Frente Amplio alumbre alguna solución.

Trino Marquez Cegarra

trino.marquez@gmail.com
@trinomarquezc

viernes, 18 de marzo de 2016

FERNANDO MIRES – ALEMANIA: LA POLITIZACIÓN DEL MIEDO

El resultado ya se sabía. Todas las encuestas pronosticaron que el partido xenófobo de la ultraderecha alemana, Alternative für Deutschland (AfD), obtendría una alta votación en las elecciones regionales que tuvieron lugar en Baden Württemberg, Renania-Palatinado y Sajonia-Anhalt. Y así ocurrió. Fue sin duda el hecho sobredeterminante del gran Domingo electoral del 13-M.

El éxito más grande -también se sabía- lo obtuvieron los xenófobos en Sajonia- Anhalt. Nada menos que el 24,2% , convirtiéndose con ello en la segunda fuerza política de la región, detrás de los socialcristianos (CDU). Sorprendente es que el gran porcentaje de AfD no fue obtenido tanto a costo de la CDU (su descenso con respecto a las elecciones de 2011 alcanzó solo un 2,7%) sino de los dos partidos de izquierda. La Linke, heredera de los comunistas de la RDA, descendió nada menos que un 7,4% y la SPD ¡un 10,6%! (debacle sin parangón).
Se repite entonces un fenómeno ya conocido. Los aluviones de votos que posibilitan el crecimiento de los partidos fascistas y fascistoides provienen más de ex votantes de izquierda que de conservadores. En el pasado ocurrió lo mismo con el ascenso de Mussolini, con el de Hitler y más recientemente con el de los Le Pen.
Sajonia-Anhalt no es representativo, aducen algunos observadores. En parte tienen razón. El hecho de que la cantidad de refugiados sea allí ínfimo obliga a suponer que el éxito de AfD tiene que ver con otros motivos, entre ellos, la ausencia de tradiciones democráticas propias a todos los países que fueron dominados por dictaduras comunistas. En esas zonas gran parte de la población no se ha constituido como ciudadanía política, predominan reacciones emocionales y los electores tienden a buscar protección en partidos autoritarios. Ayer en la Linke, hoy en la AfD.
Sajonia-Anhalt no es representativo, es cierto; pero puede llegar a serlo. Si no en las mismas proporciones, la votación obtenida por AfD en Renania-Palatinado y en Baden  Württemberg fue muy grande (12,6 y 15,1% , respectivamente). Nunca, en toda la historia alemana de post-guerra, un partido nuevo ha hecho estreno electoral obteniendo tan grandiosos resultados. ¿Fenómeno pasajero o nueva realidad política?
Justo al día siguiente de las elecciones surgió una polémica indirecta entre dos de los más prestigiosos diarios de Alemania: Süddeutsche Zeitung y Frankfurter Rundshau. De acuerdo al primero, AfD es un fenómeno pasajero: un partido mono-temático y sin programas. Tarde o temprano, aducen los redactores, el electorado volverá al redil democrático.
Frankfurter Rundschau mantiene una opinión distinta. AfD es un fenómeno que precede a las grandes migraciones, está formado por un potencial disidente con respecto a los partidos tradicionales y expresa un descontento general frente a la política establecida.
Ambos periódicos concuerdan en que las migraciones son un eje en torno al cual se articulan diferentes descontentos. Afortunadamente, y eso habla en contra de la opinión de Frankfurter Rundshau, esos descontentos no tienen razones lógicas. La pregunta inquietante es, por lo tanto, otra: ¿qué dimensiones alcanzaría AfD si la ecomomía alemana fuera un poco menos estable de lo que es hoy día?
Los motivos para preocuparse, y en ese punto sí tiene razón Frankfurter Rundshau, no son mínimos. Por un lado la crisis migratoria no desaparecerá muy pronto del horizonte político. Por otro, AfD, más que un partido, es parte de una constelación.
AfD es expresión electoral de un vasto movimiento social donde actúan los “patriotas contra la islamización de Europa”, PEGIDA, también surgida en el Este pero con un sostenido crecimiento en el Oeste. AfD, además, es un partido compatible con la ultraconservadora CSU bávara cuyo ministro-presidente Horst Seehofer mantiene vínculos estrechos con los autocratismos de extrema derecha húngaros y polacos. Miembros de esa constelación son también los grupos autónomos de choque, organizados por los nazis de la NPD.
En otras palabras, la protesta fascistoide trasciende a AfD. En la práctica forma un arco que va desde el populacho más desintegrado hasta llegar a los partidos tradicionales. Vista así las cosas, el triunfo de AfD no constituyó ninguna gran sorpresa.
La gran sorpresa sucedió en Baden- Württemberg con el altísimo porcentaje de votos obtenido por Wienfried Kretschmann (30,3%). Gracias a Kretschmann los Verdes han logrado por primera vez en su historia obtener la primera mayoría en una elección
Pero Kretschmann está muy lejos de representar la política de los Verdes. Kretschmann es por ideas, formación y comportamiento, un conservador de tomo y lomo. Tal vez por eso mismo su triunfo abre nuevas perspectivas. Por ejemplo, como los votos socialdemócratas no alcanzan para reeditar una coalición, Kretschmann intentará formar una coalición con la CDU. Si así ocurre, un tabú Verde será definitivamente roto, a saber: que los Verdes solo pueden ser aliados naturales de la SPD. En buena hora. Ya no están los tiempos para elegir acompañantes. El peligro neo-fascista es demasiado grande.
De ahora en adelante el imperativo deberá ser la unidad entre los demócratas, sean estos de izquierda o de derecha. Si tenemos en cuenta, además, el afortunado regreso del FDP (liberales) a la política activa, podría abrirse un espacio de coaliciones multicolores donde el único partido no coalicionable sería AfD. Dicho hipotéticamente. AfD hará todo lo posible para atraer hacia sí a los grupos más conservadores y “anti-merkelistas” de la CDU. En el hecho muchos de ellos ya están más cerca de la rígida presidenta del AfD, la ultranacionalista Frauke Petry (¿futura Marine Le Pen de la política alemana?) que de Ángela Merkel.
La mayoría de los medios de difusión han evaluado la triple elección como una derrota casi definitiva para Ángela Merkel. Pero eso tampoco está muy claro. Tanto el Verde Kretschner ("yo rezo por Ángela Merkel todos los días") como la socialdemócrata Malú Dreyer en Renania-Palatinado obtuvieron sendas victorias apoyando a la línea Merkel y no a la de sus partidos. No se puede decir lo mismo de los candidatos socialcristianos.

Las elecciones tuvieron lugar en el momento menos apropiado para Merkel y ella, evidentemente, contaba con ese resultado. Experimentada política sabe que toda elección expresa solo un momento puntual. También sabe, quizás, que la política alemana ha entrado en una fase defensiva y que las diversas alianzas que marcarán el futuro inmediato podrían tener lugar en torno a su nombre. La razón es simple: en todo el espectro conservador no hay nadie que posea mejor recepción dentro de la socialdemócracia e incluso entre los Verdes que Ángela Merkel. Merkel podría dejar de ser así líder de la CDU/ CSU, pero en cambio podría convertirse en líder de todos los demócratas alemanes. En cierto modo ya lo es.
No obstante, tampoco se puede ocultar una realidad: Si no los grandes reveses electorales sufridos por la CDU, el auge inusitado de AfD  tiene que ver con la política casi personal de Ángela Merkel.
Es cierto que cuando lanzó su legendario lema: “Wir schaffen das” (lo lograremos) al abrir las rejas a los refugiados, Merkel alcanzó un prestigio moral a nivel planetario. Pero los electores quieren que ella sea, además, una líder política. En ese sentido Merkel no ha logrado la politización de la moral con el mismo éxito como los neofascistas han logrado la politización del miedo. Para que eso hubiera sido posible Merkel tendría que haber dicho abiertamente que los refugiados no vienen de la nada, sino huyendo de bombardeos sirios y rusos contra los cuales, tarde o temprano, Alemania deberá posicionarse. Tendría que haber dicho, además, que Putin no ha sido hasta ahora un aliado para la paz en el Oriente Medio sino un principal factor de guerra. Pero Merkel es muy diplomática. Quizás demasiado.
Merkel, fiel a sus principios, espera agotar todas las vías diplomáticas e incluso financieras para neutralizar a Putin y a sus aliados europeos. Nadie sabe si lo logrará. La Europa post-moderna es cosmopolita, liberal, tolerante. Pero hay otra Europa, la de los nacionalismos tribales, la de los miedos atávicos, la del oportunismo de gobernantes patrioteros. Frente a esa antigua Europa más que frente a elecciones regionales puede perder Merkel su poder. Esa sería una gran desgracia histórica.
Fernando Mires
mires.fernando5@gmail.com
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Alemania